El nacimiento del Reino de Italia


El proyecto de unificación italiana arrancó en la década de 1840 con los movimientos de una burguesía que trataba de eliminar las barreras aduaneras y establecer la unidad del sistema monetario. Así, desde el primer momento se aferraron, como fuente de las libertades económicas, al liberalismo.

La presencia austríaca en la península italiana dificultaba la consecución del objetivo unificador; hecho que convirtió a los Habsburgo en personajes odiados por los italianos del XIX.

Fue justamente en la década de 1840 cuando surgió el movimiento del Risorgimiento, que tuvo una enorme influencia a lo largo de todo el proceso de unificación. Dentro de este marco situamos al Partido de la Joven Italia, formado por los seguidores de Mazzini.

Otros movimientos políticos de relevancia fueron: el neogüelfismo, que abogaba por una unidad italiana dirigida por la figura católica del Papa; y la vía de Balbo, que reclamaba la independencia y unidad italiana bajo la batuta de los Saboya.

La revolución de 1848 en la península arrancó en las Dos Sicilias y se extendió rápidamente por toda Italia. En ese año se promulgaron Constituciones y se produjeron revueltas contra el poder de Austria en los territorios venecianos y milaneses.

Además, el propio Piamonte emprendió, con escasa fortuna, una guerra contra los austríacos. Pero el hecho más significativo de aquel año sucedió en Roma.

La República de Roma (1848-1850)

Pío IX gozó en sus primeros años de Pontificado de popularidad. Su carácter liberal, que le llevó a decretar la libertad de prensa y la amnistía, le reportó el apoyo de Garibaldi y Mazzini. Sin embargo, todos este prestigio lo perdió al declarar su neutralidad en la guerra entre Piamonte y Austria.

Como consecuencia del “escaso patriotismo”, en noviembre de 1848 fue asesinato Pellegrino Rossi, jefe del gobierno romano. Arrancaba así una revuelta que provocó la huída del Papa a Nápoles.

Los sublevados formaron un gobierno provisional de carácter triunviral -Mazzini, Armellini y Saffi- y proclamaron la República.

El sueño de la República de Roma se vio frustrado por el desembarco de tropas hispano-francesas en el Lacio. Estas sometieron a los rebeldes e hicieron volver a Papa.

El reino del Piamonte en la arquitectura de la unificación

Después del fracaso de los idearios neogüelfos y mazzinianos, la única vía que quedaba para la unificación italiana era la monarquía del Piamonte. De esta manera, de forma progresiva, el espíritu del Risorgimiento se fue tornando moderado y monárquico.

Tras la derrota de 1848, el rey Carlos Alberto de Saboya abdicó en su hijo Víctor Manuel II. Este cambió de política guiado por Cavour, que llevó a cabo una intensa modernización del Piamonte.

La monarquía de Víctor Manuel II pasó a poseer un marcado carácter moderno y nacionalista. Esto atrajo hacia sí a todos los antiaustríacos y nacionalistas italianos.

Las relaciones amistosas entre Napoleón III y Cavour

Uno de los principales aciertos de Cavour fue convertir la cuestión italiana en un problema europeo. Para esto no dudó en apoyarse en Napoleón III. En principio este, aunque mostró su simpatía a la causa italiana, no se comprometió a intervenir. Sin embargo, en la conferencia de Plombières (1858) ambos estados llegaron al siguiente acuerdo:

  • Creación de una confederación de cuatro reinos: los Estados Pontificios, Dos Sicilias, Alta Italia (Piamonte, Lombardía y el Véneto) y Italia Central (Toscana, Parma y Módena).
  • La confederación quedaría bajo la presidencia del Papa.
  • A cambio del apoyo francés, el Piamonte cedería a Francia Saboya y Niza.

Ante el proyecto de reorganización de las fuerzas armadas piamontesas, los austriacos enviaron un ultimátum exigiendo su desarme. Su rechazo llevó al estallido de la guerra en 1859.

La guerra con Austria

La guerra se abrió con una Victoria franco-piamontesa en la batalla de Montebello, que dejo Milán a merced de los aliados. Sin embargo, el contraataque austríaco no se hizo esperar, siendo derrotados los piamonteses en Palestro. A esto siguió la batalla de Magenta, de dudoso resultado, y el repliegue austríaco, quedando Lombardía en manos piamontesas.

Mientras, como consecuencia de las victorias militares del Piamonte, Italia se inunda de un hondo sentimiento nacional, que se deja sentir en Toscana, Módena, Parma, Roma… Napoleón III, consciente de que estos hechos podían provocar que la situación se le fuera de las manos y derivase en la unidad de toda la península, decidió poner fin a la guerra con la paz de Zurich.

Se acordó que Viena entregase a Francia Lombardía. Esta, a su vez, sería cedida por Napoleón a Víctor Manuel II. Por último, Piamonte entregó a Niza y Saboya a Francia.

No obstante, Parma, Módena, Romaña y Toscana nombraron rey a Víctor Manuel II, que logró finalmente que Napoleón aceptase la nueva situación. De esta manera, el Piamonte logró unificar todo el territorio italiano a excepción del Véneto austríaco, los Estados del Papa y el reino de Dos Sicilias.

Garibaldi y la unificación del sur

Al término de la guerra con Austria, los radicales de Garibaldi reclamaron un único gobierno para toda la península. Fieles a estos principios, en 1860, prepararon un desembarco en Sicilia, donde la situación era ingobernable, y, por tanto, favorable para los invasores.

Garibaldi, logró controlar la isla entre mayo y julio de 1860, estableciendo un gobierno provisional. Después de consolidar su dominio en Sicilia y asegurarse la neutralidad fracesa y británica, Garibaldi se desembarcó en el reino de Nápoles, que conquistó en septiembre de 1860.

Ante esta situación, Victor Manuel II anexionó a su reino las Marcas y Umbría, y ratificó, en su encuentro de Teano con Garibaldi, su dominio sobre las Dos Sicilias.

Por su parte, Cavour convocó elecciones generales para una Cámara de reciente creación y proclamó el nacimiento del reino de Italia.

No obstante, quedaban aún delicadas cuestiones por solucionar en torno a la unificación italiana, y, sin duda, una de ellas era la romana. Sólo la alianza con Prusia y la caída de Napoleón III, gran valedor de los Estados Pontificios, permitió a Italia conquistar la Ciudad Eterna.

Las revoluciones atlánticas


VÍDEOS DE CARÁCTER OBLIGATORIO


Planteamiento de la independencia de los EE.UU.
El proceso de independencia de los EE.UU.
Las causas de la Revolución Francesa
Los inicios de la Revolución Francesa
La proclamación de la República y la Convención
La Convención Termidoriana y el Directorio
El 18 de Brumario y el Consulado
El Imperio Napoleónico
La Restauración y el Congreso de Viena
La ideología liberal y el nacionalismo
Las oleadas revolucionarias
La unificación italiana: primera parte
La unificación italiana: segunda parte
La unificación alemana: primera parte
La unificación alemana: segunda parte
Las causas de la independencia de Hispanoamérica
La independencia de Hispanoamérica: los movimientos precursores
La independencia de Hispanoamérica: las primeras insurrecciones
La independencia de Hispanoamérica: la emancipación definitiva


MATERIAL PARA AMPLIAR


La independencia de las Trece Colonias americanas
La independencia de los Estados Unidos
El planteamiento del conflicto bélico y de la independencia en “El Patriota”
Discurso de John Adams en el Congreso Continental de Filadelfia
Declaración de independencia de los Estados Unidos de América
John Adams ante Jorge III de Inglaterra
La prerrevolución aristocrática en la Francia del siglo XVIII
Perfil de Luis XVI, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
Descripción de la reina, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
La reina se encuentra con el pueblo, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
La reina y París, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
El recurso a Necker, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
La convocatoria de los Estados Generales, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
La Asamblea Nacional, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
La caída de La Fayette, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
Camille Desmoulins y la toma de la Bastilla, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
De Versalles a las Tullerías, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
El intento de fuga, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
De las Tullerías a la Asamblea Nacional, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
La ejecución de Luis XVI, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
El destino de Luis XVII, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
La reina ante el patíbulo, en “María Antonieta” de Stefan Zweig
Las etapas de la Revolución Francesa
Danton: Espías y detenciones en la cola del pan
El juicio contra Danton
Entrevista entre Danton y Robespierre
Descripción de José Fouché, en “Fouché, el genio tenebroso” de Stefan Zweig
Antes de la Revolución…, en “Fouché, el genio tenebroso” de Stefan Zweig
Fouché en la Asamblea Nacional, en “Fouché, el genio tenebroso” de Stefan Zweig
Francia bajo el consulado de Napoleón Bonaparte
Auge y caída del Imperio Napoleónico (1804-1815)
1799. El retorno de Napoleón
La Conspiración del 18 de Brumario
Fouché y el 18 de Brumario
El golpe napoleónico del 18 de Brumario
El atentado contra Napoleón
La coronación de Napoleón Bonaparte
El fracaso de la invasión napoleónica de Inglaterra
Napoleón y el zar Alejandro se encuentran en Tilsit
Napoleón y la invasión de España
Napoleón y la traición de Rusia
La conspiración de Fouché, Talleyrand y Carolina contra Napoleón
El cese de Talleyrand
El desastre de Napoleón en Rusia
El Imperio de los Cien Días
La batalla de Waterloo
La traición de Fouché
El proceso de unificación de Italia
La unificación alemana

La batalla de Waterloo


Fragmento de la miniserie «Napoleón» (2002) en donde se escenifica la batalla de Waterloo, que enfrentó, en junio de 1815, a los ejércitos franceses contra los británicos y prusianos. La derrota de Bonaparte puso fin al Imperio de los Cien Días, al tiempo que Francia volvía a estar bajo el gobierno de Luis XVIII. El emperador fue confinado en la isla de Santa Elena, donde moriría en 1821.

El Imperio Napoleónico


En 1789 estalló en Francia una revolución que terminó, en primer lugar, con la Monarquía y, en segundo término, con la vida de los propios reyes. Después de esos acontecimientos, la I República Francesa terminó por convertirse en el Imperio Napoleónico, que se mantuvo hasta 1815. En esta clase se aborda precisamente esa última etapa, mientras que en los restantes vídeos se explican las causas de la Revolución Francesala Monarquía Constitucionalla Convenciónel Directorio y el Consulado.

 

Napoleón y la traición de Rusia


Fragmento de la miniserie “Napoleón” (2002) en el que se recoge el encuentro de Bonaparte con Alejandro I de Rusia en Erfurt. El emperador, tras los reveses sufridos en España, busca el apoyo del zar para mantener su retaguardia a salvo mientras el soluciona sus problemas en la península Ibérica. En concreto, Napoleón desea saber si Alejandro I cumplirá lo pactado en Tilsit y convencerá a los prusianos y a los austríacos de que no aprovechen la situación para reanudar la guerra contra Francia. El encuentro termina en fracaso, constituyendo la primera piedra de la futura, y catastrófica, invasión de Rusia.

 

Napoleón y la invasión de España


Fragmento de la miniserie “Napoleón” (2002) en el que se narran los sucesos relacionados con la invasión de España. Más en concreto, la escena se centra en las primeras derrotas de los ejércitos franceses, la huída de José Bonaparte de Madrid y la decisión, por parte de Napoleón, de viajar él mismo a la península Ibérica para poner orden. Además, la serie también nos muestra dos de las costumbres del emperador: comía mientras trabajaba, y era capaz de dar órdenes al mismo tiempo que dictaba un código y supervisaba una insignia. La parte final de la escena muestra una conversación entre Bonaparte y su ministro de exteriores, Talleyrand. En ella se aprecia que la importancia dada por el emperador a las derrotas en España tenía mucho que ver con el frágil equilibrio en sus relaciones con Austria, Prusia y Rusia.

La monarquía absoluta


Antes de iniciar nuestro repaso a la Historia del Mundo Contemporáneo, es importante conocer de dónde partimos. Por ese motivo se dedican tres vídeos al Antiguo Régimen, el sistema político, económico y social que se desarrolló durante buena parte de la Edad Moderna. Este vídeo está dedicado a la monarquía absoluta, y su información se complementa con uno dedicado a la economía pre-industrial y otro a la sociedad estamental.

La «primavera de los pueblos» y sus antecedentes


Después de las revoluciones de 1820 y 1830 comenzó a gestarse en Europa un nuevo movimiento revolucionario que conocemos con el nombre de “la primavera de los pueblos”.

Este fenómeno, si bien no se manifestó hasta 1848, tuvo antecedentes claros en los sucesos políticos británicos y franceses de la década anterior.

Además de la influencia ejercida por estos dos países, cabe destacar también el debilitamiento de los postulados del Congreso de Viena y la desaparición de la Alianza que los sostenía.

La reforma constitucional británica

El reinado de Jorge IV (1820-1830) de Inglaterra se caracterizó por sus avances en los campos político y económico. Claro ejemplo de esto fue la reducción de las tarifas aduaneras y la liberalizaron de las antiguas Actas de Navegación. Además, se preparó también la reforma de la Cámara de los Comunes, que se llevó a cabo en el siguiente reinado.

Carlos X tomó la herencia de su antecesor en lo referente a las reformas. Sin embargo, parece que las repercusiones que en la opinión pública tuvieron los sucesos acaecidos en Francia, paralizaron momentáneamente esa política. Fueron justamente la presión popular y división dentro del partido conservador, que en ese momento ocupaba el poder, los responsables de que desaparecieran esas precauciones del monarca y de la aristocracia británica.

Así, tras ocupar el gobierno, los whigs comenzaron el proceso de reforma de la Cámara de los Comunes. Esta, tras vencer la oposición de la Cámara de los Lores, fue aprobada el 4 de junio 1832, y tuvo como principales consecuencias el aumento del electorado -de 500.000 a 800.000 electores- y la redistribución de los distritos electorales.

Mediante la reforma de la Cámara de los Comunes, el gobierno británico logró apaciguar durante un tiempo la presión social en torno a la democratización de la vida política. Sin embargo, a finales de la década de 1830, retomando estas mismas reivindicaciones, surgió el movimiento cartista. Sus propuestas llegaron a la Cámara en 1842, pero fueron rechazadas.

La Francia de Luis Felipe de Orleans

Tras ser proclamado soberano en 1830, Luis Felipe de Orleáns estableció una monarquía basada en los postulados revolucionarios, entre los que destaca la soberanía nacional. Además, el catolicismo pasó de ser la religión oficial de reino, a convertirse en la de la mayoría de los franceses; en consecuencia, se firmó un nuevo Concordato con Roma. Otro aspecto a destacar fue la restauración de la bandera tricolor y de la milicia nacional.

El reinado de Luis Felipe se caracterizó por el predominio burgués, tanto en el ámbito económico como en el político -los principales cargos fueron ocupados por miembros de esta clase social-, y por la marginación a la que se vio sometida la vieja nobleza.

El nuevo régimen francés se fue consolidando a pesar de los golpes que recibía tanto de la derecha como de la izquierda. Sin embargo, surgió progresivamente un movimiento favorable al sufragio universal, que al ser ignorado por el monarca, se fue asociando poco a poco con la idea de república.

Las revoluciones de 1848

La creciente agitación política a finales de la década de 1840 se vio agravada por el malestar económico creado por la crisis económica de 1846.

De esta manera, dos años después, se extendió por buena parte de Europa una nueva oleada revolucionaria basada, no solo en la clásica contraposición liberalismo-absolutismo, sino en las divisiones dentro de los liberales, que dará lugar a las corrientes de carácter democrático y socialista.

Entre las principales características de las revoluciones de 1848 cabe destacar:

  • La relativización de la fecha de 1848, ya que hay brotes revolucionarios anteriores.
  • La ausencia de grandes líderes que dieran coherencia a los movimientos.
  • El predominio de los ideales liberales y nacionalistas, pero con un toque socialista.
  • El protagonismo de los grupos acomodados como instigadores, pero con cierta presencia popular.
  • Su éxito limitado; proclamación de la República francesa, introducción de regímenes constitucionales en Piamonte y Prusia, abolición del régimen señorial en Austria y Hungría.
La revuelta de París del 22 febrero de 1848, que contempló el enfrentamiento entre las tropas reales y los republicanos, provocó la abdicación de Luis Felipe en su nieto. Sin embargo, este no es aceptado por los revolucionarios, que establecen un gobierno provisional bajo el mando de Lamartine.

Este, que contaba con el respaldo de orleanistas, bonapartistas, republicanos y socialistas, proclamó la república el día 25 del mismo mes febrero. Se abría así una nueva etapa en la historia de Francia, que en un primer momento estuvo caracterizada por las medidas democratizadoras y de carácter social.

Ante el temor a la actuación internacional, Lamartine redactó el “Manifiesto a Europa” (5 de marzo), documento en el que defendía la soberanía popular y el derecho de toda nación a decidir sobre su forma de gobierno.

Además, se cuidó mucho de poner de relieve sus intenciones pacíficas. Sin embargo, la conmoción se extendió rápidamente por el Continente: 27 de febrero Baden, marzo Hesse, Baviera, Hannover, Sajonia, Prusia, Austria…

La Europa de la Restauración y los congresos


Con la derrota napoleónica de 1815 se firmó el Primer Tratado de París.

En ese momento se buscaba, no una paz que oprimiese a los vencidos con múltiples cláusulas y sanciones, sino otra que mostrase la buena voluntad de los vencedores. Además, ante la necesidad de reestructurar el mapa territorial e ideológico europeo, se anunció la convocatoria de un congreso.

El Congreso de Viena

Bajo la dirección del ministro austríaco Metternich, se reunieron en Viena los representantes, diplomáticos, ministros e, incluso, monarcas de los estados vencedores.

En un principio se estableció que, a pesar de la presencia de varios reinos, las decisiones solo podían ser tomadas por los países de la Cuádruple Alianza (Austria, Inglaterra, Prusia y Rusia).

Sin embargo, con una hábil jugada política, Talleyrand consiguió incluir a España, Francia, Portugal y Suecia. Además, con el fin de evitar las sesiones plenarias, se crearon diez comités independientes, cuyas decisiones tenían que ser aprobadas por la asamblea general.

La reorganización territorial de Europa

El centro de las discusiones entre las grandes potencias fue el problema territorial, centrado en las cuestión polaca y sajona. Los rusos defendían que el primer territorio se incorporase a sus dominios, mientras que el segundo se incorporaría a Prusia; sin embargo, Austria e Inglaterra mostraron su disconformidad.

Ante la falta de acuerdo las relaciones entre los vencedores se deterioraron notablemente, e incluso llegó a estar cerca el estallido de una nueva guerra. No obstante, el pacto de apoyo mutuo entre Francia, Austria e Inglaterra, al que más tarde se unieron Baviera, Hannover y los Países Bajos, logró que Prusia y Rusia dieran marcha atrás y aceptaran una solución intermedia.

Así, el 9 junio 1815 se firmaban los 121 artículos del acta final, cuyas principales conclusiones eran las siguientes:
  • Reparto de Polonia entre Prusia, Rusia y Austria.
  • Reorganización de los Estados alemanes; se decidió no restaurar el Imperio, sino formar una nueva Confederación Germánica, compuesta por 34 príncipes y 4 ciudades libres, dirigida por una Dieta presidida por Austria. Además Sajonia fue restablecida, aunque tuvo que ceder buena parte de sus territorios a Prusia. Suecia perdió sus territorios alemanes, es decir, Pomerania, que pasó también a Prusia.
  • Reorganización de los Estados italianos; el reino lombardo-veneciano se incorporó a Austria, mientras que los Habsburgo lograban colocar a miembros de su familia en Toscana, Parma y Módena. Al reino de Cerdeña, formado antes de la guerra por la propia isla, Piamonte, Saboya y Niza, se sumó Liguria. Por su parte, Nápoles era recuperada por los Borbones, que también situaban a otro miembro de la familia en Lucca.
  • Norte de Europa; Suecia, perdió Finlandia a favor de Rusia y Pomerania, que fue anexionada por Prusia. Sin embargo, se hizo con Noruega en detrimento de Dinamarca, que recibió algunos territorios alemanes a modo de compensación.
  • Reconocimiento internacional de la neutralidad de Suiza, cuyas fronteras quedaron delimitadas.

La Cuádruple Alianza y las revoluciones de 1820

Tras las guerras napoleónica, los monarcas y emperadores vencedores se plantearon la posibilidad de formar un organismo de carácter supranacional que permitiera organizar el orden internacional mediante un sistema de conferencias. Con este objetivo nació la Cuádruple Alianza, que fijó el sistema de conferencias y el de las grandes potencias, que se mantuvo hasta la Gran Guerra.

La divergencia de criterios dentro de la Alianza favoreció la propagación de las revoluciones de 1820. Estas se desarrollaron principalmente en los países mediterráneos, aunque también surgieron tentativas en Francia, Austria, Rusia e Iberoamérica.

Como ya se indicó más arriba, la reacción de la Alianza fue lenta, y estuvo cargada de complicaciones. No obstante, para las intervenciones en Italia y en los Balcanes no fue difícil llegar a un consenso.

Los problemas surgieron con el caso ibérico, ya que Inglaterra, a causa de la independencia de las colonias españolas, se mostraba favorable a la nueva situación del antiguo Imperio hispánico, que le beneficiaba desde el punto de vista comercial. Finalmente, los franceses actuaron en España con dos condiciones: no intervenir en Portugal y no ayudar a España a recuperar sus colonias.

A partir de 1823 la Alianza perdió fuerza, ya que cada potencia velaba más por sus intereses que por los de la coalición. Así, dos años después, se celebró la última conferencia de este organismo.

La revolución francesa de 1830

La monarquía francesa de Carlos X había significado, con respeto a la de su antecesor –Luis XVIII-, una regresión.

De esta forma, pronto se produjo el choque entre la asamblea y el primer ministro, el reaccionario Polignac. En esta situación, el monarca, en un acto propio del absolutismo, suspendió la libertad de prensa, disolvió la cámara, y reformó la ley electoral.

A estos hechos siguieron las protestas de los periodistas, estudiantes, obreros, y algunos diputados, que protagonizaron tres jornadas de barricadas en julio de 1830. Esta revuelta fue tomando, poco a poco, un carácter revolucionario y republicano, que lleno de intranquilidad a los monárquicos.

Así, con el fin de salvar la institución monárquica, en agosto, mediante una hábil maniobra de Thiers, Luis Felipe de Orleans fue proclamado rey. Su entronización del de Orleans supuso la aceptación de los postulados del liberalismo y de la soberanía nacional.

En consecuencia, se reformó la Carta Otorgada para darle un sentido liberal, se suprimió la censura de la prensa, y se amplió la base electoral.

Durante dos años Francia mantuvo una orientación revolucionaria, de apoyo a otros procesos similares en otros países, y de medidas radicales en el interior. Sin embargo, a partir de 1832, el reinado de Luis Felipe tomó un rumbo más conservador, distanciándose así el régimen de la revolución.

El II Reich antes de la I Guerra Mundial

La victoria de Prusia sobre Austria en la década de 1860, así como la consolidación de una Alemania bajo el influjo prusiano, hicieron posible la unificación de los territorios alemanes. Sin embargo, la nueva Alemania presentaba una enorme heterogeneidad, que, al fin y al cabo, resultaba problemática para el proyecto unificador.

A partir de 1870, bajo la batuta de Prusia, los alemanes iniciaron un largo camino que los habría de llevar del federalismo a la unidad.

En primer lugar, se procedió a desterrar toda posible referencia a una alianza de monarquías constitucionales, potenciándose la monarquía constitucional imperial, cuyo principal organismo representativo era el Reichtag.

En cierto modo, en este proceso homogenizador, se tendió a la prusianización del Imperio. Esto se plasmó rápidamente en un claro autoritarismo, centrado en la figura del canciller, en un cierto conservadurismo, y en la preponderancia de la burocracia prusiana.

El auge económico finisecular

El primer factor que facilitó el gran desarrollo de la economía alemana fue la formación de un importante mercado nacional, cuyas bases fueron: el Zollverein, el desarrollo de la red ferroviaria y otras medidas unitarias, como el Derecho Comercial, las tasas, y los pesos y medidas.

Otro elemento fundamental fue el desarrollo de los instrumentos básicos de unidad monetaria y financiera, plasmados en la creación de una moneda única (el marco), y la conversión del Real Banco de Prusia en el Banco del Imperio.

Vistos estos factores, podemos estructurar la evolución económica alemana en dos fases: el boom de 1871-1873 y la época proteccionista.

En el primero de estos periodos, la economía de Alemania se vió favorecida tanto por la victoria militar sobre Francia como por una coyuntura económica favorable. La crisis financiera puso fin a esta fase de crecimiento, dando paso a unos años de paralización económica.

Durante el segundo de estos periodos se confió, para salir de la crisis y evitar fenómenos similares en el futuro, en una política proteccionista. De esta manera, Alemania logró retomar el camino del progreso económico, si bien no con tanto éxito como en la etapa anterior a la crisis.

La política del canciller Bismarck

En lo que se refiere a política interior, la actuación del canciller Bismarck se puede englobar en torno al plan del Kulturkampf, que trataba de eliminar cualquier peligro en el interior de Alemania.

En consecuencia, tanto grupos católicos como socialdemócratas fueron considerados como sospechosos por parte del gobierno.

Con respecto al catolicismo se produjo una separación radical entre Iglesia y Estado, lo que suponía el control estatal de la enseñanza y del clero por parte del gobierno. No obstante, a finales de la década de 1870, ante la envergadura que tomaba el conflicto, el canciller dio marcha atrás en esta política.

En lo referente a la socialdemocracia, Bismarck toleró su actividad política, pero prohibiendo su propaganda, publicaciones y mítines. Al igual que con los católicos, la Kulturkampf también fracasó en este caso; es más, los socialdemócratas salieron fortalecidos de su choque con la cancillería.

En lo referente a la política social, a pesar de su enemistad con los socialdemócratas, Bismarck dio pasos importantes al instaurar un seguro de vejez, de enfermedad y de accidentes. Sin embargo, tampoco hay que ocultar las carencias de su programa, especialmente en lo que se refirió a los derechos de la mujer y de los niños.

La política exterior de Bismarck se caracterizó por la búsqueda, pacífica y sutil con las grandes potencias, de un espacio colonial propio para Alemania.

La política de Alemania después de Bismarck

Tras la dimisión del canciller Bismarck (1890) a causa de sus malas relaciones con el nuevo káiser Guillermo II, se produjeron cambios sustanciales en la política internacional alemana.

En política exterior, se puso fin a la citada sutileza diplomática alemana; a nivel interior, el canciller perdió poder en favor del káiser.

Esta época Alemania experimentó un importante crecimiento económico, que la llevaría a convertirse junto a EE.UU. y Gran Bretaña en la gran potencia comercial. No obstante, unida al crecimiento económico, se produjo una escalada belicista basada en el rearme y el endurecimiento de la política internacional.

Toda esta tendencia provocó el rechazo de buena parte de los grupos políticos alemanes. Sin embargo, el camino estaba ya tomado: Alemania entró en la guerra en un momento de auge económico pero con numerosos problemas internos pendientes.