QUINTO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.
En los mapas adjuntos (ver imágenes de cabecera y pie) aparecen delimitadas las dos culturas predominantes de la Península en época prerromana: íberos y celtas. Como se puede observar, los primeros ocupaba la costa levantina desde los Pirineos hasta Gades (Cádiz), mientras que los segundos extendieron su influencia por las dos mesetas y el noroeste peninsular.
En color verde se representan los pueblos pertenecientes a la cultura íbera, así como el nombre de los grupos que la conformaban. Serían, de norte a sur, los vascones, iacetanos, ilergetes, lacetanos, ilercavones, edetanos, contestanos, bastetanos y bástulos. Por su parte, los celtas aparecen representados en color azul, y de entre ellos cabe destacar a los caláicos, astures, cántabros, autriganes, caristios, várdulos, berones, tumódigos, vacceos, lusitanos, vettones, carpetanos, titos, belos, célticos, oretanos, olcades y turdetanos.
CUARTO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.
A lo largo de los siguientes párrafos se abordarán las principales características de la monarquía visigoda, así como la importancia de la Iglesia y la nobleza en el reino. La explicación se divide en dos grandes bloques, estando dedicado el primero a la organización de poder, y el segundo al proceso de unificación de la cultura hispanorromana y visigoda a través del marco legal y el culto religioso.
Sin duda, una de las principales características del reino visigodo fue el carácter electivo de sus monarcas; es decir, la corona no pasaba de padres a hijos -no era hereditaria-, sino que el nombramiento real dependía de una votación entre la nobleza. Los reyes estaban asistidos en su labor de gobierno por la corte palatina o Aula Regia, con sede en Toledo, de la que formaban parte los principales personajes del reino.
En el ámbito social y jurídico destaca la división entre visigodos e hispanorromanos. Tras la conquista de Hispania, los primeros quedaron bajo la autoridad de sus propios gobernantes, los comes civitatis, mientras que los segundos mantuvieron su propia administración municipal y provincial. Además, por encima de los poderes locales se situaron los duces, jefes militares de las provincias que contaban también con atribuciones civiles y judiciales. A las diferencias institucionales se ha de añadir la prohibición de los matrimonios mixtos y la existencia de una legislación para cada grupo. Mientras los visigodos se regían por el Código de Ervigio, los hispanorromanos lo hacían según la Lex Romana Visigothorum. Ahora bien, en el año 653, el rey Recesvinto puso fin a esta dualidad al refundir los antiguos códigos en el Liber Iudiciorum, común a los dos grupos que poblaban la Península.
La unión religiosa entre visigodos e hispanorromanos se produjo en el III Concilio de Toledo del año 589, cuando el rey Recaredo abandonó la confesión arriana y se convirtió al catolicismo. Como consecuencia de este hecho, la Iglesia fue adquiriendo un importante papel, cuya principal manifestación fue el status de asamblea legislativa que adquirieron los concilios. En ellos los obispos ratificaban las decisiones de los reyes y les daban fuerza legal. Además, pasaron a actuar como jueces e inspectores de impuestos, al tiempo que, con su apoyo, respaldaban el ascenso al poder de los distintos monarcas. Por último, al poder político que adquirió la Iglesia en los últimos decenios de existencia del reino visigodo, hemos de añadir la riqueza que supuso la adquisición de grandes extensiones de tierra y numerosos esclavos.
TERCER ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.
Dedicaremos los siguientes párrafos a tratar la cuestión de la romanización, así como los factores que la hicieron posible. La exposición se iniciará con la definición de este concepto, para pasar, posteriormente, al análisis de cuestiones como las infraestructuras y el urbanismo, la cultura y la religión o los derechos políticos de la población hispana.
Al hablar de romanización nos referimos al proceso de aculturación a través del cual, las ciudades hispanas que habían sido conquistadas por los romanos, comenzaron a adquirir sus costumbres, lengua, religión, moneda, leyes y estructuras políticas.
En este proceso fue especialmente importante la construcción de una red de calzadas que unían las diferentes ciudades de la Hispania romana. Esto permitió una mayor y más rápida circulación de productos, así como una mejor difusión de la cultura romana por suelo peninsular. A esto hemos de añadir la adopción del urbanismo propio de Roma, así como la construcción de teatros, circos, acueductos, termas…
Además de las obras de ingeniería y arquitectura, el latín también desempeñó un papel clave en la romanización de Hispania. La expansión de la lengua romana por la Península se logró, en gran medida, gracias a la llegada de grandes grupos de población latina. Estos, a su vez, traían sus costumbres y, especialmente, su religión. Si bien Roma respetó las costumbres y los cultos autóctonos, con el tiempo los antiguos íberos terminaron adoptando la cultura y las creencias romanas como propias. Finalmente, a finales del siglo IV d. C., el cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio, medida que también afectó al territorio peninsular.
En el ámbito jurídico hay que destacar la aprobación del Edicto de Vespasiano en el 72 d. C., por el que se concedía el estatuto de municipio latino a las ciudades hispanas. Posteriormente, en el siglo III d. C., el emperador Caracalla concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes de la Península. El grado de romanización de Hispania fue tan alto que, a lo largo del siglo II d. C. gobernaron Roma tres emperadores de origen peninsular: Trajano, Adriano y Marco Aurelio.
SEGUNDO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.
En las siguientes líneas se citaran las principales diferencias y similitudes entre los íberos y los celtas, así como la importancia de la influencia púnica y griega en el diferente desarrollo cultural de cada uno de esos pueblos. En primer lugar se procederá a situarlos en la geografía peninsular para, posteriormente, abordar la configuración de los poblamientos, sus bases económicas y la estructura social.
El área de influencia de la cultura íbera antes de la conquista romana se extendía por la costa mediterránea de la Península, penetrando en su territorio hasta el valle medio del Ebro y el curso del Guadalquivir. El resto del territorio –las dos mesetas y el noroeste- constituyó la zona de asentamiento de los celtas, si bien en los límites de ambas se desarrollaron tipos culturales cercanos a los íberos.
Una de las principales diferencias entre ambos pobladores de la Península tiene que ver con el tipo de asentamiento y su grado de desarrollo. Los celtas solían establecerse en pequeños poblados fortificados de estructuras circulares que conocemos con el nombre de castros. Al frente se situaba una aristocracia encargada del gobierno, de la organización económica y de establecer relaciones con otros grupos, dando lugar así a confederaciones tribales. Por su parte, los asentamientos de los íberos, aunque eran de mayor tamaño que los castros celtas, también contaban con un complejo sistema de fortificaciones. Además, se trataba de una sociedad fuertemente jerarquizada, donde los líderes controlaban a los campesinos mediante la fuerza militar.
En el ámbito económico cabe destacar el fructífero comercio que los íberos establecieron con los pueblos colonizadores venidos del Mediterráneo Oriental y con el reino de Tartessos; en este último caso hasta su desaparición en el siglo VI a. C. El contacto con unas culturas más avanzadas que las peninsulares permite explicar su mayor desarrollo, así como la riqueza de los restos artísticos hallados. De entre estos últimos cabe destacar la Dama de Elche y la Dama de Baza, así como diversos tesoros y ajuares funerarios. Ahora bien, la base de la economía íbera, al igual que la de los pueblos celtas, era la agricultura, que contaba con la ganadería como principal complemento. En la meseta y el noroeste peninsular también tuvo especial importancia la metalurgia, siendo clave para su perfeccionamiento la influencia fenicia.
PRIMER ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.
A lo largo de las siguientes líneas se abordarán las dos primeras etapas de la Prehistoria, así como las diferencias más significativas entre ambas. También se mencionará, aunque de manera sucinta, el periodo de transición del Paleolítico al Neolítico.
La etapa que conocemos como Paleolítico se desarrolló en la península Ibérica desde los primeros homínidos hasta el 9.000 a. C. Tradicionalmente se ha distinguen tres fases dentro de ella: Inferior (hasta el 100.000 a. C.), Medio (100.000-35.000 a. C.) y Superior (35.000-9.000 a. C.). En la primera de ellas tuvo lugar la aparición del homo antecessor, cuyos restos han sido hallados en el yacimiento Gran Dolina (Atapuerca). Los individuos de esta especie se organizaban en pequeñas hordas de cazadores-depredadores que, en ocasiones, llegaban a practicar el canibalismo. Solían asentarse en las inmediaciones de los ríos, cambiando de asentamiento varias veces a lo largo del año.
Durante el Paleolítico Medio la principal especie de homínidos fue la de los neandertales, quienes compartían con el homo antecessor cuestiones como el nomadismo y una base económica y alimenticia sustentada en la caza. Ahora bien, los grupos humanos de este periodo comenzaron a buscar refugio en las cuevas. Además, en ocasiones las decoraron con pinturas rupestres, lo que parece indicar un principio de culto religioso o espiritual. Por último, gracias al desarrollo de una cultura material más sofisticada, así como a sus mayores capacidades intelectuales, pudieron comenzar a cazar animales de gran tamaño.
El último periodo del Paleolítico sirvió de escenario para la aparición del homo sapiens y su expansión por el planeta. Este grupo homínido desarrolló una cultura material notablemente superior a la de sus antecesores, así como cultos espirituales más complejos, incluyendo los enterramientos individuales con ajuar funerario. Además, perfeccionaron la industria lítica con útiles de hueso y marfil profusamente decorados. En el Paleolítico Superior también surgió la pesca, el marisqueo y la recolección de frutos.
Tal como se ha comentado al comienzo del texto, antes de abordar el Neolítico y sus principales diferencias con el periodo que acabamos de describir, es preciso hacer hincapié en la existencia de una etapa intermedia: el Mesolítico. Entre el 9.000 y el 6.000 a. C., la península Ibérica se sumergió en un proceso de cambio que sirvió de tránsito entre el Paleolítico y el periodo que procederemos a explicar a continuación.
El Neolítico se desarrolló del 9.000 al 2.500 a. C., y su gran diferencia con el periodo anterior fue la aparición de la agricultura y la ganadería. A su vez, la existencia de cultivos y la posibilidad de domesticar ciertos animales hizo posible la aparición de asentamientos estables; hablamos, en definitiva, del final del nomadismo paleolítico, que dio paso a un proceso de sendentarización.
Otro de los aspectos novedosos de los grupos humanos neolíticos con respecto a las etapas históricas anteriores tiene que ver con la fabricación en madera de instrumentos y herramientas de trabajo sofisticadas, como la azada, la hoz y los molinos de viento. A todo esto, hemos de añadir una división más compleja del trabajo, así como la aparición de diferencias sociales.
Por último, es preciso hacer referencia a la existencia de prácticas funerarias y cultos religiosos mucho más avanzados que los propios del Paleolítico. De entre ellos cabe destacar los sepulcros de fosa, pertenecientes a una cultura que se desarrolló durante el IV milenio a. C. en el noreste peninsular.
Con el fin de sintetizar el temario de 2º de Bachillerato, he elaborado una serie de vídeos breves sobre la historia de España desde Atapuerca hasta la Transición. Por tanto, el objetivo no es abordar los contenidos en su totalidad, sino establecer una serie de pautas que permitan ampliar la información en el aula, ya sea con explicaciones del profesor o trabajo individual y grupal de los alumnos.
Este vídeo pertenece a la séptima unidad didáctica y aborda los cambios económicos y sociales del siglo XVII en la Península. Esta información se complementa con una serie de clases sobre los Austrias menores, la crisis de 1640 y el ocaso del Imperio Hispánico.
Con el fin de sintetizar el temario de 2º de Bachillerato, he elaborado una serie de vídeos breves sobre la historia de España desde Atapuerca hasta la Transición. Por tanto, el objetivo no es abordar los contenidos en su totalidad, sino establecer una serie de pautas que permitan ampliar la información en el aula, ya sea con explicaciones del profesor o trabajo individual y grupal de los alumnos.
Este vídeo pertenece a la séptima unidad didáctica y explica el proceso de decadencia de la Monarquía Hispánica y la pérdida de su hegemonía en Europa. Esta información se complementa con una serie de clases sobre los Austrias menores, la crisis de 1640 y la situación socioeconómica durante el siglo XVII.
Con el fin de sintetizar el temario de 2º de Bachillerato, he elaborado una serie de vídeos breves sobre la historia de España desde Atapuerca hasta la Transición. Por tanto, el objetivo no es abordar los contenidos en su totalidad, sino establecer una serie de pautas que permitan ampliar la información en el aula, ya sea con explicaciones del profesor o trabajo individual y grupal de los alumnos.
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Este vídeo pertenece a la sexta unidad didáctica y resume la situación social y económica de la Monarquía Hispánica durante el siglo XVI. Esta información se complementa con una serie de clases sobre el Imperio de Carlos I, el reinado de Felipe II y el modelo político de los Austrias.
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