El consenso constitucional II

A los pocos días, recibía del presidente Suárez el encargo de dirigir la Secretaría de Organización de UCD. Comencé  a preparar los estatutos, en estrecha colaboración con Fernando Abril. El 6 de agosto, en el palacio de la Moncloa, firmábamos Adolfo Suárez, Miguel Doménech y yo, ante el notario José Luis Álvarez, el acta para inscribir el partido UCD en el registro oficial del Ministerio de la Gobernación. Así empezaba la andadura legal de la brillante y efímera historia del partido político que supo hacer la Transición pero no logró sobrevivir a ella.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 189.

La verdadera reforma política VI

Y así entró, con fuerza, en la liza electoral, la citada coalición que cambió su nombre por el de Unión de Centro Democrático (UCD) y que se formó sobre tres pilares: el primero y esencial, la figura del presidente Suárez, en la cima de su prestigio y su imagen; el segundo, la estructura de poder controlada por el Gobierno, a través fundamentalmente del Ministerio de Gobernación y de los Gobiernos Civiles, con mayoría relativa de hombres procedentes de las organizaciones del Movimiento -SEU y Frente de Juventudes-, y que contaban como base de actuación con los alcaldes de los miles de municipios españoles; y el tercero, la ya citada coalición de Centro Democrático, que al incluir grupos democristianos, liberales y socialdemócratas daba a la UCD un cierto aroma europeo y de oposición, y la colocaba más en el centro político.

La operación política catalana más importante ante el 15 J fue, sin duda, el acuerdo entre el PSOE y el PSC, de cara a una candidatura de unidad socialista y a la articulación de una futura colaboración permanente entre los dos partidos. Fue una tenaz labor realizada por Joan Reventós, con la colaboración de Martín Toval y Cirili Pellicer, directamente con Felipe González.

El 4 de abril, Reventós y Triginier anunciaban que el Partit Socialista de Catalunya (Congrés) y la Federació Catalana del PSOE habían iniciado un proceso hacia su integración en un mismo partido.

El acuerdo dirimía definitivamente la pugna entre los socialistas catalanes. Al PSC-Reagrupament no le quedaba opción, privado de su líder Pallach y de la bandera socialista, asumida definitivamente por el PSC-PSOE, por lo que acabaría integrándose en el acuerdo.

En el espacio del centro-derecha, Concordia Catalana se diluía en UCD y Juan Antonio Samaranch optaba por dejar la política y era nombrado embajador en Moscú, peldaño necesario para su futura y espectacular carrera olímpica. Esta decisión favorecía la opción electoral de UCD en Cataluña, pero a medio plazo consolidaría a Pujol y su Convergencia Democrática como el gran partido nacionalista catalán.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 174-175.

La verdadera reforma política II

La razón era estrictamente política. El Partido Comunista estaba marginado y corría el riesgo de perder la batalla de su incorporación al proceso democrático. Necesitaba realizar un acto de fuerza, demostrar su poderío y hacer patente que, o se contaba con él, o no habría ni proceso democrático ni la paz social necesaria para la recuperación económica. Y por ello lanzó el órdago. En una carta de Simón Sánchez Montero, destacado dirigente del PCE, a sus militantes, encontrada en un registro policial, éste decía: «Camarada: la jornada de huelga convocada para el día 12 tiene para el partido una muy especial importancia. Se trata de conseguir la mayor movilización de masas conocida en cuarenta años. Por ello os dirigimos estas breves líneas ampliando las instrucciones que habéis recibido todos…».

Para el Gobierno, el tema era capital, pues cualquier éxito, aunque fuera parcial, de la huelga general, hubiera dañado su autoridad política, entonces en auge, y dado la razón a los que decían -y eran más aún los que pensaban- que la Reforma democrática llevaría al país al caos y que era preciso mantener las esencias de autoridad del Régimen.

El Ministerio de Gobernación lanzó a los Gobiernos Civiles una avalancha de télex, pidiendo información, proponiendo medidas y sugiriendo actuaciones disuasorias de las fuerzas de seguridad.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 143.

La apertura de las libertades IV

Pero la manifestación ciudadana más importante fue la celebrada en Barcelona, el 1 de febrero de 1976. Su convocatoria correspondía a la llamada «Comisión de los 150», un notabilísimo elenco de personalidades catalanas pertenecientes a asociaciones de vecinos, colegios profesionales, entidades culturales y religiosas, universidad, movimiento sindical, ayuntamientos, artistas e intelectuales y, por supuesto, todos los dirigentes del Consell de Forces Polítiques, que se acababa de crear, y una representación de la Assemblea de Catalunya. Allí estaba «el todo Barcelona» de la oposición al Régimen, y su objetivo era la petición de amnistía.

Ante la importancia de la convocatoria, el gobernador civil consultó en dos ocasiones con el Ministerio de la Gobernación, que denegó su autorización. Ni el clima político a los dos meses de la muerte de Franco estaba para autorizar manifestaciones multitudinarias, ni el ambiente social crispado de huelgas tensas aconsejaba la presencia de masas en las calles, y además el tema de la amnistía era específicamente inabordable en aquellos momentos. Estas eran las razones de Fraga, que el gobernador de Barcelona compartía.

A pesar de la desautorización, hubo diálogo entre los convocantes y la autoridad gubernativa, para intentar aplazar la convocatoria o minimizar los enfrentamientos; pero no se llegó a un acuerdo.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 85.