El Tratado de Versalles


El Tratado contenía cláusulas territoriales y militares y estipulaba sanciones económicas. Sin embargo, lo peor fue que se obligó a Alemania a reconocer su culpabilidad en el inicio de la guerra y a pagar reparaciones por los daños causados, propiciando un sentimiento revanchista en Alemania.

Las ideas generales del Tratado fueron, esencialmente, tres:

  • El reconocimiento del principio de las nacionalidades, remodelando el mapa de Europa.
  • La implantación generalizada de las formas del republicanismo democrático, que no contribuyó a estabilizar los nuevos Estados.
  • El castigo a los derrotados, que incluía indemnizaciones económicas y pérdidas territoriales.

Las pérdidas territoriales de Alemania.

Alemania perdió el 15,5% de su territorio y un 10% de su población. Alsacia y Lorena pasaban a Francia, y El Sarre quedaba bajo administración de la Sociedad de Naciones durante quince años. Sus minas las explotaría Francia. Al finalizar ese periodo se celebraría un plebiscito para dilucidar dónde se integraría dicho territorio.

La zona de Tupen-Malmedy pasaba a Bélgica, mientras que algunos territorios de la Prusia occidental y el corredor del Danzig se asignaron a Polonia. Danzig se convertía en ciudad libre.

La zona de Memel pasaría a Lituania, y el ducado de Schleswig se dividió entre Dinamarca y Alemania. Por su parte, la Alta Silesia se dividió entre polacos y alemanes.

Además, Alemania perdía todas sus colonias, que fueron repartidas entre el Reino Unido, Francia y Japón como Mandatos.

Los alemanes pensaron que muchos de estos territorios les eran injustamente arrebatados al vivir en ellos un porcentaje elevado de población alemana.

Otros detalles del Tratado.

El ejército alemán tuvo que reducirse a 100.000 hombres, sin artillería ni aviación. Se suprimió el servicio militar obligatorio y se entregó la flota de guerra a los aliados. Además, Alemania debía entregar casi toda su flota mercante y ceder locomotoras, vagones, cables submarinos….

Una comisión fijó las indemnizaciones de guerra en 132.000 millones de marcos-oro. Para asegurar el pago, Francia exigió que sus tropas ocuparan la orilla izquierda del Rhin durante quince años.

Para los alemanes la pérdida del territorio era contraria a los Catorce Puntos de Wilson, las reparaciones fueron consideradas excesivas y el desarme una imposición. Estas ideas, que no fueron tenidas en consideración por los aliados, condicionaron todo el periodo de entreguerras, solicitando Alemania la revisión del Tratado de forma reiterada.

Las fases del conflicto: la Guerra de movimientos


El fracaso del plan alemán: agosto a diciembre de 1914.

El plan alemán preveía un derrota francesa en cuatro o seis semanas: el ataque se realizaría a través del territorio neutral de Bélgica. Posteriormente, el ejército alemán se dirigiría hacia el este para derrotar a los rusos, antes de que estos pudieran desplegar todas sus fuerzas.

Los alemanes penetraron profundamente en Francia hasta que tuvo lugar la batalla del Marne, donde el general Joffre hizo retroceder a los alemanes. El plan alemán de guerra breve –Plan Schlieffen- había fracasado.

Franceses y alemanes cavaron trincheras desde el mar del Norte hasta la frontera suiza. Este frente no se modificaría hasta la primavera de 1918.

La extensión de la guerra.

El fracaso alemán en el oeste se debió en parte a la penetración del ejército ruso en Prusia oriental, lo que provocó que Alemania tuviera que desplazar soldados allí. A pesar de la victoria alemana en Tannenberg, el frente ruso resistió.

El 23 de agosto de 1914 Japón se unió a la Entente para apoderarse de los archipiélagos alemanes del Pacífico. A su vez, el 1 de noviembre de 1914, Turquía se unió a los imperios centrales.

La posición ante la guerra en el interior de los países: la Unión Sagrada.

Los gobiernos europeos intentaron la unión de las fuerzas políticas y sociales para olvidar las discrepancias, apoyar a las tropas y mantener a la población civil con la moral alta. Los socialistas de todos los países, excepto los bolcheviques, aceptaron la guerra. Esta actitud se llamó la Unión Sagrada de los socialistas con la burguesía.

Las potencias extra-europeas: los EE.UU. y Japón


El siglo XIX vio crecer el poder de dos Estados extraeuropeas destinados a convertirse en dos grandes potencias a lo largo del siglo XX: los Estados Unidos y Japón.

Estos dos países reclamaron su papel en la conquista colonial, y lo hicieron sobre todo en el área que creían que le correspondía con más derechos que a los europeos. Los japoneses veían en el Pacífico y en la parte oriental del continente asiático su área natural de expansión. Los EE.UU. tenían como principal objetivo el dominio económico del continente americano, según las bases de la Doctrina Monroe.

Fue en estas dos zonas donde intentaron ocupar el lugar de las potencias europeas.

Gracias a su potencial económico -en 1913 poseía el 36% de la producción industrial del mundo-, Estados Unidos se consideró preparado para iniciar su expansión territorial. De esta manera, en el último tercio del siglo XIX, marcó las líneas maestras de su política colonial.

En primer lugar, se trató de un imperialismo de proximidad: América Central, América del Sur y el Caribe fueron las regiones que recibieron más directamente su influencia. Además, presentó una segunda originalidad que lo diferenciaba del imperialismo europeo y que anunciaba el tipo de dominio colonial del siglo XX: el neocolonialismo. Este se caracterizaba, no tanto por la conquista territorial y el control político directo, sino por la influencia y la sumisión económica.

Los norteamericanos estuvieron interesados en dominar determinados países y en someterlos a sus intereses económicos. Para ello utilizaron los gobiernos débiles y corruptos de las oligarquías locales y, en ocasiones, la intervención militar. Así, hacia 1870 comenzó la expansión de sus intereses financieros en la zona del Caribe, creando lo que se llamó el “área dólar”.

En 1898, con la excusa de la voladura del acorazado “Maine”, declararon la guerra a España y destruyeron su armada en Cuba y Filipinas. España se vio obligada a reconocer la independencia de Cuba y cedió Puerto Rico y Filipinas a EE.UU. También en 1898 los norteamericanos ocuparon las islas Hawai, en el Pacífico.

Japón inició su industrialización a partir de la revolución Meiji (1867-1912) y, en paralelo a su crecimiento económico, comenzó su expansión territorial.

La necesidad de proveerse de materias primas, vitales para un país falto de recursos naturales, y la búsqueda de mercados para sus productos, condujeron a Japón por la senda del colonialismo. Así, la intervención japonesa en Corea provocó la guerra con China (1894-1895), que fue derrotada y tuvo que ceder a los japoneses Formosa y Port Arthur. A su vez, China tuvo que renunciar a la soberanía sobre Corea, que se convirtió en zona de influencia nipona.

El expansionismo japonés chocó también con los intereses rusos en la zona, lo que provocó un enfrentamiento entre ambos en 1904 y 1905, con una sorprendente victoria de Japón. Esta victoria, además de otorgarle el control incuestionable sobre Corea y Manchuria, supuso la entrada de Japón en el club de las potencias imperialistas, en pie de igualdad con las europeas.

Las conquistas de la Rusia zarista


Durante buena parte del siglo XIX, el expansionismo ruso había tenido como objetivo primordial los Balcanes y el Mediterráneo Oriental, buscando siempre una necesaria salida al mar.

Esta política se convirtió en objetivo prioritario durante el reinado del zar Nicolás I, hasta que la guerra de Crimea (1853-1856) puso fin, momentáneamente a estas ambiciones. Las potencias europeas, en términos generales, eran contrarias a que Rusia alcanzara su tan anhelada salida al mar por los Estrechos.

Esta situación obligaba a reestructurar la política exterior que, a partir de los años centrales del siglo, centró su área de expansión natural en Asia.

De forma paulatina pero continuada se fue llevando a cabo la implantación rusa en el continente asiático:

  • Primero, en la región montañosa del Cáucaso, sometida tras vencer la dura resistencia de la población indígena.
  • Simultáneamente, adelantando sus fronteras en Asia Central, hasta situarlas entre el Caspio, el Aral y el Balkach.
  • A continuación fueron las fértiles regiones del Turquestán las que atrajeron su interés, sometiendo mediante una continuada campaña a sus ciudades más importantes.
  • Al comenzar los años setenta, todo el Turquestán había quedado bajo su área de influencia, que pretendía extenderse ahora hacia las zonas montañosas del Pamir.

La potencia más afectada por el expansionismo ruso por Asia era, sin lugar a dudas, Inglaterra. Por una parte, aumentaba el peligro sobre Turquía, a la que los británicos deseaban conservar inmune. Por otra, sus propios intereses en la India podían peligrar ante aquella inquietante vecindad.

Finalmente, se ponía en juego el área de influencia sobre Persia. Este antiquísimo imperio, postrado política y económicamente y, por tanto, vulnerable a la dependencia exterior, era una codiciada presa. Tanto ingleses como rusos deseaban obtener de Teherán concesiones de tipo económico, dando lugar esta situación a tensiones y recelos.

Inglaterra deseaba delimitar perfectamente su zona de influencia en esa parte del globo, evitando injerencias externar. Su dominio sobre Afganistán le permitió establecer un Estado-tapón que defendiera sus intereses en Asia Central.

Con todo ello, el Imperio ruso tuvo que desplazar su línea de actuación hacia Extremo Oriente, o sea, hacia la costa del Pacífico. Dentro de esta política estaría la colonización de Siberia, la cesión por parte de China de los territorios situados al norte del río Amur y la obtención de la zona costera entre este río y Corea. Justamente en ese enclave los rusos fundaron Vladivostok.

Su atención se centró entonces en China, de la que consiguió importantes concesiones como la construcción de vías férreas en este país y la entrega de Port Arthur. Con ello, Rusia consiguió su largo deseo de obtener una salida al mar.

Sin embargo, su presencia en Extremo Oriente se vería pronto amenazada por un expansionismo emergente: el del Japón.

¿Cómo se formó el Imperio ruso?


[CONQUISTAS] DE LA RUSIA ZARISTA

Durante buena parte del siglo XIX, el expansionismo ruso había tenido como objetivo primordial los Balcanes y el Mediterráneo Oriental, buscando siempre una necesaria salida al mar.

Esta política se convirtió en objetivo prioritario durante el reinado del zar Nicolás I, hasta que la guerra de Crimea (1853-1856) puso fin, momentáneamente a estas ambiciones. Las potencias europeas, en términos generales, eran contrarias a que Rusia alcanzara su tan anhelada salida al mar por los Estrechos.

Esta situación obligaba a reestructurar la política exterior que, a partir de los años centrales del siglo, centró su área de expansión natural en Asia.

De forma paulatina pero continuada se fue llevando a cabo la implantación rusa en el continente asiático:

  • Primero, en la región montañosa del Cáucaso, sometida tras vencer la dura resistencia de la población indígena.
  • Simultáneamente, adelantando sus fronteras en Asia Central, hasta situarlas entre el Caspio, el Aral y el Balkach.
  • A continuación fueron las fértiles regiones del Turquestán las que atrajeron su interés, sometiendo mediante una continuada campaña a sus ciudades más importantes.
  • Al comenzar los años setenta, todo el Turquestán había quedado bajo su área de influencia, que pretendía extenderse ahora hacia las zonas montañosas del Pamir.

La potencia más afectada por el expansionismo ruso por Asia era, sin lugar a dudas, Inglaterra. Por una parte, aumentaba el peligro sobre Turquía, a la que los británicos deseaban conservar inmune. Por otra, sus propios intereses en la India podían peligrar ante aquella inquietante vecindad.

Finalmente, se ponía en juego el área de influencia sobre Persia. Este antiquísimo imperio, postrado política y económicamente y, por tanto, vulnerable a la dependencia exterior, era una codiciada presa. Tanto ingleses como rusos deseaban obtener de Teherán concesiones de tipo económico, dando lugar esta situación a tensiones y recelos.

Inglaterra deseaba delimitar perfectamente su zona de influencia en esa parte del globo, evitando injerencias externar. Su dominio sobre Afganistán le permitió establecer un Estado-tapón que defendiera sus intereses en Asia Central.

Con todo ello, el Imperio ruso tuvo que desplazar su línea de actuación hacia Extremo Oriente, o sea, hacia la costa del Pacífico. Dentro de esta política estaría la colonización de Siberia, la cesión por parte de China de los territorios situados al norte del río Amur y la obtención de la zona costera entre este río y Corea. Justamente en ese enclave los rusos fundaron Vladivostok.

Su atención se centró entonces en China, de la que consiguió importantes concesiones como la construcción de vías férreas en este país y la entrega de Port Arthur. Con ello, Rusia consiguió su largo deseo de obtener una salida al mar.

Sin embargo, su presencia en Extremo Oriente se vería pronto amenazada por un expansionismo emergente: el del Japón.

[VÍDEO] SOBRE LA TEMÁTICA

[APRENDE] AÚN MÁS:

🔴 ¿Qué pasó en la Primera Revolución Industrial?
🔴 ¿Cuáles son las principales características de la segunda revolución industrial?
🔴 ¿Qué características tenía la sociedad de clases?
🔴 ¿Cuáles son las fases del movimiento obrero?
🔴 ¿Qué diferencia hay entre el marxismo y el anarquismo?

Europa a finales del siglo XIX


Al tiempo que se desarrollaba la expansión imperialista, cada una de las potencias europeas desarrolla su propia política internacional -rivalidades, alianzas y conflictos bélicos- dentro del Viejo Continente. A esa cuestión, así como a la situación interna de esos estados, está dedicado este conjunto de vídeos. Iniciamos el repaso con una breve introducción, para pasar después a desarrollar la Inglaterra Victoriana, la Tercera República Francesa, el Segundo Reich Alemán, la Rusia de los zares, el Imperio Austrohúngaro y el territorio otomano. Esto se complementa con otros vídeos dedicados a potencias no europeas, como los EE.UU., Japón y China.

 

Panorama general de las potencias imperialistas


Al comenzar la gran época expansionista sobrevivían, disminuidos, aquellos viejos imperios que se situaron a la cabeza en otros momentos de la historia. Era el caso, fundamentalmente, de España, pero también de Portugal e incluso de Holanda.

Por otro lado, se perfilaban ya los que serían grandes imperios, el británico y el francés, que aunque sufrieron pérdidas a finales del XVIII, se recuperaron con creces en la centuria siguiente.

Finalmente, entre los nuevos imperios, estarían también aquellos que, por primera vez en su historia, se lanzaban a la aventura colonial: Bélgica, Alemania, Italia, Rusia, Estados Unidos y Japón.

¿Cuáles fueron las principales potencias imperialistas del siglo XIX?


[PANORAMA] GENERAL DE LOS PAÍSES IMPERIALISTAS

Al comenzar la gran época expansionista sobrevivían, disminuidos, aquellos viejos imperios que se situaron a la cabeza en otros momentos de la historia. Era el caso, fundamentalmente, de España, pero también de Portugal e incluso de Holanda.

Por otro lado, se perfilaban ya los que serían grandes imperios, el británico y el francés, que aunque sufrieron pérdidas a finales del XVIII, se recuperaron con creces en la centuria siguiente.

Finalmente, entre los nuevos imperios, estarían también aquellos que, por primera vez en su historia, se lanzaban a la aventura colonial: Bélgica, Alemania, Italia, Rusia, Estados Unidos y Japón.

[VÍDEO] SOBRE LA TEMÁTICA

[INFORMACIÓN] PARA AMPLIAR

El fenómeno colonizador -es decir, el asentamiento de población en un territorio para controlar su política, economía y cultura- no es exclusivo del siglo XIX, sino que se ha dado a lo largo de prácticamente toda la historia de la humanidad. Sin embargo, durante la segunda mitad de esa centuria, este proceso adquirió una nueva dimensión -un nuevo significado- que nos permite hablar de Imperialismo como un concepto distinto a colonialismo. Este vendría definido por una intensificación del control de los países occidentales sobre el resto del mundo.

Precisamente, la primera característica que hay que destacar del imperialismo es que afectó a un cuarto del territorio mundial. Y, de manera especial, a los continentes de África y Asia, donde hasta el momento la presencia de las potencias europeas había sido muy reducida. A esto se ha de añadir la existencia de dos países iniciadores del proceso, Gran Bretaña y Francia, a los que posteriormente se unieron otros, como fue el caso de Alemania, Rusia, los Países Bajos, Bélgica e Italia entre otros. También es preciso señalar la participación en el proceso de dos potencias no europeas, los Estados Unidos y Japón. Por último, la administración de las colonias presento diversas formas en función de los países a los que nos refiramos. De esta manera, se puede hablar de colonias de poblamiento, bases estratégicas, protectorados, mandatos, etc.

[APRENDE] AÚN MÁS:

🔴 ¿Qué pasó en la Primera Revolución Industrial?
🔴 ¿Cuáles son las principales características de la segunda revolución industrial?
🔴 ¿Qué características tenía la sociedad de clases?
🔴 ¿Cuáles son las fases del movimiento obrero?
🔴 ¿Qué diferencia hay entre el marxismo y el anarquismo?

Introducción al imperialismo


Como ocurre con frecuencia en la historia, para llegar a comprender en su totalidad un fenómeno planteado y desarrollado en un momento concreto, hay que dar marcha atrás en el tiempo y buscar las claves que lo han propiciado e impulsado.

Esto ocurre, sin duda, en el proceso de expansión europea que se pone en marcha en torno a 1880.

En este caso, esa marcha atrás nos sitúa en el inicio de los años setenta, en ese momentos histórico que marca el comienzo de una nueva época para el mundo occidental:

  • En líneas generales, cabe afirmar que entre esa fecha (1870-1871) y el comienzo de la I Guerra Mundial (1914-1918), el continente europeo alcanzó su máxima plenitud en todos los sentidos.
  • En el terreno político, se había dado fin al ciclo de las revoluciones liberales y burguesas, aspirándose, por el momento, a consolidar la estabilidad conseguida.
    Antes de iniciarse un nuevo proceso reivindicativo, protagonizado en este caso por el proletariado.
  • En el económico, se disfrutaba de los beneficios de haber iniciado en su seno un proceso de industrialización, conocido como “segunda revolución industrial”.
  • Estrechamente ligado a esta, se produjo un espectacular desarrollo de la ciencia y de la técnica, posibilitado por una investigación sistemática y en profundidad. Esto sirvió a su vez de base y de apoyo para seguir avanzando en el camino del desarrollo y el progreso.
  • Finalmente, también el nivel alcanzado por la cultura y la civilización en Europa fue importante, como consecuencia del proceso de evolución y maduración iniciado a comienzos del XIX.
Por todo ello, el europeo se sentía orgulloso de sí mismo y del marco en el que se desarrollaba su existencia.

Es más, se sentía superior a los habitantes de otros continentes y a los hombres de otras razas. En cierta manera, quería transmitirles todo aquello que considera un triunfo de su civilización. Al tiempo que se veía presionado por una serie de circunstancias de tipo político o estratégico y económico que surgieron como consecuencia del desarrollo.

La unión de estos dos factores desembocó en el fenómeno del expansionismo europeo, que tuvo consecuencias tan trascendentales y negativas para la propia estabilidad de Europa. Con el dominio sobre amplios territorios de ultramar, los países europeos no hicieron más que trasladar y agudizar las tensiones existentes en su propio suelo.

El afán de no quedar rezagado, perdiendo por tanto una parte de protagonismo, llevó a todos estos países a iniciar una auténtica carrera expansionista.

A esta se unieron, a partir de 1894, los Estados Unidos y Japón.

Por todo ello, el inicial colonialismo europeo derivó hacia un auténtico imperialismo que, en definitiva, marcó el principio del fin de la hegemonía europea.

En resumen, el imperialismo se puede considerar como un fenómeno histórico propiciado por la relación de las grandes potencias con aquellos Estados o zonas menos desarrolladas, ya sea bajo dominio económico o militar.

La fase de la expansión colonial que se inició en los años setenta llegando hasta vísperas de la contienda mundial constituye el periodo de máxima hegemonía europea.

¿Qué es el imperialismo?


[EL IMPERIALISMO] DEL SIGLO XIX

Como ocurre con frecuencia en la historia, para llegar a comprender en su totalidad un fenómeno planteado y desarrollado en un momento concreto, hay que dar marcha atrás en el tiempo y buscar las claves que lo han propiciado e impulsado.

Esto ocurre, sin duda, en el proceso de expansión europea que se pone en marcha en torno a 1880.

En este caso, esa marcha atrás nos sitúa en el inicio de los años setenta, en ese momentos histórico que marca el comienzo de una nueva época para el mundo occidental:

  • En líneas generales, cabe afirmar que entre esa fecha (1870-1871) y el comienzo de la I Guerra Mundial (1914-1918), el continente europeo alcanzó su máxima plenitud en todos los sentidos.
  • En el terreno político, se había dado fin al ciclo de las revoluciones liberales y burguesas, aspirándose, por el momento, a consolidar la estabilidad conseguida.
    Antes de iniciarse un nuevo proceso reivindicativo, protagonizado en este caso por el proletariado.
  • En el económico, se disfrutaba de los beneficios de haber iniciado en su seno un proceso de industrialización, conocido como “segunda revolución industrial”.
  • Estrechamente ligado a esta, se produjo un espectacular desarrollo de la ciencia y de la técnica, posibilitado por una investigación sistemática y en profundidad. Esto sirvió a su vez de base y de apoyo para seguir avanzando en el camino del desarrollo y el progreso.
  • Finalmente, también el nivel alcanzado por la cultura y la civilización en Europa fue importante, como consecuencia del proceso de evolución y maduración iniciado a comienzos del XIX.
Por todo ello, el europeo se sentía orgulloso de sí mismo y del marco en el que se desarrollaba su existencia.

Es más, se sentía superior a los habitantes de otros continentes y a los hombres de otras razas. En cierta manera, quería transmitirles todo aquello que considera un triunfo de su civilización. Al tiempo que se veía presionado por una serie de circunstancias de tipo político o estratégico y económico que surgieron como consecuencia del desarrollo.

La unión de estos dos factores desembocó en el fenómeno del expansionismo europeo, que tuvo consecuencias tan trascendentales y negativas para la propia estabilidad de Europa. Con el dominio sobre amplios territorios de ultramar, los países europeos no hicieron más que trasladar y agudizar las tensiones existentes en su propio suelo.

El afán de no quedar rezagado, perdiendo por tanto una parte de protagonismo, llevó a todos estos países a iniciar una auténtica carrera expansionista.

A esta se unieron, a partir de 1894, los Estados Unidos y Japón.

Por todo ello, el inicial colonialismo europeo derivó hacia un auténtico imperialismo que, en definitiva, marcó el principio del fin de la hegemonía europea.

En resumen, el imperialismo se puede considerar como un fenómeno histórico propiciado por la relación de las grandes potencias con aquellos Estados o zonas menos desarrolladas, ya sea bajo dominio económico o militar.

La fase de la expansión colonial que se inició en los años setenta llegando hasta vísperas de la contienda mundial constituye el periodo de máxima hegemonía europea.

[VÍDEO] SOBRE LA TEMÁTICA

[INFORMACIÓN] PARA AMPLIAR

Las relaciones iniciales entre los europeos y sus futuras colonias fueron de carácter económico. A lo largo del siglo XIX, las potencias occidentales -y, de manera especial, Gran Bretaña y Francia- ejercieron el control sobre la economía de otros territorios a través de préstamos, acuerdos comerciales y construcción de infraestructuras. El paso siguiente fue el control territorial y político: su conversión en colonias. Los europeos establecieron su dominio sobre otras regiones a través de las siguientes fórmulas:

  • Conquista y administración directa del territorio por la potencia occidental que dominaba una colonia, comúnmente conocida como metrópoli.
  • El protectorado se caracterizó por respetar las estructuras de gobierno local. Si bien la metrópoli participaba de manera activa en las decisiones importantes a través de un representante, ya fuera diplomático o militar.
  • La modalidad de bases económicas se basaba en el control de la economía de unos países supuestamente independientes desde el punto de vista político.
  • Las bases de carácter estratégico eran pequeños enclaves que permitían controlar las rutas comerciales y, en caso de conflicto bélico, el traslado de tropas y armas.
  • Las colonias de poblamiento eran aquellos territorios dominados por los europeos que recibieron una gran cantidad de migrantes. El traslado de europeos a esos lugares podía ser espontáneo; es decir, que la gente decidiera por algún motivo irse a esos territorios. Sin embargo, en muchos casos eran las potencias occidentales las que fomentaban el traslado de población a un determinado territorio con el fin de controlarlo mejor y para contrarrestar el poder indígena.
  • Existió un sexto modelo colonial, los llamados mandatos de la Sociedad de Naciones. No obstante, al ser un fenómeno que se dio después de la Primera Guerra Mundial, y que está asociado fundamentalmente a la desmembración del Imperio Otomano, lo dejaremos para futuras explicaciones.

[APRENDE] AÚN MÁS:

🔴 ¿Qué pasó en la Primera Revolución Industrial?
🔴 ¿Cuáles son las principales características de la segunda revolución industrial?
🔴 ¿Qué características tenía la sociedad de clases?
🔴 ¿Cuáles son las fases del movimiento obrero?
🔴 ¿Qué diferencia hay entre el marxismo y el anarquismo?