Introducción al periodo de entreguerras


El periodo de entreguerras (1919-1939) es una etapa en la que el deseo de regresar a la normalidad previa a la Gran Guerra se vio frustrado por la Gran Depresión, que evidenció que el mundo ya no volvería a ser el mismo. Después del conflicto bélico Europa había quedado en ruinas y endeudada, mientras que los EE.UU. había emergido como potencia mundial.

A una primera fase caracterizada por las dificultades de la posguerra en Europa y las tensiones derivadas de una paz gravosa para los países perdedores siguió otra de búsqueda de la concordia y de un orden mundial que asegurara la paz. Esta fase de recuperación económica se conoce como los «felices años veinte». Sin embargo, dicha etapa de expansión económica terminaría con el Crack de 1929, que se extendió al resto del mundo.

Desde 1929 la crisis y la necesidad de políticas proteccionistas favorecieron la aparición de regímenes totalitarios como el fascismo italiano o el nazismo alemán. Ni la Sociedad de Naciones, creada para mantener la paz, ni las democracias parlamentarias supieron frenar a tiempo los desmanes de la Alemania de Hitler. Este fue incumpliendo los tratados de paz y expandiendo sus fronteras ante la pasividad occidental.

El comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1939 puso fin a este periodo convulso que, en su afán por dejar atrás el horror de la Primera Guerra Mundial, condujo hacia un conflicto aún peor.

El Estado totalitario nazi: el Tercer Reich


Una vez con plenos poderes, Hitler legalizó la dictadura con la imposición de las siguientes leyes en 1933:

  • La Ley de Unificación de los Länder, que suprimía la estructura federal de la República de Weimar.
  • La Ley de Organización de la Burocracia, que excluía de la administración a los funcionarios no adeptos al régimen, así como a los no arios.

A su vez, diversas leyes fueron prohibiendo los partidos políticos, siendo el NSDAP el partido único del sistema. En la misma línea, los sindicatos fueron reemplazados por el Frente del Trabajo, órgano corporativista que debía representar los intereses comunes de obreros y patronos.

En abril de 1933 empezaron a funcionar los primeros campos de concentración a donde fueron a parar algo más de 30.000 opositores políticos del nuevo régimen.

Un año más tarde se creó la Gestapo, policía secreta del Estado, dirigida por Heinrich Himmler, jefe también de las SS.

Hitler, con el fin de ganarse la total adhesión del ejército y de los industriales, anunció el fin de la revolución nacional, poniendo fin a las SA por la vía legal y por la práctica (“Noche de los cuchillos largos”).

En agosto de 1934 murió Hindenburg, lo que dejó vía libre a Hitler para fusionar los poderes del presidente y del canciller en una única persona. En medio de este proceso, que contó con el apoyo del ejército y la gran industria, Hitler proclamó el nacimiento del Tercer Reich, mientras Alemania abandonaba la Sociedad de Naciones.

La instauración y desarrollo del Tercer Reich puede definirse, en lo político, como la tarea de desmantelamiento de todos los derechos civiles recogidos en la Constitución de 1919. Fueron sustituidos por el arbitrario gobierno del partido único y del líder carismático.

Uno de los elementos clave de la organización administrativa en el periodo nazi fue la fusión o solapamiento de los cargos estatales y los del partido. De manera que le correspondía al NSDAP el poder real en toda la organización del Estado.

Al Führer le correspondía el nombramiento y sustitución de todos los cargos en el partido y en cada uno de los niveles de la administración, así como el mando supremo del ejército. También proponía a los miembros del Reichstag, que eran votados por la población en una única lista del NSDAP.

Como en la Italia fascista, pero de manera más sistemática y eficaz, los dirigentes nazis monopolizaron los medios de información, la educación y el arte, con el fin de controlar las masas, especialmente a la juventud.

 

Al tiempo que se intenta forjar el “nuevo alemán”, la oposición intelectual emigraba y los judíos sufrían con mayor dureza las consecuencias del antisemitismo nazi a partir de la Kristalnacht de 1938.

El éxito en el plano económico, manifestado en el aumento de la producción y la práctica desaparición del desempleo, supuso la consolidación definitiva del nazismo. Se estimuló la iniciativa privada, se favoreció la concentración de empresas y el control de los trabajadores. Se llevó adelante un gran programa de obras públicas: red de autopistas, presas, electrificaciones…

Finalmente, en la segunda mitad de la década de 1930 Alemania comienza a dedicar cada vez más esfuerzos a la industria armamentística, al tiempo que se va reforzando la autarquía. Ambas medidas marcan el inicio del camino a la II Guerra Mundial, que internacionalmente seguirá el siguiente itinerario:

  • Remilitarización de Renania (1936).
  • Anexión de Austria: Anschluss (marzo de 1938).
  • Cuestión de los Sujetes (septiembre de 1938).
Después de la Conferencia de Münich (1938), donde pareció solucionarse la cuestión checoslovaca, el Tercer Reich se lanzaría contra Polonia con el sorprendente apoyo de la URSS.

La crisis de la República de Weimar


La gran crisis económica de 1929 abrió en Alemania una nueva etapa de dificultades políticas y sociales.

La repatriación masiva de capitales norteamericanos produjo la quiebra de bancos e industrias, un elevado número de parados (6 millones en 1932) y el empobrecimiento de amplias capas de la población.

La República de Weimar perdió a lo largo de esos años el escaso crédito popular que le quedaba, al tiempo que renacían los fantasmas de la posguerra. En las elecciones de 1932, los partidos de la Coalición de Weimar se hundieron, mientras que los nacionalsocialistas y los comunistas (KPD) se convertían en los grupos mayoritarios. En definitiva, los partidos antisistema ocupaban la mayor parte de los escaños del Reichstag.

 

A pesar del gran avance de los nazis, el Presidente de la República, el mariscal Hindenburg, se opuso, en un primer momento, a la designación de Hitler como canciller.
Sin embargo, las presiones de sus consejeros, del ejército, de la gran industria, así como el riesgo de un golpe de Estado acabaron con su oposición, nombrando a Hitler canciller el 30 de enero de 1933.

Este, como Mussolini, formó un gobierno de coalición con sólo dos ministros del NSDAP.
En pocos meses Hitler destruyó las instituciones de la República de Weimar.

Aprovechando el incendio del Reichstag, declaró fuera de la ley al Partido Comunista Alemán (KPD) y a los grupos de izquierda.

Además, aprovechando el artículo 48 de la Constitución de Weimar, obtuvo del Presidente un decreto por el que se declaraba el estado de emergencia. Los derechos y las libertades individuales quedaron suspendidas.

La aparición del nacionalsocialismo alemán


En 1919, el mecánico ferroviario Anton Dexler, fundó el Partido Obrero Alemán (DAP), al que pocos meses después se afilió Adolf Hitler. En 1920, ya bajo una notable influencia hitleriana, se aprobó el programa de 25 puntos del que pasó a denominarse Partido Obrero Nacional Socialista Alemán (NSDAP).

El programa del NSDAP abogaba, como el fascismo italiano, por un Estado nacional fuerte que suprimiese la lucha de clases mediante un socialismo nacional anticapitalista. Sin embargo, la idea clave del nacionalsocialismo era la preservación de la pureza racial y la eliminación de los enemigos de Alemania: Los socialistas (anticomunismo), los demócratas (antiparlamentarismo) y los judíos (antisemitismo).

Rechazaban con energía el Tratado de Versalles y perseguían la unión de todos los alemanes en una Gran Alemania dotada del espacio vital (lebensraum) necesario para su desarrollo.

Una vez fracasó el “putsch de la cervecería” (Münich, 1923), Hitler escribió en la cárcel su programa político: Mi Lucha (Mein Kampf).

A finales de 1924 preparó ya de forma metódica la conquista del poder. Reforzó su control sobre el partido y fundó una nueva organización paramilitar: las SS. Reorganizó el partido dotándolo de una gran capacidad propagandística, transformarlo en un movimiento de masas.

A su vez, adoptó la táctica pseudolegalista y parlamentaria, es decir, esperar a llegar al poder aparentando respetar la legalidad. Limitó los principios socialistas y anticapitalistas a la lucha contra la dominación financiera judía con el fin de tranquilizar a las clases conservadoras industriales, terratenientes y financieras.

Introducción al fascismo


Los años que siguieron a la Gran Guerra estuvieron marcados por el predominio de la filosofía vitalista.

Después de cuatro años de conflicto, el racionalismo fue perdiendo adeptos de manera alarmante; se acusaba a la Razón de haber conducido a la humanidad hacia la catástrofe.
Al mismo tiempo, la filosofía de Nietzche, con el superhombre como bandera, fue imponiendo una cultura de desprecio a la inteligencia y exaltación de la fuerza.

En ese ambiente se fueron forjando los movimientos antidemocráticos. Buena parte de las naciones pensaron que los postulados del liberalismo estaban en crisis, que eran anticuados.

Muchas fueron las que durante el periodo de entreguerras asumieron un nuevo orden basado en el autoritarismo de rasgos fascistas:

  • España bajo Primo de Rivera y Francisco Franco.
  • Portugal con los regímenes de Gomes da Costa y Salazar.
  • La Polonia del mariscal Pilsudski.
  • Grecia con Venizelos.
  • Yugoslavia con el monarca autoritario Alejandro I.
  • Hungría bajo Gömbös.
  • Austria con el régimen de Dollfuss.
  • Rumania con Carol II, y Bulgaria bajo Boris III.

No obstante, los dos estados que alcanzaron mayor perfección en la construcción del estado totalitario fueron la Italia de Benito Mussolini y el Reich alemán de Adolf Hitler.
En ocasiones estos regímenes se apoyaban en grupos políticos con una sólida y jerarquizada estructura.

 

Este era el caso del NSDAP en Alemania, del partido fascista en Italia y, en menor medida, de FET en España. Estos grupos, además de por una ideología empapada de vitalismo e irracionalismo, se basaban en:

  • Los postulados sobre la comunidad nacional -subordinación del individuo al colectivo- del movimiento volkisch.
  • El darwinismo racial; de ahí la proliferación de las organizaciones racistas dentro de estos estados.
  • En la figura del dictador como guía del pueblo.

En el auge de los fascismos, podemos distinguir tres tipos de factores: psicológicos, económicos e ideológicos. En el primero de ellos se encontraría el cansancio de la población ante los esfuerzos y sacrificios que les exigió una dura guerra de cuatro años de duración.

Además, esta se asoció con el liberalismos y fue tildada de guerra capitalista e imperialista, con el consiguiente desprestigio de este sistema. Dentro de las consecuencias económicas de la guerra cabe destacar las siguientes:

  • Una mayor concentración de poderes en manos del estado.
  • La militarización de varios aspectos de la vida civil.
  • La crispación generada por las crisis económicas y de subsistencia.
  • El ascenso de las potencias extraeuropeas, los EE.UU. y el Japón.

Entre los factores ideológico-políticos se encontrarían:

  • El desprestigio de la democracia.
  • El temor a la expansión de la revolución bolchevique.
  • El miedo a los abusos del capitalismo.

Las economías planificadas y la Gran Depresión


Otra forma de intervencionismo estatal fue la planificación económica, que sólo era posible aplicar en los Estados totalitarios.

La Rusia soviética, la Alemania nazi y la Italia fascista los pusieron en marcha para incrementar la producción. Su crecimiento fue espectacular, en parte por la inversión acelerada en equipamiento militar.

En el caso de Alemania, al poco de subir Hitler al poder, se suspendieron los pagos de las reparaciones de guerra. Además, se pactaron medidas económicas con los industriales y banqueros alemanes, favoreciendo la concentración empresarial y las grandes inversiones estatales.

Se prohibió importar y se impuso una política autárquica, aplicándose un proteccionismo a ultranza. Las compras al extranjero se realizaban mediante “marcos bloqueados”: divisas que sólo servían para comprar en Alemania.

 

Se estableció un control sobre la producción agrícola para que no descendieran los precios, al tiempo que se potenciaba la industria con el rearme y las obras públicas.

Cuando Hitler llegó al poder, Alemania contaba con cerca de seis millones de parados; en 1934 sólo eran dos millones y medio y en 1936 no había paro. No obstante, sin su política armamentística no hubiera alcanzado esos resultados: Alemania se dirigía a otra guerra de escala mundial.

El nacionalsocialismo alemán: segunda parte


Al término de la Primera de Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales trataron de retornar a la normalidad anterior a 1914. Sin embargo, las consecuencias del conflicto dieron lugar a la crisis de postguerra, que se prolongó hasta mediados de la siguiente década. Una vez superados, en apariencia, los desequilibrios económicos, los países occidentales vivieron un periodo de crecimiento que conocemos con el nombre de “los felices años veinte”. Esa prosperidad tocó a su fin en 1929, con el crack bursátil que desembocó en la Gran Depresión. A partir de entonces el mundo fue, poco a poco, caminando hacia un segundo conflicto general.

En este vídeo se explican los principales acontecimientos de la Alemania nazi previos a la Segunda Guerra Mundial. En las siguientes clases se completa esta información con una introducción al periodo y material dedicado la crisis de postguerra en su conjunto, la inflación y el desempleo, las reparaciones de guerra y la deuda, la crisis de la democracia, los felices años veinte, las relaciones internacionales en ese periodo, la cultura de masas, el camino hacia la Depresión, el crack de 1929, las consecuencias del crack bursátil, la expansión de la Depresión, el New Deal, las características del fascismo, el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán (primera parte).

 

El nacionalsocialismo alemán: primera parte


Al término de la Primera de Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales trataron de retornar a la normalidad anterior a 1914. Sin embargo, las consecuencias del conflicto dieron lugar a la crisis de postguerra, que se prolongó hasta mediados de la siguiente década. Una vez superados, en apariencia, los desequilibrios económicos, los países occidentales vivieron un periodo de crecimiento que conocemos con el nombre de “los felices años veinte”. Esa prosperidad tocó a su fin en 1929, con el crack bursátil que desembocó en la Gran Depresión. A partir de entonces el mundo fue, poco a poco, caminando hacia un segundo conflicto general.

En este vídeo se resumen la evolución del nacionalsocialismo alemán desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta el nombramiento de Hitler como canciller en 1933. En las siguientes clases se completa esta información con una introducción al periodo y material dedicado la crisis de postguerra en su conjunto, la inflación y el desempleo, las reparaciones de guerra y la deuda, la crisis de la democracia, los felices años veinte, las relaciones internacionales en ese periodo, la cultura de masas, el camino hacia la Depresión, el crack de 1929, las consecuencias del crack bursátil, la expansión de la Depresión, el New Deal, las características del fascismo, el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán (segunda parte).

 

La República de Weimar


Entre los nacionalistas alemanes se difundió la idea de la responsabilidad de los socialistas y judíos en la revolución que favoreció la rendición alemana. Asimismo, consideraban el Tratado de Versalles un diktak (imposición).

De esta mentalidad surgiría el revanchismo alemán contra la democracias, que afectó en primer lugar a la suya.

La dureza de la crisis (1920-1923)

En julio de 1919 se elaboró, en la ciudad de Weimar, la nueva constitución que convertía a Alemania en un República federal (con autonomía de los länders) y presidencialista. Además, se aprobaba el sufragio universal, que incluía el femenino.

Sin embargo, el sistema electoral impedía la formación de mayorías parlamentarias.

El problema político de Alemania era la aceptación de las nuevas fronteras y el pago de las reparaciones de guerra. Esta situación se agravó en 1923 a causa de:

  • La ocupación del Ruhr por los franceses ante el impago de las reparaciones por parte de Alemania. Provocó una fuerte inflación que dejó a los sectores populares sin capacidad de compra.
  • Los intentos separatistas de Renania y Baviera, el malestar entre los militares y la crisis social por la difícil incorporación de los excombatientes a la vida civil.
En este contexto, se sucedieron intentonas golpistas por parte de la extrema derecha desde 1920: del general Lütwitz en Berlín (1920) y de Hitler en Munich (1923).

Los apoyos políticos entre 1923-1929

La República se apoyó durante sus dos primeros años en el SPD y en el Zentrum, organización de centro-derecha. En 1923 eligió como presidente del Gobierno y ministro de Asuntos Exteriores a Gustav Stresemann, del Partido Popular alemán, formación conservadora y democrática.

Así, se consiguió un Gobierno de gran coalición que obtuvo cierta estabilidad. Sus objetivos fueron normalizar las relaciones con Francia y equilibrar la situación económica y monetaria. De ahí surgió el Plan Dawes pactado entre los vencedores y Alemania que redujo las reparaciones y suavizó los plazos para pagarlas. Comenzó la recuperación económica alemana que permitió reducir el paro.

En este ambiente de entendimiento franco-alemán surgieron, a su vez, los acuerdos de Locarno. El pacto de Locarno (1925), cuyos artífices fueron Stresemann y Briand, buscaba fijar las fronteras de Europa:

  • Alemania reconoció la pérdida de Alsacia y de Lorena.
  • Francia se retiró de la cuenca del Ruhr.
  • Se flexibilizaron las reparaciones de guerra alemanas.
  • Se admitió a Alemania en la Sociedad de Naciones.
Quedaba un asunto pendiente: la aceptación por parte de Alemania de las fronteras orientales.

Locarno serenó los ánimos y empujó una cierta recuperación económica europea.

Además, tanto Francia como Alemania se comprometían a someter a un tribunal de Justicia Internacional aquellos litigios que no pudieran resolver de forma amistosa. El complemento de Locarno fue el proyecto de paz duradera: el pacto Briand-Kellog, mediante el cual los firmantes renunciaban y condenaban la guerra. Lo firmaron 65 naciones, entre ellas Alemania.

El fin de la República de Weimar (1929-1933)

La muerte de G. Stresemann (1929) se produjo en el peor momento, justo cuando comenzaban los efectos de la depresión del 29 y la consiguiente radicalización política. Cayó la producción, huyeron los capitales extranjeros, se devaluó la moneda, se disparó la inflación y volvió el desempleo en toda su crudeza.

En 1928 el NSDAP sólo consiguió el 2,6% de los votos, mientras que en 1930 ya alcanzaba el 18% y en julio de 1932 el 37,3%, siendo la fuerza más votada. Finalmente, en marzo de 1933, siendo ya Hitler canciller, alcanzó el 43,9%. Aunque más lentamente, también creció el KPD: 10,6% en 1928, 14,3% en 1930 y 16,9% en julio de 1932.

Al mismo tiempo, se producía la caída de los partidos moderados de centro (liberales, populares y Zentrum) y de izquierda (SPD).

Historia de Alemania, 1914-1939


Este vídeo se inserta dentro del repaso que, a través de explicaciones grabadas, estoy realizando del periodo de entreguerras. En esta ocasión, más que un contenido teórico, presento una serie de fotografías que permiten repasar, de manera visual, la historia de Alemania entre 1914 y 1939. Las fotografías van acompañadas por la pieza musical «Comptine d’un Autre été».

 

 

LISTADO DE FOTOGRAFÍAS ORGANIZADAS POR TEMÁTICAS Y ORDEN DE APARICIÓN

Imágenes del II Reich (1914-1918)
– El Káiser y sus hijos en un desfile militar.
– El Reichstag –parlamento alemán- aprueba los créditos de guerra.
– Una familia contempla una estatua de Guillermo II.
– Las tropas se dirigen al frente en 1914.
– Unos artilleros posan ante la cámara.
– Operación militar germana en las inmediaciones de la frontera con Francia.
– La industria armamentística alemana.
– El racionamiento y la penuria en la retaguardia.
– La miseria masiva en la población civil.
– Nueva imagen de la industria armamentística.
– La “guerra de trincheras”.
– Una de las primeras manifestaciones contra la guerra.
– La muerte como destino de buena parte de la juventud del Reich.
– Un soldado contempla la devastación de la guerra.

Imágenes de la Revolución (1918-1919)
– Unos revolucionarios armados caminan por Berlín.
– El edificio del Reichstag como testigo del triunfo de la revolución el 9 de noviembre.
– Primer Reichstag de la República de Weimar.
– Discurso del espartaquista Karl Liebknecht.
– Intervención de la contrarrevolución.

Imágenes de la República de Weimar (1919-1933)
– La “fiebre” por el deporte.
– El cine de la Universum Film AG.
– Gustav Stresemann ante el Reichstag.
– La arquitectura de la Bauhaus.
– El desarrollo de las comunicaciones por carretera.
– El conflicto de Versalles llevado a las escuelas.
– Desfile de una agrupación juvenil.
– Cartel publicitario que muestra a Hitler como marioneta del capital.
– El desempleo de masas en la Gran Depresión y su relación con el auge del nazismo.

Imágenes del ascenso nazi (1933-1940)
– Pintura del día del partido en Nüremberg
– Grupo nacionalsocialista por las calles ondeando sus banderas.
– Celebración de la elección de Hitler como canciller en enero de 1933.
– Desfile nacionalsocialista.
– Olimpiadas de Berlín 1936.

Imágenes del antisemitismo (1933-1940)
– Puerta de un campo de prisioneros (todavía no de exterminio).
– Ataques a los negocios y hogares judíos el 9 de noviembre de 1938.
– La segregación racial en el transporte público.
– Cuatro imágenes de la miseria en los ghettos.