Georg Simmel y la cultura objetiva


A la hora de explicar su teoría sobre la cultura objetiva, Georg Simmel parte de una verdad evidente: los seres humanos construimos la realidad social. Sin embargo, el sociólogo alemán afirma que ese mundo cultural generado por el ser humano llega a tener vida propia al margen de la voluntad de las personas. Es más, acaba dominando a los actores que contribuyeron a su génesis.

Esa acción coercitiva de la cultura objetiva sobre los seres humanos es identificada por Simmel en algunos elementos cotidianos: el lenguaje, las tradiciones, los dogmas religiosos, los sistemas legales, los productos científicos, los avances tecnológicos…

La expansión de la cultura objetiva y la “tragedia de la cultura”.

Según la teoría de Georg Simmel, la cultura objetiva se expande en mayor medida cuando aumenta el nivel de modernización de la sociedad. En estas circunstancias, crece el número de elementos que la componen, al tiempo que se van engarzando hasta formar un todo más complejo e independiente.

El autor critica ese desarrollo de la cultura objetiva porque entiende que amenza a la individual. Simmel es partidario de que esta última domine el mundo, pero es plenamente consciente de que ese objetivo es inalcanzable en el estado de modernización en el que nos encontramos. En concreto, utiliza una expresión para denominar a esa situación: “tragedia de la cultura”.

Mediante un análisis de las formas de interacción que tienen lugar en la ciudad moderna, Simmel concluye que esta es el escenario ideal para el crecimiento de la cultura objetiva. Por tanto, la conclusión de su obra La metrópoli y la vida mental, es que las ciudades se caracterizan por una marcada decadencia de la cultura individual.

El predominio del dinero en la ciudad moderna.

El papel fundamental del dinero en las metrópolis ha producido, según Georg Simmel, un impacto de gran calado en las relaciones interpersonales. En primer lugar, contribuye a formar unos ciudadanos más calculadores en todos los aspectos de la vida. Además, las relaciones humanas pierden su frescura primigenia para adoptar actitudes distantes, frías y marcadas por la desconfianza. Por último, la influencia del dinero en la ciudad moderna conduce a la génesis de un intelectualismo superficial.

No obstante, en medio de esta crítica al dinero, el sociólogo alemán reconoce que este trae consigo beneficios. Desde su punto de vista, en tanto que una economía basada en el dinero permite una serie infinita de intercambios, puede ser denominado el medio más puro de comercio.

Ahora bien, el intercambio es una de las bases más importantes para el nacimiento y desarrollo de la cultura objetiva. De tal modo que se puede afirmar que el dinero como forma de intercambio contribuye a la alienación de las personas.

La filosofía del dinero.

Al hablar de dinero, Georg Simmel distingue cuatro niveles: como unidad de valor, como dinero en sí mismo, como fenómeno relacionado a otros componentes de la vida y, finalmente, como elemento que nos permite entender la sociedad en su conjunto.

A partir de ahí desarrolla su filosofía del dinero que, en muchos puntos, corre paralela a las doctrinas de Karl Marx. En concreto, los dos autores pusieron especial empeño en denunciar los problemas que genera el capitalismo y la economía monetaria.

Sin embargo, existen grandes diferencias entre ambos autores. De esta manera, mientras Simmel sostiene que los problemas denunciados son consecuencia de una crisis general más amplia –“tragedia de la cultura»-, Marx defiende que están únicamente basados en el capitalismo. Por tanto, este último considera que podrían ser superados con el advenimiento del comunismo, mientras que Simmel los considera inherentes a la vida humana y, por tanto, sin solución posible.

El valor del dinero.

Dentro de su filosofía del dinero, Georg Simmel establece una relación entre este y el valor. En concreto, afirma que los seres humanos, al fabricar objetos y separarnos de ellos, les aportamos un valor. A partir de ahí, la dificultad para obtener un determinado bien será lo que determine su cuantía.

No obstante, esos obstáculos para hacernos con él tienen un límite superior y otro inferior. Así, las cosas más próximas, aquellas que son fáciles de obtener, no son muy valiosas, al igual que las inaccesibles, ya que no aspiramos realmente a poseerlas. Los objetos más valiosos son, por tanto, los situados en un punto intermedio entre los dos enunciados. Su valor dependerá de factores como su escasez, las dificultades y el tiempo para lograrlo, las otras cosas a las que hemos de renunciar para obtenerlo…

Precisamente en el ámbito del valor, Georg Simmel estudió el papel del dinero. Por un lado, afirma que este sirve tanto para generar la distancia que nos separa de ellos como para poseerlos. De esta manera, el valor de las cosas se convierte en dinero, y gracias a él el comercio se desarrolla de un modo más natural y fluido.

El dinero como un fin en sí mismo.

El sociólogo alemán advierte de los peligros que conlleva entender el dinero como un fin en sí mismo. Al respecto, enumera las siguientes consecuencias:

  • Cinismo: todo tiene su precio; cualquier cosa se puede comprar o vender en el mercado.
  • Apatía; pérdida de la noción de valor de los objetos.
  • Fomento de relaciones cada vez más impersonales.
  • La economía pecuniaria lleva a un aumento de la atomización y esclavización; es decir, a una pérdida de libertad individual.
  • La reducción de todos los valores humanos a términos pecuniarios
  • La influencia sobre el estilo de vida de las personas.

El “self” en George H. Mead


A la hora de explicar el pensamiento sociológico de George Herbert Mead, es necesario tener en cuenta la prioridad que otorga al mundo social. Por tanto, se muestra contrario a los planteamientos de la psicología tradicional, que partía del individuo para explicar la experiencia social, pues considera que la sociedad es anterior al individuo.

El concepto de “self”

Mead define el “self” como la capacidad del ser humano para objetivizarse, para considerarse a sí mismo como objeto además de como sujeto. Su desarrollo se lleva a cabo mediante un proceso social muy concreto: la comunicación con otros seres humanos; de ahí que los animales no puedan generar el “self”. Por el contrario, las personas, nacidas sin “self”, lo desarrollan como consecuencia de la actividad social. Este, una vez aparece, ya no se pierde por mucho que ese ser humano pierda el contacto con los demás.

Nos encontramos, pues, ante un proceso mental, de ahí que “self” y mente humana sean inseparables. Su mecanismo es la reflexión, la capacidad de ponerse en el lugar de otros y actuar como lo harían ellos. Es decir, salir fuera de uno mismo y autoevaluarse.

Las etapas de desarrollo del “self”

Dos son los procesos infantiles en los que los seres humanos desarrollan el “self”: el juego y el deporte. Mediante el primero de ellos, el niño adopta la actitud de otro cuando juega a serlo. Sin embargo, al no objetivizarse a sí mismo, la génesis del “self” es limitada.

En el deporte de equipo, además de ponerse en el lugar de todos los que están implicados en la acción, el niño tiene una relación definida con los otros. Estos esperan algo de él, y él de ellos, generándose así la identidad de grupo. En ese contexto adquiere la noción de organización y se desarrolla aún más su personalidad.

Es precisamente en esta segunda etapa cuando el ser humano se integra dentro de un “otro generalizado”. Es decir, pasa a ser miembro de un grupo, que marca notablemente sus costumbres y actitudes. Dentro de él, la persona espera una serie de cosas de los demás, al tiempo que conoce lo que se espera de él en cada situación.

Las fases del self

El «yo» y el «mí» son los nombres que George H. Mead da a las fases del “self”. El primero de ellos constituye la parte creativa e imprevisible de este, de tal manera que resulta imposible saber con antelación cuál será su reacción. De ahí que el autor sostenga que es el “yo” quien hace posible el cambio social.

Además de por su papel crucial en las transformaciones de la sociedad, Mead valora positivamente el “yo” por otras tres razones. En primer lugar, considera que en él se encuentran nuestros valores más importantes. En segundo término, establece esta fase del “self” como aquella en la que nuestra personalidad se desarrolla de manera más clara y definida. Por último, defiende que, así como las sociedades primitivas estaban dominadas por el “mi”, las modernas lo están por el “yo”.

Por su parte, el “mi” implica acomodación social: adopción del “otro generalizado”, con las actitudes y costumbres que eso conlleva. Esa responsabilidad para con el grupo lo convierte en algo previsible, hasta el punto de que se puede afirmar que la persona se encuentra dominada por la sociedad.

En definitiva, el “mi” es sinónimo de estabilidad social, mientras que el “yo”, huyendo de las posiciones acomodaticias y prestrablecidas, tiende a buscar cambios en el seno de la sociedad.

El concepto de sociedad

Para George Herbert Mead, la sociedad es anterior a la mente humana y al propio “self” que esta genera. Sin embargo, más que hacer hincapié en ella y en los procesos sociales, centra su sociología en el estudio de sus instituciones.

El sociólogo norteamericano entiende que una institución no es más que una respuesta de la sociedad a sus propios hábitos. En definitiva, tratan de educar el “mi” de acuerdo con los usos sociales. En este sentido se puede afirmar que, unas instituciones no respetuosas con el individuo y su creatividad, resultan opresivas.

La sociología del Vilfredo Pareto


Vilfredo Pareto distingue dos elementos dentro del ser humano que son, al mismo tiempo, autónomos e incompatibles. Por un lado, destaca la racionalidad o la lógica, a la que el sociólogo puede llegar por medio de la observación y de la experiencia objetiva. Por otro, los sentimientos, que constituyen el reino de lo no-racional o no-lógico; el caprichoso carácter imprevisible del ser humano.

El autor reconoce el predominio del sentimiento sobre la racionalidad en la conducta humana.

Ahora bien, sostiene que la ciencia social ha de basarse en esta última, ya que es la que nos aporta mayor número de regularidades. Aplica, por tanto, el método de las ciencias naturales para estudiar uniformidades y extraer de ellas leyes basadas en la probabilidad; o lo que es lo mismo, no se consideran infalibles. Esta es la manera utilizada por Pareto para resaltar el valor imprevisible del acto humano guiado por los sentimientos.

Las acciones no lógicas

El objetivo de la sociología es, según Vilfredo Pareto, el estudio de la sociedad en general, extrayendo de ahí su teoría correlativa. Para ello parte, como hemos afirmado, de la conducta lógica o racional de los seres humanos. No obstante, su conclusión es que las acciones humanas están dirigidas de manera predominante por el sentimiento; es decir, son no-lógicas.

Concluye, por tanto, que el predominio del sentimiento sobre la razón genera un ser humano que es por naturaleza no-racional o no-lógico a la hora de elegir su conducta.

Pero al mismo tiempo, Pareto descubre el empeño de los hombres por convertir sus acciones en algo racional. Ese interés por dar explicaciones coherentes a sus decisiones es lo que denominamos “derivaciones”

Los residuos y las derivaciones

Los residuos son los elementos que quedan cuando se eliminan de las acciones humanas todos los componentes variables. Por tanto, estos principios nos conducen siempre al predominio de la acción no-lógica: a los instintos humanos en los que se manifiesta el predominio de los sentimientos sobre la razón.

Por su parte, las derivaciones constituyen el esfuerzo del ser humano por explicar de manera racional sus acciones no-lógicas. Son, pues, teorías pseudológicas que les llevan a creer, erróneamente, que sus acciones no las impulsan los sentimientos.

La teoría de las élites

Según Vilfredo Pareto, el conflicto de clases es algo inherente a la condición humana, y no, como afirmaba Karl Marx, un fenómeno histórico transitorio. Las posiciones sociales de los distintos grupos pueden variar, pero siempre existirán elementos dominantes y subordinados. A su vez, dentro de los primeros –denominados élites por Pareto- distingue entre gobernantes y no gobernantes.

Acorde con el resto de su teoría sociológica, sitúa al sentimiento como fuerza dominante de la conducta social, dejando a la lógica un papel residual. Afirma que la élite se mueve en función de sus intereses, mientras que las clases inferiores y sometidas son impulsadas por el sentimiento.

De esta manera, para alcanzar sus objetivos, la élite fomenta el sentimiento social dentro de los subordinados. A mayor intensidad de este, más uniformidad, mientras que su debilitamiento llevará al cambio.

La élite es el grupo social situado en la posición más alta de la pirámide social. Son aquellas personas que poseen una mayor influencia, poder político y riqueza económica. Sin embargo, este grupo tiende una clara tendencia a la degeneración, que le lleva a no perdurar mucho en esa situación privilegiada.

Esto hace que necesite recuperar su vigor con la inclusión de nuevos elementos; generalmente los más capaces de entre los subordinados. En definitiva, según Vilfredo Pareto, la lucha y circulación de las élites es la esencia de la historia, de tal modo que levantamiento popular no trae consigo el final de la élite, sino sus sustitución por otra.

Los elementos del feudo


Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se describen los principales elementos del feudo. Esta información se complementa con otras clases sobre el año 1000el feudalismo, la sociedad y economía medieval, la Iglesia en la Edad Media y el arte románico.

Vídeos de Historia Económica

En líneas generales, el alumnado suele considerar que la evolución económica, así como los fenómenos que lleva aparejada, es la parte más ardua y compleja dentro del estudio de la historia. Por este motivo, y con el fin de facilitar la comprensión de la cuestión, he elaborado la siguiente serie de vídeos:

Introducción a la revolución industrial
La revolución industrial británica: primera parte
La revolución industrial británica: segunda parte
Las principales características de la revolución industrial
Los cambios demográficos
La expansión de la revolución industrial al Continente
La evolución de la economía mundial hasta 1870
Los ciclos del capitalismo y la crisis de 1870
Adam Smith y el liberalismo económico
Los cambios económicos de finales del XIX

Experiencia Blog: la construcción del ensayo histórico


Esta semana mis alumnos se han vuelto a enfrentar a un examen con ensayo histórico. Cuestión sobre la que ya he reflexionado en entradas anteriores de esta bitácora:

La gran novedad en este caso es que, con el fin de solventar errores detectados en ensayos anteriores, he decidido valorar su proceso de elaboración a través de los blogs de mis alumnos. A continuación enumeraré las cuestiones que pretendía corregir, al tiempo que trataré de explicar cómo he evaluado esa parte del examen.

El problema de la información

El principal problema que he encontrado hasta la fecha tiene que ver con el uso de las fuentes. En el primer ensayo del curso descubrí que mis alumnos se contentaban con sacar la información de un único lugar en vez de realizar una búsqueda algo más ambiciosa por la red.

La principal consecuencia de eso era que sus textos, si bien presentaban notables diferencias con la página original, tenían una estructura muy similar a esta. Las palabras no coincidían con las de las fuentes, pero la información y la disposición del texto sí.

Como el objetivo no era únicamente realizar un ejercicio de búsqueda de sinónimos, sino aprender a buscar en la red, mezclar distintas fuentes y construir un texto lo más original posible, entendí que debía cambiar algo de cara al segundo ensayo del curso.

Las bitácoras de la asignatura como solución

Hace tres semanas, al comenzar la elaboración de los ensayos, indiqué a mis alumnos que deseaba ver en sus blogs la evolución de su trabajo en, al menos, cinco entradas. Así, de una forma o de otra, la construcción de sus textos quedaría reflejada allí.

En concreto, pedía un primer post en el que expusieran los motivos que les llevaron a elegir esa temática. La segunda entrada debía referirse a las fuentes utilizadas, haciendo hincapié en algún aspecto destacable de cada una de ellas. A estas debían seguir una serie de publicaciones en las que, de algún modo, quedase reflejada la evolución del texto.

Por último, los alumnos dedicarían un post a la versión definitiva de su ensayo, la que, según nuestro sistema de trabajo, debían escribir en el examen.

La evaluación del proceso de trabajo

Todo lo anterior carecería de sentido si no tuviera unas consecuencias palpables en la nota del examen. Por ese motivo, dentro de los cuatro puntos sobre los que valoro el ensayo, uno y medio están dedicados a ese proceso de elaboración del texto que ha quedado reflejado en los blogs.

En concreto, al terminar el examen, visité las bitácoras de cada uno de mis alumnos con el fin de valorar cómo habían ido construyendo sus ensayos a lo largo de las tres semanas anteriores.

Una vez terminada esa evaluación, valoré el grado de coincidencia entre las versiones definitivas publicadas en los blogs y lo escrito en los exámenes. Esta parte, como bien informé a los estudiantes días antes, contaba un punto de los cuatro dedicados al ensayo.

La restante puntuación –punto y medio- se llevó a cabo partiendo de la rúbrica dedicada a la calidad de la información, que publiqué a principio de curso y que puede ser consultada en uno de los enlaces que hay más arriba.

El nacimiento del Reino de Italia


El proyecto de unificación italiana arrancó en la década de 1840 con los movimientos de una burguesía que trataba de eliminar las barreras aduaneras y establecer la unidad del sistema monetario. Así, desde el primer momento se aferraron, como fuente de las libertades económicas, al liberalismo.

La presencia austríaca en la península italiana dificultaba la consecución del objetivo unificador; hecho que convirtió a los Habsburgo en personajes odiados por los italianos del XIX.

Fue justamente en la década de 1840 cuando surgió el movimiento del Risorgimiento, que tuvo una enorme influencia a lo largo de todo el proceso de unificación. Dentro de este marco situamos al Partido de la Joven Italia, formado por los seguidores de Mazzini.

Otros movimientos políticos de relevancia fueron: el neogüelfismo, que abogaba por una unidad italiana dirigida por la figura católica del Papa; y la vía de Balbo, que reclamaba la independencia y unidad italiana bajo la batuta de los Saboya.

La revolución de 1848 en la península arrancó en las Dos Sicilias y se extendió rápidamente por toda Italia. En ese año se promulgaron Constituciones y se produjeron revueltas contra el poder de Austria en los territorios venecianos y milaneses.

Además, el propio Piamonte emprendió, con escasa fortuna, una guerra contra los austríacos. Pero el hecho más significativo de aquel año sucedió en Roma.

La República de Roma (1848-1850)

Pío IX gozó en sus primeros años de Pontificado de popularidad. Su carácter liberal, que le llevó a decretar la libertad de prensa y la amnistía, le reportó el apoyo de Garibaldi y Mazzini. Sin embargo, todos este prestigio lo perdió al declarar su neutralidad en la guerra entre Piamonte y Austria.

Como consecuencia del “escaso patriotismo”, en noviembre de 1848 fue asesinato Pellegrino Rossi, jefe del gobierno romano. Arrancaba así una revuelta que provocó la huída del Papa a Nápoles.

Los sublevados formaron un gobierno provisional de carácter triunviral -Mazzini, Armellini y Saffi- y proclamaron la República.

El sueño de la República de Roma se vio frustrado por el desembarco de tropas hispano-francesas en el Lacio. Estas sometieron a los rebeldes e hicieron volver a Papa.

El reino del Piamonte en la arquitectura de la unificación

Después del fracaso de los idearios neogüelfos y mazzinianos, la única vía que quedaba para la unificación italiana era la monarquía del Piamonte. De esta manera, de forma progresiva, el espíritu del Risorgimiento se fue tornando moderado y monárquico.

Tras la derrota de 1848, el rey Carlos Alberto de Saboya abdicó en su hijo Víctor Manuel II. Este cambió de política guiado por Cavour, que llevó a cabo una intensa modernización del Piamonte.

La monarquía de Víctor Manuel II pasó a poseer un marcado carácter moderno y nacionalista. Esto atrajo hacia sí a todos los antiaustríacos y nacionalistas italianos.

Las relaciones amistosas entre Napoleón III y Cavour

Uno de los principales aciertos de Cavour fue convertir la cuestión italiana en un problema europeo. Para esto no dudó en apoyarse en Napoleón III. En principio este, aunque mostró su simpatía a la causa italiana, no se comprometió a intervenir. Sin embargo, en la conferencia de Plombières (1858) ambos estados llegaron al siguiente acuerdo:

  • Creación de una confederación de cuatro reinos: los Estados Pontificios, Dos Sicilias, Alta Italia (Piamonte, Lombardía y el Véneto) y Italia Central (Toscana, Parma y Módena).
  • La confederación quedaría bajo la presidencia del Papa.
  • A cambio del apoyo francés, el Piamonte cedería a Francia Saboya y Niza.

Ante el proyecto de reorganización de las fuerzas armadas piamontesas, los austriacos enviaron un ultimátum exigiendo su desarme. Su rechazo llevó al estallido de la guerra en 1859.

La guerra con Austria

La guerra se abrió con una Victoria franco-piamontesa en la batalla de Montebello, que dejo Milán a merced de los aliados. Sin embargo, el contraataque austríaco no se hizo esperar, siendo derrotados los piamonteses en Palestro. A esto siguió la batalla de Magenta, de dudoso resultado, y el repliegue austríaco, quedando Lombardía en manos piamontesas.

Mientras, como consecuencia de las victorias militares del Piamonte, Italia se inunda de un hondo sentimiento nacional, que se deja sentir en Toscana, Módena, Parma, Roma… Napoleón III, consciente de que estos hechos podían provocar que la situación se le fuera de las manos y derivase en la unidad de toda la península, decidió poner fin a la guerra con la paz de Zurich.

Se acordó que Viena entregase a Francia Lombardía. Esta, a su vez, sería cedida por Napoleón a Víctor Manuel II. Por último, Piamonte entregó a Niza y Saboya a Francia.

No obstante, Parma, Módena, Romaña y Toscana nombraron rey a Víctor Manuel II, que logró finalmente que Napoleón aceptase la nueva situación. De esta manera, el Piamonte logró unificar todo el territorio italiano a excepción del Véneto austríaco, los Estados del Papa y el reino de Dos Sicilias.

Garibaldi y la unificación del sur

Al término de la guerra con Austria, los radicales de Garibaldi reclamaron un único gobierno para toda la península. Fieles a estos principios, en 1860, prepararon un desembarco en Sicilia, donde la situación era ingobernable, y, por tanto, favorable para los invasores.

Garibaldi, logró controlar la isla entre mayo y julio de 1860, estableciendo un gobierno provisional. Después de consolidar su dominio en Sicilia y asegurarse la neutralidad fracesa y británica, Garibaldi se desembarcó en el reino de Nápoles, que conquistó en septiembre de 1860.

Ante esta situación, Victor Manuel II anexionó a su reino las Marcas y Umbría, y ratificó, en su encuentro de Teano con Garibaldi, su dominio sobre las Dos Sicilias.

Por su parte, Cavour convocó elecciones generales para una Cámara de reciente creación y proclamó el nacimiento del reino de Italia.

No obstante, quedaban aún delicadas cuestiones por solucionar en torno a la unificación italiana, y, sin duda, una de ellas era la romana. Sólo la alianza con Prusia y la caída de Napoleón III, gran valedor de los Estados Pontificios, permitió a Italia conquistar la Ciudad Eterna.

Los estados independientes iberoamericanos


La independencia de las colonias americanas supuso también el fin del sueño unificador de bolivariano. Pronto los antiguos virreinatos se convirtieron en naciones independientes herederas de las fronteras administrativas del Imperio español.

De esta manera, se fueron construyendo, en territorios poco homogéneos y con población de lo más diversa, países uniformes y cohesionados; labor para la que no se reparó en ningún momento en los derechos de los indígenas.

A su vez, ante la indefinición de las fronteras, fueron surgiendo progresivamente numerosas pugnas entre los nuevos países, con el consecuente debilitamiento de los mismos. Esto, sin duda, favoreció a las potencias extranjeras, que no dudaron en aprovecharse de la situación para intervenir en estos territorios y en su economía.

La intervención europea y norteamericana en Iberoamérica

Como ya hemos indicado anteriormente, la debilidad de las nuevas naciones americanas, y la apertura de sus mercados al exterior, propiciaron que las potencias extranjeras influyeran notablemente en el desarrollo histórico americano.

Francia y España trataron de sacar beneficios comerciales y prestigio nacional desarrollando una intensa actividad diplomática e, incluso, militar. Esta alcanzó su culmen durante la Guerra de Secesión norteamericana; es decir, aprovechando la debilidad coyuntural del gigante del norte.

Los Estados Unidos, basando sus acciones en la doctrina Monroe –América para los americanos-, buscó desde comienzos del siglo XIX hacer valer su hegemonía en el continente. Sin embargo, hasta la década de 1870 no quedó asentada esa preponderancia.

Por último, hemos de hablar de Gran Bretaña que trató de hacerse con pequeñas bases portuarias que facilitaran su labor comercial. De estre ellas podemos destacar Belice y las islas Malvinas.

Inestabilidad política en la tierra de los caudillos

Las carencias de proyectos políticos de la época de la independencia sumieron a los territorios iberoamericanos en una honda crisis. El consenso entre los distintos grupos de poder coloniales sólo se mantuvo mientras duró el enfrentamiento con España.

Además, hay que destacar que esta inestabilidad institucional acentuó los problemas sociales y económicos de las nuevas naciones americanas. Las consecuencias políticas de estas carencias de proyectos se pueden resumir en dos: las ya citadas guerras fronterizas, y la inestabilidad interior, manifestada principalmente en las revueltas y en los constantes cambios políticos.

Todo esto propició el surgimiento de los caudillajes militares a lo largo de casi todos los países de Iberoamérica: el Santa Anna en México, Páez en Venezuela, Juan José Flores en Ecuador, Melgarejo en Bolivia, José Gaspar de Francia en Paraguay, José Manuel de Rosas en Argentina, Bernardo O´Higgins en Chile…

A su vez la burguesía criolla, que ya había gozado de un alto protagonismo durante la época colonial y a lo largo de los conflictos independentistas, mantuvo, con la configuración de las nuevas naciones, su papel de clase social predominante.

La sociedad de estas nuevas naciones, sin duda con un marcado carácter dicotómico, se caracterizó por su profunda desigualdad en función de la riqueza y la etnia. Si bien es verdad que a mediados de siglo esta situación se fue suavizando, produciéndose una cierta apertura a los mestizos.

El lento avance del liberalismo

Durante la segunda mitad del siglo XIX, a causa del fortalecimiento de la burguesía urbana, Iberoamérica fue experimentando un lento avance hacia el liberalismo. Se trató de un fenómeno complejo que conjugaba el caudillaje militar con un leve reformismo progresista.

No obstante, en este desarrollo no dejaron de existir dificultades, entre las que destacan la continua la inestabilidad, y golpes de Estado de la reacción. De esta manera, en muchos de estos países, fueron apareciendo nuevos formas de caudillaje, tanto liberales como antiliberales: Benito Juárez en México, Tomás Cipriano Mosquera en Colombia, Avelino Cáceres en Perú…

Evolución de una economía dependiente

La economía de Iberoamérica hasta mediados del siglo XIX se caracterizó, a pesar de la independencia política, por la dependencia económica con respecto al exterior. Las naciones americanas fueron integradas en el mecanismo de economía mundial; es decir, pasaron a exportar de recursos e importar manufacturas.

Esto, como es lógico, provocó el hundimiento de la industria manufacturera autóctona. De esta manera, la configuración de la economía iberoamericana se configuró durante buena parte del siglo XIX en base a los siguientes rasgos:

  • Especialización en la exportación de un número limitado de productos.
  • Hipertrofia del sector terciario unida a un importante desempleo en los otros sectores.
  • Escaso nivel tecnológico.
  • Desarticulación y desestructuración económica en el interior de los países.
  • Elevado volumen de importación.
  • Absoluta dependencia económica del exterior.

A lo largo de la segunda mitad de siglo se fueron produciendo notables cambios que matizaron el panorama expuesto anteriormente. Estos se resumen en dos hechos: mayor desarrollo de la propia economía, especialmente la industrial, y menor dependencia del exterior.

El sistema feudal: segunda parte


Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se resumen las formas de relación entre vasallos y señores, así como la práctica de armar caballeros. Esta información se complementa con otras clases sobre el año 1000, el feudalismo, el feudo y sus elementos, la sociedad y economía medieval, la Iglesia en la Edad Media y el arte románico.

 

Aclarando dudas sobre los cuestionarios


Después de publicar la entrada sobre los exámenes orales a los que se enfrentan semanalmente mis alumnos -los llamados cuestionarios-, @matiasramon me sometió a un tercer grado enriquecedor, a la par que interesante.

Al terminar la conversación, entendí que quizá no había explicado bien algunas de las claves de esas pruebas. De ahí que ahora pretenda, aprovechando sus certeras preguntas, arrojar un poco de luz sobre el asunto.

A continuación, si bien con algunas modificaciones de estilo necesarias -se trata de una conversación en WhatsApp-, os dejo el contenido de nuestra charla:

  1. ¿Qué sucede cuando los alumnos obtienen menos de un siete en la prueba? Se vuelven a presentar a esa misma parte del temario el siguiente día que dediquemos a los cuestionarios. Así hasta que alcance la nota mínima exigida. Con ese sistema es posible que alguno no llegue al último cuestionario -eso solo el tiempo lo dirá-, pero de entrada hay el doble de días de exámenes orales que partes del temario. Además, así se consigue que profundicen en la materia: no se quedan en el 50% que pedimos habitualmente al exigir un cinco.
  2. ¿Haces varios cuestionarios orales por tema, englobando cada uno varios apartados del mismo? Primero divido los vídeos de la asignatura en grupos de tres o cuatro (15-20 minutos entre todos) y de ahí voy sacando los cuestionarios. Los alumnos, por supuesto, saben qué contenidos entran en cada uno. Después elaboro entre veinte y treinta distintos, porque de lo contrario se sabrían las preguntas en poco tiempo.
  3. ¿Qué hacen mientras los alumnos que no se están examinando? Van haciendo la tarea de aula que les he encomendado para ese día o para la semana. Es cierto que, aunque pregunto en voz bastante baja y algo apartado del grupo, oyen las preguntas. Sin embargo, como el trabajo que tienen entre manos también es parte de la nota, más les vale centrarse en él.
  4. ¿Eliminas el examen escrito? No, la prueba escrita se mantiene. Sin embargo, se supone que después de pasar los cuestionarios llevan mucho mejor la materia. Al fin y al cabo, han tenido que enfrentarse semanalmente a una parte del temario. A todo esto hemos de añadir que, del porcentaje total que suponen los exámenes, la parte oral se lleva un 20%.
  5. Entiendo que tu banco de preguntas no es infinito y tendrán un máximo de oportunidades para aprobar el examen oral ¿verdad? No, pueden volver a hacer un cuestionario las veces que haga falta hasta llegar al siete. Eso sí, cuanto más repitan, más días pierden para hacer las restantes pruebas orales. Es decir, corren el riesgo de no llegar a los últimos, y por cada uno que no hagan tienen un cero.
  6. ¿Tienen un cero en todos los que no llegan al siete? No, únicamente tienen esa nota en aquellos cuestionarios a los que no les de tiempo a presentarse. Si el último día del trimestre sacan un cuatro en uno, por ejemplo, se cuenta esa nota.
En fin, seguramente no este todo bien explicado con las dos entradas que he dedicado a los cuestionarios, pero creo que estas seis preguntas aclaran algunas cosas. Tengo que agradecer a @matiasramon sus preguntas, así como el esfuerzo de hacerme reflexionar sobre mis actividades.