La Ilustración | El Siglo de las Luces y la Enciclopedia


En este episodio de la serie dedicada a la Historia de 4º de ESO se detallan las características del Iluminismo. Para ello centramos nuestra atención en las obras de Monstesquieu, Voltaire y Rousseau, así como en la Enciclopedia. En definitiva, este vídeo resume todo lo que debes saber sobre el Siglo de las Luces.

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ESTRUCTURA DEL VÍDEO:

  • 0:24. Las características de la Ilustración.
  • 1:48. La fe en la razón.
  • 2:09. El progreso ilimitado.
  • 2:34. El pragmatismo y la búsqueda de la felicidad.
  • 3:12. El antropocentrismo.
  • 3:37. La tolerancia.
  • 3:57. Los principales ilustrados.
  • 4:29. Montesquieu y la separación de poderes.
  • 5:48. Voltaire.
  • 6:24. Rousseau.
  • 7:07. La difusión de las ideas ilustradas.
  • 8:11. La Enciclopedia y el Iluminismo.
  • 8:45. Las características de la Enciclopedia.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia Contemporánea; Javier Paredes – Ariel.
  2. Las clases privilegiadas en el Antiguo Régimen; Antonio Domínguez Ortiz – Akal.
  3. Historia 4º de ESO – Santillana.
  4. Historia del Mundo Contemporáneo – Oxford.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

Los fundamentos de la Ilustración


Antes de iniciar nuestro repaso a la Historia del Mundo Contemporáneo, es importante conocer de dónde partimos. Por ese motivo se dedican varios vídeos al Antiguo Régimen, el sistema político, económico y social que se desarrolló durante buena parte de la Edad Moderna. En esta clase nos detenemos a explicar las ideas fundamentales del movimiento ilustrado, y su información se complementa con los vídeos sobre el Antiguo Régimen, la monarquía absoluta, los estamentos nobiliar y clerical, el estado llanola economía preindustrial, el régimen demográfico antiguo, las nuevas teoría económicas, los ilustrados y sus obras, las revoluciones inglesas del siglo XVII (primera y segunda parte) y el pensamiento político de John Locke.

Los ilustrados y sus obras


Antes de iniciar nuestro repaso a la Historia del Mundo Contemporáneo, es importante conocer de dónde partimos. Por ese motivo se dedican varios vídeos al Antiguo Régimen, el sistema político, económico y social que se desarrolló durante buena parte de la Edad Moderna. Esta clase está dedicada a la Ilustración y su difusión por Europa, y su información se complementa con los vídeos sobre el Antiguo Régimen, la monarquía absoluta, los estamentos nobiliar y clerical, el estado llanola economía preindustrial, el régimen demográfico antiguo, las nuevas teoría económicas, la Ilustración, las revoluciones inglesas del siglo XVII (primera y segunda parte) y el pensamiento político de John Locke.

 

El romanticismo dentro del mundo cultural decimonónico


La cultura de Occidente a lo largo del siglo XIX giró en torno a cuatro movimientos: la herencia ilustrada, el romanticismo, el progreso científico-técnico, y el socialismo.

Estas corrientes del pensamiento, en ocasiones contrapuestas y enfrentadas, fueron ensambladas por el liberalismo progresista a finales del XIX, dando lugar así a una cultura sustentada por un marcado optimismo antropológico –la idea de progreso sin límites esgrimida por los ilustrados- y por la conciencia de autorrealización humana originaria del romanticismo.

A su vez, cabe destacar también dentro de la cultura decimonónica la confianza en el avance científico y tecnológico -propia del positivismo-, y el rechazo activo del cristianismo heredado de la doctrina socialista.

A estas líneas maestras de la cultura occidental, hay que añadir su mayor amplitud difusiva, tanto social como territorial. Esto se vió, sin duda, muy favorecido por la extensión de la enseñanza y de la prensa, así como por el dominio europeo del mundo.

Por tanto, en pleno siglo XIX, de la mano del liberalismo, nació el movimiento cultural romántico. Ambos movimientos provenían de la Ilustración. El primero de sus excesos, manifestados en las jornadas revolucionarias francesas, y el segundo de sus principios.

Los antecedentes del Romanticismo

Si bien fueron abundantes los antecedentes del Romanticismo, podemos resaltar dos de entre ellos como influencias fundamentales: el pensamiento de Jean Jacques Rousseau y la corriente de pensamiento conocida como Sturm und Drag.

El pensamiento de Jean-Jacques Rousseau, filósofo francés de mediados del XVIII enmarcado dentro del racionalismo ilustrado, presenta numerosos rasgos que podrían ser considerados precursores del Romanticismo.

Además de resaltar el papel de los sentimientos –denostados por el racionalismo imperante-, Rousseau concebía una sociedad guiada por la voluntad general, lo cual diluía totalmente la libertad individual en la colectividad.

La corriente de pensamiento Sturm und Drag, cuyos principales representantes fueron Goethe, Schiller, Herder y Jacobi, surgió en Alemania en la década de 1770.

Encontramos dentro de su doctrina dos elementos fundamentales: la Naturaleza, no como orden –Ilustración-, sino como fuerza y vitalidad; y la figura del genio, poseedor de una fuerza creadora individual, desordenada e impulsada por el sentimiento.

Clasicismo y Romanticismo

La Ilustración había encumbrado la cultura clásica hasta el punto de imitarla en todo lo posible. El Romanticismo heredó también esa tendencia a admirar lo clásico y valerse de ello como modelos, sin embargo, los románticos entendieron esto de una manera distinta.

No se contentaron con imitar, sino que buscaron también conocer y superar a los clásicos en los referente a campos tan diversos como la literatura, la música, la arquitectura y la filosofía. Además, encontramos dentro del movimiento cultural romántico una lógica idealización de lo griego.

No obstante, la principal aportación de la cultura clásica al Romanticismo fue, sin duda, su carácter armónico y ordenado, que sirvió para templar el inicio radical de los románticos.

Rasgos generales del Romanticismo

A la hora de establecer las características del término Romanticismo encontramos serias dificultades a causa de su difuminación temporal y territorial. Sin embargo, partiendo de la base de que nos encontramos ante un fenómeno que surge como reacción al racionalismo ilustrado, podemos establecer una serie de rasgos comunes:

  • En contraposición a la abstracción propia del racionalismo, los románticos ensalzaron la realidad concreta.
  • Frente al universalismo de los ilustrados, surgió la concepción de pueblo.
  • La visión antropológica romántica ligó estrechamente al hombre con su entorno social e histórico; esto se presentó como una clara negación del individualismo.
  • Búsqueda del deseo insatisfecho, y anhelo de la libertad y la infinitud.
  • Religión basada en la relación de lo humano con lo infinito y lo eterno, y en las experiencias religiosas donde predominaba el carácter sentimental.

Friedrich Engels y el socialismo utópico


Hemos de buscar el origen de la expresión “socialismo utópico” en los escritos de Engels, quien utilizó esa denominación al referirse a una serie de propuestas socialistas surgidas en la primera mitad del siglo XIX. En Socialismo utópico y científico (1880) este autor afirma que proceden de la Ilustración.

Por tanto, recurriendo a la clasificación elaborada por Karl Mannheim, estaríamos ante utopías de tipo racionalista.

Al respecto, es interesante señalar que las utopías no siempre son reconocidas como tales por quienes las proponen, sino que suelen ser designadas así por sus adversarios. Llevando eso al campo de la lucha por el poder, los grupos que están en ascenso propugnarían utopías, mientras que los gobernantes defenderían postulados ideológicos.

En el caso concreto que nos ocupa, el fracaso de la Ilustración durante la Revolución Francesa condujo a la sustitución de la razón por la utopía. A su vez, en ese proceso de cambio, el genio individual terminó por sustituir a los grupos en ascenso. Es precisamente en ese punto donde se detiene, en primer lugar, la atención de Engels.

El segundo punto en su estudio de este tipo de socialismos es lo que denomina la “ilusión utópica”.

Es decir, la creencia de que la verdad deberá ser reconocida por el mero hecho de ser verdad, con independencia del poder y de las fuerzas históricas. De esta manera, para el defensor de la utopía cualquier momento es bueno para la revolución. No será necesario prepararla, ni siquiera estudiar las condiciones propicias para alcanzar el éxito. Bastará con esperar, pues la verdad terminará imponiéndose.

Para Engels la utopía en la teoría socialista es propia de un periodo de falta de madurez, cuya principal manifestación era la incapacidad de las clases para sustentar el programa revolucionario. De ahí el protagonismo del genio individual, así como de la confianza ciega en el triunfo de sus postulados. En definitiva, la utopía sería un fenómeno propio del estado de inmadurez.

En Socialismo utópico y científico, Engels da tres ejemplos: Saint-Simon, Fourier y Owen.

Señala que todos surgieron durante el periodo de la Restauración. Pretende confirmar así la relación que establecía al principio entre el fracaso de la Ilustración francesa y la utopía. Ahora bien, existen notables diferencias entre ellos; especialmente entre Saint-Simon y Fourier.

El primero opta por la vía racional, mientras que el segundo se guía más por ideales románticos. De esta manera, Saint-Simon defiende que el esfuerzo ha de consistir en convencer a los demás: esto ha de ser así porque la imaginación, y no la violencia, es la que llevará a la ruptura con el pasado.

Un repaso de las ideas de Fourier nos llevará a descubrir a un autor más apasionado, menos moderado en sus planteamientos.

Por ese motivo, aunque la aportación de Engels posee un indudable valor, fracasa al no lograr distinguir con precisión los matices de cada autor y las notables diferencias que los separaban.