La verdadera reforma política VII

Esta segunda etapa es la clave de la Transición. En ella se hace la verdadera reforma política, con una asombrosa capacidad creativa; de diálogo y de riesgo político.

Los tres elementos esenciales del proceso son: la Ley para la Reforma política, la legalización del Partido Comunista y los acuerdos con la oposición.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 180.

La verdadera reforma política VI

Y así entró, con fuerza, en la liza electoral, la citada coalición que cambió su nombre por el de Unión de Centro Democrático (UCD) y que se formó sobre tres pilares: el primero y esencial, la figura del presidente Suárez, en la cima de su prestigio y su imagen; el segundo, la estructura de poder controlada por el Gobierno, a través fundamentalmente del Ministerio de Gobernación y de los Gobiernos Civiles, con mayoría relativa de hombres procedentes de las organizaciones del Movimiento -SEU y Frente de Juventudes-, y que contaban como base de actuación con los alcaldes de los miles de municipios españoles; y el tercero, la ya citada coalición de Centro Democrático, que al incluir grupos democristianos, liberales y socialdemócratas daba a la UCD un cierto aroma europeo y de oposición, y la colocaba más en el centro político.

La operación política catalana más importante ante el 15 J fue, sin duda, el acuerdo entre el PSOE y el PSC, de cara a una candidatura de unidad socialista y a la articulación de una futura colaboración permanente entre los dos partidos. Fue una tenaz labor realizada por Joan Reventós, con la colaboración de Martín Toval y Cirili Pellicer, directamente con Felipe González.

El 4 de abril, Reventós y Triginier anunciaban que el Partit Socialista de Catalunya (Congrés) y la Federació Catalana del PSOE habían iniciado un proceso hacia su integración en un mismo partido.

El acuerdo dirimía definitivamente la pugna entre los socialistas catalanes. Al PSC-Reagrupament no le quedaba opción, privado de su líder Pallach y de la bandera socialista, asumida definitivamente por el PSC-PSOE, por lo que acabaría integrándose en el acuerdo.

En el espacio del centro-derecha, Concordia Catalana se diluía en UCD y Juan Antonio Samaranch optaba por dejar la política y era nombrado embajador en Moscú, peldaño necesario para su futura y espectacular carrera olímpica. Esta decisión favorecía la opción electoral de UCD en Cataluña, pero a medio plazo consolidaría a Pujol y su Convergencia Democrática como el gran partido nacionalista catalán.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 174-175.

La verdadera reforma política V

De cara a las elecciones generales, el Gobierno tiene tres alternativas con respecto al PCE: legalizarlo, lo que provocaría las iras de gran parte del Ejército y de todas las fuerzas del Régimen anterior; dejarlo extramuros del nuevo sistema, lo que restaría legitimidad democrática, pues su reconocimiento legal se daba en casi todos los países europeos; o establecer una situación transitoria, de reconocimiento de facto, demorando la solución a su legalidad y permitiendo su presentación en listas electorales, como independientes. Esta última era la situación real en la que se encontraban los comunistas a principios del 77, tras las detenciones y la puesta en libertad, primero de López Raimundo en Barcelona y luego de Carrillo en Madrid, y era la que gustaba a mucha gente, menos a los comunistas, por supuesto. Yo sondeé esta alternativa con los líderes comunistas del PSUC catalán, López Raimundo y Gutiérrez Díaz, en una entrevista secreta en Barcelona, celebrada a mediados de febrero, y éstos rechazaron tajantemente la posibilidad de presentarse como independientes, pedían su legalización y ofrecían cooperar con un conjunto de medidas, que permitieran el saneamiento de la economía. Su respuesta se explica con más detalle en el capítulo 5.

Pocas semanas después, el 27 de febrero, el presidente del Gobierno se reunía secretamente, y por primera vez, con Santiago Carrillo, en un chalet en las afueras de Madrid propiedad de José Mario Armero, quien asistió a la entrevista. Suárez celebre este arriesgado encuentro, con la oposición de Fernández-Miranda, con serias reticencias de Alfonso Osorio y con el conocimiento y apoyo del Rey. Armero asegura que en aquella reunión no se pactó nada, aunque se habló de todos los puntos calientes. Quienes hemos escuchado a Suárez hablar de este encuentro llegamos a la conclusión de que el presidente salió convencido de que el PCE y Carrillo apoyarían tres puntos capitales: La Monarquía, la bandera roja y gualda, y la unidad de España, y a su vez reforzó su convencimiento de que el PCE debería ser legalizado antes de las elecciones, aunque Suárez no garantizó -porque no podía hacerlo- ni la fecha ni la forma en que esto se llevaría a cabo.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 167-168.

La verdadera reforma política IV

La primera respuesta de ETA a la reforma de Suárez fue el asesinato del presidente de la Diputación de Guipúzcoa y Consejero del Reino Juan María Araluce, y de sus tres acompañantes: dos inspectores de policía y un conductor.

Esto ocurre en San Sebastián, a plena luz del día, el 4 de octubre. Es el primer atentado de ETA bajo el Gobierno Suárez, y éste, en medio de gran expectación, decide no declarar el estado de excepción en el País Vasco, lo que habían hecho en ocasiones similares gobiernos anteriores.

El Gobierno, en un comunicado oficial de siete puntos, asegura que «no caerá en la trampa que se le quiere tender, y mantendrá la firmeza y la serenidad por proseguir, con el apoyo de todos los ciudadanos, el proceso de democratización que el país ha iniciado.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 150-151.

La verdadera reforma política III

Podemos afirmar que hasta el Partido Comunista dio instrucciones reservadas a sus militantes y a los de CC.OO. para que votaran sí. Alfonso Osorio informó a Suárez, en la mañana del referéndum: «Me acaba de comunicar una persona de mi absoluta confianza que en algunas ciudades españolas, en Zaragoza y en Barcelona concretamente, el Partido Comunista está dando instrucciones a sus afiliados de que voten favorablemente en el Referéndum». Por mi parte, desde el Gobierno Civil de Barcelona, verifiqué la misma información. Cuando poco antes de las 8 de la tarde salía para el centro informativo montado en la Lonja de Barcelona, me llegó la información de la Guardia Civil de que, al atardecer y a la salida de las fábricas, grandes contingentes de trabajadores del Baix Llobregat se dirigían a votar.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 148.

La verdadera reforma política II

La razón era estrictamente política. El Partido Comunista estaba marginado y corría el riesgo de perder la batalla de su incorporación al proceso democrático. Necesitaba realizar un acto de fuerza, demostrar su poderío y hacer patente que, o se contaba con él, o no habría ni proceso democrático ni la paz social necesaria para la recuperación económica. Y por ello lanzó el órdago. En una carta de Simón Sánchez Montero, destacado dirigente del PCE, a sus militantes, encontrada en un registro policial, éste decía: «Camarada: la jornada de huelga convocada para el día 12 tiene para el partido una muy especial importancia. Se trata de conseguir la mayor movilización de masas conocida en cuarenta años. Por ello os dirigimos estas breves líneas ampliando las instrucciones que habéis recibido todos…».

Para el Gobierno, el tema era capital, pues cualquier éxito, aunque fuera parcial, de la huelga general, hubiera dañado su autoridad política, entonces en auge, y dado la razón a los que decían -y eran más aún los que pensaban- que la Reforma democrática llevaría al país al caos y que era preciso mantener las esencias de autoridad del Régimen.

El Ministerio de Gobernación lanzó a los Gobiernos Civiles una avalancha de télex, pidiendo información, proponiendo medidas y sugiriendo actuaciones disuasorias de las fuerzas de seguridad.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 143.

La verdadera reforma política I

El presidente del Gobierno no desaprovecha el verano e inicia el plan de tomar contacto con los dirigentes de la oposición. En su despacho de Castellana, 3, Suárez recibe a Luis Gómez Llorente, del PSOE; a Raúl Morodo y Enrique Tierno Galván del PSP, a los democristianos de Gil-Robles, Álvarez de Miranda y Ruiz-Giménez. En relación con Cataluña, celebra una larga entrevista con el gobernador civil de Barcelona, con un completo análisis de la situación política catalana, y acepta su propuesta de mantener una entrevista por separado con tres líderes: Jordi Pujol, de Convergència Democràtica de Catalunya; Josep Pallach, del Partit Socialista de Catalunya (ex Reagrupament); y Joan Reventós, de Convergència Socialista de Catalunya. También serían invitados dirigentes de Unió Catalana, de Club Catalònia, de Centre Català y de Esquerra Democràtica.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 128.

La apertura de las libertades XII

Villar Mir, al detectar los problemas fundamentales, «inflación, balanza de pagos, estancamiento de la producción, amenaza de paro creciente y recesión de inversiones», propone soluciones similares a las de otros países europeos: consumir menos, ahorrar más, invertir más y exportar más en el marco de una economía de libre mercado. Y, todo ello acompañado, de una propuesta de congelación salarial. En definitiva, un plan necesario, y honestamente planteado, de austeridad económica. Pero, inmediatamente, los líderes de las Organización Sindical, ya bastante desprestigiada, se opusieron frontalmente. También los poderosos sindicatos ilegales, por razones obvias, concentrados en su anómala situación, rechazaron el plan. No había patronal con la que pactar. Y el Gobierno, enfrascado en el esencial cambio político, no se interesaba por la economía.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 106.

La apertura de las libertades XI

Todo el proceso de apertura se paró ante la inminencia del 1 de mayo. Existía gran preocupación en el Gobierno, y especialmente en Fraga, porque las movilizaciones obreras con motivo de esta fecha tan emblemática para el mundo del trabajo significaran una presencia masiva en las calles, para ganarle el pulso al poder, que los partidos de izquierda habían perdido en los meses anteriores. Y Fraga utilizó a fondo todas sus bazas, desde el poder. Ya a primeros de abril, la Dirección General de Política Interior mandó a los gobernadores civiles una circular que terminaba con esta tajante conclusión: «Deberá V. E. negar autorización para cualquier manifestación que pretenda celebrarse desde ahora hasta el día 1 de mayo». Por otra parte, los gobernadores y autoridades sindicales recibieron instrucciones para cerrar las negociaciones de los convenios más conflictivos. Por ejemplo, en Barcelona, se firmaron, a finales de abril, tres dificilísimos convenios del metal -con la readmisión de los despedidos de la SEAT-, de la construcción y de las basuras de la ciudad.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 97-98.

La apertura de las libertades X

El resultado, además de los dos muertos, fue que el carlismo, tras siglo y medio de presencia política en España, murió a los pies de Montejurra.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 97.