Bloque 6. La conflictiva construcción del Estado Liberal (1833-1874)


Conjunto de estándares del temario de 2º de Bachillerato pertenecientes al Bloque 6, que aborda el reinado de Isabel II y el Sexenio Democrático. Aunque he mantenido la numeración original, para la prueba EBAU del curso 2017-2018 no serán objeto de examen en Castilla y León el segundo y el séptimo.

  1. Especifica las causas y consecuencias de las dos primeras guerras carlistas.
  2. Representa una línea del tiempo desde 1833 hasta 1874, situando en ella los principales acontecimientos históricos.
  3. Describe las características de los partidos políticos que surgieron durante el reinado de Isabel II.
  4. Resume las etapas de la evolución política del reinado de Isabel II desde su minoría de edad, y explica el papel de los militares.
  5. Compara las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, y especifica los objetivos de una y otra. 
  6. Especifica las características de la nueva sociedad de clases y compárala con la sociedad estamental del Antiguo Régimen.
  7. Compara el Estatuto Real de 1834 y las Constituciones de 1837 y 1845.
  8. Describe las características esenciales de la Constitución democrática de 1869.
  9. Identifica los grandes conflictos del Sexenio y explica sus consecuencias políticas.

Compara los apoyos, argumentos y actuaciones de proteccionistas y librecambistas a lo largo del XIX


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La doctrina librecambista defiende que la actividad económica debe desarrollarse sin la intervención del Estado y, en el ámbito comercial, sin el establecimiento de aranceles u otro tipo de trabas a determinados productos. De esta manera, al tener que adaptar a la competencia, las empresas innovan más y se vuelven más eficientes y competitivas. Además, según los defensores del librecambismo, el consumidor se ve beneficiado por la lucha entre las empresas por ganar cuota de mercado, ya que eso debe conducir a un producto de mayor calidad a un precio más bajo.

Por el contrario, el proteccionismo se basa en la defensa del producto nacional frente al foráneo. Es decir, en el caso concreto de la España decimonónica, los promotores de esa doctrina trababan de proteger las empresas autóctonas de la competencia británica fundamentalmente. De entre los apoyos de la política proteccionista cabe destacar aquellos grupos que preconizaban la ruina del producto nacional si se aplicaba el librecambismo. Nos referimos, tanto al capital textil catalán, como por los terratenientes andaluces, la industria harinera castellana y la siderurgia vasca.

Si bien con breves periodos de librecambismo, a lo largo del XIX la política comercial española estuvo marcada por la aplicación de medidas proteccionistas. De entre las excepciones cabe destacar la obra legislativa de las Cortes de Cádiz, la reforma tributaria de Mon Santillán (1845), el arancel con matices librecambistas aprobado en 1849 y el Arancel Figuerola de 1869, ya durante el Sexenio Democrático. Ahora bien, solo esta última medida puede considerarse netamente librecambista, pues suprimía el derecho diferencial de bandera.

Describe la evolución de la industria textil catalana, la siderurgia y la minería a lo largo del siglo XIX


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La industria textil catalana, si bien contaba con unas sólidas bases de origen medieval, se desarrolló con fuerza a principios del XIX gracias a la introducción del algodón en el proceso productivo. A la fabricación de este tipo de tejidos se ha de añadir la introducción de una maquinaria basada, en un primer momento, en la fuerza hidráulica y, posteriormente, en el vapor.

Al margen de la materia prima y las innovaciones técnicas, la evolución del textil catalán estuvo marcada por el contexto histórico europeo y nacional. De esta manera, después de la parálisis producida por la Guerra de la Independencia (1808-1814) y la pérdida de las colonias americanas en la década de 1820, se inició un periodo de expansión que tocó a su fin la crisis económica y política de la década de 1860. Una vez superada esa situación, la industria volvió a vivir un periodo de bonanza que se prolongó hasta la pérdida de Cuba y Puerto Rico, cuyo dominio era clave al tratarse de monopolios mercantiles.

Por su parte, la siderurgia estuvo supeditada a la minería del hierro y el carbón, así como a la capacidad de la iniciativa privada y estatal de explotar esos recursos naturales. Ahora bien, el atraso con respecto a otros países del entorno se explica también por la libertad de importación que estableció la Ley General de Ferrocarriles (1855), la reducida demanda interna y el atraso técnico. Después de las primeras experiencias empresariales en territorio malagueño, este sector experimentó una gran expansión a partir de 1871 gracias a la pujanza de los Altos Hornos vizcaínos.

La escasa demanda a la que se ha hecho referencia a la hora de tratar la siderurgia, afectó también a la minería, que estuvo estancada hasta el último tercio del XIX. También afectaron negativamente a su desarrollo la escasez de capitales, el atraso tecnológico y la política estatal, que frenaba la inversión extranjera. Finalmente, el aumento de la demanda a partir de la década de 1870, así como las medidas librecambistas, de entre las que destacó la Ley de Bases sobre Minas (1869), favorecieron la actividad extractiva.

Especifica las características esenciales de la Constitución de 1876


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En texto constitucional aprobado en 1876 ha sido, hasta la fecha, el que más tiempo ha estado vigente en la historia contemporánea de España, pues se mantuvo hasta 1923. Por tanto, su principal logro fue dotar de estabilidad a un país que carecía de ella desde la invasión napoleónica de 1808 y la aprobación del Estatuto de Bayona. Su articulado se componía de ochenta y nueve puntos, lo que nos permite hablar de una constitución breve y, en cierto modo, síntesis de las dos precedentes, las de 1845 y 1869.

En gran medida, la vigencia del texto se explica por su escasa concreción, que permitía al partido gobernante interpretar a su gusto aspectos básicos como los derechos, el sufragio o la cuestión religiosa. Es decir, a diferencia de las restantes constituciones del siglo XIX, no obedecía a los criterios de un grupo. Otro aspecto clave para entender su durabilidad es el contexto en que se elaboró, marcado por un espíritu de consenso y un deseo de llegar a acuerdos de Estado entre los grandes partidos.

De entre las principales características de la Constitución de 1876, cabe señalar las siguientes:

  • Soberanía compartida entre las Cortes y el rey, siendo este último el encargado de regular los tres poderes del Estado, así como dirigir y moderar la vida política.
  • Establecía un poder legislativo bicameral, con un Senado cuyos miembros eran designados por el rey, y un Congreso de los Diputados salido de los procesos electorales.
  • Carecía de una regulación de los derechos ciudadanos, que se dejaban en manos de la legislación posterior y la interpretación de los gobiernos de turno.
  • No especificaba el sistema de votación, quedando el derecho al sufragio abierto al uso de la modalidad basada en el censo –censitario- o a su universalización. Finalmente, el sufragio universal masculino terminó por imponerse en 1890.

Identifica los grandes conflictos del Sexenio y explica sus consecuencias políticas


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En el periodo de la historia de España que conocemos como Sexenio Democrático (1868-1874), además de producirse un cambio de dinastía –sustitución de los Borbones por la casa de Saboya- y proclamarse la república, coincidieron temporalmente tres conflictos que tuvieron importantes consecuencias en las siguientes décadas.

El primero fue el estallido de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), conocida también como la Guerra Larga de Cuba. Esta dio comienzo con el Grito de Yara, protagonizado por Carlos Manuel de Céspedes, y tocó a su fin con la paz de Zanjón, ya en el periodo de la Restauración. A pesar del acuerdo alcanzado entre el Ejército Libertador y las tropas españolas, el conflicto volvió a abrirse en 1895, logrando Cuba su independencia tres años después.

A esto hemos de añadir que, en 1872, aprovechando la difícil situación por la que atravesaba, los carlistas trataron de establecer un gobierno alternativo en Navarra y las provincias vascas. Se iniciaba así la Tercera Guerra Carlista, que finalizó en 1876 con la derrota del pretendiente Carlos VII. A consecuencia de ese conflicto, los dirigentes políticos de la Restauración iniciaron una tendencia centralizadora que puso fin al régimen foral vasco. En respuesta a esas medidas, el carlismo vasco-navarro viró hacia el foralismo y el nacionalismo de base étnica, católica y xenófoba.

El tercer conflicto fue el del movimiento cantonal, que comenzó en Cartagena en 1873 para difundirse, posteriormente, a otros territorios de la Península. Tanto los gobiernos republicanos de Nicolás Salmerón y Emilio Castelar emplearon la fuerza militar contra los cantones, si bien la rebelión tocó tras el golpe de Estado del general Pavía. La principal consecuencia de ese episodio fue la asociación, en el imaginario colectivo, del federalismo con el desorden y la anarquía.

ESTRUCTURA DEL VÍDEO:

  • 0:13. Los problemas del sexenio Democrático.
  • 0:40. La Guerra de los Diez Años o Guerra Larga de Cuba.
  • 1:15. La Tercera Guerra Carlista.
  • 1:57. La Guerra Cantonal.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia de España 2 – Editorial Anaya.
  2. Historia de España – Editorial Vicens Vives.
  3. Historia de España en el siglo XIX; José Luis Comellas – Rialp.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

Describe las características esenciales de la Constitución democrática de 1869


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El texto aprobado en 1869 contaba con una notable influencia de las constituciones norteamericana y belga, de 1787 y 1831 respectivamente. Estaba compuesto por ciento doce artículos, a los que se ha de añadir un preámbulo en el que se hacía referencia a la soberanía nacional de base popular. Además, su articulado incluía una amplia declaración de derechos, así como la proclamación de la separación de poderes.

La característica más novedosa del texto fue el establecimiento del sufragio universal masculino, uno de los objetivos que se habían marcado los grupos revolucionarios del año anterior. A esto se ha de añadir la regulación de derechos individuales como la libertad de culto, residencia, enseñanza, reunión y asociación, expresión e inviolabilidad del domicilio.

Por su parte, el monarca tenía atribuciones semejantes a las estipuladas en las constituciones anteriores. Ahora bien, en tanto que todos los poderes emanaban de la soberanía nacional, quedaba sujeto a esta.

En último lugar, es necesario señalar que la constitución de 1869 instauró un sistema bicameral. Tanto los representantes del Congreso como los del Senado, se elegían por sufragio universal, si bien solo podían formar parte de esa última cámara los mayores contribuyentes y aquellos que contaban con estudios superiores.

ESTRUCTURA DEL VÍDEO:

  • 0:12. Las características de la Constitución.
  • 0:43. El sufragio masculino y los derechos de los ciudadanos.
  • 1:07. Los poderes del rey.
  • 1:21. El poder legislativo.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia de España 2 – Editorial Anaya.
  2. Historia de España – Editorial Vicens Vives.
  3. Las constituciones españolas. Textos completos; Servando Gotor – Lecturas Hispánicas.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

El Imperio Británico


Puede parecer en cierto modo paradójico que el mayor imperio de la época se constituyera en torno a una isla de territorio tan limitado. Sin embargo, su formación obedece a una política perfectamente calculada y llevada a la práctica de manera sistemática.

La colonización británica no se inició en esos momentos sino que, por el contrario, sus orígenes se remontan al siglo XVI, en dura competencia muchas veces con españoles y portugueses. Su primer imperio colonial se centró en el espacio americano, perdiéndolo en su mayor parte como consecuencia de la independencia de los EE.UU. en el último tercio del siglo XVIII.

Sin embargo, Inglaterra no iba a aceptar indiferente este descalabro. Casi inmediatamente comenzó a trazar nuevos puntos de referencia, que se convirtieron en el embrión de lo que sería su segundo y gran imperio colonial. A lo largo del siglo XIX, Gran bretaña actúa con una doble ventaja:

  • Abrió la marcha en el camino de la expansión colonial y al ser durante mucho tiempo la única potencia que se movía en ese terreno, pudo elegir sus zonas de interés.
  • El Imperio británico fue ante todo un imperio económico, es decir, no un imperio movido por fines económicos, sino fundado en el poderío económico.

Por todo ello, cuando en los años setenta se puso en marcha el proceso de la expansión europea, Inglaterra llevaba ya mucho camino recorrido. Había podido reservarse la mayor y mejor parte de los territorios, poseyendo un imperio enormemente dilatado y aún con posibilidades de crecimiento.

Al inicio del último tercio del siglo XIX, los ingleses dominaban:

  • La parte oriental del Canadá.
  • Algunas islas antillanas.
  • Zonas de África Occidental (entre ellas Gambia y parte de Sudáfrica).
  • Importantes territorios en La India.
  • Una enorme región en Australia.
  • Numerosas islas y enclaves de carácter estratégico.

A lo largo de los años siguientes, el Imperio británico continuó su desarrollo, hasta dominar la cuarta parte de las tierras del planeta. Al mismo tiempo fue diseñando la tipología colonial en función de las características de los territorios ocupados y de sus propias necesidades.

Importantes contingentes de población se desplazaron para instalarse, fundamentalmente, en lugares donde los habitantes indígenas eran poco numerosos o fácilmente dominables. Allí se establecieron colonias de poblamiento, de diseño absolutamente británico, en el que la población autóctona quedó suprimida o relegada por completo.

En otras regiones, donde no resultaba tan fácil o práctico llevar a cabo esta política, se pusieron en marcha auténticas colonias de explotación, basadas en sus posibilidades económicas.

En Asia, su gran centro de acción fue, sin lugar a dudas, la India.

La presencia inglesa en aquellos territorios puede estructurarse en tres etapas perfectamente diferenciadas:

  • Una primera, hasta 1773, protagonizada por la Compañía de las Indias Orientales y de explotación colonial privada.
  • Una segunda, hasta 1858, época de un gobierno conjunto de la Compañía y la Corona.
  • Una tercera, hasta 1947, con gobierno exclusivo de la Corona.

El cambio de situación fue motivado por una sublevación protagonizada por los cipayos, lo que hizo ver al gobierno inglés la necesidad de un control más estricto. Apareció entonces la figura del virrey, asistido por un consejo mixto de funcionarios británicos y magnates indígenas. Sin embargo, el nacionalismo hindú fue una cuestión latente que llevó, desde las reformas administrativas (1920) a la independencia (1947).

Hacia mediados del siglo XIX, la presencia inglesa en la India era ya suficientemente importante: desde Delhi hasta Cachemira y desde Bengala hasta la baja Birmania. A partir de la reestructuración habida entonces, se completaron las conquistas, buscando, en gran medida, cerrar el paso a la expansión de otros países. Así, Beluchistán y Birmania sirvieron de barrera a las ambiciones rusas o francesas, respectivamente.

En las dos últimas décadas del siglo XIX, Inglaterra se anexionó importantes y bien distribuidos territorios en el continente africano.

En él existía un importante enclave estratégico y político, con larga trayectoria histórica a sus espaldas: Egipto. Como es sabido, era este un territorio sometido a la soberanía del Imperio Otomano, lo que había dado lugar en más de una ocasión a tensiones de carácter internacional.

En 1867 el entonces bajá de El Cairo protagonizó un golpe de Estado, rompiendo sus vínculos de dependencia con Estambul. Su idea era convertir Egipto en un país moderno, dotado de infraestructura, desarrollado económicamente y con alto nivel cultural. Para ello necesitaba aproximarse a los países occidentales, especialmente por la ayuda económica que necesitaba Egipto. Francia fue la llamada a ejercer ese papel, dando esta colaboración algunos resultados positivos, como la construcción del Canal de Suez (1869).

En 1870 Francia sufría una importante derrota frente a Prusia, al tiempo que Egipto se veía impotente para hacer frente a sus deudas: había llegado la hora de Inglaterra. La mayor parte de las acciones del canal pasaron a su poder, abriéndole con ello la ruta hacia la India.
Suez se convirtió a partir de ese momento en punto vital del Imperio británico, implantando un fuerte dominio económico sobre el país.

A su vez, el fracaso del intento nacionalista de 1881 le dio pie para establecer también la tutela política, poniendo en marcha un protectorado sobre Egipto. Mientras los británicos afianzaban su control sobre Egipto, numerosos territorios de África pasaron a formar parte del Imperio: Sudán, Uganda, Kenia, Somalia, Rhodesia, Sudáfrica, Nigeria, Sierra Leona…

Poco a poco los británicos fueron cumpliendo su sueño de conectar sus territorios sudafricanos con Egipto, lo que les llevó a importantes roces con Francia.