La política exterior IV: 1 de septiembre de 1939


Los esfuerzos por evitar el conflicto habían fracasado, todas las concesiones de occidente al nacionalsocialismo habían resultado inútiles: Alemania era por aquel entonces insaciable. Tras los hechos de Münich a Inglaterra y Francia se les había acabado la paciencia, una agresión sobre Polonia no tenía otra salida que la guerra. Finalmente, el 1 de septiembre de 1939 los alemanes entraron en Polonia, dando así comienzo la Guerra Nacionalsocialista. Stefan Zweig narra en las últimas páginas de sus memorias el estallido del conflicto; la comparación con el verano de 1914 se hacía inevitable:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “La política del appeasement y del try to try again había fracasado estrepitosamente y en Inglaterra se había acabado de la noche a la mañana la época de la buena fe (…) Inglaterra parecía dispuesta a todo. Ya no escondía sus preparativos bélicos, sino que exhibía públicamente su armamento. De repente aparecieron obreros excavando refugios antiaéreos en medio de los jardines de Londres: en Hyde Park, Regent´s Park y, sobre todo, frente a la embajada alemana. Se movilizó a la flota, los oficiales del estado mayor volaban sin parar entre París y Londres para decidir conjuntamente las últimas medidas, los barcos que se dirigían a América eran abordados por extranjeros que querían ponerse a salvo antes de que fuera demasiado tarde; desde 1914 Inglaterra no había conocido un despertar como aquel (…) se instalaban baterías antiaéreas, se repartían caretas antigás, se sopesaba la conveniencia de evacuar a los niños de Londres y se tomaban misteriosas medidas que nadie comprendía, pero que todo el mundo sabía a qué estaban destinadas. La gente volvió a pasar mañanas, tardes y noches esperando el periódico, escuchando la radio. Se repitieron aquellos momentos de julio de 1914, con una espera terrible y crispada, del sí o el no (…) Había llegado el verano de 1939, Munich había pasado ya a la historia con su breve ilusión de peace for our time; Hitler había atacado y anexionado la mutilada Checoslovaquia, rompiendo juramentos y promesas; Klaipeda había sido ocupada; la prensa alemana, artificialmente encauzada por el delirio, reclamaba Danzig y el corredor polaco. Inglaterra se despertó con un amargo regusto de su leal credulidad. Incluso la gente sencilla e inculta, que sólo por instinto aborrecía la guerra, empezó a exteriorizar con vehemencia su enojo (…) En la mañana del domingo la radio dio la noticia de que Inglaterra había declarado la guerra a Alemania. Fue una mañana singular. Nos alejamos de la radio, que había lanzado al espacio un mensaje que iba a durar siglos, un mensaje destinado a transformar totalmente nuestro mundo y la vida de cada uno de nosotros, un mensaje que encerraba la muerte para miles de los que lo escuchaban en silencio (…) Bajé al centro de la ciudad para echar una última mirada a la paz. Resplandecía serena a la luz de l mediodía y no me pareció diferente de como solía ser. La gente seguía su camino de costumbre con su paso habitual. No corría, no formaba corros en mitad de la calle. Su comportamiento parecía tranquilo y sereno, propio de los domingos, y por un momento me pregunté: ¿acaso todavía no lo saben? Pero eran ingleses, acostumbrados a reprimir sus sentimientos. No necesitaban banderas ni tambores, ruido ni música, para afirmarse en su tenaz determinación, desprovista de patetismo. ¡Qué diferente de aquellos días de julio de 1914 en Austria!”.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

Breve resumen de la II revolución industrial


Antes de abordar la complicada cuestión de la segunda revolución industrial, es necesario concretar ciertos aspectos terminológicos.

En primer lugar hemos de resolver si se trata de una revolución –ruptura brusca- o de una evolución –consecuencia del desarrollo paulatino-. Quizás habría que hablar más bien de una convivencia entre ambas en lugar de una contraposición, ya que, aunque su irrupción fue de tipo revolucionario, sus variables se desarrollaron lentamente.

En segundo término abordaremos el problema de la periodización. Generalmente se suele situar la segunda revolución industrial entre 1870 y 1914, correspondiendo la primera fecha a la completa finalización de la etapa industrializadora anterior, y la segunda al comienzo de la Gran Guerra.

Es esta una etapa que presenta las siguientes diferencias con respecto al primer periodo:

  • Se dieron transformaciones en las fuentes de energía, los transportes, el tipo de industrias, y el modelo financiero.
  • Gran Bretaña perdió su supremacía en favor de los EE.UU. y Alemania. Además, el crecimiento económico francés hizo que esta nación se acercase notablemente también al nivel de los británicos.
  • En relación con la característica hay que situar la complejidad y diversidad de las fuentes de innovación y progreso. No fue, como en la primera mitad del XIX, Inglaterra el foco de las nuevas técnicas, sino que todas las grandes potencias económicas tendieron a innovar.

En lo que se refiere a los límites espaciales de la segunda revolución industrial, es necesario, en primer lugar, distinguir tres estratos: regional, nacional e internacional.

De esta manera, dentro de cada uno de ellos podemos encontrar grandes disparidades: notables diferencias en el grado de industrialización. Aunque si atendemos exclusivamente al nivel internacional, entonces hemos de hablar de un proceso que se centró en Europa, EE.UU. y Japón.

La aparición del gran capitalismo

Durante el periodo que engloba la segunda revolución industrial, se asistió a un proceso de integración de la economía mundial. Este estuvo, en cierta medida, marcado por la asimetría en las relaciones económicas entre los distintos países: unos exportaban materias primas, y otros productos manufacturados.

Entre las causas de este proceso de integración económica destacaron la liberalización de los intercambios y de los movimientos de capitales, el desarrollo del patrón oro internacional, y el crecimiento en el volumen de los intercambios.

A su vez, a modo de consecuencia, cabe destacar la modificación de las corriente de intercambio, que perjudicaron a los británicos en favor de norteamericanos, alemanes y japoneses. También aparecieron nuevos productos y las estructuras empresariales fueron modificadas tanto en su estructura –aparición de las primeras multinacionales- como en su modo de producción.

Los cambios en la organización empresarial y en la producción

Además de a un proceso integrador, se asistió a una reestructuración empresarial, a una mecanización de los procesos productivos –aparición de nueva maquinaria industrial-, y a la estandarización de los productos.

En lo relativo al primer aspecto, hay que destacar la búsqueda por parte de los empresarios de una mayor dimensión empresarial y capacidad productiva.

Así, para la consecución de este fin, se tomaron las siguientes medidas: aumento de los capitales invertidos, organización más rigurosa del trabajo, y concentraciones y fusiones empresariales.

En lo que respecta a la estandarización de la producción es interesante señalar cuatro aspectos del proceso:

  • Permitió la reducción de los costes de fabricación.
  • Favoreció el crecimiento de la demanda, ya que la reducción de los precios permitió el acceso de más población a esos mercados.
  • Se especializó la producción.
  • Hizo posible la producción en serie y el desarrollo del modelo de partes intercambiables.

Las consecuencias del cambio

Hasta el año 1896 la economía fue afectada por la segunda revolución industrial de la siguiente forma:

  • Se produjo una crisis de superproducción en las ramas fundamentales de la economía: metalurgia y ferrocarril.
  • Existencia de una enorme competencia entre el hierro y el acero; marcada por la doble utilización de estos materiales, no superada hasta que se impuso el segundo.
  • En lo que se refiere a la agricultura, destacó la explotación acelerada de inmensas zonas vírgenes en América. Esto, unido al desarrollo de los transportes, situó a los productos agrícolas americanos a un precio muy bajo. Las consecuencias de estos hechos en Europa no se hicieron esperar: las naciones que no aplicaron políticas proteccionistas vieron como su agricultura se arruinaba.
El periodo justo anterior a la Gran Guerra se caracterizó por el receso de esa crisis. Es decir, se vivió un periodo de crecimiento económico sostenido y de fomento del comercio.

Además, en esos años aparecieron nuevas formas empresariales –concentraciones industriales: trust y cárteles- y financieras. También se generalizó el crédito, que adoptó nuevas formas. Así, los bancos se vincularon a las grandes empresas, a las que financiaban, y en cuyo gobierno participaban.

Imperialismo: auge del predominio europeo


Como ocurre con frecuencia en la historia, para llegar a comprender en su totalidad un fenómeno planteado y desarrollado en un momento concreto, hay que dar marcha atrás en el tiempo y buscar las claves que lo han propiciado e impulsado. Esto ocurre, sin duda, en el proceso de expansión europea que se pone en marcha en torno a 1880.

En este caso, esa marcha atrás nos sitúa en el inicio de los años setenta, en ese momentos histórico que marca el comienzo de una nueva época para el mundo occidental.

En líneas generales, cabe afirmar que entre esa fecha (1870-1871) y el comienzo de la I Guerra Mundial (1914-1918), el continente europeo alcanzó su máxima plenitud en todos los sentidos: triunfo del liberalismo, reconocimiento de los derechos sociales, proceso de industrialización, desarrollo científico y técnico…

La expansión colonial durante la primera mitad del siglo XIX

En un principio la expansión colonial estuvo muy ligada al gusto por la aventura propio del romanticismo. Fue esa una época de claro protagonismo británico y, en menor medida francés. Sin embargo, ese no era todavía el momento del gran imperialismo, sino el de sentar las bases para el gran desarrollo del último tercio del siglo.

A partir de la década de 1870, y especialmente en la de 1880, las potencias europeas, los EE.UU. y Japón, se repartieron los territorios del mundo.

Únicamente los territorios de América Latina, que habían sido colonizados en los siglos XV y XVI, y emancipados a comienzos del XIX, quedaron al margen de este proceso.

Teorías sobre el imperialismo

En términos generales, las corrientes de análisis sobre el fenómeno imperialista pueden agruparse en torno a cuatro variables.

La primera de ellas hace hincapié en la proliferación de las políticas de prestigio impulsadas por el auge del nacionalismo.

Desde la perspectiva económica se explica el imperialismo como consecuencia de la crisis de 1873, surgida a raíz de la saturación de los mercados. Ante esta situación, las potencias comerciales comenzaron a buscar nuevos espacios para sus economías. No obstante, la objeción que comúnmente se ha lanzado contra esta teoría es que la ocupación de territorios coloniales no siempre rentable.

Las otras dos teorías sobre el fenómeno imperialista se basan en la demografía –la necesidad de dar salida a la superpoblación de la metrópoli- y en la ideología racista que sostenía la superioridad del hombre blanco y su responsabilidad en la instrucción de las restantes culturas y razas.

Tipología de la colonización

Atendiendo a la ocupación del territorio, el gobierno del mismo y la explotación económica, podemos distinguir los siguiente tipos de colonización:
  • Colonia; territorio en el que se implanta un gobierno y una administración de la metrópoli; sometiéndose de esta manera totalmente la población nativa a estos nuevos organismos.
  • Bases económicas; lugares sobre los que se establece un control económico, pero no político.
  • Colonia de poblamiento; relativo al traslado de grandes contingentes humanos desde la metrópoli a los territorios coloniales a causa de la superpoblación del país colonizador.
  • Bases de carácter estratégico, generalmente pequeños enclaves destinados al mantenimiento de una guarnición militar; bien por razones estratégicas o comerciales.
  • Protectorado; territorio en el que, a pesar de la existencia de una estructura política y cultural de origen antiguo, se asientan tropas de las grandes potencias con el fin de prestar ayuda a esos regímenes. Esto supone por tanto el control militar y explotación económica de ese territorio.

La Conferencia de Berlín (1884-1885)

A medidos de siglo XIX los europeos, que hasta ese momento se habían contentado con el control de enclaves costeros, comenzaron a ocupar el interior del continente africano. Para ello utilizaron, como vías de penetración, los grandes ríos: los belgas el Congo, los franceses el Senegal, y los ingleses el Níger.

Mientras esto sucedía en el África central, el norte del continente también empezó a cobrar una enorme relevancia para las grandes potencias. Así, rivalidades en torno a las cuestiones de Argelia, Túnez, y el canal de Suéz, pasaron a un primer plano en las relaciones internacionales de la época.

Este proceso de ocupación de África dio lugar a la Conferencia de Berlín, que, bajo el patrocinio de Bismarck, trataba de dar respuesta a los roces surgidos entre las naciones europeas.

De esta manera, entre noviembre de 1884 y febrero de 1885, los europeos se repartieron África. Bajo la bandera del entendimiento mutuo, las potencias fijaron las zonas de influencia y las normas de las nuevas actuaciones en aquel continente.

El Mundo de Ayer


En esta sección de Historia en Comentarios trato de ofrecer un repaso a la Historia europea de la primera mitad del siglo XX; o más bien desde la Primera hasta la Segunda Guerra Mundial, pasando por el llamado periodo de entreguerras y la revolución bolchevique.

Una cita de Stefan Zweig, extraída de El mundo de ayer. Memorias de un Europeo, nos sirve de introducción. Los escritos de este y otros hombres que vivieron todos esos sucesos nos acompañarán en nuestro “viaje”, cuya finalidad no es otra que descubrir a las personas de la época.

He dividido esta sección en cinco apartados: la Gran Guerrael mundo de postguerrael periodo de entreguerrasla experiencia soviética y el Tercer Reich. Les dejo con Stefan Zweig:

“Jamás me he dado tanta importancia como para sentir la tentación de contar a otros la historia de mi vida. Han tenido que pasar muchas cosas –acontecimientos, catástrofes y pruebas-, muchísimas más de lo que suele corresponderle a una misma generación, para que yo encontrara valor suficiente como para concebir un libro que tenga mi propio “yo” como protagonista o, mejor dicho, como centro (…) aunque, a decir verdad, tampoco será mi destino el tema de mi narración, sino el de toda una generación, la nuestra, la única que ha cargado con el peso del destino, como, seguramente, ninguna otra en la Historia (…) Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, y con dramática vehemencia me han arrojado al vacío, en ese “no sé adónde ir” que ya me resulta tan familiar.

(…) Cuando pronuncio de una tirada “mi vida”, maquinalmente me pregunto: “¿Cuál de ellas?” ¿La de antes de la guerra? ¿De la primera guerra o de la segunda? ¿O la vida de hoy? Otras veces me sorprendo a mí mismo diciendo “mi casa”, para descubrir en seguida que no sé a cuál de ellas me refiero: si a la de Bath o a la de Salzburgo, o, tal vez, al caserón paterno de Viena (…) En conversaciones con amigos más jóvenes, cada vez que les cuento episodios de la época anterior a la Primera Guerra me doy cuenta, por sus preguntas estupefactas, de hasta qué punto lo que para mí sigue siendo una realidad evidente, para ellos se ha convertido en histórico o inimaginable. Y el secreto instinto que mora dentro de mi ser les da la razón: se han destruido todos los puentes entre nuestro Hoy, nuestro Ayer y nuestro Anteayer».

El pacto con el diablo


En los siguientes artículos he tratado de profundizar en el contenido de El Pacto con el diablo, obra del periodista e historiador alemán Sebastian Haffner que estudia las relaciones entre Rusia y Alemania de 1914 a 1945. Siguiendo el índice del propio libro, he agrupado mis artículos en los siguientes bloques:

Introducción a El pacto con el diablo
Alemania y la Revolución Soviética
Brest-Litovsk
La soga y el ahorcado
Rusia y la revolución alemana
Rapallo
El ejercito alemán y el Ejército Rojo
Hitler y Stalin: Alemania y la Unión Soviética

Planteamiento general del mundo de posguerra (1945-1990)


Al término de la II Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques enfrentados: el comunista, dirigido por la Unión Soviética, y el capitalista, liderado por los EE.UU. Se trataba de un enfrentamiento entre las dos grandes cosmovisiones del momento que, además, estaban avaladas por las dos superpotencias.

A su vez, ambos bloques crearon estructuras militares -el Pacto de Varsovia en el caso soviético y la OTAN en el occidental- con el fin de garantizar su seguridad y mantener en vilo al adversario mediante la constante amenaza. La rivalidad entre las cosmovisiones y las propias superpotencias es el mejor reflejo de lo que se ha llamado “mundo bipolar”.

Sin embargo, no se dieron enfrentamientos directos entre los EE.UU. y la Unión Soviética, sino que la pugna se localizó en terceros países: Corea, Cuba, Vietnam o Afganistán entre otros.

La reconstrucción política: un mundo bipolar

La reconstrucción política del mundo fue el resultado de las decisiones tomadas por los dirigentes de los países aliados en una serie de grandes conferencias: Teherán (noviembre de 1943), Yalta (febrero de 1945) y Potsdam (julio de 1945).

Las dos ultimas fueron las más importantes, porque en ellas se decidió la ocupación y partición de Alemania, su desmilitarización, así como la “desnazificación”, basada en la defensa de los principios democráticos.

Precisamente en estas conferencias surgieron las primeras divergencias respecto a la reconstrucción de la Europa de posguerra, los regímenes políticos a instaurar y las nuevas fronteras. Estados Unidos era, desde el final de la I Guerra Mundial, el líder del mundo capitalista.

La URSS era, en ese momento, el único representante del mundo socialista, que veía en la victoria bélica una oportunidad sin precedentes para extender su área de influencia.

La disparidad entre ambas superpotencias, aparecida al acabar la contienda, dio paso a la configuración de dos bloques opuestos, que coexistieron durante casi cincuenta años. La caída de los regímenes comunistas a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa puso fin a la política de bloques, dando comienzo a un periodo de indiscutible liderazgo político, económico y militar de los EE.UU.

La reconstrucción económica tras la II Guerra Mundial

Los dos bloques se reconstruyeron económicamente tras el desastre bélico. Los países capitalistas experimentaron un importante desarrollo bajo la creciente influencia de los EE.UU., que penetró en Europa de la mano del Plan Marshall.

Poco después se inició la integración económica europea con la creación del Mercado Común (1957), que dio lugar a la Unión Europea en 1992.

La reconstrucción económica del bloque comunista sea realizó bajo la tutela de la URSS y el organismo creado a tal fin: el COMECON.

El proceso descolonizador

La descolonización es uno de los grandes hechos históricos del siglo XX. Veinte años después de la II Guerra Mundial, los antiguos imperios coloniales habían desaparecido.

En sus vastas posesiones surgieron nuevos países, que constituyen hoy la mayor parte del territorio y de la población mundial. Los nuevos estados fueron captados por uno u otro bloque, aunque algunos pasaron a formar parte de los países no alineados.

Antes de la II Guerra Mundial, ya habían hecho acto de presencia una serie de fenómenos que permitían augurar un rápido desarrollo del proceso de descolonización:

  • La aparición de movimientos nacionalistas en algunas colonias.
  • La influencia de la Revolución Rusa, con su defensa de la autodeterminación de los pueblos y su crítica de la explotación económica colonial.
  • El aumento de las protestas contra los colonizadores, duramente reprimidas.
  • El influjo que ejerció en las colonias la aparición de nuevas naciones europeas después de la Gran Guerra (1914-1918).

Sin embargo, los factores inmediatos de la descolonización fueron básicamente tres: la debilidad de las metrópolis, el apoyo internacional a los movimientos de liberación, y la fuerza creciente de estos en sus propios países.

El nacimiento de las Naciones Unidas

El mundo de posguerra fue testigo también del nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El embrión de este organismo surgió en la Conferencia de Yalta (febrero de 1945), para acabar de tomar forma en San Francisco (abril de 1945).

Esta organización internacional surgía con la finalidad de evitar los conflictos bélicos por la vía del diálogo, así como para la promoción de los derechos humanos en todo el planeta.

De hecho, en 1948 la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración de los Derechos Humanos. Dentro del entramado institucional de la ONU cabe destacar la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, la Secretaría General y el Consejo Económico y Social.

Los judíos, el estado-nación y el nacimiento del antisemitismo VIII

Mientras que los políticos y los autores serios se ocupaban entonces de la cuestión judía menos que en cualquier otro momento desde la emancipación, y mientras que el antisemitismo desaparecía casi enteramente de la escena política visible, los judíos se convirtieron en símbolos de la sociedad como tal y en objeto de odio para todos aquellos a quienes la sociedad no aceptaba. El antisemitismo, tras haber perdido su base en las condiciones especiales que habían influido en su desarrollo durante el siglo XIX, podía ser libremente elaborado por charlatanes y fanáticos en esa fantástica mezcla de verdades a medias y salvajes supersticiones que emergió en Europa después de 1914, la ideología de todos los elementos frustrados y resentidos.

Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo, p. 125-126.

La destrucción de una generación

Con frase tomada de la entradilla de la novela en la que se inspira la película, se puede decir que ésta trata de la destrucción de una generación por la guerra. Pero mirando con algo más de amplitud cronológica, me parece que convendría hablar de la evidencia de la destrucción en Europa de algunos elementos humanos esenciales y la huella que esto dejó en la cultura occidental. Dentro de ella destacaría la conciencia que ésta adquiere de estar dañada en sus raíces: no cabe pensar otra cosa cuando se ha dado un fruto tan amargo como la Gran Guerra. Por eso se entiende que los historiadores, al hablar de las consecuencias de la prolongación de la guerra y de las intensidad con que se vivió, hablen de un cambio en las mentalidades.

Sin novedad en el frente habla del fracaso de nacionalismo como religión del Estado, del fracaso de cierta forma de entender la solidaridad nacional y el patriotismo, y de la muerte de un proyecto optimista que se suele identificar con el espíritu de progreso decimonónico, estrechamente vinculado al proyecto nacional. Sin novedad en el frente habla, en definitiva, de cómo todo el esfuerzo por construir un mundo más habitable dio lugar a todo lo contrario, a una realidad que destruía o vaciaba de sentido algunos elementos de la vida de los hombres sin los cuales la vida no merecería ese nombre.

Pablo Pérez López, Una generación destruida por la guerra: Sin novedad en el frente, p. 65.

Una guerra más absurda que honrosa

En mi opinión la Gran Guerra debe ser mirada como el origen de muchas circunstancias de nuestro modo de vivir actual. Dicho de otra forma, los cambios sociales y culturales que alumbró ese conflicto tan duradero, extenso e intenso, afectaron hondamente a las sociedades que lo vivieron. Tan hondamente que todavía hoy perviven, y que todavía hoy nos cuesta dar cuenta de las razones de semejante desastre.

Pablo Pérez López, Una generación destruida por la guerra: Sin novedad en el frente, p. 59.

La crisis ideológica


Uno de los principales elementos de la crisis de entreguerras fue la irrupción de las fuerzas antisistema. Estas, como réplicas al modelo burgués, liberal y capitalista, al que consideraban inferior, socavaron las estructuras del liberalismo democrático. Sin embargo, no hemos de caer en el error de pensar que, en los países donde triunfó un modelo antisistema, fue únicamente ese grupo el que desgastó al liberalismo: la caída del sistema se debía a la actuación de todos los elementos antisistema.

La alternativa comunista. En contraposición al sistema democrático-liberal, el comunismo proponía el siguiente modelo:

– Frente al parlamento: democracia socialista de los soviets.

– Frente al capitalismo: planificación, socialización y centralización de los medios de producción.

– Frente a la burguesía: predominio del proletariado.

– Frente al idealismo artístico: realismo socialista predominante en el arte.

La alternativa fascista o nacionalsocialista. En contraposición al sistema democrático-liberal, el fascismo proponía el siguiente modelo:

– Frente al parlamento: imperio del ejecutivo.

– Frente al capitalismo: intervensionismo y corporativismo.

– Frente a la burguesía: comunidad nacional orgánica.

– Frente al idealismo artístico: vitalismo y exaltación del instinto.

Teorías sobre la quiebra de las democracias.

En un principió, muchos investigadores afirmaban que la clave de la quiebra de las democracias había que buscarla en el fascismo. E. Hobsbawm, principal defensor de esta postura, afirmaba que, al haber sido sustituidas por la derecha todas las democracias derrocadas en el periodo de entreguerras, el peligro vendría pues de ese lado. Además, señalaba que la operatividad soviética durante esos años era prácticamente inexistente porque:

– La Unión Soviética se encontraba aislada y centrada en sus importantes problemas internos.

– Las oleadas revolucionarias bolcheviques habían experimentado un notable retroceso desde 1921.

– Los movimientos marxistas socialdemócratas colaboraban con el sistema.

– Los movimientos específicos comunistas eran débiles y, en algunos países, se encontraban escindidos o prohibidos.

Más adelante fueron surgiendo una serie de teorías que culpaban al comunismo de la crisis del sistema liberal democrático. Estos veían el fascismo como una respuesta al comunismo surgida a partir del miedo a la expansión del bolchevismo.

Además, también fueron apareciendo teorías más moderadas, cuyo principal representante fue Linz. Éste afirma que la propia crisis de legitimidad experimentada por la democracia favoreció el desarrollo de los grupos antisistema. De esta manera, la subida al poder de uno de estos elementos no es la causa de la crisis, sino su manifestación.

Una vez expuestas las principales teorías en torno a la cuestión, procederemos a revisarlas, matizarlas y extraer nuestras conclusiones. En primer término, abordando la cuestión de la debilidad comunista, hemos de señalar que:

– No sólo afectó a Rusia, así que esta no es el único –si el principal- transmisor.

– El mero hecho de la existencia de una alternativa es, sin lugar a dudas, un factor de desestabilización para otros países, y especialmente los fronterizos.

– La Internacional comunista está presente en muchos países.

– Genera miedo en la sociedad capitalista, donde existe una gran confusión entre comunismo y socialismo.

En segundo lugar procederemos a limitar el papel jugado por el fascismo, a demostrar que se trató únicamente de un factor más:

– En las naciones donde existía una democracia estable apenas tuvo seguidores.

– Sólo llegaron al poder en Italia y Alemania; en otros países compartieron el poder.

– En ciertos regímenes autoritarios se receló del fascismo, que llegó incluso a ser perseguido.

– No es la única alternativa existente en la derecha, ya que existía también un conservadurismo tradicional y otro de corte corporativista. Si bien es verdad que estas tres variantes tenían muchos elementos comunes –eran contrarios a la revolución social posterior a 1914 y a las instituciones liberales; favorecían al ejército, a la policía y a los aparatos represivos; eran de carácter nacionalista- no es menos cierto que también existían diferencias –mientras que el fascismo buscaba destruir el sistema vigente, movilizar a las masas, llevar a cabo una revolución que mire al futuro…; los conservadurismos luchaban por una vuelta al pasado-.

Por tanto, siguiendo las directrices marcas por E. Nolte en La época del fascismo, podemos concluir afirmando que existían dos grandes grupos de ideología antisistema: el autoritarismo y el totalitarismo, dentro del cual encontraríamos al fascismo y al comunismo.

Por último, nos dejaremos guiar por Pomian en lo referente a la explicación de por qué cae la democracia. Según éste autor, a finales del siglo XIX existía ya una lucha por la legitimidad entre las instituciones democráticas y las tradicionales. Esta se intensificó a partir de 1914, finalizando la Gran Guerra con dos resultados: la consolidación de la democracia y la aparición de la alternativa comunista. De esta manera, a lo largo de los años veinte, se abrieron numerosas posibilidades: bien la erosión del sistema democrático, bien la del tradicional, o bien la de ambos. Esto condujo, según el caso, a tres soluciones: la democracia parlamentaria, las dictaduras autoritarias, y los regímenes totalitarios.

Los totalitarismos.

Los totalitarismos, tanto de izquierdas como de derechas, son fácilmente reconocibles por las siguientes características fundamentales:

– Una ideología específica y oficial que los inunda todo.

– Un sistema político basado en la supresión de todos los partidos menos el oficial –es decir, sistema de partido único-, el sometimiento del legislativo al ejecutivo, el culto a la personalidad del líder, y la movilización de las masas, especialmente las juveniles.

– Subordinación del individuo a la sociedad y al Estado, siendo éste último el encargado de adoctrinarle en la ideología oficial y reprimirle si fuera necesario.

– Un sistema económico controlado totalmente por el Estado, que se encarga de coordinar todos los elementos de la economía y expresar sus objetivos básicos mediante los planes de desarrollo.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[3] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[4] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

[5] Los orígenes del totalitarismo; Hannah Arendt – Madrid – Alianza -2006.

[6] La época del fascismo; Ernst Nolte – Madrid – Península – 1967.