La Revolución de Octubre


Ante tal situación, los bolcheviques propugnaron la insurrección armada como única vía posible para derrocar al gobierno provisional y consolidar el poder de los soviets.

Por primera vez consiguieron que el soviet de Petrogrado, presidido por Trotski, y el de Moscú apoyasen sus planes. La insurrección quedó definitivamente fijada para el 25 de octubre (7 de noviembre en el calendario occidental) con el fin de hacerla coincidir con la apertura del Segundo Congreso de los Soviets de toda Rusia.

El levantamiento comenzó la noche del día 24 en Petrogrado bajo la dirección del comité militar revolucionario, que en pocas hora controló toda la ciudad y ocupó el Palacio de Invierno. Todos los miembros del gobierno, con excepción de Kerenski, que consiguió huir, fueron detenidos.

En la tarde del día 25, el Congreso de los Soviets destituyó al gobierno provisional y aprobó la formación del Consejo de Comisarios del Pueblo. Este, presidido por Lenin y formado en su mayoría por bolcheviques, se convirtió en el órgano representativo del primer gobierno obrero y campesino.

El Congreso adoptó con rapidez las primeras medidas revolucionarias:

  • Se promulgó un decreto en el que se proponía a todos los pueblos y gobierno beligerantes que establecieran negociaciones inmediatas para alcanzar una paz justa y democrática.
  • Una delegación rusa inició en Brest-Litovsk negociaciones con Alemania, cuyo resultado fue un tratado de paz que comportó unas pérdidas territoriales enormes para Rusia.
  • Ucrania, Polonia, Finlandia, Letonia, Lituania, Estonia, Besarabia, Armenia y algunos enclaves del Cáucaso.
  • Se firmó un decreto sobre la tierra confiscando las propiedades de la Corona, la nobleza y la Iglesia, que se entregaban a los soviets para ser repartidas entre los campesinos.
  • Se estableció un decreto sobre las nacionalidades en el que se reconocía a los diferentes pueblos del Imperio, así como su derecho a la autodeterminación.
  • Finalmente, se estableció el control obrero sobre las empresas de más de cinco trabajadores y se nacionalizó la banca.

Las causas de la Revolución Rusa


En 1917 se inició en Rusia un proceso revolucionario de importantes repercusiones políticas y económicas, tanto a nivel doméstico, como internacional. En febrero de ese año las huelgas, manifestaciones y protestas obligaron a la dinastía Romanov abandonaba el poder. El antiguo régimen zarista pasaba a convertirse entonces en una república de carácter democrático. Sin embargo, en octubre de 1917, los bolcheviques protagonizaron una insurrección de tipo comunista contra el gobierno provisional. Este vídeo aborda las causas del proceso revolucionario, haciendo especial hincapié en las condiciones de vida de la población civil. Las restantes clases estarán dedicadas a una introducción al tema, las fuerzas de oposición política, la Revolución de 1905, los sucesos de febrero de 1917, la evolución de la República Rusa y la Revolución de Octubre. Además, este repaso incluye vídeos sobre los primeros decretos del gobierno bolchevique, la construcción del régimen soviético, la Guerra Civil, el Comunismo de Guerra, la NEP, la fundación de la URSS y el ascenso de Stalin.

La Revolución Rusa y la experiencia soviética hasta 1939


VÍDEOS DE CARÁCTER OBLIGATORIO


Introducción a la Revolución Rusa
Las causas de la Revolución Rusa
Las fuerzas de oposición al zarismo
La Revolución de 1905
La Revolución Rusa: febrero
La evolución de la República Rusa
La Revolución Rusa: octubre
Los Decretos de Octubre
La construcción del Estado Soviético
La Guerra Civil: blancos contra rojos
El comunismo de guerra
La Nueva Política Económica (NEP)
La fundación de la URSS
El ascenso de Stalin


MATERIAL PARA AMPLIAR


Introducción a la Revolución Rusa
La Rusia de los zares: población y territorio
La Rusia de los zares: una agricultura tradicional
La Rusia de los zares: una industrialización muy localizada
La Rusia de los zares: la autocracia zarista
Las fuerzas de oposición al zarismo
La Revolución de 1905
La Primera Guerra Mundial y las revoluciones rusas
La Revolución de Febrero
La dualidad de poderes: Duma y soviets (febrero-octubre de 1917)
La Revolución de Octubre
La Guerra Civil Rusa (1917-1921)
Una economía al servicio de la guerra
La consolidación del poder bolchevique
La expansión revolucionaria y la formación de la Tercera Internacional

Introducción a la Revolución Rusa


En el año 1917 tuvo lugar en Rusia un proceso revolucionario que culminó con la instauración del primer régimen socialista del mundo.

La Revolución Rusa es, sin lugar a dudas, uno de los principales acontecimientos del siglo XX. De ella surgió un Estado que transformó los modelos de la sociedad y la política de la época. Además, significó el triunfo del movimiento obrero organizado en un país, constituyéndose el primer Estado anticapitalista.

Fue el modelo que seguirían muchos partidos políticos, organizaciones y personas que, en todo el mundo, consideraban injusta la sociedad liberal y capitalista.

La Revolución Rusa de 1917 tuvo dos fases bien diferenciadas:

  • La primera, en febrero, dio lugar a la caída del zarismo y a la instauración de un régimen parlamentario y constitucional.
  • La segunda, en octubre, tuvo un carácter socialista y configuró un nuevo modelo de Estado a partir de las organizaciones obreras, de los soviets de obreros y campesinos.

En ocho meses, Rusia pasó de una monarquía anacrónica y casi absoluta a la dictadura del proletariado. Una figura brilla con luz propia en este proceso, Vladimir Ilich Uliánov, apodado Lenin, ideólogo del marxismo-leninismo y primer dirigente del nuevo régimen bolchevique.

El nuevo régimen, sin embargo, sólo consiguió consolidarse después de una cruenta guerra civil, que se prolongó durante más de tres años. En un primer momento, pareció que las revoluciones en Alemania y Hungría significarían la expansión de la revolución obrera por toda Europa. Sin embargo, el aplastamiento de estas revueltas desvaneció el sueño bolchevique de una revolución mundial.

La URSS inició en solitario la construcción del socialismo, contando solo tras la II Guerra Mundial con la colaboración y subordinación de otros regímenes socialistas.

La política exterior III: de la crisis Blomberg-Fritsch al pacto germano-soviético


La “crisis Blomberg-Fritsch” y el relevo de Neurath por Ribbentrop en lo que a asuntos internacionales se refiere, cambiaron la estrategia expansionista alemana. Desde ese momento se procedió a elevar tres reclamaciones territoriales sucesivas -Austria, Checoslovaquia y Polonia- con un esquema muy similar: reivindicación de los derechos de la población germana en esos territorios, presión sobre las autoridades con el apoyo de movimientos internos, y ocupación final del territorio.

1. Cuestión austríaca; en su relación con Austria los nacionalsocialistas pasaron de la política golpista -asesinato de Dollfuss en 1934- a la normalización diplomática -reconocimiento de la soberanía austríaca y proclamación del régimen de Viena como Estado alemán en 1936-. Sin embargo, el 13 de marzo de 1938 Adolf Hitler proclamó el “Anschluss” al tiempo que pedía el refrendo de la población austríaca.

Como austríaco, Stefan Zweig nos narra en El mundo de ayer sus impresiones acerca de los grandes peligros que se cernían sobre Austria y Europa. Considera que las grandes potencias, y especialmente Inglaterra, cometieron el error de confiar en los nazis, de creer en sus promesas. En su opinión, tal vez sobre la conciencia de estas pesase el duro castigo inflingido a Alemania en Versalles, y, por tanto, un deseo de reconpensarla; aunque también destaca la necesidad occidental de una Alemania fuerte capaz de cumplir la función de baluarte contra el bolchevismo.

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Una y otra vez se pretendía hacer creer que Hitler sólo quería atraer a los alemanes de los territorios fronterizos, que luego se daría por satisfecho y, en agradecimiento, exterminaría al bolchevismo; este anzuelo funcionó a la perfección. A Hitler le bastaba mencionar la palabra paz en un discurso para que los periódicos olvidaran con júbilo y pasión todas las infamias cometidas y dejaran de preguntarse por qué Alemania se estaba armando con tanto frenesí (…) poco a poco fueron surgiendo voces en Inglaterra que empezaban a justificar en parte sus “reivindicaciones” de una Gran Alemania, nadie comprendía que Austria era la piedra angular del edificio y que, tan pronto como la hicieran saltar, Europa se derrumbaría (…) Por eso, cada vez que hacía una escapada a Austria y luego volvía a cruzar la frontera, respiraba con alivio: Esta vez, todavía no. Y miraba hacia atrás como si fuera la última. Veía acercarse la catástrofe, inevitablemente; cien veces durante aquellos años, mientras los demás leían confiados los periódicos, yo temía en lo más íntimo de mi ser ver en ellos los titulares: Finis Austr¡ae”.

2. Cuestión checoslovaca; en los Sudetes vivían cerca de tres millones y medio de alemanes, e incluso existía un movimiento interno progermánico contrario al gobierno de Praga. En esta situación, Adolf Hitler presionó para que el caso de los Sudetes fuera revisado por las potencias. Estas se reunieron en la Conferencia de Munich (28-29 de septiembre de 1938), y optaron por entregar los Sudetes a Alemania con el fin de evitar el conflicto bélico. Finalmente, tras la reclamación alemana de Bohemia y Moravia, se procedió a la liquidación de toda Checoslovaquia, quedando tan solo Eslovaquia como república independiente bajo la tutela del Reich. Veamos como vivió Stefan Zweig aquellos sucesos:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Sé que hoy se recuerda con disgusto aquel encuentro en que Chamberlain y Daladier, colocados impotentes contra la pared, capitularon ante Hitler y Mussolini, pero, puesto que quiero servir a la verdad basándome en documentos, debo confesar que todo aquel que vivió aquellos días en Inglaterra entonces los consideró admirables (…) Se había dado la noticia de que Hitler, Chamberlain, Daladier y Mussolini habían llegado a un acuerdo total y, más aún, que Chamberlain había conseguido cerrar un pacto con Alemania que garantizaba el arreglo pacífico de todos los posibles conflictos entre ambos países para siempre (…) Por radio se oyó primero el mensaje Peace for our time que anunciaba a nuestra sufrida generación que podíamos volver a vivir en paz y contribuir a la construcción de un mundo nuevo y mejor, y miente quien quiera negar a posteriori lo mucho que nos embriagaron aquellas palabras mágicas. Pues, ¿quién podía creer que un hombre que regresaba preparado para una entrada triunfal era un hombre derrotado? (…) Pero, ay, sólo fue la última llamarada de un fuego que iba a extinguirse definitivamente. En los días siguientes empezaron a filtrarse los fatales detalles: cuán absoluta había sido la capitulación ante Hitler y cuán ignominiosa la entrega de Checoslovaquia, a la que se había garantizado ayuda y apoyo; y hacia el fin de semana ya era público que ni siquiera la capitulación había satisfecho a Hitler y que, incluso antes de que se hubiese secado la firma del pacto, él ya lo había violado en todos sus puntos. Sin ninguna clase de escrúpulos Goebbels proclamó entonces públicamente y a los cuatro vientos que en Munich habían acorralado a Inglaterra contra la pared”.

Así pues, el literato austríaco nos muestra cuán grande fue la capitulación anglo-francesa en Münich, pero también cómo se vivieron todos esos hechos en Londres y París. Describe cómo se pasó de la euforia del “Peace for our time”, de haber alejado el fantasma de la guerra, a la decepción de saber cuales eran las exigentes condiciones alemanas. Sobra decir que este descontento aumentó notablemente cuando Adolf Hitler ni siquiera respetó sus propias condiciones de paz.

3. Cuestión polaca; la supeditación, por parte de Adolf Hitler, del pacto de no agresión con Polonia a la incorporación de Dantzig al Reich y la construcción de un pasillo que uniera Alemania con Prusia Oriental, marcó el comienzo de lo que parecía ser otra nueva crisis diplomática. Polonia desestimó la oferta alemana confiando en que las potencias occidentales le apoyarían en caso de enfrentamiento. En consecuencia, Alemania decidió dar un giro radical en su política exterior, y firmó, el 23 de agosto de 1939, un pacto de no agresión con la Unión Soviética. Este incluía una cláusula secreta de reparto de Polonia y del Báltico:

(W. Hofer, Der Nationalsozialismus Dokumente) “…en el caso de reforma político-territorial de los territorios pertenecientes a los Estados bálticos, la frontera septentrional de Lituania trazará la divisoria de las esferas de intereses alemana y soviética. A este respecto, se reconoce por ambas partes el interés de Lituania en el territorio de Vilna (…) en el caso de una reforma político-territorial de los territorios pertenecientes al Estado polaco, las zonas de intereses de Alemania y la URSS quedarán delimitadas aproximadamente por el curso de los ríos Narev, Vístula y San”.

De esta manera, Stalin ganaba tiempo para rearmarse ante su previsible guerra con Alemania, y Adolf Hitler se asegura no caer entre dos frentes –occidental y oriental- por un tiempo.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

El Mundo de Ayer


En esta sección de Historia en Comentarios trato de ofrecer un repaso a la Historia europea de la primera mitad del siglo XX; o más bien desde la Primera hasta la Segunda Guerra Mundial, pasando por el llamado periodo de entreguerras y la revolución bolchevique.

Una cita de Stefan Zweig, extraída de El mundo de ayer. Memorias de un Europeo, nos sirve de introducción. Los escritos de este y otros hombres que vivieron todos esos sucesos nos acompañarán en nuestro “viaje”, cuya finalidad no es otra que descubrir a las personas de la época.

He dividido esta sección en cinco apartados: la Gran Guerrael mundo de postguerrael periodo de entreguerrasla experiencia soviética y el Tercer Reich. Les dejo con Stefan Zweig:

“Jamás me he dado tanta importancia como para sentir la tentación de contar a otros la historia de mi vida. Han tenido que pasar muchas cosas –acontecimientos, catástrofes y pruebas-, muchísimas más de lo que suele corresponderle a una misma generación, para que yo encontrara valor suficiente como para concebir un libro que tenga mi propio “yo” como protagonista o, mejor dicho, como centro (…) aunque, a decir verdad, tampoco será mi destino el tema de mi narración, sino el de toda una generación, la nuestra, la única que ha cargado con el peso del destino, como, seguramente, ninguna otra en la Historia (…) Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, y con dramática vehemencia me han arrojado al vacío, en ese “no sé adónde ir” que ya me resulta tan familiar.

(…) Cuando pronuncio de una tirada “mi vida”, maquinalmente me pregunto: “¿Cuál de ellas?” ¿La de antes de la guerra? ¿De la primera guerra o de la segunda? ¿O la vida de hoy? Otras veces me sorprendo a mí mismo diciendo “mi casa”, para descubrir en seguida que no sé a cuál de ellas me refiero: si a la de Bath o a la de Salzburgo, o, tal vez, al caserón paterno de Viena (…) En conversaciones con amigos más jóvenes, cada vez que les cuento episodios de la época anterior a la Primera Guerra me doy cuenta, por sus preguntas estupefactas, de hasta qué punto lo que para mí sigue siendo una realidad evidente, para ellos se ha convertido en histórico o inimaginable. Y el secreto instinto que mora dentro de mi ser les da la razón: se han destruido todos los puentes entre nuestro Hoy, nuestro Ayer y nuestro Anteayer».

El pacto con el diablo


En los siguientes artículos he tratado de profundizar en el contenido de El Pacto con el diablo, obra del periodista e historiador alemán Sebastian Haffner que estudia las relaciones entre Rusia y Alemania de 1914 a 1945. Siguiendo el índice del propio libro, he agrupado mis artículos en los siguientes bloques:

Introducción a El pacto con el diablo
Alemania y la Revolución Soviética
Brest-Litovsk
La soga y el ahorcado
Rusia y la revolución alemana
Rapallo
El ejercito alemán y el Ejército Rojo
Hitler y Stalin: Alemania y la Unión Soviética

Economía, sociedad y cultura en la Unión Soviética


La Nueva Política Económica (NEP)

Durante los primeros años de régimen soviético se hizo patente la incapacidad de los líderes bolcheviques para llevar a cabo su programa en Rusia: el país no estaba, ni mucho menos, preparado para semejante cambio. El escaso desarrollo del capitalismo en aquel territorio hacía prácticamente imposible implantar en ellos un sistema económico de tipo socialista.

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, Obras completas) “Sabemos muy bien que el proletariado ruso está peor organizado y menos preparado intelectualmente para esta tarea que las clases trabajadoras de otros países… Rusia es un país agrícola, uno de los más atrasados de Europa. El socialismo no puede imponerse de forma inmediata en Rusia; pero el carácter campesino del país puede conducir, como se demostró en los acontecimientos de 1905, al desarrollo de una revolución democrático-capitalista en Rusia y convertirla en el prólogo de una revolución socialista de ámbito mundial…”

Además, a esta incapacidad para llevar a cabo su propio programa, a los líderes bolcheviques les surgió un problema más: el descontento de la población ante las medidas impopulares que ellos tomaban. De esta manera, los levantamientos se hicieron cada vez más frecuentes, y con ello también el desarrollo y endurecimiento de los mecanismos de represión. Entre los levantamientos que se produjeron en los años de consolidación bolchevique en el poder, destaca, por su carácter simbólico, el de la marinería del Kronstadt (1921):

(Arenga de un marinero del Kronstadt) “Camaradas, mirad a vuestro alrededor y veréis que estamos metidos en un fangal espantoso. U grupo de burócratas comunistas que, bajo la máscara de su comunismo, han anidado en lo más alto de nuestra república, son los que nos han empujado a este barrizal”.

(Gool, Tujachevski) “Estuve en la guerra cinco años, pero no puedo recordar una carnicería como aquella. No era una batalla, era un infierno. El tronar de la artillería pesada duró toda la noche, y alcanzó tal magnitud que todas las ventanas de Oranienbaum saltaron en pedazos. Los marinos luchaban como bestias salvajes. No puedo comprender de dónde sacaron tanta fiereza. Hubo que tomar al asalto los edificios en que se atrincheraron…”

Ante ésta situación, los dirigentes soviéticos no tuvieron más remedio que dejar para más adelante sus planes y elaborar nuevos programas económicos: una serie de medidas de urgencia que se mantuvieron vigentes casi diez años. En un principio, durante el enfrentamiento civil, se desarrolló el “Comunismo de Guerra”, que trataba de adaptar la economía del país a la penosa situación en la que éste se encontraba y sostener el conflicto contra los “blancos”. Sin embargo, la política económica que marcó esa época fue, sin lugar a dudas, la NEP; una alianza de los bolcheviques con el capitalismo para poder llegar con garantías a una economía de tipo socialista:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, Discursos: la NEP) “Esperábamos fundar industrias estatales y organizar la distribución de una producción nacionalizada sobre bases comunistas en un país intrínsecamente pequeño-burgués. Los hechos han demostrado que estábamos equivocados. Se requiere una sucesión de periodos transitorios, como el capitalismo de Estado y el socialismo, para preparar el terreno, a lo largo de muchos años de trabajos previos, para el advenimiento del comunismo (…) No importan ya las dificultades, ni los obstáculos por vencer, ni cuantas complicaciones trae consigo; lograremos encauzar esta Rusia de la N. E. P. para convertirla en la Rusia socialista (…) el capitalismo es un mal en relación con el socialismo. El capitalismo es un bien en relación con el período medieval, en relación con la pequeña producción, en relación con la burocracia ligada a la fragmentación de los pequeños empresarios… Debemos utilizar al capitalismo… como cadena de transmisión entre la pequeña producción y el socialismo…”

Ésta se regía en base a tres principios:

– Poner fin al aislamiento internacional.

– Recuperar económicamente al campesinado.

– Reactivar la economía de la Unión Soviética partiendo de la agricultura.

Los planes quinquenales

A partir de 1929 la política económica soviética volvió a experimentar un profundo cambio: el periodo de la NEP había llegado a su fin, la URSS estaba preparada para el socialismo. Se trataba de alcanzar tres objetivos:

– La rápida industrialización del país; tenía como fin responder a los posibles ataques de las potencias imperialistas.

– La intensa reforma de la agricultura; plasmada en la colectivización de la tierra, la adecuación de la producción a las necesidades del Estado, y la exportación de cereales con el fin de obtener divisas.

– La total y exclusiva planificación de la economía por parte del Estado, que era el encargado de asignar los recursos dedicados a las distintas tareas productivas.

Sin embargo, para llevar a cabo este magno proyecto y vencer la más que previsible oposición, los dirigentes soviéticos tuvieron que utilizar tres instrumentos: la coerción, la propaganda y la represión. De esta manera, en vísperas de la II Guerra Mundial, podemos señalar los siguientes logros y fracasos de los planes quinquenales:

– Transformación económica de la Unión Soviética.

– Transformación social del país.

– Desarrollo de un nuevo marco de gestión: el Estado. El Gosplan, institución creada para tal fin, era el encargado de controlar los medios de producción y distribución, y los niveles de renta.

– Utilización de instrumentos que favorecían el desarrollo de los planes: propaganda, figura del trabajador ejemplar, mano de obra sana e instruida, disciplina en el trabajo (supresión de las huelgas y los sindicatos)…

– Alto coste social y humano del proceso.

A modo de balance habría que señalar que se trató de una transformación radical de la estructura económica de la Unión Soviética llevada a cabo mediante un intenso proceso industrializador –centrado en la industria pesada-, especialmente significativo en un determinado número de núcleos industriales. Se apreció, pues, un elevado crecimiento de la renta nacional, lo que contrastó con un contexto internacional adverso.

El campesinado

En el caso concreto de la agricultura, los planes quinquenales se centraron en la colectivización de la tierra, bien fuera mediante la instauración de koljos –comunas campesinas- o soljos –comunas estatales-. Los objetivos de esta política eran fundamentalmente dos: la erradicación de los kulaks, y el aumento de la producción de grano mediante un amplio programa de mecanización de la actividad agrícola. Sin embargo, la cuestión de los kulaks, la incompatibilidad entre éstos y el bolchevismo, se rastrea ya desde los primeros años de régimen soviético:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, Obras completas) “Los kulaks son enemigos irreconciliables del Gobierno soviético. O los kulaks exterminan a una masa considerable de trabajadores, o éstos, sin compasión, aplastan la insurrección de esa rapaz minoría kulak del pueblo frente al gobierno de los obreros; no puede haber término medio”.

No obstante, Stalin encontró una férrea oposición a su programa entre las clases campesinas. Esta fue duramente reprimida. Muchos fueron deportados, otros ejecutados, y la gran mayoría murió de hambre, pero a pesar de todo el plan del Estado salió adelante. El balance de este proceso de colectivización agraria es bien sencillo:

– A la larga se produjo un gran crecimiento de la producción, lo que permitió al Estado exportar el grano sobrante y conseguir así divisas.

– El desarrollo de este sistema tuvo un alto coste social, plasmado en protestas campesinas, hambrunas y actuaciones represivas.

También se aprecia un alto coste económico durante los primeros años, fruto de la crisis que estos hechos desataron.

Inteligencia y alfabetización

En lo que al nuevo sistema sociocultural se refiere, hemos de destacar en primer término el dominio –casi monopolio- del realismo socialista en el campo artístico. Este movimiento cultural se caracterizó por:

– Propagar la ideología del régimen.

– Dar culto a través de sus creaciones a la personalidad de Stalin.

– Elaborar un cine de carácter documental y testimonial.

A todo aquel intelectual que no comulgase con las ideas del partido no le quedaba más remedio que el exilio, el olvido o la muerte.

La gran campaña para eliminar el analfabetismo fue, en éstos primeros años de experiencia bolchevique, otro de los pilares de la política cultural soviética. El avance en materia educativa fue más que notable:

– Se ofreció una escolarización gratuita durante los primeros cursos.

– El país experimentó también un importante crecimiento en el ámbito de la secundaria y en el universitario. Como nos muestra Stefan Zweig, el afán por saber, por la instrucción del proletariado, inundó Rusia desde los primeros momentos:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Los maestros conducían a niños mofletudos a través de las salas, los comisarios de arte explicaban la obra de Rembrandt y de Tiziano a campesinos que los escuchaban un tanto cohibidos: cada vez que se les indicaba un detalle, levantaban tímidamente la mirada bajo sus gruesos párpados. Tanto en éste como en todos los demás casos, ese esfuerzo puro y honrado de sacar al “pueblo” del analfabetismo de la noche a la mañana y llevarlo directamente a la comprensión de Beethoven y de Vermeer encerraba un cierto toque de ridículo (…) En las escuelas, a los alumnos se les hacía pintar cosas absurdas y extravagantes y en los bancos de niñas de doce años se veían obras de Hegel y de Sorel; cocheros que aún no sabían leer del todo tenían libros en las manos, simplemente porque eran eso: libros, y libros quería decir “instrucción”, es decir, el honor y el deber del nuevo proletariado”.

– Todo esto se complementó con las organizaciones juveniles del Estado, que se ocupaban de organizar el ocio de los más jóvenes al tiempo que les adoctrinaban en la ideología del régimen.

Urbanismo, demografía y estructura social

En esos años el país fue víctima de un rápido y mal organizado proceso de urbanización, que llevó a muchas personas a vivir durante años hacinadas en alojamientos pequeños y mal acondicionados.

En lo relativo al comportamiento demográfico de los soviéticos, hay que señalar su debilidad durante éstos primeros años de socialismo. Los sucesos nefastos – hambrunas, guerras y represión- y la política antinatalista del Estado –regulación del aborto, aprobación del divorcio e incorporación de la mujer al mundo laboral- contribuyeron de manera importante a la debilidad del sistema demográfico de la Unión Soviética. Sin embargo, a partir de 1930, con la relativa normalización de la situación político-militar y el viraje pronatalista del Estado, la tendencia se invirtió.

En los años anteriores a la II Guerra Mundial, la composición social de la Unión Soviética varió notablemente en relación con la época de Nicolás II. En cierta medida esto tuvo su origen en los intensos cambios económicos y políticos que experimentó la nación; es decir, el proceso de industrialización, que exigía un número mayor de obreros, y el desarrollo de una nueva burocracia. Se aprecian, pues, dos cambios fundamentales:

– El descenso de la población dedicada a labores campesinas a favor del grupo de los obreros industriales.

– La aparición de una élite dirigente –inteligentsia- que, ocupando los puestos del funcionariado y dedicándose a las profesiones liberales, sustituyó a la antigua burguesía.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Obras completas; Vladimir Ilich Lenin – Madrid – Akal – 1975.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

El sistema político soviético


Bases del sistema soviético

Una vez alcanzado el poder, los bolcheviques debían lanzarse a construir un verdadero Estado socialista. Para ello era necesario llevar a cabo una revolución que tocase tres aspectos: el político, el económico y el cultural. Se trataba, pues, de construir un sistema de partido único, basado en el monopolio de un grupo político y la represión de aquellas ideas que no comulgasen con la ideología oficial; un nuevo sistema económico de marcado protagonismo estatal, es decir, nacionalización de la propiedad y planificación económica gubernamental; y una cultura socialista, caracterizada por la aparición del “nuevo hombre” soviético, regido por unos valores éticos y una mentalidad distinta.

De esta construcción del Estado socialista, y de la visión que en occidente se tenía de él, nos habla brevemente Stefan Zweig en sus memorias:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Con el experimento bolchevique, Rusia se había convertido para todos los intelectuales en el país más fascinante de la posguerra, admirado con tanto entusiasmo como fanáticamente combatido, y en ambos casos sin suficiente conocimiento de causa. Nadie sabía a ciencia cierta qué pasaba en aquel país. Pero sí sabíamos que allí se gestaba algo completamente nuevo, algo que, de buen grado o por la fuerza, podía resultar determinante para la futura forma de nuestro mundo”.

Con el fin de construir un sistema político de carácter socialista, los bolcheviques tomaron las siguientes medidas:

– Ruptura con el liberalismo; se disolvió, no sin oposición por parte de la población y de sus representantes, la Asamblea Constituyente. Las causas de ésta decisión habría que buscarlas en dos hechos: en primer lugar el lógico interés de los bolcheviques por eliminar todo posible atisbo de liberalismo; y, en segundo término, la situación de minoría en la que el partido de Lenin se hallaba en dicha Cámara.

(Aleksei Maksimovich Peshkov Gorki, Novaya Zhizn) “Ayer, las calles de Petrogrado y Moscú resonaron de vivas a la Asamblea Constituyente. Por dar rienda suelta a tales sentimientos, los pacíficos manifestantes fueron recibidos a tiros por el Gobierno del pueblo. La Asamblea Constituyente ha muerto el 19 de enero, y su muerte presagia nuevos sufrimientos para el martirizado país y para sus masas populares (…) Lo mejor de Rusia ha vivido durante casi cien años con la esperanza puesta en una Asamblea Constituyente que fuera órgano político capaz de instituir una democracia rusa integral, con la posibilidad de expresar libremente su voluntad en ella. En la lucha por ese ideal, miles de intelectuales, decenas de miles de obreros y campesinos, han perecido en las cárceles, en el exilio o en trabajos forzados, en la horca o bajo las balas de los soldados”.

– Supresión del pluralismo asociativo; las Checas y ejército fueron los encargados de perseguir estos delitos, que en numerosas ocasiones se castigaban con la pena de muerte. Precisamente a Félix Edmúndovich Dzerzhinski, una de las figuras más inquietantes de los primeros años de la experiencia soviética, se le encargo la supervisión de éste aparato represivo. Éste despiadado personaje es descrito por Naglovski de la siguiente manera:

(A. Naglovski, Los líderes rojos) “Alto, desaliñado, con sus enormes botas y su camisa sucia, Dzerzhinski era poco estimado en las altas esferas bolcheviques. Pero la gente se sentía ligada a él por el temor, temor que también llegaron a sentir los Comisarios del Pueblo”.

Sin embargo, no cabe duda de que, sin el apoyo de la cúpula del partido, Félix Edmúndovich Dzerzhinski no hubiera podido instaurar el terror en el nuevo Estado socialista:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, alocución a la Checa en 1918)“Cuando estudio las actividades de la Checa, y al mismo tiempo oigo las innumerables críticas de que es objeto, no puedo decir sino que todas éstas son palabras vacías de pequeños burgueses… la Checa está haciendo efectiva la dictadura del proletariado, y en ese sentido su valor es inestimable”.

– Sanción constitucional de la democracia socialista; se elaboraron tres textos básicos: 1918, 1922, 1936. Éstos establecían la sucesión de cuatro sistemas sucesivos de elección de los representantes: elecciones locales, provinciales, estatales y al comisariado. Se reforzó, de esta forma, el grupo bolchevique como partido de cuadros.

– Se consolidó el monopolio del partido y la omnipresencia del mismo en la vida de los rusos. Esto suponía, por tanto, eliminar de manera radical la libertad política, hecho que fue duramente criticado por Rosa Luxemburg:

(Rosa Luxemburg, La revolución rusa) “El remedio a que han recurrido Lenin y Trotski, eliminar radicalmente la democracia en sí misma, es peor que la enfermedad que está destinado a curar (…) La libertad sólo para los simpatizantes del Gobierno, para los miembros de un partido único –por numerosos que lleguen a ser- no es libertad en absoluto”.

– Construcción de un aparato represivo y de terror; en los primeros años fue la Checa la encargada de llevar a cabo las tareas de represión, pasando posteriormente a la jurisdicción del Comisariado de Asuntos Internos. Mención especial merecen las purgas acaecidas entre 1934 y 1941 que, bien por cuestiones políticas, militares o populares, acabaron por cobrarse más de diez millones de muertos.

La constitución real

La construcción política ratificada en los tres textos constitucionales resultó no ser más que teoría; en la práctica funcionaba la “constitución real”, según la cual al partido, como vanguardia del proletariado, acumulaba en sí mismo todos los poderes. Por tanto, se sometía todo a la “legalidad socialista”, subordinándose los soviets a los comisarios puestos por el partido; en definitiva, no existía separación de poderes. Como bien pudo comprobar Stefan Zweig en su visita a la Unión soviética, una cosa era lo que se mostraba, lo oficial, y otra muy distinta la verdad:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “No crea todo lo que le dicen –me escribía el desconocido-. No olvide que, a pesar de todas las cosas que le enseñan, dejan de enseñarle otras muchas. No olvide que las personas que hablan con usted, por lo general no le cuentan lo que les gustaría contarle sino sólo aquello que se les permite decir. Nos vigilan a todos, incluido usted. Su teléfono está interceptado y controlados todos sus pasos”.

Podemos señalar, de ese omnipresente partido, las siguientes características:

– Se trataba de un partido de cuadros.

– Estaba sujeto a purgas.

– Existía dentro de él una unidad monolítica; en cierta medida facilitada por las purgas internas.

– Funcionaba con un férreo centralismo democrático; es decir, el control del mismo estaba en manos de unos pocos miembros pertenecientes Comité Central.

– Se fomentaba el liderazgo colectivo:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Estaban convencidos de que participaban en una gran causa que afectaba a toda la humanidad, profundamente convencidos de que las privaciones y restricciones que padecían las tenían que sufrir por mor de una misión superior. El viejo sentimiento de inferioridad respecto a Europa se había convertido en un orgullo embriagador de llevar ventaja, de haberse adelantado a todo el mundo. Ex oriente lux: de ellos venía la salvación; así lo creían sincera y honradamente. Ellos habían vista la verdad y a ellos les correspondía llevar a cabo aquello que los otros apenas si soñaban. Cuando enseñaban algo, por insignificante que fuera, les brillaban los ojos: Lo hemos hecho nosotros. Y ese nosotros representaba a todo el pueblo”.

– Se primaba la pureza ideológica por encima de todo.

El ascenso de Stalin

La forma como estaba concebido el partido y su manera de funcionar, explica el ascenso de Stalin al poder. Si desde el partido se controlaba el Estado -en el fondo ambos se identificaban-, entonces aquel que lograse adueñarse del partido conseguiría hacer lo propio con el Estado. De esto fue plenamente consciente Lenin en sus últimos meses de vida:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, Testamento del 25 de diciembre de 1922) “El camarada Stalin, al ser nombrado secretario general, ha concentrado en sus manos un enorme poder, y no estoy seguro de que sepa usarlo siempre con la necesaria cautela. En cuanto al camarada Trotski, (…) se distingue por su excepcional capacidad como por su excesiva confianza en sí mismo y su inclinación a recrearse en los aspectos estrictamente administrativos de los asuntos. Las cualidades personales de estos dos líderes, los más capacitados dentro del Comité Central, puede desembocar, del modo más inocente, en una escisión”.

Ese fue el camino seguido por Stalin que, aprovechando con gran maestría los errores de sus rivales, supo ocupar los puestos de decisión del partido y ganarse la adhesión de muchos dentro del mecanismo burocrático. De esta manera, distinguimos tres pugnas en el proceso de acumulación de poder y eliminación de los posibles rivales llevado a cabo por Stalin:

– Cuestión económica; que le enfrentó a Grigori Zinoviev y Lev Kamenev.

– Cuestión de la expansión del comunismo; que le enfrentó a Lev Davídovich Bronstein Trotski.

– Cuestión del ritmo de la industria y su naturaleza; en la que volvió a enfrentase con Grigori Zinoviev y Lev Kamenev.

Tras alcanzar la victoria en estos tres pulsos con sus máximos rivales, se procedió a la exclusión de éstos del Politburó. Quedaba, así, todo el poder en manos de Stalin, que se había asegurado de eliminar a todos lo líderes carismáticos de la Revolución; es decir, los que le podían hacer sombra.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Obras completas; Vladimir Ilich Lenin – Madrid – Akal – 1975.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

Desarrollo de la Revolución II


La intentona de julio

Tras la llegada de Lenin a San Petersburgo en abril de 1917, comenzó la lucha sin cuartel entre los bolcheviques y el gobierno provisional. Los unos trataron de debilitar lo más rápidamente al poder establecido tras los hechos de febrero, y los otros buscaron defenderse mediante un mayor control policial. Además, al tiempo que Lenin y sus camaradas utilizaron atrayentes slogans para ganarse el favor del pueblo, Alexandr Kerenski y los miembros de su gobierno hicieron uso de los discursos con el fin de desprestigiar a los bolcheviques:

(Alexandr Fiódorovich Kerenski, 1917) “Vosotros, bolcheviques, que proponéis expedientes tan primitivos -¡detened, matad, destruid!-, ¿qué sois, socialistas o policías del antiguo régimen? Nos recomendáis que sigamos la senda de la revolución francesa de 1792: recomendáis el camino para la futura desorganización del país… Si, con la ayuda de la reacción conseguís destruir nuestro poder, lo que acabaréis teniendo será un auténtico dictador”.

Éste enfrentamiento entre el gobierno provisional y los bolcheviques sólo podía terminar de una forma: con una intentona revolucionaria por parte de éstos últimos. Todos eran conscientes de que Lenin había vuelto a Rusia para hacer la revolución, de que el partido bolchevique no buscaba otra cosa que derrocar al gobierno provisional. De esta manera, el día en que esto sucediera tenía que acabar llegando. Y así fue, en julio de 1917 los bolcheviques fracasaron en su intento de tomar el poder, y, por consiguiente, sus principales líderes tuvieron que exiliarse. Sin embargo, como bien indicaba Stalin en los días posteriores, la lucha no había hecho más que empezar:

(Iósiv Vissariónovich Dzhugashvili Stalin, 23 de julio de 1917) “Los levantamientos del 16 y 17 de julio han servido para agudizar la crisis. Fue Karl Marx quien afirmó que cada paso delante de la revolución es seguido por otro paso de la contrarrevolución. Considerando los levantamientos como un paso adelante, los bolcheviques aceptamos el honor de que los socialistas renegados nos los atribuyan… Ha terminado la etapa pacífica de la revolución y ha empezado una nueva, un periodo de conflictos enconados y enfrentamientos; la vida continuará siendo agitada, se sucederán las crisis, los soldados y los obreros no se callarán…”

De Kornilov a Octubre

El levantamiento reaccionario de Lavr Georgevich Kornilov dio una nueva oportunidad a los revolucionarios. Éste, en lugar de lograr sus objetivos, favoreció el triunfo del bolchevismo, ya que el gobierno, acosado por las fuerzas de la reacción, tuvo que apoyarse en los activistas del partido de Lenin. De esta manera, una vez alejado el fantasma de Lavr Kornilov, el gobierno provisional quedó prácticamente a merced de los bolcheviques, que habían sido armados para repeler el levantamiento militar. Gracias a los reaccionarios, los revolucionarios, que en su mayoría habían regresado del exilio, estaban en situación de intentar un nuevo asalto al poder, hecho que Lenin percibió desde el primer instante:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, 12 de septiembre de 1917) “La insurrección de Kornilov era totalmente imprevisible en el momento y en la forma en que se ha producido; se puede decir que ha constituido un giro increíble en el curso de los acontecimientos. Como todo giro radical en los acontecimientos, exige una revisión y modificación de la táctica”.

En primer lugar, cabe plantearse por qué razón los bolcheviques, que iban a ratificar su control sobre los soviets el día 25 de octubre, decidieron llevar a cabo un golpe militar justamente el día anterior. La respuesta más lógica apunta a la cuestión de la legitimidad, del centro desde el que emana el poder. Si este emanaba de los soviets, entonces los bolcheviques, con o sin mayoría, tendrían que someterse a ellos. De ésta forma, mediante un Golpe de Estado, Lenin exigía todo el poder, no para los soviets, sino para los bolcheviques:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, 12 de octubre de 1917) “Esperar al Congreso de los Soviets es una idiotez porque eso significaría perder semanas en un asunto en el que, ya no las semanas, sino los días, son decisivos”.

A la hora de preparar éste Golpe de Estado, Lenin tuvo muy en cuenta que debían cumplirse dos requisitos: que no fuera frenado dentro del bolchevismo, es decir, por las fuerzas internas más moderadas –Grigori Evseegrad Apfelbaum Zinoviev y Lev Borisovich Kamenev-; y que no se viera desbordado por las masas populares que apoyaban el derrocamiento del gobierno provisional. Una vez cumplidas estas condiciones, se fijó la fecha del Golpe para la noche del 24 al 25 de octubre, momento en el que los simpatizantes bolcheviques ocuparon una serie de puestos fundamentales para el control de san Petersburgo y del país. Lenin lo expresa claramente en el siguiente fragmento, era el momento idóneo para llevar a cabo la revolución:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, Obras completas) “El éxito de la insurrección está garantizado ahora para los bolcheviques por las siguientes razones: 1ª, que podemos lanzar un ataque repentino desde tres puntos, Petrogrado, Moscú y la Flota del Báltico; 2ª, que tenemos consignas que aseguran un amplio respaldo; 3ª, que disponemos de mayoría en todo el país; 4ª, que la desorganización de mencheviques y social-revolucionarios es total; 5ª, que estamos en condiciones técnicas de conquistar el poder en Moscú; 6ª, que tenemos miles de obreros y soldados armados en Petrogrado, que pueden adueñarse enseguida del Palacio de Invierno, del Estado Mayor General, de las centrales telefónicas y de las grandes imprentas. Nada podrá hacernos evacuar nuestras posiciones y, mientras tanto, se irá desarrollando dentro del ejército una campaña de agitación tal que las tropas se negaran a luchar contra nuestro gobierno de paz, tierra para los campesinos…”

Así se produjo el triunfo de la Revolución de octubre: con la toma de control por parte de los revolucionarios de los puntos de decisión. Esto vendría a corroborar la teoría de que los hechos de octubre fueron más una serie de actuaciones bien organizadas que un movimiento de masas, tal como afirmaba el mito comunista. No obstante, fuese una cosa o la otra, lo cierto es que los bolcheviques se hicieron con el poder, la revolución había triunfado:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin,16 de marzo de 1917) “Queridos camaradas, soldados, marineros y trabajadores: me siento feliz al saludaros en nombre de la victoriosa revolución rusa; de saludar en vosotros a la vanguardia del ejército proletario internacional… Ya no está lejos la hora en que, al llamamiento de nuestro camarada Karl Liebknecht, el pueblo volverá sus armas contra los capitalistas que le explotan… La revolución rusa, hechas por vosotros, ha abierto una nueva era ¡Viva la revolución socialista mundial!”

Paz y tierra

Tras la Revolución, Lenin cumplió una de sus promesas, poner todo el poder en manos de los soviets. Sin embargo, éste hecho escondía una realidad bien distinta, ya que, después de que las fuerzas más moderadas abandonasen los soviets, éstos estaban completamente controlados por los bolcheviques. Es decir, que Lenin, al entregar todo el poder a éstos organismos lo que estaba haciendo era dárselo a su propio partido. Además, con la creación de la figura del Comisario, el poder bolchevique sobre el Estado, la identificación de ambas entidades –Partido y Estado-, se acentuó notablemente. Otras dos medidas tomadas por los bolcheviques tras el triunfo revolucionario fueron:

– El acuerdo con Alemania; la Paz de Brest Litovsk ponía fin a la larga lucha que, de manera interesada, Lenin había mantenido con la Gran Guerra. A lo largo de esos tres años sus consignas habían sido claras, aquella era una guerra imperialista y capitalista, por tanto, el proletariado no debía secundarla. Los obreros debían unirse y volverse contra la clase dominante, hacerse con el control, convertir la guerra mundial en guerra civil. Más o menos, en todos los discursos de los años anteriores, venía a repetir lo que en éste fragmento nos narra Nikolai Bujarin:

(Nikolai Ivanovich Bujarin, Memorias) “Ilich paseaba a grandes zancadas, arriba y abajo, como un tigre enfurecido e indomable. Profundamente sagaz, aquel profeta revolucionario no había desesperado ni un solo momento, jamás se había cruzado de brazos, presa del desaliento. Su primera consigna, en respuesta a la declaración de guerra iba dirigida a los soldados de todos los ejércitos: “¡Volved los fusiles contra vuestros oficiales!” Esta consigna nunca fue publicada; su forma más corriente llegó a ser ésta: “Convertid la guerra imperialista en guerra civil”.

– Nacionalizar la propiedad:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, discurso ante el Comité Central) “Creemos unánimemente que nuestro primer paso en el camino hacia el socialismo ha de ser la adopción de medidas como la nacionalización de la banca y de los trust de inversión”.

La ayuda del II Reich

La Revolución de octubre, y, en consecuencia, la paz de Brest-Litovsk, no hubiera sido posible sin la ayuda que los dirigentes alemanes prestaron a Lenin. Éstos, con el fin de desestabilizar Rusia, facilitaron en todo lo posible el desplazamiento de los principales bolcheviques desde su exilio suizo hasta los territorios rusos. En sus memorias el general Erich Ludendorff explica el porqué de la actuación alemana:

(Erich Ludendorff, Memorias de Guerra) “Nuestro Gobierno asumió una tremenda responsabilidad al enviar a Lenin a Rusia; pero, desde el punto de vista militar, su repatriación estaba justificada, pues era necesario hacer lo imposible por precipitar la caída de Rusia”.

También M. Hoffmann nos describe aquellos acontecimientos:

(M. Hoffmann, La guerra de las ocasiones perdidas) “Uno de nuestros hombres, que mantenía contactos con los revolucionarios rusos exiliados en Suiza, sugirió la idea de utilizar a varios de éstos para acelerar el proceso de socavación e intoxicación de la moral del ejército ruso. La expuso a Erzberger y al delegado del Ministerio de Asuntos Exteriores. Y de aquí salió el proyecto de transportar a Lenin a Petrogrado a través de Alemania del modo que más adelante se llevó a efecto”.

No es de extrañar, pues, que los enemigos de los bolcheviques acusasen a éstos de haber conspirado con los alemanes para derrotar a Rusia. Sin embargo, como se puede observar en el siguiente discurso, la visión de Lenin era bien distinta:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, 26 de noviembre de 1920) “Podría parecer que el resultado fue parecido a un contubernio entre la primera república socialista y el imperio alemán en contra de otro imperialismo. Pero no hubo alianza ni bloque de ningún género; no traspasamos los límites aceptados, minando o deshonrando al poder socialista, sino que sacamos provecho de la hostilidad entre los dos imperialismos, de tal forma que, a largo plazo, ambos salieron perdiendo. Alemania no sacó de la paz de Brest más que algunos miles de toneladas de trigo, pero introdujo la desintegración bolchevique dentro del país. Pero nosotros ganamos algún tiempo para ir poniendo a punto la creación del Ejército Rojo…”

La ruptura del consenso

Una vez alcanzado el poder los bolcheviques toparon con la oposición de aquellos grupos que les habían apoyado en el derrocamiento del gobierno provisional. La alianza circunstancial, la convergencia, de Lenin con los movimientos contrarios a la política de Alexandr Kerenski, se rompió bien pronto: cuando se vio claramente que los fines del bolchevismo no eran los mismos que los de los demás grupos revolucionarios. De esta forma, uno tras otro, vieron como sus exigencias no encontraban respuesta en el nuevo gobierno surgido tras la revolución:

– El campesinado; en los planes de Lenin sólo cabía un objetivo final claro: la nacionalización de esas tierras, y es evidente que el movimiento campesino no comulgaba con las ideas nacionalizadoras.

– Los soviets; el partido bolchevique ejerció un férreo control sobre ellos. Estos consejos de obreros se convirtieron en meros instrumentos del régimen subordinados a él. Tal como profetizaba el socialista francés Charles Rappaport, el triunfo bolchevique supuso el fin de la revolución:

(Charles Rappaport, 1914) “Todos reconocemos los logros y méritos de Lenin. Es un hombre con voluntad de hierro y un incomparable organizador de grupos. Pero se ve a sí mismo como el único socialista de verdad. Cualquiera que se oponga a él sufrirá su condenación eterna (…) No estoy adscrito a ninguna de las facciones enfrentadas, pero la experiencia de muchos años me lleva a la convicción de que la victoria de Lenin sería la mayor amenaza para la revolución rusa: Lenin la sujetaría tan apretadamente entre sus brazos que acabaría ahogándolas”.

– Las nacionalidades; salvo tímidas concesiones –en su mayoría impuestas por la paz de Brest Litovsk-, la nueva República Socialista tendió a ocupar el puesto del antiguo imperio de los zares, y, en consecuencia, a cumplir su misión. Sin embargo, en un principio la idea de Lenin distaba mucho de coincidir con el imperialismo zarista. Parece que las circunstancias le obligaron, como en tantos otros aspectos, a variar sus planes. Éste fragmento de las memorias de Litvak es un buen ejemplo de cual fue su primera intención:

(Litvak, Memorias de la Primera Guerra Mundial) “Quedamos asombrados de que Lenin propugnase amputar de Rusia los territorios periféricos: Ucrania, las provincias bálticas y demás. Cuando apunté que tenía que estar bromeando, que debía de haber querido decir autonomía y federación, pero seguramente no amputación del Báltico y el mar negro, dos arterias de la economía rusa, replicó que hablaba completamente en serio”.

De esta forma, todas aquellas consignas entonadas en los días revolucionarios -“paz, pan y tierra” o “todo el poder para los soviets-, quedaron, si no en el olvido, si transformadas en su mayor parte al gusto de los bolcheviques. Las promesas de los revolucionarios de octubre se cumplieron en gran medida, pero según el modo de entender de los bolcheviques, que dejaron a un lado a aquellos compañeros de revolución con los que sólo habían coincidido, circunstancialmente, en un periodo de tiempo muy corto. Esto vendría a confirmar la teoría, antes citada, de la escuela independiente.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Obras completas; Vladimir Ilich Lenin – Madrid – Akal – 1975.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.