La crisis del Antiguo Régimen


VÍDEOS OBLIGATORIOS


Introducción al Antiguo Régimen
La Monarquía Absoluta
La economía preindustrial
La sociedad estamental: nobleza y clero
La sociedad estamental: estado llano
Las revoluciones inglesas del siglo XVII: primera parte
Las revoluciones inglesas del siglo XVII: segunda parte


VÍDEOS VOLUNTARIOS


El régimen demográfico antiguo
Las nuevas teorías económicas
Los fundamentos de la Ilustración
Los ilustrados y sus obras
El pensamiento político de John Locke

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La crisis del Antiguo Régimen y las revoluciones inglesas


VÍDEOS DE CARÁCTER OBLIGATORIO


Introducción al Antiguo Régimen
La Monarquía Absoluta
La sociedad estamental: nobleza y clero
La sociedad estamental: estado llano
La economía preindustrial
El régimen demográfico antiguo
Las nuevas teorías económicas
Los fundamentos de la Ilustración
Los ilustrados y sus obras
Las revoluciones inglesas del siglo XVII: primera parte
Las revoluciones inglesas del siglo XVII: segunda parte
El pensamiento político de John Locke


MATERIAL PARA AMPLIAR


Introducción al Antiguo Régimen
Luis XIV de Hyacinthe Rigaud
Luis XIV en el Museo del Prado
Luis XIV, el rey de los tacones rojos
Vatel: el poder de la monarquía sobre la nobleza
Vatel: la humillación de la nobleza ante el monarca absoluto
Vatel: la desigualdad entre estamentos
Vatel: el contraste entre los privilegiados y el pueblo llano
Caricaturas de la sociedad estamental
El Estatúder en el gobierno de las Provincias Unidas
La revolución inglesa en el cine: juicio y ejecución de Carlos I Estuardo
Resumen del pensamiento político de James Harrington
Breve biografía de John Locke
La libertad política en John Locke
La tolerancia religiosa en John Locke
La crisis del Antiguo Régimen
La Enciclopedia francesa y sus principales autores
Montesquieu y la división de poderes
El origen de la sociedad en Rousseau 

El pensamiento político de John Locke


El sistema del Antiguo Régimen comenzó a resquebrajarse en Inglaterra a lo largo del siglo XVII. Dos revoluciones políticas, con la ejecución de un rey incluida, pusieron al Parlamento al frente del país: había nacido el liberalismo político. Este vídeo está dedicado a la persona y obra de uno de los principales teóricos de este cambio, John Locke. Las restantes clases abordan los movimientos antiabsolutistas de mediados de siglo y la llamada «Revolución Gloriosa» de 1688.

 

Las revoluciones inglesas del siglo XVII: segunda parte


El sistema del Antiguo Régimen comenzó a resquebrajarse en Inglaterra a lo largo del siglo XVII. Dos revoluciones políticas, con la ejecución de un rey incluida, pusieron al Parlamento al frente del país: había nacido el liberalismo político. Este vídeo está dedicado a la segunda de ellas, la llamada «Gloriosa», mientras que en las demás clases se abordan la revolución de mediados de siglo, y el pensamiento de uno de sus principales ideólogos, John Locke.

Resumen del pensamiento político de James Harrington


La principal obra de James Harrington (1611-1677) es La República Oceána, publicada en 1656 bajo el gobierno de Oliver Cromwell. En ella se recogen planteamiento de tipo republicano que tuvieron gran influencia entre los whigs. De entre ellos cabe destacar la separación de poderes, el establecimiento de un cuerpo legislativo formado por dos cámaras o la necesidad de rotación en los cargos públicos.

En definitiva, se le puede considerar como uno de los principales teóricos de republicanismo clásico, así como uno de los primeros en sistematizar el sistema de representación moderna. En la línea con lo expresado anteriormente, se entiende que su forma de gobierno ideal sea una república con poder legislativo bicameral: senado y asamblea popular.

Las revoluciones inglesas del siglo XVII: primera parte


El sistema del Antiguo Régimen comenzó a resquebrajarse en Inglaterra a lo largo del siglo XVII. Dos revoluciones políticas, con la ejecución de un rey incluida, pusieron al Parlamento al frente del país: había nacido el liberalismo político. Este vídeo está dedicado a la primera de ellas, mientras que los siguientes abordaran la segunda, la llamada «Revolución Gloriosa», y el pensamiento de uno de sus principales ideólogos, John Locke.

La revolución inglesa en el cine: juicio y ejecución de Carlos I Estuardo


Estamos ante un fragmento largo -casi nueve minutos- de la película Cromwell (1970). En él se recoge tanto el juicio al rey de Inglaterra Carlos I Estuardo, como su posterior ejecución. Aunque ambos acontecimientos son de 1649, se pueden situar en un contexto más amplio, el de las revoluciones inglesas del siglo XVII, que tuvieron como centro la lucha por el poder entre el Parlamento y la Corona.

La escena puede dividirse en tres partes. En la primera un parlamentario muestra sus dudas sobre la condena a muerte del rey, de hecho llega a afirmar que ha nacido para reinar. Es decir, que los delitos de los que se le acusa no son punibles, pues desempeña su cargo por voluntad divina, de tal modo que solo Dios pues juzgarle. En la segunda, es el propio Carlos I quien, durante el juicio, esgrime argumentos similares: el rey no reconoce el poder del Parlamento para juzgarle.

La última es la ejecución del monarca, en la que el silencio del pueblo habla por sí solo. Los presentes son conscientes de estar llevando a cabo algo que va contra la forma de pensar de la época; están ejecutando a su propio rey, que lo es por gracia divina. Es por tanto, un atentado contra Dios. Al respecto, es interesante remarcar las palabras del discurso final, en el que se alude a la cuestión del color de la sangre.

 

La crisis del Antiguo Régimen


El proceso de cambios políticos, económicos, sociales y culturales que sufrieron los estados europeos como consecuencia de las revoluciones de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, se conoce comúnmente como la crisis del Antiguo Régimen.

Si bien este fenómeno tuvo momentos puntuales que podríamos señalar como culminantes, se suele afirmar que se trató de un proceso largo. De esta manera, algunos autores llegan a defender que sus primeras manifestaciones tuvieron lugar con las revoluciones inglesas del siglo XVII, siendo sus últimos coletazos las oleadas revolucionarias de 1820, 1830 y 1848.

El tránsito al nuevo orden

Las consecuencias de esta crisis, que no es más que el paso de un modelo de organización caduco a otro más acorde con los nuevos tiempos, fueron las siguientes:

  • Desde el punto de vista político, el paso de un régimen absolutista a otro de corte liberal.
  • En economía, el tránsito de una economía agraria y gremial a otra de tipo capitalista.
  • En el ámbito de la sociedad, la desaparición de los estamentos -nobleza, clero y estado llano-, con los privilegios y las desigualdades que suponían, y su sustitución por una sociedad organizada en clases.

Estas transformaciones se llevaron a cabo mediante una serie de acontecimientos históricos que van desde la independencia de los EE.UU. en 1776, a la «primavera de los pueblos» (1848). No obstante, como ya indicamos anteriormente, algunos teóricos de la cuestión llevan los inicios del proceso a sucesos anteriores: las revoluciones inglesas del siglo XVII.

Al margen de que se consideren los hechos acaecidos en Inglaterra como parte del proceso o como antecedentes del mismo, este incluye revoluciones de muy diverso orden. De esta manera, a las de corte liberal -1776, 1789, 1820 y 1830-, hemos de añadir una de marcado carácter democrático, la de 1848. A su vez, en medio de los cambios políticos, se llevaron a cabo también transformaciones en la economía. La principal manifestación de eso fue, sin duda, la revolución industrial.

Antecedentes de la crisis

Dos acontecimientos históricos contribuyeron de manera casi decisiva a la puesta en cuestión de la crisis del Antiguo Régimen. El primero de ellos tuvo lugar en Inglaterra por medio de dos revoluciones de talante liberal: la de 1640 y la de 1688. El segundo fue la Guerra de los Siete Años (1756-1763), y más en concreto su episodio norteamericano.

La revolución inglesa de 1640 fue el escenario de la primera ejecución de un soberano absoluto: el rey Carlos I Estuardo. Tras la decapitación del monarca, el Parlamento proclamó la República, que fue dirigida con brazo de hierro, durante casi veinte años, por Oliver Cromwell.

En el seno de la nueva realidad revolucionaria surgieron tres fenómenos que contribuyeron notablemente a socavar las bases del Antiguo Régimen.

El primero de ellos fue la puesta en duda de la soberanía absoluta del rey, que se manifestó tanto en las exigencias del Parlamento -su gran rival- como en la definitiva ejecución de Carlos I. El segundo fue la aparición de los levellers, un grupo político que manifestó un rechazo radical a cualquier forma de desigualdad. Por último, hemos de hacer referencia a la lucha por la tolerancia religiosa, de la que eran abanderados los puritanos y sus simpatizantes.

La revolución inglesa de 1688 no hizo más que confirmar las conquistas alcanzadas en la década de 1640. Estas se estaban viendo amenazadas por el rey Jacobo II tras la restauración de los Estuardo en el trono. Los revolucionarios ingleses expulsaron al monarca y elevaron al trono a Guillermo de Orange, que consintió en aceptar la supremacía del Parlamento. Tras más de cuarenta años de enfrentamientos, en Inglaterra se asentaba definitivamente un régimen liberal.

La Guerra de los Siete Años sembró la semilla para la independencia de trece de las colonias británicas. Los ingleses habían derrotado en América a los franceses, pero el coste había sido grande.

De esta manera, el intento de sacar de los propios territorios norteamericanos la contraprestación a tal esfuerzo, generó un gran descontento entre los colonos. Estos, después de muchas deliberaciones, y de no pocas torpezas por parte de la diplomacia británica, iniciaron el camino hacia su emancipación.

A su vez, la derrota de los franceses y la posterior crisis económica de la hacienda de aquel país, sentó las bases para la Revolución Francesa de 1789.

Los restantes factores de la crisis

En el campo de la economía cabe destacar la aparición de dos fenómenos: la aparición de la protoindustria y la revolución agraria. Ambos elementos, consecuencias claras de un cambio en el planteamiento económico, contribuyeron notablemente al posterior desarrollo de la revolución industrial.

Dentro del ámbito ideológico, hemos de referirnos a dos núcleos de pensamiento: el británico y el francés. Al respecto, se hace necesario afirmar que ambos estuvieron en constante conexión y se influenciaron mutuamente.

En Gran Bretaña, por el carácter novedoso de sus ideas, hemos de mencionar a John Locke y Adam Smith. El primero de ellos, en tanto que defensor de la libertad política y de la separación de poderes, puede ser considerado como el padre del liberalismo político. El segundo, con sus leyes de la economía, fue el padre del liberalismo económico.

En Francia, desde mediados del siglo XVIII, empezaron a hacerse populares las ideas políticas, económicas y sociales de personajes como Montesquieu, Rousseau, Voltaire y Diderot, entre otros. Las ideas de estos intelectuales, en un contexto de crisis que exigía cambios radicales, empujaron al mundo occidental a un cambio radical que acabó por enterrar para siempre el Antiguo Régimen.

La tolerancia religiosa en John Locke


John Locke, uno de los principales teóricos del liberalismo británico del XVII, asumió como propia una problemática heredada por el estado y la sociedad británica desde un siglo antes. En ese contexto, que es también el de las guerras de religión en Europa, el autor inglés abordó la cuestión en dos de sus principales obras: Ensayo sobre la tolerancia y Carta sobre la tolerancia.

La influencia de este autor en la revolución gloriosa de 1688 iba a conducir a la imposición de un pensamiento liberal en materia religiosa.

El nacimiento del anglicanismo

1534. Enrique VIII rompía el vínculo existente entre el reino de Inglaterra y la Iglesia de Roma. El monarca británico, con el fin de divorciarse de su esposa Catalina de Aragón, se autoproclamó cabeza de una nueva tendencia dentro del cristianismo: la anglicana.

Eduardo, único hijo de Enrique VIII, siguió la senda marcada por su padre, si bien introdujo numerosas novedades de carácter calvinista. Su prematura muerte en 1553, cuando contaba con sólo dieciséis años, llevó al trono a María Tudor. Las convicciones católicas de esta reina devolvieron a Inglaterra al seno de la Iglesia romana hasta su muerte.

Cinco años duró la reina María en el trono y, puesto que falleció sin descendencia, su hermana Isabel heredó la monarquía inglesa en 1558.

Su largo reinado -murió en 1603- permitió que el anglicanismo, esbozado por su padre Enrique VIII y reformado por su hermano Eduardo VI, tomará fuerza hasta convertirse en la religión única del estado británico.

Los orígenes históricos de una intolerancia

Isabel I dio fuerza a una nueva concepción religiosa, no sólo con novedosas convicciones y dogmas, sino también con el fortalecimiento de la figura de la reina como cabeza del nuevo credo. Sin embargo, el compromiso de la monarquía con la religión anglicana dejaba a los que no profesaban esa fe fuera de la ley.

Por supuesto, los católicos -denominados despectivamente como «papistas»- debían ser perseguidos por obedecer a un poder enemigo y extranjero: Roma.

No obstante, los teólogos y juristas dudaban sobre el estatus que se debía conceder a las concepciones del cristianismo surgidas de la Reforma protestante, especialmente a los puritanos y calvinistas.

Tendría que pasar todo un siglo, el XVII, para que finalmente fueran aceptadas en el seno de Inglaterra las restantes religiones reformadas. Dos revoluciones y el pensamiento de un hombre, John Locke, iban a ser decisivas en ese proceso.

La ruptura de la unidad religiosa

La aparición del puritanismo, que aspiraba a la libertad religiosa con respecto a la Corona y a un modelo de organización anti-jerárquico o no episcopaliano, llevó a la ruptura de la unidad anglicana.

Esta nueva concepción religiosa se mantuvo en la clandestinidad durante los reinados posteriores a Isabel. No obstante, la revolución de la década de 1640, en la que el rey Carlos I Estuardo fue ejecutado, y la república que se instauró como consecuencia de esta, favorecieron el avance de la causa de los puritanos.

Así, durante el protectorado de Oliver Cromwell hubo de hecho un reconocimiento de las distintas sectas protestantes, si bien nunca se estableció con claridad cuál era la situación legal de los puritanos.

En 1660 los Estuardo, en la figura del rey Jacobo, volvieron al poder. Con ellos retornó también la intolerancia religiosa y el debate sobre la cuestión puritana.

Los ensayos de John Locke sobre la tolerancia religiosa

En el contexto que venimos describiendo, John Locke publicó en 1667 su Ensayo sobre la tolerancia. En esa obra se manifestaba en favor de la tolerancia para con los disidentes religiosos.

El argumento de fondo del autor liberal inglés era el mayor peso de las ventajas económicas y religiosas de la tolerancia con respecto a la intolerancia.

Desde el punto de vista de Locke, la falta de libertad religiosa obligaría a los puritanos a emigrar, perdiendo el estado una parte de su población, así como la riqueza asociada a ellos. A su vez, consideraba que el contacto entre distintas religiones sólo podía enriquecer a ambas.

Esta misma argumentación fue recogida y ampliada en Cartas sobre la tolerancia en 1689, un año después de la revolución liberal que derrocó al rey Jacobo Estuardo. En esa segunda obra, Locke abordó la problemática desde una perspectiva política. Establecía que la tolerancia religiosa sólo era inadmisible en el caso de perjudicar a los derechos de otro individuo o atentar contra la existencia misma del Estado.