La Rusia de los zares: población y territorio


A comienzos del siglo XX, el Imperio Ruso era, aparentemente, grande y poderoso. Se extendía sobre un territorio de casi 22 millones de kilómetros cuadrados y tenía una población aproximada de 170 millones de habitantes.

El inmenso Imperio de los zares se extendía desde el centro de Europa hasta el océano Pacífico. La parte asiática de Siberia era prácticamente un desierto despoblado, mientras que en la parte europea se concentraba la mayoría de la población y de las actividades económicas.

El Imperio agrupaba a una serie de pueblos muy diversos, que englobaban 91 nacionalidades y un número de etnias todavía mayor. Predominaban los eslavos, que estaban divididos en rusos (44%), ucranianos (17%), polacos (6%) y bielorrusos (4%). Entre las minorías más importantes destacaban los turcos (10%), judíos (4%), finlandeses (2%) y alemanes (1%)

En Transcaucásica los habitantes eran georgianos y armenios, mientras que en Asia central había población de origen turco. En las regiones polares y las estepas vivían pueblos de raza amarilla, descendientes de las poblaciones de mongoles.

Esta fuerza, no obstante, era más aparente que real, pues su estructura social y económica reflejaba un gran desequilibrio entre:

  • Una Rusia arcaica y rural, numéricamente importante.
  • Una Rusia, muy localizada y minoritaria, que se industrializaba rápidamente.
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El Tratado de Versalles


El Tratado contenía cláusulas territoriales y militares y estipulaba sanciones económicas. Sin embargo, lo peor fue que se obligó a Alemania a reconocer su culpabilidad en el inicio de la guerra y a pagar reparaciones por los daños causados, propiciando un sentimiento revanchista en Alemania.

Las ideas generales del Tratado fueron, esencialmente, tres:

  • El reconocimiento del principio de las nacionalidades, remodelando el mapa de Europa.
  • La implantación generalizada de las formas del republicanismo democrático, que no contribuyó a estabilizar los nuevos Estados.
  • El castigo a los derrotados, que incluía indemnizaciones económicas y pérdidas territoriales.

Las pérdidas territoriales de Alemania.

Alemania perdió el 15,5% de su territorio y un 10% de su población. Alsacia y Lorena pasaban a Francia, y El Sarre quedaba bajo administración de la Sociedad de Naciones durante quince años. Sus minas las explotaría Francia. Al finalizar ese periodo se celebraría un plebiscito para dilucidar dónde se integraría dicho territorio.

La zona de Tupen-Malmedy pasaba a Bélgica, mientras que algunos territorios de la Prusia occidental y el corredor del Danzig se asignaron a Polonia. Danzig se convertía en ciudad libre.

La zona de Memel pasaría a Lituania, y el ducado de Schleswig se dividió entre Dinamarca y Alemania. Por su parte, la Alta Silesia se dividió entre polacos y alemanes.

Además, Alemania perdía todas sus colonias, que fueron repartidas entre el Reino Unido, Francia y Japón como Mandatos.

Los alemanes pensaron que muchos de estos territorios les eran injustamente arrebatados al vivir en ellos un porcentaje elevado de población alemana.

Otros detalles del Tratado.

El ejército alemán tuvo que reducirse a 100.000 hombres, sin artillería ni aviación. Se suprimió el servicio militar obligatorio y se entregó la flota de guerra a los aliados. Además, Alemania debía entregar casi toda su flota mercante y ceder locomotoras, vagones, cables submarinos….

Una comisión fijó las indemnizaciones de guerra en 132.000 millones de marcos-oro. Para asegurar el pago, Francia exigió que sus tropas ocuparan la orilla izquierda del Rhin durante quince años.

Para los alemanes la pérdida del territorio era contraria a los Catorce Puntos de Wilson, las reparaciones fueron consideradas excesivas y el desarme una imposición. Estas ideas, que no fueron tenidas en consideración por los aliados, condicionaron todo el periodo de entreguerras, solicitando Alemania la revisión del Tratado de forma reiterada.