Planteamiento de la independencia de los EE.UU.


En el último cuarto del siglo XVIII, trece colonias inglesas de Norteamérica comenzaron su proceso de independencia. Se iniciaba así un camino que, al término del conflicto bélico en 1783, terminaría con la formación de la primera nación americana, constituida como un Estado liberal. En este vídeo se analizan los antecedentes, el territorio y los principales protagonistas del proceso; mientras que en la segunda clase se abordan cuestiones como el congresos continentales de Filadelfia y el desarrollo de la Guerra de Independencia.

 

Declaración de independencia de los Estados Unidos de América


Este escena de la serie “Adams” (2008) se desarrolla durante el II Congreso Continental celebrado en Filadelfia, al que acudieron trece de las colonias británicas de Norteamérica. Ese acontecimiento se sitúa en el contexto del conflicto que enfrentó a Inglaterra con esos territorios rebeldes entre 1775 y 1783, y que terminó con la independencia de estos últimos y el nacimiento de una nueva nación americana: los Estados Unidos.

El fragmento presenta dos partes claramente diferenciadas. En la primera tiene lugar la votación de la Declaración de Independencia, cuyo principal autor fue Thomas Jefferson. De ella nos interesa destacar la necesidad de unanimidad para que fuera aprobada. Es decir, ninguna de las trece colonias podía emitir un voto negativo. Al respecto, fue de suma importancia la labor desarrollada los días antes por representantes de Massachusetts, Virginia y Pensilvania. Estos lograron convencer a los territorios contrarios a la independencia, si bien en el caso de Nueva York solo lograron obtener una abstención. Pero a pesar de esa labor, la unanimidad no estaba totalmente garantizada antes de la votación, de ahí la tensión que se refleja en algunos rostros en esos momentos.

El último aspecto a destacar de esa parte es el final. No hay alegría ni aplausos, solo silencio y gestos de preocupación. Esa reacción se entiende si tenemos en cuenta que la mayoría de esos hombres se sentían ingleses, y que solo una situación límite les había llevado a romper con su patria, con sus raíces. La independencia no era para ellos un anhelo, sino la única salida que tenían en 1776. A eso hemos de añadir el hecho de que se enfrentaban a la mayor potencia del mundo, Inglaterra, y que esa lucha se iba a llevar a cabo en su propio territorio -en sus campos, frente a sus casas- y que afectaría a sus familias y a sus posesiones.

La segunda parte del vídeo reproduce la lectura de la Declaración de Independencia aprobada en 1776. En primer lugar, se hace una relación de derechos inalienables que, si bien con algunas variantes -más bien matices-, se corresponden con los defendidos por John Locke en la revolución inglesa de finales del XVII. Es decir, los rebeldes americanos se sitúan en plena sintonía con el liberalismo nacido un siglo antes. A continuación, el texto trata de justificar las medidas adoptadas denunciando la falta de respeto -la tiranía- del rey Jorge III a esos derechos. Por último, declaran que las colonias pasarán a ser territorios independientes, al tiempo que se comprometen a sacrificar por esa causa todo lo que tienen y lo que son.

 

La independencia de las Trece Colonias americanas


Los hechos acaecidos en las Trece Colonias británicas de América del Norte poseen una doble carga. Por un lado, podemos verlos como un fenómeno de rebeldía e independencia colonial con respecto a la metrópoli; y por otro como revolución política.

La norteamericana es, en definitiva, la primera revolución de los tiempos modernos: la primera colonia en romper sus lazos con la madre patria, la primera nación que elabora una Constitución y la primera implantación de la democracia.

Causas de la independencia

La Guerra de los Siete Años (1756-1763) cambió notablemente el panorama de las colonias británicas del Nuevo Mundo con respecto a la metrópoli. Esta, vencedora del conflicto en detrimento de Francia, se encontró de pronto con enormes extensiones territoriales de nueva adquisición que precisaban de una reorganización administrativa.

Esto perjudicaba notablemente a muchas de las antiguas colonias inglesas en Norteamérica, que habían gozado tradicionalmente de una alta autonomía política. Aparte descontento por las reformas administrativas, otro de los factores desencadenantes de la rebelión colonial fue la política fiscal llevada a cabo por los ingleses.

La guerra con Francia había agotado las arcas británicas, que necesitaban más que nunca de la savia americana para recuperare del alto coste del conflicto.

Por esa razón, las autoridades de la metrópoli exigieron un control más estricto de los impuestos, dejando así de lado la tradicional “negligencia saludable” que, en lo referente a estos cuestiones, había practicado Inglaterra con respecto a Norteamérica. Además de eso, comenzaron a exigir nuevos impuestos –Sugar Act, Stamp Act, Townsend duties, Tea Act…-, que aumentaron notablemente el descontento de los colonos.

Partiendo de estas bases, comprobamos como desde 1764 a 1773 la tensión entre colonia y metrópoli irá en aumento. De esta manera, progresivamente, las clases medias, con importantes intereses económicos, al verse perjudicados en sus negocios, se irán radicalizando en sus posturas hasta llegar a defender la independencia con respecto a Londres.

El mantenimiento de la Tea Act y sus consecuencias

Ante las muestras de oposición ante las nuevas leyes impositivas, el gobierno de Londres dio marcha atrás. De este hecho los colonos sacaron dos enseñanzas: que su unión era fundamental para defender su intereses, y que los británicos daban muestras de debilidad.

Sin embargo, Inglaterra mantuvo una de las leyes arancelarias, la Tea Act, que iba a provocar el estallido del conflicto: el 16 de diciembre de 1773 se produjeron una serie de actos de rebeldía en Boston.

Los hechos acaecidos en Boston fueron más que suficientes para radicalizar las posturas en ambos bandos. Así, tanto los que en Londres defendían una política blanda con las colonias, como los que en América abogaban por mantener una actitud sumisa con la metrópoli, se vieron arrastrados por ambos extremos.

Desde Inglaterra se puso en marcha un proyecto para solucionar, por medio de la coerción, el problema americano. Para ello se proyectó, a modo de castigo, el cierre del puerto de Boston. Medida a la que siguieron el reforzamiento de la autoridad en el gobierno de Massachussets; los cambios en la administración de la justicia, que debía centrarse más en el cumplimiento del pago de los impuestos decretados; la Quatering Act, que obligaba a las colinas a alojar tropas británicas; y la Québec Act, que establecía en esta región un gobierno más centralizado.

Por su parte, los rebeldes se reunieron, entre junio y octubre de 1774, en el Congreso Continental de Filadelfia.

Allí establecieron una Asociación Continental con el objetivo de luchar por unas libertades constitucionales, y se comprometieron a boicotear todos los productos británicos. Además, negaron la legitimidad del parlamento inglés al no poseer este representantes de las propias colonias.

La Declaración de Independencia

Teniendo en cuenta lo enunciado anteriormente, parece evidente que sólo hacía falta un hecho sangriento para que estallase el conflicto bélico. Este sucedió en Lexington, el 19 de abril de 1775. En una operación destinada a desmantelar un almacén de armas perteneciente a los rebeldes, el ejército inglés acabó enfrentándose a un grupo de milicianos que se resistieron a la operación.

Poco después de estos acontecimientos, ya en el año 1776, se reunió el II Congreso de Filadelfia. Allí se tomaron las primeras medidas para organizar la guerra, entre las que destacan el reclutamiento de milicianos y la financiación del conflicto. Además, observamos como las ideas independentistas van ganando terreno entre los congresistas.

Por fin, el 4 de julio de 1776 se aprobaba la Declaración de Independencia de las colonias norteamericanas.

Este texto, redactado por Thomas Jefferson y basado en las ideas de Locke, trataba de justificar ante el mundo la emancipación americana, consecuencia –según los rebeldes- de la tiranía e intolerancia británica.

El conflicto bélico (1776-1783)

En los primeros compases del conflicto, la inferioridad de los colonos era patente. Mandaban a la lucha a soldados entusiastas, pero poco instruidos, que además carecían del equipamiento necesario en numerosas ocasiones. Este fue una de las grandes misiones del Congreso en un principio: la financiación de la causa independentista.

Una de las constantes del conflicto de independencia norteamericano fue la búsqueda, por parte de los rebeldes, del apoyo exterior.

Conscientes de su propia inferioridad, los congresistas tratarán de negociar con otras potencias extranjeras para modificar el equilibrio de esa lucha desigual. De esta manera, desde un primer momento, se buscó el apoyo de Francia, tradicional enemiga de los británicos.

Después de la batalla de Saratoga (17 de octubre de 1777), Francia reconoció oficialmente la independencia norteamericana, declarándole la guerra a Inglaterra. Además, España, que por aquel entonces se movía en la órbita francesa, fue arrastrada al conflicto en junio de 1779.

Ante esta situación del panorama internacional, la victoria de los rebeldes no tardó en llegar. Mientras Francia aprovecha la debilidad británica para hacerse con las islas antillanas de Tobago y Santa Lucía, y España recupera Menorca y Florida, Washington derrotaba a Cornwallis en Yorktown (19 de octubre de 1781).

Esta victoria de los colonos fue decisiva para que una agotada Inglaterra buscase la paz, que se firmó en Versalles el 3 de septiembre de 1783.