Liberalismo y nacionalismo | El Congreso de Viena y las Oleadas Revolucionarias


Este episodio de la serie dedicada a la Historia de 4º de ESO está centrado en la lucha de los liberales y nacionalistas contra el absolutismo. El vídeo comienza con una referencia al Congreso de Viena y el sistema de la Restauración, para pasar posteriormente a desarrollar las principales características del liberalismo y el nacionalismo. Por último, se resumen las Oleadas Revolucionarias de 1820, 1830 y 1848.

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ESTRUCTURA DEL VÍDEO:

  • 0:38. El Congreso de Viena.
  • 2:28. Las nuevas fronteras de Europa.
  • 3:58. El sistema de alianzas.
  • 4:53. Las características del liberalismo.
  • 7:39. La ideología nacionalista.
  • 8:30. La oleada revolucionaria de 1820.
  • 11:13. La oleada revolucionaria de 1830.
  • 12:29. La oleada revolucionaria de 1848.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia Contemporánea; Javier Paredes – Ariel.
  2. La era de la revolución; Eric Hobsbawm – Crítica.
  3. Historia 4º de ESO – Santillana.
  4. Historia del Mundo Contemporáneo – Oxford.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

Capitalismo industrial y liberalismo económico


¿Quieres convertirte en un gran conocedor de la HISTORIA ECONÓMICA? Acompáñame en esta serie de vídeos que te llevarán a descubrir las claves del liberalismo económico y del capitalismo industrial.

ESTRUCTURA DEL VÍDEO

  • 0:22. La escuela clásica o escuela de Manchester.
  • 0:55. Adam Smith y el liberalismo económico.
  • 2:23. David Ricardo y la ley del salario natural.
  • 3:18. Malthus y la población.
  • 3:53. El sistema capitalista.
  • 5:02. Las crisis cíclicas del capitalismo.
  • 6:13. Comercio internacional: librecambismo y proteccionismo.
  • 7:09. Las Corn Laws.
  • 8:24. El acuerdo Cobden-Chevalier.
  • 10:14. La cláusula a la nación más favorecida.
  • 11:16. El comercio mundial durante el siglo XIX.

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BIBLIOGRAFÍA

  1. Los tiempos cambian; Jordi Palafox – Marcial Pons.  
  2. Historia Económica Mundial; Rondo Cameron – Alianza Editorial.
  3. Manual de historia económica mundial; Joaquín Ocampo – Trea Ciencias.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

Oposiciones Secundaria | Tema 37


¿Quieres ir bien preparado a las oposiciones de Geografía, Historia e Historia del Arte de Secundaria? Si es así, quizá te sirva el material que pongo a tu disposición. El siguiente es uno de los temas que elaboré en su momento y, aunque cada caso es distinto, al menos a mí me ayudó a sacar la plaza.

A continuación dejo como archivo adjunto un pdf con el texto del tema 37. He decidido mantener el formato de puntos que tan buen resultado me ha dado en mi estudio, pero se puede convertir fácilmente en un texto compuesto por párrafos largos. También dejo más abajo la bibliografía utilizada y, en breve, espero hacer un vídeo dedicado a esta cuestión.

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BIBLIOGRAFÍA:

  1. A. Cobban, La interpretación social de la Revolución Francesa.
  2. E. J. Hobsbawm, Las revoluciones burguesas. Europa, 1789-1848.
  3. J. Jaurès, Causas de la Revolución Francesa.
  4. G. Lefebvre, La Revolución Francesa y el Imperio.
  5. A. Mathiez, La Revolución Francesa.
  6. R. Palmer, Las revoluciones de la libertad y de la igualdad.
  7. G. Rudé, La Europa revolucionaria, 1730-1840.
  8. A. Soboul, La Revolución Francesa.

Revoluciones liberales y nacionalismos


VÍDEOS OBLIGATORIOS


Planteamiento de la independencia de los EE.UU.
El proceso de independencia de los EE.UU.
Las causas de la Revolución Francesa
Los inicios de la Revolución Francesa
La proclamación de la República y la Convención
La Convención Termidoriana y el Directorio
El 18 de Brumario y el Consulado
El Imperio Napoleónico
La Restauración y el Congreso de Viena
La ideología liberal y el nacionalismo
Las oleadas revolucionarias


VÍDEOS VOLUNTARIOS


La unificación italiana: primera parte
La unificación italiana: segunda parte
La unificación alemana: primera parte
La unificación alemana: segunda parte

La unificación alemana: segunda parte


Después de la derrota de Napoleón en 1815, las potencias absolutistas pretendieron restaurar en Europa el sistema anterior a la Revolución Francesa. El símbolo de esa política fue, sin lugar a dudas, el Congreso de Viena. Ahora bien, tanto los liberales como buena parte de los defensores de la ideología nacionalista se opusieron a esas medidas, protagonizando las oleadas revolucionarias de 1820, 1830 y 1848. En esta clase se aborda el origen del nacionalismo italiano, clave para su posterior construcción como estado unificado. La materia se complementa con otros vídeos dedicados al Congreso de Viena y la Restauración, la ideología liberal y el nacionalismolas oleadas revolucionarias, el origen del nacionalismo italiano, el proceso de unificación de Italia y la situación de Alemania a mediados del siglo XIX. Además, teniendo en cuenta la coincidencia cronológica, se incluyen también varios vídeos sobre la independencia de Hispanoamérica: las causas del proceso, los movimientos precursores, las primeras insurrecciones y la emancipación definitiva.

 

La unificación italiana: segunda parte


Después de la derrota de Napoleón en 1815, las potencias absolutistas pretendieron restaurar en Europa el sistema anterior a la Revolución Francesa. El símbolo de esa política fue, sin lugar a dudas, el Congreso de Viena. Ahora bien, tanto los liberales como buena parte de los defensores de la ideología nacionalista se opusieron a esas medidas, protagonizando las oleadas revolucionarias de 1820, 1830 y 1848. En esta clase se aborda el origen del nacionalismo italiano, clave para su posterior construcción como estado unificado. La materia se complementa con otros vídeos dedicados al Congreso de Viena y la Restauración, la ideología liberal y el nacionalismolas oleadas revolucionarias, el origen del nacionalismo italiano, la situación de Alemania a mediados del  XIX y su constitución como estado. Además, teniendo en cuenta la coincidencia cronológica, se incluyen también varios vídeos sobre la independencia de Hispanoamérica: las causas del proceso, los movimientos precursores, las primeras insurrecciones y la emancipación definitiva.

 

La expansión colonial francesa

Si hay un país que encarnaba el ambiente nacionalista e imperialista de la época, ese es Francia.

Al iniciarse la III República (1871), la presencia colonial de Francia se limitaba a enclaves pequeños y, sobre todo, dispersos. Algunas islas antillanas, parte de Guayana, Argelia, establecimientos en Senegal e Indochina, Camboya y Nueva Caledonia.

Tomando estos como punto de partida, llegaría a formar un imperio de primerísimo importancia en el contexto internacional. Para ello se conjugó la actividad de grupos colonizadores con el decidido apoyo de ciertos políticos, entre los que destaca la figura de Jules Ferry.

A partir de 1880 se puso en marcha el proyecto expansionista francés. El primer paso fue la expedición a Túnez, que acabó con la formación de un protectorado. A continuación, Ferry se propuso completar el dominio sobre Indochina, iniciado en la época de Napoleón III.
Se conquistaba Hanoi y se constituía un protectorado sobre Annam y Tonkin.

En 1888 se constituyó la Unión General Indochina, a la que en 1896 se incorporó el territorio del Alto Laos.

Es entonces, como consecuencia del avance francés, cuando Gran Bretaña se anexiona Birmania; especie de estado-tapón para defensa de sus posesiones.

También fue Jules Ferry el que dio orden de actuar sobre Madagascar, obligando a su soberano, mediante la fuerza, a aceptar el protectorado de Francia. La revuelta de 1896, de carácter nacionalista, fue la excusa aprovechada para convertir dicho protectorado en colonia. Utilizando un sistema parecido, se consiguió también la base estratégica de Djibuti, en Somalia.

Dado que el continente africano era el gran foco de interés de esos momentos, sobre él se proyectó también la ambición francesa, dando lugar a tensiones y conflictos con Gran Bretaña. A la presencia en Argelia y Túnez, se unió de manera paulatina la penetración francesa en los oasis saharianos. Mientras, por el río Senegal, se adentraban hacia el Sudán Occidental, conquistando la ciudad de Tombuctú en 1894. Dos años antes habían conquistado el reino de Dahomey, en la zona del Golfo de Guinea.

Por tanto, estaba claro que el centro del Imperio francés se estructuraba en el noroeste de África.

Para completar su dominio tan solo faltaba Marruecos, país que se mantenía independiente, aunque muy influido económicamente por Francia. Desde 1902, se inició una penetración pacífica, cuya consecuencia sería el establecimiento diez años más tarde de un protectorado compartido con España.

Trazada ya la política colonial en ese espacio africano, quedaba por unir estos territorios con los que Francia poseía en la costa del Índico. En este caso, el eje continuo de ocupación se trazaba de este a oeste del continente. En dos ocasiones a lo largo de este proceso, la rivalidad con Inglaterra por sus respectivas áreas de influencia había quedado patente.

Esa tensión saltó definitivamente en 1898.

El eje El Cairo-El Cabo de Inglaterra y el eje Este-Oeste de Francia por fuerza tenían que entrar en colisión en algún momento. En 1895, una expedición oficial dirigida por Marchand había partido del Congo, tomando posesión tres años más tarde de Fashoda, en el curso superior del Nilo.

Esta fue la primera ocasión en que Inglaterra vio seriamente amenazado su sueño imperial. El ejército colonial británico, comandado por Kitcherner, exigió a Marchand la evacuación de Fashoda. Tras un momento en que la política internacional se vio abocada a una crítica situación, Inglaterra impuso su criterio.

Al comenzar el siglo XX Francia se había convertido en una de las primeras potencias coloniales, dominando unos territorios catorce veces más extenso que la metrópoli.

Este imperio francés mantuvo unas características propias que lo personalizaban fuertemente. Francia era, dentro del continente europeo, el país donde menos se había dejado sentir la presión demográfica, debido a la temprana implantación de las normas de control. Esta situación le impedía crear colonias de poblamiento al modo británico.

Incluso los contingentes de población que se enviaron a lugares clave, como Túnez o Argelia eran relativamente pequeños. En contrapartida, la política de afrancesamiento de aquellos territorios fue importante y activa.

A través de escuelas y misiones, difundieron su lengua, cultura, religión y forma de vida, constituyendo el legado más importante del colonialismo francés. Contrariamente a lo que ocurrió en el caso de Inglaterra, para Francia su Imperio no resultó rentable, pero constituyó su mayor orgullo.

La Tercera República Francesa


Al tiempo que se desarrollaba la expansión imperialista, cada una de las potencias europeas desarrolla su propia política internacional -rivalidades, alianzas y conflictos bélicos- dentro del Viejo Continente. A esa cuestión, así como a la situación interna de esos estados, está dedicado este conjunto de vídeos. Después de la introducción, en esta clase abordaremos la situación francesa e finales del XIX. Este apartado también incluye vídeos dedicados a la Inglaterra Victoriana, el Segundo Reich Alemán, la Rusia de los zares, el Imperio Austrohúngaro y el territorio otomano. Esto se complementa con otros vídeos dedicados a potencias no europeas, como los EE.UU., Japón y China.

El origen del término «Imperialismo»


Para la mejor comprensión de este fenómeno, es preciso considerar brevemente el momento histórico de aparición del término “imperialismo”.

La tradición milenaria de “imperio” se ve ampliada a mediados del siglo XIX con nuevas dimensiones. Su primera asociación terminológica se da en Francia con los partidarios del “bonapartismo”; un régimen imperial que se reanuda con el Segundo Imperio de Napoleón III.

Las connotaciones se extienden posteriormente a los defensores del viejo imperio alemán.

La versión más precisa se produce en Gran Bretaña, hacia 1850, donde el imperialismo designa al régimen de Luis Napoleón, fundado en la “gloria nacional” y el prestigio militar.

Pasados veinte años empieza a aplicarse en la propia Gran Bretaña para señalar sus lazos con el imperio de que es titular: William Gladstone, desde el liberalismo, se opone a la política colonial de Disraeli y la descalifica como “imperialista”.

El significado del término evoluciona entre los propios liberales británicos –Salisbury y Chamberlain- y adquiere connotaciones más complejas, entendiendo que el imperio es un marco de difusión de valores superiores ligada a un humanismo genérico que lo convierte en una cosa admirable.

La unificación alemana


Alemania antes de la unificación

El antiguo I Reich i Imperio alemán, después de 1815 quedó reconstruido en una Confederación Germánica formada por 39 Estados independientes, de entre los cuales Prusia era el más poderoso.

Las bases de la unificación de sentaron en el segundo tercio del siglo XIX, precisamente en torno al reino de Prusia.

Hasta 1848 el panorama del nacionalismo alemán giraba en torno a tres grupos opuestos de Prusia y Austria:

  • El movimiento de la “Joven Alemania”, más literario que político, contaba con apoyo entre la burguesía liberal. Su influencia era limitada, y políticamente eran nacionalistas liberales o republicanos demócratas.
  • La llamada izquierda hegeliana, de tendencia liberal y crítica que dará lugar a la introducción de las ideas socialistas en Alemania durante la década de 1840. Especial mención merece al respecto la obra de Marx y Engels: El manifiesto comunista (1848). Después del fracaso de la revolución de 1848 seguirán defendiendo su ideal de una Gran Alemania unificada a través de la voluntad popular.
  • El liberalismo burgués, cuyo programa se basaba en la demanda de reformas que garantizasen su participación a través de cartas constitucionales. Tras el fracaso de las revoluciones de 1848 este grupo renovó sus aspiraciones unitarias dándoles un carácter conservador y propugnando el liderazgo de Prusia.

El hecho de crucial importancia en la unificación alemana fue la culminación en 1834, bajo la iniciativa del reino de Prusia, de la Zollverein o Unión Aduanera, que englobaba a 25 Estados alemanes.

La Unión Aduanera impulsó los intercambios comerciales al crear un mercado unificado de 26 millones de alemanes.

Promovió, a su vez, la mejora de la red de transportes y especialmente de los ferrocarriles, aspecto fundamental para la gran expansión económica de la segunda mitad de siglo. Además, ayudó decisivamente al proceso de unificación al afirmar la hegemonía de Prusia gracias a su superioridad económica, y a disminuir la influencia de Austria.

A partir de ese momento se definieron las posturas sobre la unificación, que giraban en torno a dos posiciones:

  • Los defensores de la Gran Alemania (Reformverein), que pretendían incluir en la futura unificación del Reich a todo el Imperio Austríaco.
  • Los partidarios de la Pequeña Alemania (Nationalverein), que deseaban integrar únicamente las regiones alemanas del Imperio Austríaco.

Esta última solución no era posible, al negarse Viena a romper los lazos entre los Estados del Imperio. Así como por el miedo a un enfrentamiento por la supremacía entre el rey de Prusia y el Emperador de Austria. Por esa razón, en la década de los sesenta, la política de Prusia se orientó hacia el aislamiento de Austria. De ahí su interés en evitar su entrada en el Zollverein.

En 1862 Otto von Bismarck accedió a la cancillería de Prusia. Bismarck, descendiente de la aristocracia terrateniente prusiana (junkers), era un monárquico conservador que despreciaba el liberalismo y el constitucionalismo.

Su política iba dirigida al engrandecimiento de Prusia y su idea de la nación alemana, indiferente para él, representaba sólo el modo de asegurar la preponderancia prusiana. Con su política de afirmación de la hegemonía de Prusia en Alemania se inició, a través de una serie de guerras, el proceso de unificación.

La crisis de los ducados daneses en 1864.

La muerte de Federico VII de Dinamarca motivó esta crisis ya que los ducados de Schleswig y Holstein –administrados por Dinamarca desde 1852- se negaron a reconocer al nuevo rey. Austria y Prusia decidieron declarar la guerra a Dinamarca y, tras la derrota del ejército danés, hacerse cargo conjuntamente de dichos ducados.

En 1865, por el Tratado de Gastein, Holstein quedaba bajo la administración de Austria y Schleswig de Prusia.

La guerra austro-prusiana de 1866.

El clima de tensión entre Austria y Prusia desembocó en la guerra. Esta última, tras firmar acuerdos con Italia y Francia, decidió invadir Holstein lo que provocó la guerra. El ejército austríaco fue derrotado en Sadowa y Austria tuvo que firmar la Paz de Praga por la que aceptaba la incorporación de Holstein a Prusia.

Se despejaba así el camino para la creación de la Confederación Alemana del Norte (1867). Al mismo tiempo, Bismarck firmaba tratados comerciales y militares con los Estados del sur. Napoleón III consideró que este proceso podía llevar a la hegemonía prusiana en el continente, lo cual empeoró las relaciones entre ambos.

La guerra franco-prusiana y la fundación del II Reich.

El tenso clima entre Francia y Prusia estalló como resultado de la candidatura de Leopoldo de Hohenzollern al trono español (febrero de 1870). Napoleón III rechazó esta posibilidad y las negociaciones entre su embajador y el rey de Prusia en Ems no hicieron sino complicar más las cosas.

En julio estallaba la guerra: a las derrotas de Sedán y Metz siguió la capitulación de París en enero de 1871.

El fervor nacionalista de la victoria fue suficiente para justificar la proclamación del II Reich en Versalles, al que se integraron los Estados alemanes del sur. Este nacía como Estado federal, bajo la presidencia del rey de Prusia, Guillermo I, que se convirtió en Emperador. Además, como consecuencia del enfrentamiento bélico, el nuevo Reich se hacía, a costa de Francia, con los territorios de Alsacia y Lorena.