Vistas desde el frente

La caída en desgracia de la imagen de Israel culmina con el comienzo de la ayuda masiva de los Estados Unidos, en 1968, país sobre el que se carga toda la culpabilidad, pero también todo el cuidado de los intereses planetarios de las antiguas potencias coloniales europeas debilitadas por la Segunda Guerra Mundial. Pero es un hecho poco recordado que, hasta ese años, los EE.UU. se habían abstenido de otorgar ayuda militar a Israel, y los únicos fondos que desde allí llegaban al Estado judío provenían de las limitadas contribuciones privadas de las comunidades israelitas. Israel sobrevivió a la guerra del 48 con armas del bloque soviético, y en 1956 y 1967 con armamento francés. En 1947, de los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, los EE.UU. fueron los últimos en dejarse persuadir para apoyar el proyecto de partición de Palestina. El más encendido discurso a favor del proyecto fue el de Andrei Gromiko, el representante de la URSS. En 1956, americanos y soviéticos conjuntamente forzaron a los israelíes, aliados ocasionales de británicos y franceses, a evacuar la península egipcia del Sinaí en cuestión de días. Sin embargo, desde 1967, Israel fue considerado el tradicional aliado y satélite natural del imperialismo americano o, para los antisemitas delirantes, el instrumento planetario del lobby judío. La utilidad ideológica de este planteamiento lo hacía inquebrantable: cada vez que los americanos ejercían algún tipo de presión sobre Israel, algunos lo consideraban un acto menor de compensación.

Varios Autores, En defensa de Israel, p. 72-73.

El modelo yugoslavo XII

A comienzos de la década de 1970, el proceso de descentralización económica había ensanchado las diferencias entre las repúblicas al tiempo que aumentaba en todo el país los niveles de paro, la inflación y el déficit comercial. La decepción causada por las reformas económicas emprendidas en 1965, cuyo resultado se entendió en Croacia como un reforzamiento del sistema central de distribución de los recursos por medio de las instituciones financieras, contribuyó en gran medida a despertar el sentimiento nacional, aunque el detonante fue la defensa de la lengua croata frente a lo que se percibía como un proceso de asimilación y uniformización del serbocroata en favor de las formas dialécticas serbias. En 1967, un grupo de lingüistas croatas protestó en contra de un proyecto de publicación de un diccionario unificado en el que, a su juicio, la lengua croata sufría una grave discriminación.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 39.

Los últimos tiempos de Franco I

Raimond Carr y J. P. Fusi afirman que no había “tan sólo una crisis de gobierno, sino de algo mucho más profundo: una verdadera crisis de Régimen”, que había comenzado con las discusiones sobre las asociaciones durante 1967-69. España era un Estado católico, donde la Iglesia condenaba el Régimen; un Estado que prohibía las huelgas, y donde éstas se producían por miles; un Estado antiliberal, que buscaba alguna forma de legitimidad democrática; un Estado cuya ideología, según dijera Fernández-Miranda en 1971, era un “socialismo nacional integrador” y que había, sin embargo, transformado España en una sociedad capitalista. Las contradicciones eran evidentes. “En España -diría con razón el ultraderechista Blas Piñar en octubre de 1972- estamos padeciendo una crisis de identidad de nuestro propio Estado”.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p.18.