Oposiciones Secundaria | Tema 52


¿Quieres ir bien preparado a las oposiciones de Geografía, Historia e Historia del Arte de Secundaria? Si es así, quizá te sirva el material que pongo a tu disposición. El siguiente es uno de los temas que elaboré en su momento y, aunque cada caso es distinto, al menos a mí me ayudó a sacar la plaza.

A continuación dejo como archivo adjunto un pdf con el texto del tema 52. He decidido mantener el formato de puntos que tan buen resultado me ha dado en mi estudio, pero se puede convertir fácilmente en un texto compuesto por párrafos largos. También dejo más abajo la bibliografía utilizada y, en breve, espero hacer un vídeo dedicado a esta cuestión.

DESCARGA EL PDF: Tema52_La descolonización de Asia y África

BIBLIOGRAFÍA:

  1. A. Adu Boahen, Historia General de África.
  2. A. Adu Boahen, Panafricanismo y nacionalismo en África Occidental.
  3. L. Bianco, Asia contemporánea.
  4. M. Chamberlain, La descolonización. La caída de los imperios europeos.
  5. N. Chomsky, El nuevo orden mundial (y el viejo).
  6. J. Díez Espinosa, Historia del Mundo Actual. Desde 1945 a nuestros días.
  7. P. García Picazo, Teoría breve de las relaciones internacionales.
  8. J. Martínez Carreras, Historia de la descolonización. La independencia de Asia y África.
  9. J. Paredes, Historia de Contemporánea.
  10. P. Renouvin, Historia de las Relaciones Internacionales.
  11. C. Taibo, Historia de la Unión Soviética (1917-1991).
  12. A. Toffler, El cambio de poder.
  13. A. Truyol y Serra, La sociedad internacional.

Historia de ÁFRICA en mapas: de los descubrimientos a la descolonización


Si quieres conocer mejor cómo se produjo la descolonización y evolución territorial de África desde 1488, has llegado al lugar adecuado. En este vídeo muestro la historia de ese continente partiendo del comienzo de la colonización portuguesa.

También puedes recorrer el vídeo siglo a siglo a partir de los siguientes enlaces:

BIBLIOGRAFÍA:

[1] Historia del Mundo Contemporánea (1º de Bachillerato) – Oxford.
[2] Historia Universal Contemporánea (Vol. I y II); Javier Paredes (Coord.) – Ariel.
[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Debate.
[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – El Acantilado.

También puedes consultar algunos vídeos relacionados con el contenido de estos mapas:

El Imperio Británico


Puede parecer en cierto modo paradójico que el mayor imperio de la época se constituyera en torno a una isla de territorio tan limitado. Sin embargo, su formación obedece a una política perfectamente calculada y llevada a la práctica de manera sistemática.

La colonización británica no se inició en esos momentos sino que, por el contrario, sus orígenes se remontan al siglo XVI, en dura competencia muchas veces con españoles y portugueses. Su primer imperio colonial se centró en el espacio americano, perdiéndolo en su mayor parte como consecuencia de la independencia de los EE.UU. en el último tercio del siglo XVIII.

Sin embargo, Inglaterra no iba a aceptar indiferente este descalabro. Casi inmediatamente comenzó a trazar nuevos puntos de referencia, que se convirtieron en el embrión de lo que sería su segundo y gran imperio colonial. A lo largo del siglo XIX, Gran bretaña actúa con una doble ventaja:

  • Abrió la marcha en el camino de la expansión colonial y al ser durante mucho tiempo la única potencia que se movía en ese terreno, pudo elegir sus zonas de interés.
  • El Imperio británico fue ante todo un imperio económico, es decir, no un imperio movido por fines económicos, sino fundado en el poderío económico.

Por todo ello, cuando en los años setenta se puso en marcha el proceso de la expansión europea, Inglaterra llevaba ya mucho camino recorrido. Había podido reservarse la mayor y mejor parte de los territorios, poseyendo un imperio enormemente dilatado y aún con posibilidades de crecimiento.

Al inicio del último tercio del siglo XIX, los ingleses dominaban:

  • La parte oriental del Canadá.
  • Algunas islas antillanas.
  • Zonas de África Occidental (entre ellas Gambia y parte de Sudáfrica).
  • Importantes territorios en La India.
  • Una enorme región en Australia.
  • Numerosas islas y enclaves de carácter estratégico.

A lo largo de los años siguientes, el Imperio británico continuó su desarrollo, hasta dominar la cuarta parte de las tierras del planeta. Al mismo tiempo fue diseñando la tipología colonial en función de las características de los territorios ocupados y de sus propias necesidades.

Importantes contingentes de población se desplazaron para instalarse, fundamentalmente, en lugares donde los habitantes indígenas eran poco numerosos o fácilmente dominables. Allí se establecieron colonias de poblamiento, de diseño absolutamente británico, en el que la población autóctona quedó suprimida o relegada por completo.

En otras regiones, donde no resultaba tan fácil o práctico llevar a cabo esta política, se pusieron en marcha auténticas colonias de explotación, basadas en sus posibilidades económicas.

En Asia, su gran centro de acción fue, sin lugar a dudas, la India.

La presencia inglesa en aquellos territorios puede estructurarse en tres etapas perfectamente diferenciadas:

  • Una primera, hasta 1773, protagonizada por la Compañía de las Indias Orientales y de explotación colonial privada.
  • Una segunda, hasta 1858, época de un gobierno conjunto de la Compañía y la Corona.
  • Una tercera, hasta 1947, con gobierno exclusivo de la Corona.

El cambio de situación fue motivado por una sublevación protagonizada por los cipayos, lo que hizo ver al gobierno inglés la necesidad de un control más estricto. Apareció entonces la figura del virrey, asistido por un consejo mixto de funcionarios británicos y magnates indígenas. Sin embargo, el nacionalismo hindú fue una cuestión latente que llevó, desde las reformas administrativas (1920) a la independencia (1947).

Hacia mediados del siglo XIX, la presencia inglesa en la India era ya suficientemente importante: desde Delhi hasta Cachemira y desde Bengala hasta la baja Birmania. A partir de la reestructuración habida entonces, se completaron las conquistas, buscando, en gran medida, cerrar el paso a la expansión de otros países. Así, Beluchistán y Birmania sirvieron de barrera a las ambiciones rusas o francesas, respectivamente.

En las dos últimas décadas del siglo XIX, Inglaterra se anexionó importantes y bien distribuidos territorios en el continente africano.

En él existía un importante enclave estratégico y político, con larga trayectoria histórica a sus espaldas: Egipto. Como es sabido, era este un territorio sometido a la soberanía del Imperio Otomano, lo que había dado lugar en más de una ocasión a tensiones de carácter internacional.

En 1867 el entonces bajá de El Cairo protagonizó un golpe de Estado, rompiendo sus vínculos de dependencia con Estambul. Su idea era convertir Egipto en un país moderno, dotado de infraestructura, desarrollado económicamente y con alto nivel cultural. Para ello necesitaba aproximarse a los países occidentales, especialmente por la ayuda económica que necesitaba Egipto. Francia fue la llamada a ejercer ese papel, dando esta colaboración algunos resultados positivos, como la construcción del Canal de Suez (1869).

En 1870 Francia sufría una importante derrota frente a Prusia, al tiempo que Egipto se veía impotente para hacer frente a sus deudas: había llegado la hora de Inglaterra. La mayor parte de las acciones del canal pasaron a su poder, abriéndole con ello la ruta hacia la India.
Suez se convirtió a partir de ese momento en punto vital del Imperio británico, implantando un fuerte dominio económico sobre el país.

A su vez, el fracaso del intento nacionalista de 1881 le dio pie para establecer también la tutela política, poniendo en marcha un protectorado sobre Egipto. Mientras los británicos afianzaban su control sobre Egipto, numerosos territorios de África pasaron a formar parte del Imperio: Sudán, Uganda, Kenia, Somalia, Rhodesia, Sudáfrica, Nigeria, Sierra Leona…

Poco a poco los británicos fueron cumpliendo su sueño de conectar sus territorios sudafricanos con Egipto, lo que les llevó a importantes roces con Francia.

El fenómeno de la descolonización

Artículo publicado por Historia en Presente el 8 de agosto de 2008.


En los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial se desarrollo el proceso que conocemos como descolonización.

En un corto periodo de tiempo, las potencias que a finales del siglo XIX protagonizaron la era del imperialismo perdieron sus antiguas colonias. Se trató, pues, de un fenómeno rápido iniciado en el sudeste asiático, de donde pasó al mundo árabe y, de allí, al África negra. Cabe destacar que, entre la formación de esos imperios y su disolución, tal como indica el manual de Historia del Mundo Actual de la Universidad de Valladolid, apenas transcurrieron cinco décadas.

Distinguimos tres factores predominantes en el desarrollo de este proceso. En primer lugar estaría el auge de los movimientos nacionalistas, favorecido desde el final de la Gran Guerra (1914-1918) por los postulados de políticos como el presidente norteamericano W. Wilson o el revolucionario ruso Lenin. Las dos guerras mundiales y sus consecuencias permitieron el desarrollo de la mentalidad emancipadora de las colonias, que empezaron a buscar desde la década de los años veinte raíces históricas y elementos étnico-religiosos que justificaran su postura y aglutinaran al conjunto de la población en torno a un ideal nacional.

En segundo término, hemos de destacar como factor importante la pérdida de la hegemonía mundial por parte de Europa.

Ese predominio del Viejo Continente había permitido la expansión imperialista de finales del XIX; sin embargo, el hundimiento económico e ideológico de los europeos tras la II Guerra Mundial (1939-1945), así como el apoyo de las nuevas superpotencias –los EE.UU. y la URSS- a los movimientos emancipadores, contribuyeron al fin de los antiguos imperios.

A este respecto, es recomendable la lectura de Geografía política en un mundo dividido del profesor Cohen. Por último, hemos de destacar el carácter internacional que tomo el proceso descolonizador, tanto en el apoyo de la ONU a la práctica del Derecho de Autodeterminación de los pueblos como en las presiones ejercidas por los países No Alineados a partir de la Conferencia de Bandung (1955).

La descolonización de Asia

Como comentamos en el epígrafe anterior, uno de los rasgos fundamentales de la descolonización asiática fue su carácter pionero. Podemos rastrear el origen de los nacionalismos orientales desde los años inmediatamente posteriores a la Gran Guerra (1914-1918), e incluso antes si consideramos como manifestación de esto las reivindicaciones a favor de la expulsión de los extranjeros.

Detrás de todo esto hemos de ver esa clásica preocupación de toda cultura por salvar del peligro exterior una supuesta identidad nacional. Esto no impidió que, especialmente en el caso del Asia suroriental, estos movimientos aparecieran en ocasiones de la mano de las tendencias socialistas revolucionarias.

En el caso concreto de China hemos de señalar que, ya desde mediados del siglo XIX, existía un rechazo total a los extranjeros y su influencia. Los sucesivos gobiernos chinos, especialmente tras la llamada guerra del opio, fueron obligados por las potencias occidentales –Gran Bretaña, Francia, EE.UU., Rusia…- a abrir sus fronteras al comercio exterior.

Sin embargo, a diferencia de otros territorios asiáticos, esta penetración económica nunca llegó al estatus de control territorial. Quizás el momento más humillante de este proceso fue la derrota ante Japón y la posterior intromisión de los vecinos insulares en la política china. Sin duda, esto pesó notablemente en la revuelta de los boxers, de marcado carácter antiextranjero. Sólo la decidida intervención de las naciones imperialistas logró salvar sus intereses comerciales en el país durante e cambio de siglo.

En los primeros años del siglo XX China vivió entre los intentos modernizadores y la sucesión de enfrentamientos internos. El inmovilismo mostrado por la dinastía Manchú llevó a su sustitución por el movimiento republicano de Sun Yat Sen, que en pocos años cedió ante el poder del amplio movimiento del Kuomintang. Sin embargo, la diversidad existente dentro de este grupo –nacionalistas, demócratas y comunistas- acabó por sumir al gigante asiático en el caos. Los “señores de la guerra” asolaron el país con sus huestes militares, mientras por Manchuria comenzó a penetrar el ejército japonés en el año 1931.

Esta situación se prolongó hasta el final de la II Guerra Mundial (1939-1945), tras la que comenzó el conflicto civil entre los comunistas de Mao Tse-Tung y los nacionalistas de Chang Kai-Shek. La victoria de los primeros condujo a la aparición de dos naciones: la China continental o comunista, y Taiwán o China nacionalista. Tanto el proceso de secesión chino como sus consecuencias a lo largo de la segunda mitad del siglo XX lo encontramos más desarrollado en el citado manual de la Universidad de Valladolid.

De la India hemos de destacar, en primer lugar, el importante papel que jugaba, tanto en el ámbito comercial como de prestigio, dentro del Imperio Británico. Además de su peso demográfico, era fuente de materias primas y mercado para las manufacturas de la metrópoli. Los primeros movimientos independentistas fueron protagonizados por dos estructuras políticas bien definidas: el partido del Congreso hindú y Liga Musulmana. Existía un claro antagonismo religioso entre ambas, pero supieron dejar de lado esas diferencias para enfrentarse al enemigo común.

Estos grupos, cuyos líderes más representativos fueron Gandhi y Nehru, recibieron fundamentalmente el apoyo de las clases medias urbanas.

Distinguimos tres fases en el proceso de emancipación de la India:

  • Las protestas surgidas en las primeras décadas del siglo XX.
  • Las presiones ejercidas sobre la metrópoli durante la II Guerra Mundial.
  • La consecución de la independencia entre 1945 y 1947.

Tras librarse del yugo británico los habitantes de la antigua colonia se sumergieron en una sucesión de conflictos de carácter étnico religioso. La división del territorio en India y Pakistán, de donde posteriormente se desgajó Bangladesh, así como la rivalidad por el control de Cachemira, son buena muestra de ello. En la actualidad la India vive bajo un estado constitucional y democrática, mientras que Pakistán es una dictadura militar. Indochina, antiguo territorio colonial francés, vivió los años de la II Guerra Mundial (1939-1945) bajo la ocupación japonesa. Al término de esta el retorno al redil de la antigua metrópoli resultaba casi imposible.

En 1945 Ho Chi Minh proclamó la República de Vietnam, mientras Francia, dando por descontado su incapacidad para mantener el territorio, intentó unificar Indochina bajo otro hombre Bao-Dai.

Ho Chi Minh, que previamente habían tildado de imperialista la opción francesa de gobierno en la zona, lograron alcanzar en los acuerdos de Ginebra el reconocimiento de dos estados vietnamitas divididos por el paralelo 17. El norte quedó bajo su dirección. No obstante, la posterior invasión del sur por parte del Vietcong llevó a los norteamericanos a enviar miles de soldados al país.

Finalmente, los EE.UU. alcanzaron un acuerdo con los comunistas en 1968 que les permitió retirar las tropas de manera honrosa. Más tarde Vietnam del norte no respetó lo pactado, convirtiéndose además en la rampa de lanzamiento para el triunfo del comunismo en Camboya.

La descolonización del mundo árabe

La descolonización en el mundo árabe estuvo dominada por dos tendencias: el panislamismo, proyecto político que busca aunar a todos los fieles del Islam en una misma comunidad estatal (Umma); y el panarabismo, con idénticos objetivos pero limitándose a la población de etnia árabe, sean o no musulmanes.

Hemos de buscar las primeras manifestaciones de estos fenómenos en los años de la Gran Guerra (1914-1918), momento en el que tanto británicos como franceses buscaron reavivar el nacionalismo árabe con el fin de debilitar al enemigo turco.

Con la desaparición del Imperio Otomano, la Sociedad de Naciones resolvió que la mejor solución para la región era establecer protectorados que, con el tiempo, dieran lugar a nuevos estados. Esta situación provocó una enorme frustración dentro del mundo islámico, que aprovechó la debilidad europea al finalizar la II Guerra Mundial (1939.1945) para iniciar el proceso emancipador. Este estuvo marcado por la proliferación del fenómeno de revoluciones populares –Nasser en Egipto, el Ayyatolah Jomeini en Irán, y el partido del Baaz en Iraq-; y por el conflicto árabe-israelí, que ha generado desde entonces hasta hoy cinco conflictos bélicos y una enorme inestabilidad en la zona.

En el marco de la descolonización islámica, aunque fuera del marco árabe, nos encontramos con el caso de Argelia, Túnez y Marruecos. Los dos últimos alcanzaron su independencia en 1956, si bien la cuestión del Sahara Occidental no parece del todo solucionada a pesar de la evacuación española de 1975. El caso argelino es más complejo. Tras la Gran Guerra (1914-1918) fueron surgiendo, tímidamente, los primeros movimientos nacionalistas.

Sin embargo, no consiguieron ninguna cesión por parte de Francia hasta después de la II Guerra Mundial (1939-1945): en 1947 París reconocía un estatuto especia para Argelia. Más tarde, la derrota francesa en Indochina y las presiones internas y del exterior acerca de la cuestión norteafricana, obligaron al gobierno De Gaulle a ceder. En 1962 se convocó un referéndum en el que los partidarios de la emancipación alcanzaron sus objetivos. De manera rápida, pero controlada, el personal francés comenzó a abandonar su antigua colonia.

El África negra

La independencia de las colonias inglesas en el África negra se inició en 1957 con la constitución de Ghana como estado. En la década de los sesenta su ejemplo fue seguido por otras colonias británicas como Sierra Leona, Uganda, Tanzania, Zambia, Malawi, Nigeria y Kenya.

En el caso de estas dos últimas hemos de señalar la situación de constante inestabilidad que vivieron a lo largo de sus primeros años de existencia. También la República Sudafricana alcanzó la independencia con respecto a Gran Bretaña; si bien en su caso la situación de “apartheid” –mantenida hasta la llegada al poder de Nelson Madela- ensombreció un tanto el proceso. La emancipación de las colonias francesas se llevó a cabo sin violencia gracias a la política de repliegue llevada a cabo por De Gaulle a partir de 1958. Ejemplos claros de esto fueron Camerún, Togo, Malí y Madagascar. Otras colonias africanas que se independizaron en esa época fueron el Congo belga, que pasó a denominarse Zaire; y las colonias portuguesas de Guinea Bassau, Angola y Mozambique. Dos rasgos fundamentales caracterizan la descolonización del África negra.

El primero de ellos se refiere a lo protagonistas de estos procesos, una minoría intelectual que supo formar y extender el conjunto de los movimientos nacionalistas del continente. Dentro de ese grupo encontramos a los panafricanistas Du Bois y B. Diagnes, al súbdito francés Leopold Sénar, y a los organizadores de los sucesivos congresos proemancipadores. La segunda característica se refiere a las dificultades de la aventura independentista; tanto en aspectos concernientes al desarrollo cultural y material, como a la ausencia de identidades nacionales y estructuras estatales. Además, dentro de este último aspecto, hemos de destacar la excesiva dependencia de África con respecto a Occidente y el peso que el socialismo tuvo en algunos países del continente a lo largo de la Guerra Fría.

El Tercer Mundo y el problema del desarrollo

El concepto de Tercer Mundo surgió en la Conferencia de Bandung (1955) con el fin de identificar a los países No Alineados; se entendía que el primer y segundo mundo eran los dos bloques enfrentados. Además, este término comparaba a estas naciones con el Tercer Estado de la revolución francesa, expuesto por Sieyes en su célebre discurso.

Los protagonistas del movimiento de no-alineación fueron la Yugoslavia de Tito, el Egipto de Nasser, la Indonesia de Sukarno, y la India de Nehru. De entre sus planteamientos destacaremos lo siguiente: la existencia real de estados ajenos a ambos bloques, el repudio de la guerra, y la condena del colonialismo.

En lo que se refiere al subdesarrollo, nos dejaremos llevar por Ives Lacoste, que resume así sus principales características: insuficiencia alimentaria, recursos naturales infrautilizados, gran número de agricultores y baja productividad, industrialización rígida e incompleta, parasitismo del sector terciario, situaciones de subordinación económica, violentas desigualdades sociales, estructuras tradicionales dislocadas por el colonialismo, amplitud del desempleo y trabajo infantil, escasa integración nacional, analfabetismo y escaso desarrollo médico-sanitario, y no asimilación del crecimiento demográfico.

A este respecto, también es recomendable la lectura de El nuevo orden mundial (y el viejo) de Noam Chomsky.

Problemas derivados de la descolonización

A continuación trataremos de explicar de forma breve las principales consecuencias negativas derivadas del proceso descolonizador. En primer lugar, destacan los sucesivos enfrentamientos bélicos y diplomáticos entre los grupos religiosos, a la sazón musulmanes e hindúes, de la antigua India británica: India, Pakistán y Bangladesh. También hemos de mencionar, en relación con otra antigua colonia de Gran Bretaña, el régimen del “apartheid” vigente en Sudáfrica hasta la década de 1990.

En el apartado de los conflictos ideológicos, nos encontramos con la expansión del comunismo –tanto de tipo soviético como maoísta- por el sudeste asiático. Países como Birmania, Camboya o Vietnam vivieron entre los años sesenta y ochenta en una situación bélica permanente, y a veces sometidos a regímenes políticos pseudototalitarios.

El ámbito religioso estaría marcado, además de por el ya citado conflicto indio, por el fundamentalismo islámico; predominante en Oriente Próximo y orientado a las actividades terroristas en las últimas décadas. El caso africano es el menos conocido de todos, pero seguramente el más alarmante. Desde los años sesenta se vienen desarrollando en los territorios de la África negra numerosos enfrentamientos entre las etnias de los distintos países o entre los propios estados. Problemas como los de Ruanda, Burundi o Somalia han alarmado a la opinión pública internacional desde la década de 1990.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Postguerra. Una historia de Europa desde 1945; Tony Jutd– Madrid – Taurus – 2006.

[3] Historia del mundo actual; VVAA – Valladolid – Universidad – 2000.