La Revolución Francesa | De la Toma de la Bastilla a Robespierre


En este episodio de la serie dedicada a la Historia de 4º de ESO se abordan las causas de la Revolución Francesa, sus etapas y la explicación de su desarrollo histórico desde la Toma de la Bastilla hasta la llegada al poder de Maximilien Robespierre. Además, también nos centraremos en la influencia de la Ilustración y la crisis económica que precedió a esos hechos.

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ESTRUCTURA DEL VÍDEO:

  • 0:23. Las causas de la Revolución Francesa.
  • 3:27. Las etapas de la Revolución Francesa.
  • 5:32. La convocatoria de los Estados Generales.
  • 6:45. La Asamblea Nacional: el juramento de la Sala del Juego de la Pelota.
  • 7:51. La Toma de la Bastilla.
  • 8:29. De Versalles a las Tullerías.
  • 9:40. La Convención.
  • 11:27. El final de la monarquía en Francia.
  • 12:56. Girondinos y jacobinos.
  • 15:12. Robespierre en el poder.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia Contemporánea; Javier Paredes – Ariel.
  2. Las clases privilegiadas en el Antiguo Régimen; Antonio Domínguez Ortiz – Akal.
  3. Historia 4º de ESO – Santillana.
  4. Historia del Mundo Contemporáneo – Oxford.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

Analizando el juicio a Luis Capeto


Hace tres semanas, las aulas mis dos grupos de 4º ESO se convirtieron en la Convención francesa del año 1792. Como comenté en la anterior entrada de esta bitácora docente, el objetivo era iniciar un debate sobre la vida de Luis Capeto, quien fuera rey de Francia bajo el nombre de Luis XVI.

Evidentemente, no se trata de desarrollar otra vez aquí la preparación, organización y estructura del debate, sino de describir cómo ha ido la experiencia y los puntos a mejorar para la siguiente.

En primer lugar, es conveniente señalar que, a pesar de los errores cometidos al poner en marcha el juicio, este ha resultado altamente satisfactorio. El alumnado ha dedicado varias clases a leer sobre la Revolución Francesa, al tiempo que ha participado en la elaboración de los discursos y en una actividad de expresión oral -el debate- bastante exigente. A eso hay que añadir la motivación con que se lo han tomado y las críticas favorables que he recibido de algunos al terminar.

El principal problema, y sin duda el principal, ha tenido que ver con el contexto en que se ha desarrollado el debate: el final de la evaluación. Unos estudiantes con bastantes exámenes y poco tiempo para prepararlos, han dedicado menos tiempo del que me hubiera gustado a trabajar la actividad. En esa misma línea, he de reconocer que yo también he sido víctima del cansancio a la hora de poner mi granito de arena.

Otro aspecto a mejorar es el que tiene que ver con el material que se le da al alumnado para preparar sus discursos. Considero que los cuatro textos que les pasé eran, en algún caso, demasiado complicados para ellos. Además, no contenían información suficiente para dos sesiones de La Convención.

Por último, considero que fue un error sortear entre los alumnos las cartas de los diversos diputados. Considero que algunos, por la relevancia que tienen, han de caer en manos de personas que den cierto «juego» en el debate. Si no se hace así, las sesiones pueden volverse monótonas y poco imaginativas.

En fin, a bote pronto esos son los aspectos que espero mejorar para el curso que viene. Eso sí, no me despido sin antes informar que en 4º A votaron a favor de la muerte de Luis Capeto, mientras que en 4º B lo hicieron en contra.

Convención. Juicio a Luis Capeto


Esta actividad propone recrear, con alumnos de 4º de ESO o 1º de Bachillerato, el debate que se desarrolló en la Convención Nacional para decidir el futuro del depuesto Luis XVI. Se trata, por tanto, de un aprendizaje vivencial que cuenta con pequeños elementos de gamificación y un intenso trabajo en materia de competencia lingüística. No en vano, estamos ante una sesión parlamentaria que exige al alumnado preparar por escrito sus intervenciones y, posteriormente, expresarlas correctamente de forma oral. A esto se añade improvisación propia de cualquier debate parlamentario, en el que los diputados intercambian argumentos de forma rápida.

Otro de los objetivos de «Convención. Juicio a Luis Capeto» es dar a conocer al alumnado  el funcionamiento de la política durante los primeros años de la Revolución Francesa. Mi experiencia demuestra que, al terminar la actividad, la mayoría tiene claro que se está desarrollando una lucha por el poder en el seno de la asamblea. Y como esta gobierna Francia, son conscientes de que la votación sobre la vida del antiguo rey puede hacer que el control pase de manos girondinas a jacobinas.

Además, en ese contexto les resulta más fácil entender que algunos diputados se están jugando algo más que ganar o perder poder político. El carácter radical que va tomando la Revolución Francesa hace que estén en peligro sus propias vidas. Como cada uno de los alumnos toma el control de un representante de la Convención, tenderán a percibir la situación desde el prisma de su personaje. Ahora bien, al ver actuar a los demás, también adquirirán mayor conocimiento sobre figuras como Robespierre, Danton, Condorcet, Fouché, Barras, Sieyès o Marat entre otros.

EXPLICACIÓN Y REPARTO DE PERSONAJES

El primer paso para poner en marcha «Convención. Juicio a Luis Capeto» será dedicar en torno a quince o veinte minutos a explicar la actividad. El alumnado ha de saber que en los siguientes días se desarrollará un debate sobre la vida del rey depuesto, que durará dos sesiones y que, previamente, se dedicarán otras dos clases a preparar discursos y argumentos en el aula a partir de un material proporcionado por el profesor.

También se les explicará que en la Convención habrá cinco diputados girondinos, partidarios de mantener con vida a Luis Capeto, y cinco jacobinos favorables a su ejecución. Los restantes representantes serán neutrales al comienzo, pudiendo situarse a derecha -girondinos- o izquierda -jacobinos- en función de que los argumentos de unos u otros les convenzan. Ahora bien, entre estos habrá cuatro -Fouché, Barras, Ducos y Sieyès- que no actuarán con total libertad a la hora de decidir su voto, pues tienen indicaciones concretas en función de lo que suceda en la asamblea.

Una vez aclarado que el objetivo de girondinos y jacobinos es que la votación final sea favorable a sus intereses, ya sea la vida o la muerte del rey, se procederá al reparto de los personajes mediante la entrega de las siguientes tarjetas:

Además, como se verá más adelante, algunas de ellas van acompañadas de sobres que contienen indicaciones secretas.

PREPARACIÓN DEL DEBATE

Los dos días siguientes estarán dedicados a la elaboración de discursos y la búsqueda de argumentos a partir del material seleccionado por el profesor. Durante ese tiempo, los diputados que pertenezcan a uno de los dos grupos predominantes -girondinos y jacobinos- podrán juntarse con el fin de planificar una estrategia común. Por su parte, los neutrales deberán trabajar de forma individual, buscando argumentos a favor y en contra de la muerte de Luis Capeto, pues no saben aún en qué bando van a terminar.

Mientras tanto, el profesor debe asesorar a los estudiantes, solucionar sus dudas y dar instrucciones a quienes tengan una misión especial en el debate. De entre ellos destacan aquellos a los que se les ha entregado un sobre con la tarjeta de personaje. Reproduzco a continuación el contenido de cada uno de ellos en relación al diputado en cuestión:

  1. Eres Joseph Fouché, un personaje camaleónico y siniestro capaz de detectar el peligro y urdir conspiraciones que te permitan sobrevivir en medio del caos revolucionario. No conoces más que un partido, al que eres y serás fiel hasta el final: el más fuerte, el de la mayoría. Por tanto, tu objetivo en la Convención no será, en ningún caso, apreciar los argumentos y elaborados discursos de los señores diputados, sino averiguar hacia donde se inclinará la votación final. Una vez que lo detectes -que sea evidente quien va a ganar- deberás abandonar tu escaño para dirigirte a la zona donde se encuentran aquellos que van a triunfar. Ahora bien, como no tienes más principio que la propia supervivencia, no dudes en cambiar de bando las veces que consideres oportuna. Si tu primer diagnóstico resulta ser equivocado, abandona el asiento que has tomado y pásate al otro partido. Eso sí, muestra mucha atención a como se te acoge entre sus filas. Si ves que te tratan como un traidor, deberás abandonar ese lugar y hacer todo lo posible para que gane el otro grupo, pues tu vida dependerá de eso.
  2. Eres Paul Barras, un oportunista provinciano que únicamente se deja guiar por su ambición de obtener cargos y honores públicos. Sabes perfectamente que, en la Francia revolucionaria, solo sobreviven los que ganan las votaciones. Por tanto, deberás averiguar qué grupo está más cerca de la victoria y unirte a sus filas. Una vez que lo hagas, habrás atado su destino al de ellos, así que escoge bien, pues no habrá vuelta atrás. Un último consejo: a estas alturas se te conoce bien en la Convención, así que no debes tardar mucho en buscar aliados. Por tanto, deberás elegir entre girondinos y jacobinos antes de finalizar la primera sesión.

  3. Eres Robespierre, el líder y principal orador de los jacobinos. Todos esperan que lleves la iniciativa en las sesiones, que seas el portavoz de tu grupo. Eso no quiere decir que no debas confiar en las capacidades de Danton o Saint-Just, pero tus palabras deben sonar con más frecuencia y de forma más convincente. Además, conoces bien a uno de los nuevos diputados: Joseph Fouché. Sabes bien cuáles son sus habilidades y también su capacidad para cambiar de bando. Eso es algo que no soportas, pues por algo te apodan “el incorruptible”. Aceptarás a Fouché si escoge a los jacobinos como primera opción, pero si procede del grupo girondino, le harás la vida imposible y le llevarás la contraria en los debates. Debe sentir que le consideras un traidor.

  4. Eres Danton, la cara amable de los jacobinos. Eso no quiere decir que luches por la vida del rey o que seas menos radical que el resto de tus compañeros. Simplemente es una cuestión de apariencia. Debes ganarte a los diputados con palabras amables y argumentos que parezcan típicos de un moderado. Jamás debe salir de tu boca una amenaza o un discurso con tono alto y palabras violentas. Tu arte es el de la persuasión: convencer a los restantes diputados de que tu causa es justa y que las medidas que quieres adoptar están muy alejadas del radicalismo que muestran otros jacobinos.

  5. Eres Marat, un jacobino capaz de llenar la prensa de artículos radicales e incendiarios; un genio de la propaganda. Evidentemente, eso tiene su reflejo en la Convención. Tus discursos, sin olvidar la necesidad de argumentar, deben desprender violencia y radicalidad. La determinación que exhibes a la hora de defender tu causa, debe impresionar a los restantes diputados. Quizá terminen temiéndote, pero en muchos casos eso les llevará a ponerse de tu lado para no ser sepultados por la fuerza que desprenden tus palabras. Recuerda, manejas bien la opinión pública, así que debes utilizar el argumento de los periódicos para amedrentar a tus rivales.

  6. Eres Roger Ducos, un hombre sin más principios que la propia supervivencia. En nada te favorece o te perjudica la muerte de Luis XVI, pero temes que una equivocación al elegir un bando te lleve por delante. Quizá por ese motivo, no mostrarás tus cartas hasta el último momento. En definitiva, no pasarás a sentarte con los jacobinos o los girondinos durante el debate, pero en la votación tendrás que tomar partido. Ahora bien, sabes de sobra a quiénes temer y lo que estos pueden interpretar acerca de tu indecisión. Por ese motivo, aunque no manifiestes tu voto hasta el último día, si te decides por los jacobinos, conviene que Marat lo sepa. De igual modo, actuarás así con Condorcet si te inclinas por los girondinos. De todos modos, eso no te ata a ninguno de los grupos, pues son solo conversaciones informales. Puedes cambiar el sentido de tu voto hasta el final.

  7. Eres Sieyès, un diputado de carácter moderado que, aún así, no se identifica del todo con los girondinos. De hecho, tienes bastantes dudas acerca de si se ha de condenar o no a Luis XVI. Sabes de sobra que mantenerle con vida puede resultar peligroso para la República, pero no te hace ninguna gracia votar con Robespierre, Saint-Just o Marat, pues detestas a esos personajes. Solo los argumentos sólidos podrán convencerte de sumarte al bando jacobino o al girondino. Mientras tanto, tus discursos oscilarán entre una postura y la otra, llenando de confusión a los miembros de la Convención. Finalmente, el día de la votación, tomarás tu decisión sin previamente aclarar a nadie el sentido de tu voto.

  8. Eres Condorcet, un diputado girondino al que todos respetan, incluidos algunos de los jacobinos. De hecho, solo uno de ellos, quizá por inconsciencia, tratará de plantarte cara en la Convención. Con el tiempo, descubrirás por ti mismo de quién se trata. Junto a Brissot, llevarás la voz cantante y liderarás tu grupo, tratando de utilizar sobre todo argumentos de peso basados en la lógica, no en el sentimiento. Tu prestigio te hará también merecedor de las confidencias de algunos de los diputados neutrales. En esas conversaciones has de ser capaz de ganarlos para tu causa.

  9. Eres Brissot, uno de los líderes de los girondinos. En principio, Condorcet y tú estáis llamados a liderar el debate, por lo que deberéis poneros de acuerdo y recoger buena parte de los argumentos de los restantes compañeros. Eso no quiere decir que ellos no intervengan, pero vosotros dos tendréis un mayor protagonismo. Ahora bien, mientras Condorcet es todo lógica y razón, tu debes apelar al sentimiento y a las emociones en tu discurso. En ese sentido, tu gran rival será Marat, al que deberás hacer frente con unas palabras y un tono de voz similares a las que él emplea.

  10. Eres Vergniaud, un girondino que asume su posición como político de segunda fila. Ahora bien, aunque reconozcas el liderazgo de Brissot y Condorcet, también eres capaz de ver las dificultades que sufren estos durante el debate. En concreto, hay un diputado jacobino que atacará de forma dura a Condorcet. Una vez lo descubráis, conviene que seas tú quien le defienda de esas acusaciones.

  11. Eres Saint-Just, un joven jacobino exaltado convencido de que ningún girondino merece respeto. En la Convención serás el azote de Condorcet, a quien embestirás duramente con cuestiones que, en ocasiones, estarán lejos del debate político y cerca del ataque personal.

Además, también será necesario reunir a todos los diputados neutrales que no tienen indicaciones concretas para comentarles tres cuestiones fundamentales:

  1. Su voto debe ser consecuencia de los argumentos puestos sobre la mesa por los distintos miembros de la Convención. De hecho, parte importante de su nota final estará relacionada con su capacidad para explicar al profesor los motivos que les han llevado a alinearse con los jacobinos o con los girondinos.
  2. A pesar de ser neutrales, deberán intervenir en el debate aportando su visión y dando argumentos; no son meros espectadores. Es cierto que, según se sitúen a derecha o izquierda, les será más fácil participar.
  3. En la disputa entre Saint-Just y Condorcet, deberán valorar positivamente que este último no se defienda, tal como indica el sobre entregado al girondino. Ahora bien, si pierde los papeles y actúa, los neutrales lo tendrán en cuenta negativamente a la hora de tomar su decisión final.

EL DESARROLLO DEL DEBATE

Antes de pasar a explicar el desarrollo del debate, conviene señalar que esta información estará colgada en la plataforma educativa desde el primer día. De esta manera, el alumnado puede acceder a ella y consultarla mientras prepara sus argumentos y discursos.

El debate-juicio se desarrollará a lo largo de dos sesiones de clase y seguirá el siguientes esquema:

  1. El diputado jacobino Desmoulins se levantará al comienzo de la sesión pidiendo una votación para determinar si se condena a muerte a Luis Capeto.
  2. El diputado girondino Roland responderá a esa propuesta anunciando que su grupo se opone a la ejecución del rey depuesto, pero acepta que se debate y se vote de forma democrática.
  3. Discurso de los jacobinos a cargo de Robespierre. Aunque lo pronuncie este personaje, el texto puede ser elaborado por todos los miembros del grupo. Deberá contener los principales argumentos a favor de la muerte de Luis XVI y durará en torno a dos minutos.
  4. Debate abierto en el que los diputados pueden pedir la palabra e intervenir libremente para comentar el discurso de Robespierre: durará unos 30 segundos por turno. Se valorarán los argumentos, el respeto del turno de palabra y la forma de iniciar la intervención: estimados diputados, representantes de la nación, señores diputados…
  5. Discurso de los girondinos a cargo de Condorcet, Brissot o ambos a la vez. Aunque lo pronuncien estos personajes, el texto puede ser elaborado por todos los miembros del grupo. Deberá contener los principales argumentos en contra de la muerte de Luis XVI y durará en torno a dos minutos.
  6. Debate abierto en el que los diputados pueden pedir la palabra e intervenir libremente para comentar el discurso de Brissot y Condorcet: durará unos 30 segundos por turno. Se valorarán los argumentos, el respeto del turno de palabra y la forma de iniciar la intervención: estimados diputados, representantes de la nación, señores diputados…
  7. Debate abierto con intervenciones de aquellos diputados que pidan la palabra y sigan las indicaciones mencionadas anteriormente.
  8. Discurso breve (un minuto) de un representante de cada facción y votación final.
  9. Al finalizar la intervención de un diputado, cualquiera de los «neutrales» podrá mover su silla hacia una de las dos posiciones.

Como el debate dura dos sesiones, lo habitual es que la primera de ellas termine en el punto cuatro, reiniciándose al día siguiente con el discurso de los girondinos (punto 5).

EL PROCESO DE EVALUACIÓN

Como sucedía en el epígrafe anterior, los aspectos a tener en cuenta por el profesor a la hora de poner la nota final estarán disponibles en la plataforma educativa desde el primer momento. En concreto, se valoraran los siguientes puntos:

  1. Trabajo desarrollado en el aula durante las dos sesiones de preparación (30%).
  2. Calidad de las intervenciones llevadas a cabo en el transcurso del debate, tanto en formato discurso como en las réplicas a otros diputados. Como es lógico, estas deben guardar las normas de educación básicas y utilizar un lenguaje adecuado (40%).
  3. Respeto a las indicaciones propias de cada personaje, recogidas casi todas ellas en los sobres (25%).
  4. Cuidado del material entregado (5%).

Unidad 2. Revoluciones liberales y nacionalismos


DEFINICIONES UTILIZADAS EN EL SEGUNDO TEMA DE 4º DE ESO. EN UNIDAD DIDÁCTICA ESTÁ CENTRADA EN LA INDEPENDENCIA DE LOS EE.UU., LA REVOLUCIÓN FRANCESA, EL CONGRESO DE VIENA Y LAS OLEADAS REVOLUCIONARIAS. INCLUYE TAMBIÉN UNA EXPLICACIÓN DEL PENSAMIENTO LIBERAL Y DEL NACIONALISMO.

Carbonarios: organización secreta fundada en Nápoles en 1815 que se difundió posteriormente por Piamonte, Francia, España y Reino Unido. Defendían ideas liberales y sus símbolos recuerdan a los de la masonería. Participaron activamente en las revoluciones de 1820 y 1830. Posteriormente se integraron en el movimiento de la “Joven Italia”.

Carta Otorgada: ley básica del Estado aprobada por el monarca y, por tanto, concedida al pueblo. Establecía una leve separación de poderes, el reconocimiento de algunos derechos civiles y mantenía la soberanía real. Podía ser revocada por el rey sin necesidad de consultar a las Cortes.

Código: conjunto de leyes dispuestas de forma sistemática y ordenada.

Congreso de Viena: reunión de las principales potencias europeas tras la derrota de Napoleón Bonaparte. El objetivo de estos encuentros era reorganizar el mapa continental y restaurar el sistema absolutista abolido por la Revolución Francesa. Tuvo lugar entre octubre de 1814 y junio de 1815, e inauguró la etapa conocida con el nombre de “Restauración”.

Constitución: ley básica del Estado aprobada por los representantes de la nación reunidos en las Cortes. Establecía un sistema político con separación de poderes, reconocía amplios derechos civiles y defendía la soberanía nacional. No podía ser revocada sin el consentimiento de las Cortes.

Convención: asamblea de representantes de un país que asume todos los poderes legislativos y de gobierno. El término hace referencia también a la etapa de la Revolución Francesa que se desarrolló entre septiembre de 1792 y octubre de 1795. En ese periodo, bajo el gobierno de los girondinos primero y de los jacobinos después, se abolió la monarquía, se votó la muerte de Luis XVI y se proclamó la Primer República francesa.

Directorio: terminó que sirve para denominar a la forma de poder ejecutivo que gobernó Francia entre 1795 y 1799, es decir tras la caída de la Convención. La presidencia de este organismo recaía sobre cinco personas que contaban con el asesoramiento de varios consejos y asambleas consultivas. Este régimen político fue derrocado tras el golpe de Estado del 18 de Brumario, promovido por Napoleón Bonaparte.

Estados Generales: asamblea general en la que se reunían excepcionalmente los estamentos de la sociedad francesa del Antiguo Régimen.

Girondinos: grupo político moderado de la Revolución Francesa que controló la primera etapa la Convención. Estaba compuesto por varios diputados procedentes de Gironda, un territorio del suroeste del país.

Jacobinos: nombre que recibieron los miembros del club político situado en el convento de los dominicos de la calle Saint-Jacques de París durante la Revolución Francesa. Se caracterizaron por el radicalismo de sus planteamientos, que lograron imponer durante la segunda etapa de la Convención.

Liberalismo doctrinario: doctrina defendida por Benjamin Constant y Donoso Cortés, en la que se defendía la soberanía compartida entre el rey y el parlamento. De esta manera, la corona participaba del ejecutivo mediante el ejercicio del gobierno y del legislativo por la designación de algunos diputados de la cámara. También sostenían que la nación estaba constituida únicamente por las personas con derecho a voto (ciudadanos activos).

Nación: conjunto de individuos con vínculos determinados y diferenciados, básicamente culturales, lingüísticos, y económicos, con una historia común que da lugar a una diferenciación y a una voluntad de organización autónoma que, en último extremo, les lleva a querer darse instituciones propias hasta construirse un Estado.

Nacionalismo: ideología y movimiento sociopolítico que surgió junto con el concepto de nación propio de la Edad Contemporánea durante la época de las revoluciones, a finales del siglo XVIII.

Oleadas revolucionarias: conjunto de procesos revolucionarios que afectaron a la mayor parte de los estados europeos. Se desarrollaron en tres grandes etapas (1820, 1830 y 1848), y en oposición al modelo impuesto por la Restauración.

Parlamento de Francfort: convocatoria que, en el contexto de la oleada de 1848, reunió a representantes de los diversos estados miembros de la Confederación Germánica. Tenía como objetivo exigir la unificación de Alemania y la aprobación de numerosas reformas políticas.

Sans-culottes: clases populares urbanas revolucionarias de Francia. Se les denominaba así porque vestían pantalón largo hasta el tobillo en lugar del calzón atado debajo de la rodilla característico de las clases altas.

Soberanía nacional: principio político acuñado por las revoluciones liberales, opuesto al de la soberanía del príncipe propia del Antiguo Régimen. El poder supremo del Estado corresponde a la nación en su conjunto, que lo ejerce por medio de sus representantes.

Sufragio censitario o capacitario: sistema electoral de voto restringido, en el que solo tenían derechos políticos los ciudadanos incluidos en un censo elaborado a partir de la renta y el nivel educativo.

Sufragio universal: sistema electoral en el que todos los ciudadanos mayores de edad pueden votar sin ningún tipo de discriminación por razón de riqueza o educación. Ahora bien, hasta principios del siglo XX, este sistema no incluía el voto femenino.

Terror: periodo de la Revolución Francesa que tuvo lugar, entre septiembre de 1793 y julio de 1794, en la etapa de la Convención. Se caracterizó por las ejecuciones masivas y severas medidas económicas y políticas decretadas por los dirigentes jacobinos.

Zollverein: unión aduanera establecida en 1834 que vinculó económicamente a varios estados alemanes bajo la dirección de Prusia. Supuso un primer paso para la unificación de Alemania en un único Estado.

Unidad 2. Las revoluciones atlánticas


DEFINICIONES UTILIZADAS EN EL SEGUNDO TEMA DE 1º DE BACHILLERATO. EN UNIDAD DIDÁCTICA ESTÁ CENTRADA EN LA INDEPENDENCIA DE LOS EE.UU., LA REVOLUCIÓN FRANCESA, EL CONGRESO DE VIENA Y LAS OLEADAS REVOLUCIONARIAS. INCLUYE TAMBIÉN UNA EXPLICACIÓN DEL PENSAMIENTO LIBERAL Y DEL NACIONALISMO.

Carbonarios: organización secreta fundada en Nápoles en 1815 que se difundió posteriormente por Piamonte, Francia, España y Reino Unido. Defendían ideas liberales y sus símbolos recuerdan a los de la masonería. Participaron activamente en las revoluciones de 1820 y 1830. Posteriormente se integraron en el movimiento de la “Joven Italia”.

Carta Otorgada: ley básica del Estado aprobada por el monarca y, por tanto, concedida al pueblo. Establecía una leve separación de poderes, el reconocimiento de algunos derechos civiles y mantenía la soberanía real. Podía ser revocada por el rey sin necesidad de consultar a las Cortes.

Código: conjunto de leyes dispuestas de forma sistemática y ordenada.

Congreso de Viena: reunión de las principales potencias europeas tras la derrota de Napoleón Bonaparte. El objetivo de estos encuentros era reorganizar el mapa continental y restaurar el sistema absolutista abolido por la Revolución Francesa. Tuvo lugar entre octubre de 1814 y junio de 1815, e inauguró la etapa conocida con el nombre de “Restauración”.

Constitución: ley básica del Estado aprobada por los representantes de la nación reunidos en las Cortes. Establecía un sistema político con separación de poderes, reconocía amplios derechos civiles y defendía la soberanía nacional. No podía ser revocada sin el consentimiento de las Cortes.

Convención: asamblea de representantes de un país que asume todos los poderes legislativos y de gobierno. El término hace referencia también a la etapa de la Revolución Francesa que se desarrolló entre septiembre de 1792 y octubre de 1795. En ese periodo, bajo el gobierno de los girondinos primero y de los jacobinos después, se abolió la monarquía, se votó la muerte de Luis XVI y se proclamó la Primer República francesa.

Directorio: terminó que sirve para denominar a la forma de poder ejecutivo que gobernó Francia entre 1795 y 1799, es decir tras la caída de la Convención. La presidencia de este organismo recaía sobre cinco personas que contaban con el asesoramiento de varios consejos y asambleas consultivas. Este régimen político fue derrocado tras el golpe de Estado del 18 de Brumario, promovido por Napoleón Bonaparte.

Estados Generales: asamblea general en la que se reunían excepcionalmente los estamentos de la sociedad francesa del Antiguo Régimen.

Girondinos: grupo político moderado de la Revolución Francesa que controló la primera etapa la Convención. Estaba compuesto por varios diputados procedentes de Gironda, un territorio del suroeste del país.

Jacobinos: nombre que recibieron los miembros del club político situado en el convento de los dominicos de la calle Saint-Jacques de París durante la Revolución Francesa. Se caracterizaron por el radicalismo de sus planteamientos, que lograron imponer durante la segunda etapa de la Convención.

Liberalismo doctrinario: doctrina defendida por Benjamin Constant y Donoso Cortés, en la que se defendía la soberanía compartida entre el rey y el parlamento. De esta manera, la corona participaba del ejecutivo mediante el ejercicio del gobierno y del legislativo por la designación de algunos diputados de la cámara. También sostenían que la nación estaba constituida únicamente por las personas con derecho a voto (ciudadanos activos).

Nación: conjunto de individuos con vínculos determinados y diferenciados, básicamente culturales, lingüísticos, y económicos, con una historia común que da lugar a una diferenciación y a una voluntad de organización autónoma que, en último extremo, les lleva a querer darse instituciones propias hasta construirse un Estado.

Nacionalismo: ideología y movimiento sociopolítico que surgió junto con el concepto de nación propio de la Edad Contemporánea durante la época de las revoluciones, a finales del siglo XVIII.

Oleadas revolucionarias: conjunto de procesos revolucionarios que afectaron a la mayor parte de los estados europeos. Se desarrollaron en tres grandes etapas (1820, 1830 y 1848), y en oposición al modelo impuesto por la Restauración.

Parlamento de Francfort: convocatoria que, en el contexto de la oleada de 1848, reunió a representantes de los diversos estados miembros de la Confederación Germánica. Tenía como objetivo exigir la unificación de Alemania y la aprobación de numerosas reformas políticas.

Sans-culottes: clases populares urbanas revolucionarias de Francia. Se les denominaba así porque vestían pantalón largo hasta el tobillo en lugar del calzón atado debajo de la rodilla característico de las clases altas.

Soberanía nacional: principio político acuñado por las revoluciones liberales, opuesto al de la soberanía del príncipe propia del Antiguo Régimen. El poder supremo del Estado corresponde a la nación en su conjunto, que lo ejerce por medio de sus representantes.

Sufragio censitario o capacitario: sistema electoral de voto restringido, en el que solo tenían derechos políticos los ciudadanos incluidos en un censo elaborado a partir de la renta y el nivel educativo.

Sufragio universal: sistema electoral en el que todos los ciudadanos mayores de edad pueden votar sin ningún tipo de discriminación por razón de riqueza o educación. Ahora bien, hasta principios del siglo XX, este sistema no incluía el voto femenino.

Terror: periodo de la Revolución Francesa que tuvo lugar, entre septiembre de 1793 y julio de 1794, en la etapa de la Convención. Se caracterizó por las ejecuciones masivas y severas medidas económicas y políticas decretadas por los dirigentes jacobinos.

Zollverein: unión aduanera establecida en 1834 que vinculó económicamente a varios estados alemanes bajo la dirección de Prusia. Supuso un primer paso para la unificación de Alemania en un único Estado.

La proclamación de la República y la Convención


En 1789 estalló en Francia una revolución que terminó, en primer lugar, con la Monarquía y, en segundo término, con la vida de los propios reyes. Después de esos acontecimientos, la I República Francesa terminó por convertirse en el Imperio Napoleónico, que se mantuvo hasta 1815. En esta clase se aborda la proclamación de la República y la Convención. En los restantes vídeos se explican las causas de la Revolución Francesa, la Monarquía Constitucional, el Directorio, el Consulado y el Imperio Napoleónico.

 

Descripción de José Fouché, en «Fouché, el genio tenebroso» de Stefan Zweig


«Todos, o casi todos los que estuvieron en primer plano durante la época de los Estado Generales y la Asamblea Legislativa, están hoy olvidados o han sido víctimas del odio. El cadáver de Mirabeu, ayer aún en el Panteón, ha sido sacado oprobiosamente de él; Lafayette, hace pocas semanas aún festejado en triunfo como padre de la patria, es ya hoy traidor; Custine, Pètion, hace pocas semanas todavía celebrados se escurren ya temerosos hacia la sombra de la opinión pública (…). Mientras otros se atan a sus convicciones, a sus palabras y gestos públicos, él, oculto y temeroso de la luz, se mantiene interiormente libre y se convierte así en el polo persistente en la sucesión de los fenómenos. Los girondinos caen, Fouché sigue, los jacobinos son ahuyentados, Fouché sigue, el Directorio, el Consulado, el Imperio, la Monarquía y otra vez el Imperio desaparecen y sucumben; pero él siempre permanece, el único, Fouché, gracias a su refinada contención y gracias a su audaz valor unido a su absoluta falta de carácter, a su imperturbable falta de convicciones».

Las etapas de la Revolución Francesa


El proceso revolucionario iniciado en Francia a finales del siglo XVIII, lejos de constituir una unidad, aparece ante nosotros como un conjunto de cambios políticos sucesivos –en ocasiones contradictorios- que van desde una monarquía constitucional al régimen imperial pasando por una república.

Por esta razón, en lugar de hablar de Revolución Francesa, quizás deberíamos referirnos a ese fenómeno en plural; o utilizar únicamente esa expresión para los acontecimientos de 1789.

Lo cierto es que, en apenas veintiséis años, los que van de 1789 a 1815, Francia pasó por once regímenes políticos distintos: monarquía absoluta, monarquía constitucional, república moderada, republicanismo radical, gobierno de un directorio, consulado, consulado vitalicio bajo Napoleón Bonaparte, imperio, monarquía absoluta, imperio y, nuevamente, monarquía absoluta.

El constitucionalismo moderado (1789-1791)

El primer periodo de la Revolución Francesa, el que es considerado, a su vez, el más auténtico, tiene un claro antecedente en la prerrevolución aristocrática. Los miembros de la nobleza, descontentos con el gobierno absolutista borbónico implantado en época de Luis XIV, aprovecharon la crisis económica finisecular para presionar a Luis XVI.

Es cierto que la nobleza francesa deseaba, únicamente, recuperar sus antiguos derechos y su papel protagónico en el gobierno del reino. Sin embargo, lo que acabaron desencadenando fue una revolución que, a la postre, acabó por privarles de todos los privilegios que aún mantenían.

La revolución de 1789 tuvo dos episodios fundamentales: una revolución política y una de carácter popular.

El acontecimiento clave de la primera de ellas fue la constitución, por parte de un grupo dentro de los Estados Generales –el tercer estado-, de una Asamblea Nacional en la Sala del Juego de la Pelota el día 5 de mayo. Estos hombres, al reclamar para sí, como representantes del pueblo, la soberanía nacional, entraban en conflicto con la soberanía que ostentaba Luis XVI.

La revolución popular se produjo el 14 de julio mediante la toma de La Bastilla por parte del pueblo parisino. Este suceso marcó, sin lugar a dudas, un punto de no retorno. La falta de reacción por parte del rey, la ausencia de represión, al fin y al cabo, dañó enormemente la imagen de Luis XVI. Francia quedaba en manos de la Asamblea Nacional, encargada de redactar una constitución donde el monarca vería reducidos enormemente sus poderes.

La Convención (1791-1794)

La radicalización del proceso revolucionario llevó al poder primero a los girondinos (1791-1792) y más tarde a los jacobinos (1793-1794).

Durante este periodo, además de la aparición del Terror, Francia se convirtió en una república: Luis XVI fue depuesto y ejecutado.

Los republicanos comenzaron a elaborar una nueva Constitución. Sin embargo, esta nunca llegó a promulgarse, ya que la radicalidad de algunas medidas sociales y económicas, unidas a la deriva terrorista del gobierno, favoreció la formación de una conjura contra Robespierre. De esta manera, la caída del líder de los girondinos el 9 de Termidor dio paso a un régimen más moderado: el Directorio.

El Directorio (1794-1799)

El régimen que siguió a la Convención no pasó de ser un gobierno de cinco notables al servicio de la alta burguesía y de los grandes hombres de negocios. Se suprimieron los derechos sociales promulgados por los radicales, que a su vez fueron duramente reprimidos, pagando así sus desmanes durante el Terror.

También se retornó al sufragio censitario y se instauró un legislativo de carácter bicameral, en la línea de las constituciones conservadoras que se promulgarían a lo largo de todo el XIX.

El gobierno de Napoleón (1799-1815)

La deriva conservadora tomada por el Directorio sólo podía llevar a la restauración de la monarquía en la figura de Luis XVIII, hermano menor de Luis XVI. Sin embargo, la aparición de un militar de prestigio como Napoleón Bonaparte abrió una segunda posibilidad: la sustitución del frágil gobierno de los cinco notables por el de un hombre fuerte.

El golpe del 18 de Brumario de 1799 llevó a Napoleón al poder. En un primer momento fueron nombrados tres cónsules con idénticos poderes por un periodo de diez años.

Pronto Bonaparte acaparó todo el protagonismo, quedando sus dos compañeros de viaje como simple comparsa. La constitución de 1802 consolidó el poder de Napoleón, que pasó a ser cónsul vitalicio. No obstante, poco tardó en aspirar a más este ambiciosos general. De esta manera, en 1804 se hizo coronar emperador, cargo en el que se mantuvo hasta 1814.

La catástrofe rusa de 1812, así como las derrotas militares que siguieron a esa campaña, obligaron a Bonaparte a abandonar el poder. Fue llevado a la isla de Elba, de donde escapó en 1815. Una vez en París reinició su segundo periodo imperial, que, como consecuencia de la derrota de Waterloo, no pasaría de los cien días.

Corrientes historiográficas en torno a la Revolución Francesa


En el presente artículo trataremos de abordar una cuestión compleja que, aún hoy día, genera grandes debates y controversias dentro del gremio de los historiadores. Explicar la realidad de los sucesos revolucionarios que tuvieron lugar en Francia a caballo entre el siglo XVIII y el XIX es, en la actualidad, una tarea compleja. Poco sabemos de algunos de los aspectos fundamentales; y, por si fuera poco, son abundantes las valoraciones contrapuestas de aquellos que conocemos al detalle.

No obstante, la mayor parte de los autores coinciden al afirmar que el proceso histórico abierto el 14 de julio de 1789 fue heredero del pensamiento político del XVIII y, al mismo tiempo, padre del desarrollo del siglo XIX.

Sin lugar a dudas, la Revolución Francesa tuvo consecuencias negativas; fueron abundantes los errores y excesos de sus protagonistas. Sin embargo, una visión global de todos esos acontecimientos nos llevan a concluir que el global de la misma arroja un resultado positivo; gracias a ella la transformación política y social de signo liberal y burgués experimentó un gran impulso.

Tampoco coinciden los autores a la hora de enumerar las causas de la revolución. A mi juicio, además del desarrollo del pensamiento político citado anteriormente, jugaron un papel fundamental el descontento de los privilegiados, el endeudamiento de la hacienda francesa, la derrota en la Guerra de los Siete Años, y las crisis campesionas finiseculares.

Tal vez por influencia de la historiografía marxista suele afirmarse que los acontecimientos revolucionarios franceses evolucionaron desde una situación de prerrevolución aristocrática a una revolución del Tercer Estado. Sea como fuere, la mayor parte de los autores coincide en la triple periodización de estos hechos históricos:

  • El constitucionalismo moderado (1789-1791).
  • La Convención, con el predominio de los girondinos (1791-92) y de los jacobinos (1793-94).
  • El Directorio (1795-1799).

Además, existe un amplio consenso dentro de la comunidad científica a la hora de destacar la importacia histórica de la Revolución Francesa. No obstante, por cuestiones ideológicas o de escuela, este se convierte en disenso al explicar los hechos o establecer valoraciones. A continuación trataremos de explicar este desacuerdo analizando brevemente las principales corrientes historiográficas con sus respectivos autores.

Corrientes historiográficas más destacadas

Sobre la historiografía conservadora del XIX poco diremos. Tan sólo destacar que con autores como Burke, Taine, Gaxotte o Aubrys, se iniciaron los estudios sobre la Revolución Francesa; y que, a consecuencia de la época y de las ideas de estos estudiosos, fue con una visión un tanto negativa hacia esos hechos.

Los historiadores liberales, especialmente Michelet y Aulard, pretendieron elevar a los revolucionarios al situarlos como herederos de la intelectualidad ilustrada.

Por tanto, la historiografía liberal trató por todos los medios de dignificar los acontecimientos franceses. Trataron de explicarlos como una necesidad histórica: un nuevo sistema político que se abría paso a expensas de otro caduco. Por esa razón, sin olvidar aspectos negativos como “el Terror”, hicieron especial hincapié en los textos más importantes -Declaración de Derechos y sucesivas constituciones- y en los hechos más atrayentes para la mentalidad romántica de la época (El pueblo en la calle, la Bastilla el 14 de julio).

Blanc, Jaurès, Mathiez, Labrousse, Rudé, Soboul y Lefebvre son los principales representantes de historiografía socialista en Francia.

El primero de ellos nos deja una visión más positiva de los jacobinos, al tiempo que considera muy negativa la etapa napoleónica. El segundo centra sus estudios en la lucha de clases de la Francia finisecular, prestando especial atención al ascenso de la burguesía.

Otros autores socialistas prefirieron prestar menos atención a la Historia de los grandes acontecimientos para centrarse en aspectos socioeconómicos. Ese fue el caso de Labrousse, volcado en el estudio de los salarios y los precios, y Rudé, especialista en mentalidades y opinión pública.

La mayor parte de los miembros de esta escuela considera que los verdaderos protagonistas de la Revolución Francesa fueron los pequeños productores. Según su visión, la burguesía siempre fue a la zaga de estos personajes, juegando un papel moderador. Así explican su apoyo a la monarquía constitucional y, con la caída de esta, a los girondinos.

Los historiadores marxistas suelen distinguir dos etapas a la hora de estudiar la Revolución Francesa: ascendente (1789-1794) y descendente o de reacción burguesa (desde 1795).

Tanto Mazauric como Markow, principales expertos de esta escuela en la cuestión que nos ocupa, basan sus estudios en los postulados del materialismo histórico. En lo que se refiere a la lucha de clases como motor de la Historia, afirman que, debido a la existencia de varios grupos dentro de la propia revolución, esta estuvo marcada por una constante lucha entre los mismos.

Además, aplican los conceptos de estructura y superestructura al Antiguo Régimen, llegando a afirmar que la caída del mismo fue fruto del desfase de las mismas. Estos autores prestan especial atención en sus estudios a los “sans culottes”, a los que atribuyen un pensamiento proto-comunista. No obstante, reconocen que, en la coincidencia coyuntural de intereses, los burgueses fueron los grandes beneficiados.

La postura revisionista y los principales controversias

Tras haber analizado los planteamientos teóricos de cuatro grandes visiones historiográficas, nos centraremos en el repaso de las Interpretaciones revisionistas.

En primer lugar, los autores revisionistas -grupo complejo en el que encontramos estudiosos que van desde mediados del XIX a mediados del XX- atacan duramente la concepción de la revolución como una crisis exclusivamente política. Algunos de ellos, caso de Tocqueville, Godechot, Fouret y Richet, recalcan la herencia de la Ilustración, y consideran la etapa jacobina como un exceso de la revolución. Además, dan gran valor a los hechos posteriores a 1795.

Finalmente, enumeraremos los que, actualmente, son los núcleos de conflicto en la investigación histórica; las cuestiones que marcan el debate historiográfico.

En primer lugar, la controversia sobre los cambios estructurales que la inician; a lo que hemos de añadir la confrontación sobre la clase social “motor” del proceso. También son importantes aspectos como la cuestión de la refeudalización como causa de la revolución, la teoría de las revoluciones atlánticas, y la polémica jacobina. Los autores tampoco se ponen de acuerdo a la hora de definir los acontecimientos francese como un conjunto de revoluciones o como evolución temporal de la misma.