Imagina. Crea ¿Difunde?


Uno de los aspectos fundamentales que hemos trabajado desde comienzos de curso ha sido la creación de contenidos, ya fuera en forma de ensayos, tweets, comics, podcast… Al alumnado se le ha pedido, en primer lugar, que se documente e imagine una forma de plasmar diversos aspectos de la materia; y, después, que sea capaz de llevar a término esos planes. Ahora bien, el lema de este curso tenía un tercer elemento: la difusión.

A lo largo de las últimas semanas mis estudiantes de 1º de Bachillerato han tenido que ingeniárselas para lograr el mayor número de visitas a sus blogs. Con ese fin pueden utilizar cualquier medio a su alcance, ya sea publicitarlo entre sus conocidos o a través de las redes sociales. Todo esto acompañado de una evaluación realizada por el profesor al finalizar el trimestre.

En contra de la difusión

En cuanto mis alumnos comenzaron a publicitar los contenidos de sus blog, además de personas que les han ayudado desinteresadamente, han encontrado docentes críticos con la idea de dedicar un porcentaje de la nota a la tarea de difundir.

Antes de pasar a resumir los principales argumentos en contra, he de destacar la corrección con la que se desarrollo el debate. No fue, para nada, un “diálogo de besugos”, sino un intercambio de opiniones educado y basado en razonamientos sólidos. Estas fueron las principales objeciones:

  • El sistema educativo debe basarse en el aprendizaje de contenidos y no en la labor de difusión del trabajo del alumnado o en el uso de la red.
  • No es justo que la nota de los alumnos con menores capacidades sociales, con menos facultades para “vender”, se vea afectada por esta medida.

En defensa de la difusión

Me parece interesante señalar, antes de iniciar la justificación de mi proyecto, que la labor de difusión constituye un porcentaje mínimo de la nota, un cuarto de punto o 0.25 del total. Por tanto, se esté de acuerdo o en contra de lo que voy a exponer, es evidente que es mínimo el perjuicio que se le hace al alumno incapaz de dar publicidad a su trabajo.

La primera de esas objeciones fue la más fácil de rebatir: basta para ello con recurrir a la legislación vigente en la mayoría de los países de la Unión Europea. En las diversas normas educativas se hace referencia a las competencias clave como forma de adquirir capacidades. Es decir, además de evaluar el aprendizaje de contenidos, se exige al alumnado –y al profesorado- adquirir una serie de facultades.

En definitiva, sin olvidar en ningún caso la importancia de los contenidos, he introducido la difusión como fórmula que permite trabajar y evaluar, al menos dos, competencias: la digital y la de espíritu emprendedor.

Debo reconocer que el segundo argumento es más complicado de desentrañar. Ahora bien, poco a poco he logrado sintetizar mi punto de vista en tres ideas:

1. Rescatar las capacidades marginadas.

De manera habitual tenemos en cuenta cuestiones como la memoria, el hábito de trabajo, la inteligencia matemática, la corrección a la hora de escribir, las capacidades físicas e incluso el comportamiento. Un porcentaje importante de esas facultades viene “de fábrica” o se han adquirido en cursos anteriores.

Si eso es así ¿por qué marginar las habilidades sociales o las facultades que tienen que ver con el emprendimiento y la imaginación? Si tan en contra estamos de la desigualdad ¿por qué ponemos un diez a los alumnos que, por sus condiciones físicas, pueden correr los cien metros en menos de trece segundos?

No entiendo el motivo que nos lleva a considerar evaluables unas facultades, al tiempo que cercenamos otras. De igual modo que tiene ventaja un alumno hábil en la difusión de contenidos, lo tiene aquel al que la naturaleza le dio una destacada inteligencia matemática, por ejemplo ¿Por qué contar unas capacidades a la hora de poner nota y otras no?

2. Una enseñanza con la vista puesta en el futuro.

Aunque no es nuestro único objetivo, los docentes debemos preparar a los alumnos para su futura incorporación al mercado laboral. En ese sentido, me parece un error grave no trabajar con ellos la difusión por las redes sociales. Debemos tener en cuenta que la inmensa mayoría –si no todos- tendrá que utilizar internet en su futuro puesto de trabajo. A su vez, no pocos deberán utilizar la red para vender sus productos, la imagen de su marca o su propio curriculum ¿Les vamos a privar de ese aprendizaje?

3. De los errores se aprenden: el riesgo de los niños perfectos.

El tercer y último argumento tiene que ver con nuestro modo de concebir la educación. Aunque doy importancia a la nota, me parece simplemente un reflejo de su proceso de aprendizaje, que es lo realmente importante.

Tengo la sensación de que docentes, padres y alumnos vivimos obsesionados con las calificaciones, perdiendo de vista que los niños y adolescentes están en el centro educativo para aprender. En la mayor parte de los casos, eso supone que no saben y, lo más probable, es que se equivoquen varias veces. Sinceramente, eso debería de preocuparnos poco, pues se trata de que, con el tiempo, adquieran facultades, hábitos y conocimientos, que no tenían.

Si nos ceñimos a la cuestión de la difusión, sería un error pretender que todos llegaran al aula siendo experimentados publicistas. Al principio no sabrán cómo llevar a cabo su tarea y cometerán errores. Pero se trata de que, con la práctica y los consejos del profesor, vayan adquiriendo esa capacidad.

Las fuerzas de oposición al zarismo


En 1917 se inició en Rusia un proceso revolucionario de importantes repercusiones políticas y económicas, tanto a nivel doméstico, como internacional. En febrero de ese año las huelgas, manifestaciones y protestas obligaron a la dinastía Romanov abandonaba el poder. El antiguo régimen zarista pasaba a convertirse entonces en una república de carácter democrático. Sin embargo, en octubre de 1917, los bolcheviques protagonizaron una insurrección de tipo comunista contra el gobierno provisional. En este vídeo se repasan las principales fuerzas de oposición al régimen zarista. Las restantes clases estarán dedicadas a una introducción al tema, las causas del fenómeno revolucionario, la Revolución de 1905, los sucesos de febrero de 1917, la evolución de la República Rusa y la Revolución de Octubre. Además, este repaso incluye vídeos sobre los primeros decretos del gobierno bolchevique, la construcción del régimen soviético, la Guerra Civil, el Comunismo de Guerra, la NEP, la fundación de la URSS y el ascenso de Stalin.

 

La dualidad de poderes: Duma y soviets (febrero-octubre de 1917)


El gobierno provisional, presidido en un primer momento por el liberal Lvov y más tarde por Kerenski, estaba dominado por los partidos burgueses, agrupados en torno al Partido Kadet.

El nuevo gobierno se encargó, sobre todo, de crear un régimen parlamentario capaz de dar eficacia y estabilidad al Estado. Una de las primeras decisiones que tomó fue cumplir los compromisos exteriores y continuar la guerra, proponiendo, a la vez, unas reformas interiores para alcanzar la victoria militar.

En un principio, el gobierno provisional contaba con el apoyo de los soviets y de todos los partidos políticos, incluso el bolchevique. Fue la vuelta de Lenin del exilio lo que dio un giro radical a la situación.

Lenin defendió que la revolución no se podía mantener dentro de los límites estrictamente burgueses y que era necesario continuar avanzando hasta situar a los obreros en el poder.

En un artículo conocido con el nombre de Tesis de Abril, defendió la necesidad de impedir la consolidación del poder burgués y de lanzarse inmediatamente a la revolución proletaria. A su vez, hizo un llamamiento en favor de la inmediata salida de la guerra y se mostró partidario de retirar el apoyo al gobierno provisional.

El objetivo de los bolcheviques no era, por tanto, la construcción de un sistema parlamentario, sino la creación de un República de Soviets de diputados obreros y campesinos. Lenin vio claramente que la originalidad de la situación consistía en la existencia de una dualidad de poderes.

Un poder burgués, representado por el gobierno provisional, y un poder obrero en manos de los soviets.

La fuerza en la calle era de los soviets, por eso si retiraban su apoyo al gobierno, este se hundiría y aquellos se convertirían en el único poder de Rusia. Convencido de la necesidad de tomar el poder, Lenin lanzó la consigna “todo el poder para los soviets”, un grito que se convirtió en todo un programa de acción revolucionaria.

En el verano de 1917, la situación del pueblo ruso no había mejorado apenas: la guerra continuaba causando muchos problemas y persistía el hambre. Durante todo el mes de julio las manifestaciones se sucedieron por todo el Imperio, siendo reprimidas duramente por el ejército, mientras el gobierno acusaba a los bolcheviques de incitar al pueblo a la violencia.

Se inició también una persecución sistemática contra el partido bolchevique: Pravda fue clausurado y Lenin tuvo que volver al exilio.

Mientras, todo el Imperio se desorganizaba de nuevo:

  • En el campo, los campesinos ocupaban las tierras y se las repartían.
  • En las ciudades muchas fábricas se declaraban en huelga.
  • En el frente los soldados desertaban y no obedecían a sus oficiales.

Además, en agosto aumentó la inestabilidad política con la insurrección contrarrevolucionaria del general Kornilov, que sólo pudo ser frenada con la intervención de los obreros armados y las milicias bolcheviques.

Las causas de la Revolución Rusa


En 1917 se inició en Rusia un proceso revolucionario de importantes repercusiones políticas y económicas, tanto a nivel doméstico, como internacional. En febrero de ese año las huelgas, manifestaciones y protestas obligaron a la dinastía Romanov abandonaba el poder. El antiguo régimen zarista pasaba a convertirse entonces en una república de carácter democrático. Sin embargo, en octubre de 1917, los bolcheviques protagonizaron una insurrección de tipo comunista contra el gobierno provisional. Este vídeo aborda las causas del proceso revolucionario, haciendo especial hincapié en las condiciones de vida de la población civil. Las restantes clases estarán dedicadas a una introducción al tema, las fuerzas de oposición política, la Revolución de 1905, los sucesos de febrero de 1917, la evolución de la República Rusa y la Revolución de Octubre. Además, este repaso incluye vídeos sobre los primeros decretos del gobierno bolchevique, la construcción del régimen soviético, la Guerra Civil, el Comunismo de Guerra, la NEP, la fundación de la URSS y el ascenso de Stalin.

Twitteando el Arte Medieval


Los días 10, 11 y 12 de enero de 2017, ocho profesores desarrollamos en Twitter un proyecto similar a #RenacimientoCigales y #ÉpocaDeRevoluciones. Sobre la base de esas experiencias previas, e introduciendo una serie de cambios y novedades, nuestros alumnos estuvieron difundiendo información, imágenes y vídeos sobre los distintos estilos artísticos de la Edad Media.

Teniendo en cuenta que he publicado abundante información sobre las dos actividades anteriores, me limitaré a mencionar las novedades que introducía #ArteMedieval. A esto añadiré un breve apartado relativo a su repercusión.

#DifundeHistoria, un proyecto vivo

En mayo de 2016, nació #DifundeHistoria, una actividad que tiene como objetivo acercar a los alumnos a las distintas materias de Ciencias Sociales a través del uso de las nuevas tecnologías. En concreto, se pretende que sean capaces de buscar información, transformarla y extenderla por la red. De esta forma, además de la digital, se trabajan otras competencias clave como la comunicación lingüística, la social y cívica o la de sentido de la iniciativa y espíritu emprendedora.

Este gran proyecto cuenta, hasta la fecha, con tres eventos realizados, de los cuales #ArteMedieval es el último. En su preparación y desarrollo, este siguió la filosofía que ha marcado #DifundeHistoria desde su creación: la necesidad de corregir errores anteriores e introducir nuevos aspectos a trabajar. Dicho de otro modo, no estamos ante una actividad cerrada que se repite una y otra vez siguiendo los mismo patrones, sino ante algo vivo que, con el fin de mejorar y adaptarse a las necesidades del alumnado, cambia con el tiempo.

Podemos resumir los cambios de #ÉpocaDeRevoluciones a #ArteMedieval en los siguientes puntos:

  • Duplicamos el número de docentes implicados, de cuatro a ocho. Esto, como es lógico, afectó también a la cantidad de alumnos, centros educativos y provincias participantes.
  • Por primera vez participó en el proyecto alumnado universitario. En concreto, estudiantes de la asignatura Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Cádiz (UCA).
  • Los estudiantes de Grado, además de publicar contenidos relacionados con el arte medieval, participaron en el proceso de evaluación de sus compañeros.
  • Aunque previamente se habían realizado experiencias con grupos de secundaria y bachillerato, nunca habíamos desarrollado la actividad con ambos a la vez. Contamos, por tanto, con la participación de dos niveles educativos procedentes de colegios e institutos, a los que habría que añadir un tercer nivel, el universitario.
  • También se produjo un reajuste del tiempo en que se desarrollaba el proyecto. En lugar de tres horas (de 18:00 a 21:00) durante tres días, decidimos concentrar la actividad en dos horas (de 19:00 a 21:00).

Una breve referencia a la repercusión

Antes de abordar esta cuestión, he de señalar que el objetivo del proyecto no es ni mucho menos ser trending topic o salir en los medios de comunicación. Ahora bien, no hemos de olvidar el alto poder motivador que esto tiene: mi experiencia es que el alumnado se transforma cuando ve como se fijan en ellos personas ajenas al centro educativo, y más cuando se trata de expertos en la materia, periodistas o profesores.

Dicho esto destacaría dos aspectos dentro de este apartado:

  • Los participantes lograron ser la tendencia más destacada de Twitter durante casi una hora, algo que no había sucedido antes con un proyecto educativo. A esto hemos de añadir que el hashtag se mantuvo entre los principales del país durante algo más de diez horas, seis de ellas seguidas. Hemos de relacionar esta importante repercusión con el alto número de alumnos y profesores con los que contábamos.
  • Distintos medios de comunicación, y de manera especial la radio, se hicieron eco de la noticia. Sin embargo, es necesario reconocer que la atención prestada a #ArteMedieval fue menor a la de #ÉpocaDeRevoluciones. En mi opinión, esto fue así por la novedad que supuso la primera de esas actividades y por la cercanía en el tiempo; apenas pasaron dos meses y medio de uno a otro.

 

La Revolución de Febrero


A mediados de febrero de 1917 el descontento popular en Petrogrado se tradujo en una serie de huelgas en las fábricas, manifestaciones en las calles y motines en las guarniciones.

El número de huelguistas aumentaba constantemente (el día 24, más de la mitad de los trabajadores de la ciudad estaban en huelga) y cada vez había más manifestaciones. Igual que en el año 1905, los soldados recibieron la orden de disparar contra los manifestantes, pero esta vez desobedecieron amotinándose y confraternizando con la multitud.

Para defender la revolución, comenzaron a surgir los primeros grupos obreros armados, que pronto constituyeron la Guardia Roja.

En medio de todos estos acontecimientos, los obreros volvieron a resucitar el órgano de representación que había surgido en 1905: los soviets de obreros, soldados y campesinos. Rápidamente estos se extendieron por todo el Imperio Ruso.

En los soviets se agrupaban todas las fuerzas revolucionarias: eseritas, anarquistas, mencheviques y bolcheviques. En la Duma, los diputados liberales, fundamentalmente los del partido Kadet, crearon un comité provisional. Los contactos entre este y el soviet de Petrogrado dieron por resultado una serie de acuerdos para establecer un gobierno provisional.

El nuevo gobierno se constituyó el 1 de marzo y, al día siguiente, el zar, abandonado por todos, abdicó.

El gobierno se comprometió a iniciar una serie de reformas políticas (libertad de opinión, de prensa, de reunión…) y sociales (igualdad ante la ley, derechos sindicales, mejoras laborales…). El Imperio Ruso se había convertido en una República, sin embargo, pronto se hizo evidente que las aspiraciones de los diversos sectores que la formaban no coincidían:

  • Por un lado, la burguesía aspiraba a dirigir el país y a consolidar un régimen parlamentario de tipo occidental.
  • Por otro, un sector de las clases populares comenzaba a exigir un programa más ambicioso: salida inmediata de la guerra, reparto de tierras, mejora de las condiciones laborales…

Los últimos meses de la I Guerra Mundial


En el verano de 1914 estallaba el que, hasta la Segunda Guerra Mundial, fue el conflicto más importante y destructivo de la historia de la humanidad. Más de treinta naciones de todo el mundo, así como sus imperio coloniales, se enfrentaron en una guerra que se cobró más de diez millones de muertos. Su final, en 1918, dio lugar a un nuevo panorama mundial, marcado por la decadencia de las potencias europeas, el ascenso norteamericano y el comienzo de una era de incertidumbre, crisis y miedo. Este vídeo está dedicado al conflicto en el año 1918, quedando los restantes para cuestiones como la introducción a la Guerra, las tensiones internacionales, la Paz Armada, el sistema de alianzasel atentado de Sarajevo y el estallido de la Guerra, los contendientes de la Gran Guerra y los principales frentes del conflicto. También hay apartados dedicados a su evolución (19141915, 19161917) y consecuencias. Este repaso finaliza con un vídeo sobre los tratados de paz y otro sobre la fundación de la Sociedad de Naciones.

 

La Primera Guerra Mundial y las revoluciones rusas


En 1914, el Imperio Ruso entró en la I Guerra Mundial al lado de Francia y Gran Bretaña. El conflicto bélico fue, una vez más, la chispa que desencadenó el movimiento revolucionario que, esta vez, habría de poner fin al zarismo.

La revolución de 1917 se produjo en dos fases:

  • La primera, en febrero, tuvo un carácter liberal y burgués, convirtiendo al Imperio Ruso en una monarquía parlamentaria.
  • La segunda, en octubre, tuvo un carácter socialista y proletario, dando lugar a la primera república socialista del mundo.

Las consecuencias de la I Guerra Mundial para el movimiento revolucionario.

La guerra abocó a la mayoría de la población a unas condiciones de vida miserables. La mayor parte de la industria se transformó en industria de guerra y con ello las necesidades básicas de la población quedaron desatendidas.

A consecuencia de la leva, la falta de mano de obra en el campo redujo la producción agrícola y muchos campesinos se negaron a entregar las cosechas. Los precios subieron con rapidez y la capacidad adquisitiva de los asalariados disminuyó vertiginosamente. La falta de materias primas hizo que las fábricas cerrasen, los que provocó que el paro y la conflictividad social aumentase.

En el plano político, la guerra provocó la desintegración del Estado zarista. Los funcionarios estatales se mostraban descontentos porque el descenso de sus salarios era muy superior al del resto de los sectores sociales.

Además, el desastre militar socavó la autoridad y provocó una situación de descontento entre los soldados y entre una población que veía, espantada, como crecía el número de muertos en el frente.

Con esta situación, las intrigas y los complots en la corte eran continuos, sobre todo aprovechando las largas ausencias del zar mientras visitaba el frente.

Los asuntos políticos quedaron en manos de la zarina, que hacía y deshacía a su antojo bajo la influencia de un extraño personaje, el monje Rasputín. La falta de autoridad y el desbarajuste de la corte estimularon la oposición de la Duma, donde la mayoría de los diputados se unieron para criticar la incapacidad de los ministros y la familia real.

Cada día crecía el convencimiento de que para salvar al país era necesario prescindir de los Romanov e implantar un verdadero sistema parlamentario.

La Revolución de 1905


Durante los primeros años del siglo XX, Rusia sufrió una profunda crisis económica que agravó aún más sus diferencias. Como consecuencia de una crisis de sobreproducción, la demanda disminuyó y se retrajeron las inversiones extranjeras. Las condiciones de vida se hicieron más duras, tanto en el campo, donde un par de malas cosechas empeoraron la situación, como en la ciudad.

El resultado fue un importante movimiento reivindicativo que se extendió por todo el Imperio.

En esta coyuntura de crisis, el Estado ruso se vio implicado en una guerra con Japón, su gran rival en Asia. Los japoneses no estaban de acuerdo con el expansionismo ruso en la zona de Manchuria, así que decidieron atacar la base naval rusa de Port Arthur.

La guerra fue un desastre para el ejército ruso y las derrotas militares se fueron sucediendo. Los problemas económicos y las dificultades exteriores fueron suficientes para unir a todos los sectores de oposición al zar en una demanda de mejores condiciones de vida y democratización del sistema.

La revolución de 1905 fue el primer gran intento de convertir el Imperio Ruso en una monarquía parlamentaria y constitucional. La chispa que encendió la revolución fue la manifestación pacífica ante el Palacio de Invierno de más de 100.000 personas reclamando reformas sociales, libertades y una Asamblea Constituyente. La manifestación fue disuelta a tiros por la guardia cosaca con el resultado de mil muertos y dos mil heridos.

El acontecimiento será recordado con el nombre de “Domingo Sangriento”.

Tras estos hechos, la revuelta se extendió rápidamente. Los bolcheviques promovieron huelgas en muchos centros industriales, mientras los eseritas estimularon la agitación campesina reclamando la propiedad colectiva de la tierra. Al movimiento revolucionario se unieron algunas insurrecciones de soldados, siendo la más conocida la del acorazado “Potemkin”. Por su parte, los delegados liberales de la zemstva aprovecharon el descontento general para reclamar el sufragio universal.

Con la movilización surgió una nueva organización de masas, los soviets (consejos), que a la larga tendrían una gran trascendencia en la historia de Rusia. Los soviets eran asambleas de delegados de las fábricas y de las organizaciones obreras, constituidos como instituciones democráticas espontáneas.

En medio de una población casi analfabeta, los métodos expeditivos que empleaban (votación a mano alzada, asambleas públicas, elección directa de los órganos superiores…) acercaron la política a las masas. Los primeros soviets surgieron en San Petersburgo y Moscú, extendiéndose rápidamente por los centros industriales más importantes de Rusia.

Ante el peligro de una guerra civil, Nicolás II se vio obligado a ceder, y en el Manifiesto de Octubre se comprometió a convocar una asamblea nacional (Duma) elegida por sufragio universal. El zar también se comprometió a garantizar el respeto de las libertades públicas.

No obstante, con el tiempo se vio que las reformas eran más aparentes que reales. El sufragio se organizó de manera corporativa e indirecta para impedir una posible victoria de la oposición. Además, el sistema era constitucional, pero no parlamentario, pues los ministros no eran responsables ante la Duma y el zar tenía iniciativa a la hora de legislar.

En 1914 parecía que el Estado zarista había puesto fin a los problemas. El poder absoluto del zar permanecía intacto, el orden había sido restablecido, el progreso industrial se había reanudado con gran fuerza y los problemas del campo se habías apaciguado ligeramente.

Sin embargo, la difícil coyuntura de la I Guerra Mundial volvió a pones de manifiesto las contradicciones del sistema.

Las fuerzas de oposición al zarismo


Las primeras corrientes importantes de oposición al zarismo se desarrollaron en el campo ruso hacia la segunda mitad del siglo XIX. El primer movimiento que cabe destacar fue el creado por los denominados “nihilistas”, grupo inicialmente de carácter intelectual, que posteriormente evolucionó hacia el terrorismo.

Sin embargo, el movimiento más importante en las últimas décadas del siglo fue el populismo (narodniki), que se oponía a la industrialización masiva, defendiendo la reforma de las comunidades rurales. Inspirados en el pensamiento de Bakunin, los populistas fundaron “Tierra y Libertad”, una organización que concretó sus esfuerzos en la acción directa.

Su persistencia en perpetrar atentados contra Alejandro II alcanzó sus frutos en 1881, año en el que el zar moría víctima de las bombas terroristas.

Fue entre los años finales del siglo XIX y los comienzos del XX cuando surgieron las corrientes de oposición que dieron lugar a la formación de los dos partidos políticos que más influencia ejercieron en el movimiento revolucionario.

El primero fue el Partidos Socialista Revolucionario (SR o eserita), con gran influencia entre los campesinos. Fundado en 1901, recogió la tradición del populismo, especialmente en lo que hace referencia a la defensa de los campesinos como clase revolucionaria. Propugnaba la necesidad de destruir el zarismo y de instaurar una sociedad colectivista de base rural.

El segundo, fundado por Plejanov en 1898, fue el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, de tendencia marxista y afiliado a la II Internacional. Entre sus miembros destacaba Vladimir Ilich Uliánov (Lenin), que fue quien adaptó el marxismo a las condiciones específicas de Rusia y el gran artífice de la revolución de 1917.

Hacia 1903 surgieron dentro del partido dos tendencias, mencheviques y bolcheviques, que en 1912 se escindieron definitivamente. Unos y otros aceptaban el esquema marxista de la revolución, que preveía la necesidad de derribar el orden feudal como paso previo a la destrucción del orden burgués por parte del proletariado. Sin embargo, las discrepancias surgieron a la hora de analizar el papel que debía desempeñar la burguesía en la revolución y el carácter que debía tener el partido.

  • Respecto al primer punto, los mencheviques defendían una separación muy clara entre la revolución burguesa y la revolución socialista. Los bolcheviques, en cambio, partían de la base de la incapacidad de la burguesía para protagonizar una revolución propia.
  • Respecto al segundo punto, los mencheviques defendían un partido de masas según el modelo de la socialdemocracia europea. Los bolcheviques concebían un partido de combate, formado por revolucionarios profesionales y con una férrea disciplina.
La corriente liberal y democrática se formó más lentamente y siempre fue más débil, pues en Rusia la burguesía era poco numerosa.

Los sectores liberales se desarrollaron dentro de los zemstva cuando algunos comenzaron a defender la necesidad de establecer un régimen constitucional. En 1905 se fundó el Partido Constitucionalista Demócrata (Kadet) que se oponía a cualquier tipo de acción revolucionaria y propugnaba la necesidad de luchar dentro del marco legal para alcanzar la democracia.