Los estados independientes iberoamericanos


La independencia de las colonias americanas supuso también el fin del sueño unificador de bolivariano. Pronto los antiguos virreinatos se convirtieron en naciones independientes herederas de las fronteras administrativas del Imperio español.

De esta manera, se fueron construyendo, en territorios poco homogéneos y con población de lo más diversa, países uniformes y cohesionados; labor para la que no se reparó en ningún momento en los derechos de los indígenas.

A su vez, ante la indefinición de las fronteras, fueron surgiendo progresivamente numerosas pugnas entre los nuevos países, con el consecuente debilitamiento de los mismos. Esto, sin duda, favoreció a las potencias extranjeras, que no dudaron en aprovecharse de la situación para intervenir en estos territorios y en su economía.

La intervención europea y norteamericana en Iberoamérica

Como ya hemos indicado anteriormente, la debilidad de las nuevas naciones americanas, y la apertura de sus mercados al exterior, propiciaron que las potencias extranjeras influyeran notablemente en el desarrollo histórico americano.

Francia y España trataron de sacar beneficios comerciales y prestigio nacional desarrollando una intensa actividad diplomática e, incluso, militar. Esta alcanzó su culmen durante la Guerra de Secesión norteamericana; es decir, aprovechando la debilidad coyuntural del gigante del norte.

Los Estados Unidos, basando sus acciones en la doctrina Monroe –América para los americanos-, buscó desde comienzos del siglo XIX hacer valer su hegemonía en el continente. Sin embargo, hasta la década de 1870 no quedó asentada esa preponderancia.

Por último, hemos de hablar de Gran Bretaña que trató de hacerse con pequeñas bases portuarias que facilitaran su labor comercial. De estre ellas podemos destacar Belice y las islas Malvinas.

Inestabilidad política en la tierra de los caudillos

Las carencias de proyectos políticos de la época de la independencia sumieron a los territorios iberoamericanos en una honda crisis. El consenso entre los distintos grupos de poder coloniales sólo se mantuvo mientras duró el enfrentamiento con España.

Además, hay que destacar que esta inestabilidad institucional acentuó los problemas sociales y económicos de las nuevas naciones americanas. Las consecuencias políticas de estas carencias de proyectos se pueden resumir en dos: las ya citadas guerras fronterizas, y la inestabilidad interior, manifestada principalmente en las revueltas y en los constantes cambios políticos.

Todo esto propició el surgimiento de los caudillajes militares a lo largo de casi todos los países de Iberoamérica: el Santa Anna en México, Páez en Venezuela, Juan José Flores en Ecuador, Melgarejo en Bolivia, José Gaspar de Francia en Paraguay, José Manuel de Rosas en Argentina, Bernardo O´Higgins en Chile…

A su vez la burguesía criolla, que ya había gozado de un alto protagonismo durante la época colonial y a lo largo de los conflictos independentistas, mantuvo, con la configuración de las nuevas naciones, su papel de clase social predominante.

La sociedad de estas nuevas naciones, sin duda con un marcado carácter dicotómico, se caracterizó por su profunda desigualdad en función de la riqueza y la etnia. Si bien es verdad que a mediados de siglo esta situación se fue suavizando, produciéndose una cierta apertura a los mestizos.

El lento avance del liberalismo

Durante la segunda mitad del siglo XIX, a causa del fortalecimiento de la burguesía urbana, Iberoamérica fue experimentando un lento avance hacia el liberalismo. Se trató de un fenómeno complejo que conjugaba el caudillaje militar con un leve reformismo progresista.

No obstante, en este desarrollo no dejaron de existir dificultades, entre las que destacan la continua la inestabilidad, y golpes de Estado de la reacción. De esta manera, en muchos de estos países, fueron apareciendo nuevos formas de caudillaje, tanto liberales como antiliberales: Benito Juárez en México, Tomás Cipriano Mosquera en Colombia, Avelino Cáceres en Perú…

Evolución de una economía dependiente

La economía de Iberoamérica hasta mediados del siglo XIX se caracterizó, a pesar de la independencia política, por la dependencia económica con respecto al exterior. Las naciones americanas fueron integradas en el mecanismo de economía mundial; es decir, pasaron a exportar de recursos e importar manufacturas.

Esto, como es lógico, provocó el hundimiento de la industria manufacturera autóctona. De esta manera, la configuración de la economía iberoamericana se configuró durante buena parte del siglo XIX en base a los siguientes rasgos:

  • Especialización en la exportación de un número limitado de productos.
  • Hipertrofia del sector terciario unida a un importante desempleo en los otros sectores.
  • Escaso nivel tecnológico.
  • Desarticulación y desestructuración económica en el interior de los países.
  • Elevado volumen de importación.
  • Absoluta dependencia económica del exterior.

A lo largo de la segunda mitad de siglo se fueron produciendo notables cambios que matizaron el panorama expuesto anteriormente. Estos se resumen en dos hechos: mayor desarrollo de la propia economía, especialmente la industrial, y menor dependencia del exterior.

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La independencia de Iberoamérica

El inmediato antecedente de la independencia de Iberoamérica fue, sin lugar a dudas, la rebelión de las Trece Colonias de Norteamérica. El ejemplo de sus vecinos septentrionales, y el propio descontento de la burguesía criolla iberoamericana ejercieron un impulso decisivo sobre el proceso secesionista.

Otra de las causas de la independencia de estos territorios fue el apoyo exterior del que gozaron los sublevados; especialmente británico y norteamericano.

Sin embargo, el factor desencadenante fue la invasión napoleónica de la península Ibérica y la caída de las instituciones monárquicas de la España ocupada, que sin duda dio mayor autonomía a unas colonias deseosas de lograr la independencia.

La emancipación del Cono Sur

Río de la Plata era, por su prosperidad mercantil e industrial, la mejor dispuesta, de entre las colonias españolas, para alcanzar la independencia. De esta manera, gracias a la forja de un hondo sentimiento nacional, y al descontento por la dependencia comercial con respecto a la metrópoli, prendió con facilidad el fuego de la sublevación.

En 1810 se constituyó la Junta Patriótica de Buenos Aires, que, tras destituir al virrey, declaró la independencia de Río de la Plata.

Posteriormente, el movimiento independentista se fue, poco a poco consolidando ante el fracaso de las fuerzas de la reacción fernandina. Finalmente, las victorias militares de San Martín culminaron un proceso que pronto se extendió a Chile.

La Gran Colombia, el sueño de Bolívar

Mientras todo eso sucedía en la actual Argentina, más al norte –en Venezuela- se desarrolló un movimiento que presenta ciertos paralelismo con el anterior. Así, también en 1810, la Junta de Caracas inició el proceso de independencia.

Sin embargo, al tiempo que dentro de la Junta iba destacando la figura de Simón Bolívar, los rebeldes fueron derrotados por la contraofensiva realista (1814), que echó por tierra los planes de independencia.

Fue precisamente en el exilio cuando Bolivar concibió su proyecto de una América unida e independiente. Así pues, a la menor oportunidad, los independentistas criollos volvieron a la carga, logrando una serie de victorias consecutivas sobre los ejércitos españoles, que a la postre les valió el control sobre Venezuela y Colombia. Por fin, Bolivar podía comenzar a construir su ansiada “Gran Colombia”.

Perú, la caída de la fortaleza española

Perú era el gran bastión de los españoles en América: el lugar desde el cual se habían sofocado todas las rebeliones hasta ese momento. Sin embargo, tras los triunfos de Bolivar al norte, y de San Martín al sur, el virreinato se encontraba en una posición comprometida: entre dos frentes.

Así, atacados por los dos frentes, y perjudicados también por la inestabilidad de la metrópoli, que vivía en plena efervescencia del Trienio Liberal, Perú fue atacado.

Por el norte llegaron los ejércitos de Bolivar, y por el sur los de San Martín, que, tras entrevistarse en Guayaquil, vencieron a los españoles en Ayacucho (1824).

La peculiar independencia de Nueva España

La peculiaridad de la independencia de Nueva España fue que, en un principio, no la protagonizó la oligarquía criolla, sino por las clases bajas indígenas. De hecho, la burguesía, por miedo a la revolución, se unió a la metrópoli en su empeño por someter a los sublevados.

No obstante, tras el triunfo del Trienio Liberal en la Península, esa misma oligarquía favorable hasta entonces a la metrópoli, desarrollo un intenso movimiento subversivo antiliberal, y, en consecuencia, antiespañol.

Encabezados por Agustín de Iturbide, y bajo los tres puntos del Plan de Iguala – defensa de la religión católica, independencia de Nueva España, y unión de los habitantes del virreinado, tanto peninsulares como criollos-, los rebeldes lograron su independencia en apenas seis meses (1822).

A este fenómeno secesionista se unió posteriormente el de los territorios centroamericanos -denominados también como Provincias Unidas de América Central- que se mantuvieron unidos a Colombia hasta 1905.

La independencia de las colonias portuguesas

El proceso independentista de Brasil presenta todavía más peculiaridades que el estudiado anteriormente. En primer lugar porque varía la metrópoli –Portugal-, y en segundo término porque, a finales del siglo XVIII, a causa del control comercial por parte de portugueses e ingleses (Tratado de Mathuen, 1703), apenas existía oligarquía autóctona. En definitiva, podemos afirmar que los protagonistas de la secesión fueron los portugueses residentes en la colonia.

Los sucesos arrancaron con la huida de Juan VI, rey de Portugal, a Brasil durante la invasión napoleónica de la península Ibérica. En esa etapa, los dominios portugueses se gobernaron desde la colonia, que gracias a esto experimentó importante desarrollo económico, político y de las mentalidades.

Finalmente, tras el fin de la ocupación francesa y la vuelta del rey portugués a la metrópoli, Brasil se niega a volver a ser tratada como colonia. De esta manera, ante las pretensiones portuguesas, nombraron rey a Pedro I, hijo de Juan VI, y declararon su independencia.

La tenacidad de Simón Bolívar en la obra de John Lynch

Artículo publicado por la web Club Lorem Ipsum el 5 de marzo de 2007.


Recientemente cayó en mis manos una biografía del “Libertador” publicada en 2006 por el hispanista John Lynch. Francamente, me pareció un trabajo más que recomendable. En él se nos presenta la figura de Simón Bolívar en toda su complejidad: con sus méritos y errores. Aunque tal vez predominen los primeros, no se si por las capacidades del biografiado o por el apasionamiento del escritor.

Sea como fuere, la vida del independentista americano y la trayectoria profesional del historiador anglosajón, avalan la calidad y el interés de la obra.

Mi objetivo es tratar un aspecto que admiro de la persona del “Libertador”: su tenacidad. Esta se nos presenta en tres ámbitos distintos, el militar, el legislativo y el ejecutivo. Bolívar era tenaz y fiel a sus principios como general, como teórico de la política y como gobernante. Sin embargo, esta no escondía un empecinamiento en unas opiniones preconcebidas: la tenacidad de Bolívar –sin ceder en lo básico- estaba abierta al cambio, a reconocer los propios errores.

Las ideas políticas de este personaje se adaptaban a las circunstancias de la época y el lugar donde trataba de aplicarlas. Su bien trabajada base teórica –fundamentada en los escritos de pensadores como Montesquieu, Rousseau, Voltaire o Locke- se amoldaba a la complejidad iberoamericana. En definitiva, Bolívar no imponía a venezolanos, colombianos, ecuatorianos, peruanos y bolivianos un proyecto político ajeno a su realidad; y si lo llegaba a hacer –caso de la Constitución que diseñó para Bolivia y trató de aplicar a toda la Gran Colombia- pronto era consciente de ello y ponía los medios para rectificar.

Simón Bolívar era, como el mismo se definió en uno de sus abundantes discursos, el “hombre de las dificultades”; Francisco de Paula Santander gobernaba, José de Sucre conquistaba, pero el “Libertador” siempre estaba detrás poniendo -a costa de un gran esfuerzo- el orden necesario.

Sin duda la Historia de esos países se hubiera iniciado de otra forma si no hubieran contado con la presencia de este gigante: un hombre capaz de vencer en el campo de batalla, de levantarse una y otra vez cuando era derrotado, y al mismo tiempo organizar legislativa y políticamente los territorios que conquistaba.

Tres veces inició Bolívar la conquista de Venezuela para la independencia en apenas ocho años. Todas, con mayor o menor brillantez por su parte, fracasaron. Sin embargo, en 1818, desembarcó en Tierra Firme para liberar, de manera definitiva, a los venezolanos del dominio español. Dos repúblicas venezolanas, con sus respectivas constituciones, se hundieron.

Este gran legislador supo levantarse, y con él a todo un país, para formar otra nueva estructura política. Su fuerza le llevó a seguir adelante, a no conformase con liberar y estructurar su país. Bolívar hizó lo propio –con más o menos escollos- en las actuales Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

La tarea de este gran personaje viene relatada en la obra de John Lynch como una constante lucha.

Los contendientes: el incansable Bolívar y los casi insalvables escollos que se le presentaban. No obstante, el “hombre de las dificultades” era capaz de irlas superando. Incluso parece que al final, después de tanto tiempo, podrá vencer. Hoy sabemos que no fue así. Bolívar solo logró un triunfo parcial: la Gran Colombia se desmembró, y sus resto cayeron en las garras de un sinfín de caudillos. Sin embargo, su aventura mereció la fama que hoy se le tributa.

A mi juicio, el gran mérito del incansable Bolívar fue iniciar las sucesivas guerras sabiendo qué medidas políticas y legislativas quería aplicar en los territorios liberados del maltrecho yugo español. La Carta de Jamaica (1815) o el Discurso de Angostura (1819) constituyen dos buenos ejemplos de ese convencimiento de que a toda lucha armada ha de precederle un plan de posguerra.

Bibliografía:

[1] Simón Bolívar; John Lynch – Barcelona – Crítica – 2006.

[2] Historia Universal Contemporánea I; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[3] La emancipación de Hispanoamérica; Jaime Delgado Martín

[4] Las revoluciones hispanoamericanas 1808-1826; John Lynch – Barcelona – Ariel- 2008.

[5] Obras completas I, II y III; Simón Bolívar – La Habana – Lex – 1950.