La Conferencia de Berlín (1884-1885)


La lucha por el dominio de África –el “reparto de África”, como se lo denomina habitualmente- dio origen a la Conferencia de Berlín, convocada por el canciller alemán Bismarck y celebrada el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885.

Su objetivo era establecer “un espíritu de entendimiento mutuo” y un marco de actuación adecuado, tanto para los países interesados en la actuación africana como para el desarrollo moral y material de las comunidades autóctonas. Un objetivo también fundamental de aquella reunión fue fijar una serie de normas que racionalizaran –al menos en teoría- las nuevas actuaciones que habían de completar la ocupación del continente.

A ella asistieron las potencias europeas, y también el Imperio Otomano y los Estados Unidos. Los acuerdos adoptados para regular la presencia occidental en el continente africano, evidentemente dejaban fuera de esa regulación lo ya realizado, limitándose a establecer unas mínimas reglas del juego.

En sus conclusiones se contemplaban aspectos como la libertad de comercio en muy determinadas zonas, la neutralidad de ciertos territorios, la trata de esclavos o la regulación de navegación fluvial. Con todo, los resultados de la Conferencia no se pueden calificar precisamente de positivos.

Uno de sus principios –el de la ocupación efectiva como base del derecho colonial- impulsó a las potencias a una loca carrera, que aceleró el reparto de África de forma incontrolada y arbitraria. Además, en los acuerdos primaban por encima de cualquier otra consideración los intereses occidentales, que no contemplaban en ningún momento a los pueblos y culturas africanas.

No obstante, como consecuencia del ambiente creado por la Conferencia, se establecieron una serie de tratados mediante los cuales se superaba las diferencias surgidas entre las potencias.

Ni la Conferencia de Berlín, ni otros acuerdos internacionales posteriores evitaron que el ambiente se fuera enrareciendo, hasta llegar a convertirse en uno de los factores determinantes del estallido de la I Guerra Mundial.

¿Cómo fue el proceso de reparto de África?


[CONFERENCIA] DE BERLÍN (1884-1885)

La lucha por el dominio de África –el “reparto de África”, como se lo denomina habitualmente- dio origen a la Conferencia de Berlín, convocada por el canciller alemán Bismarck y celebrada el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885.

Su objetivo era establecer “un espíritu de entendimiento mutuo” y un marco de actuación adecuado, tanto para los países interesados en la actuación africana como para el desarrollo moral y material de las comunidades autóctonas. Un objetivo también fundamental de aquella reunión fue fijar una serie de normas que racionalizaran –al menos en teoría- las nuevas actuaciones que habían de completar la ocupación del continente.

A ella asistieron las potencias europeas, y también el Imperio Otomano y los Estados Unidos. Los acuerdos adoptados para regular la presencia occidental en el continente africano, evidentemente dejaban fuera de esa regulación lo ya realizado, limitándose a establecer unas mínimas reglas del juego.

En sus conclusiones se contemplaban aspectos como la libertad de comercio en muy determinadas zonas, la neutralidad de ciertos territorios, la trata de esclavos o la regulación de navegación fluvial. Con todo, los resultados de la Conferencia no se pueden calificar precisamente de positivos.

Uno de sus principios –el de la ocupación efectiva como base del derecho colonial- impulsó a las potencias a una loca carrera, que aceleró el reparto de África de forma incontrolada y arbitraria. Además, en los acuerdos primaban por encima de cualquier otra consideración los intereses occidentales, que no contemplaban en ningún momento a los pueblos y culturas africanas.

No obstante, como consecuencia del ambiente creado por la Conferencia, se establecieron una serie de tratados mediante los cuales se superaba las diferencias surgidas entre las potencias.

Ni la Conferencia de Berlín, ni otros acuerdos internacionales posteriores evitaron que el ambiente se fuera enrareciendo, hasta llegar a convertirse en uno de los factores determinantes del estallido de la I Guerra Mundial.

[VÍDEO] SOBRE LA TEMÁTICA

[INFORMACIÓN] PARA AMPLIAR

Exceptuando los territorios mediterráneos y algunos enclaves portugueses en el sur del continente, a comienzos del siglo XIX África un territorio prácticamente desconocido para los europeos. Los primeros que se adentraron en ella fueron los miembros de las expediciones protagonizadas por David Livingstone, Henry Stanley y Pierre Savorgnan de Brazza entre otros. De esta manera, la expansión colonial europea se intensificó dando lugar a la ocupación del interior del continente, siendo las vías de penetración los grandes ríos: los británicos utilizaron el Níger, los franceses el Senegal y los belgas el río Congo. La expansión por el continente africano reavivó las rivalidades entre las potencias imperialistas, sobre todo entre Gran Bretaña y Francia. De entre ellas hay que destacar dos:

  • En primer lugar, la lucha por el control del canal de Suez, que conecta el mar Mediterráneo con el mar rojo y, por tanto, con el Océano Índico. Este, al situarse Egipto en la órbita de Francia, quedó bajo la influencia de ese país. Sin embargo, aprovechando la guerra franco-prusiana y la caída de Napoleón III, los británicos se hicieron con el control de Egipto y, por tanto, del canal de Suez.
  • El segundo conflicto tiene que ver con las aspiraciones francesas y británicas por crear ejes territoriales continuos en África. El Imperio Británico pretendía unir todos sus territorios de norte a sur; es decir, de El Cairo a Ciudad del Cabo. Por su parte, los franceses pretendían hacer lo propio de oriente a occidente. Y, bueno, no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que realizar los dos proyectos a la vez es imposible, pues son incompatibles. Por tanto, en algún momento británicos y franceses se iban a encontrar en algún lugar de África, y eso sucedió en el año 1898 en Fashoda. En ese lugar, la expedición británica de Lord Kitchener se encontró con la francesa de Baptiste Marchand, provocando un conflicto diplomático que a punto estuvo de llegar a las manos. Finalmente, a pesar de la oposición de Marchand y de buena parte de la opinión pública francesa, Fashoda quedó bajo el control británico.

[APRENDE] AÚN MÁS:

🔴 ¿Qué pasó en la Primera Revolución Industrial?
🔴 ¿Cuáles son las principales características de la segunda revolución industrial?
🔴 ¿Qué características tenía la sociedad de clases?
🔴 ¿Cuáles son las fases del movimiento obrero?
🔴 ¿Qué diferencia hay entre el marxismo y el anarquismo?

Los tipos de colonización


Otra realidad a tener en cuenta es que la colonización se plasmó en realidades tan diferentes como diferentes fueron sus motivaciones. La tipología colonial llegó a ser extremadamente variada, aunque aquí nos vamos a ceñir a las más frecuentes.

  • La colonia en el sentido más estricto del término es aquel territorio en el que se implanta el gobierno y administración de una potencia occidental. Este gobierno actúa sobre la población nativa, a la que somete totalmente (caso de la India).
  • Las bases económicas se establecen en grandes y lejanos países a los que controlan económicamente, pero no políticamente. Los mejores ejemplos al respecto los encontramos en China, con bases como Macao o Hong-Kong.
  • Las colonias de poblamiento son aquellas a las que se trasladan importantes contingentes humanos desde la metrópoli. Estos llevan su lengua, sus instituciones y su forma de vida, por lo que la colonia se convierte en un calco de la patria (caso de Argelia o Canadá).
  • Las bases de carácter estratégico son habitualmente pequeños enclaves destinados al mantenimiento de una guarnición militar. Se basa en la importancia del lugar por sí mismo o por servir de control a las rutas comerciales (caso de Singapur o Gibraltar).
  • El protectorado se da en aquellos países donde existe de antiguo una estructura política y cultural, pero a los que se considera necesitados de ayuda por parte del país colonizador. Este, a cambio, establece un control militar y una explotación económica (caso de Marruecos).

Además de todo eso, la presencia occidental se dejó sentir en otros continentes a través de unas vías de actuación menos visibles, pero de vital importancia:

  • A través del control económico ejercido sobre una nación, sin inmiscuirse en su actividad política y sin desplazar a él ni funcionarios ni militares (casos de China o Persia).
  • O bien mediante fuertes inversiones de capital que llegaron a dominar el panorama y que establecieron un auténtico imperialismo económico (caso de EE.UU. con América Latina).

Más tardíos en el tiempo fueron los mandatos, creados por la Sociedad de Naciones tras la I Guerra Mundial para administrar los territorios que habían pertenecido a las potencias vencidas (caso de los antiguos territorios otomanos).

¿Cuáles son los tipos de colonias en el imperialismo?


[COLONIAS] Y METRÓPOLI

Otra realidad a tener en cuenta es que la colonización se plasmó en realidades tan diferentes como diferentes fueron sus motivaciones. La tipología colonial llegó a ser extremadamente variada, aunque aquí nos vamos a ceñir a las más frecuentes.

  • La colonia en el sentido más estricto del término es aquel territorio en el que se implanta el gobierno y administración de una potencia occidental. Este gobierno actúa sobre la población nativa, a la que somete totalmente (caso de la India).
  • Las bases económicas se establecen en grandes y lejanos países a los que controlan económicamente, pero no políticamente. Los mejores ejemplos al respecto los encontramos en China, con bases como Macao o Hong-Kong.
  • Las colonias de poblamiento son aquellas a las que se trasladan importantes contingentes humanos desde la metrópoli. Estos llevan su lengua, sus instituciones y su forma de vida, por lo que la colonia se convierte en un calco de la patria (caso de Argelia o Canadá).
  • Las bases de carácter estratégico son habitualmente pequeños enclaves destinados al mantenimiento de una guarnición militar. Se basa en la importancia del lugar por sí mismo o por servir de control a las rutas comerciales (caso de Singapur o Gibraltar).
  • El protectorado se da en aquellos países donde existe de antiguo una estructura política y cultural, pero a los que se considera necesitados de ayuda por parte del país colonizador. Este, a cambio, establece un control militar y una explotación económica (caso de Marruecos).

Además de todo eso, la presencia occidental se dejó sentir en otros continentes a través de unas vías de actuación menos visibles, pero de vital importancia:

  • A través del control económico ejercido sobre una nación, sin inmiscuirse en su actividad política y sin desplazar a él ni funcionarios ni militares (casos de China o Persia).
  • O bien mediante fuertes inversiones de capital que llegaron a dominar el panorama y que establecieron un auténtico imperialismo económico (caso de EE.UU. con América Latina).

Más tardíos en el tiempo fueron los mandatos, creados por la Sociedad de Naciones tras la I Guerra Mundial para administrar los territorios que habían pertenecido a las potencias vencidas (caso de los antiguos territorios otomanos).

[VÍDEO] SOBRE LA TEMÁTICA

[APRENDE] AÚN MÁS:

🔴 ¿Qué pasó en la Primera Revolución Industrial?
🔴 ¿Cuáles son las principales características de la segunda revolución industrial?
🔴 ¿Qué características tenía la sociedad de clases?
🔴 ¿Cuáles son las fases del movimiento obrero?
🔴 ¿Qué diferencia hay entre el marxismo y el anarquismo?

Introducción al imperialismo


Como ocurre con frecuencia en la historia, para llegar a comprender en su totalidad un fenómeno planteado y desarrollado en un momento concreto, hay que dar marcha atrás en el tiempo y buscar las claves que lo han propiciado e impulsado.

Esto ocurre, sin duda, en el proceso de expansión europea que se pone en marcha en torno a 1880.

En este caso, esa marcha atrás nos sitúa en el inicio de los años setenta, en ese momentos histórico que marca el comienzo de una nueva época para el mundo occidental:

  • En líneas generales, cabe afirmar que entre esa fecha (1870-1871) y el comienzo de la I Guerra Mundial (1914-1918), el continente europeo alcanzó su máxima plenitud en todos los sentidos.
  • En el terreno político, se había dado fin al ciclo de las revoluciones liberales y burguesas, aspirándose, por el momento, a consolidar la estabilidad conseguida.
    Antes de iniciarse un nuevo proceso reivindicativo, protagonizado en este caso por el proletariado.
  • En el económico, se disfrutaba de los beneficios de haber iniciado en su seno un proceso de industrialización, conocido como “segunda revolución industrial”.
  • Estrechamente ligado a esta, se produjo un espectacular desarrollo de la ciencia y de la técnica, posibilitado por una investigación sistemática y en profundidad. Esto sirvió a su vez de base y de apoyo para seguir avanzando en el camino del desarrollo y el progreso.
  • Finalmente, también el nivel alcanzado por la cultura y la civilización en Europa fue importante, como consecuencia del proceso de evolución y maduración iniciado a comienzos del XIX.
Por todo ello, el europeo se sentía orgulloso de sí mismo y del marco en el que se desarrollaba su existencia.

Es más, se sentía superior a los habitantes de otros continentes y a los hombres de otras razas. En cierta manera, quería transmitirles todo aquello que considera un triunfo de su civilización. Al tiempo que se veía presionado por una serie de circunstancias de tipo político o estratégico y económico que surgieron como consecuencia del desarrollo.

La unión de estos dos factores desembocó en el fenómeno del expansionismo europeo, que tuvo consecuencias tan trascendentales y negativas para la propia estabilidad de Europa. Con el dominio sobre amplios territorios de ultramar, los países europeos no hicieron más que trasladar y agudizar las tensiones existentes en su propio suelo.

El afán de no quedar rezagado, perdiendo por tanto una parte de protagonismo, llevó a todos estos países a iniciar una auténtica carrera expansionista.

A esta se unieron, a partir de 1894, los Estados Unidos y Japón.

Por todo ello, el inicial colonialismo europeo derivó hacia un auténtico imperialismo que, en definitiva, marcó el principio del fin de la hegemonía europea.

En resumen, el imperialismo se puede considerar como un fenómeno histórico propiciado por la relación de las grandes potencias con aquellos Estados o zonas menos desarrolladas, ya sea bajo dominio económico o militar.

La fase de la expansión colonial que se inició en los años setenta llegando hasta vísperas de la contienda mundial constituye el periodo de máxima hegemonía europea.

¿Qué es el imperialismo?


[EL IMPERIALISMO] DEL SIGLO XIX

Como ocurre con frecuencia en la historia, para llegar a comprender en su totalidad un fenómeno planteado y desarrollado en un momento concreto, hay que dar marcha atrás en el tiempo y buscar las claves que lo han propiciado e impulsado.

Esto ocurre, sin duda, en el proceso de expansión europea que se pone en marcha en torno a 1880.

En este caso, esa marcha atrás nos sitúa en el inicio de los años setenta, en ese momentos histórico que marca el comienzo de una nueva época para el mundo occidental:

  • En líneas generales, cabe afirmar que entre esa fecha (1870-1871) y el comienzo de la I Guerra Mundial (1914-1918), el continente europeo alcanzó su máxima plenitud en todos los sentidos.
  • En el terreno político, se había dado fin al ciclo de las revoluciones liberales y burguesas, aspirándose, por el momento, a consolidar la estabilidad conseguida.
    Antes de iniciarse un nuevo proceso reivindicativo, protagonizado en este caso por el proletariado.
  • En el económico, se disfrutaba de los beneficios de haber iniciado en su seno un proceso de industrialización, conocido como “segunda revolución industrial”.
  • Estrechamente ligado a esta, se produjo un espectacular desarrollo de la ciencia y de la técnica, posibilitado por una investigación sistemática y en profundidad. Esto sirvió a su vez de base y de apoyo para seguir avanzando en el camino del desarrollo y el progreso.
  • Finalmente, también el nivel alcanzado por la cultura y la civilización en Europa fue importante, como consecuencia del proceso de evolución y maduración iniciado a comienzos del XIX.
Por todo ello, el europeo se sentía orgulloso de sí mismo y del marco en el que se desarrollaba su existencia.

Es más, se sentía superior a los habitantes de otros continentes y a los hombres de otras razas. En cierta manera, quería transmitirles todo aquello que considera un triunfo de su civilización. Al tiempo que se veía presionado por una serie de circunstancias de tipo político o estratégico y económico que surgieron como consecuencia del desarrollo.

La unión de estos dos factores desembocó en el fenómeno del expansionismo europeo, que tuvo consecuencias tan trascendentales y negativas para la propia estabilidad de Europa. Con el dominio sobre amplios territorios de ultramar, los países europeos no hicieron más que trasladar y agudizar las tensiones existentes en su propio suelo.

El afán de no quedar rezagado, perdiendo por tanto una parte de protagonismo, llevó a todos estos países a iniciar una auténtica carrera expansionista.

A esta se unieron, a partir de 1894, los Estados Unidos y Japón.

Por todo ello, el inicial colonialismo europeo derivó hacia un auténtico imperialismo que, en definitiva, marcó el principio del fin de la hegemonía europea.

En resumen, el imperialismo se puede considerar como un fenómeno histórico propiciado por la relación de las grandes potencias con aquellos Estados o zonas menos desarrolladas, ya sea bajo dominio económico o militar.

La fase de la expansión colonial que se inició en los años setenta llegando hasta vísperas de la contienda mundial constituye el periodo de máxima hegemonía europea.

[VÍDEO] SOBRE LA TEMÁTICA

[INFORMACIÓN] PARA AMPLIAR

Las relaciones iniciales entre los europeos y sus futuras colonias fueron de carácter económico. A lo largo del siglo XIX, las potencias occidentales -y, de manera especial, Gran Bretaña y Francia- ejercieron el control sobre la economía de otros territorios a través de préstamos, acuerdos comerciales y construcción de infraestructuras. El paso siguiente fue el control territorial y político: su conversión en colonias. Los europeos establecieron su dominio sobre otras regiones a través de las siguientes fórmulas:

  • Conquista y administración directa del territorio por la potencia occidental que dominaba una colonia, comúnmente conocida como metrópoli.
  • El protectorado se caracterizó por respetar las estructuras de gobierno local. Si bien la metrópoli participaba de manera activa en las decisiones importantes a través de un representante, ya fuera diplomático o militar.
  • La modalidad de bases económicas se basaba en el control de la economía de unos países supuestamente independientes desde el punto de vista político.
  • Las bases de carácter estratégico eran pequeños enclaves que permitían controlar las rutas comerciales y, en caso de conflicto bélico, el traslado de tropas y armas.
  • Las colonias de poblamiento eran aquellos territorios dominados por los europeos que recibieron una gran cantidad de migrantes. El traslado de europeos a esos lugares podía ser espontáneo; es decir, que la gente decidiera por algún motivo irse a esos territorios. Sin embargo, en muchos casos eran las potencias occidentales las que fomentaban el traslado de población a un determinado territorio con el fin de controlarlo mejor y para contrarrestar el poder indígena.
  • Existió un sexto modelo colonial, los llamados mandatos de la Sociedad de Naciones. No obstante, al ser un fenómeno que se dio después de la Primera Guerra Mundial, y que está asociado fundamentalmente a la desmembración del Imperio Otomano, lo dejaremos para futuras explicaciones.

[APRENDE] AÚN MÁS:

🔴 ¿Qué pasó en la Primera Revolución Industrial?
🔴 ¿Cuáles son las principales características de la segunda revolución industrial?
🔴 ¿Qué características tenía la sociedad de clases?
🔴 ¿Cuáles son las fases del movimiento obrero?
🔴 ¿Qué diferencia hay entre el marxismo y el anarquismo?

Los estados independientes iberoamericanos


La independencia de las colonias americanas supuso también el fin del sueño unificador de bolivariano. Pronto los antiguos virreinatos se convirtieron en naciones independientes herederas de las fronteras administrativas del Imperio español.

De esta manera, se fueron construyendo, en territorios poco homogéneos y con población de lo más diversa, países uniformes y cohesionados; labor para la que no se reparó en ningún momento en los derechos de los indígenas.

A su vez, ante la indefinición de las fronteras, fueron surgiendo progresivamente numerosas pugnas entre los nuevos países, con el consecuente debilitamiento de los mismos. Esto, sin duda, favoreció a las potencias extranjeras, que no dudaron en aprovecharse de la situación para intervenir en estos territorios y en su economía.

La intervención europea y norteamericana en Iberoamérica

Como ya hemos indicado anteriormente, la debilidad de las nuevas naciones americanas, y la apertura de sus mercados al exterior, propiciaron que las potencias extranjeras influyeran notablemente en el desarrollo histórico americano.

Francia y España trataron de sacar beneficios comerciales y prestigio nacional desarrollando una intensa actividad diplomática e, incluso, militar. Esta alcanzó su culmen durante la Guerra de Secesión norteamericana; es decir, aprovechando la debilidad coyuntural del gigante del norte.

Los Estados Unidos, basando sus acciones en la doctrina Monroe –América para los americanos-, buscó desde comienzos del siglo XIX hacer valer su hegemonía en el continente. Sin embargo, hasta la década de 1870 no quedó asentada esa preponderancia.

Por último, hemos de hablar de Gran Bretaña que trató de hacerse con pequeñas bases portuarias que facilitaran su labor comercial. De estre ellas podemos destacar Belice y las islas Malvinas.

Inestabilidad política en la tierra de los caudillos

Las carencias de proyectos políticos de la época de la independencia sumieron a los territorios iberoamericanos en una honda crisis. El consenso entre los distintos grupos de poder coloniales sólo se mantuvo mientras duró el enfrentamiento con España.

Además, hay que destacar que esta inestabilidad institucional acentuó los problemas sociales y económicos de las nuevas naciones americanas. Las consecuencias políticas de estas carencias de proyectos se pueden resumir en dos: las ya citadas guerras fronterizas, y la inestabilidad interior, manifestada principalmente en las revueltas y en los constantes cambios políticos.

Todo esto propició el surgimiento de los caudillajes militares a lo largo de casi todos los países de Iberoamérica: el Santa Anna en México, Páez en Venezuela, Juan José Flores en Ecuador, Melgarejo en Bolivia, José Gaspar de Francia en Paraguay, José Manuel de Rosas en Argentina, Bernardo O´Higgins en Chile…

A su vez la burguesía criolla, que ya había gozado de un alto protagonismo durante la época colonial y a lo largo de los conflictos independentistas, mantuvo, con la configuración de las nuevas naciones, su papel de clase social predominante.

La sociedad de estas nuevas naciones, sin duda con un marcado carácter dicotómico, se caracterizó por su profunda desigualdad en función de la riqueza y la etnia. Si bien es verdad que a mediados de siglo esta situación se fue suavizando, produciéndose una cierta apertura a los mestizos.

El lento avance del liberalismo

Durante la segunda mitad del siglo XIX, a causa del fortalecimiento de la burguesía urbana, Iberoamérica fue experimentando un lento avance hacia el liberalismo. Se trató de un fenómeno complejo que conjugaba el caudillaje militar con un leve reformismo progresista.

No obstante, en este desarrollo no dejaron de existir dificultades, entre las que destacan la continua la inestabilidad, y golpes de Estado de la reacción. De esta manera, en muchos de estos países, fueron apareciendo nuevos formas de caudillaje, tanto liberales como antiliberales: Benito Juárez en México, Tomás Cipriano Mosquera en Colombia, Avelino Cáceres en Perú…

Evolución de una economía dependiente

La economía de Iberoamérica hasta mediados del siglo XIX se caracterizó, a pesar de la independencia política, por la dependencia económica con respecto al exterior. Las naciones americanas fueron integradas en el mecanismo de economía mundial; es decir, pasaron a exportar de recursos e importar manufacturas.

Esto, como es lógico, provocó el hundimiento de la industria manufacturera autóctona. De esta manera, la configuración de la economía iberoamericana se configuró durante buena parte del siglo XIX en base a los siguientes rasgos:

  • Especialización en la exportación de un número limitado de productos.
  • Hipertrofia del sector terciario unida a un importante desempleo en los otros sectores.
  • Escaso nivel tecnológico.
  • Desarticulación y desestructuración económica en el interior de los países.
  • Elevado volumen de importación.
  • Absoluta dependencia económica del exterior.

A lo largo de la segunda mitad de siglo se fueron produciendo notables cambios que matizaron el panorama expuesto anteriormente. Estos se resumen en dos hechos: mayor desarrollo de la propia economía, especialmente la industrial, y menor dependencia del exterior.

Los principales socialistas utópicos


Conde de Saint-Simon. Consideraba que la actividad industrial y la propiedad debían estar en manos de una élite productiva y emprendedora, y no en poder de haraganes y rentistas. Anticipó algunas ideas que después desarrollaría Marx, como la participación del Estado en la economía y la división social entre propietarios y trabajadores.

Robert Owen. Empresario británico que trató de implantar un sistema de producción más humano. En New Harmony (EE.UU.) desarrolló un nuevo sistema social y económico, el cooperativismo, en el que no existía propiedad privada, todos los trabajadores participaban de los beneficios y la jornada laboral era de diez horas.

Charles Fourier. Pensador francés contrario a la industrialización. Diseñó los falansterios, comunidades formadas por trabajadores libres e iguales (incluyendo a las mujeres) a los que reconocía el derecho a disfrutar de tiempo de ocio.

Louis Blanc. Político francés que proponía la creación de talleres estatales para garantizar a los obreros un sueldo digno, una jornada laboral inferior a las diez horas, un subsidio de desempleo y, en caso de enfermedad, asistencia médica y sustento para su familia. Formó parte del gobierno francés en 1848, poniendo en marcha los talleres nacionales.

Introducción a la revolución industrial


A mediados del siglo XVIII se inició en Gran Bretaña un intenso proceso de industrialización que llevó a la transformación radical de la forma de producir, distribuir y comercializar bienes y servicios. Posteriormente, esos cambios se extendieron al continente europeo, así como a otros territorios fuera del Viejo Mundo, como los EE.UU. o Japón. En esta clase se desarrolla el concepto de revolución industrial, al tiempo que se indican cuáles fueron sus causas y principales consecuencias. Los restantes vídeos están dedicados a explicar la industrialización británica, sus principales características, los cambios demográficos, la expansión al Continente, la transición demográfica, la evolución económica occidental hasta 1870, la Larga Depresión de esa década, los planteamientos del liberalismo económico y los cambios económicos de finales del XIX.

 

 

Planteamiento de la independencia de los EE.UU.


En el último cuarto del siglo XVIII, trece colonias inglesas de Norteamérica comenzaron su proceso de independencia. Se iniciaba así un camino que, al término del conflicto bélico en 1783, terminaría con la formación de la primera nación americana, constituida como un Estado liberal. En este vídeo se analizan los antecedentes, el territorio y los principales protagonistas del proceso; mientras que en la segunda clase se abordan cuestiones como el congresos continentales de Filadelfia y el desarrollo de la Guerra de Independencia.