La verdadera reforma política VI

Y así entró, con fuerza, en la liza electoral, la citada coalición que cambió su nombre por el de Unión de Centro Democrático (UCD) y que se formó sobre tres pilares: el primero y esencial, la figura del presidente Suárez, en la cima de su prestigio y su imagen; el segundo, la estructura de poder controlada por el Gobierno, a través fundamentalmente del Ministerio de Gobernación y de los Gobiernos Civiles, con mayoría relativa de hombres procedentes de las organizaciones del Movimiento -SEU y Frente de Juventudes-, y que contaban como base de actuación con los alcaldes de los miles de municipios españoles; y el tercero, la ya citada coalición de Centro Democrático, que al incluir grupos democristianos, liberales y socialdemócratas daba a la UCD un cierto aroma europeo y de oposición, y la colocaba más en el centro político.

La operación política catalana más importante ante el 15 J fue, sin duda, el acuerdo entre el PSOE y el PSC, de cara a una candidatura de unidad socialista y a la articulación de una futura colaboración permanente entre los dos partidos. Fue una tenaz labor realizada por Joan Reventós, con la colaboración de Martín Toval y Cirili Pellicer, directamente con Felipe González.

El 4 de abril, Reventós y Triginier anunciaban que el Partit Socialista de Catalunya (Congrés) y la Federació Catalana del PSOE habían iniciado un proceso hacia su integración en un mismo partido.

El acuerdo dirimía definitivamente la pugna entre los socialistas catalanes. Al PSC-Reagrupament no le quedaba opción, privado de su líder Pallach y de la bandera socialista, asumida definitivamente por el PSC-PSOE, por lo que acabaría integrándose en el acuerdo.

En el espacio del centro-derecha, Concordia Catalana se diluía en UCD y Juan Antonio Samaranch optaba por dejar la política y era nombrado embajador en Moscú, peldaño necesario para su futura y espectacular carrera olímpica. Esta decisión favorecía la opción electoral de UCD en Cataluña, pero a medio plazo consolidaría a Pujol y su Convergencia Democrática como el gran partido nacionalista catalán.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 174-175.

La verdadera reforma política II

La razón era estrictamente política. El Partido Comunista estaba marginado y corría el riesgo de perder la batalla de su incorporación al proceso democrático. Necesitaba realizar un acto de fuerza, demostrar su poderío y hacer patente que, o se contaba con él, o no habría ni proceso democrático ni la paz social necesaria para la recuperación económica. Y por ello lanzó el órdago. En una carta de Simón Sánchez Montero, destacado dirigente del PCE, a sus militantes, encontrada en un registro policial, éste decía: «Camarada: la jornada de huelga convocada para el día 12 tiene para el partido una muy especial importancia. Se trata de conseguir la mayor movilización de masas conocida en cuarenta años. Por ello os dirigimos estas breves líneas ampliando las instrucciones que habéis recibido todos…».

Para el Gobierno, el tema era capital, pues cualquier éxito, aunque fuera parcial, de la huelga general, hubiera dañado su autoridad política, entonces en auge, y dado la razón a los que decían -y eran más aún los que pensaban- que la Reforma democrática llevaría al país al caos y que era preciso mantener las esencias de autoridad del Régimen.

El Ministerio de Gobernación lanzó a los Gobiernos Civiles una avalancha de télex, pidiendo información, proponiendo medidas y sugiriendo actuaciones disuasorias de las fuerzas de seguridad.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 143.