Los orígenes de la Edad Moderna: las transformaciones políticas


Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En esta clase se inicia la explicación de la Edad Moderna, centrándose en los cambios políticos del periodo. Ese contenido se complementa con los vídeos dedicados a la situación económica y social, al reinado de los Reyes Católicos (Unión Dinástica, reformas internas, política exterior, economía y sociedad, arte y cultura), a las grandes expediciones oceánicas y a los pueblos precolombinos.

 

 

 

Elabora un esquema con los grupos ideológicos y los apoyos sociales del franquismo en su etapa inicial


OCTOGÉSIMO SÉPTIMO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

En los primeros años de la dictadura del general Franco, tres instituciones participaron activamente en la instauración y consolidación del régimen: el Ejército, la Iglesia y la Falange. A esto hemos de añadir una serie de grupos sociales que, en ocasiones como parte de esas instituciones, fueron parte importante en el proceso de construcción del nuevo Estado.

Sin lugar a dudas, el Ejército fue el sostén y eje fundamental del régimen franquista. Evidentemente, hablamos de un cúpula militar formada por los oficiales del bando vencedor de la Guerra Civil; es decir, fieles a Franco y al ideario político que le guiaba. Por tanto, como consecuencia de la depuración bélica y posbélica, dentro de ese estamento castrense predominaban los conservadores, monárquicos e, incluso, fascistas.

En gran medida como consecuencia de la persecución religiosa de los años anteriores, la jerarquía de la Iglesia española se identificó con el ideario del Estado. De esta cercanía entre el poder político y el religioso surgió el nacionalcatolicismo, una alianza de la que se beneficiaron ambas partes y que sirvió de ideología oficial del régimen hasta el Concilio Vaticano II.

La tercera institución a tener en cuenta fue Falange Española Tradicionalista y de las JONS, el partido único de la dictadura que, comúnmente, era conocido como el “Movimiento Nacional”. Si bien, como consecuencia del Decreto de Unificación de 1937, Franco había desvirtuado en gran medida el proyecto político de José Antonio Primo de Rivera, continuaba siendo un grupo de corte fascista cercano a los regímenes de Italia y Alemania. En este sentido, cabe destacar su papel en la labor de propaganda y control de la sociedad.

Al margen de las instituciones a las que se ha hecho referencia, donde se deben incluir también los grupos sociales que las conformaban –militares, clérigos y miembros del Movimiento-, el régimen también contaba con el apoyo de los empresarios, buena parte de los propietarios agrarios y los grupos de la clase media más cercanos a posiciones conservadoras e, incluso, moderadas.

Atendiendo a criterios ideológicos esas a instituciones y grupos sociales terminaron por agruparse de diversas formas hasta constituir las llamadas “familias” del régimen. De entre ellas, las que más protagonismo adquirieron a lo largo de la dictadura fueron los militares, los miembros del Movimiento y los católicos, desempeñando en esta última un importante papel algunos miembros del Opus Dei.

Resume las reformas impulsadas durante el bienio reformista de la República


SEPTUAGÉSIMO NOVENO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

Con el fin de modernizar y elevar el grado de democratización del país, durante el primer bienio de la Segunda República (1931-1933) se emprendió una política general de reformas. Estas afectaron, fundamentalmente, a cinco ámbitos: las relaciones Iglesia-Estado, el ejército, la educación, el mundo del trabajo y la cuestión territorial. En los siguientes párrafos se procederá a abordar, de forma sucinta pero completa, cada una de ellas.

En lo que respecta a la religión, el gobierno republicano pretendía establecer una clara separación entre el Estado y la Iglesia, así como reducir la influencia reducir la influencia de esta última en la sociedad española. Con ese fin, se aprobaron una serie de medidas legislativas encaminadas a cumplir los principios secularizadores de la recién aprobada constitución. De entre ellas cabe destacar la Ley de Divorcio y la Ley sobre Confesiones y Congregaciones Religiosas.

Entre abril y septiembre de 1931, el Gobierno Provisional aprobó una serie de decretos en los que Manuel Azaña, que por aquel entonces simultaneaba las funciones de presidente del Gobierno y ministro de Guerra, pretendía modernizar el Ejército español y favorecer el ascenso de los militares más fieles al nuevo régimen. En primer lugar, se obligó a todos los oficiales a prometer fidelidad a la República mediante la fórmula establecida por la ley del 22 de abril. A esto se añadió, tres días después, el decreto de retiros extraordinarios, con el que se pretendía terminar con la macrocefalia que aquejaba al estamento militar español. También se reorganizó el ejército peninsular –reducción de sus divisiones de dieciséis a ocho-, se cerró la Academia General Militar de Zaragoza y se reguló el sistema de ascensos por méritos de guerra. Este conjunto de decretos fueron refundidos y refrendados por el Gobierno y las Cortes Constituyentes salidas de las elecciones de 1931.

La reforma educativa planteada durante el bienio se apoyaba en tres principios básicos: la gratuidad de la educación, su carácter universal y la laicidad de la misma. Por todo ello, entre 1931 y 1933 se construyeron unas 13.000 escuelas, al tiempo que se aumentó el número de maestros de 36.000 a 51.000.

En materia laboral, fue el ministro socialista Francisco Largo Caballero quien promovió la aprobación de textos como la Ley de Contratos de Trabajo o la de Jurados Mixtos, ambas encaminadas a mejorar las condiciones de trabajo de los asalariados.

Por último, hemos de hacer referencia a los estatutos de autonomía, por medio de los que la Constitución de 1931 pretendía dar salida al problema territorial de España mediante la concesión de un régimen político y administrativo especial a determinadas regiones. De entre ellas, únicamente Cataluña logró aprobarlo durante este bienio; más en concreto en septiembre de 1932. Por su parte, gallegos y vascos iniciaron también el proceso, que no vería la luz hasta 1936.

La Rusia de los zares: la autocracia zarista


A principios de siglo XX, el Imperio Ruso mantenía una monarquía absoluta en la que el zar aparecía investido de un poder autocrático que procedía de Dios, y en la que la arbitrariedad era la norma del Estado.

Nadie controlaba los actos del zar, que gobernaba por decreto (ukases) y ninguna institución protegía a los súbditos de la omnipotencia de un Estado que se sustentaba en cuatro pilares:

  • La burocracia, estructura administrativa que garantizaba el funcionamiento del inmenso Imperio Ruso. El sistema estaba corrupto y los funcionarios se habían convertido en una auténtica nobleza administrativa.
  • El ejército, instrumento esencial del expansionismo ruso sobre el resto de los territorios del Imperio. Sus mandos estaban exclusivamente reservados exclusivamente a la nobleza.
  • La Iglesia Ortodoxa, cuya cabeza era el propio zar, ejercía el papel de garante del orden y salvaguardia de las tradiciones.
  • La policía (ojrana), protagonista de un sistema represivo muy duro que garantizaba el mantenimiento del orden.
Hasta 1905, en tiempos del zar Nicolás II, no hubo en Rusia ninguna institución representativa a nivel nacional que sirviese de contrapeso al poder absoluto de los zares.

En el año 1846 se había aceptado la creación de unas asambleas territoriales, los llamados zemstva, que no eran representativas ante el poder, ya que solamente tenían algunas atribuciones a nivel local.

Con el mismo criterio, en el año 1870, se crearon las asambleas urbanas o dumas municipales, que eran elegidas por sufragio censitario. Sin embargo, ambos organismos estaban, de hecho, bajo la tutela de la Administración y eran controlados por la nobleza y los propietarios.

Las instituciones políticas castellanas del siglo XV


Como hemos indicado en artículos anteriores, no existió ruptura en la evolución de la centralización a pesar de las tensiones internas del reino. Esto se debió, principalmente, a que este proceso se apoyaba también en otras tres columnas: Consejo Real, Audiencia y Cortes.

El Consejo Real, principal órgano de gobierno, gozaba de amplias competencias, entre las que podemos citar: los asuntos de gracia y merced, la concesión de franquicias, la designación de tenencias regias, la actividad normativa, la elaboración de leyes, las pragmáticas, las provisiones reales… Además, una serie de instrumentos del poder regio eran ejercidos de hecho por el Consejo Real: protección de derechos y de jurisdicciones, control de los oficiales regios, provisión de cargos municipales realengos, decisiones de carácter militar, aceptación hacendística…

En lo que respecta a la composición del Consejo, cabe destacar que, dependiendo de las fechas, variaban sus integrantes, aunque solían ser casi siempre juristas y nobles. Era, de hecho un órgano controlado por estos últimos; y, por lo tanto, dentro de él se llevaban a cabo las luchas entre los distintos partidos nobiliarios.

La Audiencia, institución ya existente en etapas anteriores, varió, sin embargo, en lo referente al número de oidores y a la preparación de los mismos –más profesionales, y repartidos en salas especializadas-. Se mantuvo su papel de primacía en lo que respecta a la justicia, y su sede continuó, generalmente, variando en función de la residencia del rey; aunque bien es verdad que ciudades como Valladolid y Segovia solían acoger a esta institución durante periodos prolongados.

Las Cortes se caracterizaron a lo largo del siglo XV por su progresiva pérdida de importancia; incluso algunos investigadores llegan a hablar de su desaparición temporal. Al utilizar el rey otros cauces para legislar, las Cortes perdieron su razón de ser. No obstante mantuvieron su peso –presión- en lo relativo a los servicios al monarca y en la supervisión fiscal. Además, continuaron redactándose los cuadernos de peticiones, en lo que se recogían las quejas y sugerencias de las ciudades.

La composición de las Cortes era básicamente de carácter urbano y realengo, ya que, por ejemplo, la nobleza prefería centrarse en otros poderes, como es el caso del Consejo Real. También podemos decir de este organismo que no era del todo representativo, ya que solo acudían procuradores de diecisiete ciudades.

Por otro lado, el sistema hacendístico del siglo XV continuó basándose en las instituciones creadas con anterioridad; tan solo hay que destacar de esta etapa el surgimiento de las alcabalas como impuesto ordinario. Al analizar este sistema comprobamos que presenta: unas bases impositivas de carácter moderno, un equilibrio entre la fiscalidad directa e indirecta, y un peso de la fiscalidad de Cortes –los servicios-, que dan un margen de negociación a las ciudades en lo que a los impuestos se refiere. Este desarrollo permitió a la monarquía ser más autónoma con respecto a los distintos poderes del reino; de esta manera, obtuvo un mayor control sobre la recaudación, y, por tanto, una gran capacidad económica que le permitió, en ocasiones, comprar apoyos políticos.

Por último, abordaremos brevemente la cuestión de las reformas militares, cuyo origen hay que buscarlos en los primeros Trastámara. Las inversiones económicas realizadas en este campo por los monarcas fueron cuantiosas, hasta el punto de que muchos autores lo consideran como el principal gasto de la Corona. A lo largo del siglo XV, este aumento notablemente a causa de las numerosas guerras que marcaron el periodo y a la subida del coste de los soldados. Además, hay que destacar las escasas diferencias existentes entre las mesnadas de nobles y las de realengo; tan solo destacaremos dos: en las primeras los soldados dependían directamente del noble, y en las segundas había menos jinetes. Caballería, infantería y artillería –en pleno nacimiento- eran las distintas armas de los ejércitos de tierra. Mientras, en el mar, la débil flota castellana comenzaba a experimentar un vigoroso desarrollo que concluiría con el dominio mundial de los océanos en el siglo siguiente. Este fortalecimiento de la marina castellana fue posible gracias a dos hechos: la potencia de la industria naval del reino, de carácter ampliamente variado y enormemente competitivo -galeras, naos, fustas, carracas, pinazas, cocas…-; y la prosperidad interior, que facilitó la inversión en este campo.

La verdadera reforma política V

De cara a las elecciones generales, el Gobierno tiene tres alternativas con respecto al PCE: legalizarlo, lo que provocaría las iras de gran parte del Ejército y de todas las fuerzas del Régimen anterior; dejarlo extramuros del nuevo sistema, lo que restaría legitimidad democrática, pues su reconocimiento legal se daba en casi todos los países europeos; o establecer una situación transitoria, de reconocimiento de facto, demorando la solución a su legalidad y permitiendo su presentación en listas electorales, como independientes. Esta última era la situación real en la que se encontraban los comunistas a principios del 77, tras las detenciones y la puesta en libertad, primero de López Raimundo en Barcelona y luego de Carrillo en Madrid, y era la que gustaba a mucha gente, menos a los comunistas, por supuesto. Yo sondeé esta alternativa con los líderes comunistas del PSUC catalán, López Raimundo y Gutiérrez Díaz, en una entrevista secreta en Barcelona, celebrada a mediados de febrero, y éstos rechazaron tajantemente la posibilidad de presentarse como independientes, pedían su legalización y ofrecían cooperar con un conjunto de medidas, que permitieran el saneamiento de la economía. Su respuesta se explica con más detalle en el capítulo 5.

Pocas semanas después, el 27 de febrero, el presidente del Gobierno se reunía secretamente, y por primera vez, con Santiago Carrillo, en un chalet en las afueras de Madrid propiedad de José Mario Armero, quien asistió a la entrevista. Suárez celebre este arriesgado encuentro, con la oposición de Fernández-Miranda, con serias reticencias de Alfonso Osorio y con el conocimiento y apoyo del Rey. Armero asegura que en aquella reunión no se pactó nada, aunque se habló de todos los puntos calientes. Quienes hemos escuchado a Suárez hablar de este encuentro llegamos a la conclusión de que el presidente salió convencido de que el PCE y Carrillo apoyarían tres puntos capitales: La Monarquía, la bandera roja y gualda, y la unidad de España, y a su vez reforzó su convencimiento de que el PCE debería ser legalizado antes de las elecciones, aunque Suárez no garantizó -porque no podía hacerlo- ni la fecha ni la forma en que esto se llevaría a cabo.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 167-168.

La apertura de las libertades VI

La tesis de la «ruptura» fracasaría rotundamente por varios motivos: la realidad socio-política y económica del pueblo español era muy distinta a la del 31, y la inmensa mayoría no quería volver a fórmulas o métodos del pasado; la fortaleza real de las fuerzas de la oposición era escasa, y la estructura del Estado aguantó con firmeza los embates del proceso de huelgas en cadena; el propósito de la reforma democrática, alentado por los hombres de la nueva generación instalados en la gobernación del país, era profundo y estaba decididamente apoyado por el Rey; el Ejército jamás hubiera aceptado un proceso de ruptura con el régimen de Franco, con el que se sentía profundamente vinculado.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 87.

La apertura de las libertades I

En el discurso del Rey, son tan importantes las palabras como los silencios. No habla de la Monarquía del 18 de julio, pero cita a su padre, vinculándolo al cumplimiento del deber y al servicio a España. Hace referencias explícitas al Ejército y a la Iglesia, pero ninguna alusión al Movimiento Nacional y a la organización sindical, pilares políticos del Régimen. Y tampoco concreta la creación de partidos políticos y de sindicatos libres, esenciales en una democracia.

El discurso del Rey hay que situarlo en su momento histórico, como un compromiso equilibrado y prudente entre el pasado que recibe, y con cuyas estructuras debe convivir, al menos durante los primeros y cruciales tiempos, y el futuro, inequívocamente democrático y de concordia, que quiere construir.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 66.

La ruptura de la cooperación militar


Finalizábamos el artículo anterior señalando el error de Stalin al juzgar, en un primer momento, el carácter e intenciones del nuevo régimen nacionalsocialista. La aparición de una nueva forma de gobernar en el estado alemán trajo consigo la quiebra de la amistad germano-soviética, que sólo se restauró de manera temporal en 1939. Poco a poco, el edificio de Rapallo se fue cayendo. El derrumbe comenzó con el fin de la colaboración militar:

“La amistad germano-rusa de la época de Rapallo tardó tiempo en morir. Se desmoronó lentamente a lo largo de 1933, algunos restos pervivieron incluso durante un año más, y la situación de enemistad absoluta que caracterizó la etapa de Hitler llegó en 1935. Pero el pilar central de esta amistad, la cooperación militar, fue lo primero que se rompió, de forma completamente repentina y en apariencia inesperada”.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.