La ciudad industrial del siglo XIX


Con la revolución industrial cambiaron las formas de vida, el paisaje y la composición social de las ciudades. Con el fin de ilustrar esa transformación, vamos a analizar cuatro aspectos de la estructura urbana decimonónica:

  • Las fábricas se construyeron cerca de los ríos, donde había espacios amplios y se podía aprovechar la fuerza motriz del agua. A su alrededor se produjo un crecimiento urbanístico acelerado, que dio lugar a los denominados barrios obreros.
  • La ampliación de las ciudades se realizó sin ningún tipo de planificación en las zonas donde residían los trabajadores de las fábricas. Esto generó no pocos problemas urbanísticos, así como de salubridad.
  • Los barrios obreros se construyeron, como ya se ha señalado, junto a las fábricas, en las afueras de las ciudades. Las viviendas eran pequeñas y no tenían luz, ventilación ni equipamiento sanitario. Además, era frecuente que varias familias compartieran una misma vivienda.
  • Las condiciones insalubres en las viviendas y las fábricas facilitaron la propagación de enfermedades. A esto hemos de añadir la proliferación de la delincuencia y la prostitución en ese entorno.
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La aparición de la sociedad de clases


Los cambios originados por la revolución industrial se sumaron a las transformaciones políticas ocasionadas por las revoluciones atlánticas durante las últimas décadas del siglo XVIII. Todas ellas provocaron la disolución de la sociedad del Antiguo Régimen, basada en la división estamental, y el nacimiento de la sociedad de clases.

En la sociedad de clases las personas se diferenciaban por el lugar que ocupaban en el proceso productivo y no por su nacimiento o el origen de su familia.

En esta nueva sociedad la nobleza fue perdiendo influencia, aunque siguió manteniendo cierto poder político y social. Estableció una alianza estratégica con la emergente burguesía (prestigio social a cambio de dinero) y mantuvo el predominio en determinados ámbitos del aparato del Estado, como la diplomacia, la Administración y el Ejército. Sus valores, gustos y aficiones siguieron gozando de gran prestigio e influencia.

Los campesinos también se vieron afectados por la desaparición del Antiguo Régimen, puesto que dejaron de estar bajo la protección de los señores y propietarios de las tierras para convertirse en jornaleros. Además, las condiciones de vida en el mundo rural eran duras y se produjeron hambrunas a causa de las malas cosechas de las últimas décadas del siglo XVIII.

En definitiva, los trastornos originados por la introducción de mejoras técnicas, así como los cambios en el régimen de propiedad, dejaron sin posibilidad de sustento a un número considerable de campesinos, que se vieron obligados a emigrar a las ciudades.

Ahora bien, los grupos sociales más característicos de esta nueva sociedad de clases fueron los burgueses y los obreros.

La burguesía

Al implicarse en el proceso de industrialización y, en consecuencia, acumular capitales y multiplicar sus inversiones, se convirtieron en la clase más relevante. Este enriquecimiento les sirvió como punto de apoyo para ascender a la cúspide del poder político y de las principales instituciones sociales y culturales.

Políticamente evolucionaron desde posiciones revolucionarias a ideas más conservadoras próximas a la nobleza. Su prestigio y costumbres se fundamentaban en la familia, el patrimonio y los negocios. Sus principales valores eran la educación, el mérito, el trabajo y el ahorro.

La clase obrera

Este grupo social, conocido también como proletariado, se desarrolló en Gran Bretaña y en el resto de Europa de forma paralela a la industrialización. Estaba formado por los trabajadores de las ciudades que solamente poseían el salario que les proporcionaba el empresario a cambio del trabajo realizado. Sus condiciones de vida fueron pésimas durante todo el siglo XIX.