Oposiciones Secundaria | Tema 37


¿Quieres ir bien preparado a las oposiciones de Geografía, Historia e Historia del Arte de Secundaria? Si es así, quizá te sirva el material que pongo a tu disposición. El siguiente es uno de los temas que elaboré en su momento y, aunque cada caso es distinto, al menos a mí me ayudó a sacar la plaza.

A continuación dejo como archivo adjunto un pdf con el texto del tema 37. He decidido mantener el formato de puntos que tan buen resultado me ha dado en mi estudio, pero se puede convertir fácilmente en un texto compuesto por párrafos largos. También dejo más abajo la bibliografía utilizada y, en breve, espero hacer un vídeo dedicado a esta cuestión.

DESCARGA EL PDF: Tema37_ El debate historiográfico sobre la Revolución Francesa

BIBLIOGRAFÍA:

  1. A. Cobban, La interpretación social de la Revolución Francesa.
  2. E. J. Hobsbawm, Las revoluciones burguesas. Europa, 1789-1848.
  3. J. Jaurès, Causas de la Revolución Francesa.
  4. G. Lefebvre, La Revolución Francesa y el Imperio.
  5. A. Mathiez, La Revolución Francesa.
  6. R. Palmer, Las revoluciones de la libertad y de la igualdad.
  7. G. Rudé, La Europa revolucionaria, 1730-1840.
  8. A. Soboul, La Revolución Francesa.

Presentación: La Revolución Francesa


Durante el curso 2016-2017 elaboré este Prezi para explicar en 1º de Bachillerato la Revolución Francesa. Posteriormente he realizado algunos ajustes que me han servido para ponerlo de fondo en algunos de los vídeos sobre esa material. Para consultar la presentación haz click aquí.

Origen y estructura organizativa de la Segunda Internacional


La Segunda Internacional se fundó en París en 1889 con ocasión de los actos conmemorativos del primer centenario de la toma de la Bastilla. Se configuró como una organización que incluía exclusivamente a partidos obreros socialistas y no a diferentes organizaciones obreras, como ocurrió en la Primera Internacional.

Además, se presentaba más homogénea ideológicamente, ya que pronto quedó establecido su carácter socialista de inspiración marxista.

También, a diferencia de la primera, no tuvo una tendencia tan centralizada, no había ningún Comité Central, y cada organización mantenía su autonomía. No se actuaba por órdenes, sino por consejos, que tan sólo obligaban moralmente. Lo que se pretendía era la coordinación del movimiento socialista internacional tanto a nivel teórico como pragmático.

La incidencia de la Segunda Internacional fue también muy superior a la de la primera, ya que agrupaba a millones de trabajadores y sus debates tenían una amplia resonancia en la política y la opinión pública. En su foro se discutían los grandes problemas de la política internacional y se daban las directrices a seguir por el socialismo mundial.

Fue la Segunda Internacional la que instauró algunos de los grandes símbolos del movimiento obrero, como el himno de La Internacional o la fiesta reivindicativa del “Primero de Mayo”.

Los inicios de la Revolución Francesa


En 1789 estalló en Francia una revolución que terminó, en primer lugar, con la Monarquía y, en segundo término, con la vida de los propios reyes. Después de esos acontecimientos, la I República Francesa terminó por convertirse en el Imperio Napoleónico, que se mantuvo hasta 1815. En esta clase se aborda el comienzo del proceso revolucionario y la Monarquía Constitucional. En los restantes vídeos se explican las causas de la Revolución Francesa, la etapa de la Convención, el Directorio, el Consulado y el Imperio Napoleónico.

 

Las causas de la Revolución Francesa

En 1789 estalló en Francia una revolución que terminó, en primer lugar, con la Monarquía y, en segundo término, con la vida de los propios reyes. Después de esos acontecimientos, la I República Francesa terminó por convertirse en el Imperio Napoleónico, que se mantuvo hasta 1815. En esta clase se explican las principales causas del proceso revolucionario; mientras que en los siguientes vídeos se abordan cada una de sus etapas: la Monarquía Constitucional, la Convención, el Directorio, el Consulado y el Imperio Napoleónico.

 

 

 

 

Camille Desmoulins y la toma de la Bastilla, en «María Antonieta» de Stefan Zweig


«El día 12 de julio, antes del mediodía, llegan a París informes de la destitución de Necker, y con ello la chispa cae en el polvorín. En el Palais Royal, Camille Desmoulins, uno de los miembros del club del duque de Orleans, se encarama sobre una silla empuñando una pistola, proclama que el rey prepara una noche de San Bartolomé y grita «al arma». En un minuto encuentra el símbolo de la sublevación, la escarapela tricolor que llega a ser bandera de la república; algunas horas más tarde, el ejército es atacado en todas partes, son saqueados los arsenales y cerradas con barricadas las calles. El 14 de julio, veinte mil hombres salidos del Palais Royal marchan contra la aborrecida fortaleza de París, la Bastilla, la cual, horas más tarde, es tomada por asalto y la cabeza del gobernador que había querido defenderla oscila lívida sobre la punta de una pica; por primera vez lanza sus rayos esta cruenta linterna de la Revolución. Nadie osa ya oponer resistencia contra esta elemental explosión de la furia popular; las tropas, que no han recibido de Versalles ninguna orden clara, se retiran, y por la noche, con millones de antorchas, se dispone París a celebrar su victoria (…) El duque de Lianncout llega a todo galope a Versalles, en un caballo cubierto de espuma, para traer noticias de los sucesos de París. Le declaran que el rey está durmiendo. Insiste en que lo despierten; por último lo dejan penetrar en el santuario del sueño. Comunica: «La Bastilla, tomada por asalto. El gobernador, asesinado. Su cabeza clavada en una pica, es llevada por toda la ciudad».

«Pero ¡eso es una revuelta!», balbucea, espantado, el infeliz soberano.

Mas con despiadada severidad corrige el mal mensajero: «No, Sire, es una revolución».

Las etapas de la Revolución Francesa


El proceso revolucionario iniciado en Francia a finales del siglo XVIII, lejos de constituir una unidad, aparece ante nosotros como un conjunto de cambios políticos sucesivos –en ocasiones contradictorios- que van desde una monarquía constitucional al régimen imperial pasando por una república.

Por esta razón, en lugar de hablar de Revolución Francesa, quizás deberíamos referirnos a ese fenómeno en plural; o utilizar únicamente esa expresión para los acontecimientos de 1789.

Lo cierto es que, en apenas veintiséis años, los que van de 1789 a 1815, Francia pasó por once regímenes políticos distintos: monarquía absoluta, monarquía constitucional, república moderada, republicanismo radical, gobierno de un directorio, consulado, consulado vitalicio bajo Napoleón Bonaparte, imperio, monarquía absoluta, imperio y, nuevamente, monarquía absoluta.

El constitucionalismo moderado (1789-1791)

El primer periodo de la Revolución Francesa, el que es considerado, a su vez, el más auténtico, tiene un claro antecedente en la prerrevolución aristocrática. Los miembros de la nobleza, descontentos con el gobierno absolutista borbónico implantado en época de Luis XIV, aprovecharon la crisis económica finisecular para presionar a Luis XVI.

Es cierto que la nobleza francesa deseaba, únicamente, recuperar sus antiguos derechos y su papel protagónico en el gobierno del reino. Sin embargo, lo que acabaron desencadenando fue una revolución que, a la postre, acabó por privarles de todos los privilegios que aún mantenían.

La revolución de 1789 tuvo dos episodios fundamentales: una revolución política y una de carácter popular.

El acontecimiento clave de la primera de ellas fue la constitución, por parte de un grupo dentro de los Estados Generales –el tercer estado-, de una Asamblea Nacional en la Sala del Juego de la Pelota el día 5 de mayo. Estos hombres, al reclamar para sí, como representantes del pueblo, la soberanía nacional, entraban en conflicto con la soberanía que ostentaba Luis XVI.

La revolución popular se produjo el 14 de julio mediante la toma de La Bastilla por parte del pueblo parisino. Este suceso marcó, sin lugar a dudas, un punto de no retorno. La falta de reacción por parte del rey, la ausencia de represión, al fin y al cabo, dañó enormemente la imagen de Luis XVI. Francia quedaba en manos de la Asamblea Nacional, encargada de redactar una constitución donde el monarca vería reducidos enormemente sus poderes.

La Convención (1791-1794)

La radicalización del proceso revolucionario llevó al poder primero a los girondinos (1791-1792) y más tarde a los jacobinos (1793-1794).

Durante este periodo, además de la aparición del Terror, Francia se convirtió en una república: Luis XVI fue depuesto y ejecutado.

Los republicanos comenzaron a elaborar una nueva Constitución. Sin embargo, esta nunca llegó a promulgarse, ya que la radicalidad de algunas medidas sociales y económicas, unidas a la deriva terrorista del gobierno, favoreció la formación de una conjura contra Robespierre. De esta manera, la caída del líder de los girondinos el 9 de Termidor dio paso a un régimen más moderado: el Directorio.

El Directorio (1794-1799)

El régimen que siguió a la Convención no pasó de ser un gobierno de cinco notables al servicio de la alta burguesía y de los grandes hombres de negocios. Se suprimieron los derechos sociales promulgados por los radicales, que a su vez fueron duramente reprimidos, pagando así sus desmanes durante el Terror.

También se retornó al sufragio censitario y se instauró un legislativo de carácter bicameral, en la línea de las constituciones conservadoras que se promulgarían a lo largo de todo el XIX.

El gobierno de Napoleón (1799-1815)

La deriva conservadora tomada por el Directorio sólo podía llevar a la restauración de la monarquía en la figura de Luis XVIII, hermano menor de Luis XVI. Sin embargo, la aparición de un militar de prestigio como Napoleón Bonaparte abrió una segunda posibilidad: la sustitución del frágil gobierno de los cinco notables por el de un hombre fuerte.

El golpe del 18 de Brumario de 1799 llevó a Napoleón al poder. En un primer momento fueron nombrados tres cónsules con idénticos poderes por un periodo de diez años.

Pronto Bonaparte acaparó todo el protagonismo, quedando sus dos compañeros de viaje como simple comparsa. La constitución de 1802 consolidó el poder de Napoleón, que pasó a ser cónsul vitalicio. No obstante, poco tardó en aspirar a más este ambiciosos general. De esta manera, en 1804 se hizo coronar emperador, cargo en el que se mantuvo hasta 1814.

La catástrofe rusa de 1812, así como las derrotas militares que siguieron a esa campaña, obligaron a Bonaparte a abandonar el poder. Fue llevado a la isla de Elba, de donde escapó en 1815. Una vez en París reinició su segundo periodo imperial, que, como consecuencia de la derrota de Waterloo, no pasaría de los cien días.