Explica las causas y desarrollo del proceso de independencia de las colonias americanas


TRIGÉSIMO SÉPTIMO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

De entre las causas de la independencia cabe destacar, en primer lugar, la progresiva liberalización del comercio peninsular con América, que benefició más a los comerciantes peninsulares que a los criollos. La principal consecuencia fue que, estos últimos, se sintieron sometidos a los intereses venidos del otro lado del Atlántico. En segundo término, hay que señalar la influencia de la Revolución Americana (1776) y de la Revolución Francesa (1789) en las colonias americanas. Y, por último, la política británica, favorable a una América independiente con la que poder comerciar libremente.

En lo que se refiere al proceso de independencia de las colonias españolas en América, cabe distinguir dos fases:

  • De 1808 a 1815, coincidiendo con la Guerra de Independencia en la Península, se generó en América un vacío legal semejante al de la España peninsular. Esto hizo posible que las colonias tuvieran una mayor libertad en su actividad política y económica, dando lugar a tentativas independentistas.
  • De 1816 a 1824 se desarrollaron procesos más organizados que terminaron por dar lugar a las nuevas naciones americanas. Simón Bolívar y San Martín iniciaron una serie de campañas militares que, tras la batalla de Ayacucho (1824), aseguraron la independencia de las colonias españolas de América del Sur. Por su parte, México hizo lo propio en 1821 de la mano de Agustín de Iturbide y el Plan de Iguala.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia de España 2 – Editorial Anaya.
  2. Historia de España – Editorial Vicens Vives.
  3. América Latina: la independencia; Gonzalo Zaragoza – Anaya.

Presentación: La independencia de las Trece Colonias


Durante el curso 2016-2017 elaboré este Prezi para explicar en 1º de Bachillerato la independencia de los Estados Unidos. Posteriormente he realizado algunos ajustes que me han servido para ponerlo de fondo en algunos de los vídeos sobre esa materia. Para consultar la presentación haz click aquí.

El Imperio Británico


Puede parecer en cierto modo paradójico que el mayor imperio de la época se constituyera en torno a una isla de territorio tan limitado. Sin embargo, su formación obedece a una política perfectamente calculada y llevada a la práctica de manera sistemática.

La colonización británica no se inició en esos momentos sino que, por el contrario, sus orígenes se remontan al siglo XVI, en dura competencia muchas veces con españoles y portugueses. Su primer imperio colonial se centró en el espacio americano, perdiéndolo en su mayor parte como consecuencia de la independencia de los EE.UU. en el último tercio del siglo XVIII.

Sin embargo, Inglaterra no iba a aceptar indiferente este descalabro. Casi inmediatamente comenzó a trazar nuevos puntos de referencia, que se convirtieron en el embrión de lo que sería su segundo y gran imperio colonial. A lo largo del siglo XIX, Gran bretaña actúa con una doble ventaja:

  • Abrió la marcha en el camino de la expansión colonial y al ser durante mucho tiempo la única potencia que se movía en ese terreno, pudo elegir sus zonas de interés.
  • El Imperio británico fue ante todo un imperio económico, es decir, no un imperio movido por fines económicos, sino fundado en el poderío económico.

Por todo ello, cuando en los años setenta se puso en marcha el proceso de la expansión europea, Inglaterra llevaba ya mucho camino recorrido. Había podido reservarse la mayor y mejor parte de los territorios, poseyendo un imperio enormemente dilatado y aún con posibilidades de crecimiento.

Al inicio del último tercio del siglo XIX, los ingleses dominaban:

  • La parte oriental del Canadá.
  • Algunas islas antillanas.
  • Zonas de África Occidental (entre ellas Gambia y parte de Sudáfrica).
  • Importantes territorios en La India.
  • Una enorme región en Australia.
  • Numerosas islas y enclaves de carácter estratégico.

A lo largo de los años siguientes, el Imperio británico continuó su desarrollo, hasta dominar la cuarta parte de las tierras del planeta. Al mismo tiempo fue diseñando la tipología colonial en función de las características de los territorios ocupados y de sus propias necesidades.

Importantes contingentes de población se desplazaron para instalarse, fundamentalmente, en lugares donde los habitantes indígenas eran poco numerosos o fácilmente dominables. Allí se establecieron colonias de poblamiento, de diseño absolutamente británico, en el que la población autóctona quedó suprimida o relegada por completo.

En otras regiones, donde no resultaba tan fácil o práctico llevar a cabo esta política, se pusieron en marcha auténticas colonias de explotación, basadas en sus posibilidades económicas.

En Asia, su gran centro de acción fue, sin lugar a dudas, la India.

La presencia inglesa en aquellos territorios puede estructurarse en tres etapas perfectamente diferenciadas:

  • Una primera, hasta 1773, protagonizada por la Compañía de las Indias Orientales y de explotación colonial privada.
  • Una segunda, hasta 1858, época de un gobierno conjunto de la Compañía y la Corona.
  • Una tercera, hasta 1947, con gobierno exclusivo de la Corona.

El cambio de situación fue motivado por una sublevación protagonizada por los cipayos, lo que hizo ver al gobierno inglés la necesidad de un control más estricto. Apareció entonces la figura del virrey, asistido por un consejo mixto de funcionarios británicos y magnates indígenas. Sin embargo, el nacionalismo hindú fue una cuestión latente que llevó, desde las reformas administrativas (1920) a la independencia (1947).

Hacia mediados del siglo XIX, la presencia inglesa en la India era ya suficientemente importante: desde Delhi hasta Cachemira y desde Bengala hasta la baja Birmania. A partir de la reestructuración habida entonces, se completaron las conquistas, buscando, en gran medida, cerrar el paso a la expansión de otros países. Así, Beluchistán y Birmania sirvieron de barrera a las ambiciones rusas o francesas, respectivamente.

En las dos últimas décadas del siglo XIX, Inglaterra se anexionó importantes y bien distribuidos territorios en el continente africano.

En él existía un importante enclave estratégico y político, con larga trayectoria histórica a sus espaldas: Egipto. Como es sabido, era este un territorio sometido a la soberanía del Imperio Otomano, lo que había dado lugar en más de una ocasión a tensiones de carácter internacional.

En 1867 el entonces bajá de El Cairo protagonizó un golpe de Estado, rompiendo sus vínculos de dependencia con Estambul. Su idea era convertir Egipto en un país moderno, dotado de infraestructura, desarrollado económicamente y con alto nivel cultural. Para ello necesitaba aproximarse a los países occidentales, especialmente por la ayuda económica que necesitaba Egipto. Francia fue la llamada a ejercer ese papel, dando esta colaboración algunos resultados positivos, como la construcción del Canal de Suez (1869).

En 1870 Francia sufría una importante derrota frente a Prusia, al tiempo que Egipto se veía impotente para hacer frente a sus deudas: había llegado la hora de Inglaterra. La mayor parte de las acciones del canal pasaron a su poder, abriéndole con ello la ruta hacia la India.
Suez se convirtió a partir de ese momento en punto vital del Imperio británico, implantando un fuerte dominio económico sobre el país.

A su vez, el fracaso del intento nacionalista de 1881 le dio pie para establecer también la tutela política, poniendo en marcha un protectorado sobre Egipto. Mientras los británicos afianzaban su control sobre Egipto, numerosos territorios de África pasaron a formar parte del Imperio: Sudán, Uganda, Kenia, Somalia, Rhodesia, Sudáfrica, Nigeria, Sierra Leona…

Poco a poco los británicos fueron cumpliendo su sueño de conectar sus territorios sudafricanos con Egipto, lo que les llevó a importantes roces con Francia.

Adam Smith y el liberalismo económico


A mediados del siglo XVIII se inició en Gran Bretaña un intenso proceso de industrialización que llevó a la transformación radical de la forma de producir, distribuir y comercializar bienes y servicios. Posteriormente, esos cambios se extendieron al continente europeo, así como a otros territorios fuera del Viejo Mundo, como los EE.UU. o Japón. En este vídeo se resumen los principales planteamientos del liberalismo económico, centrados fundamentalmente en el pensamiento de Adam Smith. Los otros vídeos abordan el concepto y consecuencias de la industrializaciónlos inicios de ese proceso en Gran Bretañalas principales característicaslos cambios demográficosla expansión de la revolución industrial al Continentela evolución del comercio hasta 1870, la Larga Depresiónlos cambios económicos de finales del XIX.

 

Proyecto intercentros #ÉpocaDeRevoluciones


Esta actividad pertenece al proyecto flipped classroom que desarrollaron, durante el curso 2016/2017, alumnos de 1º de bachillerato de cuatro centros educativos distintos: IES Antonio Calvín, IES Sapere Aude, IES Gabriel Miró e IES Juan Martín el Empecinado. En total, poco más de cien alumnos que, de manera individual o en grupos, tuitearon contenidos relacionados con la Guerra de Independencia de los EE.UU. y la Revolución Francesa durante el 25, 26 y 27 de octubre. El hecho más significativo de este proyecto es que nuestro hashtag #ÉpocaDeRevoluciones llegó a trending topic el primero de esos días. A continuación dejo una serie de enlaces en los que está toda la información que, hasta la fecha, he recopilado sobre esta actividad:

Resumiendo la repercusión de #ÉpocaDeRevoluciones
Trabajando co-evaluación y competencias con #ÉpocaDeRevoluciones

 

John Adams ante Jorge III de Inglaterra


Fragmento de la serie «John Adams» (2008) en el que se recoge el primer encuentro entre un embajador norteamericano y el rey Jorge III de Inglaterra. El hecho de que el vídeo esté en inglés es intencionado, pues entiendo que así se recoge de manera más fiel la tensión y emoción contenida de la conversación.

Es interesante señalar, en primer lugar, la cuestión de protocolo que aparece en la primera escena. John Adams, como embajador de las trece colonias en Inglaterra, debe someterse al rígido modo de actuar de la corte inglesa. En segundo término, hemos de detenernos en los comentarios y reacciones que suscita la presencia de John Adams en palacio. Es más que evidente la curiosidad, y también cierta repulsa, que sienten las personas que se cruzan con ese representante de los colonos rebeldes.

La última escena de este fragmento recrea la conversación entre el embajador y Jorge III. Se podría decir que, tanto por sus palabras como por sus silencios, ambos están emocionados a la par que incómodos. John Adams tiene frente a él a quien había sido su rey: un hombre al que respetó y obedeció, y contra el que más tarde luchó para defender a su colonia del abuso inglés. Por su parte, el monarca tiene ante él al representante de unos territorios a los que, en cierto modo, sigue considerando suyos. De hecho, aunque terminó por firmar la paz de Versalles en 1783, Jorge III no renunció nunca a la posibilidad de recuperar esas trece colonias. Al margen de todo esto, lo que queda claro tras visualizar el vídeo es el profundo respeto que siente el uno hacia el otro.

 

El proceso de independencia de los EE.UU.


En el último cuarto del siglo XVIII, trece colonias inglesas de Norteamérica empezaron su proceso de independencia. Se iniciaba así un camino que, al término del conflicto bélico en 1783, terminaría con la formación de la primera nación americana, constituida como un Estado liberal. En este vídeo abordan los principales acontecimientos acaecidos entre 1773 y 1787; mientras que la clase anterior incluía una explicación de los antecedentes y principales protagonistas, así como una descripción de los territorios implicados.

Planteamiento de la independencia de los EE.UU.


En el último cuarto del siglo XVIII, trece colonias inglesas de Norteamérica comenzaron su proceso de independencia. Se iniciaba así un camino que, al término del conflicto bélico en 1783, terminaría con la formación de la primera nación americana, constituida como un Estado liberal. En este vídeo se analizan los antecedentes, el territorio y los principales protagonistas del proceso; mientras que en la segunda clase se abordan cuestiones como el congresos continentales de Filadelfia y el desarrollo de la Guerra de Independencia.

 

El planteamiento del conflicto bélico y de la independencia en “El Patriota”


En el siguiente fragmento de «El Patriota» encontramos abundantes referencias a la Guerra de los Siete Años. Estas se dan, tanto en la arenga protagonizada por un excombatiente en la primera escena, como durante la reunión de la asamblea en la segunda. Por tanto, la película apunta con acierto en una dirección: la independencia de las Trece Colonias es inseparable de ese conflicto bélico que, en América, enfrentó a Francia e Inglaterra entre 1756 y 1763.

El segundo elemento a tener en cuenta es la cuestión de la tiranía, que sale a relucir de manera directa en la discusión de la asamblea y, de manera implícita, en la arenga del excombatiente cuando se refiere a los impuestos. Al fin y al cabo, según los planteamientos del liberalismo inglés, la presión fiscal puede considerarse tiránica si las personas sobre las que recae no cuentan con representación política.

El último elemento a destacar es visible, únicamente, en la segunda escena (en la asamblea). La discusión que mantienen los ciudadanos de Carolina del Sur está llena de referencias al pensamiento político que se desarrolló en Inglaterra durante las revoluciones del siglo XVII. Al igual que en la propia Declaración de Independencia de 1776, John Locke y sus ideas están presentes en las palabras de esos colonos. Se aprecia también en ese punto la división de opiniones que existe entre ellos. Unas diferencias que llevaran a unos a combatir con los patriotas y a otros en el ejército regular inglés.

En definitiva, los acontecimientos norteamericanos pueden considerarse, al mismo tiempo, una guerra de independencia, un conflicto civil y una revolución libera.

Declaración de independencia de los Estados Unidos de América


Este escena de la serie “Adams” (2008) se desarrolla durante el II Congreso Continental celebrado en Filadelfia, al que acudieron trece de las colonias británicas de Norteamérica. Ese acontecimiento se sitúa en el contexto del conflicto que enfrentó a Inglaterra con esos territorios rebeldes entre 1775 y 1783, y que terminó con la independencia de estos últimos y el nacimiento de una nueva nación americana: los Estados Unidos.

El fragmento presenta dos partes claramente diferenciadas. En la primera tiene lugar la votación de la Declaración de Independencia, cuyo principal autor fue Thomas Jefferson. De ella nos interesa destacar la necesidad de unanimidad para que fuera aprobada. Es decir, ninguna de las trece colonias podía emitir un voto negativo. Al respecto, fue de suma importancia la labor desarrollada los días antes por representantes de Massachusetts, Virginia y Pensilvania. Estos lograron convencer a los territorios contrarios a la independencia, si bien en el caso de Nueva York solo lograron obtener una abstención. Pero a pesar de esa labor, la unanimidad no estaba totalmente garantizada antes de la votación, de ahí la tensión que se refleja en algunos rostros en esos momentos.

El último aspecto a destacar de esa parte es el final. No hay alegría ni aplausos, solo silencio y gestos de preocupación. Esa reacción se entiende si tenemos en cuenta que la mayoría de esos hombres se sentían ingleses, y que solo una situación límite les había llevado a romper con su patria, con sus raíces. La independencia no era para ellos un anhelo, sino la única salida que tenían en 1776. A eso hemos de añadir el hecho de que se enfrentaban a la mayor potencia del mundo, Inglaterra, y que esa lucha se iba a llevar a cabo en su propio territorio -en sus campos, frente a sus casas- y que afectaría a sus familias y a sus posesiones.

La segunda parte del vídeo reproduce la lectura de la Declaración de Independencia aprobada en 1776. En primer lugar, se hace una relación de derechos inalienables que, si bien con algunas variantes -más bien matices-, se corresponden con los defendidos por John Locke en la revolución inglesa de finales del XVII. Es decir, los rebeldes americanos se sitúan en plena sintonía con el liberalismo nacido un siglo antes. A continuación, el texto trata de justificar las medidas adoptadas denunciando la falta de respeto -la tiranía- del rey Jorge III a esos derechos. Por último, declaran que las colonias pasarán a ser territorios independientes, al tiempo que se comprometen a sacrificar por esa causa todo lo que tienen y lo que son.