La revolución industrial y los cambios sociales


VÍDEOS OBLIGATORIOS


Introducción a la revolución industrial
La revolución industrial británica: primera parte
La revolución industrial británica: segunda parte
La revolución industrial británica: tercera parte
Las principales características de la revolución industrial
La evolución de la economía mundial hasta 1870
Los ciclos del capitalismo y la crisis de 1870
Los cambios económicos de finales del XIX
La aparición de la sociedad de clases
Origen y características del movimiento obrero
El movimiento ludita
El origen del sindicalismo
El movimiento cartista
La ideología marxista
La ideología anarquista
Las Asociación Internacional de Trabajadores (AIT)


VÍDEOS VOLUNTARIOS


Adam Smith y el liberalismo económico
Los cambios demográficos
La expansión de la revolución industrial al Continente
La ciudad industrial del siglo XIX
El socialismo utópico
La Segunda Internacional

Explica las repercusiones de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa en España


SEXAGÉSIMO CUARTO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

El estallido, desarrollo y desenlace de la Gran Guerra (1914-1918), unido a la aparición del primer régimen comunista del mundo en el año 1917, tuvo importantes consecuencias para España, tanto en el campo de la política como en la sociedad en general. De hecho, aunque la monarquía liberal se mantuvo como hasta 1931, esos dos acontecimientos marcaron un punto de inflexión en la evolución del régimen de la Restauración.

Al iniciarse la Gran Guerra en 1914, el gobierno presidido por el conservador Eduardo Dato, con el respaldo de todas las formaciones políticas, declaró la neutralidad de España. Esta decisión convirtió al país en proveedor de materias primas y productos industriales, favoreciendo así el desarrollo de la economía nacional. Ahora bien, este crecimiento no afectó del mismo modo a la burguesía industrial y a la clase trabajadora. Mientras los primeros se enriquecieron gracias a los beneficios que producía el contexto bélico en Europa, los segundos vieron como su calidad de vida se deterioraba por una escasez de suministros que, a pesar del alza de los salarios, no era compensaba la subida de los sueldos. De esta manera, además de agravar las diferencias sociales de la época, la evolución de la economía durante la Gran Guerra provocó numerosas huelgas y conflictos laborales en medio de un clima de tensión y auge del crecimiento obrero.

Ahora bien, a pesar de situarse en una posición de neutralidad, oficial, la sociedad española, los medios de comunicación y los propios partidos políticos se dividieron en dos bandos en función de la potencia con la que simpatizaban. Los sectores más conservadores presentaron una clara germanofilia, mientras que los liberales y la izquierda se sentían más cercanos a los aliados. Por su parte, los anarquistas y una minoría dentro del socialismo calificaron el conflicto como un enfrentamiento imperialista; una consecuencia lógica del desarrollo del capitalismo.

Por su parte, las revoluciones rusas del año 1917 tuvieron una importante influencia en la deriva política de los grupos políticos y sindicatos de izquierdas. En concreto, en el PSOE se produjo una escisión como consecuencia de la fundación de la Internacional Comunista, pues una minoría pro-soviética abandonó partido para fundar el PCE (Partido Comunista de España). Además, entre la burguesía capitalista y las clases medias dio lugar a la aparición del miedo al contagio comunista.

La influencia de la Revolución Rusa llevó también a que algunos sindicatos se radicalizaron y elevaron el nivel de sus demandas. Además, como consecuencia de la crisis económica de posguerra y a la desigualdad social que esta provocó, esos sindicatos extendieron su influencia entre la clase trabajadora. De esta manera, la UGT aumentó el número de sus afiliados de 160.000 en 1916 a 240.000 en 1921, mientras que la CNT pasó de 80.000 afiliados a 600.000 en ese mismo periodo.

De la asociación al sindicalismo


Poco a poco, los obreros se dieron cuenta de la necesidad de crear una organización propia formada exclusivamente por trabajadores. Por primera vez se iniciaron agrupaciones estables de trabajadores, no movilizaciones esporádicas más o menos masivas o violentas. Estas se dotaron de medios para una lucha permanente en defensa de sus derechos.

Ya no era una lucha del pobre contra el rico, sino el enfrentamiento de dos concepciones económico-sociales, la de los trabajadores contra la de los propietarios.

El primer tipo de organización obrera fue la Sociedad de Socorros Mutuos, a menudo clandestina. Actuaban como sociedades de resistencia y, a veces, provenían de antiguas formas de protección de los artesanos por oficios. Ayudaban al trabajador en caso de enfermedad o de paro y organizaron las primeras huelgas gracias al cobro de cuotas que permitían crear cajas de resistencia.

Fue en Inglaterra, a partir de la derogación de las leyes antiasociativas (1825), cuando el sindicalismo dio un gran paso adelante. Los obreros se agruparon en organizaciones por oficios, que se fueron transformando en Trade Unions (uniones de oficios). La más importante de estas fue el Gran Sindicato General de Hiladores (1829), dirigido por John Doherty, que abrió el camino a la proliferación de numerosos sindicatos.

Para adherirse era necesario pagar una cotización elevada, lo cual reducía el acceso a una minoría de trabajadores altamente cualificados.

En 1834, bajo la dirección de Robert Owen, se produjo la unión de los diversos sindicatos de oficios, que formaron la Great at Trade Union, que rápidamente llegó a tener más de medio millón de afiliados.

En Francia, la expansión del sindicalismo se inició en la década de 1830, sobre todo a raíz de las grandes huelgas de París y Lyon, que culminaron en 1843 con la fundación de la Unión Obrera. Mientras que en España, el primer sindicato, la Asociación de Tejedores de Barcelona, nació en 1840.

El origen del sindicalismo


Como consecuencia de la revolución industrial y de los cambios políticos acaecidos en los inicios de la sociedad contemporánea, se inició un proceso de transformación que puso fin a los estamentos. Aparecieron en su lugar las clases, grupos sociales organizados en función de la riqueza y el mérito. De entre ellos cabe destacar la burguesía y la clase trabajadora o proletariado, que sería el protagonista del movimientos obrero. Dedicaremos los siguientes minutos al origen del sindicalismo. En otros vídeos abordamos cuestiones como la sociedad de clasesla ciudad industrialel origen del movimiento obrero, el ludismo, el cartismo, socialismo utópico, marxismo, anarquismo e internacionales obreras.

 

La toma del poder III: tercer objetivo de la revolución legal


Otro de los objetivos de Adolf Hitler fue la centralización política de Alemania, que se basó en la ley de supresión de las estructuras autónomas de los Länder:

(W. Hofer, Der Nationalsozialismus Dokumente) “…quedan suprimidas las representaciones populares de los Länder que componen el Reich, los derecho de soberanía de los Länder son transferidos al Reich (…) los Gobiernos de los Länder estarán supeditados al Gobierno del Reich”.

Para esto se aplicaron cinco medidas:

  • Nombramiento de comisarios del Reich con el fin de garantizar el orden público en los Länder poco afines al gobierno.
  • Coordinación entre los Estados y el Reich; es decir, la extrapolación de los resultados electorales globales de Alemania en cada Länder.
  • Sustitución de los gobiernos regionales por un Gobernador del Reich.
  • Desaparición de cualquier residuo de soberanía o particularismo (ley 30 enero 1944)
  • Disolución del Reichsrat (ley 14 febrero 1944).

Por último, se suprimieron la libertad y el pluralismo propios de los sistemas democráticos; se colapso el sistema de partidos hasta llegar a un régimen de partido único e ideología única; y se estableció una nueva relación sindical, que contemplaba la sustitución de los sindicatos por el Frente del Trabajo Alemán. En definitiva, Alemania era el partido, y todo lo ajeno a él debía ser consideredo enemigo de la nación y, por consiguiente, reprimido:

(W. Hofer, Der Nationalsozialismus Dokumente) “Todo aquel que emprenda el mantenimiento y organización de otro partido político o la formación de un nuevo partido político será castigado a trabajos forzados durante más de tres años, o con prisión de seis meses a tres años, siempre que el acto no esté sujeto a penas mayores por otras disposiciones”.

Bibliografía

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

Las claves de la Transición XIII

En el discurso del citado Salón del Ciento hice esta definición de la generación: «Los que no hicimos la guerra, pero vivimos sus inmediatas consecuencias de paz y de tristeza, de austeridad y de esperanza; los que trabajamos y estudiamos en silencio, no en manifestaciones y huelgas; los que forjamos en el interior de nuestro corazón el propósito de no volver jamás a protagonizar un enfrentamiento entre hermanos; los que compartimos la amistad juvenil de los hijos de ambos bandos; los que hemos aportado nuestra competencia profesional, forjada en la paz, para hacer la España del desarrollo; los que expresamos nuestra rebeldía juvenil ante el contraste de las consignas triunfales y las realidades pobres de nuestro pueblo; quienes fuimos llamados «la generación silenciosa» y hoy, precisamente, hacemos oír nuestra voz desde el gobierno o desde la oposición; quienes formamos la llamada «generación puente» y estamos realizando, precisamente, el puente entre el pasado y el futuro, desde la gerencia de las empresas o desde sus jurados de trabajadores, desde la Administración, desde las organizaciones sindicales, desde el Gobierno Civil y desde la alcaldía de Barcelona, desde el Consejo de Ministros y desde el Palacio de la Zarzuela».

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 322.

La apertura de las libertades I

En el discurso del Rey, son tan importantes las palabras como los silencios. No habla de la Monarquía del 18 de julio, pero cita a su padre, vinculándolo al cumplimiento del deber y al servicio a España. Hace referencias explícitas al Ejército y a la Iglesia, pero ninguna alusión al Movimiento Nacional y a la organización sindical, pilares políticos del Régimen. Y tampoco concreta la creación de partidos políticos y de sindicatos libres, esenciales en una democracia.

El discurso del Rey hay que situarlo en su momento histórico, como un compromiso equilibrado y prudente entre el pasado que recibe, y con cuyas estructuras debe convivir, al menos durante los primeros y cruciales tiempos, y el futuro, inequívocamente democrático y de concordia, que quiere construir.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 66.