Los ilustrados y sus obras


Antes de iniciar nuestro repaso a la Historia del Mundo Contemporáneo, es importante conocer de dónde partimos. Por ese motivo se dedican varios vídeos al Antiguo Régimen, el sistema político, económico y social que se desarrolló durante buena parte de la Edad Moderna. Esta clase está dedicada a la Ilustración y su difusión por Europa, y su información se complementa con los vídeos sobre el Antiguo Régimen, la monarquía absoluta, los estamentos nobiliar y clerical, el estado llanola economía preindustrial, el régimen demográfico antiguo, las nuevas teoría económicas, la Ilustración, las revoluciones inglesas del siglo XVII (primera y segunda parte) y el pensamiento político de John Locke.

 

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Unidad 1. La crisis del Antiguo Régimen


DEFINICIONES UTILIZADAS EN EL PRIMER TEMA DE 4º DE ESO. EN ESTA UNIDAD DIDÁCTICA SE ABORDA LA EXPLICACIÓN DE LOS ASPECTOS POLÍTICOS, ECONÓMICOS Y SOCIALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN, ASÍ COMO LAS CAUSAS DE SU DESAPARICIÓN EN INGLATERRA.

Absolutismo: forma de gobierno propia de la Edad Moderna por la cual el rey ostentaba todo el poder: hacía las leyes, era el principio de toda justicia –aunque delegaba en tribunales-, era la máxima autoridad administrativa, decidía sobre los gastos, y los impuestos se recaudaban en su nombre. Su condición de soberano absoluto era justificada por las teorías que lo consideraban la encarnación del Estado, así como por la voluntad divina.

Antiguo Régimen: sistema político, económico y social que, partiendo de las estructuras medievales, terminó por configurarse durante la Edad Moderna. Entre sus características cabe destacar el poder absoluto de los monarcas, la desigualdad social basada en los estamentos, una economía predominantemente agraria y de subsistencia y un escaso crecimiento vegetativo de la población.

Bill of Rights (Declaración de Derechos): documento que, como consecuencia de la Revolución Gloriosa de 1688 en Inglaterra, recortaba los poderes del rey, garantizaba las elecciones libres y otorgaba amplios poderes al Parlamento.

Derechos civiles: libertades y prerrogativas sociales inherentes a los ciudadanos de los sistemas democráticos. Algunos de sus mayores exponentes se encuentran en las declaraciones de derechos aprobadas por los regímenes liberarles desde finales del siglo XVII y, especialmente, en el XVIII y el XIX.

Despotismo ilustrado: nombre que recibieron algunos regímenes políticos europeos de finales del siglo XVIII en los que se combinaba el mantenimiento del poder absoluto de los monarcas con una voluntad reformadora de la economía y la sociedad. Este último elemento tenía su principal manifestación en la presencia de ministros ilustrados en los gobiernos.

División de poderes: planteamiento político que defendía la separación de las atribuciones del Estado en distintas instituciones, de tal modo que unas sirvieran como contrapeso de las otras. Esta idea se popularizó en Europa con la publicación de “El Espíritu de las Leyes”, de Montesquieu. Sin embargo, hemos de buscar su origen en las teorías inglesas del XVII, y más en concreto en James Harrington y John Locke.

Estado: conjunto de instituciones políticas, jurídicas y administrativas que tienen jurisdicción sobre toda la población de un territorio limitado por fronteras. Surgió a comienzos de la Edad Moderna como consecuencia de la concentración de poderes en manos de los monarcas, y condujo a la formación del absolutismo a partir del siglo XVI.

Fisiocracia: doctrina económica del siglo XVIII que defendía la primacía de la actividad agraria y de la propiedad de la tierra sobre cualquier otra actividad económica. Su principal representante fue el francés François Quesnay.

Gremio: organizaciones que agrupaban a trabajadores de un mismo oficio con el fin de acordar los precios, salarios y cantidad de producción. Los artesanos se dividían según sus conocimiento en maestros, oficiales y aprendices.

Ilustración: movimiento intelectual que se originó en Francia durante el siglo XVIII. Sus principios ideológicos eran la confianza en la razón como fuente de conocimiento y en el progreso ilimitado del ser humano, el ideal reformista y el espíritu crítico. Uno de sus principales canales de difusión fue la Enciclopedia, dirigida por Diderot y D`Alambert.

Liberalismo: sistema filosófico, económico y político opuesto al despotismo y defensor de las libertades civiles. Constituyó la corriente en la que se fundamentan tanto el Estado de derecho como la democracia representativa y la división de poderes.

Motines de subsistencia: formas de conflictividad social típicas del Antiguo Régimen, pero que persistieron en algunos lugares de Europa hasta bien entrado el siglo XIX. Solían estar relacionados con el alza de los precios de los productos de primera necesidad.

Parlamentarismo: sistema de organización política basado en la existencia de una asamblea que asume el control política del gobierno y la función legislativa del mismo.

Privilegio: ventaja, gracia o prerrogativa especial de la que goza una persona. En el Antiguo Régimen había dos estamentos cuyos miembros tenían privilegios: la nobleza y el clero.

República: forma de organización del Estado en la que el cargo de jefe del Estado no es hereditario ni vitalicio, sino resultado de una elección directa o indirecta de los ciudadanos. La duración del mandatos presidencial, sus funciones y poderes vienen determinados por la Constitución.

Revolución: cambio rápido, profundo y, en ocasiones, violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de un país.

Señorío: modelo de posesión de la tierra y del poder político en el sistema feudal. Había dos tipos de señoríos: los jurisdiccionales y los territoriales. Durante la Edad Moderna fueron desapareciendo progresivamente los primeros, pero permanecieron los de tipo territorial.

Unidad 1. La crisis del Antiguo Régimen y las revoluciones inglesas


DEFINICIONES UTILIZADAS EN EL PRIMER TEMA DE 1º DE BACHILLERATO. EN ESTA UNIDAD DIDÁCTICA SE ABORDA LA EXPLICACIÓN DE LOS ASPECTOS POLÍTICOS, ECONÓMICOS Y SOCIALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN, ASÍ COMO LAS CAUSAS DE SU DESAPARICIÓN EN INGLATERRA.

Absolutismo: forma de gobierno propia de la Edad Moderna por la cual el rey ostentaba todo el poder: hacía las leyes, era el principio de toda justicia –aunque delegaba en tribunales-, era la máxima autoridad administrativa, decidía sobre los gastos, y los impuestos se recaudaban en su nombre. Su condición de soberano absoluto era justificada por las teorías que lo consideraban la encarnación del Estado, así como por la voluntad divina.

Antiguo Régimen: sistema político, económico y social que, partiendo de las estructuras medievales, terminó por configurarse durante la Edad Moderna. Entre sus características cabe destacar el poder absoluto de los monarcas, la desigualdad social basada en los estamentos, una economía predominantemente agraria y de subsistencia y un escaso crecimiento vegetativo de la población.

Bill of Rights (Declaración de Derechos): documento que, como consecuencia de la Revolución Gloriosa de 1688 en Inglaterra, recortaba los poderes del rey, garantizaba las elecciones libres y otorgaba amplios poderes al Parlamento.

Derechos civiles: libertades y prerrogativas sociales inherentes a los ciudadanos de los sistemas democráticos. Algunos de sus mayores exponentes se encuentran en las declaraciones de derechos aprobadas por los regímenes liberarles desde finales del siglo XVII y, especialmente, en el XVIII y el XIX.

Despotismo ilustrado: nombre que recibieron algunos regímenes políticos europeos de finales del siglo XVIII en los que se combinaba el mantenimiento del poder absoluto de los monarcas con una voluntad reformadora de la economía y la sociedad. Este último elemento tenía su principal manifestación en la presencia de ministros ilustrados en los gobiernos.

División de poderes: planteamiento político que defendía la separación de las atribuciones del Estado en distintas instituciones, de tal modo que unas sirvieran como contrapeso de las otras. Esta idea se popularizó en Europa con la publicación de “El Espíritu de las Leyes”, de Montesquieu. Sin embargo, hemos de buscar su origen en las teorías inglesas del XVII, y más en concreto en James Harrington y John Locke.

Estado: conjunto de instituciones políticas, jurídicas y administrativas que tienen jurisdicción sobre toda la población de un territorio limitado por fronteras. Surgió a comienzos de la Edad Moderna como consecuencia de la concentración de poderes en manos de los monarcas, y condujo a la formación del absolutismo a partir del siglo XVI.

Fisiocracia: doctrina económica del siglo XVIII que defendía la primacía de la actividad agraria y de la propiedad de la tierra sobre cualquier otra actividad económica. Su principal representante fue el francés François Quesnay.

Gremio: organizaciones que agrupaban a trabajadores de un mismo oficio con el fin de acordar los precios, salarios y cantidad de producción. Los artesanos se dividían según sus conocimiento en maestros, oficiales y aprendices.

Ilustración: movimiento intelectual que se originó en Francia durante el siglo XVIII. Sus principios ideológicos eran la confianza en la razón como fuente de conocimiento y en el progreso ilimitado del ser humano, el ideal reformista y el espíritu crítico. Uno de sus principales canales de difusión fue la Enciclopedia, dirigida por Diderot y D`Alambert.

Liberalismo: sistema filosófico, económico y político opuesto al despotismo y defensor de las libertades civiles. Constituyó la corriente en la que se fundamentan tanto el Estado de derecho como la democracia representativa y la división de poderes.

Motines de subsistencia: formas de conflictividad social típicas del Antiguo Régimen, pero que persistieron en algunos lugares de Europa hasta bien entrado el siglo XIX. Solían estar relacionados con el alza de los precios de los productos de primera necesidad.

Parlamentarismo: sistema de organización política basado en la existencia de una asamblea que asume el control política del gobierno y la función legislativa del mismo.

Privilegio: ventaja, gracia o prerrogativa especial de la que goza una persona. En el Antiguo Régimen había dos estamentos cuyos miembros tenían privilegios: la nobleza y el clero.

República: forma de organización del Estado en la que el cargo de jefe del Estado no es hereditario ni vitalicio, sino resultado de una elección directa o indirecta de los ciudadanos. La duración del mandatos presidencial, sus funciones y poderes vienen determinados por la Constitución.

Revolución: cambio rápido, profundo y, en ocasiones, violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de un país.

Señorío: modelo de posesión de la tierra y del poder político en el sistema feudal. Había dos tipos de señoríos: los jurisdiccionales y los territoriales. Durante la Edad Moderna fueron desapareciendo progresivamente los primeros, pero permanecieron los de tipo territorial.

Comenta las ideas fundamentales de la Ilustración y define el concepto de despotismo ilustrado


TRIGÉSIMO SEGUNDO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

La Ilustración fue una nueva corriente de pensamiento caracterizada por la utilización de la razón para la comprensión de la realidad. Careció de una teoría sistemática y sus ideas procedían de diversos autores: Locke, Montesquieu, Voltaire y Rousseau entre otros. De entre sus características, cabe destacar las siguientes: confianza en la razón, autonomía del poder político, fe en el progreso, tolerancia religiosa, interés por las actividades productivas y valoración de la educación para el logro de la felicidad.

Por su parte, la corriente política que conocemos como despotismo ilustrado trató conciliar el absolutismo monárquico con el espíritu reformador de la Ilustración. Esta teoría del poder, que se impuso en buena parte de Europa durante el siglo XVIII, se fundamentaba en tres principios. En primer lugar, supuso una reafirmación del poder absoluto de la Monarquía; es decir, no se pusieron en cuestión las bases del absolutismo de la centuria anterior. En segundo término, se planteó el ideal del “rey filósofo”, un monarca que, asistido por las minorías ilustradas, estaba en condiciones de impulsar reformas racionales necesarias para el conjunto de la sociedad con el fin de progresar y otorgar la felicidad al pueblo. El tercer elemento a destacar se refiere, precisamente, al pueblo. Este era considerado como objeto, nunca como sujeto de su propia historia, según la conocida expresión: «Todo para el pueblo pero sin el pueblo».

La ideología liberal y el nacionalismo


Después de la derrota de Napoleón en 1815, las potencias absolutistas pretendieron restaurar en Europa el sistema anterior a la Revolución Francesa. El símbolo de esa política fue, sin lugar a dudas, el Congreso de Viena. Ahora bien, tanto los liberales como buena parte de los defensores de la ideología nacionalista se opusieron a esas medidas, protagonizando las oleadas revolucionarias de 1820, 1830 y 1848. En este vídeo se explican los principales rasgos del liberalismo y del nacionalismo. A esa clase hemos de añadir seis más: el Congreso de Viena y la Restauración, las las oleadas revolucionarias, el origen del nacionalismo italiano, su proceso de unificación, la situación de Alemania a mediados del  XIX y su constitución como estado. Además, teniendo en cuenta la coincidencia cronológica, se incluyen también varios vídeos sobre la independencia de Hispanoamérica: las causas del proceso, los movimientos precursores, las primeras insurrecciones y la emancipación definitiva.

 

El gobierno en David Hume


En el siglo XVIII, especialmente durante la segunda mitad, Escocia se convirtió en el escenario de un importante desarrollo intelectual. Los miembros de la Ilustración Escocesa -Adam Smith, John Millar, David Hume, Adam Ferguson…- se centraron en el estudio de la filosofía moral y política, la ciencia económica y las ciencias naturales.

Como veremos en el caso concreto de David Hume, a la hora de estudiar la sociedad y el gobierno político, estos autores parten de bases distintas a las planteadas por John Locke en sus Dos tratados sobre le Gobierno Civil. A su vez, centraron buena parte de sus estudios en el análisis del comercio y las instituciones políticas adecuadas para el buen funcionamiento de la economía.

La teoría de los sentimientos

Partiendo de los sentimientos (passions) de placer y displacer, David Hume analiza el comportamiento de los hombres y describe la naturaleza humana. Por tanto, su teoría de los sentimientos está en la base de sus ideas políticas.

Para Hume la razón está sometida a los sentimientos, que son los que guían la conducta humana. De esta manera, su única función es la de controlar e iluminar las consecuencias de los actos inspirados por el placer y el displacer.

La incapacidad del ser humano para satisfacer las necesidades inspiradas por sus sentimientos constituye el fundamento de la sociedad. La falta de medios y la consciencia de la propia debilidad llevan a que los hombres formen comunidades capaces de cubrir esas carencias.

En definitiva, para David Hume el origen de la sociedad no está en sentimientos altruistas, sino en la satisfacción de las necesidades egoístas de sus miembros. El Estado ha de tener como principal objetivo esa tarea, midiéndose su eficacia y sus límites en función de ese criterio.

EL fin del poder político

David Hume considera que el contrato social enunciado por Locke es una ficción. Para él no existe estado de naturaleza, sino que el ser humano nace en sociedad. Por tanto, tampoco tiene sentido hablar de un contrato como mecanismo explicativo del poder político.

El Estado tiene legitimidad en tanto que es útil y necesario para los individuos. Únicamente si se cumple esa condición se someterán estos al gobierno.

A su vez, mientras vela por ese interés común, el gobernante ha de respetar la libertad individual de cada uno de los ciudadanos y la igualdad entre ellos. Es decir, ha de ser neutral ante los diversos intereses particulares.

David Hume sostenía que el desarrollo económico de la sociedad era consecuencia directa del buen gobierno. De ahí que, dentro de su teoría política, una de las principales tareas del Estado sea crear las condiciones necesarias para que la economía crezca.

La importancia de las instituciones

Aunque, a diferencia de Locke o Montesquieu, David Hume no llega a enunciar ninguna separación concreta de poderes, en su teoría política se aprecia cierta tendencia hacia ese fin. Para el pensador escocés, el poder ha de estar institucionalizado, de tal modo que las propias instituciones del Estado se equilibren y contrapesen.

En definitiva, para Hume la importancia de las instituciones radica en evitar la arbitrariedad a la hora de ejercer el poder y aplicar las leyes. La primacía de unas normas claras y aplicadas con rigor, igualdad y justicia es una de las claves del pensamiento de este autor y de la ilustración escocesa en su conjunto.

La Enciclopedia francesa y sus principales autores


Con el objetivo de dar a conocer al gran público los postulados de la Ilustración francesa, Denis Diderot y Jean le Rond d`Alembert publicaron la Enciclopedia. Este trabajo salió a la luz en diecisiete volúmenes entre los años 1751 y 1772.

Sin embargo, los promotores de este proyecto no sólo pretendían difundir las ideas ilustradas. El fin de la obra era también, como bien indicaba d`Alembert en el Discurso preliminar, recoger el conjunto de los conocimientos humanos.

Bases ideológicas

Podemos resumir los principios de la Enciclopedia en tres ideas básicas. La primera de ellas es la reivindicación de la libertad de investigación, expresión, pensamiento y religión. En todos estos aspectos, pero especialmente en el último de ellos, se aprecia notablemente la influencia de las ideas de John Locke.

En segundo lugar, los enciclopedistas rechazan toda forma de superstición. A mediados del siglo XVIII estas creencias estaban todavía muy extendidas por Francia y, en ocasiones, se entrelazaban con las ideas religiosas. La religión, salvo en esos aspectos que hemos señalado, no es considerada superstición por los autores de la Enciclopedia. No obstante, exigen a los creyentes una mayor racionalización de sus ideas religiosas.

Por último, los enciclopedistas se muestran confiados en el progreso de la humanidad.

Al respecto hemos de añadir que esa esperanza de avances ilimitados se prolongo durante casi dos siglos. Sólo la I Guerra Mundial (1914-1918) comenzó a despertar al mundo occidental de su sueño de progreso.

El pensamiento de Denis Diderot

Antes de entrar a valorar el trabajo de algunos de los principales colaboradores de la Enciclopedia, conviene analizar brevemente el pensamiento de uno de sus promotores: Denis Diderot.

En primer lugar, entiende que la propiedad privada es, no sólo fuente de riqueza, sino base y origen del Estado. Este ha de estar gobernado por una monarquía moderada. Es decir, que la teoría política de Diderot se estructura en torno a la figura de un rey no despótico y con poderes limitados.

La limitación a los poderes del rey se confía, tal como indicaba Montesquieu en El espíritu de las leyes, a una cámara de representantes.

No obstante, este sistema representativo no era concebido por Diderot como un parlamento liberal, sino estamental. Es decir, que sus miembros eran elegidos por los distintos estamentos -nobleza, clero y estado llano-, a los que se encargaban de representar.

La colaboración de los fisiócratas

En el siglo XVIII, en paralelo a la Enciclopedia y en colaboración con ella, surgió en Francia la escuela económica de los fisiócratas, promovida por Anne Robert Jacques Turgot, François Quesnay y Pierre Samuel du Pont de Nemours.

El pensamiento económico de estos personajes se basaba en tres postulados:

  • La reivindicación de la libertad económica.
  • La crítica a los gremios y a las aduanas.
  • La defensa de la tierra como principal factor económico.

Estas ideas que, fueron recogidas en varios de los artículos de la Enciclopedia, nos recuerdan a los planteamientos económicos de la ilustración escocesa. Encontramos ideas similares a las expuestas por Adam Smith, David Ricardo o T. R. Malthus. Sin embargo, la gran diferencia entre ambas escuelas radica en el factor que sitúan como origen de la riqueza.

Para los fisiócratas este será la tierra, mientras que Adam Smith sostendrá que es el trabajo.

La figura de Voltaire

Quizás Voltaire sea el enciclopedista más conocido y, sin duda, el más admirado por los revolucionarios franceses de finales del siglo XVIII. En sus escritos, este ilustrado francés se defiende la libertad individual, que considera el valor más preciado del ser humano.

Para Voltaire, esta se ha de manifestar de cuatro formas.

  • Como libertad de expresión.
  • Como libertad de creencias.
  • Como libertad de comercio y de propiedad.
A su vez, sitúa a los monarcas ilustrados como garantes de este valor y como impulsores del nuevo orden promovido por la Enciclopedia.

Montesquieu y la división de poderes


El desarrollo teórico del barón de Montesquieu en El espíritu de las leyes (1748) se sustenta sobre dos columnas: la crítica al sistema despótico, y el análisis de las condiciones necesarias para que el individuo pueda desarrollar su libertad política.

De esta manera, a partir de una clasificación de los distintos tipos de gobierno, el autor francés elabora un sistema de división de poderes orientado a garantizar la defensa de la libertad del individuo ante las acciones y pretensiones del poder.

A su vez, el pensamiento de Montesquieu no se detiene en el ámbito político, como en su día hizo Locke al enunciar sus tres poderes, sino que busca también un equilibrio social. Ese componente sociológico, tan ignorado en numerosas ocasiones, es, ciertamente, la gran aportación de este pensador.

Los tres tipos de sociedades

Montesquieu inicia su desarrollo teórico siguiendo el modelo de otros filósofos anteriores. Al igual que Platón, Aristóteles o Santo Tomás, establece una clasificación tripartita de los tipos de organización política: republicana, monárquica y despótica.

La distinción entre cada una de ellas se basa en dos rasgos: la naturaleza del régimen -quién detenta el poder-, y su principio -cuáles son los fines con los que se gobierna. A partir de ahí establece una división entre los gobiernos moderados, en los que existen leyes fijas y seguridad, y el despotismo, donde la ley es el capricho de un gobernante que se sirve del miedo para mantener el poder.

La búsqueda de contrapesos

Montesquieu descarta el despotismo al considerar que limita la libertad individual. Aconseja, por tanto, el establecimiento de gobiernos moderados: república y monarquía.

De entre estos dos, considera superior al republicanismo, pues se rige por el principio de la virtud cívica, mientras que la monarquía tiende a establecer desigualdades. Sin embargo, entiende que los tiempos modernos, con los grandes estados que se han venido formando desde finales del siglo XV, no son los adecuados para el modelo republicano.

En El espíritu de las leyes acabará decantándose, pues, por el régimen monárquico.

Ahora bien, por mucho que catalogue a la monarquía como un gobierno moderado, Montesquieu es consciente de que el poder puede caer en el despotismo, arrastrando consigo la libertad política. De esta manera, tomando el modelo británico de finales del XVII, recomendará el establecimiento de la división de poderes como garantía del individuo ante el gobierno.

La división de poderes

Montesquieu se fijará en el pensamiento político británico, especialmente las obras de Harrington y John Locke, como modelo para su sistema de separación de poderes.

De ellos tomará la idea de una triple división, así como la primacía del legislativo. No obstante, en el Espíritu de las leyes se sustituye el poder federativo por el judicial.

El sistema de contrapesos de Montesquieu no busca únicamente evitar que una persona acumule todos los poderes. No se trata de hacer parcelas, departamentos estancos, con las distintas potestades, sino que cada una de ellas se encuentre, a su vez, bajo la atenta mirada de las otras.

Así, el ejecutivo puede vetar determinadas leyes aprobadas por el legislativo, y este, a su vez, ejerce una función de control sobre el gobierno. Por último, en determinados casos, el legislativo puede suplantar al judicial como tribunal de justicia.

El equilibrio social

La gran aportación de Montesquieu al pensamiento político no es, como suele entenderse, la división de poderes. Esta ya existía desde un siglo antes en los escritos de varios teóricos británicos, y se venía aplicando en Inglaterra desde finales del XVII.

El mérito de El espíritu de las leyes es de carácter sociológico: la búsqueda del equilibrio social a partir de la división de poderes.

De esta manera, Montesquieu relaciona el poder judicial a un estado o profesión determinada, el ejecutivo a la monarquía, y el legislativo a la nobleza, representada en la cámara alta, y al tercer estado, en el caso de la cámara baja. Este modelo, por tanto, permitía a todas las fuerzas sociales participar en el gobierno del estado, evitando así el enfrentamiento entre ellas por el poder.

La libertad política en John Locke


John Locke (1632-1704) puede ser considerado con toda justicia como el primer sistematizador del pensamiento liberal. Sus ideas, surgidas en un contexto revolucionario, han influido notablemente en el desarrollo político de Inglaterra, pero también del resto del mundo.

Este autor es un antecedente claro de muchos de los planteamientos políticos de la Ilustración y, por ende, de las revoluciones de finales del XVIII y principios del XIX. No obstante, como descubriremos a lo largo de los siguientes párrafos, la obra de Locke no se entiende sin las circunstancias históricas en las que le tocó vivir.

El liberalismo británico

La ideología liberal nació en Inglaterra a mediados del siglo XVII. Su manifestación más temprana fue la controversia entre el Parlamento y el rey Carlos I Estuardo, que acabó derivando en una guerra civil y en la ejecución pública del monarca.

Tras casi veinte años de republicanismo, en los que las ideas liberales se fueron asentando en el país, se produjo la restauración monárquica en la figura de Jacobo II Estuardo.

Los intentos del nuevo rey por recuperar en su plenitud los antiguos privilegios de la Corona llevaron a un nuevo levantamiento liberal: la revolución gloriosa de 1688. En estos acontecimientos un hombre, John Locke, aparece como ideólogo del nuevo planteamiento político. De tal modo que, puede ser considerado el padre del liberalismo.

El partido de los «levellers»

Un grupúsculo dentro del Parlamento de 1640 aparece como antecedente más claro del pensamiento de John Locke. Los levellers, que en su traducción al castellano se conocen como los «niveladores», formularon los primeros argumentos en contra de la monarquía absoluta y las desigualdades sociales.

Este grupo de pequeños propietarios, que en su momento formaron parte del ejército de Oliver Cromwell, se organizaron como partido en 1646. Desde ese momento aparecen como opositores al dictador, cuya política les había defraudado.

Una de las ideas básicas del liberalismo político, la defensa de la sociedad como un conjunto de personas libres que comparten los mismos derechos fundamentales, surgió en el seno de este grupo. Además, los levellers sostenían que la persona o grupo de personas que detentaban el poder debían contar con el consentimiento de los gobernados, ante los que tenía la obligación de rendir cuentas. Por tanto, el gobierno no podía ser absoluto de ninguna manera.

Como garantía de la salvaguarda de los derechos individuales, debía tener poderes limitados. A su vez, los levellers defendían la plena libertad de expresión, religión, asociación y comercio.

El origen de la sociedad

El pensamiento político de John Locke se recoge fundamentalmente en sus Dos tratados sobre el Gobierno Civil (1689). En esta obra trata de descubrir el origen de la sociedad, así como el fin para el que fue constituida.

En cuanto al origen, el autor inglés parte del estado de naturaleza, donde los hombres son plenamente libres, pero también susceptibles de sufrir la agresión de los demás sobre su persona y sus propiedades.

Por esa razón, el ser humano abandona esa situación para construir la sociedad. Al incorporarse a ella renuncia a todo el poder sobre los demás, que pasa a ser competencia exclusiva de la autoridad pública, recibiendo, como contraprestación la garantía de que su integridad física y sus propiedades serán respetadas.

Por tanto, mediante un supuesto contrato social, el ser humano abandona el estado de naturaleza para garantizar su seguridad y la de sus pertenencias, cediendo parte de su libertad al estado. Sin embargo, esa cesión afecta única y exclusivamente a la potestad que la persona tiene sobre sus iguales, a la posibilidad de aplicar él mismo la justicia. Esta, así como el poder coercitivo, pasan a depender del soberano.

Los límites del poder político

Una vez explicado el origen de la sociedad, John Locke se plantea la manera de evitar que el depositario del poder cedido abuse de sus competencias. Busca establecer, por tanto, los límites del poder, que permitan al individuo mantener su parcela de autonomía y libertad.

De esta manera, tal como había enunciado anteriormente Harrington en Oceana (1656), y como haría Montesquieu en El espíritu de las Leyes (1748), establece un sistema de separación de poderes. Esta división permite construir un sistema de contrapesos mediante el que ninguna persona o institución acumula todo el poder.

Además, los distintos poderes están sometidos a un control y dependencia entre ellos, de tal manera que la labor de uno es supervisada por los otros. John Locke distingue tres órganos de poder: legislativo -encargado de la elaboración y aprobación de las leyes-, ejecutivo -con competencias en justicia y gobierno interior- y el federativo -responsable de la política exterior.

La tolerancia religiosa como manifestación de libertad

Durante esos convulsos años John Locke abordó otra de las grandes polémicas de la época: la libertad religiosa. En 1667 su Ensayo sobre la tolerancia, donde defendía el derecho de los puritanos a vivir libremente sus creencias sin ser molestados por las autoridades públicas, de orientación anglicana.

Los argumentos de esta primera obra fueron completados y puestos al día en Cartas sobre la tolerancia (1689).

En esta ocasión, en lugar de hacer uso de argumentos económicos -la pérdida de riqueza que suponía la emigración de los puritanos con todas sus propiedades y negocios-, el autor se centra en aspectos políticos. De esta manera, establecía los dos únicos motivos por los que a una persona se le podía negar la libertad religiosa: el perjuicio de los derechos de otro individuo y el atentado contra la existencia misma del Estado.

La crisis del Antiguo Régimen


El proceso de cambios políticos, económicos, sociales y culturales que sufrieron los estados europeos como consecuencia de las revoluciones de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, se conoce comúnmente como la crisis del Antiguo Régimen.

Si bien este fenómeno tuvo momentos puntuales que podríamos señalar como culminantes, se suele afirmar que se trató de un proceso largo. De esta manera, algunos autores llegan a defender que sus primeras manifestaciones tuvieron lugar con las revoluciones inglesas del siglo XVII, siendo sus últimos coletazos las oleadas revolucionarias de 1820, 1830 y 1848.

El tránsito al nuevo orden

Las consecuencias de esta crisis, que no es más que el paso de un modelo de organización caduco a otro más acorde con los nuevos tiempos, fueron las siguientes:

  • Desde el punto de vista político, el paso de un régimen absolutista a otro de corte liberal.
  • En economía, el tránsito de una economía agraria y gremial a otra de tipo capitalista.
  • En el ámbito de la sociedad, la desaparición de los estamentos -nobleza, clero y estado llano-, con los privilegios y las desigualdades que suponían, y su sustitución por una sociedad organizada en clases.

Estas transformaciones se llevaron a cabo mediante una serie de acontecimientos históricos que van desde la independencia de los EE.UU. en 1776, a la «primavera de los pueblos» (1848). No obstante, como ya indicamos anteriormente, algunos teóricos de la cuestión llevan los inicios del proceso a sucesos anteriores: las revoluciones inglesas del siglo XVII.

Al margen de que se consideren los hechos acaecidos en Inglaterra como parte del proceso o como antecedentes del mismo, este incluye revoluciones de muy diverso orden. De esta manera, a las de corte liberal -1776, 1789, 1820 y 1830-, hemos de añadir una de marcado carácter democrático, la de 1848. A su vez, en medio de los cambios políticos, se llevaron a cabo también transformaciones en la economía. La principal manifestación de eso fue, sin duda, la revolución industrial.

Antecedentes de la crisis

Dos acontecimientos históricos contribuyeron de manera casi decisiva a la puesta en cuestión de la crisis del Antiguo Régimen. El primero de ellos tuvo lugar en Inglaterra por medio de dos revoluciones de talante liberal: la de 1640 y la de 1688. El segundo fue la Guerra de los Siete Años (1756-1763), y más en concreto su episodio norteamericano.

La revolución inglesa de 1640 fue el escenario de la primera ejecución de un soberano absoluto: el rey Carlos I Estuardo. Tras la decapitación del monarca, el Parlamento proclamó la República, que fue dirigida con brazo de hierro, durante casi veinte años, por Oliver Cromwell.

En el seno de la nueva realidad revolucionaria surgieron tres fenómenos que contribuyeron notablemente a socavar las bases del Antiguo Régimen.

El primero de ellos fue la puesta en duda de la soberanía absoluta del rey, que se manifestó tanto en las exigencias del Parlamento -su gran rival- como en la definitiva ejecución de Carlos I. El segundo fue la aparición de los levellers, un grupo político que manifestó un rechazo radical a cualquier forma de desigualdad. Por último, hemos de hacer referencia a la lucha por la tolerancia religiosa, de la que eran abanderados los puritanos y sus simpatizantes.

La revolución inglesa de 1688 no hizo más que confirmar las conquistas alcanzadas en la década de 1640. Estas se estaban viendo amenazadas por el rey Jacobo II tras la restauración de los Estuardo en el trono. Los revolucionarios ingleses expulsaron al monarca y elevaron al trono a Guillermo de Orange, que consintió en aceptar la supremacía del Parlamento. Tras más de cuarenta años de enfrentamientos, en Inglaterra se asentaba definitivamente un régimen liberal.

La Guerra de los Siete Años sembró la semilla para la independencia de trece de las colonias británicas. Los ingleses habían derrotado en América a los franceses, pero el coste había sido grande.

De esta manera, el intento de sacar de los propios territorios norteamericanos la contraprestación a tal esfuerzo, generó un gran descontento entre los colonos. Estos, después de muchas deliberaciones, y de no pocas torpezas por parte de la diplomacia británica, iniciaron el camino hacia su emancipación.

A su vez, la derrota de los franceses y la posterior crisis económica de la hacienda de aquel país, sentó las bases para la Revolución Francesa de 1789.

Los restantes factores de la crisis

En el campo de la economía cabe destacar la aparición de dos fenómenos: la aparición de la protoindustria y la revolución agraria. Ambos elementos, consecuencias claras de un cambio en el planteamiento económico, contribuyeron notablemente al posterior desarrollo de la revolución industrial.

Dentro del ámbito ideológico, hemos de referirnos a dos núcleos de pensamiento: el británico y el francés. Al respecto, se hace necesario afirmar que ambos estuvieron en constante conexión y se influenciaron mutuamente.

En Gran Bretaña, por el carácter novedoso de sus ideas, hemos de mencionar a John Locke y Adam Smith. El primero de ellos, en tanto que defensor de la libertad política y de la separación de poderes, puede ser considerado como el padre del liberalismo político. El segundo, con sus leyes de la economía, fue el padre del liberalismo económico.

En Francia, desde mediados del siglo XVIII, empezaron a hacerse populares las ideas políticas, económicas y sociales de personajes como Montesquieu, Rousseau, Voltaire y Diderot, entre otros. Las ideas de estos intelectuales, en un contexto de crisis que exigía cambios radicales, empujaron al mundo occidental a un cambio radical que acabó por enterrar para siempre el Antiguo Régimen.