Comenta las ideas fundamentales de la Ilustración y define el concepto de despotismo ilustrado


TRIGÉSIMO SEGUNDO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

La Ilustración fue una nueva corriente de pensamiento caracterizada por la utilización de la razón para la comprensión de la realidad. Careció de una teoría sistemática y sus ideas procedían de diversos autores: Locke, Montesquieu, Voltaire y Rousseau entre otros. De entre sus características, cabe destacar las siguientes: confianza en la razón, autonomía del poder político, fe en el progreso, tolerancia religiosa, interés por las actividades productivas y valoración de la educación para el logro de la felicidad.

Por su parte, la corriente política que conocemos como despotismo ilustrado trató conciliar el absolutismo monárquico con el espíritu reformador de la Ilustración. Esta teoría del poder, que se impuso en buena parte de Europa durante el siglo XVIII, se fundamentaba en tres principios. En primer lugar, supuso una reafirmación del poder absoluto de la Monarquía; es decir, no se pusieron en cuestión las bases del absolutismo de la centuria anterior. En segundo término, se planteó el ideal del “rey filósofo”, un monarca que, asistido por las minorías ilustradas, estaba en condiciones de impulsar reformas racionales necesarias para el conjunto de la sociedad con el fin de progresar y otorgar la felicidad al pueblo. El tercer elemento a destacar se refiere, precisamente, al pueblo. Este era considerado como objeto, nunca como sujeto de su propia historia, según la conocida expresión: «Todo para el pueblo pero sin el pueblo».

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Discurso a los europeos


Discurso a los europeos es un resumen del pensamiento de Robert Schuman acerca del proceso de integración europeo. En estos ocho artículos, donde predomina la cita textual correspondiente a locuciones del «padre de Europa», encontramos cuestiones ya solucionadas, pero también otras a las que los dirigentes y el propio pueblo europeo han de dar respuesta.

Claves de la nueva Europa
Hacer Europa
Una vía nueva
Las raíces cristianas de Europa
La cuestión alemana

¿Una federación de Estados europeos? I
¿Una federación de Estados europeos? II
¿Hasta dónde llega Europa?

Heroísmo III

Nuestra era del reclamo no conoce esa restricción de los medios. El reclamo sobrecarga toda idea con tantas sugestiones como pueda soportar. Impone sus lemas al público, como verdades dogmáticas, colmadas de todos los sentimientos posibles de aversión y sublimación. El que tiene un lema que manejar -aunque sea sólo un término político, como racismo, bolchevismo, etc.- tiene un palo para pegar al perro. La publicidad política vende al por mayor palos para pegar a perros, y excita en sus clientes un estado de delirio, que les hace ver perros en todas partes.

El heroísmo de las camisas coloreadas y los saludos con la mano en alto no significa en realidad mucho más que un primitivo refuerzo del sentimiento colectivo. Ese conjunto de «nosotros y los nuestros», que se llama partido, ha monopolizado el supremo heroísmo, y lo otorga a quien le sirve. Mirados desde el punto de vista sociológico, tales refuerzos del sentimiento colectivo -sentimiento del «nosotros»- son de trascendental importancia.

Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, p. 151

Heroísmo II

Nietzsche, que fue discípulo de Burckhardt, ha desarrollado sus ideas acerca del supremo valor humano, tomando como punto de partida complicaciones espirituales muy diferentes de las que conociera el espíritu tranquilamente contemplativo de su maestro. Sobre la absoluta desesperación del valor de la vida, Nietzsche llega a proclamar su ideal de héroe. Encumbra a éste en una esfera, en donde el espíritu ha dejado muy atrás todo lo que se llama orden del Estado y convivencia social. Es una idea del profeta fantástico, buena para poetas y sabios, no para políticos y ministros.

Hay algo trágico en el hecho de que la degeneración del ideal heroico haya tenido su punto de partida en el éxito superficial que gozó la filosofía de Nietzsche cuando, hacia 1890, penetró en amplios círculos. La idea del poeta filósofo, nacida de la desesperación, se extravió en la calle, antes de haber pasado por los vestíbulos del puro pensamiento. El estúpido ambiente que reinó a fines del siglo hablaba del superhombre como si se tratará de su hermano mayor. Esta vulgarización prematura del pensamiento de Nietzsche ha sido sin duda la que ha iniciado este modo de pensar que ahora eleva el heroísmo a la categoría de lema y programa.

Con todo ello ha sufrido el concepto de héroe una inversión increíble, que le roba su sentido más profundo. El galardón de héroe, aún cuando la retórica lo haya otorgado a veces a personas vivas, ha permanecido en realidad siempre reservado a los muertos; como el de santo. Era el premio que la gratitud de los vivos concedía a los muertos. Los hombres no partían a la guerra para ser héroes, sino para cumplir con su deber.

Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, p. 148

Heroísmo

Los partidos políticos de hoy apelan a todas las ideas fuertes y a los nobles instintos de que dan fe Trafalgar y las Termópilas: disciplina, obediencia, sacrificio. Pero no les basta ya el vocablo deber. Enarbolan la bandera del heroísmo. «El principio del fascismo es heroísmo; el de la burguesía es egoísmo». Eso decían los carteles electorales que cubrían las paredes en Italia durante la primavera de 1934. Es sencillo y elocuente como una proporción algebraica. Es cosa hecha y artículo de fe.

Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, p. 141

Puerilismo IV

Desde luego no comprendemos el deporte moderno entre las mencionadas aficiones y juegos de sociedad. Es cierto que el ejercicio físico, la caz, los certámenes son, por excelencia, funciones de juventud en las sociedades humanas; pero aquí se trata de una juventud saludable y salvadora. Sin certámenes no hay cultura. El hecho de que nuestro tiempo haya encontrado en el deporte y sus certámenes una nueva forma internacional de satisfacer las antiguas grandes necesidades agonales, es quizá uno de los elementos que más puedan contribuir a conservar la cultura. El deporte moderno es en gran parte un regalo hecho por Inglaterra al mundo; regalo que el mundo ha llegado a manejar bastante mejor que otro regalo, también de Inglaterra, que es la forma de gobierno parlamentaria y la administración de la justicia realizada por tribunales de jurados. El nuevo culto a la fuerza corporal, la destreza y el valor, para las mujeres y los hombres, tiene en sí mismo indudablemente considerable importancia como factor positivo de cultura. El deporte crea fuerza vital, afán de vivir, orden y armonía, todas cosas sumamente valiosas para la cultura.

Y, sin embargo, también en la vida de los deportes se ha insinuado el puerilismo actual de varias maneras. Surge el puerilismo cuando el certamen toma formas que reprimen por completo el interés en los espiritual, como sucede en algunas universidades americanas. Insinúase cautelosamente en la organización excesiva de la vida deportiva misma y en la importancia exagerada que va tomando la rúbrica de deportes en los periódicos y revistas y que muchos consideran como su alimento espiritual. Se muestra de forma elocuentísima allí donde la buena fe del certamen tropieza con las pasiones nacionales u otras.

Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, p. 157

Puerilismo III

Queda por averiguar hasta qué punto el puerilismo está relacionado con este otro rasgo de la vida moderna: el culto a la juventud. El puerilismo no conoce de edades; lo mismo ataca a los viejos que a los jóvenes. El culto a la juventud, que al pronto parece síntoma de fuerza freca, puede ser también considerado como síntoma de senilidad, como abdicación en favor de un heredero menor de edad. La mayoría de las culturas florecientes han amado la juventud y la han reverenciado; pero no la han mimado ni festejado, y siempre han exigido de ella obediencia y respeto para con los mayores. Esos movimientos -ya desaparecidos- que se llamaron futurismo, eran típicamente decadentes y pueriles; pero no se puede decir que de ello tuviera la culpa la juventud.

Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, p. 165

Puerilismo II

Señalemos de paso ese espíritu de parada y desfile militar que se ha apoderado del mundo. Las naciones movilizan cientos y miles de hombres; no hay plaza que sea bastante grande para contener el país entero, formado en filas, como soldaditos de plomo. Y el espectador extranjero no puede eludir la sugestión. Esto parece grandeza, parece poder; es una niñería. Una forma vana crea la ilusión de un fin valioso. Quien sepa reflexionar comprende que nada de esto tiene valor alguno. Sólo revela la proximidad en que viven el heroísmo popular de camisas coloreadas y manos en alto y el puerilismo general.

Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, p. 155

Puerilismo

Puerilismo queremos denominar la actitud de una comunidad que se conduce más puerilmente de lo que debiera consentirle el estado de su discernimiento y que, en vez de elevar al muchacho al nivel de hombre, adapta su conducta al nivel de la edad pueril. Nada tiene que ver este término con el infantilismo del psicoanálisis. Se basa en sencillas observaciones y comprobaciones histórico-culturales y sociológicas. No queremos ponerlo en relación con hipótesis psicológicas.

Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, p. 153

Perspectivas IV

Es probable que las iglesias salgan fortalecidas y purificadas de las persecuciones que están sufriendo ahora. Cabe pensar que en un período subsiguiente el sentido religioso latino, germánico, anglosajón, y eslavo se reúnan, compenetrándose mutuamente, en el fondo inquebrantable del cristianismo, en un mundo que comprenda también la rectitud del islam y las profundidades de Oriente. Pero las iglesias, como organización, sólo podrán triunfar cuando hayan purificado los corazones de los creyentes. No podrán atajar el mal con prescripciones e imposicionesde su voluntad.

Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, p. 210.