Congreso de los Diputados y elecciones en España


El siguiente vídeo muestra de forma rápida, visual y sencilla la evolución del Congreso de los Diputados en España desde las elecciones de 1977 a las segundas de 2019. Sin embargo, para una mejor comprensión recomiendo consultar la información complementaria.

ELECCIONES DE 1977

Censo electoral: 23.583.762.
Votos emitidos: 18.590.130.
Participación: 78,83%.
Presidente del Gobierno: Adolfo Suárez.

  • Unión de Centro Democrático (UCD) 165.
  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 118.
  • Partido Comunista Español (PCE) 20.
  • Alianza Popular (AP): 16.
  • Pacte Democràtic per Catalunya (PDC) 11.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 8.
  • Partido Socialista Popular (PSP): 6.
  • Resto de partidos: 6.

ELECCIONES DE 1979

Censo electoral: 26.836.490.
Votos emitidos: 18.259.192.
Participación: 67,43%.
Presidente del Gobierno: Adolfo Suárez.

  • Unión de Centro Democrático (UCD) 168.
  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 121.
  • Partido Comunista Español (PCE) 23.
  • Coalición Democrática (CD): 10.
  • Convergència i Unió (CiU) 8.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 7.
  • Partido Andalucista (PSP): 5.
  • Resto de partidos: 8.

ELECCIONES DE 1982

Censo electoral: 26.846.940.
Votos emitidos: 18.259.192.
Participación: 79,97%.
Presidente del Gobierno: Felipe González.

  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 202.
  • Alianza Popular (AP): 107.
  • Convergència i Unió (CiU) 12.
  • Unión de Centro Democrático (UCD) 11.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 8.
  • Resto de partidos: 10.

ELECCIONES DE 1986

Censo electoral: 29.117.613.
Votos emitidos: 20.524.858.
Participación: 70,49%.
Presidente del Gobierno: Felipe González.

  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 184.
  • Partido Popular (PP): 105.
  • Centro Democrático y Social (CDS): 19.
  • Convergència i Unió (CiU) 18.
  • Izquierda Unida (IU): 7.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 6.
  • Herri Batasuna (HB): 5.
  • Resto de partidos: 6.

ELECCIONES DE 1989

Censo electoral: 29.604.055.
Votos emitidos: 20.646.365.
Participación: 69,74%.
Presidente del Gobierno: Felipe González.

  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 175.
  • Partido Popular (PP): 107.
  • Convergència i Unió (CiU) 18.
  • Izquierda Unida (IU): 17.
  • Centro Democrático y Social (CDS): 14.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 5.
  • Resto de partidos: 15.

ELECCIONES DE 1993

Censo electoral: 31.030.511.
Votos emitidos: 23.718.816.
Participación: 76,44%.
Presidente del Gobierno: Felipe González.

  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 159.
  • Partido Popular (PP): 141.
  • Izquierda Unida (IU): 18.
  • Convergència i Unió (CiU) 17.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 5.
  • Resto de partidos: 11.

ELECCIONES DE 1996

Censo electoral: 32.531.833.
Votos emitidos: 25.172.058.
Participación: 77,38%.
Presidente del Gobierno: José María Aznar.

  • Partido Popular (PP): 156.
  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 141.
  • Izquierda Unida (IU): 21.
  • Convergència i Unió (CiU) 16.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 5.
  • Resto de partidos: 11.

ELECCIONES DE 2000

Censo electoral: 33.969.640.
Votos emitidos: 23.339.490.
Participación: 68,71%.
Presidente del Gobierno: José María Aznar.

  • Partido Popular (PP): 183.
  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 125.
  • Convergència i Unió (CiU) 15.
  • Izquierda Unida (IU): 8.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 7.
  • Resto de partidos: 12.

ELECCIONES DE 2004

Censo electoral: 34.571.831.
Votos emitidos: 26.155.436.
Participación: 75,66%.
Presidente del Gobierno: José Luis Rodríguez Zapatero.

  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 164.
  • Partido Popular (PP): 148.
  • Convergència i Unió (CiU) 10.
  • Esquerra Republicana de Cataluña (ERC): 8.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 7.
  • Izquierda Unida (IU): 5.
  • Resto de partidos: 8.

ELECCIONES DE 2008

Censo electoral: 35.073.179.
Votos emitidos: 25.900.439.
Participación: 73,85%.
Presidente del Gobierno: José Luis Rodríguez Zapatero.

  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 169.
  • Partido Popular (PP): 154.
  • Convergència i Unió (CiU) 10.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 6.
  • Resto de partidos: 11.

ELECCIONES DE 2011

Censo electoral: 35.779.491.
Votos emitidos: 24.666.441.
Participación: 71,71%.
Presidente del Gobierno: Mariano Rajoy.

  • Partido Popular (PP): 186.
  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 110.
  • Convergència i Unió (CiU) 16.
  • Izquierda Unida (IU): 11.
  • Amaiur: 7.
  • Unión Progreso y Democracia (UPyD): 5.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 5.
  • Resto de partidos: 10.

ELECCIONES DE 2015

Censo electoral: 36.511.848.
Votos emitidos: 25.438.532.
Participación: 73,2%.
Presidente del Gobierno: Mariano Rajoy.

  • Partido Popular (PP): 123.
  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 90.
  • Podemos: 42.
  • Ciudadanos: 40.
  • En Comú Podem: 12.
  • Es el Moment: 9.
  • Esquerra Republicana de Cataluña (ERC): 9.
  • Democràcia i Llibertat: 8.
  • En Marea: 6.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 6.
  • Resto de partidos: 5.

ELECCIONES DE 2016

Censo electoral: 36.520.913.
Votos emitidos: 24.279.259.
Participación: 69,84%.
Presidente del Gobierno: Mariano Rajoy/Pedro Sánchez.

  • Partido Popular (PP): 137.
  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 85.
  • Unidos Podemos: 45.
  • Ciudadanos: 32.
  • En Comú Podem: 12.
  • A la Valenciana: 9.
  • Esquerra Republicana de Cataluña (ERC): 9.
  • Convergència Democràtica de Catalunya (CDC): 8.
  • En Marea: 5.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 5.
  • Resto de partidos: 3.

ELECCIONES DE 2019 (I)

Censo electoral: 36.898.883.
Votos emitidos: 26.478.140.
Participación: 71,76%.
Presidente del Gobierno: Pedro Sánchez.

  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 123.
  • Partido Popular (PP): 66.
  • Ciudadanos: 57.
  • Unidas Podemos: 33.
  • Vox: 24.
  • Esquerra Republicana de Cataluña (ERC): 15.
  • En Comú Podem: 7.
  • Junts per Catalunya (JxCAT): 7.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 6.
  • Resto de partidos: 12.

ELECCIONES DE 2019 (II)

Censo electoral: 37.001.379.
Votos emitidos: 24.507.715.
Participación: 66,2%.
Presidente del Gobierno: Pedro Sánchez.

  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 120.
  • Partido Popular (PP): 89.
  • Vox: 52.
  • Unidas Podemos: 26.
  • Esquerra Republicana de Cataluña (ERC): 13.
  • Ciudadanos: 10.
  • Junts per Catalunya (JxCAT): 8.
  • En Comú Podem: 7.
  • Partido Nacionalista Vasco (PNV): 6.
  • EH Bildu: 5.
  • Resto de partidos: 15.
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Vídeos y textos de Historia del Mundo Contemporáneo


Con el fin de desarrollar el modelo flipped learning en 1º de Bachillerato, he grabado y escrito una serie de clases sobre la Historia del Mundo Contemporáneo. Además, al tratarse de una experiencia de itinerario libre y abierto, existen vídeos obligatorios y material optativo para ampliar conocimientos. A continuación, diferenciando un grupo de otro, así como los bloques que dividen el temario, está lo que he realizado hasta la fecha:

La crisis del Antiguo Régimen y las revoluciones inglesas
Las revoluciones atlánticas
La revolución industrial y el movimiento obrero
El Imperialismo y la política de finales del siglo XIX
La Primera Guerra Mundial
La Revolución Rusa y la experiencia soviética hasta 1939
El periodo de entreguerras y la crisis de las democracias
La Segunda Guerra Mundial
La Guerra Fría y la descolonización
El Mundo Actual

Dimensión internacional de la Revolución de los Jazmines

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos que he escrito sobre el origen y desarrollo de la «Primavera Árabe» en Túnez y Egipto. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


El efecto dominó

La Revolución de los Jazmines fue seguida en todo el mundo, pero con especial atención por la población de los países árabes. Desde el inicio de las protestas, miles de ciudadanos de esas naciones se manifestaron en apoyo del pueblo tunecino. Más tarde, cuando este les mostró la ruta para terminar con las dictaduras, emprendieron ellos mismos el camino.

Las declaraciones de Amr Musa, secretario general de la Liga Árabe, a los pocas horas de la huida de Ben Alí resultaron proféticas: “La sociedad árabe tiene unos elementos de construcción, actuación y reacción similares, así que no podemos simplemente considerar a Túnez como un incidente aislado”.

En términos similares a los utilizados por Amr Musa se expresaba el intelectual argelino Iman Uenzar: “Quizás no habrá catarata de derrocamientos, pero la fiebre social se contagiará. Tendremos disturbios sociales más intensos y frecuentes que hasta la fecha”.

Por su parte, Mohamed Lagab, analista político y profesor de Políticas en la Universidad de Argel, afirmaba, en declaraciones a Reuters, que “Túnez es ahora el modelo a seguir para todos los árabes. La época de los dictadores y las dictaduras ha terminado».

En Egipto, Hamdy Hassan, portavoz de los Hermanos Musulmanes, grupo islamista con más arraigo en el país, lanzaba un aviso a los regímenes del norte de África: «Intuimos de que habrá una explosión que impactará a los países árabes como ha sucedido en Túnez”.

Conscientes quizás de los peligros que traía consigo la Revolución de los Jazmines, muchos gobiernos árabes optaron por una política de silencio informativo.

Incluso en Marruecos, desde los primeros días de enero, las autoridades prohibieron la celebración de actos en apoyo a Túnez. Fue el único país que tomó una medida semejante. Por contra, como excepción que confirma la regla, el líder libio Muammar al-Gaddafi se solidarizó con las reivindicaciones del pueblo tunecino. Paradoja del destino, pues, hasta la fecha, es el único dictador del norte de África ejecutado como consecuencia de la Primavera Árabe.

Los medios de comunicación del mundo musulmán no secundaron ese silencio. En Líbano, el diario de izquierdas As Safir se mostró favorable a la expansión de la revolución a otros países del entorno: “deseamos que esta primera revolución popular del siglo XXI sea un modelo para el cambio en el mundo árabe esperado desde hace mucho tiempo”. Por su parte, el colaborador de Le Quotidien d`Oran, Kamel Daud, escogía un llamativo “Sueño con ser tunecino” como título para su columna.

En la misma línea se expresaba El Watan, periódico argelino de corte liberal, en un editorial titulado “¡Viva el efecto dominó!: Túnez es un sueño para millones de argelinos privados de libertad y democracia”. Por su parte, con un tono más moderado, el semanario marroquí Maroc Hebdo consideraba que Túnez no era un caso aislado.

La figura de Mohamed Bouazizi estuvo muy presente en las incipientes protestas de otros países del entorno. En Argelia, cuatro personas optaron por expresar su descontento quemándose a lo bonzo, si bien ninguno de ellos llegó a fallecer. El primero, registrado el miércoles 12 de enero en la localidad de Bordj Menaïel, era un padre de familia numerosa que trabajaba como agente de las fuerzas de seguridad.

H. Samir, natural de la ciudad de Jijel, eligió para inmolarse el mismo día de la huida de Ben Alí. Mohsen Bouterfif, lo hizo el día 15 de enero en Boujadra, una localidad cercana a la frontera con Túnez. Por último, el domingo día 16, Senuci Tuat se situó frente a la sede de las fuerzas de seguridad de Mostaganem, localidad situada a 350 kilómetros de Argel, y, derramando gasolina sobre sus piernas, se prendió fuego.

Las inmolaciones comenzaron en Egipto el día 17 de enero, con Abdou Abdel-Moneim Jaafar, natural de Shibin el Qanater, como protagonista.

Al día siguiente, tres egipcios más decidieron quemarse a lo bonzo: Mohammed Farouk Hassan y Mohammed Ashour Sorour, en El Cairo, y Ahmed Hashim al-Sayyed, en Alejandría. Este último falleció en el acto. El 17 de enero fue también el día elegido por Yaghoub Uld Dahud para quemarse a lo bonzo frente al Senado de Nuakchot, capital de Mauritania. Este empresario de cuarenta años, cansado del trato discriminatorio que el gobierno daba a su tribu, decidió protestar rociando su coche con gasolina, encerrándose en él y prendiéndole fuego.

Situaciones similares a las citadas de Argelia, Egipto y Mauritania fueron repitiéndose en la mayor parte de los países árabes durante la segunda mitad del mes de enero. En líneas generales, todos estos sucesos tuvieron dos rasgos comunes: su cercanía temporal con el final del régimen de Ben Alí y una inmediata reacción favorable por parte de la población.

En definitiva, la Revolución de los Jazmines habían demostrado que los regímenes dictatoriales del mundo árabe eran más frágiles de lo esperado. A partir de entonces, no faltaron ciudadanos dispuestos a iniciar la protesta quemándose a lo bonzo, ni tampoco personas que secundaran sus actos con manifestaciones multitudinarias.

A partir del 25 de enero, Egipto se convirtió en el nuevo centro de la opinión pública internacional. Una manifestación convocada por diversas organizaciones a través de las redes sociales iba a dar lugar al segundo derrocamiento de la Primavera Árabe.

Los jóvenes egipcios que, el día 14 de enero, gritaban aquello de “Ben Alí, vete ya, y de paso llévate a Mubarak”, acabaron cumpliendo su objetivo apenas un mes después. Pero no sólo se produjeron revueltas “a la tunecina” en el país del Nilo, sino también en Palestina, Arabia Saudí, Jordania, Marruecos, Siria… Pocos días después de la manifestación en Egipto, miles de personas eran convocadas, mediante SMS, a una gran concentración en la ciudad de Yeda (Arabia Saudí).

Los manifestantes se enfrentaron a los agentes de seguridad que trataron de disolverlos, siendo detenidos más de cien ciudadanos. Al mismo tiempo, en Ammán, capital de Jordania, un gran número de ciudadanos acudían a la convocatoria de los Hermanos Musulmanes para pedir la bajada del precio de los productos alimenticios y elecciones libres.

Construyendo un nuevo paradigma revolucionario

Pocas semanas antes de la Revolución de los Jazmines, podían contarse con los dedos de una mano las personas que creían posible el fin inmediato del régimen tunecino. Los acontecimientos que tuvieron lugar en el país mediterráneo a caballo entre 2010 y 2011, han cambiado de forma decisiva nuestra percepción de la realidad social del Magreb.

Sin embargo, no sólo se ha visto afectado ese paradigma, sino también el propio concepto de revolución, así como la política exterior de buena parte de los países occidentales.

Hasta los acontecimientos de la Primavera Árabe, las dictaduras del Magreb eran percibidas como algo sólido e inamovible. La posibilidad de que fueran derrocadas por una revolución popular se veía como algo remoto, y, en todo caso protagonizado por grupos islamistas. En esa situación, Occidente prefería apoyar a los regímenes de esos países antes que verlos sometidos a la Sharia.

Los sucesos de Túnez acabaron con esa hipótesis. En enero de 2011, Ben Alí cayó con sorprendente facilidad, y no por la acción de los grupos islamistas –de hecho, la actividad del partido Ennahdha fue muy escasa durante esos días-, sino por el descontento de los ciudadanos de a pie.

Por tanto, las dictaduras del norte de África no eran ni tan sólidas como se decía, ni el último baluarte contra la expansión de la Sharia. Siendo así las cosas, parece evidente que Occidente, sosteniendo esos regímenes poco respetuosos con los derechos humanos, ha sido un obstáculo para la democracia en los países árabes.

Además, el nuevo paradigma se alimenta de dos elementos desconocidos hasta ahora en el norte de África: la autonomía del ejército y el uso de las nuevas tecnologías como medios de convocatoria y plataformas para la coordinación de la protesta.

Analizando el caso tunecino, observamos que Ben Alí sólo optó por abandonar el poder cuando descubrió que no tenía el respaldo de los altos mandos militares. Por cierto, situación muy similar a la vivida por Hosni Mubarak un mes después en Egipto.

El ejército tunecino, al fin y al cabo, desempeñó un papel fundamental en la Revolución de los Jazmines; y no sólo eso, sino que también mostró un camino alternativo a los militares de otros países. En definitiva, se erigieron en árbitros de la pugna entre el régimen y el pueblo, inclinando la balanza, finalmente, del lado de este último.

El uso de las nuevas tecnologías, y muy especialmente las redes sociales, constituyó otro elemento novedoso de la revuelta tunecina. Sin lugar a dudas, su papel como medios de convocatoria, ha cambiado notablemente la noción de revolución que teníamos hasta la fecha.

Pero su rol no se limito a lo meramente organizativo. Gracias a la última generación de dispositivos móviles, los manifestantes pudieron grabar videos y hacer fotografías que, de forma inmediata, eran subidas a la red. De esta manera, en todo el país, y en el mundo entero, cualquiera podía acceder a ese material gráfico.

Ahora bien, si por algo se caracterizó la Revolución de los Jazmines fue por su carácter bloguero. Las bitácoras tuvieron, si cabe, una mayor importancia en los acontecimientos de Túnez que las redes sociales.

De entre ellas, cabe destacar A tunisian girl desde donde Lina Ben Mhenni, una joven de 27 años, combatió el régimen de Ben Alí. Incluso un año antes de la inmolación de Mohamed Bouazizi ya había empezado a desafiar al gobierno junto con otros blogueros del país. Por desempeñar esa labor fueron perseguidos, detenidos y torturados. Pero su perseverancia obtuvo sus frutos cuando, en diciembre de 2010, el pueblo tunecino se levantó contra el dictador.

#15M ¿A la revolución por el agotamiento?


Dentro de diez días el movimiento 15M cumplirá tres meses de vida. A lo largo de ese corto periodo de tiempo hemos sido testigos de abundantes acontecimientos poco comunes hasta esa fecha: actividades subversivas en las redes sociales, acampadas en las plazas públicas, duras intervenciones policiales, acoso a los políticos, asambleas callejeras…

Este frenético ritmo, unido a la atención desmesurada que en sus primeros días les prestaron algunos medios de comunicación, ha llevado al 15M a adoptar diversas formas con el paso del tiempo. Sin embargo, la mayoría de ellas, lejos de estar orientadas a alcanzar los objetivos primigenios de la protesta, parecen buscar ese protagonismo mediático previo a las elecciones del 22 de mayo.

22M ¿Y ahora qué?

Durante la primera semana el movimiento vivió sus días de oro. Fueron jornadas de las grandes propuestas –el consenso de mínimos-, esas que sintonizaban bien con la mayoría de la población. La juventud tomaba la calle y mandaba un mensaje al resto de la sociedad: no estamos narcotizados, estamos hartos de un paro juvenil que supera el 40%, tenemos una formación académica sólida, sabemos organizarnos… en definitiva, no somos unos “ninis”.

Tenían las propuestas, la simpatía de la población, la atención de la opinión pública… Sin embargo, no supieron dar el siguiente paso. Después de las elecciones del 22 de mayo se optó por seguir en la Puerta del Sol, por mantener una situación que dejaba, poco a poco, de oler a novedad.

Así fue como, en pro de la popularidad mediática y la actividad callejera, se perdió una oportunidad de oro. El control del movimiento pasó, en esos días pos-electorales, de los jóvenes formados y responsables, a los profesionales de la revolución, los ocupas y los radicales de izquierdas. Con el cambio de protagonistas se transformaron también las ideas; o, más bien, se hizo patente la primacía de la acción sobre el pensamiento.

Todo eso fue percibido bien pronto por el conjunto de la sociedad, donde el 15M empezó a desangrarse en apoyos. De un 70% de población favorable en la semana del 22 de mayo, se pasó a menos de un 30% a principios de junio. Dos meses después, a comienzos de agosto, la impopularidad del movimiento ha alcanzado su culmen. La sociedad parece estar harta de unos sucesos que, además de resultarles incomprensibles, les dificultan su día a día en la ciudad de Madrid.

Por último, los medios de comunicación, buenos conocedores del capricho de sus usuarios, saben de sobra que el boom en torno a una noticia no suele durar más de una semana. Así fue como se apagaron los focos en Sol; eso fue lo que obligó al 15M a reinventarse.

Objetivos: mantener la atención pública y salir a la calle

La historia del 15M guarda cierta analogía con el personaje de Norma Desmond en Sunset Boulevard de Billy Wilder. El movimiento, centro de la opinión pública durante una semana –del 15 al 22 de mayo-, se resiste a salir de escena.

Una vez probado el licor de la popularidad, el 15M no parece muy dispuesto a asumir un papel secundario. Los objetivos primarios, ese consenso de mínimos que tan bien acogió buena parte de la sociedad, ha pasado a ser una simple excusa para mantenerse en el candelero.

Es cierto que se necesita cierta publicidad para cambiar las cosas. Ahora bien, una vez conseguido ese objetivo -pues lo consiguieron- no han sabido articularlo. El 15M ha preferido seguir tomando la calle –y la opinión pública- en lugar de poner unos cimientos sólidos para llevar a cabo su programa.

Acontecimientos como el acoso a la Asamblea de Cataluña, la manifestación del 19J o los intentos de volver a tomar Sol a comienzos de agosto, han devuelto al 15M la atención de los medios. Sin embargo, cada vez está más claro que nos encontramos ante una indignación sin ideas –o si las tienen las han dejado de lado-, ante un protestar por protestar. En definitiva, tomar la calle por tomar la calle.

Sobre el pacifismo en el 15M

Dos de las banderas del 15M han sido desde sus comienzos su carácter pacífico y tolerante. Sin embargo, a estas alturas, con la cantidad de videos que existen a disposición de los internautas, cabe poner en duda esa afirmación.

Si entendemos por violencia algo físico, el 15M, salvo algún hecho aislado, ha sido un movimiento claramente pacífico. Ahora bien, la violencia en sí misma es algo más amplio. Los insultos y la intimidación también son violencia, y eso se ha producido.

Acorralar a unos parlamentarios, aunque no se use la fuerza física contra ellos, es violencia; ir a la casa de un político a gritar e insultar, es violencia; los “piropos” que reciben los cuerpos de seguridad, son violencia; una masa vociferante cercando edificios públicos, es violencia; el lenguaje que utilizan las páginas oficiales del movimiento y sus ecos en las redes sociales, es violento…

Por tanto, en el 15M se puede hablar de una violencia basada en la intimidación, el insulto y en acciones de presión callejera.

Reflexiones sobre el #15M y los movimientos sociales del siglo XXI


Como consecuencia de las protestas de la primavera de 2011, he escrito esta serie de artículos que, desde una perspectiva analítica, tratan de arrojar algo de luz sobre la importancia de estos nuevos movimientos.

#15M. Los movimientos sociales del siglo XXI
#15M. El ocaso de la Indignación
De Sol a sol. Los siete pecados capitales de la Indignación
#15M. La hora de la moderación
Sobre el #15M y las redes sociales
#15M. La historia de la acampada de Sol
#15M. De Twitter a la calle
#15M ¿Cómo funcionan los movimientos sociales del siglo XXI
#15M. DemocraciaRealYa vs Movimientos Sociales del Siglo XXI
#15M. Breve historia de una protesta novedosa
#15M. Entre el consenso de mínimos y el maximalismo
#15M ¿A la revolución por el agotamiento?#15M 
#15M. La financiación de la JMJ
#JMJ. Un movimiento social del siglo XXI alternativo

La Primavera Árabe


A finales de 2010 comenzó en Túnez una oleada revolucionaria que, a lo largo de los meses siguientes, fue extendiéndose por varios países del norte de África y Asia Menor. Ese proceso, que conocemos con el nombre de «Primavera Árabe», tuvo incluso su influencia en Occidente, con protestas y acampadas como la de la Puerta del Sol en Madrid o la de Wall Street en Nueva York.

Precisamente con motivo de la aparición del movimiento español #15M, escribí en este blog una serie de artículos sobre la cuestión. Textos que dieron lugar a un proyecto más amplio, tanto en contenido como en participantes, que nunca llegó a finalizarse. Del naufragio de ese libro que trataron de promocionar los responsables de Actually Notes, tan sólo llegué a completar dos capítulos, los referidos a Túnez y Egipto. Han pasado dos años desde que los terminé, y pienso que lo mejor es compartirlos en Historia en Comentarios:

Túnez: la Revolución de los Jazmines
Cincuenta y cuatro años de dictadura
Los comienzos de la Primavera Árabe
Dimensión internacional de la Revolución de los Jazmines
Túnez después de Ben Alí

La revolución egipcia: todos somos khaled Saeed
Nuevos faraones sobre el país del Nilo
Mi nombre es Khaled Said
El Día de la Ira
El pulso por el poder
El triunfo de la revolución
Wael Ghonim
Egipto en la era post-Mubarak

#15M. Entre el consenso de mínimos y el maximalismo


A lo largo de la segunda mitad del mes de mayo, el panorama político y social español se vio sacudido por la aparición del movimiento 15M. Una convocatoria a favor de una “democracia real” logró reunir en varias ciudades del país a miles de personas. Tras la manifestación del 15 de mayo, la protesta tomó forma de acampada en la madrileña Puerta del Sol, que pronto fue imitada en otros lugares de la geografía española.

Desde entonces, y hasta finales de mayo, el 15M acaparó la atención mediática, ganándose con sus reivindicaciones la simpatía de buena parte de la sociedad.

Sin embargo, los últimos días de la acampada de Sol estuvieron marcados por una clara pérdida de vigor y de apoyo social. En parte, este cambio es lógico, pues todo movimiento social suele empezar con mucha fuerza para luego estabilizarse. Aún así, en el desarrollo de los acontecimientos pueden descubrirse fácilmente otros motivos por los que los indignados fueron perdiendo fuerza.

La indignación del pueblo

Los días de gloria del 15M fueron, claramente, los inmediatamente posteriores al primer desalojo de la plaza; es decir, del 16 al 22 de mayo. La protesta logró conectar casi a la perfección con la sociedad en aquellos momentos, de tal modo que no era baladí decir aquello de “nosotros somos el pueblo”.

El programa de los indignados caló en una ciudadanía harta de sus políticos y de la crisis económica.

Por un momento dio la impresión de que el 15M iba a conseguir poner en jaque al sistema, que iba a lograr que sus propuestas se tuvieran en cuenta. Sin embargo, no fue más que un espejismo.

Los organizadores de la protesta, o por lo menos aquellos que no se habían dejado llevar por el triunfalismo, sabían que el camino a recorrer era largo. Eran conscientes de que aquello sólo era el primer paso, y también de que, tanto la voluntad popular como la opinión pública son volubles. Se había dado el primer paso, nada más.

El viraje hacia las posturas radicales

En medio de ese triunfo inicial, algunos de los integrantes de la protesta intentaron convertir un movimiento de regeneración democrática en un grupo con una ideología concreta. Ese fue, sin lugar a dudas, el mayor error del 15M, o al menos de parte de él.

La indignación, al tomar partido por una serie de medidas ideológicas, expulsaba de su seno a todos los que, conformes con la regeneración democrática, no lo estaban tanto con esas nuevas reivindicaciones.

De esta manera, a finales de mayo el 15M se desangraba en simpatías por dos heridas. De un lado, la pérdida de popularidad lógica de quien deja de ser novedad; y por otro –lo realmente grave- debido a esa deriva ideológica antes descrita. El grito “nosotros somos el pueblo” ya no se adecuaba plenamente a la realidad de la Indignación.

La indignación de un grupo o la Indignación de una mayoría

El mes de junio nos ha dejado innumerables dudas acerca del 15M. Parece evidente que el movimiento ha venido para quedarse, lo que está por ver es la forma que tomará ¿Volverá a recuperar su neutralidad y popularidad de los primeros días o, por el contrario, continuará convirtiéndose en un fenómeno de grupo?

La deriva ideológica tomada desde finales de mayo parece apuntar hacia un movimiento social con una ideología muy concreta y, por tanto, de un grupo.

No obstante, tras la manifestación del 19J, parece poco prudente descartar que la protesta pueda recuperar su carácter moderado. Para que esto último suceda la búsqueda de un consenso de mínimos debe imperar sobre los maximalismos ideológicos.

#15M. Una protesta coordinada a través de Twitter


Los acontecimientos de la primavera de 2011 han terminado por consagrar el papel de las redes sociales como un elemento esencial en la sociedad del siglo XXI.

Hasta el momento conocíamos su valor como entretenimiento y base de gran cantidad de relaciones interpersonales. También sabíamos de su capacidad para generar dinero a través de la publicidad y el consumo.

Sin embargo, los sucesos del norte de África y el 15M español han acabado por abrir a estos instrumentos de Internet las puertas de la acción política. En el primero de estos casos fue Facebook el ámbito escogido para organizar la protesta, mientras que en los acontecimientos españoles el protagonismo correspondió, sin lugar a dudas, a Twitter.

El antecedente egipcio

La primera revolución organizada y coordinada a través de una red social fue la llevada a cabo por los jóvenes egipcios a finales del mes de enero.

Un ejecutivo de Google, Wael Ghonim logró organizar a través de Facebook un movimiento que acabó por derrocar al hasta entonces estable régimen de Hosni Mubarak.

Por tanto, aunque la primera de las revoluciones norteafricanas de 2011 fue la tunecina, Egipto fue el que sentó las bases del modus operandi común a todos los movimientos posteriores. Desde Wael Ghonim las redes sociales pasaron a convertirse en canalizadores de la protesta y plataformas de coordinación y asociación.

Twitter como la red del 15M

Los responsables del 15M tomaron buena nota de la experiencia egipcia, pero eligieron una red distinta a Facebook como plataforma para reivindicar cambios políticos. Twitter aparecía a los ojos de #democraciarealya, #juventudsinfuturo, #nolesvotes y #spanishrevolution como un instrumento mucho más eficaz para alcanzar sus objetivos.

Wael Ghonim había demostrado que la distancia entre el mundo virtual y el real era mínima: se podía organizar una revolución a través de internet. El 15M español, por su parte, logró que ambos caminaran por la misma senda: la revolución y la red eran uno, de tal modo que lo que acontecía en un lado del espejo tenía su consecuencia en el otro.

Twitter, con sus hashtags y trending topics, reflejó la realidad de la calle durante dos semanas, después ambos siguieron su camino.

La red continuó siendo una plataforma para organizar la protesta; sin embargo, la calle había tomado dos direcciones distintas entre sí y al margen de Internet. Buena parte de los que habían acogido el 15M con entusiasmo comenzaron a caer en la apatía; para ellos la protesta no fue más que una ilusión pasajera. Otros, los más apasionados de las ideas revolucionarias, prefirieron usar los métodos tradicionales de protesta, dejando de lado las facilidades que las nuevas tecnologías ofrecen en el ámbito de la comunicación.

Realidad virtual en la calle

Al margen del resultado de las protestas de primavera, lo que queda demostrado es que las opiniones que se vierten en la red pueden llegar fácilmente a convertirse en realidades de la calle.

Aquellos que ponían en duda la importancia de las redes sociales, los que las denominaban “realidades paralelas”, han tenido que rectificar y reconocer que, al menos, estas son una prolongación de la vida de las personas.

Tanto la experiencia egipcia con Facebook como la española con Twitter, han puesto de manifiesto que las críticas a la situación política, social o económica pueden encontrar en la red un importante aliado para su difusión. A partir de ahí, mediante la utilización de las nuevas tecnologías en una sociedad con un alto grado de comunicación, se puede llevar ese malestar a la calle.

En definitiva, los sucesos de esta primavera abren las puertas a un nuevo tipo de organización y protesta social: los llamados movimientos sociales del siglo XXI (#XXI). Estos, a través de las redes sociales y con los jóvenes como principales protagonistas, han demostrado ser la mejor manera de canalizar el descontento social.

#15M. Breve historia de una protesta novedosa


El 15 de mayo de 2011 miles de personas se manifestaron en las calles de varias ciudades de España reclamando una democracia real. Ese mismo día ese movimiento tomó forma de acampada en la madrileña Puerta del Sol, que pronto se convirtió en el centro de la opinión pública nacional.

Con independencia de la valoración que cada uno quiera hacer sobre el movimiento 15M, no cabe duda de que se trata de una protesta novedosa. Tanto su forma de organización como sus medios de acción son innovadores. Si bien tratan de dar continuidad a las revueltas acaecidas en el norte de África durante los meses de enero y febrero de este mismo año.

La Ley Sinde como punto de encuentro

Las deficiencias del sistema político español y las consecuencias de la crisis económica son, sin lugar a dudas, las causas profundas del 15M. Sin embargo, la causa inmediata de este fenómeno es la protesta contra la Ley Sinde.

El contenido de esta legislación, que afectaba fundamentalmente a la libertad en la red y a la propiedad intelectual, generó un gran descontento entre los usuarios de internet.

Estos, aprovechando las posibilidades que les ofrecían las nuevas tecnologías, supieron trasladar la protesta del ámbito virtual a la calle.

Por esa razón, y aunque no tenga demasiado que ver con las reivindicaciones del 15M, se puede considerar la protesta contra la Ley Sinde como el punto de encuentro de los indignados de internet. Estos, una vez hubieron unido sus fuerzas, salieron al mundo “real”, donde se encontraron con los indignados de la calle.

La convocatoria del 15M y la acampada de Sol

Las plataformas surgidas en internet, entre las que cabe destacar #juventudsinfuturo y #nolesvotes, secundaron la convocatoria de #democraciarealya (DRY) para el domingo 15 de mayo. Se trataba de presionar a la clase política una semana antes de las elecciones municipales y autonómicas.

Lo que poca gente imaginaba, incluidos los promotores de la manifestación, era que aquel acto reivindicativo iba a terminar por convertirse en una acampada.

Durante veintiocho días, incluida la jornada de reflexión y la electoral, los «indignados» ocuparon la madrileña Puerta del Sol, acaparando la atención de la opinión pública.

La ciudad de Madrid fue testigo del inicio del “yes, we camp”, al que pronto se unieron numerosas ciudades de España y de buena parte de Europa. Sin embargo, con el transcurso de los días, empezó a ser evidente que era hora de levantar las acampadas y dar una nueva forma a la protesta.

El final de las acampadas y la manifestación del 19J

El martes 7 de junio la asamblea de Sol decidió que había llegado el momento de abandonar la plaza para impulsar con fuerza las reuniones por barrios. Se trataba, al fin y al cabo, de transformar la estructura de la Indignación, no de acabar con ella.

Prueba de ello era la convocatoria de una gran manifestación en Madrid, y en otros puntos de España, para el 19 de junio. Después de perder algo de su carácter pacífico como consecuencia de los sucesos de Barcelona unos días antes, los «indignados» se lanzaron a la calle tratando de recuperar, con una actitud ejemplar, el prestigio perdido.

Los sucesos de Barcelona y los últimos días de las acampadas habían hecho perder apoyo al movimiento 15M. Sin embargo, no cabe duda de que la manifestación del 19J supuso un balón de oxígeno para los Indignados. La convocatoria, con independencia de las cifras aportadas por organizadores y medios de comunicación afines o contrarios, fue un éxito de imagen.

El futuro del 15M dependerá de cómo se administren las consecuencias del 19J. Lo que está en juego, al fin y al cabo, es recuperar o abandonar definitivamente el apoyo de buena parte de la sociedad.