La libertad política en John Locke


John Locke (1632-1704) puede ser considerado con toda justicia como el primer sistematizador del pensamiento liberal. Sus ideas, surgidas en un contexto revolucionario, han influido notablemente en el desarrollo político de Inglaterra, pero también del resto del mundo.

Este autor es un antecedente claro de muchos de los planteamientos políticos de la Ilustración y, por ende, de las revoluciones de finales del XVIII y principios del XIX. No obstante, como descubriremos a lo largo de los siguientes párrafos, la obra de Locke no se entiende sin las circunstancias históricas en las que le tocó vivir.

El liberalismo británico

La ideología liberal nació en Inglaterra a mediados del siglo XVII. Su manifestación más temprana fue la controversia entre el Parlamento y el rey Carlos I Estuardo, que acabó derivando en una guerra civil y en la ejecución pública del monarca.

Tras casi veinte años de republicanismo, en los que las ideas liberales se fueron asentando en el país, se produjo la restauración monárquica en la figura de Jacobo II Estuardo.

Los intentos del nuevo rey por recuperar en su plenitud los antiguos privilegios de la Corona llevaron a un nuevo levantamiento liberal: la revolución gloriosa de 1688. En estos acontecimientos un hombre, John Locke, aparece como ideólogo del nuevo planteamiento político. De tal modo que, puede ser considerado el padre del liberalismo.

El partido de los «levellers»

Un grupúsculo dentro del Parlamento de 1640 aparece como antecedente más claro del pensamiento de John Locke. Los levellers, que en su traducción al castellano se conocen como los «niveladores», formularon los primeros argumentos en contra de la monarquía absoluta y las desigualdades sociales.

Este grupo de pequeños propietarios, que en su momento formaron parte del ejército de Oliver Cromwell, se organizaron como partido en 1646. Desde ese momento aparecen como opositores al dictador, cuya política les había defraudado.

Una de las ideas básicas del liberalismo político, la defensa de la sociedad como un conjunto de personas libres que comparten los mismos derechos fundamentales, surgió en el seno de este grupo. Además, los levellers sostenían que la persona o grupo de personas que detentaban el poder debían contar con el consentimiento de los gobernados, ante los que tenía la obligación de rendir cuentas. Por tanto, el gobierno no podía ser absoluto de ninguna manera.

Como garantía de la salvaguarda de los derechos individuales, debía tener poderes limitados. A su vez, los levellers defendían la plena libertad de expresión, religión, asociación y comercio.

El origen de la sociedad

El pensamiento político de John Locke se recoge fundamentalmente en sus Dos tratados sobre el Gobierno Civil (1689). En esta obra trata de descubrir el origen de la sociedad, así como el fin para el que fue constituida.

En cuanto al origen, el autor inglés parte del estado de naturaleza, donde los hombres son plenamente libres, pero también susceptibles de sufrir la agresión de los demás sobre su persona y sus propiedades.

Por esa razón, el ser humano abandona esa situación para construir la sociedad. Al incorporarse a ella renuncia a todo el poder sobre los demás, que pasa a ser competencia exclusiva de la autoridad pública, recibiendo, como contraprestación la garantía de que su integridad física y sus propiedades serán respetadas.

Por tanto, mediante un supuesto contrato social, el ser humano abandona el estado de naturaleza para garantizar su seguridad y la de sus pertenencias, cediendo parte de su libertad al estado. Sin embargo, esa cesión afecta única y exclusivamente a la potestad que la persona tiene sobre sus iguales, a la posibilidad de aplicar él mismo la justicia. Esta, así como el poder coercitivo, pasan a depender del soberano.

Los límites del poder político

Una vez explicado el origen de la sociedad, John Locke se plantea la manera de evitar que el depositario del poder cedido abuse de sus competencias. Busca establecer, por tanto, los límites del poder, que permitan al individuo mantener su parcela de autonomía y libertad.

De esta manera, tal como había enunciado anteriormente Harrington en Oceana (1656), y como haría Montesquieu en El espíritu de las Leyes (1748), establece un sistema de separación de poderes. Esta división permite construir un sistema de contrapesos mediante el que ninguna persona o institución acumula todo el poder.

Además, los distintos poderes están sometidos a un control y dependencia entre ellos, de tal manera que la labor de uno es supervisada por los otros. John Locke distingue tres órganos de poder: legislativo -encargado de la elaboración y aprobación de las leyes-, ejecutivo -con competencias en justicia y gobierno interior- y el federativo -responsable de la política exterior.

La tolerancia religiosa como manifestación de libertad

Durante esos convulsos años John Locke abordó otra de las grandes polémicas de la época: la libertad religiosa. En 1667 su Ensayo sobre la tolerancia, donde defendía el derecho de los puritanos a vivir libremente sus creencias sin ser molestados por las autoridades públicas, de orientación anglicana.

Los argumentos de esta primera obra fueron completados y puestos al día en Cartas sobre la tolerancia (1689).

En esta ocasión, en lugar de hacer uso de argumentos económicos -la pérdida de riqueza que suponía la emigración de los puritanos con todas sus propiedades y negocios-, el autor se centra en aspectos políticos. De esta manera, establecía los dos únicos motivos por los que a una persona se le podía negar la libertad religiosa: el perjuicio de los derechos de otro individuo y el atentado contra la existencia misma del Estado.

El pensamiento económico de Adam Smith


Adam Smith (1723-1790) puede ser considerado con toda justicia el padre del liberalismo económico; además del teórico económico más importante del siglo XVIII.

Este escocés, imbuido por las ideas de su tiempo, se basó en el planteamiento newtoniano de las leyes de la física para enunciar las de su propia ciencia, la economía. Sus planteamientos fueron recogidos en su obra más conocida: Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, publicada en 1776.

A lo largo de los siguientes párrafos nos sumergiremos en el mundo cultural y científico de la Ilustración escocesa y de la escuela económica clásica, con el fin de repasar, de forma amena y concisa, las principales ideas de Adam Smith.

Los economistas clásicos

Aquellos autores británicos que, entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX, desarrollaron un nuevo tipo de análisis social y político centrado en el crecimiento económico, son conocidos como “economistas clásicos”.

Dentro de este grupo cabe destacar a hombres como David Ricardo, Jeremy Bentham, James Mill, T. R. Malthus, John Stuart Mill y, especialmente, Adam Smith.

A su vez, algunos de estos autores -es el caso del personaje que nos ocupa- se incluyen también dentro del grupo de ilustrados escoceses, donde encontramos personajes de reconocida valía intelectual: David Hume, Adam Ferguson y John Millar.

Los «economistas clásicos» trataron de descubrir los motivos explicativos del comportamiento de las personas en el ámbito de la economía. El objetivo era, por tanto, llevar las leyes de la física, enunciadas por Newton, al ámbito económico y aplicarlas a un sujeto tan impredecible y complejo como el ser humano.

A su vez, estos autores llegaron a dos conclusiones que, a la postre, resultaron fundamentales para el posterior desarrollo de la economía occidental: la importancia del principio de división del trabajo como fuente del crecimiento, y la constatación de una relación causal entre población, riqueza y progreso.

La riqueza de las naciones y las leyes de la economía

Dentro de la producción intelectual de este grupo de teóricos de la economía, destacó La riqueza de las naciones, de Adam Smith. En ella el autor escocés enumeraba sus tres leyes básicas de la economía:

  • La tendencia natural al lucro de todos los seres humanos.
  • La necesidad de la libre competencia.
  • El imperio de la ley de la oferta y la demanda a la hora de fijar los precios y salarios.
A su vez, en esa misma obra, Adam Smith explicó otras ideas claves de su doctrina económica, la mayor parte de ellas compartidas por los llamados «economistas clásicos».

En primer lugar, defendía el papel del trabajo y la producción como las principales fuentes de riqueza. Este argumento se mostraba contradictorio con el pensamiento de los fisiócratas franceses, contemporáneos de Adam Smith que afirmaban la importancia de la tierra como origen de la riqueza.

En segundo término, establecía las bases de la economía en la industria y el comercio, siendo la división del trabajo un factor esencial para el desarrollo. Una vez más, los postulados de Adam Smith se mostraban contrarios a los de los fisiócratas, defensores de la primacía agraria.

Además, en íntima conexión con la primera de sus leyes económicas, establecía que la propiedad privada era indispensable para la existencia de lucro.

El papel del Estado

Adam Smith reservaba en su teoría un papel muy limitado para las autoridades públicas. En La riqueza de las naciones, indicaba que el Estado no debía intervenir en la vida social y económica.

Para el economista escocés, el papel de las autoridades se limitaba a los terrenos de defensa, administración de justicia y a proporcionar servicios sociales y económicos con carácter subsidiario.

Los descubrimientos geográficos y las culturas precolombinas

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. Este vídeo está dedicado a las principales expediciones navales de finales del siglo XV y principios del XVI, así como a los pueblos precolombinos. Ese contenido se complementa con dos entradas: una dedicada a los orígenes de la Edad Moderna y otra al gobierno de los Reyes Católicos en Castilla y Aragón.

La crisis del Antiguo Régimen


El proceso de cambios políticos, económicos, sociales y culturales que sufrieron los estados europeos como consecuencia de las revoluciones de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, se conoce comúnmente como la crisis del Antiguo Régimen.

Si bien este fenómeno tuvo momentos puntuales que podríamos señalar como culminantes, se suele afirmar que se trató de un proceso largo. De esta manera, algunos autores llegan a defender que sus primeras manifestaciones tuvieron lugar con las revoluciones inglesas del siglo XVII, siendo sus últimos coletazos las oleadas revolucionarias de 1820, 1830 y 1848.

El tránsito al nuevo orden

Las consecuencias de esta crisis, que no es más que el paso de un modelo de organización caduco a otro más acorde con los nuevos tiempos, fueron las siguientes:

  • Desde el punto de vista político, el paso de un régimen absolutista a otro de corte liberal.
  • En economía, el tránsito de una economía agraria y gremial a otra de tipo capitalista.
  • En el ámbito de la sociedad, la desaparición de los estamentos -nobleza, clero y estado llano-, con los privilegios y las desigualdades que suponían, y su sustitución por una sociedad organizada en clases.

Estas transformaciones se llevaron a cabo mediante una serie de acontecimientos históricos que van desde la independencia de los EE.UU. en 1776, a la «primavera de los pueblos» (1848). No obstante, como ya indicamos anteriormente, algunos teóricos de la cuestión llevan los inicios del proceso a sucesos anteriores: las revoluciones inglesas del siglo XVII.

Al margen de que se consideren los hechos acaecidos en Inglaterra como parte del proceso o como antecedentes del mismo, este incluye revoluciones de muy diverso orden. De esta manera, a las de corte liberal -1776, 1789, 1820 y 1830-, hemos de añadir una de marcado carácter democrático, la de 1848. A su vez, en medio de los cambios políticos, se llevaron a cabo también transformaciones en la economía. La principal manifestación de eso fue, sin duda, la revolución industrial.

Antecedentes de la crisis

Dos acontecimientos históricos contribuyeron de manera casi decisiva a la puesta en cuestión de la crisis del Antiguo Régimen. El primero de ellos tuvo lugar en Inglaterra por medio de dos revoluciones de talante liberal: la de 1640 y la de 1688. El segundo fue la Guerra de los Siete Años (1756-1763), y más en concreto su episodio norteamericano.

La revolución inglesa de 1640 fue el escenario de la primera ejecución de un soberano absoluto: el rey Carlos I Estuardo. Tras la decapitación del monarca, el Parlamento proclamó la República, que fue dirigida con brazo de hierro, durante casi veinte años, por Oliver Cromwell.

En el seno de la nueva realidad revolucionaria surgieron tres fenómenos que contribuyeron notablemente a socavar las bases del Antiguo Régimen.

El primero de ellos fue la puesta en duda de la soberanía absoluta del rey, que se manifestó tanto en las exigencias del Parlamento -su gran rival- como en la definitiva ejecución de Carlos I. El segundo fue la aparición de los levellers, un grupo político que manifestó un rechazo radical a cualquier forma de desigualdad. Por último, hemos de hacer referencia a la lucha por la tolerancia religiosa, de la que eran abanderados los puritanos y sus simpatizantes.

La revolución inglesa de 1688 no hizo más que confirmar las conquistas alcanzadas en la década de 1640. Estas se estaban viendo amenazadas por el rey Jacobo II tras la restauración de los Estuardo en el trono. Los revolucionarios ingleses expulsaron al monarca y elevaron al trono a Guillermo de Orange, que consintió en aceptar la supremacía del Parlamento. Tras más de cuarenta años de enfrentamientos, en Inglaterra se asentaba definitivamente un régimen liberal.

La Guerra de los Siete Años sembró la semilla para la independencia de trece de las colonias británicas. Los ingleses habían derrotado en América a los franceses, pero el coste había sido grande.

De esta manera, el intento de sacar de los propios territorios norteamericanos la contraprestación a tal esfuerzo, generó un gran descontento entre los colonos. Estos, después de muchas deliberaciones, y de no pocas torpezas por parte de la diplomacia británica, iniciaron el camino hacia su emancipación.

A su vez, la derrota de los franceses y la posterior crisis económica de la hacienda de aquel país, sentó las bases para la Revolución Francesa de 1789.

Los restantes factores de la crisis

En el campo de la economía cabe destacar la aparición de dos fenómenos: la aparición de la protoindustria y la revolución agraria. Ambos elementos, consecuencias claras de un cambio en el planteamiento económico, contribuyeron notablemente al posterior desarrollo de la revolución industrial.

Dentro del ámbito ideológico, hemos de referirnos a dos núcleos de pensamiento: el británico y el francés. Al respecto, se hace necesario afirmar que ambos estuvieron en constante conexión y se influenciaron mutuamente.

En Gran Bretaña, por el carácter novedoso de sus ideas, hemos de mencionar a John Locke y Adam Smith. El primero de ellos, en tanto que defensor de la libertad política y de la separación de poderes, puede ser considerado como el padre del liberalismo político. El segundo, con sus leyes de la economía, fue el padre del liberalismo económico.

En Francia, desde mediados del siglo XVIII, empezaron a hacerse populares las ideas políticas, económicas y sociales de personajes como Montesquieu, Rousseau, Voltaire y Diderot, entre otros. Las ideas de estos intelectuales, en un contexto de crisis que exigía cambios radicales, empujaron al mundo occidental a un cambio radical que acabó por enterrar para siempre el Antiguo Régimen.

La monarquía de los Reyes Católicos

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se abordan los principales aspectos de política interior y exterior de la etapa de los Reyes Católicos. Ese contenido se complementa con dos entradas: una dedicada a los orígenes de la Edad Moderna y otra sobre el descubrimiento de América y los pueblos precolombinos.

La tolerancia religiosa en John Locke


John Locke, uno de los principales teóricos del liberalismo británico del XVII, asumió como propia una problemática heredada por el estado y la sociedad británica desde un siglo antes. En ese contexto, que es también el de las guerras de religión en Europa, el autor inglés abordó la cuestión en dos de sus principales obras: Ensayo sobre la tolerancia y Carta sobre la tolerancia.

La influencia de este autor en la revolución gloriosa de 1688 iba a conducir a la imposición de un pensamiento liberal en materia religiosa.

El nacimiento del anglicanismo

1534. Enrique VIII rompía el vínculo existente entre el reino de Inglaterra y la Iglesia de Roma. El monarca británico, con el fin de divorciarse de su esposa Catalina de Aragón, se autoproclamó cabeza de una nueva tendencia dentro del cristianismo: la anglicana.

Eduardo, único hijo de Enrique VIII, siguió la senda marcada por su padre, si bien introdujo numerosas novedades de carácter calvinista. Su prematura muerte en 1553, cuando contaba con sólo dieciséis años, llevó al trono a María Tudor. Las convicciones católicas de esta reina devolvieron a Inglaterra al seno de la Iglesia romana hasta su muerte.

Cinco años duró la reina María en el trono y, puesto que falleció sin descendencia, su hermana Isabel heredó la monarquía inglesa en 1558.

Su largo reinado -murió en 1603- permitió que el anglicanismo, esbozado por su padre Enrique VIII y reformado por su hermano Eduardo VI, tomará fuerza hasta convertirse en la religión única del estado británico.

Los orígenes históricos de una intolerancia

Isabel I dio fuerza a una nueva concepción religiosa, no sólo con novedosas convicciones y dogmas, sino también con el fortalecimiento de la figura de la reina como cabeza del nuevo credo. Sin embargo, el compromiso de la monarquía con la religión anglicana dejaba a los que no profesaban esa fe fuera de la ley.

Por supuesto, los católicos -denominados despectivamente como «papistas»- debían ser perseguidos por obedecer a un poder enemigo y extranjero: Roma.

No obstante, los teólogos y juristas dudaban sobre el estatus que se debía conceder a las concepciones del cristianismo surgidas de la Reforma protestante, especialmente a los puritanos y calvinistas.

Tendría que pasar todo un siglo, el XVII, para que finalmente fueran aceptadas en el seno de Inglaterra las restantes religiones reformadas. Dos revoluciones y el pensamiento de un hombre, John Locke, iban a ser decisivas en ese proceso.

La ruptura de la unidad religiosa

La aparición del puritanismo, que aspiraba a la libertad religiosa con respecto a la Corona y a un modelo de organización anti-jerárquico o no episcopaliano, llevó a la ruptura de la unidad anglicana.

Esta nueva concepción religiosa se mantuvo en la clandestinidad durante los reinados posteriores a Isabel. No obstante, la revolución de la década de 1640, en la que el rey Carlos I Estuardo fue ejecutado, y la república que se instauró como consecuencia de esta, favorecieron el avance de la causa de los puritanos.

Así, durante el protectorado de Oliver Cromwell hubo de hecho un reconocimiento de las distintas sectas protestantes, si bien nunca se estableció con claridad cuál era la situación legal de los puritanos.

En 1660 los Estuardo, en la figura del rey Jacobo, volvieron al poder. Con ellos retornó también la intolerancia religiosa y el debate sobre la cuestión puritana.

Los ensayos de John Locke sobre la tolerancia religiosa

En el contexto que venimos describiendo, John Locke publicó en 1667 su Ensayo sobre la tolerancia. En esa obra se manifestaba en favor de la tolerancia para con los disidentes religiosos.

El argumento de fondo del autor liberal inglés era el mayor peso de las ventajas económicas y religiosas de la tolerancia con respecto a la intolerancia.

Desde el punto de vista de Locke, la falta de libertad religiosa obligaría a los puritanos a emigrar, perdiendo el estado una parte de su población, así como la riqueza asociada a ellos. A su vez, consideraba que el contacto entre distintas religiones sólo podía enriquecer a ambas.

Esta misma argumentación fue recogida y ampliada en Cartas sobre la tolerancia en 1689, un año después de la revolución liberal que derrocó al rey Jacobo Estuardo. En esa segunda obra, Locke abordó la problemática desde una perspectiva política. Establecía que la tolerancia religiosa sólo era inadmisible en el caso de perjudicar a los derechos de otro individuo o atentar contra la existencia misma del Estado.

Los orígenes de la Edad Moderna

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se inicia la explicación de la Edad Moderna, centrándose en sus principales rasgos económicos, sociales y políticos. Ese contenido se complementa con dos entradas posteriores: una dedicada a la monarquía de los Reyes Católicos y otra sobre el descubrimiento de América y los pueblos precolombinos.

Castilla y Aragón durante los siglos XIII y XIV: arte y cultura

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo, en concreto, se explican los principales rasgos del arte y la cultura de Castilla y Aragón en los siglos finales de la Edad Media. Esta información se complementa con el desarrollo político, económico y social de esos reinos, que es objeto de análisis en otros dos vídeos.

Cómo llegue al flipped learning


Tras seis años como docente, unas circunstancias concretas hicieron confluir mis ideas, casi exclusivamente, en un solo punto. Aunque al principio yo no lo sabía, estaba llegando a la esencia del flipped learning. Si me sigues, a lo largo de los siguientes párrafos te explicaré cómo paso:

Quizá es algo que, como profesor inquieto, llevaba tiempo madurando en mi cabeza. Sin embargo, tengo la sensación de que este curso ha cambiado radicalmente mi forma de entender la labor docente.

Todo comenzó cuando, pasado un mes de primer trimestre, me percaté de que buena parte de mi alumnado de 2º de ESO trabajaba muy poco -o nada- en casa. Eso me llevó a introducir una serie de cambios en la rutina habitual entre octubre y diciembre. Sin embargo, no obtuve una mejora notable de los resultados académicos.

Tenía unos alumnos poco motivados con una asignatura que, todo hay que decirlo, resulta ardua incluso para los más aplicados. A eso hemos de añadir que solo un porcentaje pequeño hacía las tareas y que en los exámenes el número de suspensos se situaba en torno al 50%. Algo novedoso para mí, pues en estos años que llevo dando clase los aprobados siempre han estado por encima del 75%.

¿El problema? Alumnado poco motivado, materia ardua, elevado número de suspensos y poco trabajo en casa ¿La solución? Invertir la clase: explicación en casa y tareas en el aula (flipped classroom) ¿Cómo? Ahora mismo te lo explico:

El gran cambio llegó entre diciembre y enero. Tomé la decisión de hacerles trabajar en clase, de tal modo que al menos los ciento cincuenta minutos semanales -3 sesiones- sirvieran para paliar esa falta de trabajo en casa. Eso requería, como es lógico, “despejar” la explicación. Las nuevas tecnologías me permitieron hacerlo sin problema: YouTube se convirtió, desde ese momento, en el lugar donde se exponían los contenidos, y el aula en el ámbito de trabajo individual o grupal.

Llegados a este punto, conviene aclarar tres cosas:

  1. Hasta el mes de abril apenas di importancia a la calidad técnica de los vídeos. Lo único que pretendía con ellos era liberar el tiempo de clase para poner a mis alumnos a trabajar. Después entendí que, para captar la atención de los estudiantes, es importante dedicar más esfuerzo a ese aspecto.
  2. En diciembre de 2015 no sabía nada sobre flipped learning. Llegué a este sistema de manera intuitiva, por la necesidad de poner a mis alumnos a trabajar en el aula. Solo a mediados de enero descubrí que eso que hacía tenía un nombre y que muchos docentes habían contribuido con su trabajo a su mejora.
  3. A pesar de no practicar flipped learning hasta el mes de diciembre, hay dos aplicaciones que venía utilizando desde comienzos de curso: Quizlet y Schoology. El hecho de que ahora las haya incorporado a mi nueva manera de trabajar no quiere decir que no se puedan utilizar con otros métodos.

Tras un trimestre trabajando con flipped learning, reconozco que estoy satisfecho con los resultados. Quedan todavía varios meses de curso, así que aún no canto victoria. Además, sé que funciona con tres grupos de 2º de ESO ¿Servirá también con otros cursos? ¿Un 4º de ESO, por ejemplo? ¿Y con alumnos de otras características?

Hasta la fecha los resultados han sido satisfactorios. Destacaría, tanto el cambio de actitud de buena parte de mis alumnos, como la mejora del rendimiento académico. Es cierto que, en un primer momento, se mostraron reticentes a adoptar cualquier tipo de novedad. Ahora bien, una vez vencieron esa pereza inicial y, viendo que la decisión del profesor era firme, adoptaron el nuevo sistema.

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Se percataron de que las clases de Historia resultaban más entretenidas así, al tiempo que comprobaron que sus conocimientos aumentaban. Todo esto, como es lógico, tuvo un rápido reflejo en las notas de los exámenes, que subieron una media de 1.43 ptos. en el conjunto de los tres 2º de ESO que tengo. 
Para no extenderme mucho, enumeraré alguno de los datos más destacados:

  • Actualmente solo una minoría de mis alumnos no hace los deberes, mientras que hace unos meses prácticamente la mitad formaban parte de ese grupo. Creo que a eso ha ayudado el hecho de que esas tareas para casa sean ver vídeos en Educanon y practicar con Quizlet; el trabajo con esas aplicaciones les resulta menos arduo.
  • Al margen de los deberes, se ha generado entre algunos de ellos una sana competencia por tener las mejores puntuaciones en las distintas pruebas que te plantea Quizlet. E, insisto, eso no son deberes, son ratos que dedican libremente a competir entre ellos.
  • Gracias al tiempo que dedican en el aula a trabajar, casi han desaparecido de los exámenes las notas inferiores al dos. Al menos esos alumnos que no hacen nada en casa, y que antes sacaban notas cercanas al uno, son ahora capaces de responder y obtener puntuaciones algo mayores.
  • En la línea de lo anterior, cabe destacar que ese fenómeno se ha producido también con aquellos que estaban en torno al tres y medio. En esos casos, la inmensa mayoría está ahora por encima de cuatro y medio.
  • Los alumnos que ya aprobaban también han experimentado una ligera mejora en sus calificaciones. Ahora bien, no es tan significativa como la de los que suspendían. En cierto modo es lógico, pues estos ya dedicaban bastante tiempo a trabajar en casa. Para ellos el único cambio ha sido cierta libertad para organizar su tiempo de clase y, sobre todo, la sensación de que las sesiones han pasado de ser algo aburrido a ser medianamente entretenidas.

Seguiré escribiendo sobre mi experiencia con flipped learning. Por si es de tu interés, dejo aquí tres enlaces a tutoriales hechos para que mis alumnos entiendan cómo se usan Quizlet, Schoology y Educanon.

Castilla y Aragón durante los siglos XIII y XIV: economía y sociedad

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo, en concreto, se explican los principales rasgos de la economía y la sociedad de Castilla y Aragón en los siglos finales de la Edad Media. Esta información se complementa con el desarrollo político y cultural de esos reinos, que es objeto de análisis en otros dos vídeos.