Los orígenes de la nación alemana


A lo largo de la Edad Moderna, nos encontramos con un mundo alemán fragmentado en un sinfín de principados y pequeños Estados, a los que hay que sumar la presencia de las grandes potencias en determinados territorios del ámbito germano.

Sin embargo, tras las guerras napoleónicas surgió un nacionalismo forjado en la lucha contra el enemigo francés, que terminó de modelarse al entrar en contacto con las corrientes culturales del romanticismo.

El romanticismo alemán

Las corrientes romanticistas, con un predominante carácter idealista, pregonaban el establecimiento de una sociedad basada en la idea de justicia, que, encarnado en la supuesta superioridad moral de los alemanes, se convirtió en el gran motor de la unidad germana.

En plena guerra contra el Imperio francés, Fichte escribió en Berlín su obra Discurso a la nación alemana, que recoge los postulados de la doctrina nacionalista germana.

En este texto resaltó la importancia histórica de la identidad alemana, plasmada en una lengua y una cultura propia, reclamando para ella un Estado independiente.

Posteriormente surgieron otros inspiradores del movimiento intelectual en los más diversos campos de la cultura, entre los que destacaron Ranke y Hegel; sin embargo, en un principio, este sentir fue algo muy minoritario, que tardó un tiempo en llegar a las capas populares.

La revolución de 1848 en Alemania

El contagio de los sucesos revolucionarios franceses y del levantamiento de Viena llegó a los territorios alemanes en marzo de 1848. En un primer momento se trató de una revuelta rural que reclamaba la supresión de las cargas señoriales y exigiendo algunas reformas de índole similar, pero finalmente toda esa agitación se trasladó a las ciudades.

En el medio urbano las protestas fueron de menor magnitud, destacando las que se produjeron en las regiones del sur -especialmente Baviera- Kandern y Alsacia. Entre sus reivindicaciones hay que resaltar: la libertad de presa y asociación, la creación de una guardia nacional, y la formación de asambleas representativas.

Otro suceso destacable de esta revolución de 1848 en Alemania fue la reunión de Heidelberg (5 de marzo), a la que asistieron representantes liberales de los distintos Estados alemanes de sur.

Estos se mostraron favorables a la construcción de un Estado federal de Alemania, y acordaron reunirse otra vez, en forma de Parlamento Previo representante de todos los alemanes, a finales del mismo mes en Frankfurt.

Fue justamente en esa misma ciudad donde a mediados del mes de mayo se constituyó la Asamblea Nacional Constituyente, cuyo presidente, Heinrich von Gagern, procedió a formar un gobierno provisional.

Los trabajos de la Asamblea de Frankfurt

Dentro de la Asamblea germana de reciente creación encontramos dos bloques bien diferenciados. La inmensa mayoría era partidaria de respetar los derechos de las monarquías reinantes, mientras que una minoría planteaba la creación de un Estado federal a imagen del de los EE.UU.

El principal problema de los representante reunidos en Frankfurt fue la debilidad del organismo que habían constituido: la Asamblea carecía de verdadera fuerza para imponer lo acordado, siendo imprescindible para ella buscar el apoyo de los diversos Estados.

No obstante, su labor legislativa y organizativa fue muy importante, destacando la Constitución Imperial alemana (27 de marzo de 1849), que recogía los derechos fundamentales del pueblo alemán, la existencia de un emperador que compartía el gobierno con el Reichstag o Parlamento, y el carácter bicameral del Reichtag, con una cámara elegida por sufragio universal y otra territorial.

Poco a poco se fueron configurando dos grandes corrientes dentro de la Asamblea. Por un lado, los liberales y protestantes, que defendía una “Pequeña Alemania”: una federación bajo el control de Prusia. Por otro, los católicos y demócratas, que abogaban por la “Gran Alemania”; incluyendo también todos los territorios de los Habsburgo.

Finalmente triunfo el movimiento de la “Pequeña Alemania”: la Asamblea de Frankfurt ofreció la corona imperial a Federico Guillermo IV de Prusia.

Sin embargo, la negativa de este y el triunfo de los sectores más radicales desembocó en un nuevo estallido revolucionario, que fue duramente reprimido por los distintos monarcas germanos

Historia de Japón: la revolución Meiji


Desde el siglo XVI, Japón había estado gobernado por el más poderoso de los linajes aristocráticos, los Tokugawa, que habían sustituido a la familia imperial en casi todas sus funciones.

Japón vivía una larga época feudal, en la que los Tokugawa habían ido delegando poder en sus vasallos, los daimios. El país vivía de espaldas a las influencias occidentales y a cualquier innovación económica y social.

La restauración de Mutsu Hito

Hacia 1850 la situación comenzó a cambiar, ya que algunos de los señores feudales empezaron a pensar en una posible restauración de los emperadores en sus antiguos poderes. Además, el peligro de la penetración occidental se hacía evidente con el avance ruso sobre Siberia y la guerra del opio entre ingleses y chinos.

Como consecuencia, poco a poco, los japoneses se vieron obligados a tomar la humillante medida de abrir sus puertos al comercio de las grandes potencias.

Ante las dificultades del gobierno Tokugawa, y la crisis en la que estaba sumido el país por la penetración del comercio exterior, algunos señores feudales decidieron restaurar, definitivamente, el poder imperial.

Así, tras derrotar al ejército de los Tokugawa, proclamaron la restauración en la persona de Mutsu Hito (1868). Con este emperador se inició una etapa de desarrollo crucial para la historia nipona, basada en el restablecimiento de la autoridad imperial y la occidentalización del país.

De esta forma, se puso fin a la época feudal de la nación nipona, y se procedió a su desarrollo industrial.

La nueva estructura organizativa

Los mayores esfuerzos del nuevo gobierno se centraron en remplazar los feudos por los departamentos (Ken). Los daimos, al ceder su feudo, renunciaban a una autoridad y a sus deudas, de las que se hizo cargo el gobierno.

Su puesto fue ocupado por los prefectos de la administración representantes del poder central. Asimismo desaparecieron los privilegios personales y las restricciones profesionales; fue, en definitiva, un proceso de desmontaje de monopolios estamentales. Además, un nuevo sistema fiscal suprimió las discriminaciones de la antigua recaudación estatal nipona.

Gracias a instructores franceses y alemanes se organizó un nuevo y unificado ejército nacional. De esta manera, desde 1873, se estableció el servicio militar obligatorio y se procedió al rearme de Japón.

El nacimiento de un gigante industrial

La industrialización de un país tradicionalmente en agrario se convirtió en el principal objetivo de los hombre del Meiji. Con este objetivo, el gobierno dirigió sus esfuerzos en cuatros direcciones:

  • Industrias estratégicas: se establecieron en Tokio y Osaka.
  • Transportes y comunicaciones: Primacía de los marítimos debido a que el abrupto relieve de la isla encarecía enormemente la construcción del ferrocarril. También hay que destacar el importante desarrollo del telégrafo.
  • Industria pesada: centrada en la minería y la construcción.
  • Textil: destacaron la lana, la seda, y, posteriormente, el algodón.
Además, el despegue industrial de Japón se basó en un importante crecimiento demográfico, en la tendencia a la innovación de sus empresarios, y a una rápida acumulación de capital.

Las reformas políticas

Durante las dos primeras décadas del Meiji, el sistema político nipón no funcionó de una manera fija: no poseía una estructura definida. Sin embargo, poco a poco se fueron formando los partidos políticos. Entre ellos cabe destacar el Partido de la Libertad, dirigido por Itagaki y con una importante participación de los samuráis, y el Partido Constitucional de la Reforma y el Progreso, liderado por Okuma y con el respaldo de los intelectuales, estudiantes y hombres de negocios.

En el año 1889 se promulgó la Constitución, que fue redactada por uno de los hombres fuertes del Japón Meiji: Itô. En virtud de esta ley fundamental, se estableció la existencia de un parlamento con dos cámaras, el sufragio censitario muy restringido y los derechos de los ciudadanos (expresión, reunión y religión).

Sin embargo, el emperador retenía enormes poderes: controlaba el ejército, proponía enmiendas para la Constitución, supervisaba la labor de los ministros, podía suspender las facultades del parlamento…

Por tanto, a pesar de la revolución que supuso el Meiji, Japón continuó siendo gobernado por una oligarquía: un grupo dominante que recurrió a la alternancia entre dos partidos.

La independencia de Iberoamérica

El inmediato antecedente de la independencia de Iberoamérica fue, sin lugar a dudas, la rebelión de las Trece Colonias de Norteamérica. El ejemplo de sus vecinos septentrionales, y el propio descontento de la burguesía criolla iberoamericana ejercieron un impulso decisivo sobre el proceso secesionista.

Otra de las causas de la independencia de estos territorios fue el apoyo exterior del que gozaron los sublevados; especialmente británico y norteamericano.

Sin embargo, el factor desencadenante fue la invasión napoleónica de la península Ibérica y la caída de las instituciones monárquicas de la España ocupada, que sin duda dio mayor autonomía a unas colonias deseosas de lograr la independencia.

La emancipación del Cono Sur

Río de la Plata era, por su prosperidad mercantil e industrial, la mejor dispuesta, de entre las colonias españolas, para alcanzar la independencia. De esta manera, gracias a la forja de un hondo sentimiento nacional, y al descontento por la dependencia comercial con respecto a la metrópoli, prendió con facilidad el fuego de la sublevación.

En 1810 se constituyó la Junta Patriótica de Buenos Aires, que, tras destituir al virrey, declaró la independencia de Río de la Plata.

Posteriormente, el movimiento independentista se fue, poco a poco consolidando ante el fracaso de las fuerzas de la reacción fernandina. Finalmente, las victorias militares de San Martín culminaron un proceso que pronto se extendió a Chile.

La Gran Colombia, el sueño de Bolívar

Mientras todo eso sucedía en la actual Argentina, más al norte –en Venezuela- se desarrolló un movimiento que presenta ciertos paralelismo con el anterior. Así, también en 1810, la Junta de Caracas inició el proceso de independencia.

Sin embargo, al tiempo que dentro de la Junta iba destacando la figura de Simón Bolívar, los rebeldes fueron derrotados por la contraofensiva realista (1814), que echó por tierra los planes de independencia.

Fue precisamente en el exilio cuando Bolivar concibió su proyecto de una América unida e independiente. Así pues, a la menor oportunidad, los independentistas criollos volvieron a la carga, logrando una serie de victorias consecutivas sobre los ejércitos españoles, que a la postre les valió el control sobre Venezuela y Colombia. Por fin, Bolivar podía comenzar a construir su ansiada “Gran Colombia”.

Perú, la caída de la fortaleza española

Perú era el gran bastión de los españoles en América: el lugar desde el cual se habían sofocado todas las rebeliones hasta ese momento. Sin embargo, tras los triunfos de Bolivar al norte, y de San Martín al sur, el virreinato se encontraba en una posición comprometida: entre dos frentes.

Así, atacados por los dos frentes, y perjudicados también por la inestabilidad de la metrópoli, que vivía en plena efervescencia del Trienio Liberal, Perú fue atacado.

Por el norte llegaron los ejércitos de Bolivar, y por el sur los de San Martín, que, tras entrevistarse en Guayaquil, vencieron a los españoles en Ayacucho (1824).

La peculiar independencia de Nueva España

La peculiaridad de la independencia de Nueva España fue que, en un principio, no la protagonizó la oligarquía criolla, sino por las clases bajas indígenas. De hecho, la burguesía, por miedo a la revolución, se unió a la metrópoli en su empeño por someter a los sublevados.

No obstante, tras el triunfo del Trienio Liberal en la Península, esa misma oligarquía favorable hasta entonces a la metrópoli, desarrollo un intenso movimiento subversivo antiliberal, y, en consecuencia, antiespañol.

Encabezados por Agustín de Iturbide, y bajo los tres puntos del Plan de Iguala – defensa de la religión católica, independencia de Nueva España, y unión de los habitantes del virreinado, tanto peninsulares como criollos-, los rebeldes lograron su independencia en apenas seis meses (1822).

A este fenómeno secesionista se unió posteriormente el de los territorios centroamericanos -denominados también como Provincias Unidas de América Central- que se mantuvieron unidos a Colombia hasta 1905.

La independencia de las colonias portuguesas

El proceso independentista de Brasil presenta todavía más peculiaridades que el estudiado anteriormente. En primer lugar porque varía la metrópoli –Portugal-, y en segundo término porque, a finales del siglo XVIII, a causa del control comercial por parte de portugueses e ingleses (Tratado de Mathuen, 1703), apenas existía oligarquía autóctona. En definitiva, podemos afirmar que los protagonistas de la secesión fueron los portugueses residentes en la colonia.

Los sucesos arrancaron con la huida de Juan VI, rey de Portugal, a Brasil durante la invasión napoleónica de la península Ibérica. En esa etapa, los dominios portugueses se gobernaron desde la colonia, que gracias a esto experimentó importante desarrollo económico, político y de las mentalidades.

Finalmente, tras el fin de la ocupación francesa y la vuelta del rey portugués a la metrópoli, Brasil se niega a volver a ser tratada como colonia. De esta manera, ante las pretensiones portuguesas, nombraron rey a Pedro I, hijo de Juan VI, y declararon su independencia.

#15M ¿A la revolución por el agotamiento?


Dentro de diez días el movimiento 15M cumplirá tres meses de vida. A lo largo de ese corto periodo de tiempo hemos sido testigos de abundantes acontecimientos poco comunes hasta esa fecha: actividades subversivas en las redes sociales, acampadas en las plazas públicas, duras intervenciones policiales, acoso a los políticos, asambleas callejeras…

Este frenético ritmo, unido a la atención desmesurada que en sus primeros días les prestaron algunos medios de comunicación, ha llevado al 15M a adoptar diversas formas con el paso del tiempo. Sin embargo, la mayoría de ellas, lejos de estar orientadas a alcanzar los objetivos primigenios de la protesta, parecen buscar ese protagonismo mediático previo a las elecciones del 22 de mayo.

22M ¿Y ahora qué?

Durante la primera semana el movimiento vivió sus días de oro. Fueron jornadas de las grandes propuestas –el consenso de mínimos-, esas que sintonizaban bien con la mayoría de la población. La juventud tomaba la calle y mandaba un mensaje al resto de la sociedad: no estamos narcotizados, estamos hartos de un paro juvenil que supera el 40%, tenemos una formación académica sólida, sabemos organizarnos… en definitiva, no somos unos “ninis”.

Tenían las propuestas, la simpatía de la población, la atención de la opinión pública… Sin embargo, no supieron dar el siguiente paso. Después de las elecciones del 22 de mayo se optó por seguir en la Puerta del Sol, por mantener una situación que dejaba, poco a poco, de oler a novedad.

Así fue como, en pro de la popularidad mediática y la actividad callejera, se perdió una oportunidad de oro. El control del movimiento pasó, en esos días pos-electorales, de los jóvenes formados y responsables, a los profesionales de la revolución, los ocupas y los radicales de izquierdas. Con el cambio de protagonistas se transformaron también las ideas; o, más bien, se hizo patente la primacía de la acción sobre el pensamiento.

Todo eso fue percibido bien pronto por el conjunto de la sociedad, donde el 15M empezó a desangrarse en apoyos. De un 70% de población favorable en la semana del 22 de mayo, se pasó a menos de un 30% a principios de junio. Dos meses después, a comienzos de agosto, la impopularidad del movimiento ha alcanzado su culmen. La sociedad parece estar harta de unos sucesos que, además de resultarles incomprensibles, les dificultan su día a día en la ciudad de Madrid.

Por último, los medios de comunicación, buenos conocedores del capricho de sus usuarios, saben de sobra que el boom en torno a una noticia no suele durar más de una semana. Así fue como se apagaron los focos en Sol; eso fue lo que obligó al 15M a reinventarse.

Objetivos: mantener la atención pública y salir a la calle

La historia del 15M guarda cierta analogía con el personaje de Norma Desmond en Sunset Boulevard de Billy Wilder. El movimiento, centro de la opinión pública durante una semana –del 15 al 22 de mayo-, se resiste a salir de escena.

Una vez probado el licor de la popularidad, el 15M no parece muy dispuesto a asumir un papel secundario. Los objetivos primarios, ese consenso de mínimos que tan bien acogió buena parte de la sociedad, ha pasado a ser una simple excusa para mantenerse en el candelero.

Es cierto que se necesita cierta publicidad para cambiar las cosas. Ahora bien, una vez conseguido ese objetivo -pues lo consiguieron- no han sabido articularlo. El 15M ha preferido seguir tomando la calle –y la opinión pública- en lugar de poner unos cimientos sólidos para llevar a cabo su programa.

Acontecimientos como el acoso a la Asamblea de Cataluña, la manifestación del 19J o los intentos de volver a tomar Sol a comienzos de agosto, han devuelto al 15M la atención de los medios. Sin embargo, cada vez está más claro que nos encontramos ante una indignación sin ideas –o si las tienen las han dejado de lado-, ante un protestar por protestar. En definitiva, tomar la calle por tomar la calle.

Sobre el pacifismo en el 15M

Dos de las banderas del 15M han sido desde sus comienzos su carácter pacífico y tolerante. Sin embargo, a estas alturas, con la cantidad de videos que existen a disposición de los internautas, cabe poner en duda esa afirmación.

Si entendemos por violencia algo físico, el 15M, salvo algún hecho aislado, ha sido un movimiento claramente pacífico. Ahora bien, la violencia en sí misma es algo más amplio. Los insultos y la intimidación también son violencia, y eso se ha producido.

Acorralar a unos parlamentarios, aunque no se use la fuerza física contra ellos, es violencia; ir a la casa de un político a gritar e insultar, es violencia; los “piropos” que reciben los cuerpos de seguridad, son violencia; una masa vociferante cercando edificios públicos, es violencia; el lenguaje que utilizan las páginas oficiales del movimiento y sus ecos en las redes sociales, es violento…

Por tanto, en el 15M se puede hablar de una violencia basada en la intimidación, el insulto y en acciones de presión callejera.

El origen de la sociedad en Rousseau


Para Rousseau, el origen de la sociedad, con sus instituciones, formas de organización y leyes, está en la defensa de la propiedad individual.

Sin embargo, a diferencia de otros pensadores liberales, como Locke o Voltaire, no lo considera como algo propio de la naturaleza humana, sino como una ruptura del estado de naturaleza inicial.

El filósofo francés afirma que la propiedad privada se encuentra en la base de los males de su tiempo.

Por esa razón dedica buena parte de sus esfuerzos a explicar el origen de este fenómeno y sus consecuencias.

Primera etapa de la socialización

Rousseau distingue dos periodos dentro del proceso de socialización.

El primero de ellos supone el abandono del estado de naturaleza inicial, una etapa en la que el hombre, en una situación muy cercana a la de los animales, se preocupaba únicamente por la supervivencia.

El ser humano fue alejado de esa situación como consecuencia de factores naturales -tales como cambios climáticos u otros desastres que endurecieron las condiciones de vida- y demográficos. La necesidad de adaptarse a esa situación cambiante, de superar las limitaciones impuestas por la naturaleza, llevó a una multiplicación y especialización de las tareas.

El citado aumento de los trabajos conduce, en este primer momento de la socialización, a estrechar las relaciones entre los hombres en base a la dependencia.

A su vez, en ese mismo contexto, aparecen uniones más complejas que la propia familia: los poblados.

En definitiva, la aparición de grupos humanos con tareas especializadas en su seno no es mala de por sí; es artificial, pero no va contra la naturaleza humana.

Sin embargo, esa unión a la que conduce la necesidad va abriendo, poco a poco, las puertas de la desigualdad. Y ésta se hará patente en la segunda etapa de la socialización.

Segunda etapa de la socialización

La aparición de la agricultura marca el inicio del segundo periodo de la socialización.

El ser humano abandona el estado de barbarie, basado en la caza y en una ganadería muy primaria, para dar lugar a la civilización.

Con la civilización no sólo se intensifica la división del trabajo surgida en la etapa anterior, sino que aparece la propiedad.

La desigualdad social, por tanto, toma forma, y con ella aparece también la rivalidad entre los hombres por acaparar bienes y recursos.

En ese contexto de inseguridad latente, la apropiación va unida a la violencia, siendo los fuertes los que someten a los débiles.

Y una vez asentado su poder, imponen las leyes y la organización política, que obliga a toda la sociedad a cooperar para mantener el orden establecido.

Se pasa, pues, de una desigualdad basada en la fuerza a otra fundamentada en la riqueza, el poder y una educación orientada a mantener el sistema.

La crítica de la sociedad

Rousseau nos presenta una crítica de la sociedad de su tiempo. Se opone al progreso material, la propiedad, la riqueza, el desarrollo de la ciencia, la educación… es decir, todo aquello que contribuye a mantener la desigualdad social.

De esta manera, tanto en el Discurso sobre las artes y las ciencias como en el Discurso sobre el origen de la desigualdad, pone en cuestión la fuerza –base del régimen señorial- y la riqueza –fundamento del orden burgués- como formas justas de organizar la sociedad.

En definitiva, no sólo critica a la sociedad y a la economía, sino también a la cultura, a la que acusa de encubrimiento ideológico.

No obstante, Rousseau cree que, una vez abandonado el estado de naturaleza, es imposible volver a él. Por tanto, no se trata de volver al hombre natural anterior a los procesos de socialización, sino que se ha de tomar un camino distinto dentro de la civilización; un camino que elimine la desigualdad.

Herbert Spencer y los tipos sociales


Herbert Spencer concebía la sociedad como un organismo vivo que, siguiendo las leyes generales de la evolución, está en constante crecimiento. De esta manera, durante ese proceso de transformación, las distintas sociedades van diferenciándose cada vez más unas de otras.

El autor intuía, por consiguiente, la necesidad de establecer unas regularidades científicas que permitieran comprender las sociedades y clasificarlas según sus rasgos. Esta debía ser, a su juicio, la tarea fundamental de la ciencia social.

La doble clasificación de la sociedad

La clasificación que nos ofrece Spencer se basa en dos elementos: la estructura interna de las sociedades y la actividad predominante.

El primero de estos permite establecer una jerarquía a partir del grado de complejidad que ofrecen.

Así, en función del desarrollo de su estructura interna, encontramos sociedades más evolucionadas que otras. Spencer las dividía en simples y complejas, situando también en este último grupo a las sencillas, las doblemente complejas y las triplemente complejas.

El segundo elemento para clasificar las sociedades es el relativo a la actividad predominante dentro de la sociedad.

Spencer situaba en los dos extremos a la sociedad militar y a la de carácter industrial. Sin embargo, dejó claro que ambos son dos extremos ideales que no se dan en la realidad: las sociedades existentes se sitúan dentro del espectro situado entre ellas.

En las sociedades simples no se da esta distinción en función de la actividad predominante. No obstante, en cuanto la situación se vuelve más compleja, se inicia la especialización, que en toda sociedad da lugar a unos órganos encargados de la producción y de la defensa.

Sociedades simples y complejas

Como ya hemos indicado, en función de su estructura, las sociedades se dividen en simples y complejas.

La primera de ellas es aquella en la que no existe especialización, estando todos los componentes de la sociedad dedicados a los mismos fines. Corresponde, por tanto, a los estadios más primitivos del desarrollo social.

Las sociedades son complejas cuando existe una mayor organización interna, que se manifiesta fundamentalmente en un aumento de la división del trabajo y en la aparición de instituciones permanentes.

A partir de ahí, según han ido adquiriendo nuevos rasgos o como consecuencia de la unión de dos o más sociedades complejas, han surgido las naciones y los estados modernos.

Sociedades militares y sociedades industriales

Las sociedades pueden ser de carácter militar o predominantemente industriales en base a la actividad que desempeñan la mayor parte de sus miembros. De esta forma, en el tipo social militar la organización se fundamenta en los modos y costumbres del ejército. Es decir, la agresión se convierte en el principio rector de las acciones de los ciudadanos.

Además, en las de tipo militar, la estructura social se organiza mediante una pirámide jerárquica en cuya cúspide se sitúa al líder del ejército. Éste organiza la labor productiva de tal modo que esté al servicio de las necesidades de la milicia.

En definitiva, prima el todo sobre las partes, hasta el punto de poner en cuestión aspectos tan básicos como la libertad individual.

Por el contrario, la labor productiva goza de una amplia autonomía dentro de las sociedades industriales. Esa libertad constituye el principio básico de las instituciones y la vida dentro de ese modelo social.

Esa autonomía es el principio básico en que se inspiran todas las instituciones de la vida social, al tiempo que se eleva como garantía del pluralismo interno. La ausencia de una voluntad rectora omnipotente y omnipresente permite que en las sociedades industriales se de una amplia división del trabajo.

Así, la organización del cuerpo social abandona los rasgos piramidales de la militar para adoptar formas de mutua dependencia.

Además, las instituciones y los gobernantes son elegidos de forma libre.

Los tipos de sociedad de Saint-Simon


Saint-Simon trató de explicar la crisis de identidad que atravesaba la sociedad de su tiempo.

Esta, como consecuencia de las revoluciones industrial y liberal, había experimentado profundas transformaciones en un periodo de tiempo muy corto: apenas medio siglo.

El autor resumió esa crisis afirmando que en su época se estaba viviendo el tránsito de un sistema feudal y teológico a otro de tipo industrial y científico. Ese proceso de cambio afectaba, por tanto, a la organización política, a la sociedad y al modo de producción.

Según Saint-Simon, la crisis, con todos sus desórdenes y conflictos, debía durar hasta la consolidación del nuevo sistema, dirigido por los industriales, y la desaparición del anterior, bajo la tutela de los guerreros.

Los dos tipos de sociedades: feudal e industrial

En el pensamiento de Saint-Simon, las consecuencias de la Revolución Francesa, así como de cuestiones socioeconómicas como la industrilización, la aparición de los conflictos de clase o el proceso de crecimiento urbano, tienen su origen en la existencia de dos modelos de sociedad.

En la teoría de la sociedad expuesta por este autor, el tipo de social feudal y el industrial son incompatibles. Tan sólo pueden coexistir en esos periodos de transición que, como queda dicho, van unidos a situaciones de crisis y conflictos.

La imposibilidad de coexistencia entre estos dos tipos de sociedades se debe a los fines fundamentales de cada uno: la guerra en el caso del feudal, y el trabajo en el industrial.

El sistema de las ideas en las sociedades antagónicas

La guerra y el trabajo determinan el origen del poder material dentro de los dos tipos de sociedades explicadas.

No obstante, existe también un poder espiritual íntimamente relacionado con ese fin. Es más, ese otro elemento, al generar un sistema de pensamiento, hace posible el establecimiento de un determinado poder material.

De esta forma, mientras en el caso de la sociedad feudal el sistema de las ideas es de carácter teológico, en la industrial predominará la ciencia.

Por tanto, se observa un cambio del dogma religioso o sacerdotal al de los hombres de ciencia, o, lo que es lo mismo, un periodo de conflicto entre ciencia y religión.

La teoría de las minorías dominantes

Saint-Simon deja claro en todo momento que el feudalismo y el predominio religioso eran condiciones necesarias para la posterior aparición de la etapa industrial.

Sin embargo, no oculta el problema que existe a la hora de dar el siguiente paso en la evolución a una sociedad más perfecta: habrá conflicto, pues ningún grupo abandona el poder de manera voluntaria.

Ese tránsito de una élite militar y religiosa a otra de carácter industrial y científico permiten a este autor esbozar su teoría sobre la circulación de las minorías dominantes.

De esta forma, con independencia del modelo de sociedad que se establezca, siempre encontraremos un grupo reducido de personas ostentando el poder.

En definitiva, el poder iría pasando de unos a otros conforme un modelo de sociedad es sustituido por otro. Lógicamente, en ese proceso de tránsito, además de conflicto, es imprescindible un cambio en el sistema de pensamiento.

Al respecto hemos de tener en cuenta que, a la hora de hablar de poder, Saint-Simon distingue entre material –desempeñado por militares en la sociedad feudal y por industriales en la industrial- y espiritual –bajo la tutela de los sacerdotes y teólogos en la sociedad feudal y de los científicos en la industrial.

Las etapas de la Revolución Francesa


El proceso revolucionario iniciado en Francia a finales del siglo XVIII, lejos de constituir una unidad, aparece ante nosotros como un conjunto de cambios políticos sucesivos –en ocasiones contradictorios- que van desde una monarquía constitucional al régimen imperial pasando por una república.

Por esta razón, en lugar de hablar de Revolución Francesa, quizás deberíamos referirnos a ese fenómeno en plural; o utilizar únicamente esa expresión para los acontecimientos de 1789.

Lo cierto es que, en apenas veintiséis años, los que van de 1789 a 1815, Francia pasó por once regímenes políticos distintos: monarquía absoluta, monarquía constitucional, república moderada, republicanismo radical, gobierno de un directorio, consulado, consulado vitalicio bajo Napoleón Bonaparte, imperio, monarquía absoluta, imperio y, nuevamente, monarquía absoluta.

El constitucionalismo moderado (1789-1791)

El primer periodo de la Revolución Francesa, el que es considerado, a su vez, el más auténtico, tiene un claro antecedente en la prerrevolución aristocrática. Los miembros de la nobleza, descontentos con el gobierno absolutista borbónico implantado en época de Luis XIV, aprovecharon la crisis económica finisecular para presionar a Luis XVI.

Es cierto que la nobleza francesa deseaba, únicamente, recuperar sus antiguos derechos y su papel protagónico en el gobierno del reino. Sin embargo, lo que acabaron desencadenando fue una revolución que, a la postre, acabó por privarles de todos los privilegios que aún mantenían.

La revolución de 1789 tuvo dos episodios fundamentales: una revolución política y una de carácter popular.

El acontecimiento clave de la primera de ellas fue la constitución, por parte de un grupo dentro de los Estados Generales –el tercer estado-, de una Asamblea Nacional en la Sala del Juego de la Pelota el día 5 de mayo. Estos hombres, al reclamar para sí, como representantes del pueblo, la soberanía nacional, entraban en conflicto con la soberanía que ostentaba Luis XVI.

La revolución popular se produjo el 14 de julio mediante la toma de La Bastilla por parte del pueblo parisino. Este suceso marcó, sin lugar a dudas, un punto de no retorno. La falta de reacción por parte del rey, la ausencia de represión, al fin y al cabo, dañó enormemente la imagen de Luis XVI. Francia quedaba en manos de la Asamblea Nacional, encargada de redactar una constitución donde el monarca vería reducidos enormemente sus poderes.

La Convención (1791-1794)

La radicalización del proceso revolucionario llevó al poder primero a los girondinos (1791-1792) y más tarde a los jacobinos (1793-1794).

Durante este periodo, además de la aparición del Terror, Francia se convirtió en una república: Luis XVI fue depuesto y ejecutado.

Los republicanos comenzaron a elaborar una nueva Constitución. Sin embargo, esta nunca llegó a promulgarse, ya que la radicalidad de algunas medidas sociales y económicas, unidas a la deriva terrorista del gobierno, favoreció la formación de una conjura contra Robespierre. De esta manera, la caída del líder de los girondinos el 9 de Termidor dio paso a un régimen más moderado: el Directorio.

El Directorio (1794-1799)

El régimen que siguió a la Convención no pasó de ser un gobierno de cinco notables al servicio de la alta burguesía y de los grandes hombres de negocios. Se suprimieron los derechos sociales promulgados por los radicales, que a su vez fueron duramente reprimidos, pagando así sus desmanes durante el Terror.

También se retornó al sufragio censitario y se instauró un legislativo de carácter bicameral, en la línea de las constituciones conservadoras que se promulgarían a lo largo de todo el XIX.

El gobierno de Napoleón (1799-1815)

La deriva conservadora tomada por el Directorio sólo podía llevar a la restauración de la monarquía en la figura de Luis XVIII, hermano menor de Luis XVI. Sin embargo, la aparición de un militar de prestigio como Napoleón Bonaparte abrió una segunda posibilidad: la sustitución del frágil gobierno de los cinco notables por el de un hombre fuerte.

El golpe del 18 de Brumario de 1799 llevó a Napoleón al poder. En un primer momento fueron nombrados tres cónsules con idénticos poderes por un periodo de diez años.

Pronto Bonaparte acaparó todo el protagonismo, quedando sus dos compañeros de viaje como simple comparsa. La constitución de 1802 consolidó el poder de Napoleón, que pasó a ser cónsul vitalicio. No obstante, poco tardó en aspirar a más este ambiciosos general. De esta manera, en 1804 se hizo coronar emperador, cargo en el que se mantuvo hasta 1814.

La catástrofe rusa de 1812, así como las derrotas militares que siguieron a esa campaña, obligaron a Bonaparte a abandonar el poder. Fue llevado a la isla de Elba, de donde escapó en 1815. Una vez en París reinició su segundo periodo imperial, que, como consecuencia de la derrota de Waterloo, no pasaría de los cien días.

Colaboraciones en Actually Notes


En algún lugar de este blog puede leerse un comentario que escribió el responsable de Actually Notes tras leer algunos de mis artículos. En él me invitaba a colaborar con esta revista digital que, en febrero de 2011, contaba con más de tres años de historia y casi cincuenta números. Estos son los artículos que he publicado en esa web hasta la fecha:

La Transición española
La independencia de los Estados Unidos
Stefan Zweig, maestro del retrato biográfico

Sobre el #15M y las redes sociales
¿Qué son los Nuevos Movimientos Sociales?
Otto von Bismarck y el proceso de unificación alemana
La Ilustración y sus planteamientos ideológicos
Steve Jobs. Biografía de Walter Isaacson
El nacimiento del movimiento obrero
Contracultura y Conflicto generacional. El paradigma de 1968
La Guerra de Secesión de los EE.UU.
El Crack de 1929 y la Gran Depresión
El Tratado de Utrecht, clave del dominio anglosajón
Sándor Márai y la pesadilla de Europa
Ana Bolena, clave del anglicanismo
El Imperio de Ryszard Kapuscinski
«Tulipomanía», la primera burbuja especulativa de la Historia
La clase del revés: mi experiencia con flipped learning
Teachertubers: ¿qué son y cómo actúan?

Proyectos en curso


Docencia


Flipped Learning

  • Desarrollo de la clase invertida para la asignatura de Ciencias Sociales en 3º de ESO.
  • Desarrollo de la clase invertida para la asignatura de Ciencias Sociales en 4º de ESO.
  • Desarrollo del modelo in-class flip para la asignatura de Economía en 4º de ESO.

Blended Learning

  • Clases de Historia Medieval a través de vídeos en YouTube.
  • Clases de Historia Moderna a través de vídeos en YouTube.
  • Clases de Historia Contemporánea a través de vídeos en YouTube.
  • Clases de Historia de España a través de vídeos en YouTube.
  • Clases de Historia de la Economía a través de vídeos en YouTube.

Docencia Universitaria

  • Desarrollo de la asignatura Historia Económica del Comercio (6 ECTS) en el primer curso del Grado en Comercio de la Universidad de Valladolid (UVa).
  • Desarrollo de la asignatura Historia Económica de España (4 ECTS) en el segundo curso del Grado en Administración y Dirección de Empresas de la Universidad de Valladolid (UVa).

Formación académica


Títulos

  • Certificate in Advanced English (C1), Universidad de Cambridge.
  • Certified Educator (Level 2), Google for Education.
  • Microsoft Certified Educator, Microsoft Learning.

Cursos

  • «Alfabetizaciones Múltiples, más allá de la lectura», MOOC organizado por el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF).

Investigaciones históricas


Proyectos de investigación

  • Miembro del equipo investigador del proyecto I+D de la Universidad de Navarra titulado «Perfiles del centro político (1976-1986)».
  • Miembro del equipo investigador del proyecto titulado «Perfiles del centro político (1976-1986)» financiado por la Agencia Estatal de Investigación.

Libros

  • Rafael Calvo Ortega, la política desde el centro (1933-1993).
  • Memorias agrarias de la transición.

Artículos

  • La posición internacional de España tras la transición democrática.
  • La embajada de Antonio Fontán ante la International Press Institute (IPI).
  • La política pesquera de los gobiernos de la UCD (1977-1982).
  • Católicos y transición Española: tres figuras políticas al margen de la democracia cristiana.
  • Salvador Sánchez-Terán, una trayectoria hacia la democracia (1950-1978).
  • Un proyecto para Telefónica: la presidencia de Salvador Sánchez-Terán (1980-1982).
  • De la UCD al CDS: Rafael Calvo Ortega y la construcción del Centro Democrático y Social.
  • El primer Senado de la UCD: la labor de Antonio Fontán y Rafael Calvo Ortega.

Congresos y jornadas

  • Organización de #EnlaCCSS18. Encuentro Regional de Docentes de Ciencias Sociales.