La apertura de las libertades X

El resultado, además de los dos muertos, fue que el carlismo, tras siglo y medio de presencia política en España, murió a los pies de Montejurra.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 97.

La apertura de las libertades IX

Con motivo del viaje programado por los Reyes a Cataluña, el gobernador de Barcelona mantuvo reuniones con dirigentes políticos de la oposición. En una de ellas, Jordi Pujol, en presencia de Pedro Durán y Farrell, comunicó al gobernador su proyecto de celebrar en fechas próximas un Congreso de Convergencia Democrática de Catalunya., además de sus fundadas sospechas de que la organización había sido detectada por la policía, por lo que temía su presencia y algunas detenciones. Mi respuesta fue inmediata: «Mandaré un policía, pero no para suspender o detener, sino para proteger. Vais a utilizar un derecho normal de reunión que pronto va a ser plenamente legalizado, y no veo inconveniente en que lo podáis ejercer ya con motivo de vuestro congreso». De esta forma, Convergencia Democrática celebraba su primer congreso, fuera de la clandestinidad.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 94.

La apertura de las libertades VIII

En los inicios de la Transición, la primera tarea que el gobernador civil de cualquier provincia tenía que afrontar cada mañana era la autorización o denegación de las reuniones públicas que le habían sido solicitadas, con un mínimo de setenta y dos horas de antelación. Constituían cada decisión una curiosa y extraña mezcla de discrecionalidad gubernativa, prudencia política, miedo al error y test de aperturismo. Y de este cóctel salía el SÍ o el NO personal del gobernador, influido a veces por el jefe superior de Policía y, en los casos más significativos, por el temor de presencia masiva en el acto o por la adscripción política de los promotores. Cuarenta años de abstinencia habían provocado hambre de manifestaciones.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 92

La apertura de las libertades VII

Similar clima se empezaba a respirar en Cataluña. el Consell de Forces Polítiques celebraba, el 10 y 11 de abril en París, una reunión con Josep Tarradellas, que tuvo gran impacto en la opinión pública de Barcelona. En ella, se reivindicaron las instituciones catalanas, se saludaba positivamente la constitución de la Platajunta -en la que no se integraban- y declaraban su «voluntad de negociar y pactar el establecimiento de la democracia y de las liberades nacionales de todos los pueblos del Estado español». La prensa catalana saludaba el importante acuerdo con estos titulares: » «Acuerdo entre el Consell y el presidente de la Generalitat», «Voluntad de negociar y de pactar para el restablecimiento de la democracia», «Estamos dispuestos a pactar con el ala reformista».

Por todas estas circunstancias, la reforma y la ruptura se acercaban inexorablemente. Desde el Gobierno Civil de Barcelona, tuve la oportunidad de declarar a finales de mayo de 76, «la reforma necesaria coincide, esencialmente, con la continuidad deseable y con la ruptura posible.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 90.

La apertura de las libertades VI

La tesis de la «ruptura» fracasaría rotundamente por varios motivos: la realidad socio-política y económica del pueblo español era muy distinta a la del 31, y la inmensa mayoría no quería volver a fórmulas o métodos del pasado; la fortaleza real de las fuerzas de la oposición era escasa, y la estructura del Estado aguantó con firmeza los embates del proceso de huelgas en cadena; el propósito de la reforma democrática, alentado por los hombres de la nueva generación instalados en la gobernación del país, era profundo y estaba decididamente apoyado por el Rey; el Ejército jamás hubiera aceptado un proceso de ruptura con el régimen de Franco, con el que se sentía profundamente vinculado.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 87.

La apertura de las libertades V

La «ruptura» no propugnaba una postura revolucionaria o la utilización de la violencia, y creía en el desmoronamiento del Estado, tras la muerte del Dictador, bajo el impulso de la clase trabajadora y mediante el instrumento de la huelga general, que paralizaría el país.

Por el contrario, la «reforma», pretendía la evolución desde el Régimen, modificando leyes del franquismo, para llegar, sin ruptura, de la legalidad a una nueva y verdadera situación democrática.

La ruptura era propugnada por las fuerzas de izquierda, básicamente socialistas y comunistas. Y la reforma, por los aperturistas del régimen y por la oposición moderada, aunque fuera rechazada por las fuerzas franquistas y torpedeada por el «búnker».

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 86.

La apertura de las libertades IV

Pero la manifestación ciudadana más importante fue la celebrada en Barcelona, el 1 de febrero de 1976. Su convocatoria correspondía a la llamada «Comisión de los 150», un notabilísimo elenco de personalidades catalanas pertenecientes a asociaciones de vecinos, colegios profesionales, entidades culturales y religiosas, universidad, movimiento sindical, ayuntamientos, artistas e intelectuales y, por supuesto, todos los dirigentes del Consell de Forces Polítiques, que se acababa de crear, y una representación de la Assemblea de Catalunya. Allí estaba «el todo Barcelona» de la oposición al Régimen, y su objetivo era la petición de amnistía.

Ante la importancia de la convocatoria, el gobernador civil consultó en dos ocasiones con el Ministerio de la Gobernación, que denegó su autorización. Ni el clima político a los dos meses de la muerte de Franco estaba para autorizar manifestaciones multitudinarias, ni el ambiente social crispado de huelgas tensas aconsejaba la presencia de masas en las calles, y además el tema de la amnistía era específicamente inabordable en aquellos momentos. Estas eran las razones de Fraga, que el gobernador de Barcelona compartía.

A pesar de la desautorización, hubo diálogo entre los convocantes y la autoridad gubernativa, para intentar aplazar la convocatoria o minimizar los enfrentamientos; pero no se llegó a un acuerdo.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 85.

La apertura de las libertades III

La primera batalla política de la Transición se da en la calle y en las fábricas. Es un pulso a las estructuras del gobierno y de seguridad del Estado, lanzado por la oposición y dirigido por el Partido Comunista y por Comisiones Obreras, con una importante aportación de las organizaciones de extrema izquierda. La participación en esta lucha del PSOE y de la UGT no es significativa, por la escasa fuerza que tienen en ese momento el partido y el sindicato socialista.

Ya dos meses antes de la muerte de Franco, Santiago Carrillo, en una entrevista con Oriana Fallaci, afirmaba que el Régimen caería derribado por una huelga nacional, «una huelga que paralizará de improviso al país entero, de la fábrica a la universidad, del comercio a las comunicaciones. Una huelga que bloquee todo el mecanismo del Estado y contra la que el Régimen no podrá hacer nada. Todo deberá suceder en ese momento; todo. Y lo que estamos haciendo es crear las condiciones para ese momento».

La conflictividad laboral en España había ido creciendo desde 1970. Y ello, en función de la mayor presencia y penetración de Comisiones Obreras en las empresas y en la estructura de la organización del sindicato oficial, lo que conllevaba una mayor conciencia de clase y una más agresiva actitud reivindicativa. Prueba de ello es que, según los datos oficiales en 1971, hubo 616 conflictos colectivos, con un total de siete millones de horas perdidas, cifra que se duplicaba en 1975, con 3159 conflictos.

Pero la tensión laboral, que disminuyó en el segundo semestre del 75, pues todos -gobierno, oposición, sindicatos ilegales- enmudecieron ante la larga enfermedad y agonía de Franco, se disparó con el primer gobierno de la Monarquía, desde principios de 1976.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 80-81.

La apertura de las libertades II

Este discurso, cuya quintaesencia reflejan tan bien los titulares transcritos, tiene valor de testimonio histórico. Resume con toda nitidez el proyecto de reforma Arias Navarro, que fue inviable. Pero vale la pena constatar -como contraste de otras alternativas- que ésta era la mayor y mejor reforma política que un hombre coherente con su lealtad a la persona y al régimen de Franco podía ofrecer desde la fidelidad a los Principios Fundamentales y en el cauce del Movimiento Nacional. Ésta no era la reforma propugnada por Fraga, ni la que después haría realidad Adolfo Suárez; ni, por supuesto, la que el Rey Juan Carlos quería.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 78.