La apertura de las libertades III

La primera batalla política de la Transición se da en la calle y en las fábricas. Es un pulso a las estructuras del gobierno y de seguridad del Estado, lanzado por la oposición y dirigido por el Partido Comunista y por Comisiones Obreras, con una importante aportación de las organizaciones de extrema izquierda. La participación en esta lucha del PSOE y de la UGT no es significativa, por la escasa fuerza que tienen en ese momento el partido y el sindicato socialista.

Ya dos meses antes de la muerte de Franco, Santiago Carrillo, en una entrevista con Oriana Fallaci, afirmaba que el Régimen caería derribado por una huelga nacional, «una huelga que paralizará de improviso al país entero, de la fábrica a la universidad, del comercio a las comunicaciones. Una huelga que bloquee todo el mecanismo del Estado y contra la que el Régimen no podrá hacer nada. Todo deberá suceder en ese momento; todo. Y lo que estamos haciendo es crear las condiciones para ese momento».

La conflictividad laboral en España había ido creciendo desde 1970. Y ello, en función de la mayor presencia y penetración de Comisiones Obreras en las empresas y en la estructura de la organización del sindicato oficial, lo que conllevaba una mayor conciencia de clase y una más agresiva actitud reivindicativa. Prueba de ello es que, según los datos oficiales en 1971, hubo 616 conflictos colectivos, con un total de siete millones de horas perdidas, cifra que se duplicaba en 1975, con 3159 conflictos.

Pero la tensión laboral, que disminuyó en el segundo semestre del 75, pues todos -gobierno, oposición, sindicatos ilegales- enmudecieron ante la larga enfermedad y agonía de Franco, se disparó con el primer gobierno de la Monarquía, desde principios de 1976.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 80-81.

Los últimos tiempos de Franco I

Raimond Carr y J. P. Fusi afirman que no había «tan sólo una crisis de gobierno, sino de algo mucho más profundo: una verdadera crisis de Régimen», que había comenzado con las discusiones sobre las asociaciones durante 1967-69. España era un Estado católico, donde la Iglesia condenaba el Régimen; un Estado que prohibía las huelgas, y donde éstas se producían por miles; un Estado antiliberal, que buscaba alguna forma de legitimidad democrática; un Estado cuya ideología, según dijera Fernández-Miranda en 1971, era un «socialismo nacional integrador» y que había, sin embargo, transformado España en una sociedad capitalista. Las contradicciones eran evidentes. «En España -diría con razón el ultraderechista Blas Piñar en octubre de 1972- estamos padeciendo una crisis de identidad de nuestro propio Estado».

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p.18.

Ferenc Erdei

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Ferenc_Erdei(1910-1971) Escritor y sociólogo, había sido uno de los fundadores del Partido Nacionalcampesino en 1937. Entre 1948 y 1956 participó en los distintos Gobiernos húngaros. En octubre de 1956, como representante de su partido, reestructurado en ese momento, entró en el Gobierno de Imre Nagy en calidad de Ministro de Estado. Erdei formó parte de la comisión encargada de negociar la salida de los soviéticos de Hungría. Al igual que los demás miembros de la comisión, fue detenido por la KGB el 4 de noviembre en Tököl pero, a diferencia de sus compañeros de cautiverio –el general Maléter entre ellos-, fue puesto en libertad a las pocas semanas. Después de la derrota de la insurrección del otoño de 1956 ocupó diveros cargos públicos en el nuevo régimen socialista de Kádár: entre 1957 y 1971 fue designado secretario general y presidente de la Academia Húngara de las Ciencias; de 1964 a 1970 fue también secretario general del Frente Patriótico Popular, cargo que compaginó con el de miembro de la Presidencia de la República Popular de Hungría hasta su muerte en 1971.

Antal Apró

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Antal_Apro(1913-1994) Entre 1953 y 1971, durante prácticamente dos décadas, formó parte de los Gobiernos de Hungría, y hasta 1980 permaneció en el Comité Central del Partido Socialista Obrero Húngaro. Durante la revolución del otoño de 1956 estaba al frente de la Comisión Militar del Comité Central del Partido, cuyo objetivo era terminar con las partidas de insurrectos, tarea que no fue respaldada por Imre Nagy mientras fue Primer Ministro. También entró en el Gobierno “revolucionario y patriótico” formado por Kádár el 4 de noviembre.

Mátyás Rákosi

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Matyas_Rakosi

(1892-1972) Personaje vinculado al internacionalismo socialista de obediencia soviética desde los años de la Gran Guerra, colaboró en la primera experiencia socialista húngara: la efímera República de los Consejos dirigida por Béla Kun entre el 21 de marzo y el 1 de agosto de 1919. En los primeros años veinte trabajó en el Komintern y a partir de 1924 regresó a a Hungría para organizar en la clandestinidad el Partido Comunista, pero un año más tarde fue encarcelado. Una vez en libertad, en 1940, viajó a la Unión Soviética para ponerse al frente de los comunistas húngaros. Al regresar a Hungría en 1944 como persona de confianza de Stalin fue hasta 1956 el máximo dirigente del Partido Comunista húngaro; entre 1952 y 1953 desempeñó el encargo de Primer Ministro. Abandonó Hungría durante la insurrección del otoño de 1956 y murió en Moscú en 1971.