Oposiciones Secundaria | Tema 72


¿Quieres ir bien preparado a las oposiciones de Geografía, Historia e Historia del Arte de Secundaria? Si es así, quizá te sirva el material que pongo a tu disposición. El siguiente es uno de los temas que elaboré en su momento y, aunque cada caso es distinto, al menos a mí me ayudó a sacar la plaza.

A continuación dejo como archivo adjunto un pdf con el texto del tema 67. He decidido mantener el formato de puntos que tan buen resultado me ha dado en mi estudio, pero se puede convertir fácilmente en un texto compuesto por párrafos largos. También dejo más abajo la bibliografía utilizada y, en breve, espero hacer un vídeo dedicado a esta cuestión.

DESCARGA EL PDF: Tema72_Cambios social y movimientos alternativos

BIBLIOGRAFÍA:

  1. M. Aguirre, La sociedad internacional en la era de la globalización.
  2. R. Aron, Los últimos años del siglo.
  3. C. Amorós, Evolución ideológica del feminismo en España.
  4. J. Díez Espinosa, Historia del Mundo Actual.
  5. C. Fagoaga, La voz y el voto de las mujeres, 1877-1931.
  6. L. Lemkow, Los movimientos ecologistas.
  7. C. Offe, Partidos políticos y movimientos sociales.
  8. G. Rocher, Introducción a la sociología general.
  9. M. Sacristán, Pacifismo, ecología y política alternativa.
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Reflexiones sobre el #15M y los movimientos sociales del siglo XXI


Como consecuencia de las protestas de la primavera de 2011, he escrito esta serie de artículos que, desde una perspectiva analítica, tratan de arrojar algo de luz sobre la importancia de estos nuevos movimientos.

#15M. Los movimientos sociales del siglo XXI
#15M. El ocaso de la Indignación
De Sol a sol. Los siete pecados capitales de la Indignación
#15M. La hora de la moderación
Sobre el #15M y las redes sociales
#15M. La historia de la acampada de Sol
#15M. De Twitter a la calle
#15M ¿Cómo funcionan los movimientos sociales del siglo XXI
#15M. DemocraciaRealYa vs Movimientos Sociales del Siglo XXI
#15M. Breve historia de una protesta novedosa
#15M. Entre el consenso de mínimos y el maximalismo
#15M ¿A la revolución por el agotamiento?#15M 
#15M. La financiación de la JMJ
#JMJ. Un movimiento social del siglo XXI alternativo

#15M. Una protesta coordinada a través de Twitter


Los acontecimientos de la primavera de 2011 han terminado por consagrar el papel de las redes sociales como un elemento esencial en la sociedad del siglo XXI.

Hasta el momento conocíamos su valor como entretenimiento y base de gran cantidad de relaciones interpersonales. También sabíamos de su capacidad para generar dinero a través de la publicidad y el consumo.

Sin embargo, los sucesos del norte de África y el 15M español han acabado por abrir a estos instrumentos de Internet las puertas de la acción política. En el primero de estos casos fue Facebook el ámbito escogido para organizar la protesta, mientras que en los acontecimientos españoles el protagonismo correspondió, sin lugar a dudas, a Twitter.

El antecedente egipcio

La primera revolución organizada y coordinada a través de una red social fue la llevada a cabo por los jóvenes egipcios a finales del mes de enero.

Un ejecutivo de Google, Wael Ghonim logró organizar a través de Facebook un movimiento que acabó por derrocar al hasta entonces estable régimen de Hosni Mubarak.

Por tanto, aunque la primera de las revoluciones norteafricanas de 2011 fue la tunecina, Egipto fue el que sentó las bases del modus operandi común a todos los movimientos posteriores. Desde Wael Ghonim las redes sociales pasaron a convertirse en canalizadores de la protesta y plataformas de coordinación y asociación.

Twitter como la red del 15M

Los responsables del 15M tomaron buena nota de la experiencia egipcia, pero eligieron una red distinta a Facebook como plataforma para reivindicar cambios políticos. Twitter aparecía a los ojos de #democraciarealya, #juventudsinfuturo, #nolesvotes y #spanishrevolution como un instrumento mucho más eficaz para alcanzar sus objetivos.

Wael Ghonim había demostrado que la distancia entre el mundo virtual y el real era mínima: se podía organizar una revolución a través de internet. El 15M español, por su parte, logró que ambos caminaran por la misma senda: la revolución y la red eran uno, de tal modo que lo que acontecía en un lado del espejo tenía su consecuencia en el otro.

Twitter, con sus hashtags y trending topics, reflejó la realidad de la calle durante dos semanas, después ambos siguieron su camino.

La red continuó siendo una plataforma para organizar la protesta; sin embargo, la calle había tomado dos direcciones distintas entre sí y al margen de Internet. Buena parte de los que habían acogido el 15M con entusiasmo comenzaron a caer en la apatía; para ellos la protesta no fue más que una ilusión pasajera. Otros, los más apasionados de las ideas revolucionarias, prefirieron usar los métodos tradicionales de protesta, dejando de lado las facilidades que las nuevas tecnologías ofrecen en el ámbito de la comunicación.

Realidad virtual en la calle

Al margen del resultado de las protestas de primavera, lo que queda demostrado es que las opiniones que se vierten en la red pueden llegar fácilmente a convertirse en realidades de la calle.

Aquellos que ponían en duda la importancia de las redes sociales, los que las denominaban “realidades paralelas”, han tenido que rectificar y reconocer que, al menos, estas son una prolongación de la vida de las personas.

Tanto la experiencia egipcia con Facebook como la española con Twitter, han puesto de manifiesto que las críticas a la situación política, social o económica pueden encontrar en la red un importante aliado para su difusión. A partir de ahí, mediante la utilización de las nuevas tecnologías en una sociedad con un alto grado de comunicación, se puede llevar ese malestar a la calle.

En definitiva, los sucesos de esta primavera abren las puertas a un nuevo tipo de organización y protesta social: los llamados movimientos sociales del siglo XXI (#XXI). Estos, a través de las redes sociales y con los jóvenes como principales protagonistas, han demostrado ser la mejor manera de canalizar el descontento social.

#15M. DemocraciaRealYa vs Movimientos Sociales del Siglo XXI


En mis reflexiones sobre el 15M siempre he tratado de distinguir dos aspectos que, a mi entender son clave. Por un lado, estaría el movimiento de protesta que desde mediados de mayo promueve la instauración en España de una democracia real. Se trata de una plataforma pionera y, como tal, de futuro poco claro. Nunca hemos vivido nada similar a los que se ha desarrollado en la Puerta del Sol y en otras plazas de las principales ciudades del país a lo largo de los últimos días. Eso, como es lógico, arroja un alto grado de incertidumbre sobre este fenómeno.

Por otro lado, si bien en estrecha conexión con el 15M, estarían los Movimientos Sociales del Siglo XXI (#XXI), cuyo origen y modos de acción he descrito ya en anteriores artículos. Estos últimos, con su peculiar modus operandi basado en la utilización de las redes sociales como canalizadoras del descontento y plataformas de organización, han venido para quedarse.

El 15M no es más que un #XXI. Sin embargo, su papel pionero es sumamente importante, ya que puede condicionar la recepción y desarrollo de otros posteriores. De esta manera, el gran peligro que amenaza a los movimientos cívicos de las próximas décadas no es el fracaso o el triunfo, la pervivencia, al fin y al cabo, de la Indignación. El riesgo es que los excesos del 15M desprestigien para siempre unas formas de organización ciudadanas extremadamente útiles.

Tratando de navegar en un mar revuelto

El elemento que define el 15M es, sin lugar a dudas, el contexto de crisis en el que se produce su alumbramiento. Es cierto que sin esa circunstancia es bastante probable que la protesta no hubiera tenido lugar. Sin embargo, el hecho de navegar en un mar revuelto ha condicionado su desarrollo de manera notable.

El primer rasgo de esta crisis a la que nos venimos refiriendo no es económico, sino político. No existe sistema perfecto, pero parece evidente que la democracia de 1978 exige una serie de reformas.

Un sistema con más de treinta años de vida que, además, ha degenerado en algunos aspectos básicos, pide a gritos una puesta al día.

El problema es que la reforma no llega, entre otras cosas por la incapacidad de la clase política para llegar a acuerdos a largo plazo. La amplitud de miras brilla por su ausencia en las sedes de los principales partidos. De ahí que la ciudadanía tienda a pensar que estamos gobernados por unas personas que sólo piensan en su propio beneficio o, en el mejor de los casos, que padecen una miopía que les impide salir del cortoplacismo.

La segunda caracterísica , ahora sí, es económica. La situación de crisis política y social –me atrevería a decir que también de valores- se ha visto acrecentada desde verano de 2007 por la debacle del sistema financiero y la consiguiente recesión. Incluso antes de esa fecha, la mayor parte de los españoles no dudaba en mostrar su descontento con el sistema. Sin embargo, tuvimos que sentirlo en nuestros bolsillos, en la falta de trabajo, en la ausencia misteriosa de crédito bancaro, para levantarnos a protestar.

Cuando hace tres semanas publiqué “#15M. Los movimientos sociales del siglo XXI”, mostré mi convencimiento de que el deseo actual de cambio político tiene raíces mucho más profundas que la crisis financiera. No obstante, también afirmaba que la situación económica ha servido de catalizador para la protesta contra las carencias y la degeneración del sistema de 1978.

En definitiva, estamos ante un  movimiento que, en su origen, pedía cambios políticos –democracia real-, pero movido las penurias económicas.

El tercer y último rasgo que define la crisis actual es la Indignación; que no hemos de confundir con el malestar. Se trata de un estadio más avanzado del descontento ciudadano. Un estadio capaz de sacar a los ciudadanos de su comodidad, de sus críticas al político de turno en las tertulias de los bares, para llevarlos a la calle y a las plazas.

La Indignación tiene sus raíces en la confluencia de los elementos anteriores –crisis política y económica-, y puede llevar, incluso, a la constitución de movimientos antisistema que gocen de cierto apoyo popular. El malestar se conformaría con criticar a los dirigentes desde casa; y, en caso de llevar a las personas a una protesta pública, siempre sería contra determinados aspectos del sistema, no contra los fundamentos de este. La Indignación tiene, como queda patente por lo que hemos vivido en las últimas semanas, otros objetivos.

Estos son, al fin y al cabo, los tres factores que han condicionado enormemente el desarrollo del primer #XXI de la historia de nuestro país. Al respecto, es de suma importancia que nos percatemos de  que ha aparecido en un contexto de crisis, por tanto, no cabe esperar las mismas reacciones de los movimientos futuros que nazcan en otras circunstancias.

Los #XXI posteriores a la indignación

El 15M no es tan sólo un proyecto piloto dentro de estos Movimientos Sociales. Es, además, un intento de dar solución a unas circunstancias muy concretas de un tiempo determinado.

Por tanto, cabe esperar que en los próximos años se desarrollen otros tipos de #XXI, con rasgos y formas distintas a las exhibidas por Democracia Real Ya.

Los objetivos de estos nuevos movimientos sociales no serán muy distintos a los de los antiguos. Es probable que surjan nuevos grupos de presión ciudadana de los más diversos orígenes; no obstante, lo más probable es que las reivindicaciones clásicas de las últimas décadas utilicen el traje más apropiado para el mundo que viene: el traje de los #XXI.

Es decir, permitirán, como hasta ahora, que personas con intereses comunes se agrupen para defenderlos. La diferencia con los actuales será, fundamentalmente, el papel de internet como canalizador y plataforma de las reivindicaciones. De esta manera, ciudadanos que jamás se hubieran encontrado sin la utilización de las redes sociales podrán, a través de ellas, dar forma a un movimiento común.

Sin embargo, ese no será el único cambio. La verdadera revolución, esa que parece no haber comprendido aún muchos de nuestros dirigentes –y me atrevería a decir que la mayoría de los que defienden la #spanishrevolution-, es que la tarea de gobierno ha dejado de ser unidireccional para transformarse en algo bidireccional. Gracias a las posibilidades que ofrece internet, los ciudadanos no serán, como hasta ahora, objetos pasivos de la tarea de los gobernantes.

Para dar respuesta a la agilidad de las exigencias de la ciudadanía, los partidos políticos deberán abandonar sus estructuras cerradas, opacas y jerárquicas.

El 15M es un movimiento con objetivos globales, surgido en un contexto de crisis y basado en la Indignación. No parece que esos vayan a ser los rasgos básicos de la mayor parte de los Movimientos Sociales del Siglo XXI. Salvo excepciones, sus protestas y exigencias no aspirarán a crear un nuevo sistema, ni siquiera a reformarlo. Se contentarán con influir en la construcción de la sociedad en aquel aspecto en el que entienden que pueden aportar algo.