La visita de los Reyes a Cataluña en 1976

En el ámbito simbólico, tuvo especial resonancia la visita de los reyes a Cataluña, en el transcurso del cual el monarca utilizó repetidamente el catalán en sus discursos. Durante la misma se anunció la creación de una comisión para estudiar la implantación de un régimen administrativo para las cuatro provincias catalanas, impulsada por el presidente de la diputación barcelonesa, Juan Antonio Samaranch, que pretendía una cierta institucionalización de Cataluña como región. A sugerencia de Pujol, recogida por Sánchez-Terán, también se acordó permitir la inscripción en el registro civil de nombres vernáculos «en cualquier lengua de la nación».

Charles Powell, España en democracia, 1975-2000, p. 154.

La apertura de las libertades XI

Todo el proceso de apertura se paró ante la inminencia del 1 de mayo. Existía gran preocupación en el Gobierno, y especialmente en Fraga, porque las movilizaciones obreras con motivo de esta fecha tan emblemática para el mundo del trabajo significaran una presencia masiva en las calles, para ganarle el pulso al poder, que los partidos de izquierda habían perdido en los meses anteriores. Y Fraga utilizó a fondo todas sus bazas, desde el poder. Ya a primeros de abril, la Dirección General de Política Interior mandó a los gobernadores civiles una circular que terminaba con esta tajante conclusión: «Deberá V. E. negar autorización para cualquier manifestación que pretenda celebrarse desde ahora hasta el día 1 de mayo». Por otra parte, los gobernadores y autoridades sindicales recibieron instrucciones para cerrar las negociaciones de los convenios más conflictivos. Por ejemplo, en Barcelona, se firmaron, a finales de abril, tres dificilísimos convenios del metal -con la readmisión de los despedidos de la SEAT-, de la construcción y de las basuras de la ciudad.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 97-98.

La apertura de las libertades IX

Con motivo del viaje programado por los Reyes a Cataluña, el gobernador de Barcelona mantuvo reuniones con dirigentes políticos de la oposición. En una de ellas, Jordi Pujol, en presencia de Pedro Durán y Farrell, comunicó al gobernador su proyecto de celebrar en fechas próximas un Congreso de Convergencia Democrática de Catalunya., además de sus fundadas sospechas de que la organización había sido detectada por la policía, por lo que temía su presencia y algunas detenciones. Mi respuesta fue inmediata: «Mandaré un policía, pero no para suspender o detener, sino para proteger. Vais a utilizar un derecho normal de reunión que pronto va a ser plenamente legalizado, y no veo inconveniente en que lo podáis ejercer ya con motivo de vuestro congreso». De esta forma, Convergencia Democrática celebraba su primer congreso, fuera de la clandestinidad.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 94.

La apertura de las libertades VIII

En los inicios de la Transición, la primera tarea que el gobernador civil de cualquier provincia tenía que afrontar cada mañana era la autorización o denegación de las reuniones públicas que le habían sido solicitadas, con un mínimo de setenta y dos horas de antelación. Constituían cada decisión una curiosa y extraña mezcla de discrecionalidad gubernativa, prudencia política, miedo al error y test de aperturismo. Y de este cóctel salía el SÍ o el NO personal del gobernador, influido a veces por el jefe superior de Policía y, en los casos más significativos, por el temor de presencia masiva en el acto o por la adscripción política de los promotores. Cuarenta años de abstinencia habían provocado hambre de manifestaciones.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 92

Debate cronológico de la transición española

Si situamos el juramento del Rey como comienzo de la Transición, es porque ninguno de los acontecimientos anteriores cambiaron en nada especial la naturaleza del Régimen. Ni el asesinato de Carrero, ni el frustrado aperturismo de Arias, ni la enfermedad de Franco supusieron la apertura a las libertades, o la modificación de los derechos de reunión o manifestación, o la legalización de los partidos políticos, o la concesión de la amnistía, o la convocatoria de elecciones libres.

Y si situamos el final de la Transición en la realización de las primeras elecciones constitucionales y democráticas es porque los acontecimientos posteriores, sin duda muy importantes, como el frustrado golpe de Estado del 23F o la primera alternancia de gobierno -triunfo socialista del 82- o el ingreso en las Comunidades Europeas o el referéndum sobre la OTAN son considerados por la mayoría de los historiadores, no como parte de la Transición, sino como «hitos» de la «consolidación» de la democracia.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p.18-19.

Debates sobre la Transición

Artículo publicado por Historia en Presente el 24 de noviembre de 2008


En la mayor parte de los estudios sobre los procesos democratizadores se distinguen, al menos, dos fases: transición y consolidación. La primera de ellas se caracteriza por el paso de un régimen autoritario a otro de carácter democrático. Por tanto, toda definición de la transición política española debe hacer referencia, en primer lugar, a la sustitución de la Dictadura del General Franco por un régimen democrático de monarquía parlamentaria; con la universalización de la participación, la desaparición de la represión y la división de poderes que ello conlleva [2].

Esto nos conduce al segundo de los puntos fundamentales del concepto de transición: la sustitución de la legalidad franquista por la democrática. Proceso que alcanza su culmen en la aprobación de la Constitución de 1978.

Existe un acuerdo global a la hora de situar la transición política española dentro de la “tercera ola” democratizadora enunciada por Samuel P. Huntington [5]. Asimismo, también se observa un amplio consenso en torno a la labor realizada: “desmantelar el viejo régimen, dar voz institucional a la oposición democrática que ya no podía ser silenciada en las calles, reconocer a los partidos políticos que habían sido la bête noir del régimen, reconocer los derechos políticos de los sindicatos y los derechos nacionales de los catalanes y de los vascos a ser culturalmente diferentes y políticamente autónomos, todo esto sin provocar una reacción autoritaria por parte del ejército y del búnker franquista, sin desatar los viejos demonios históricos de la primera y de la segunda República española y de todas las guerras civiles de la España contemporánea” [1].

Sin embargo, las discrepancias historiográficas surgen a la hora de determinar si se trató de un proceso de carácter reformista o rupturista.

El debate reforma-ruptura nos remite a la situación política del país a la muerte del General Franco. En ese contexto distinguimos tres grandes proyectos: continuismo, reforma y ruptura. Desde el primer momento se hizo evidente que los ciudadanos deseaban, de forma mayoritaria, la democratización del país, pero sin sacrificar la paz y el orden [12].

Esto sólo dejaba una posibilidad, la reforma, que fue el camino a seguir por el proceso de transición hasta la aprobación, el 15 de diciembre de 1976, de la Ley para la Reforma Política. En ese periodo de casi trece meses, los españoles fueron testigos de como, tanto el búnker como la oposición al régimen, fracasaban en sus respectivos proyectos.

No obstante, una vez llevada a cabo la reforma legal desde arriba, los reformistas del régimen no podían continuar la transición a un orden democrático sin la ayuda de la oposición [1]. Necesitaban atraerse a los sectores más moderados de entre las filas rupturistas, lo que supuso aceptar buena parte de sus postulados.

De esta manera, el cambio político pudo llevarse a cabo porque ambos proyectos, reformista y rupturista, cedieron en determinados aspectos con el fin de constituir un régimen democrático. De hecho, la democratización del país era la meta común de los dos grupos, que tan sólo diferían en la manera de llevarlo a cabo. A este respecto, podemos decir que en un principio, por la lógica del momento ya enunciada anteriormente, se impuso la vía reformista; sin embargo, más adelante comenzaron a integrarse también algunos rasgos del proyecto rupturista.

La fase de consolidación es el desarrollo mediante el cual el régimen democrático va generando su propia estructura institucional distinta a la dictatorial.

En opinión de Adam Przeworski, la implantación de un régimen democrático, y por tanto el inicio de la consolidación, finaliza en el momento en que se han producido los siguientes fenómenos: desvinculación con el régimen anterior, reforma económica, aprobación de una constitución, y control del ejército por parte del poder civil. Por su parte, a la hora de dar por concluida la fase de transición, Juan J. Linz y Alfred Stepan hacen especial hincapié en la existencia de un gobierno surgido de unas elecciones democráticas libres, así como en su capacidad para generar nuevas políticas dentro del marco constitucional vigente.

En lo que respecta al caso español, surge el problema de determinar la difusa frontera entre las dos etapas a las que nos hemos venido refiriendo. Raimond Carr y Juan Pablo Fusi dan por terminada la transición con la celebración de las elecciones generales de 1977, opinión que comparte Victoria Prego. Sin embargo, Javier Tusell y Álvaro Soto sostienen que el proceso no finaliza hasta la incorporación de España a las Comunidades Europeas en el año 1986. Entre ambas fechas se sitúan el resto de posturas.

Así, Charles Powell y Salvador Sánchez-Terán [13] opinan que la transición termina con la aprobación de la Constitución; si bien el primero de ellos abre las puertas a prolongar esta fecha hasta los primeros estatutos de autonomía. Otros autores se inclinan por la toma de posesión del presidente Leopoldo Calvo Sotelo en febrero de 1981, el golpe de Estado del 23-F, e incluso el triunfo electoral del PSOE en octubre de 1982.

Sea como fuere, tanto la definición de consolidación democrática que hemos aceptado anteriormente, como las teorías de Adam Pzeworski, Juan J. Linz y Alfred Stepan, nos llevan a las concluir que la transición toca a su fin en el periodo que va del 6 de diciembre de 1978 al 5 de abril de 1979. El desarrollo de una estructura institucional propia precisa de la existencia de un texto constitucional.

Por tanto, la consolidación no podría iniciarse antes de la aprobación por referéndum de la Constitución, cuya existencia es uno de los requisitos básicos expuestos por Pzeworski.

Pero, además, la necesidad de un gobierno elegido democráticamente que genere nuevas políticas dentro de ese marco legal, tal como exigían Linz y Stepan, nos remite a la formación del cuarto gobierno de Adolfo Suárez en la primavera de 1979.

Bibliografía:

[1] Las enseñanzas de la transición democrática en España, José Casanova en Manuel Redero San Román, La transición a la democracia en España, revista Ayer nº 15-1994.

[2] De las Cortes orgánicas a las Cortes democráticas, Álvaro Soto Carmona en Manuel Redero San Román, La transición a la democracia en España, revista Ayer nº 15-1994.

[3] La transición a la democracia en España como fenómeno de Historia política, Javier Tusell en Manuel Redero San Román, La transición a la democracia en España, revista Ayer nº 15-1994.

[4] Transición política y consolidación de la democracia, José María Maravall y Julián Santamaría en José Félix Tezanos, Ramón Cotarelo y Andrés de Blas, La transición democrática española.

[5] La Tercera Ola. La democratización a finales del siglo XX, Samuel P. Huntington.

[6] Games of Transition, Adam Przeworski.

[7] Problems of democratic transition and consolidation: Southern Europe, South America and post-communist Europe, Juan J. Linz y Alfred Stepan.

[8] La Transición política, Raúl Morodo.

[9] España de la dictadura a la democracia, Raimond Carr y Juan Pablo Fusi.

[10] Así se hizo la Transición, Victoria Prego.

[11] Historia de la transición 1975-1986, Javier Tusell y Álvaro Soto.

[12] España en democracia, 1975-2000, Charles Powell.

[13] La Transición. Síntesis y claves, Salvador Sánchez-Terán.

La Transición. Síntesis y claves

 Artículo publicado por Historia en Presente el 21 de junio de 2008.


En el presente artículo nos ocuparemos de España, y más en concreto del periodo de transición a la democracia. He escrito esta crítica de un libro publicado recientemente por Salvador Sánchez-Terán, ministro en los gobiernos de Adolfo Suárez. En él se aborda el desarrollo histórico de esa etapa, pero también se realiza un profundo análisis de la misma. También incluyo un breve estado de la cuestión con sus citas bibliográficas, y notas biográficas sobre el autor.

Introducción: la responsabilidad de ser protagonista

“Creo que las personas que hemos tenido la oportunidad o el privilegio de protagonizar algún aspecto importante de la vida pública de nuestros pueblos, tenemos la obligación de dejar constancia, de algún modo, de nuestra experiencia histórica”. Así se expresaba Salvador Sánchez-Terán en el prólogo de su obra, fechada en 1988, De Franco a la Generalitat (Barcelona, Planeta, 1988).

Con espíritu similar se publica, dos décadas después, La Transición. Síntesis y claves (Barcelona, Planeta, 2008). El autor analiza esos años decisivos en la Historia reciente de España desde la perspectiva del protagonista –gobernador civil de Barcelona, secretario de organización de UCD, ministro de Comunicación y Transportes, ministro de Trabajo, y miembro del Congreso de los Diputados-, pero también desde el punto de vista del antiguo constructor temeroso de que la deriva tomada por la actual política nacional eche por tierra ese edificio que, con tanto esfuerzo, construyeron los miembros de la llamada “Generación de la Concordia”.

Se trata de un legado valiosísimo puesto por escrito por uno de los hombres que llevaron a cabo la Transición.

Como indicaba Ricardo García Cárcel en su reseña a este libro publicada en el Cultural de Abc, Sánchez-Terán “ha querido ejercer, más que de testigo directo, de historiador del proceso de transición”. Su obra poco se diferencia de la de otros estudiosos del pasado; es, al fin y al cabo, una síntesis de los acontecimientos que rodearon e hicieron posible la Transición.

No obstante, esa visión general se ve enriquecida por las opiniones personales del autor, que no es un cualquiera, sino un protagonista que trató de tú a tú a muchos personajes influyentes de la época. A esto hemos de añadir la detallada descripción que hace de aquellos acontecimientos en los que jugó un papel protagónico (gobernador civil de Barcelona, operación Tarradellas, redacción de los estatutos de UCD…). En definitiva, nos encontramos ante un libro sobre la Transición que esconde algo personal en cada una de sus páginas.

La Transición: un estado de la cuestión

Hemos de situar La Transición. Síntesis y claves en el marco de obras que abordan la evolución política española entre 1973 y 1986. Cierto es que el autor, de manera justificada desde mi punto de vista, limita el periodo de la Transición a los años que van de 1975 a 1978. No obstante, teniendo en cuenta la notable disparidad de criterios existentes en torno a la cronología, hemos de abrir el marco bibliográfico a los textos que abordan la etapa comprendida entre la muerte de Carrero Blanco y el ingreso de España en las Comunidades Europeas.

El primer aspecto a señalar es la abundancia de obras relativas a esta temática, donde predominan los textos que repasan el desarrollo histórico del periodo o elementos puntuales del mismo. Por contra, son pocos los personajes que han sido estudiados en profundidad fuera de las grandes figuras. Esta laguna se subsana en parte con la proliferación de memorias escritas en su día por los hombres que en esa época jugaron un importante papel.

La tarea llevada a cabo por Salvador Sánchez-Terán en su afán por conocer el contenido de unas y otras queda indicada de manera directa en las primeras páginas del libro, y se intuye en el resto del mismo. El autor se sirve en abundantes ocasiones de citas extraídas de otras obras y, en ocasiones, versa ideas de sus autores.

En el ámbito de los trabajos de Historia hemos de destacar a Javier Tusell, especialmente por La transición a la democracia (Madrid, Historia16, 1991) e Historia de la transición 1975-1986 (Madrid, Alianza, 1996), realizada con la colaboración de Álvaro Soto; el trabajo conjunto de Raymond Carr y Juan Pablo Fusi en España de la dictadura a la democracia (Barcelona, Planera, 1979); la obra de José María Maravall, La política de la transición 1975-1980 (Madrid, Taurus, 1980); y el repaso histórico realizado por Victoria Prego en Así se hizo la Transición (Barcelona, Plaza & Janés, 1996). También hemos de mencionar otros estudios como La apuesta del centro: Historia de UCD de Silvia Alonso-Castrillo (Madrid, Alianza, 1996), Elecciones y partidos en la transición española de Mario Caciagli (Madrid, Siglo XXI, 1986), y El triunfo de la democracia en España 1969-1982 de Paul Preston (Barcelona, Plaza & Janés, 1986).

En los que respecta a las memorias de los protagonistas me limitaré a mencionar algunas de las más importantes: Al servicio del Estado de Rodolfo Martín Villa (Barcelona, Planeta, 1984), Diario de un ministro de la monarquía de José María de Areilza (Barcelona, Planeta, 1978), En busca del tiempo servido de Manuel Fraga (Barcelona, Planeta, 1987), Al servicio de la Corona de Alfonso Armada (Barcelona, Planeta, 1983), Memoria viva de la transición de Leopoldo Calvo Sotelo (Barcelona, Planeta, 1990), Memorias de la transición de Santiago Carrillo (Barcelona, Grijalbo, 1983), Confesiones de Vicente Enrique y Tarancón (Madrid, Promoción Popular Cristiana, 1996), y, por supuesto, De Franco a la Generalitat de Salvador Sánchez-Terán (Barcelona, Planeta, 1988).

Como ya hemos indicado más arriba, hay pocos estudios biográficos realizados sobre los protagonistas de la Transición. Me limitaré a citar tres muy significativos, los referentes a las personas que ocupaban los puestos de Jefe de Estado, Presidente de las Cortes y Presidente del Gobierno en el momento de la Reforma Política. De las abundantes obras escritas en torno a la figura del Rey destacaría Juan Carlos I, un rey para la democracia de Charles Powell (Barcelona, Ariel-Planeta, 1995). En lo que se refiere a Torcuato Fernández-Miranda y a Adolfo Suárez existe menos bibliografía. Del primero de ellos tan sólo encontramos Lo que el Rey me ha pedido de Pilar y Alfonso Fernández-Miranda (Barcelona, Plaza & Janés, 1995); y del segundo, aunque existen varias obras, citaremos la de Carlos Albelda, Adolfo Suárez (Madrid, Espasa-Calpe, 1997).

El recurso a Diccionario de la Transición de Victoria Prego (Barcelona, Plaza & Janés, 1996) es útil en tanto que en él encontramos referencias a todos los protagonistas del periodo; sin embargo, la información sobre ellos, lógicamente, es bastante limitada.

Sobre la Transición se ha escrito mucho, y existe una gran disparidad de opiniones en algunos aspectos –hemos citado tan sólo el cronológico-; no obstante, la mayor parte de los autores coinciden al calificarlo como un proceso positivo y exitoso. Aquí hemos seleccionado una serie de libros que, además, también recoge Sánchez-Terán en el apartado bibliográfico de La Transición. Síntesis y claves, pero podíamos haber citado muchos más.

Tal como indicamos al iniciar el epígrafe, la cuestión a la que nos referimos, si bien no es un tema cerrado, si está abundantemente estudiado. A ese respecto, la obra que nos ocupa no viene a llenar ninguna de las lagunas existentes; se trata de un resumen histórico de la Transición como tantos otros de los citados anteriormente. Su valor radica en la categoría humana, profesional e histórica del autor, así como en su capacidad para ordenar la información y presentarla de manera sencilla.

El autor: Salvador Sánchez-Terán

Salvador Sánchez-Terán Hernández nació en Logroño el 19 de abril de1934. Cursó los estudios de Primaria y Bachillerato en el Colegio San José de los Maristas. Doctor Ingeniero de Caminos por la Escuela Técnica Superior de Madrid, obtuvo un diploma en dirección de empresas por el IESE, fue presidente de la COPE (1993); de Siderúrgicos Independientes asociados (SIDERINSA); de la AIE integrada por varias constructoras; del SEOPAN (1966); de Telefónica (1980-1982); y lo es en la actualidad del Consejo Social de la Universidad de Salamanca.

En otro orden de actividades, ha sido Presidente Nacional de la Juventud de Acción Católica (1959) y vicepresidente internacional de la Juventud de Estudiantes Católica (1963). En 1968 participó en la fundación del grupo editorial Prolesa, integrado por elementos de ideología democristiana y socialdemócrata. Fue también miembro del Consejo de administración del INI, director gerente de la Sociedad de Empresas de Obras Públicas de Ámbito Nacional (1966), y director General de RENFE (1970-1973). Desempeñó la función de Vicepresidente del Colegio de Ingenieros de Caminos y de Presidente del patronato del CEU. Es patrono de la Fundación Villalar-Castilla y León en representación de los Consejos Sociales de las Universidades Públicas de Castilla y León. Recibió la distinción de la Gran Cruz de Carlos III.

En cuanto a su actividad propiamente política fue Secretario de Organización de UCD (1977) y diputado por Salamanca en 1977 y 1979. Como Gobernador civil de Barcelona (1976-1977) recibió el encargo por parte de Adolfo Suárez de las negociaciones para el restablecimiento de la Generalitat de Cataluña. Más tarde, fue nombrado Ministro de Transportes y Comunicaciones (de febrero de1978 a abril de1980), y de Trabajo (de mayo a septiembre de 1980). Con la desaparición de UCD se retiró de la política activa. Autor de De Franco a la Generalitat (Barcelona, Planeta, 1988), y de La Transición. Síntesis y claves (Barcelona, Planeta, 2008).

Estructura de la obra

Sánchez-Terán divide su obra en dos grandes bloques. En primer lugar nos encontramos con la “síntesis”, en cuyas páginas el autor resume el desarrollo histórico de la Transición española.

Este repaso se inicia con un capítulo referido a los últimos tiempos de Franco. El autor deja bien claro que no considera como parte de la Transición esa etapa –ni siquiera desde la muerte de Carrero Blanco-, pero que para comprenderla es imprescindible saber qué pasó en los años finales del Régimen. El periodo que realmente pretende explicar, el comprendido entre noviembre de 1975 y diciembre de 1978, aparece dividido en tres partes: la primera etapa (noviembre de 1975 a julio de 1976), referida a la apertura de las libertades; la segunda (julio de 1976 a junio de 1977), concerniente a la reforma política; y la tercera (junio de 1977 a diciembre de 1978), que aborda el consenso constitucional y otros problemas de ese periodo.

En las páginas dedicadas a la “síntesis”, tal como ha quedado indicado más arriba, Sánchez-Terán no aporta nada nuevo a nuestro conocimiento sobre los hechos. Se trata de un resumen de lo acaecido muy similar al que podemos encontrar en otras obras sobre la Transición. No obstante, el autor expresa, en ocasiones, cual es su opinión sobre la actuación de los protagonistas de cada momento.

Además, dedica el último epígrafe de los capítulos a lo que el llama “síntesis del período”, donde analiza de forma estructurada las claves de cada etapa. Este apartado, así como las referencias puntuales que hace sobre su propia actuación política, son los aspecto más interesantes del libro. De hecho, una de las mayores satisfacciones de la lectura de La Transición. Síntesis y claves es poder situar al autor en el transcurso de los hechos.

En el segundo bloque de su libro, Salvador Sánchez-Terán se centra en lo que él llama las “claves” de la Transición.

Ahí analiza el papel jugado por algunos de los principales personajes e instituciones de la época. De esta manera, nos encontramos con valoraciones sobre la actuación del Rey, Adolfo Suárez, Torcuato Fernández-Miranda, el Ejército, la Iglesia Católica, el Partido Socialista, el Partidos Comunista, la Unión de Centro Democrático, Alianza Popular, el nacionalismo catalán, la prensa, las fuerzas sociales y económicas, y la Generación de la Concordia.

En el apartado dedicado a las “claves” el autor muestra una vez más su claridad de ideas, su excelente capacidad para el análisis, y su facilidad para hacerse entender por escrito; aunque hemos de contrastar esa claridad en su forma de escribir con cierta falta de elegancia en su prosa. A cada argumento expresado a favor o en contra de un personaje o institución, Sánchez-Terán nos muestra un ejemplo concreto de lo que pretende explicar. Su análisis no parte de ideas preconcebidas, sino de acontecimiento vividos. Además, sin ocultar errores y aciertos huye de la descalificación y del triunfalismo; explica los hechos más como un historiador que como un testigo.

El libro finaliza con un epílogo donde se analiza la Transición española dentro del marco establecido por Huntington: la tercera oleada democratizadora. En este epígrafe el autor hace gala de sus profundos conocimientos teóricos sobre la cuestión, manifestados principalmente a través de citas y explicaciones referidas a importantes teóricos de la ciencia política. Además, con la prosa sencilla y estructurada que le caracteriza, sabe analizar de una manera sintética los rasgos específicos de la experiencia española dentro de ese marco mundial que anteriormente ha definido.

Bibliografía:

[1] La Transición. Síntesis y claves; Salvador Sánchez-Terán – Barcelona – Planeta – 2008.

[2] La transición a la democracia; Javier Tusell – Madrid – Historia16 -1991.

[3] España de la dictadura a la democracia; Juan Pablo Fusi y Raymond Carr – Barcelona – Planeta – 1979.

[4] Así se hizo la Transición; Victoria Prego – Barcelona – Plaza & Janés– 1996.

[5] La apuesta del centro. Historia de la UCD; Silvia Alonso-Castrillo – Madrid – Alianza – 1996.

[6] De Franco a la Generalitat; Salvador Sánchez-Terán – Barcelona – Planeta – 1988.

[7] Juan Carlos I, un rey para la democracia; Charles Powell – Barcelona – Ariel-Planeta – 1995.

[8] Lo que el Rey me ha pedido; Pilar y Alfonso Fernández-Miranda – Barcelona – Plaza & Janés – 1995.