Describe las actuaciones impulsadas por el presidente del Gobierno Adolfo Suárez para la reforma política del régimen franquista: Ley para la Reforma Política de 1976; Ley de Amnistía de 1977


NONAGÉSIMO QUINTO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

Una vez se produjo la dimisión de Carlos Arias Navarro y el nombramiento como presidente de Adolfo Suárez en julio de 1976, el nuevo gobierno inició un conjunto de reformas con las que, en el plazo de un año, se desmontó la estructura e instituciones del régimen franquista. El objetivo era, al fin y al cabo, sustituir la dictadura por una monarquía parlamentaria y democrática donde se respetara la división de poderes y se erradicara la represión política, socio-laboral y cultural. Ahora bien, a través de un proceso que respetara la legalidad vigente –“de la Ley a la Ley”-, por lo que había que convencer a los miembros de las Cortes franquistas de que aprobaran una Octava Ley Fundamental que desmantelara el sistema desde dentro.

A los pocos días de terminar de configurarse el gobierno de Adolfo Suárez hizo pública su declaración programática, en la que destacaban dos compromisos básicos:

  • La elaboración de una Ley para la Reforma Política que, una vez aprobada por las Cortes y por los españoles en referéndum, permitiera abrir un proceso constituyente para implantar en España un nuevo régimen. Este texto venía a ser, en realidad, el acta de autoliquidación del franquismo, ya que simplemente eliminaba, desde el respeto escrupuloso de la ley, los obstáculos existentes para iniciar la construcción de una democracia.
  • La convocatoria de unas elecciones para elegir unas nuevas Cortes, que serían las encargadas de elaborar la nueva constitución.

El proyecto de Ley para la Reforma Política fue elaborado por el Gobierno a lo largo del verano de 1976 y presentado y debatido en las Cortes en noviembre. Finalmente, el texto salió adelante con 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones. Posteriormente, con la participación de un 77.72% de la población, fue aprobada en el referéndum del mes de diciembre. El camino para la celebración de las primeras elecciones democráticas desde febrero de 1936 quedaba abierto, de tal modo que estas fueron convocadas para el 15 de junio de 1977. Ahora bien, Suárez entendía que, para un correcto desarrollo de los comicios, era precisa la participación de las fuerzas políticas de oposición. Por ese motivo, con el fin de ganarse su confianza y dar credibilidad a la reforma que había emprendido, adoptó las siguientes medidas:

  • En marzo de 1977 amplió la amnistía política parcial decretada en julio del año anterior (Ley de Amnistía), y en mayo se reformó nuevamente para su aplicación a todos los encarcelados por motivos ideológicos.
  • En diciembre de 1976 se disolvió el Tribunal de Orden Público (TOP).
  • En marzo de 1977 se legalizó el derecho a la huelga, y un mes después se decretó la libertad sindical.
  • En abril de 1977 se legalizaba el PCE, haciendo posible así su participación en las elecciones de junio.

ESTRUCTURA DEL VÍDEO:

  • 0:12. El primer gobierno de Adolfo Suárez.
  • 1:00. La Ley para la Reforma Política.
  • 2:15. Las primeras elecciones democráticas de la Transición.
  • 3:12. La legalización del Partido Comunista.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia de España 2 – Editorial Anaya.
  2. Historia de España – Editorial Vicens Vives.
  3. Historia de España Contemporánea; José Luis Comellas – Rialp.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

Las claves de la Transición III

Adolfo Suárez pagó un alto precio personal por su liderazgo de la Transición. Sufrió la animadversión de la inmensa mayoría de los altos mandos militares; recibió durísimos ataques del PSOE de Felipe González, que sabía que, para acceder al poder, había que derribar a Suárez; vio destruirse su obra: la UCD; por la ambición de los «barones» y por los errores del propio partido. «No fui capaz de hacer un partido político»., como aseveró varios años después. Sus excelentes relaciones con la Iglesia se deterioraron, al final, a causa de la Ley de Divorcio de Fernández Ordóñez; nunca tuvo, a pesar de los Pactos de la Moncloa, un apoyo claro del empresariado y de las altas finanzas, etc.

Su obra sólo recibiría el elogio unánime, y numerosas distinciones, cuando abandonó definitivamente la política, tras la frustrada experiencia del CDS. Alfonso Osorio, su vicepresidente político en el primer Gobierno, ha escrito de él: «Adolfo Suárez pasará a la Historia como el hombre que estuvo en el lugar preciso a la hora justa. Y eso es así porque para hacer la Transición política -y dejando aparte el papel impulsor y arbitral del Rey- era necesario alguien que tuviera inteligencia suficiente, conocimiento adecuado, capacidad de diálogo, paciencia infinita, modales exquisitos y simpatía arrolladora, y esas cualidades no las teníamos ninguno de los políticos en presencia en 1976».

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 259.

Las claves de la Transición I

El 20 de abril de 1976, José María de Areilza llega a Barcelona. Le recibo protocolariamente como gobernador civil, en el aeropuerto, y le acompaño toda la jornada. El influyente ministro de Asuntos Exteriores viene a recibir el Premio Godó de periodismo. «¿Pero… viene sólo a eso -me preguntaba-, o la visita a una Barcelona y una Cataluña en un momento tan complejo tiene una motivación política más importante?». En la sede de La Vanguardia, bajo la presidencia del conde de Godó, con la presencia de un grupo reducido de las principales autoridades y destacados periodistas, Areilza empieza a desgranar su discurso».

«El Rey, con su mensaje, con sus palabras, con su presencia, es el motor del cambio, el espíritu que anima la evolución pacífica y legal de nuestra comunidad hacia metas más altas de convivencia ciudadana, que todos los grupos políticos responsables de nuestro país -digo bien; todos- aceptan y desean.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 252-253.

La apertura de las libertades XI

Todo el proceso de apertura se paró ante la inminencia del 1 de mayo. Existía gran preocupación en el Gobierno, y especialmente en Fraga, porque las movilizaciones obreras con motivo de esta fecha tan emblemática para el mundo del trabajo significaran una presencia masiva en las calles, para ganarle el pulso al poder, que los partidos de izquierda habían perdido en los meses anteriores. Y Fraga utilizó a fondo todas sus bazas, desde el poder. Ya a primeros de abril, la Dirección General de Política Interior mandó a los gobernadores civiles una circular que terminaba con esta tajante conclusión: «Deberá V. E. negar autorización para cualquier manifestación que pretenda celebrarse desde ahora hasta el día 1 de mayo». Por otra parte, los gobernadores y autoridades sindicales recibieron instrucciones para cerrar las negociaciones de los convenios más conflictivos. Por ejemplo, en Barcelona, se firmaron, a finales de abril, tres dificilísimos convenios del metal -con la readmisión de los despedidos de la SEAT-, de la construcción y de las basuras de la ciudad.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 97-98.

La apertura de las libertades VII

Similar clima se empezaba a respirar en Cataluña. el Consell de Forces Polítiques celebraba, el 10 y 11 de abril en París, una reunión con Josep Tarradellas, que tuvo gran impacto en la opinión pública de Barcelona. En ella, se reivindicaron las instituciones catalanas, se saludaba positivamente la constitución de la Platajunta -en la que no se integraban- y declaraban su «voluntad de negociar y pactar el establecimiento de la democracia y de las liberades nacionales de todos los pueblos del Estado español». La prensa catalana saludaba el importante acuerdo con estos titulares: » «Acuerdo entre el Consell y el presidente de la Generalitat», «Voluntad de negociar y de pactar para el restablecimiento de la democracia», «Estamos dispuestos a pactar con el ala reformista».

Por todas estas circunstancias, la reforma y la ruptura se acercaban inexorablemente. Desde el Gobierno Civil de Barcelona, tuve la oportunidad de declarar a finales de mayo de 76, «la reforma necesaria coincide, esencialmente, con la continuidad deseable y con la ruptura posible.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 90.

Anna Kéthly

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Anna_Kethly(1889-1976) Militante socialdemócrata y desde los años veinte parlamentaria en representación de su partido, en la época del estalinismo-rákosismo había sido condenada bajo pruebas falsas y apartada de la actividad política. Una vez reconstruido su partido, y como presidente del mismo, se incorporó en octubre de 1956 al Gobierno de Nagy en calidad de Ministro de Estado. Después del otoño de 1956 se exilió y en 1957 comenzó a trabajar en Estrasburgo como presidente del Consejo Revolucionario Húngaro.