La crisis del Antiguo Régimen y las revoluciones inglesas


VÍDEOS DE CARÁCTER OBLIGATORIO


Introducción al Antiguo Régimen
La Monarquía Absoluta
La sociedad estamental: nobleza y clero
La sociedad estamental: estado llano
La economía preindustrial
El régimen demográfico antiguo
Las nuevas teorías económicas
Los fundamentos de la Ilustración
Los ilustrados y sus obras
Las revoluciones inglesas del siglo XVII: primera parte
Las revoluciones inglesas del siglo XVII: segunda parte
El pensamiento político de John Locke


MATERIAL PARA AMPLIAR


Introducción al Antiguo Régimen
Luis XIV de Hyacinthe Rigaud
Luis XIV en el Museo del Prado
Luis XIV, el rey de los tacones rojos
Vatel: el poder de la monarquía sobre la nobleza
Vatel: la humillación de la nobleza ante el monarca absoluto
Vatel: la desigualdad entre estamentos
Vatel: el contraste entre los privilegiados y el pueblo llano
Caricaturas de la sociedad estamental
El Estatúder en el gobierno de las Provincias Unidas
La revolución inglesa en el cine: juicio y ejecución de Carlos I Estuardo
Resumen del pensamiento político de James Harrington
Breve biografía de John Locke
La libertad política en John Locke
La tolerancia religiosa en John Locke
La crisis del Antiguo Régimen
La Enciclopedia francesa y sus principales autores
Montesquieu y la división de poderes
El origen de la sociedad en Rousseau 

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La traición de Fouché


Fragmento de la miniserie «Napoleón» (2002) que recoge la conversación entre el emperador y Fouché tras la derrota de la batalla de Waterloo (1815). La escena ha de situarse en los momentos finales del Imperio de los Cien Días, pues tras ser vencidos en el campo de batalla, a los franceses no les quedaba otra opción que aceptar las exigencias de las potencias coligadas. De todos modos, el que terminó por precipitar la caída de Bonaparte fue el propio Fouché, quien había sido su ministro de la Policía durante el Consulado y el Imperio. Tras Waterloo, este controlaba la Asamblea, a la que va a terminar por poner en contra de Napoleón para asegurarse su porvenir político en la futura monarquía restaurada.

La batalla de Waterloo


Fragmento de la miniserie «Napoleón» (2002) en donde se escenifica la batalla de Waterloo, que enfrentó, en junio de 1815, a los ejércitos franceses contra los británicos y prusianos. La derrota de Bonaparte puso fin al Imperio de los Cien Días, al tiempo que Francia volvía a estar bajo el gobierno de Luis XVIII. El emperador fue confinado en la isla de Santa Elena, donde moriría en 1821.

El Imperio de los Cien Días


Fragmento de la miniserie «Napoleón» (2002) que muestra el retorno de Bonaparte a Francia tras su estancia en la isla de Elba. Después de ser destronado el emperador en 1814 y haberse restaurado la monarquía en la persona de Luis XVIII de Borbón, hermano del ejecutado Luis XVI, Napoleón vuelve a hacerse con el poder en 1815. En la escena se observa uno de los muchos encuentros que se produjeron entre los fieles a Bonaparte y las tropas enviadas por el rey. Habitualmente esas situaciones se solucionaron con el paso de las soldados monárquicos al bando del emperador. Tras su llegada a París, de donde había huido Luis XVIII, Napoleón instauró el régimen que se conoce como el Imperio de los Cien Días.

 

El Imperio Napoleónico


En 1789 estalló en Francia una revolución que terminó, en primer lugar, con la Monarquía y, en segundo término, con la vida de los propios reyes. Después de esos acontecimientos, la I República Francesa terminó por convertirse en el Imperio Napoleónico, que se mantuvo hasta 1815. En esta clase se aborda precisamente esa última etapa, mientras que en los restantes vídeos se explican las causas de la Revolución Francesala Monarquía Constitucionalla Convenciónel Directorio y el Consulado.

 

Auge y caída del Imperio Napoleónico (1804-1815)


En esta etapa de la historia francesa culminó un proceso que había arrancado con el estallido de la Revolución de 1789: la configuración de la sociedad según el orden burgués. Pero, además, durante el mandato napoleónico se fue configurando un nueva nobleza, la aristocracia imperial.

El sistema de gobierno durante la época imperial apenas cambió con respecto a la del consulado vitalicio, simplemente se continuó el proceso de centralización progresiva que había arrancado tras el 18 Brumario.

Napoleón no solo estableció el modelo hereditario para la sucesión al frente del Imperio, sino que el emperador también acumuló cada vez más poderes: estableció un poder ejecutivo con autoridad ilimitada; vació de contenido el legislativo, que quedó como una simple; y se aseguró el control sobre el poder judicial.

La expansión del Imperio francés

Entre 1805 y 1812, el Imperio Napoleónico estuvo en constante expansión. En las batallas de Ulm y Austerlitz las tropas francesas consiguieron derrotar a los ejércitos coaligados de Rusia y Austria, consiguiendo la retirada de los primeros y la rendición de los segundos.

Con los austríacos, se firmó la paz de Presburgo, en virtud de la cual Austria cedió Venecia al reino de Italia, Istria y Dalmacia a Francia, Tirol y Trentino a Baviera, Suabia a Württemberg. Además, el monarca austríaco perdía también el título imperial germánico.

Tras Presburgo, Napoleón reestructuró el mapa europeo, situando a su hermano José como rey de Nápoles, a su hermana Elisa como soberana de Luca y Piombio, Holanda a su hermano Luis y nombró a Murat gran duque de Berg. Además, Baviera y Württemberg pasaban a ser reinos soberanos, Hess-Darmstadt y Baden se convertían en grandes ducados, y Hannover quedaba bajo la tutela prusiana.

Por último, Napoléon creó la Confederación del Rhin. Esta no sólo se situaba bajo el protectorado francés, sino que se establecía su total independencia con respecto a los Habsburgo.

La reacción de Rusia, Prusia e Inglaterra ante estos hechos no se hizo esperar: en 1806 formaban una nueva coalición antinapoleónica. Sin embargo, Prusia fue derrotada en Auerstadt y Jena. Además, tras su entrada en Berlín, Napoleón decretó el bloqueo a los productos británicos.

Esta fue, después de Trafalgar, el arma usada por el emperador para derrotar a los ingleses: dejarles sin recursos y hundir su economía. No obstante, ante el fracaso casi total de este primer decreto, promulgaría dos más: el de Fontainebleau y el de Milán. Aún así, ante la oposición de España, Portugal, los Estados Pontificios y Rusia, este bloqueo no fue efectivo. Esta será la principal causa de que Bonaparte emprenda nuevas campañas militares.

Las campañas militares de 1807 y 1809

En 1807 Napoléon inicia una campaña militar contra Rusia. El zar Alejandro I fue derrotado en Eylau y Friedland, viéndose obligado a firmar la paz en Tilsit. En virtud de este acuerdo, Rusia aceptaba el orden europeo napoleónico -dos grandes imperios, el francés y el ruso, que mantendrían el equilibrio continental-, se unía al bloqueo, cedía sus territorios más occidentales, y recibía autorización para expandirse por sus zonas de influencia.

Ese mismo año, Bonaparte ideó un plan para la invasión de Portugal. Los ejércitos napoleónicos, con la colaboración española, invadieron el país luso. Sin embargo, tras hacerse con Portugal, los franceses trataron de dominar también España. Así, en 1808, arrancó la guerra de la Independencia, en la que las tropas francesas serían derrotadas en la batalla de Bailén.

Ante la gravedad de la situación peninsular, y el desembarco inglés en Portugal y Galicia, Napoleón acudió con la Grande Armée y derrotó a sus enemigos. Solo la amenaza austríaca en 1809 impidió que el emperador derrotara totalmente a los españoles.

En 1809 los austriacos volvieron a enfrentarse a Napoleón con el mismo resultado: una derrota en la batalla de Wagram. De esta manera, se firmó un nuevo tratado en Schönbrunn, por el que Austria perdió aún más territorios: Salzburgo, Galitzia, Carintia, Carniola, Croacia, Trieste y Fiume.

Además, con el fin de legitimar al emperador francés y entroncarlo con la prestigiosa familia imperial austríaca, se concertó el matrimonio de Napoleón con María Luisa de Habsburgo.

La caída de Napoleón I

En 1812, a causa del debilitamiento de la alianza con Rusia, Napoleón invadió el Imperio de Alejandro I. No obstante, a pesar de su victoria en Borodino (septiembre) y su entrada en Moscú, la falta de víveres y el frío le obligaron a retirarse.

Fue precisamente esa retirada, en la que murieron casi 600.000 soldados franceses, la que consumó el desastre de la campaña rusa de Napoleón.

Mientras tanto, la guerra en España se alargaba, y el gasto humano y económico de los franceses en la misma, también. La guerrilla hispana y el apoyo británico a los invadidos permitieron que poco a poco la resistencia a los ejércitos bonapartistas se fortaleciera. Finalmente, los franceses fueron expulsados casi totalmente de la Península tras ser derrotados en las batallas de Arapiles, Vitoria y San Marcial.

Los enemigos de Napoléon se coaligaron en 1813, avanzando por Alemania hasta ser derrotadas en Lützen y Bautzen. A pesar de la victoria de las armas francesas, Austria entró en la guerra del lado de la coalición. Una vez reorganizados sus ejércitos, ésta consiguió vencer a Bonaparte en Leipzig.

Finalmente, las tropas coaligadas entraron en París, donde Napoleón fue depuesto y desterrado a la isla de Elba. Además, se firmó la Paz de París, que restablecía las fronteras de 1792, y se procedió a la restauración borbónica en la persona de Luis XVIII.

El Imperio de los Cien Días

En el año 1815, aprovechando un crisis en el nuevo gobierno monárquico francés, Napoleón regresó a París y se hizo con el poder. Para luchar contra el llamado gobierno de los Cien Días, las potencias europeas volvieron a coaligarse, derrotando a Napoleón en Waterloo.

Tras estos hechos, Bonaparte fue desterrado a la isla de Santa Elena, donde murió en 1821. Además, como consecuencia de estos sucesos, se firmó la segunda paz de París, de la que Francia salió muy perjudicada: perdió su poder militar, numerosos territorios fronterizos, y tuvo que pagar una fuerte indemnización a las otras potencias.