Las Revoluciones Rusas


VÍDEOS OBLIGATORIOS


Introducción a la Revolución Rusa
Las causas de la Revolución Rusa
La Revolución de 1905
La Revolución Rusa: febrero
La evolución de la República Rusa
La Revolución Rusa: octubre
La Guerra Civil: blancos contra rojos
El comunismo de guerra
La Nueva Política Económica (NEP)


VÍDEOS VOLUNTARIOS


Las fuerzas de oposición al zarismo
Los Decretos de Octubre
La construcción del Estado Soviético
La fundación de la URSS
El ascenso de Stalin

La consolidación del poder bolchevique


La guerra civil y el boicot internacional a la Rusia soviética no sólo influyeron en la orientación económica, sino también en la política del nuevo Estado.

La situación de excepción favoreció la centralización del poder en manos de los bolcheviques, siendo eliminadas otras opciones políticas.

Los bolcheviques representaban la fuerza más organizada y más capaz de conducir la guerra, mientras que el conflicto no dejaba otra alternativa, o se estaba con ellos o con los blancos. Ante tal disyuntiva, toda oposición política fue tildada de contrarrevolucionaria y, en función de ello, perseguida y eliminada.

En todo caso, el camino que acabaría por conducir hacia la constitución de un sistema de partido único se había iniciado en octubre de 1917, contribuyendo la guerra únicamente a acelerar el proceso. El gobierno provisional surgido de la Revolución de febrero de 1917 había fijado el 12 de noviembre como fecha de las elecciones a la Asamblea Constituyente.

Además, uno de los primeros actos del Consejo de Comisarios del Pueblo, que había accedido al poder tras la Revolución de octubre, fue ratificar la convocatoria.

Los resultados electorales, sin embargo, hicieron cambiar la posición de los bolcheviques: de los 707 miembros, los socialrevolucionarios obtuvieron 410, los bolcheviques 175, el partido kadet 17, los mencheviques 16 y los restantes grupos el resto (86).

Los bolcheviques sabían que nunca podrían aplicar su política si dependían de una Asamblea donde tenían tan pocos representantes. Por ello, cuando la Asamblea se reunió, los bolcheviques sometieron a votación una resolución en la cual esta quedaba subordinada a los soviets.

La proposición fue rechazada por la mayoría y, frente a esta situación, los bolcheviques no dejaron que la Asamblea se volviera a reunir. Con la disolución del Parlamento, los bolcheviques negaban el sufragio universal y las reglas de la democracia parlamentaria.
Se iniciaba así la construcción de un nuevo tipo de Estado, la “dictadura del proletariado”.

En este proceso de centralización del poder y censura democrática, los bolcheviques se sirvieron de la Cheka, dirigida por Feliks Dzerzhinski.

Esta policía política, fundada en 1917, se encargó de ir eliminando la oposición de anarquistas, socialrevolucionarios y mencheviques. A partir de 1922, la existencia legal de los partidos fue cada vez más ficticia: sus dirigentes eran frecuentemente detenidos, su prensa no podía salir a la calle y se prohibieron sus actos públicos.

Así mismo, la autonomía de los soviets era cada vez más reducida y su intervención en las decisiones políticas y económicas fue perdiendo fuerza. El Partido Bolchevique, llamado Comunista desde 1918, se fue convirtiendo en la única institución determinante de la vida política.

Progresivamente, Estado y Partido iban identificándose cada vez más.

Las voces que, entre los mismos bolcheviques, se alzaron contra esta situación fueron eliminadas o neutralizadas, consolidándose, poco a poco, un modelo de partido monolítico.

Una economía al servicio de la guerra


Como consecuencia del conflicto civil ruso, decayó la producción y aumentaron las dificultades de abastecimiento. El colapso económico obligó al gobierno a tomar una serie de medidas extraordinarias conocidas con el nombre de “comunismo de guerra”.

Así, ante el boicot capitalista, la inicial política bolchevique de respetar las actividades de la pequeña burguesía industrial fue sustituida por una aplicación generalizada de la expropiación.

Hacia finales de 1920, una gran parte de la producción industrial y del comercio había sido socializada.

A su vez, se restringió el papel de dinero en las relaciones económicas, pasando a primer término los intercambios en especie. También se hizo efectiva la nacionalización de la banca, del comercio interior y exterior, de los transportes y de las empresas con más de diez trabajadores.

Las condiciones de trabajo del proletario se hicieron muy duras y tanto la disciplina laboral como el carácter forzado del trabajo condujeron a una especie de militarización de la producción obrera.

Los derechos sindicales fueron restringidos y se prohibió el derecho a la huelga.

También la agricultura fue puesta al servicio de la guerra. El problema más grave era el abastecimiento de las ciudades, adonde no llegaban los productos agrícolas y cuando lo hacían era a unos precios exorbitantes.

Para resolver esta situación, se puso en práctica la requisa forzada de cosechas, el establecimiento de precios máximos y el impuesto en especie. No obstante, muchos ricos propietarios (kulaks) intentaron esquivar las requisas y vender su producción en el mercado negro.

La Guerra Civil Rusa (1917-1921)


Acabada la guerra con Alemania, el poder soviético se vio rápidamente contestado, tanto por los antiguos partidarios del zar como por las fuerzas burguesas que habían apoyado al gobierno provisional:

  • Kerenski lanzó una ofensiva contra la capital que fue detenida por la Guardia Roja.
  • La Duma municipal de Petrogrado, dominada por los socialistas, hizo un llamamiento a la población para que resistiese el envite bolchevique.
  • Los funcionarios de los ministerios y de la banca iniciaron una huelga.

Sin embargo, las dificultades del nuevo régimen no habían hecho más que empezar, puesto que, con el objetivo de derrocarlo, antiguos militares zaristas, unidos a varias partidas de cosacos, formaron el llamado Ejército Blanco.

Comenzaba la guerra civil, que se prolongó durante más de tres años (1917-1921).

Las fuerzas contrarrevolucionarias se vieron incrementadas cuando, acabada la I Guerra Mundial, las potencias vencedoras decidieron intervenir contra la Rusia revolucionaria. Esta hubo de enfrentarse a un bloqueo internacional y a la invasión de tropas francesas, inglesas, polacas, americanas y japonesas.

Así, en marzo de 1918, los soviets solamente controlaban los alrededores de Petrogrado y Moscú, que se convirtió en la capital.

Para afrontar la nueva situación, los bolcheviques encargaron a Trotski que organizase el Ejército Rojo. Este, formado inicialmente por voluntarios, muy pronto comenzó a obtener las primeras victorias.

Una firme disciplina, una gran capacidad para movilizar las tropas y la adopción de medidas revolucionarias que facilitaron el apoyo de los campesinos, dieron el triunfo a los bolcheviques.

La victoria de los bolcheviques en la guerra civil no se debió única y exclusivamente a sus propios méritos, sino también a las divergencias entre los generales del Ejército Blanco.

También influyó notablemente la retirada de las tropas extranjeras ante la imposibilidad de alcanzar una victoria rápida.

La Nueva Política Económica (NEP)


En 1917 se inició en Rusia un proceso revolucionario de importantes repercusiones políticas y económicas, tanto a nivel doméstico, como internacional. En febrero de ese año las huelgas, manifestaciones y protestas obligaron a la dinastía Romanov a abandonar el poder. El antiguo régimen zarista pasaba a convertirse entonces en una república de carácter democrático. Sin embargo, en octubre de 1917, los bolcheviques protagonizaron una insurrección de tipo comunista contra el gobierno provisional. Este vídeo explica la planificación y desarrollo de la Revolución de Octubre. Las restantes clases estarán dedicadas a una introducción al tema, las causas del fenómeno revolucionario, las fuerzas de oposición al zarismo, la Revolución de 1905, los sucesos de febrero de 1917, la evolución de la República Rusa y la Revolución de Octubre. Además, este repaso incluye vídeos sobre la construcción del régimen soviético, los Decretos de Octubre, la Guerra Civil, la fundación de la URSS y el ascenso de Stalin.

Las fuerzas de oposición al zarismo


En 1917 se inició en Rusia un proceso revolucionario de importantes repercusiones políticas y económicas, tanto a nivel doméstico, como internacional. En febrero de ese año las huelgas, manifestaciones y protestas obligaron a la dinastía Romanov abandonaba el poder. El antiguo régimen zarista pasaba a convertirse entonces en una república de carácter democrático. Sin embargo, en octubre de 1917, los bolcheviques protagonizaron una insurrección de tipo comunista contra el gobierno provisional. En este vídeo se repasan las principales fuerzas de oposición al régimen zarista. Las restantes clases estarán dedicadas a una introducción al tema, las causas del fenómeno revolucionario, la Revolución de 1905, los sucesos de febrero de 1917, la evolución de la República Rusa y la Revolución de Octubre. Además, este repaso incluye vídeos sobre los primeros decretos del gobierno bolchevique, la construcción del régimen soviético, la Guerra Civil, el Comunismo de Guerra, la NEP, la fundación de la URSS y el ascenso de Stalin.

 

La Revolución Rusa y la experiencia soviética hasta 1939


VÍDEOS DE CARÁCTER OBLIGATORIO


Introducción a la Revolución Rusa
Las causas de la Revolución Rusa
Las fuerzas de oposición al zarismo
La Revolución de 1905
La Revolución Rusa: febrero
La evolución de la República Rusa
La Revolución Rusa: octubre
Los Decretos de Octubre
La construcción del Estado Soviético
La Guerra Civil: blancos contra rojos
El comunismo de guerra
La Nueva Política Económica (NEP)
La fundación de la URSS
El ascenso de Stalin


MATERIAL PARA AMPLIAR


Introducción a la Revolución Rusa
La Rusia de los zares: población y territorio
La Rusia de los zares: una agricultura tradicional
La Rusia de los zares: una industrialización muy localizada
La Rusia de los zares: la autocracia zarista
Las fuerzas de oposición al zarismo
La Revolución de 1905
La Primera Guerra Mundial y las revoluciones rusas
La Revolución de Febrero
La dualidad de poderes: Duma y soviets (febrero-octubre de 1917)
La Revolución de Octubre
La Guerra Civil Rusa (1917-1921)
Una economía al servicio de la guerra
La consolidación del poder bolchevique
La expansión revolucionaria y la formación de la Tercera Internacional

Introducción a la Revolución Rusa


En el año 1917 tuvo lugar en Rusia un proceso revolucionario que culminó con la instauración del primer régimen socialista del mundo.

La Revolución Rusa es, sin lugar a dudas, uno de los principales acontecimientos del siglo XX. De ella surgió un Estado que transformó los modelos de la sociedad y la política de la época. Además, significó el triunfo del movimiento obrero organizado en un país, constituyéndose el primer Estado anticapitalista.

Fue el modelo que seguirían muchos partidos políticos, organizaciones y personas que, en todo el mundo, consideraban injusta la sociedad liberal y capitalista.

La Revolución Rusa de 1917 tuvo dos fases bien diferenciadas:

  • La primera, en febrero, dio lugar a la caída del zarismo y a la instauración de un régimen parlamentario y constitucional.
  • La segunda, en octubre, tuvo un carácter socialista y configuró un nuevo modelo de Estado a partir de las organizaciones obreras, de los soviets de obreros y campesinos.

En ocho meses, Rusia pasó de una monarquía anacrónica y casi absoluta a la dictadura del proletariado. Una figura brilla con luz propia en este proceso, Vladimir Ilich Uliánov, apodado Lenin, ideólogo del marxismo-leninismo y primer dirigente del nuevo régimen bolchevique.

El nuevo régimen, sin embargo, sólo consiguió consolidarse después de una cruenta guerra civil, que se prolongó durante más de tres años. En un primer momento, pareció que las revoluciones en Alemania y Hungría significarían la expansión de la revolución obrera por toda Europa. Sin embargo, el aplastamiento de estas revueltas desvaneció el sueño bolchevique de una revolución mundial.

La URSS inició en solitario la construcción del socialismo, contando solo tras la II Guerra Mundial con la colaboración y subordinación de otros regímenes socialistas.

La tragicomedia de la indecisión alemana


“¡Agosto de 1918! Fue cuando empezó la ofensiva inglesa en Amiens, el día negro del ejército alemán, cuando se perdió la guerra en el oeste definitiva e irreversiblemente. Resulta grotesco imaginar que en ese momento los hombres decisivos de Alemania no tuvieran nada mejor que hacer que discutir sobre cómo debían colonizar Rusia”.

Podríamos decir que en 1918 Lenin engañó al Imperio Alemán: le ofreció Rusia como colonia con tal que la limpiara de “blancos”. Los germanos aceptaron, y eso fue su tumba. Mantener los ejércitos en el frente oriental impidió que Alemania protagonizara una ofensiva en Francia con opciones de victoria.

Sin embargo, parece que el alto mando alemán no fue engañado por los bolcheviques, sino por su propia ambición. La idea de continuar avanzando por tierras rusas había calado en el seno del II Reich antes del ofrecimiento de Lenin. Este tan sólo vino a facilitar ese acontecimiento: proporcionó una excusa perfecta.

Alemania se empantanó en su aventura oriental. Ahí, como explica Sebastian Haffner en el sexto pecado de su obra “Los siete pecados capitales del Imperio Alemán durante la Primera Guerra Mundial, perdió su última oportunidad de ganar la guerra. Por su parte, los bolcheviques supieron aprovechar muy bien esa última alianza con el II Reich. Gracias a ella lograron sobrevivir al acoso de sus enemigos, al tiempo que la derrota alemana condujo al estallido revolucionario en ese país.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

La revolución bolchevique en su peor hora


“Las consecuencias de la paz de Brest-Litovsk fueron catastróficas para el partido y el gobierno de Lenin. Durante el medio años transcurrido entre octubre y Brest- Litovsk, el gobierno se había impuesto de forma sorprendentemente rotunda y sin resistencia, y en marzo de 1918 parecía tener su posición bien asegurada. Cinco meses después su derrocamiento parecía inevitable”.

Brest-Litovsk marcó el final del impetu revolucionario en Rusia. Las duras condiciones de paz y la aparición de una oposición fuerte y organizada estuvo a punto de acabar con el régimen bolchevique en 1918. Durante ese año los representantes de la revolución tuvieron que luchar en varios frentes con distintos enemigos. Por un lado la oposición interna –“los blancos”-, que agrupaba en su seno todo el espectro político ruso desde la izquierda socialrevolucionaria hasta los defensores de la monarquía zarista. Por otro lado encontramos a la Legión checa: grupo militar extranjero que había luchado junto a los rusos contra los imperios centrales. Su objetivo era construir una Checoslovaquia independiente de alemanes y austro-húngaros. Por esa razón, cuando Lenin llegó a un acuerdo con ellos, los checoslovacos pasaron a engrosar la fila de los “blancos” con la esperanza de que estos volvieran a luchar contra Alemania. Otro frente fue el compuesto por los miembros de la Entente que, además de prestar ayuda económica y material a la oposición interna, emplearon sus propios ejércitos para invadir Rusia desde el norte y el este. Por último habría que citar las intervenciones de Alemania y el Imperio Otomano que, aunque habían llegado a acuerdos con los bolcheviques, no querían quedarse fuera del reparto del pastel ruso.

Por lo tanto, los “rojos” estaban en una situación desesperada: amenazados en todos los frentes y sin ningún aliado. Es más, desde la firma de Brest-Litovsk habían disuelto el ejército. No tenían tropas con las que defenderse. Tampoco contaban con instructores que pusieran en marcha un nuevo ejército, ya que los antiguos oficiales zaristas no eran de fiar. Sin embargo, los bolcheviques supieron salir de ese agujero gracias a la alianza con Alemania y la labor, casi milagrosa, de Trotski al frente del Ejército Rojo.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.