Presentación: La independencia de las Trece Colonias


Durante el curso 2016-2017 elaboré este Prezi para explicar en 1º de Bachillerato la independencia de los Estados Unidos. Posteriormente he realizado algunos ajustes que me han servido para ponerlo de fondo en algunos de los vídeos sobre esa materia. Para consultar la presentación haz click aquí.

El Imperio Británico


Puede parecer en cierto modo paradójico que el mayor imperio de la época se constituyera en torno a una isla de territorio tan limitado. Sin embargo, su formación obedece a una política perfectamente calculada y llevada a la práctica de manera sistemática.

La colonización británica no se inició en esos momentos sino que, por el contrario, sus orígenes se remontan al siglo XVI, en dura competencia muchas veces con españoles y portugueses. Su primer imperio colonial se centró en el espacio americano, perdiéndolo en su mayor parte como consecuencia de la independencia de los EE.UU. en el último tercio del siglo XVIII.

Sin embargo, Inglaterra no iba a aceptar indiferente este descalabro. Casi inmediatamente comenzó a trazar nuevos puntos de referencia, que se convirtieron en el embrión de lo que sería su segundo y gran imperio colonial. A lo largo del siglo XIX, Gran bretaña actúa con una doble ventaja:

  • Abrió la marcha en el camino de la expansión colonial y al ser durante mucho tiempo la única potencia que se movía en ese terreno, pudo elegir sus zonas de interés.
  • El Imperio británico fue ante todo un imperio económico, es decir, no un imperio movido por fines económicos, sino fundado en el poderío económico.

Por todo ello, cuando en los años setenta se puso en marcha el proceso de la expansión europea, Inglaterra llevaba ya mucho camino recorrido. Había podido reservarse la mayor y mejor parte de los territorios, poseyendo un imperio enormemente dilatado y aún con posibilidades de crecimiento.

Al inicio del último tercio del siglo XIX, los ingleses dominaban:

  • La parte oriental del Canadá.
  • Algunas islas antillanas.
  • Zonas de África Occidental (entre ellas Gambia y parte de Sudáfrica).
  • Importantes territorios en La India.
  • Una enorme región en Australia.
  • Numerosas islas y enclaves de carácter estratégico.

A lo largo de los años siguientes, el Imperio británico continuó su desarrollo, hasta dominar la cuarta parte de las tierras del planeta. Al mismo tiempo fue diseñando la tipología colonial en función de las características de los territorios ocupados y de sus propias necesidades.

Importantes contingentes de población se desplazaron para instalarse, fundamentalmente, en lugares donde los habitantes indígenas eran poco numerosos o fácilmente dominables. Allí se establecieron colonias de poblamiento, de diseño absolutamente británico, en el que la población autóctona quedó suprimida o relegada por completo.

En otras regiones, donde no resultaba tan fácil o práctico llevar a cabo esta política, se pusieron en marcha auténticas colonias de explotación, basadas en sus posibilidades económicas.

En Asia, su gran centro de acción fue, sin lugar a dudas, la India.

La presencia inglesa en aquellos territorios puede estructurarse en tres etapas perfectamente diferenciadas:

  • Una primera, hasta 1773, protagonizada por la Compañía de las Indias Orientales y de explotación colonial privada.
  • Una segunda, hasta 1858, época de un gobierno conjunto de la Compañía y la Corona.
  • Una tercera, hasta 1947, con gobierno exclusivo de la Corona.

El cambio de situación fue motivado por una sublevación protagonizada por los cipayos, lo que hizo ver al gobierno inglés la necesidad de un control más estricto. Apareció entonces la figura del virrey, asistido por un consejo mixto de funcionarios británicos y magnates indígenas. Sin embargo, el nacionalismo hindú fue una cuestión latente que llevó, desde las reformas administrativas (1920) a la independencia (1947).

Hacia mediados del siglo XIX, la presencia inglesa en la India era ya suficientemente importante: desde Delhi hasta Cachemira y desde Bengala hasta la baja Birmania. A partir de la reestructuración habida entonces, se completaron las conquistas, buscando, en gran medida, cerrar el paso a la expansión de otros países. Así, Beluchistán y Birmania sirvieron de barrera a las ambiciones rusas o francesas, respectivamente.

En las dos últimas décadas del siglo XIX, Inglaterra se anexionó importantes y bien distribuidos territorios en el continente africano.

En él existía un importante enclave estratégico y político, con larga trayectoria histórica a sus espaldas: Egipto. Como es sabido, era este un territorio sometido a la soberanía del Imperio Otomano, lo que había dado lugar en más de una ocasión a tensiones de carácter internacional.

En 1867 el entonces bajá de El Cairo protagonizó un golpe de Estado, rompiendo sus vínculos de dependencia con Estambul. Su idea era convertir Egipto en un país moderno, dotado de infraestructura, desarrollado económicamente y con alto nivel cultural. Para ello necesitaba aproximarse a los países occidentales, especialmente por la ayuda económica que necesitaba Egipto. Francia fue la llamada a ejercer ese papel, dando esta colaboración algunos resultados positivos, como la construcción del Canal de Suez (1869).

En 1870 Francia sufría una importante derrota frente a Prusia, al tiempo que Egipto se veía impotente para hacer frente a sus deudas: había llegado la hora de Inglaterra. La mayor parte de las acciones del canal pasaron a su poder, abriéndole con ello la ruta hacia la India.
Suez se convirtió a partir de ese momento en punto vital del Imperio británico, implantando un fuerte dominio económico sobre el país.

A su vez, el fracaso del intento nacionalista de 1881 le dio pie para establecer también la tutela política, poniendo en marcha un protectorado sobre Egipto. Mientras los británicos afianzaban su control sobre Egipto, numerosos territorios de África pasaron a formar parte del Imperio: Sudán, Uganda, Kenia, Somalia, Rhodesia, Sudáfrica, Nigeria, Sierra Leona…

Poco a poco los británicos fueron cumpliendo su sueño de conectar sus territorios sudafricanos con Egipto, lo que les llevó a importantes roces con Francia.

John Adams ante Jorge III de Inglaterra


Fragmento de la serie «John Adams» (2008) en el que se recoge el primer encuentro entre un embajador norteamericano y el rey Jorge III de Inglaterra. El hecho de que el vídeo esté en inglés es intencionado, pues entiendo que así se recoge de manera más fiel la tensión y emoción contenida de la conversación.

Es interesante señalar, en primer lugar, la cuestión de protocolo que aparece en la primera escena. John Adams, como embajador de las trece colonias en Inglaterra, debe someterse al rígido modo de actuar de la corte inglesa. En segundo término, hemos de detenernos en los comentarios y reacciones que suscita la presencia de John Adams en palacio. Es más que evidente la curiosidad, y también cierta repulsa, que sienten las personas que se cruzan con ese representante de los colonos rebeldes.

La última escena de este fragmento recrea la conversación entre el embajador y Jorge III. Se podría decir que, tanto por sus palabras como por sus silencios, ambos están emocionados a la par que incómodos. John Adams tiene frente a él a quien había sido su rey: un hombre al que respetó y obedeció, y contra el que más tarde luchó para defender a su colonia del abuso inglés. Por su parte, el monarca tiene ante él al representante de unos territorios a los que, en cierto modo, sigue considerando suyos. De hecho, aunque terminó por firmar la paz de Versalles en 1783, Jorge III no renunció nunca a la posibilidad de recuperar esas trece colonias. Al margen de todo esto, lo que queda claro tras visualizar el vídeo es el profundo respeto que siente el uno hacia el otro.

 

El proceso de independencia de los EE.UU.


En el último cuarto del siglo XVIII, trece colonias inglesas de Norteamérica empezaron su proceso de independencia. Se iniciaba así un camino que, al término del conflicto bélico en 1783, terminaría con la formación de la primera nación americana, constituida como un Estado liberal. En este vídeo abordan los principales acontecimientos acaecidos entre 1773 y 1787; mientras que la clase anterior incluía una explicación de los antecedentes y principales protagonistas, así como una descripción de los territorios implicados.

Planteamiento de la independencia de los EE.UU.


En el último cuarto del siglo XVIII, trece colonias inglesas de Norteamérica comenzaron su proceso de independencia. Se iniciaba así un camino que, al término del conflicto bélico en 1783, terminaría con la formación de la primera nación americana, constituida como un Estado liberal. En este vídeo se analizan los antecedentes, el territorio y los principales protagonistas del proceso; mientras que en la segunda clase se abordan cuestiones como el congresos continentales de Filadelfia y el desarrollo de la Guerra de Independencia.

 

Declaración de independencia de los Estados Unidos de América


Este escena de la serie “Adams” (2008) se desarrolla durante el II Congreso Continental celebrado en Filadelfia, al que acudieron trece de las colonias británicas de Norteamérica. Ese acontecimiento se sitúa en el contexto del conflicto que enfrentó a Inglaterra con esos territorios rebeldes entre 1775 y 1783, y que terminó con la independencia de estos últimos y el nacimiento de una nueva nación americana: los Estados Unidos.

El fragmento presenta dos partes claramente diferenciadas. En la primera tiene lugar la votación de la Declaración de Independencia, cuyo principal autor fue Thomas Jefferson. De ella nos interesa destacar la necesidad de unanimidad para que fuera aprobada. Es decir, ninguna de las trece colonias podía emitir un voto negativo. Al respecto, fue de suma importancia la labor desarrollada los días antes por representantes de Massachusetts, Virginia y Pensilvania. Estos lograron convencer a los territorios contrarios a la independencia, si bien en el caso de Nueva York solo lograron obtener una abstención. Pero a pesar de esa labor, la unanimidad no estaba totalmente garantizada antes de la votación, de ahí la tensión que se refleja en algunos rostros en esos momentos.

El último aspecto a destacar de esa parte es el final. No hay alegría ni aplausos, solo silencio y gestos de preocupación. Esa reacción se entiende si tenemos en cuenta que la mayoría de esos hombres se sentían ingleses, y que solo una situación límite les había llevado a romper con su patria, con sus raíces. La independencia no era para ellos un anhelo, sino la única salida que tenían en 1776. A eso hemos de añadir el hecho de que se enfrentaban a la mayor potencia del mundo, Inglaterra, y que esa lucha se iba a llevar a cabo en su propio territorio -en sus campos, frente a sus casas- y que afectaría a sus familias y a sus posesiones.

La segunda parte del vídeo reproduce la lectura de la Declaración de Independencia aprobada en 1776. En primer lugar, se hace una relación de derechos inalienables que, si bien con algunas variantes -más bien matices-, se corresponden con los defendidos por John Locke en la revolución inglesa de finales del XVII. Es decir, los rebeldes americanos se sitúan en plena sintonía con el liberalismo nacido un siglo antes. A continuación, el texto trata de justificar las medidas adoptadas denunciando la falta de respeto -la tiranía- del rey Jorge III a esos derechos. Por último, declaran que las colonias pasarán a ser territorios independientes, al tiempo que se comprometen a sacrificar por esa causa todo lo que tienen y lo que son.

 

La independencia de las Trece Colonias americanas


Los hechos acaecidos en las Trece Colonias británicas de América del Norte poseen una doble carga. Por un lado, podemos verlos como un fenómeno de rebeldía e independencia colonial con respecto a la metrópoli; y por otro como revolución política.

La norteamericana es, en definitiva, la primera revolución de los tiempos modernos: la primera colonia en romper sus lazos con la madre patria, la primera nación que elabora una Constitución y la primera implantación de la democracia.

Causas de la independencia

La Guerra de los Siete Años (1756-1763) cambió notablemente el panorama de las colonias británicas del Nuevo Mundo con respecto a la metrópoli. Esta, vencedora del conflicto en detrimento de Francia, se encontró de pronto con enormes extensiones territoriales de nueva adquisición que precisaban de una reorganización administrativa.

Esto perjudicaba notablemente a muchas de las antiguas colonias inglesas en Norteamérica, que habían gozado tradicionalmente de una alta autonomía política. Aparte descontento por las reformas administrativas, otro de los factores desencadenantes de la rebelión colonial fue la política fiscal llevada a cabo por los ingleses.

La guerra con Francia había agotado las arcas británicas, que necesitaban más que nunca de la savia americana para recuperare del alto coste del conflicto.

Por esa razón, las autoridades de la metrópoli exigieron un control más estricto de los impuestos, dejando así de lado la tradicional “negligencia saludable” que, en lo referente a estos cuestiones, había practicado Inglaterra con respecto a Norteamérica. Además de eso, comenzaron a exigir nuevos impuestos –Sugar Act, Stamp Act, Townsend duties, Tea Act…-, que aumentaron notablemente el descontento de los colonos.

Partiendo de estas bases, comprobamos como desde 1764 a 1773 la tensión entre colonia y metrópoli irá en aumento. De esta manera, progresivamente, las clases medias, con importantes intereses económicos, al verse perjudicados en sus negocios, se irán radicalizando en sus posturas hasta llegar a defender la independencia con respecto a Londres.

El mantenimiento de la Tea Act y sus consecuencias

Ante las muestras de oposición ante las nuevas leyes impositivas, el gobierno de Londres dio marcha atrás. De este hecho los colonos sacaron dos enseñanzas: que su unión era fundamental para defender su intereses, y que los británicos daban muestras de debilidad.

Sin embargo, Inglaterra mantuvo una de las leyes arancelarias, la Tea Act, que iba a provocar el estallido del conflicto: el 16 de diciembre de 1773 se produjeron una serie de actos de rebeldía en Boston.

Los hechos acaecidos en Boston fueron más que suficientes para radicalizar las posturas en ambos bandos. Así, tanto los que en Londres defendían una política blanda con las colonias, como los que en América abogaban por mantener una actitud sumisa con la metrópoli, se vieron arrastrados por ambos extremos.

Desde Inglaterra se puso en marcha un proyecto para solucionar, por medio de la coerción, el problema americano. Para ello se proyectó, a modo de castigo, el cierre del puerto de Boston. Medida a la que siguieron el reforzamiento de la autoridad en el gobierno de Massachussets; los cambios en la administración de la justicia, que debía centrarse más en el cumplimiento del pago de los impuestos decretados; la Quatering Act, que obligaba a las colinas a alojar tropas británicas; y la Québec Act, que establecía en esta región un gobierno más centralizado.

Por su parte, los rebeldes se reunieron, entre junio y octubre de 1774, en el Congreso Continental de Filadelfia.

Allí establecieron una Asociación Continental con el objetivo de luchar por unas libertades constitucionales, y se comprometieron a boicotear todos los productos británicos. Además, negaron la legitimidad del parlamento inglés al no poseer este representantes de las propias colonias.

La Declaración de Independencia

Teniendo en cuenta lo enunciado anteriormente, parece evidente que sólo hacía falta un hecho sangriento para que estallase el conflicto bélico. Este sucedió en Lexington, el 19 de abril de 1775. En una operación destinada a desmantelar un almacén de armas perteneciente a los rebeldes, el ejército inglés acabó enfrentándose a un grupo de milicianos que se resistieron a la operación.

Poco después de estos acontecimientos, ya en el año 1776, se reunió el II Congreso de Filadelfia. Allí se tomaron las primeras medidas para organizar la guerra, entre las que destacan el reclutamiento de milicianos y la financiación del conflicto. Además, observamos como las ideas independentistas van ganando terreno entre los congresistas.

Por fin, el 4 de julio de 1776 se aprobaba la Declaración de Independencia de las colonias norteamericanas.

Este texto, redactado por Thomas Jefferson y basado en las ideas de Locke, trataba de justificar ante el mundo la emancipación americana, consecuencia –según los rebeldes- de la tiranía e intolerancia británica.

El conflicto bélico (1776-1783)

En los primeros compases del conflicto, la inferioridad de los colonos era patente. Mandaban a la lucha a soldados entusiastas, pero poco instruidos, que además carecían del equipamiento necesario en numerosas ocasiones. Este fue una de las grandes misiones del Congreso en un principio: la financiación de la causa independentista.

Una de las constantes del conflicto de independencia norteamericano fue la búsqueda, por parte de los rebeldes, del apoyo exterior.

Conscientes de su propia inferioridad, los congresistas tratarán de negociar con otras potencias extranjeras para modificar el equilibrio de esa lucha desigual. De esta manera, desde un primer momento, se buscó el apoyo de Francia, tradicional enemiga de los británicos.

Después de la batalla de Saratoga (17 de octubre de 1777), Francia reconoció oficialmente la independencia norteamericana, declarándole la guerra a Inglaterra. Además, España, que por aquel entonces se movía en la órbita francesa, fue arrastrada al conflicto en junio de 1779.

Ante esta situación del panorama internacional, la victoria de los rebeldes no tardó en llegar. Mientras Francia aprovecha la debilidad británica para hacerse con las islas antillanas de Tobago y Santa Lucía, y España recupera Menorca y Florida, Washington derrotaba a Cornwallis en Yorktown (19 de octubre de 1781).

Esta victoria de los colonos fue decisiva para que una agotada Inglaterra buscase la paz, que se firmó en Versalles el 3 de septiembre de 1783.

Contexto y escenarios de la revolución liberal

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos sobre la España de Fernando VII. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


A la hora de analizar la revolución liberal española de comienzos del XIX es necesario definir previamente el contexto de la misma atendiendo a tres escenarios distintos: intercontinental, continental y peninsular. Un breve esbozo de cada uno de estos campos nos permitirá, no sólo comprender mejor el desarrollo del liberalismo español, sino también comprobar que sin ellos este no hubiera sido posible.

Escenario intercontinental: revolución atlántica

La expansión de la ideología liberal a finales del siglo XVIII y principios del XIX fue un proceso en el que Europa y América caminaron a la par. Esto nos permite hablar de un fenómeno atlántico de ida y vuelta. En las Trece Colonias norteamericanas se dieron las primeras manifestaciones de liberalismo y constitucionalismo; y, curiosamente, en un contexto de guerra de independencia (1776-1783).

Los Estados Unidos sirvieron de campo de pruebas para las nuevas ideas políticas elaboradas por los teóricos europeos. De ahí, en forma de hechos, volvieron a su continente de origen. En 1789 la ideología liberal tomó cuerpo en Francia; en pocos años la revolución se expandió por el Viejo Mundo hasta la derrota de Napoleón en 1814.

El viaje del liberalismo no se detuvo en Europa. De la España invadida por los franceses entre 1808 y 1814 la revolución liberal volvió a saltar al otro lado del océano; en esta ocasión a Hispanoamérica (1808-1824). Allí el fenómeno fue tardío, y estuvo íntimamente relacionado con los sucesos españoles. Al igual que en el caso de las Trece Colonias, surgió en un contexto secesionista.

Escenario continental

Las conquistas napoleónicas favorecieron la expansión de las ideas liberales francesas por toda Europa. Sin embargo, este fenómeno desencadenó otro de no menor importancia: la reacción nacional-romántica. El rechazo al invasor marcó el inicio de la “época de las nacionalidades”. España a partir de 1808, Rusia desde 1812, y Alemania en 1813, fueron claros ejemplos de este tipo de manifestaciones.

Escenario peninsular

Como hemos indicado anteriormente, desde los primeros momentos de la invasión francesa surgió en España esa reacción nacional contra el agresor extranjero. En el seno de esta resistencia se llevó a cabo una revolución liberal propia –análoga a la que pretendían imponer los afrancesados-, cuya más alta manifestación fue la reunión de las Cortes en Cádiz con la consiguiente redacción constitucional (19 de marzo de 1812). Estos hechos, como es evidente, tuvieron importantes repercusiones en Hispanoamérica.

Bibliografía:

[1] Historia Contemporánea de España II; Javier Paredes (Coord.) – Madrid – Ariel – 2005.

[2] Historia Contemporánea de España II; José Luis Comellas – Madrid – Rialp – 1986.

[3] Historia de España; José Luis Martín, Carlos Martínez Shaw, Javier Tusell – Madrid – Taurus – 1998.

[4] Las Cortes de Cádiz; Federico Suárez Verdeguer – Madrid – Rialp – 1982.