El año inhumano (1923)


«Ninguna nación del mundo ha experimentado nada equivalente al acontecimiento alemán de “1923”. Todas han vivido una Guerra Mundial, la mayoría también revoluciones, crisis sociales, huelgas, reclasificaciones de bienes y devaluaciones de la moneda. Sin embargo, ninguna ha experimentado el desbordamiento fantástico y grotesco de todo eso a la vez (…) esa danza de la muerte carnavalesca y gigante, esa saturnal eterna, sangrienta y grotesca, en la que no sólo se devaluó la moneda, sino todos los demás valores. El año 1923 preparó a Alemania no para el nazismo en particular, sino para cualquier aventura fantástica».

De esta forma comienza a relatar Sebastián Haffner los sucesos del año 1923. Durante esos meses, una república a la deriva y su población recién salida de los sufrimientos de la guerra, iban a experimentar una sucesión de acontecimientos sin precedentes en la Historia. En este artículo analizaremos la guerra del Ruhr; después iremos repasando los demás.

La tirantez de las relaciones diplomáticas franco-germánicas en lo que al pago de las compensaciones de guerra se refirió, estuvo a punto de generar un nuevo conflicto armado entre ambas potencias. La llamada guerra del Ruhr -la resistencia alemana a plegarse a las exigencias francesas- tuvo para ambos contendientes, especialmente en el caso de los primeros, unas consecuencias desastrosas. Los costes de mantener el pulso con los franceses obligó al Estado alemán a imprimir gran cantidad de papel moneda, lo que acabó generando la mayor inflación de la Historia del país y, en consecuencia, una gran crisis:

«En el mismo Ruhr se produjo una especie de huelga pagada. No sólo los obreros recibieron dinero, sino también los empresarios, sólo que les pagaron demasiado bien, tal y como supimos poco después. Al cabo de unos meses la Guerra del Ruhr, que tan prometedoramente había comenzado con el juramento del Rütli, se impregnó de un inconfundible olor a corrupción. Pronto dejó de alterar el ánimo de todos. Nadie se preocupaba por la región del Ruhr, pues en casa ocurrían cosas mucho más inverosímiles».

La inflación.

«Entonces el marco enloqueció. Y poco después de la Guerra del Ruhr la cotización del dólar se disparó hasta alcanzar los veinte mil marcos, luego se mantuvo durante un tiempo, ascendió a cuarenta mil, vaciló unos momentos y después empezó a repetir la cantinela de los diez mil y los cien mil a trompicones, con pequeñas oscilaciones periódicas (…) miramos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta de que aquel acontecimiento había destruido nuestra vida diaria. Todos los que tenían una cuenta de ahorro, una hipoteca o cualquier otro tipo de inversión vieron como éstas desaparecían de la noche a la mañana».

La cotización del marco, que desde el final de la Gran Guerra se había mantenido en un constante y leve proceso de devaluación, se hundió en 1923. La causa principal: los hechos acaecidos en el Ruhr. En pocas semanas la moneda alemana perdió buena parte de su valor. Se inició así un frenético proceso que se mantuvo en los meses siguientes.

De especial interés es la descripción que en Historia de un alemán se hace de los aspectos cotidianos de la vida de los ciudadanos. Cabe destacar entre estos el episodio en el que Sebastian Haffner relata cómo se distribuía el sueldo familiar para evitar que la devaluación monetaria afectase a su valor.

Crisis moral y social.

«Entre tanto sufrimiento, desesperación y pobreza extrema fue desarrollándose un culto a la juventud apasionado y febril, una avidez y un espíritu carnavalesco generalizado. De repente fueron los jóvenes y no los viejos quienes tenían dinero».

Como nos describe Sebastian Haffner, en el ámbito social la crisis de 1923 tuvo fundamentalmente dos consecuencias: llevó a la miseria a buena parte de la población y realzó el valor de la juventud. Ser joven en la Alemania del “año inhumano”, fue en numerosas ocasiones una ventaja. Gracias a su mayor habilidad y desparpajo en el campo de la especulación, estos lograron hacerse con importantes sumas de dinero en muy poco tiempo y sin apenas esfuerzo.

De esta forma, un mundo enloquecido en el cual los pilares básicos que lo sustentaban se habían hundido en apenas unas semanas, tenía que sufrir irremediablemente una crisis en sus valores morales. Y de hecho eso fue lo que sucedió: Alemania vivió sumergida en un ambiente carnavalesco durante buena parte de ese periodo.

Los rumores de la crisis.

«Jamás habían circulado tantos rumores: Renania había abandonado, el káiser había vuelto, los franceses nos habían invadido. Las “agrupaciones” políticas tanto de izquierdas como de derechas que habían estado vegetando durante años reanudaron de pronto su actividad febril. Realizaban prácticas de tiro en los bosques situados alrededor de Berlín; se filtraban rumores de un “ejército del Reich en la sombra” y se oía hablar mucho de “ese día” (…) De hecho, durante unos días existió una República Renana. Por espacio de algunas semanas Sajonia tuvo un régimen comunista, ante el cual el Gobierno del Reich reaccionó enviando el ejército. Y un buen día el periódico publicó la noticia de que las tropas de Küstrin habían emprendido una marcha sobre Berlín».

En una situación tan penosa no era de extrañar que por el país circulasen todo tipo de rumores que, a falta de confirmación oficial, nadie sabía a ciencia cierta si eran o no reales. Sin embargo, independientemente de la veracidad de la información que a la población le llegaba, lo cierto es que en Alemania estaban sucediendo cosas muy graves. Haffner, además de relatarnos todos estos rumores e indicarnos cuales de ellos eran reales, hace especial hincapié en un rasgo característico de este periodo de crisis: el fortalecimiento y radicalización de las agrupaciones políticas.

La crisis facilitó el surgimiento de numerosos agitadores de masas. Personajes que, con ideas absurdas en muchos casos, lograban atraerse a buena parte de la población. Especial mención merece, por el papel que en la Historia acabó jugando, Adolf Hitler. De él destaca Haffner dos aspectos que le diferencian de los demás: el putsch del 9 de noviembre de 1923, y su perseverancia. Es decir, mientras los demás se desvanecieron con la vuelta a la normalidad, Hitler supo mantenerse al acecho hasta que llegó su oportunidad. Veamos lo que nos cuenta el autor de Historia de un alemán:

«Poco a poco el ambiente se había vuelto apocalíptico. Cientos de redentores recorrían Berlín, gente con pelo largo y camisas de crin que declaraba haber sido enviada por Dios para salvar el mundo y malvivía gracias a esa misión. El que tuvo más éxito fue un tal Häusser, que operaba pegando anuncios en las columnas y convocando concentraciones masivas y tenía muchos adeptos. Según los diarios su equivalente en Múnich era un tal Hitler, quien, no obstante, se distinguía del primero por sus discursos, los cuales apelaban a la maldad con emoción, cosa que les hacía alcanzar un grado de intensidad insuperable (…) Mientras Hitler pretendía instituir un Reich milenario a través del genocidio de todos los judíos, en Turingia había un tal Lamberty que aspiraba a lo mismo mediante bailes populares, canciones y cabriolas en general (…) Durante dos días de noviembre el Häusser muniqués, es decir, Hitler, copó los titulares gracias a su insólito intento de organizar una revolución desde el sótano de una cervecería».

Bibliografía:

[1] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2005.

[2] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[3] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[4] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[5] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[6] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[7] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

[8] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[9] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

[10] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

La República entre 1919 y 1923


«Curiosamente, la República se mantuvo. “Curiosamente” es la palabra correcta y justa en vista de que, a más tardar, a partir de la primavera de 1919, la defensa de la República estuvo exclusivamente en manos de sus enemigos, pues, por aquel entonces, todas las organizaciones revolucionarias militantes habían sido abatidas, sus dirigentes estaban muertos, sus miembros diezmados, y sólo los Freicorps llevaban armas; los Freicorps que, en realidad, eran ya unos buenos nazis, sólo que sin el nombre. ¿Por qué no derrocaron a sus débiles dirigentes e instauraron ya entonces un Tercer Reich? Apenas les habría resultado difícil”.

La socialdemocracia -elemento predominante de la revolución de noviembre- llevó a cabo, una vez logrados sus objetivos, una amplia tarea anticomunista con el fin de evitar que en Alemania se repitieran los sucesos del octubre ruso. De esta forma, además de tratar de llevar la iniciativa revolucionaria mediante el control de los consejos de obreros, intentaron ganarse el apoyo de los poderes del antiguo régimen imperial: el ejército y la burguesía. Finalmente la República respaldada por los socialdemócratas se mantuvo, pero a costa de importantes concesiones a las fuerzas de la reacción. Desde ese momento, y especialmente a partir de 1923, estas controlaron los resortes del nuevo régimen.

El putsch de Kapp.

«Un sábado por la mañana, mientras la Brigada Ehrhardt desfilaba bajo la Puerta de Brandenburgo, el Gobierno se fugó (…) Kapp, el líder del golpe, proclamó la República Nacional bajo la bandera negra, blanca y roja, los obreros iniciaron la huelga, el ejército se mantuvo “leal al Gobierno”, la nueva Administración no logró ponerse en marcha y, cinco días más tarde, Kapp volvió a dimitir. El Gobierno regresó y exigió a los obreros que reanudaran su labor, pero entonces éstos demandaron su salario (…) la reacción del Gobierno fue volver a dirigir sus leales tropas contra los obreros…»

El putsch de Kapp constituyó el golpe más importante que, desde las filas de la reacción, recibió la República. Haciendo uso de la Brigada Ehrhardt, Kapp marchó sobre Berlín, llegando a esta ciudad poco después de que el gobierno huyese. Sin embargo, las numerosas dificultades con la que el viejo militar se encontró y, especialmente, la movilización obrera, propiciaron el fracaso de la breve experiencia militar.

En su obra, Sebastian Haffner nos narra cómo percibió él los acontecimientos que rodearon al putsch –en general con incertidumbre y desconfianza-, y cómo estos dejaron sus secuelas en la joven República. De estas consecuencias señala dos:

– El surgimiento de una relativa enemistad entre la República y la clase obrera, reprimida tras el fracaso de Kapp.

– La aparición –o reaparición en el primer caso- del nacionalismo radical alemán y de la simbología antisemita.

Las agrupaciones juveniles.

«Fue entonces cuando se adscribieron a agrupaciones “de verdad”, como la Asociación Nacional de Jóvenes Alemanes o la Agrupación Bismarck (las Juventudes Hitlerianas no existían aún), y pronto exhibieron en el colegio puños americanos, porras e incluso “rompecabezas”, se vanagloriaban de haber participado en peligrosas salidas nocturnas (…) siempre lo mismo: un par de rayas que de forma sorprendente y satisfactoria componían un ornamento simétrico parecido a un cuadrado. Enseguida estuve tentado de imitarlo. “¿Qué es eso?”, le pregunté por lo bajo. “Símbolos antisemitas”, me susurró él en estilo telegráfico (…) Éste fue mi primer encuentro con la cruz gamada».

A raíz del putsch de Kapp fueron surgiendo asociaciones juveniles de carácter nacionalista. Poco a poco aglutinaron a su alrededor un buen número de jóvenes, que eran adoctrinados en la ideología de la respectiva agrupación. Como se aprecia en este fragmento extraído de Historia de un alemán, la violencia y la simbología -especialmente antisemita- eran dos características fundamentales de estas asociaciones. En relación con esto hay que añadir la importancia que sus miembros daban a la forma física, y el carácter militarista de estos grupos.

La época Rathenau.

«Un día, los periódicos de mediodía trajeron simple y llanamente el siguiente titular: “Asesinado el ministro de Asuntos Exteriores Rathenau”. Tuvimos la sensación de que el suelo se esfumaba bajo nuestros pies y ésta se intensificó al leer de qué forma tan extremadamente sencilla, carente de esfuerzo y casi obvia se había producido el hecho (…) Era obvio que el futuro no les pertenecía a los Rathenau, que se esforzaban por convertirse en personalidades excepcionales, sino a los Techov y Fischer, que simplemente aprendían a conducir y a disparar».

El primer atisbo de estabilidad del que pudieron gozar los alemanes tras la Gran Guerra fue la época de Rathenau. Sin embargo, como muy bien indica Sebastian Haffner en su libro, aquellos no eran años para gente como este ministro de Exteriores. Era la época de los que, por la fuerza, imponían sus criterios al conjunto de la población. Así, la figura que mantenía en pie a la República, se esfumó: asesinado por ser judío y dar estabilidad al régimen político alemán; esto -sobra decirlo- no favorecía nada a los grupos antisistema.

Además, como conclusión a este capítulo, el autor nos revela una idea que poco a poco comenzó a estar presente en las conciencias de los alemanes: “nada de lo que hace la izquierda funciona”. Se barruntaba, pues, la pérdida de credibilidad de la socialdemocracia que, al fin y al cabo, era el baluarte del sistema de Weimar.

Bibliografía:

[1] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2005.

[2] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[3] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[4] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[5] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[6] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[7] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

[8] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[9] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

[10] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

La revolución de 1918


«Y entonces, a partir de octubre, empezó a avecinarse la revolución. Ésta fue preparándose poco a poco, como la guerra, con palabras y conceptos nuevos que de repente zumbaban en el aire y, lo mismo que la guerra, al final la revolución llegó casi por sorpresa».

Nos sumergimos en la Revolución Alemana de 1918, cuestión sobre la que reflexiona Haffner en otra de sus monografías. En lo referente a los hechos de noviembre y a los sucesos acaecidos con posterioridad, el autor pone énfasis en los siguientes aspectos:

– Defiende que el nuevo orden político alemán nació, por diversas razones, herido de muerte.

– Afirma que la mala organización, la desconfianza y el miedo de los revolucionarios truncaron el proceso arrancado el 9 de noviembre.

– Asegura que, dentro de algunos grupos contrarrevolucionarios, generalmente defensores del autoritarismo, estaba el germen del nacionalsocialismo.

– Hace especial hincapié en la paradoja de que justamente estos grupos antisistema defendieran la revolución del ataque de otros grupos contrarios a la misma.

– Finalmente, explica, de forma detallada, cómo se vivió en Berlín el final de la guerra.

Estas serán pues las cuestiones que aborden los tres próximos artículos de Historia de un alemán.

El «fracaso» revolucionario.

“El estallido bélico (…) estuvo asociado para la mayoría a unos días inolvidables de máxima exaltación (…) mientras que la Revolución de 1918 (…) en realidad dejó recuerdos sombríos a casi todos los alemanes. Este contraste tuvo un efecto funesto sobre toda la historia alemana que estaba aún por llegar. Tan sólo la circunstancia de que la guerra hubiese estallado cuando hacía un tiempo de verano magnífico y la revolución surgiera bajo la niebla húmeda y fría de noviembre fue un duro hándicap para esta última”.

La conclusión a la que se llega tras leer los capítulos de Historia de un alemán referentes a la revolución de 1918 es que esta fracasó. Por diversas razones la República alemana nació herida de muerte, se convirtió en un cadáver. Con altibajos, fue a la deriva a lo largo de quince años, tras los que el nacionalsocialismo se encargó de decir “basta”.

La revolución que engendró la República estuvo marcada por dos aspectos de mal recuerdo para la población alemana: la derrota en la Gran Guerra y el gris noviembre de 1918. Estos factores y la falta de un amplio consenso que avalase la construcción del edificio republicano, pesaron sin duda durante todo el periodo del parlamentarismo alemán.

El caos y la contrarrevolución.

“Aquel domingo fue también la primera vez que oí un tiroteo (…) Estábamos en uno de los cuartos interiores, abrimos las ventanas y escuchamos lejana pero claramente el fuego entrecortado de unas ametralladoras (…) A partir de entonces comenzó un espectáculo en que los auténticos revolucionarios dieron unos cuantos golpes chapuceros y mal organizados, y los saboteadores decidieron poner la contrarrevolución encima de la mesa en forma de los llamados Freicorps”.

Otro aspecto a destacar acerca de la experiencia revolucionaria alemana de 1918 es que esta no alcanzó su plenitud. El caos de las primeras semanas y la ineficacia de los propios revolucionarios para defender y desarrollar su proyecto, favoreció el surgimiento de un movimiento contrarrevolucionario. Pero curiosamente fueron las fuerzas de la reacción las que permitieron la supervivencia de la revolución, eso sí, con un disfraz más moderado.

En ésta tarea de defensa de la revolución jugaron un papel fundamental las Freicorps. Sebastian Haffner no duda en definirlas como el antecedente de las brigadas de asalto nacionalsocialistas. Además, plantea una pregunta acerca de este grupo: ¿por qué no tomaron el poder en ese momento? No nos da respuesta, aunque tal vez cabe plantearse que no tenían en aquellos momentos un proyecto alternativo a la República. Esta se veía como un sistema pasajero –un mal menor- mientras se buscaba una solución mejor a la cuestión alemana.

El final del gran juego de la guerra.

«Entretanto estaba pendiente el final de la guerra. Tanto yo como cualquiera teníamos claro que la revolución equivalía al término de la guerra, y era evidente que se trataba de un desenlace sin victoria final (…) cuando me presenté en la comisaría de mi distrito a la hora habitual ya no había ningún parte de guerra (…) Pude ver lo que todos leían malhumorados y silenciosos. Lo que estaba expuesto era un periódico de edición temprana con el siguiente titular: “Firmado el alto al fuego”. Debajo figuraban las condiciones, una larga lista».

La derrota de los Imperios Centrales en la Gran Guerra puso fin a la diversión de una generación de niños alemanes: “el juego de la guerra”. En apenas unos días estos jóvenes, y con ellos toda la sociedad germana, volvieron de lleno a la realidad cotidiana. Sin embargo, ésta no era la misma que habían vivido antes de 1914: el conflicto había cambiado el mundo, sus estructuras y la mentalidad de sus gentes. Y esto, en el caso de los vencidos, era aún más evidente. Al peso moral de la derrota se unían las duras condiciones de Versalles.

Bibliografía:

[1] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2005.

[2] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[3] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[4] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[5] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[6] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[7] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

[8] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[9] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

[10] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

El estallido de la Gran Guerra


“Claro que durante los días previos habían sucedido cosas inquietantes. El periódico traía algo inexistente hasta entonces: titulares. Mi padre lo leía durante más tiempo que de costumbre; al hacerlo mostraba un semblante preocupado e insultaba a los austríacos cuando terminaba de leer. En una ocasión el titular decía: ¡Guerra!”.

En la primera parte de su libro Sebastian Haffner nos muestra como vivió él –un niño alemán- el comienzo, desarrollo y final de la Gran Guerra. Sin embargo, además de los pequeños detalles cotidianos que el autor nos va mostrando a lo largo de la narración, podemos disfrutar también de su propia interpretación de los hechos; elaborada, por supuesto, en su fase adulta. De esta manera, nos expone su opinión poseedora de un doble valor: son los comentarios de un intelectual y, al mismo tiempo, los de un hombre que vivió aquellos acontecimientos.

Haffner resalta en lo referente a la Primera Guerra Mundial el sacrificio del pueblo alemán, al que no le rindió el hambre, sino la certeza de su derrota; la pasión de su generación por la guerra, que, en su opinión, la convirtió en caldo de cultivo para el nacionalsocialismo; y el papel desempeñado por la propaganda a lo largo del conflicto.

Del comienzo de la Gran Guerra Haffner nos deja dos testimonios interesantes en su obra: un final inesperado para las vacaciones de verano, y la movilización del ejército alemán. Ambos aspectos los encontramos también en El mundo de ayer. Memorias de un europeo de Stefan Zweig. Fueron, sin duda, experiencias vividas por un buen número de alemanes y austriacos en esos días. Así lo relata Sebastian Haffner:

“Cuando me despertaron al día siguiente, el equipaje se iba haciendo a marchas forzadas. Al principio no entendí absolutamente nada de lo ocurrido; la palabra “movilización” no me decía nada, a pesar de que habían intentado explicármela unos días antes. Pero había poco tiempo para cualquier explicación, pues ya a mediodía debíamos liar los bártulos…

El viaje en tren no duró siete horas, como siempre, sino doce. Hubo paradas continuas, nos cruzamos con trenes llenos de soldados (…) No tuvimos un compartimento para nosotros solos, como solía ser habitual cuando viajábamos, sino que íbamos en los pasillos de pie o sentados sobre nuestras maletas, apretujados entre mucha gente que cotorreaba y hablaba sin parar (…) La casa no estaba en modo alguno preparada para nuestro regreso, los muebles estaban cubiertos con sábanas, las camas sin hacer”.

El mapa de la guerra.

“Un niño de siete años como yo (…) supo enseguida no sólo el qué, cómo y dónde de la guerra, sino incluso el porqué: supe que la culpa de todo la tenían el ansia revanchista de Francia, el afán de protagonismo de Inglaterra y la brutalidad de Rusia (…) Pedí que me enseñaran el mapa de Europa, con solo un vistazo supe que “nosotros” probablemente acabaríamos con Francia e Inglaterra, pero experimenté un sordo sobresalto al ver el tamaño de Rusia, si bien acepté el consuelo de que los rusos compensaban su aterrador número con una estupidez y depravación increíbles…”

Como todos los alemanes, el protagonista de esta obra se ve afectado por la propaganda de guerra. Descubrimos así, por medio de sus palabras, los prejuicios más habituales de los ciudadanos del II Reich: el revanchismo francés, el afán de protagonismo inglés, y la estupidez de los rusos.

Este testimonio constituye un claro ejemplo de cómo la propaganda influía en el pensamiento de las personas. Y nos permite conocer en qué dirección se movía esa labor propagandística: la defensa de la superioridad del pueblo alemán y su inocencia ante el estallido de un conflicto impuesto desde fuera.

Además, también se muestra en ésta obra la complicada situación geoestratégica en la que se encontró la nación alemana a lo largo del conflicto: entre dos frentes. No obstante, por encima de todo hay que destacar la invasión, por parte de la Guerra, de la vida cotidiana de los individuos y las familias. Los alemanes -bien por medio de una prensa cada vez más desarrollada, o por las carencias propias del contexto bélico en que se encontraban- vivieron el conflicto con una cercanía no experimentada hasta entonces en ninguna guerra anterior.

La euforia de la catástrofe.

“No tenía ni idea de que fuera posible mantenerse al margen de aquella locura festiva generalizada. Ni de lejos se me pasó por la cabeza la idea de que pudiera haber algo malo o peligroso en una cosa que causaba una felicidad tan obvia y regalaba aquellos estados de alegre embriaguez tan poco frecuentes”.

El estallido de la Gran Guerra estuvo acompañado de numerosas manifestaciones populares en favor del conflicto y de la causa de la nación. Este fenómeno –“la euforia de la catástrofe”- se dio en todos los países beligerantes con similares características: exaltación del nacionalismo romántico, odio inconsistente hacia las naciones enemigas, y apoyo generalizado de la población, las clases dirigentes y los intelectuales.

En su obra, Sebastian Haffner nos describe su experiencia de aquellos días de euforia y nacionalismo generalizado. Pero además, como hombre que ve los hechos con la perspectiva de los años, analiza los sucesos de ese verano de 1914. En su opinión, cabría destacar tres aspectos de aquella “euforia de la catástrofe”:

– El triunfo de la propaganda nacionalista y de las teorías que justificaban la guerra.

– Insiste en que las manifestaciones masivas de nacionalismo fueron una demostración más de la dificultad de los alemanes para alcanzar la felicidad individual.

– Describe, en último lugar, el sacrificio y las privaciones materiales que tuvieron que soportar los alemanes para lograr la ansiada “victoria total”. Y que, a la postre, acabaron por marcar el fin de la euforia y la derrota germana.

El juego de la guerra

“Para un niño que viviese en Berlín una guerra era, evidentemente, algo en extremo irreal: tan irreal como un juego. No había ataques aéreos ni bombas. Había heridos, pero solo a distancia (…) Lo importante era la fascinación que ejercía el juego de la guerra: un juego en el que, según las reglas secretas, el número de prisioneros, los territorios invadidos, las fortalezas conquistadas y los barcos hundidos desempeñaban aproximadamente el mismo papel que los goles en el fútbol (…) Mis amigos y yo jugamos a lo largo de toda la guerra, durante cuatro años, impune y libremente, y fue este juego (…) lo que dejó marcas peligrosas en todos nosotros”.

La Guerra, como hemos indicado anteriormente, invadió todos los ámbitos de la vida de los ciudadanos pertenecientes a las distintas potencias beligerantes. De esta forma, en lo que a la vida de un niño se refiere, es lógico pensar que el conflicto irrumpiese en sus juegos y diversiones. Eso es justamente lo que nos viene a mostrar Historia de un alemán. En unas pocas páginas el autor nos describe el “juego de la guerra”, inofensivo en apariencia, pero con nefastas consecuencias: esa excitante diversión, acabó, en opinión de Haffner, formando la “generación de los nazis”.

La catástrofe de la euforia

«Por aquel entonces tampoco me pasó inadvertido el hecho de que, con el trascurso del tiempo, muchos, muchísimos, casi todos se habían formado una opinión respecto de la guerra distinta a la mía, si bien mi postura había sido inicialmente la más generalizada (…) oía a las mujeres quejarse y pronunciar palabras malsonantes dando muestras de una gran disconformidad».

Dos factores, la duración y dureza del conflicto tanto en el frente como en la retaguardia, hicieron posible que de la “euforia de la catástrofe” se pasase a la “catástrofe de la euforia”. Poco a poco se fue generalizando el malestar hacia el conflicto. Surgieron así importantes movimientos contrarios al mismo que exigían a los gobernantes la paz. En éste contexto iban propagándose, además, las ideas revolucionarias, por lo que podemos afirmar que durante los últimos meses de guerra se vivió un ambiente prerrevolucionario. Pues bien, en el caso alemán, ante la más que previsible derrota militar, todo esto se acentuó notablemente.

Sebastian Haffner nos narra en sus memorias cómo vivió él ese cambio de ánimos en la retaguardia. No obstante, lo realmente interesante de este testimonio es comprobar como ese niño no fue consciente de los hechos hasta los últimos momentos. La aparición de la “catástrofe de la euforia” y la difusión de las ideas revolucionarias le cogieron por sorpresa, como surgidas de la noche a la mañana. También la derrota alemana llegó casi sin avisar. De esta manera, terminó para los niños alemanes el “juego de la guerra” que, en el caso concreto de Haffner, nos deja un interesante testimonio acerca de los partes bélicos de la época.

Bibliografía:

[1] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2005.

[2] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[3] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[4] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[5] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[6] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[7] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

[8] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[9] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

[10] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

Historia de un alemán


Esta obra es, en palabras de su autor, “una especie de duelo”: la lucha entre un individuo que trata de salvaguardar su personalidad, y un Estado que busca arrebatársela. Sin embargo, Historia de un alemán es mucho más que eso: es una radiografía de la vida en Alemania entre 1914 y 1933; una respuesta al porqué del triunfo nacionalsocialista; una explicación al funcionamiento del sistema coercitivo y propagandístico nazi… Es, en definitiva, un viaje a la Alemania de aquellos años; como una película proyectada desde la mente del autor.

No hemos de olvidar que esto no es novela; son unas memorias que, aún centrándose en su autor, nos ayudan a descubrir ese convulso mundo germano. Por tanto, la riqueza que nos aporta este libro es enorme: tras cada suceso puramente personal se esconde un trasfondo histórico, bien sea de tipo social, político, económico o cultural.

A todo esto hay que añadir un último aspecto: la interpretación posterior del autor. Como intelectual, Sebastian Haffner nos proporciona su lectura acerca de los hechos que, en muchas ocasiones, presenta un gran valor y una sorprendente actualidad. Es, pues, una obra sencilla –por las explicaciones y por el estilo del autor- que, en buena parte por su carácter cronológico, nos permite hacernos una idea de lo que sucedió en Alemania desde el final de la Gran Guerra hasta los comienzos del gobierno hitleriano.

Me ha parecido distinguir grandes bloques en la obra de Sebastian Haffner. Así que, para la elaboración de estos artículos, he creído conveniente tener en cuenta esa división. Los apartados a los que me refiero son: la época anterior al ascenso nacionalsocialista, donde a mi juicio trata de exponer sus ideas acerca de como creció la semilla nazi en Alemania, y los primeros meses de gobierno de Hitler, donde explica la consolidación de los nacionalsocialistas en el poder. De esta manera, siguiendo ese esquema, he ido abordando los aspectos del libro que me han resultado más interesantes. Además, junto a ellos he añadido fragmentos de la obra que facilitan la comprensión de mis afirmaciones.

Bibliografía:

[1] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2005.

[2] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[3] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[4] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[5] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[6] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[7] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

[8] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[9] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

[10] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.