#15M. DemocraciaRealYa vs Movimientos Sociales del Siglo XXI


En mis reflexiones sobre el 15M siempre he tratado de distinguir dos aspectos que, a mi entender son clave. Por un lado, estaría el movimiento de protesta que desde mediados de mayo promueve la instauración en España de una democracia real. Se trata de una plataforma pionera y, como tal, de futuro poco claro. Nunca hemos vivido nada similar a los que se ha desarrollado en la Puerta del Sol y en otras plazas de las principales ciudades del país a lo largo de los últimos días. Eso, como es lógico, arroja un alto grado de incertidumbre sobre este fenómeno.

Por otro lado, si bien en estrecha conexión con el 15M, estarían los Movimientos Sociales del Siglo XXI (#XXI), cuyo origen y modos de acción he descrito ya en anteriores artículos. Estos últimos, con su peculiar modus operandi basado en la utilización de las redes sociales como canalizadoras del descontento y plataformas de organización, han venido para quedarse.

El 15M no es más que un #XXI. Sin embargo, su papel pionero es sumamente importante, ya que puede condicionar la recepción y desarrollo de otros posteriores. De esta manera, el gran peligro que amenaza a los movimientos cívicos de las próximas décadas no es el fracaso o el triunfo, la pervivencia, al fin y al cabo, de la Indignación. El riesgo es que los excesos del 15M desprestigien para siempre unas formas de organización ciudadanas extremadamente útiles.

Tratando de navegar en un mar revuelto

El elemento que define el 15M es, sin lugar a dudas, el contexto de crisis en el que se produce su alumbramiento. Es cierto que sin esa circunstancia es bastante probable que la protesta no hubiera tenido lugar. Sin embargo, el hecho de navegar en un mar revuelto ha condicionado su desarrollo de manera notable.

El primer rasgo de esta crisis a la que nos venimos refiriendo no es económico, sino político. No existe sistema perfecto, pero parece evidente que la democracia de 1978 exige una serie de reformas.

Un sistema con más de treinta años de vida que, además, ha degenerado en algunos aspectos básicos, pide a gritos una puesta al día.

El problema es que la reforma no llega, entre otras cosas por la incapacidad de la clase política para llegar a acuerdos a largo plazo. La amplitud de miras brilla por su ausencia en las sedes de los principales partidos. De ahí que la ciudadanía tienda a pensar que estamos gobernados por unas personas que sólo piensan en su propio beneficio o, en el mejor de los casos, que padecen una miopía que les impide salir del cortoplacismo.

La segunda caracterísica , ahora sí, es económica. La situación de crisis política y social –me atrevería a decir que también de valores- se ha visto acrecentada desde verano de 2007 por la debacle del sistema financiero y la consiguiente recesión. Incluso antes de esa fecha, la mayor parte de los españoles no dudaba en mostrar su descontento con el sistema. Sin embargo, tuvimos que sentirlo en nuestros bolsillos, en la falta de trabajo, en la ausencia misteriosa de crédito bancaro, para levantarnos a protestar.

Cuando hace tres semanas publiqué “#15M. Los movimientos sociales del siglo XXI”, mostré mi convencimiento de que el deseo actual de cambio político tiene raíces mucho más profundas que la crisis financiera. No obstante, también afirmaba que la situación económica ha servido de catalizador para la protesta contra las carencias y la degeneración del sistema de 1978.

En definitiva, estamos ante un  movimiento que, en su origen, pedía cambios políticos –democracia real-, pero movido las penurias económicas.

El tercer y último rasgo que define la crisis actual es la Indignación; que no hemos de confundir con el malestar. Se trata de un estadio más avanzado del descontento ciudadano. Un estadio capaz de sacar a los ciudadanos de su comodidad, de sus críticas al político de turno en las tertulias de los bares, para llevarlos a la calle y a las plazas.

La Indignación tiene sus raíces en la confluencia de los elementos anteriores –crisis política y económica-, y puede llevar, incluso, a la constitución de movimientos antisistema que gocen de cierto apoyo popular. El malestar se conformaría con criticar a los dirigentes desde casa; y, en caso de llevar a las personas a una protesta pública, siempre sería contra determinados aspectos del sistema, no contra los fundamentos de este. La Indignación tiene, como queda patente por lo que hemos vivido en las últimas semanas, otros objetivos.

Estos son, al fin y al cabo, los tres factores que han condicionado enormemente el desarrollo del primer #XXI de la historia de nuestro país. Al respecto, es de suma importancia que nos percatemos de  que ha aparecido en un contexto de crisis, por tanto, no cabe esperar las mismas reacciones de los movimientos futuros que nazcan en otras circunstancias.

Los #XXI posteriores a la indignación

El 15M no es tan sólo un proyecto piloto dentro de estos Movimientos Sociales. Es, además, un intento de dar solución a unas circunstancias muy concretas de un tiempo determinado.

Por tanto, cabe esperar que en los próximos años se desarrollen otros tipos de #XXI, con rasgos y formas distintas a las exhibidas por Democracia Real Ya.

Los objetivos de estos nuevos movimientos sociales no serán muy distintos a los de los antiguos. Es probable que surjan nuevos grupos de presión ciudadana de los más diversos orígenes; no obstante, lo más probable es que las reivindicaciones clásicas de las últimas décadas utilicen el traje más apropiado para el mundo que viene: el traje de los #XXI.

Es decir, permitirán, como hasta ahora, que personas con intereses comunes se agrupen para defenderlos. La diferencia con los actuales será, fundamentalmente, el papel de internet como canalizador y plataforma de las reivindicaciones. De esta manera, ciudadanos que jamás se hubieran encontrado sin la utilización de las redes sociales podrán, a través de ellas, dar forma a un movimiento común.

Sin embargo, ese no será el único cambio. La verdadera revolución, esa que parece no haber comprendido aún muchos de nuestros dirigentes –y me atrevería a decir que la mayoría de los que defienden la #spanishrevolution-, es que la tarea de gobierno ha dejado de ser unidireccional para transformarse en algo bidireccional. Gracias a las posibilidades que ofrece internet, los ciudadanos no serán, como hasta ahora, objetos pasivos de la tarea de los gobernantes.

Para dar respuesta a la agilidad de las exigencias de la ciudadanía, los partidos políticos deberán abandonar sus estructuras cerradas, opacas y jerárquicas.

El 15M es un movimiento con objetivos globales, surgido en un contexto de crisis y basado en la Indignación. No parece que esos vayan a ser los rasgos básicos de la mayor parte de los Movimientos Sociales del Siglo XXI. Salvo excepciones, sus protestas y exigencias no aspirarán a crear un nuevo sistema, ni siquiera a reformarlo. Se contentarán con influir en la construcción de la sociedad en aquel aspecto en el que entienden que pueden aportar algo.

2 comentarios en “#15M. DemocraciaRealYa vs Movimientos Sociales del Siglo XXI

  1. Desde los balbuceos de Internet era evidente que la sociedad experimentará en este siglo una transformación radical. Por su propia naturaleza de estructura en red, distinta por lo tanto de la estructura unidireccional del poder y de los medios de comunicación hasta el siglo XXI. Desde mi punto de vista, este movimiento del 15M ha sido más bien accidental: una carambola que tarde o temprano tenía que suceder, y en la que hay todavía mezclados elementos de la era pre-Internet (el método asambleario, por ejemplo). El problema es que la única generación capaz hoy de hacer uso de esa novedosa estructura son los jóvenes, que son también los menos informados, los menos integrados y los que menos intereses reales tienen en la sociedad. Me temo que este primer experimento accidental terminará a la manera clásica, es decir, como un movimiento de protesta del siglo XX. O incluso del XIX, dado que la falta de información y de experiencia de esa generación los impulsa inexorablemente a reinventar la rueda.

    1. Interesante comentario RIcky. Simplificando mucho se podría decir que tenemos, por un lado, una generación capaz de usar las nuevas tecnologías, pero sin ideas, y por otro, una generación con ideas, pero anclada en los medios de la era pre-internet. Evidentemente esto es mucho simplificar, ya que las nuevas generaciones tienen ideas, y de entre los mayores hay muchos que dominan las nuevas tecnologías tan bien como los jóvenes. Sin embargo, algo de verdad hay en la primera afirmación. Me parece que en las últimas semanas hemos pasado de un movimiento formado en internet a otro que ha empezado a utilizar los medios tradicionales de protesta. Creo que detrás de esa transformación esta el cambio en el protagonismo de la protesta. Del proteagonismo de un grupo de personas del ámbito de internet y de las redes sociales, se ha pasado a un protagonismo distinto. Son, en general, personas algo más mayores y, en muchos casos, miembros de asociaciones ya existentes (buena parte de ellas con un marcado carácter de izquierdas). Eso ha supuesto también un cambio en los objetivos. Se han mantenido las reclamaciones primigenias, pero a estas se han añadido algunas de las «banderas» típicas de los grupos que han tomado el protagonismo. Algunas ideas son las clásicas de la izquierda radical. Muchas de ellas son del siglo XX o del XIX como bien indicas; otras son las que venimos oyendo desde que empezó la crisis. Esos grupúsculos que llevaban tres años predicando en el desierto, han encontrado en el 15M su mejor altavoz. Si se me permite otra simplificación, creo que este movimiento ha sido parcialmente secuestrado por esos grupos (ya se que es simplificar, otra vez, más de la cuenta). Gracias por tu comentario.

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