Especifica los diferentes grupos de oposición política al régimen franquista y comenta su evolución en el tiempo


NONAGÉSIMO SEGUNDO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

A la hora de analizar los grupos de oposición al franquismo hay que diferenciar, en primer lugar, tres grandes etapas: la posguerra (1939-1947), los años de desarrollo del régimen y la apertura internacional (1948-1968) y la crisis final de la dictadura (1969-1975). A su vez, hay que tener en cuenta que, en el periodo que siguió a la Guerra Civil y a la Segunda Guerra Mundial, se desarrolló tanto un movimiento de oposición político-institucional como actividades armadas en forma de guerrilla, el llamado “maquis”. Por su parte, en los años cincuenta y sesenta surgieron las primeras protestas estudiantiles y obreras, en las que se formaron buena parte de los opositores de los últimos tiempos del franquismo.

Atendiendo al criterio cronológico establecido en el párrafo anterior, es preciso indicar que, a pesar de que las instituciones republicanas se mantuvieron tras la Guerra Civil, los exiliados estaban divididos, lo que debilitó los intentos de reinstaurar la democracia en España con el apoyo de las potencias aliadas en esos años. Además, a pesar de constituir uno de los grupos más activos contra Franco, siempre se tendió a aislar a los comunistas; al tiempo que los socialistas abandonaron a los republicanos para iniciar su acercamiento a los monárquicos “juanistas”. Todo esto impidió aprovechar la coyuntura internacional favorable que se dio en la segunda mitad de los años cuarenta.

Además, al término de la Segunda Guerra Mundial, los excombatientes republicanos, principalmente anarquistas y comunistas, iniciaron una serie de movimientos de guerrilla que conocemos como el “maquis”. Esta actividad armada, que se desarrolló fundamentalmente en zonas rurales y montañosas, alcanzó su mayor grado de intensidad entre 1945 y 1947, dejando de ser una amenaza para el régimen a partir de 1952.

Una vez superada esa primera etapa, los partidos políticos en el exilio se convencieron de la imposibilidad de acabar con el régimen mediante la guerrilla y la acción diplomática a través de las grandes potencias. A partir de entonces, los opositores, y principalmente el PCE, establecieron redes de acción en los ambientes universitarios y sindicales. La universidad fue, desde la década de los cincuenta, un símbolo de oposición al régimen, el cual empleó métodos represivos para controlarla.

Desde los años sesenta, la oposición política y social adquirió un protagonismo creciente. Esto fue posible, en gran medida, porque el movimiento obrero aprovechó el marco legal de los sindicatos verticales para debilitar el orden laboral franquista; mención especial merece al respecto la fundación de las Comisiones Obreras (CC.OO.) en 1962. A esto se ha de añadir la contribución del Concilio Vaticano II (1962-1965), que inició la renovación de la Iglesia española, abriendo el camino hacia el final del nacionalcatolicismo y del soporte ideológico-religioso de la dictadura.

A todo esto hemos de añadir que, a partir de 1973, surgieron a la izquierda del PCE grupos radicalizados que preconizaban la lucha armada y practicaban el terrorismo (fenómeno similar al alemán o al italiano). Entre estos destacaban FRAP (Frente Revolucionario Antifascista Patriótico), los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre) y ETA (Euskadi Ta Askatasuna). Por último, la crisis final del régimen facilitó la coordinación de la oposición política formada por los partidos de centro-derecha, izquierda y nacionalistas a través de organismos como la Junta Democrática de España o el Consell de Forçes Polítiques de Catalunya.

ESTRUCTURA DEL VÍDEO:

  • 0:12. Las etapas del franquismo.
  • 1:07. La oposición al régimen en los años cuarenta.
  • 1:47. El maquis.
  • 2:18. Las protestas obreras y universitarias.
  • 3:11. El Concilio Vaticano II.
  • 3:29. Los grupos terrotistas: ETA, GRAPO y FRAP.
  • 3:58. La Junta Democrática.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia de España 2 – Editorial Anaya.
  2. Historia de España – Editorial Vicens Vives.
  3. Historia de España Contemporánea; José Luis Comellas – Rialp.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

Explica la política económica del franquismo en sus diferentes etapas y la evolución económica del país


NONAGÉSIMO PRIMER ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

Al término de la Guerra Civil, el régimen puso en marcha una política económica de carácter intervencionista y autárquico; es decir, pretendía ser autosuficiente y mantener escasa conexión con el exterior. Esta tendencia se vio favorecida, a su vez, por el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el aislamiento diplomático de España hasta la década de los cincuenta. Esto resultó nefasto para un país atrasado industrialmente y con escasas fuentes de energía propias. La autarquía favoreció el estancamiento y la crisis de subsistencia, retrasando la recuperación de la renta per cápita de preguerra y el fin de las cartillas de racionamiento hasta 1952.

Las dificultades que, a partir de 1956, se fueron acumulando en el campo de la economía provocaron otra modificación en la política económica del régimen franquista. De esta manera, a partir de 1957, un grupo de nuevos ministros, los llamados tecnócratas, tomaron en sus manos el control de la política económica de España. A lo largo de la década de 1960 los políticos tecnócratas serán los encargados de dirigir la economía del país.

Franco había formado en 1957 un nuevo Gobierno en el cual dos personalidades destacadas de este grupo ocuparon dos carteras básicas en el área económica. Estas fueron la de Comercio, desempeñada por Alberto Ullastres, y la de Hacienda, a cuyo frente se situó a Mariano Navarro Rubio. Los nuevos ministros elaboraron un Plan de estabilización Económica, que consideraban imprescindible para asentar sobre una base sólida el proceso de crecimiento económico que se quería iniciar. El Plan de Estabilización fue aprobado por el Gobierno el 21 de julio de 1959. Mediante este decreto se impusieron una serie de medidas básicas para orientar la economía del país, entre las que destacaban:

  • Reducción del excesivo gasto estatal; esto implicó restricciones en la concesión de créditos y congelación de los salarios.
  • Desaparición progresiva de los controles del Gobierno sobre las actividades económicas.
  • Apertura de la economía española a los mercados exteriores aumentando las facilidades para la realización de exportaciones.

La finalidad última de esta operación de política económica era poner en contacto la economía española con la internacional. Como consecuencia de estas medidas, a lo largo de los años 60, la economía española entró en una etapa de fuerte crecimiento. Este fue más notable en algunas regiones del país, las denominadas regiones industriales: el País Vasco, Cataluña y Valencia. A su vez, algunas ciudades como Madrid, Burgos, Valladolid, Zaragoza, Vigo, La Coruña, Huelva y Sevilla se convirtieron en importantes núcleos de desarrollo.

ESTRUCTURA DEL VÍDEO:

  • 0:15. La autarquía durante el franquismo.
  • 1:00. Los tecnócratas del franquismo.
  • 1:31. El Plan de Estabilización.
  • 2:22. Principales medidas del Plan de Estabilización.
  • 2:48. El crecimiento económico y los planes de desarrollo.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia de España 2 – Editorial Anaya.
  2. Historia de España – Editorial Vicens Vives.
  3. Historia de España Contemporánea; José Luis Comellas – Rialp.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

Nuevos faraones sobre el país del Nilo

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos que he escrito sobre el origen y desarrollo de la «Primavera Árabe» en Túnez y Egipto. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


Gammal Abder Nasser, el primer faraón del siglo XX

A comienzos de la década de 1950, la inestabilidad política hacía tambalearse los otrora sólidos cimientos de la monarquía egipcia. La sumisión de Faruk I a los desginios británicos, así como la dolorosa derrota militar en la guerra de 1948 contra Israel, debilitaron enormemente la credibilidad de la casa real. A esto, por supuesto, tampoco ayudaba la condición de cleptómano del monarca, que era conocido dentro y fuera de sus fronteras como “el ladrón de El Cairo”.

El 23 de julio 1952, una sublevación militar llevada a cabo por la agrupación Movimiento de Oficiales Libres, encabezada por Gamal Abder Nasser y Muhammad Naguib obligó a Faruk a abdicar en su hijo Ahmed, un bebé que subió al trono como Fuad II.

Efímero fue su reinado: sólo se le permitió mantener la corona once meses. El 18 de junio de 1953, la monarquía de la dinastía de Muhammad Alí, que había gobernado el país desde la época napoleónica, fue abolida. Egipto pasó a ser una república bajo la presidencia de Nasser.

Con el incondicional apoyo del ejército, el nuevo presidente convirtió el país en una dictadura con régimen de partido único: Unidad Nacional. A su vez, la importante política social desplegada por el el gobierno, otorgó enorme popularidad a su líder, que se ganó el favor de buena parte del pueblo egipcio.

No obstante, las ambiciones de Nasser iban más allá de las fronteras de su propio país. Aspiraba a unir al pueblo árabe bajo la bandera de una izquierda respetuosa con el Islam. El primer paso en ese proceso fue calificar a su partido como “socialista”, al tiempo que, sin abandonar totalmente las estructuras capitalistas, imitó las medidas nacionalizadoras de corte soviético. El segundo escalón en su ascenso a líder del mundo árabe fue su progresivo acercamiento a Moscú, sin que esto le impidiera pertenecer al grupo de los No Alineados o mantener relaciones comerciales con Occidente.

Por último, gracias al prestigio adquirido fuera de sus fronteras como consecuencia de la crisis de Suez (1956), apadrinó la fundación de la República Árabe Unida.

El proyecto panarabista vio la luz el 1 de febreo de 1958 y a él se adhirieron Siria, Yemen y el propio Egipto. Sin embargo, las diferencias entre las élites de los países miembros, así como la distancia entre lo territorios llevaron a la República Árabe Unida al colapso. En 1961 se certificaba el fracaso del proyecto de unidad. Este acontecimiento marcó, al mismo tiempo, el final del ascenso político del presidente egipcio.

El 28 de septiembre de 1970, entre las lágrimas de sus abundantes partidarios y la alegría contenida de los opositores, moría el carismático Gamal Abder Nasser. El hombre que había derrocado a la monarquía dejaba asentada en el país una dictadura capaz de sobrevivir a su ausencia durante cuarenta años.

Anwar el Sadat, el faraón asesinado

A la muerte de Nasser se hizo con el poder Anwar el Sadat, secretario del partido Unidad Nacional.

El nuevo presidente había luchado desde muy joven contra la monarquía de Faruk I y la influencia británica que este permitía. En 1939 se integró en el grupo de oposición liderado por Gamal Abder Nasser y Muhammad Naguib, el Movimiento de Oficiales Libres; y once años después participó activamente en la sublevación militar contra el rey. Tras la proclamación de la República fue nombrado miembro del Consejo de la Revolución.

En el momento de la muerte de Nasser, Anwar el Sadat ocupaba el cargo de vicepresidente de la República. Era, por tanto, el mejor situado para suceder al carismático difunto. De esta manera, a pesar de no gozar con la popularidad de su antecesor, logró imponerse a todos sus rivales y hacerse con las riendas del poder. Su ideología no se alejaba demasiado del nacionalismo de izquierdas propio de Nasser. Además, a pesar del fracaso de la primera experiencia de unidad árabe, no había abandonado sus ideas panarabistas.

En política interior, Sadat mantuvo en líneas generales marcadas por el gobierno anterior. Es decir, ayudas sociales de corte populista y dura represión de los opositores. Dentro de estos últimos, tomaban cada vez mayor fuerza los Hermanos Musulmanes, un grupo islamista fundado en 1928 por Hassan el-Banna y que, como consecuencia del acercamiento de Egipto a Moscú, venía recibiendo importantes ayudas por parte de los Estados Unidos.

En lo que a política exterior se refiere, Egipto continuó coqueteando, dentro del contexto de Guerra Fría, con la Unión Soviética. A mismo tiempo, desde la perspectiva árabe, Israel constituía el gran obstáculo para construir el sueño de la unidad.

El cambio en la política internacional de Sadat llegó como consecuencia de la derrota en la Guerra del Yom Kippur. En 1973, el ataque combinado de Egipto y Siria contra Israel contaba con el factor sorpresa como principal aliado. Sin embargo, tras un primer momento en el que la victoria parecía algo más que probable, los judíos reaccionaron y desbarataron los planes de las naciones árabes.

A partir de entonces, consciente de que el país no podía estar sometido a las constantes sacudidas que suponían las derrotas contra Israel, el presidente renunció a la lucha por la unidad árabe. En el plazo de cinco años reconoció diplomáticamente al Estado judío, visitó Jerusalén para reunirse con su presidente y se desvinculó de la política soviética.

El establecimiento de relaciones amistosas con Israel y los Estados Unidos fue considerado como una traición por parte de las naciones árabes. A su vez, dentro de sus propias fronteras, las medidas de Sadat tampoco tuvieron buena acogida. Más teniendo en cuenta que abandonó el socialismo populista impuesto por Nasser para abrir una intensa etapa de liberalismo económico. La tensión se hizo notar en la calle, donde las fuerzas de seguridad tuvieron que actuar con dureza contra los opositores.

La represión, en especial contra los Hermanos Musulmanes, alcanzó su grado máximo desde la instauración de la República en 1953.

Finalmente, el 6 de octubre de 1981, Anwar el Sadat era asesinado por los integristas islámicos mientras presidía un desfile militar. Su cruenta muerte abrió las puertas a un estado de excepción que se mantuvo en el país durante todo el gobierno de su sucesor.

El faraón de Occidente

Hosni Mubarak, vicepresidente de la República desde 1975, fue elegido sucesor de Anwar el Sadat tras el atentado que acabó con la vida de este en 1981. El protagonismo de los islamistas en ese acontecimiento permitió al nuevo presidente intensificar aún más el sistema represivo que habían mantenido sus antecesores.

El régimen de Hosni Mubarak contó, a lo largo de sus treinta años de existencia, con el apoyo del mundo occidental, y especialmente de los Estados Unidos.

Para Egipto resultaba fundamental desde el punto de vista económico la alianza con el gigante americano. Mientras que para este, el país del Nilo era un punto geopolítico clave en sus relaciones con el mundo árabe. De esta manera, el silencio de Washington y de las cancillerías europeas ante las constantes violaciones de los derechos humanos en Egipto era el precio a pagar por contar con un Caballo de Troya dentro de la Liga Árabe.

Entre los grandes logros de Mubarak cabe destacar la buena marcha de la economía en sus primeros años al frente del país, así como la restitución de la península del Sinaí por parte de Israel en 1982. Este último hecho le permitió a Egipto recuperar su prestigio dentro del mundo árabe, muy deteriorado tras el establecimiento de relaciones con Israel.

Sin embargo, la estabilidad del régimen iba a verse sacudida a comienzos del siglo XXI por la situación política en la zona y la crisis económica. El pueblo egipcio, sometido durante demasiado tiempo, tenía cada día menos paciencia con el último de los faraones modernos. Una nueva violación de los derechos humanos sería el desencadenante de la revolución.

Un largo combate por Palestina IV

La contradicción exterior de la URSS es sólo aparente. Si bien, por un lado, Stalin había comenzado a partir de finales de los años 20 una importante depuración del establishment judío soviético (partido, administración, ejército) que continuará hasta la «conspiración de las batas blancas» de 1952; y por otro lado, había reanimado un antisemitismo latente en la sociedad rusa, alimentaba por el contrario intenciones geopolíticas en Oriente Medio, que le llevarán a apoyar al Estado hebreo, pequeño núcleo «socialista» en medio de los «feudos» árabes y única cabeza de puente en la región factible para la URSS en esa época.

Alain Duret, Oriente Medio. Crisis y desafíos, p. 42.

Mátyás Rákosi

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Matyas_Rakosi

(1892-1972) Personaje vinculado al internacionalismo socialista de obediencia soviética desde los años de la Gran Guerra, colaboró en la primera experiencia socialista húngara: la efímera República de los Consejos dirigida por Béla Kun entre el 21 de marzo y el 1 de agosto de 1919. En los primeros años veinte trabajó en el Komintern y a partir de 1924 regresó a a Hungría para organizar en la clandestinidad el Partido Comunista, pero un año más tarde fue encarcelado. Una vez en libertad, en 1940, viajó a la Unión Soviética para ponerse al frente de los comunistas húngaros. Al regresar a Hungría en 1944 como persona de confianza de Stalin fue hasta 1956 el máximo dirigente del Partido Comunista húngaro; entre 1952 y 1953 desempeñó el encargo de Primer Ministro. Abandonó Hungría durante la insurrección del otoño de 1956 y murió en Moscú en 1971.