Las potencias extra-europeas: los EE.UU. y Japón


[IMPERIALISMO] NORTEAMERICANO Y JAPONÉS

El siglo XIX vio crecer el poder de dos Estados extraeuropeas destinados a convertirse en dos grandes potencias a lo largo del siglo XX: los Estados Unidos y Japón.

Estos dos países reclamaron su papel en la conquista colonial, y lo hicieron sobre todo en el área que creían que le correspondía con más derechos que a los europeos. Los japoneses veían en el Pacífico y en la parte oriental del continente asiático su área natural de expansión. Los EE.UU. tenían como principal objetivo el dominio económico del continente americano, según las bases de la Doctrina Monroe.

Fue en estas dos zonas donde intentaron ocupar el lugar de las potencias europeas.

Gracias a su potencial económico -en 1913 poseía el 36% de la producción industrial del mundo-, Estados Unidos se consideró preparado para iniciar su expansión territorial. De esta manera, en el último tercio del siglo XIX, marcó las líneas maestras de su política colonial.

En primer lugar, se trató de un imperialismo de proximidad: América Central, América del Sur y el Caribe fueron las regiones que recibieron más directamente su influencia. Además, presentó una segunda originalidad que lo diferenciaba del imperialismo europeo y que anunciaba el tipo de dominio colonial del siglo XX: el neocolonialismo. Este se caracterizaba, no tanto por la conquista territorial y el control político directo, sino por la influencia y la sumisión económica.

Los norteamericanos estuvieron interesados en dominar determinados países y en someterlos a sus intereses económicos. Para ello utilizaron los gobiernos débiles y corruptos de las oligarquías locales y, en ocasiones, la intervención militar. Así, hacia 1870 comenzó la expansión de sus intereses financieros en la zona del Caribe, creando lo que se llamó el “área dólar”.

En 1898, con la excusa de la voladura del acorazado “Maine”, declararon la guerra a España y destruyeron su armada en Cuba y Filipinas. España se vio obligada a reconocer la independencia de Cuba y cedió Puerto Rico y Filipinas a EE.UU. También en 1898 los norteamericanos ocuparon las islas Hawai, en el Pacífico.

Japón inició su industrialización a partir de la revolución Meiji (1867-1912) y, en paralelo a su crecimiento económico, comenzó su expansión territorial.

La necesidad de proveerse de materias primas, vitales para un país falto de recursos naturales, y la búsqueda de mercados para sus productos, condujeron a Japón por la senda del colonialismo. Así, la intervención japonesa en Corea provocó la guerra con China (1894-1895), que fue derrotada y tuvo que ceder a los japoneses Formosa y Port Arthur. A su vez, China tuvo que renunciar a la soberanía sobre Corea, que se convirtió en zona de influencia nipona.

El expansionismo japonés chocó también con los intereses rusos en la zona, lo que provocó un enfrentamiento entre ambos en 1904 y 1905, con una sorprendente victoria de Japón. Esta victoria, además de otorgarle el control incuestionable sobre Corea y Manchuria, supuso la entrada de Japón en el club de las potencias imperialistas, en pie de igualdad con las europeas.

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El Japón contemporáneo hasta 1945

Artículo publicado por Historia en Presente el 10 de julio de 2008.


La semana pasada publicaba un artículo sobre la Historia de China entre 1800 y 1949. En esta ocasión, teniendo en cuenta la intensa relación entre el gigante asiático y sus vecinos nipones, me he decidido a escribir algo acerca de Japón en esas mismas fechas. Como se comprueba a lo largo de las siguientes líneas, las referencias a China son constantes.

Japón a comienzos del siglo XIX

Japón era a principios del periodo contemporáneo un país agrícola. Sin embargo, aunque era heredero cultural de China, no estaba tan lastrado por la tradición como esta. La estructura japonesa, que presentaba rasgos propios de la jerarquización feudal, estaba abierta a un rápido desarrollo; tan sólo era necesario ponerlo en marcha. Hemos dicho que Japón debía buena parte de su identidad a la aportación del gigante continental.

No obstante, a diferencia de los chinos, los japoneses no despreciaban las virtudes militares, sino todo lo contrario. Además, aunque existía un rechazo al extranjero, veían con buenos ojos la práctica del comercio, que era controlado por el grupo de los daimíos.

La evolución japonesa es análoga a la de China. A lo largo de este periodo Japón hace concesiones a los países industrializados: cede una base a los holandeses en Nagasaki, permite la entrada de los norteamericanos en 1853, y otorga privilegios a Rusia tras ser derrotada militarmente. No obstante, en lugar de cerrarse más sobre sí mismo, tal como tendió a hacer el gobierno chino, Japón se sume en una profunda crisis. El final de esta marcó el comienzo del desarrollo de los nipones hasta llegar a convertirse en una gran potencia industrial, diplomática y militar.

La formación del imperio japonés: ruptura del aislacionismo

Tras la crisis originada por las derrotas y concesiones comerciales de la década de 1850, Japón emprendió el camino del desarrollo; un avance que le iba a equiparar en pocas décadas a las potencias occidentales. De esta forma, en la guerra que le enfrentó a China por el control de Corea y Manchuria (1894-1895), los japoneses obtuvieron un rápida y sorprendente victoria.

El éxito militar se repitió en el conflicto de 1904-1905 con Rusia por idénticos territorios. Cinco años más tarde, en 1910, Japón se anexionó Corea, y en 1914, aprovechando la Gran Guerra, las posesiones alemanas en el Océano Pacífico. Finalmente, los japoneses presentaron a China en 1915 una lista de veintiún peticiones. La aceptación de la misma suponía de hecho el control de la nación nipona sobre el gigante continental.

Las causas del imperialismo japonés que acabamos de describir hemos de buscarlas en la Revolución Meiji, que afectó a casi todos los campos de la vida política, económica, social y cultural de Japón.

A este hecho hemos de añadir la explosión demográfica experimentada por el país, el aumento de la producción de arroz y las consiguientes ganancias vía exportación, el rápido desarrollo industrial de esos años, las indemnizaciones de guerra aportadas por las naciones derrotadas… Además, los japoneses tomaron conciencia de que la escasez de materias primas en su propio territorio les obligaba a importarlas y, por tanto, para equilibrar la balanza de pagos debían exportar productos manufacturados. En definitiva, este desarrollo le permitió a Japón llevar una política de rechazo a la presencia occidental en extremo oriente algo similar a la Doctrina Monroe norteamericana.

El expansionismo japonés

Tras la Gran Guerra (1914-1918), Japón se integró en las corrientes políticas de Occidente. Fue uno de los protagonistas de los tratados de paz, en los que, como potencia victoriosa, sacó compensaciones; eso sí, no tantas como las que esperaba, lo que le llevó a formar bloque con la irredenta Italia. Los japoneses se vieron arrastrados también por la oleada democrática-liberal que sacudió el globo tras el conflicto. Esto obligó al gobierno imperial a introducir ligeros cambios en su propio sistema político. No obstante, esos ideales democráticos fueron barridos por la crisis de los años treinta.

En esos años, el poder militar, que nunca había llegado a someterse a las autoridades civiles, tomó el poder tras un breve periodo de rumores y “ruido de sables”.

Con un gobierno semifascista en el poder, los japoneses invadieron Manchuria en el año 1931, estableciendo en este territorio un estado satélite. Posteriormente, envalentonados con el progresivo repliegue británico en el Pacífico, presentaron nuevas exigencias a la China de Chiang Kai-shek, a la que finalmente declararon la guerra en 1937. Este conflicto se solapó con la II Guerra Mundial, en la que Japón se integró en virtud del pacto Antikomintern firmado con la Alemania nacionalsocialista y la Italia fascista.

El declive de la potencia japonesa en la guerra se inició con el mayor de sus éxitos: el bombardeo de Pearl Harbour.

El enfrentamiento con los EE.UU., caracterizado por numerosos enfrentamientos en las numerosas islas del Pacífico, terminó en derrota tras la batalla de Midway y los ataques atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki en verano de 1945. En los acuerdos de Potsdam y Yalta se sancionaba la pérdida, por parte de Japón, de los territorios ocupados en China, Formosa y Corea. Además, los norteamericanos ocuparon varias islas en el Pacífico a costa del poder japonés, que era obligado a desmilitarizarse y a establecer un régimen democrático de estilo anglosajón.

Bibliografía

[1] Historia Universal Contemporánea I y II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[3] La creación de Japón 1853-1964; Ian Buruma – Barcelona – Mondadori– 2003.

[4] Historia del Japón I. El fin del shogunato y el Japón Meiji, 1853-1912; J. Mutel – Barcelona – Vicens Vives– 1972.

[5] Japón en el siglo XX: de imperio militar a potencia económica; Luis Eugenio Togores Sánchez – Madrid – Arco-Libros– 2000.

[6] Historia del nacionalismo; Hans Kohn – México – Fondo de Cultura Económica – 1984.