Cuestionarios: exámenes orales y flipped classroom


En mi opinión, una de las principales ventajas de dar la vuelta a la clase es que el docente cuenta con tiempo suficiente en el aula para atender a los alumnos de manera individualizada. Como bien sabemos, eso es posible porque la teoría está en vídeos y textos a los que los estudiantes tienen acceso desde cualquier sitio y en cualquier momento. En definitiva, quedo liberado de la explicación los cincuenta minutos que paso con ellos, y eso me permite centrarme más en sus dudas, problemas, curiosidades…

El modelo flipped classroom me ha llevado a emprender un nuevo proyecto que busca mejorar la expresión oral del alumnado, al tiempo que les ayuda profundizar en los contenidos de la materia.

Dos días a la semana –los martes y los viernes en concreto-, mis alumnos de 1º de Bachillerato se enfrentan a los cuestionarios. Estos evalúan los conocimientos de los alumnos sobre un conjunto de vídeos, y están formados por cuatro preguntas cortas (muy concretas), con un valor de un punto cada una, y dos de relación que se califican sobre los seis restantes.

De esta manera, mientras el conjunto de la clase está realizando distintas actividades, el profesor les va llamando de uno en uno para realizar la prueba. Al margen de lo beneficioso que resulta enfrentarse semanalmente a una experiencia novedosa relacionada con la expresión oral, considero que, además, los cuestionarios les ayudan a trabajar al día.

Un progreso personalizado

Ahora bien, la gran novedad de mis cuestionarios, y sin duda lo que menos ha gustado a mis alumnos –aunque a la postre les beneficia-, es que para aprobarlos no basta un cinco: les exijo un siete.

La idea la saqué de una conferencia TED de Salman Khan en la que abogaba por un aprendizaje centrado en los ritmos de aprendizaje de cada estudiante. En concreto, criticaba que se les permitiera aprobar con un cinco, ya que eso supone que en sus conocimientos hay lagunas que pueden llegar al 50% de la materia.

No pretendo profundizar en el contenido de su ponencia, y mucho menos entrar a valorar si su propuesta es viable cuando uno tiene más de dos docenas de alumnos en un aula. Sin embargo, reconozco que las palabras de Salman Khan me hicieron reflexionar. En concreto, extraje dos conclusiones:

  • Cada cuestionario debe repetirse las veces que haga falta hasta que cada estudiante demuestre tener unos conocimientos amplios de la materia.
  • Para cumplir esa primera premisa es necesario que el número de días dedicados a pruebas orales sea muy superior al de los cuestionarios.
En definitiva, gracias a esas medidas, el temario se adapta al ritmo de cada alumno, y no al contrario.

A su vez, el hecho de que se exija un siete para cerrar una prueba y pasar a la siguiente, evita en gran medida que se generen lagunas en los conocimientos del alumnado.

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