La política exterior V: la Guerra Nacionalsocialista


Los primeros años de guerra estuvieron marcados por la Blitzkrieg, que permitió a los nazis controlar los territorios que iban desde el Atlántico hasta Moscú. De esta forma, hacia 1942 los territorios del Reich, económicamente al servicio de Alemania, se organizaban de la siguiente manera:

  • Zonas bajo la administración militar y civil.
  • Gobiernos bajo la tutela nazi.
  • Estados satélites.

Hemos indicado ya que todos estos territorios fueron puestos al servicio de la economía Alemania, lo que incluía también a sus habitantes. Durante los años de la guerra la mano de obra esclava o semiesclava trabajando para el Reich creció hasta tal punto que, sin estos “infrahumanos”, hubieran sido imposible que los alemanes hubieran mantenido durante tanto tiempo la guerra:

(Klaus J. Bade, Población, trabajo y migración en Alemania) “…esta gente me son completamente indiferentes y si cometen la menor ofensa, denúncieles inmediatamente a la policía ¡Se les puede fusilar y ahorcar! No me importa ni lo más mínimo ¡Si se vuelven peligrosos, deben ser exterminados!”

El giro de la guerra a favor de los aliados vino marcado por dos hechos: el fracaso de la invasión alemana de Rusia, y la entrada de los EE.UU. en la guerra. Los nazis perdieron la iniciativa del conflicto en Stalingrado, el norte de África, y el Atlántico. Adolf Hitler se olvidó entonces de su proyecto de conquista del mundo y se centró en el otro gran objetivo: la política racial. En un principio se pensó en enviar a los judíos a Palestina y Madagascar; sin embargo, tras la Conferencia de Wannsee (enero 1942) se procedió al exterminio de los semitas mediante el uso de avanzada tecnología:

(Daniel J. Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler) “…un hombre de las SS borracho se nos acercó y nos dijo que los judíos tenían que desvestirse y entonces les decían que iban a despiojarlos. En realidad, gaseaban a aquellas personas y luego las quemaban”.

El asalto definitivo de los aliados se produjo mediante cuatro campañas: la ofensiva rusa, la campaña de Italia, la campaña de Francia, y el hundimiento de Alemania. Finalmente, el 8 de mayo de 1945, los alemanes capitulaban.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

[7] Población, trabajo y migración en Alemania; Klaus J. Bade – Madrid – Ministerio de Trabajo y Seguridad Social – 1992.

[8] Los verdugos voluntarios de Hitler; Daniel J. Goldhagen – Madrid – Taurus – 1997.

La política exterior IV: 1 de septiembre de 1939


Los esfuerzos por evitar el conflicto habían fracasado, todas las concesiones de occidente al nacionalsocialismo habían resultado inútiles: Alemania era por aquel entonces insaciable. Tras los hechos de Münich a Inglaterra y Francia se les había acabado la paciencia, una agresión sobre Polonia no tenía otra salida que la guerra. Finalmente, el 1 de septiembre de 1939 los alemanes entraron en Polonia, dando así comienzo la Guerra Nacionalsocialista. Stefan Zweig narra en las últimas páginas de sus memorias el estallido del conflicto; la comparación con el verano de 1914 se hacía inevitable:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “La política del appeasement y del try to try again había fracasado estrepitosamente y en Inglaterra se había acabado de la noche a la mañana la época de la buena fe (…) Inglaterra parecía dispuesta a todo. Ya no escondía sus preparativos bélicos, sino que exhibía públicamente su armamento. De repente aparecieron obreros excavando refugios antiaéreos en medio de los jardines de Londres: en Hyde Park, Regent´s Park y, sobre todo, frente a la embajada alemana. Se movilizó a la flota, los oficiales del estado mayor volaban sin parar entre París y Londres para decidir conjuntamente las últimas medidas, los barcos que se dirigían a América eran abordados por extranjeros que querían ponerse a salvo antes de que fuera demasiado tarde; desde 1914 Inglaterra no había conocido un despertar como aquel (…) se instalaban baterías antiaéreas, se repartían caretas antigás, se sopesaba la conveniencia de evacuar a los niños de Londres y se tomaban misteriosas medidas que nadie comprendía, pero que todo el mundo sabía a qué estaban destinadas. La gente volvió a pasar mañanas, tardes y noches esperando el periódico, escuchando la radio. Se repitieron aquellos momentos de julio de 1914, con una espera terrible y crispada, del sí o el no (…) Había llegado el verano de 1939, Munich había pasado ya a la historia con su breve ilusión de peace for our time; Hitler había atacado y anexionado la mutilada Checoslovaquia, rompiendo juramentos y promesas; Klaipeda había sido ocupada; la prensa alemana, artificialmente encauzada por el delirio, reclamaba Danzig y el corredor polaco. Inglaterra se despertó con un amargo regusto de su leal credulidad. Incluso la gente sencilla e inculta, que sólo por instinto aborrecía la guerra, empezó a exteriorizar con vehemencia su enojo (…) En la mañana del domingo la radio dio la noticia de que Inglaterra había declarado la guerra a Alemania. Fue una mañana singular. Nos alejamos de la radio, que había lanzado al espacio un mensaje que iba a durar siglos, un mensaje destinado a transformar totalmente nuestro mundo y la vida de cada uno de nosotros, un mensaje que encerraba la muerte para miles de los que lo escuchaban en silencio (…) Bajé al centro de la ciudad para echar una última mirada a la paz. Resplandecía serena a la luz de l mediodía y no me pareció diferente de como solía ser. La gente seguía su camino de costumbre con su paso habitual. No corría, no formaba corros en mitad de la calle. Su comportamiento parecía tranquilo y sereno, propio de los domingos, y por un momento me pregunté: ¿acaso todavía no lo saben? Pero eran ingleses, acostumbrados a reprimir sus sentimientos. No necesitaban banderas ni tambores, ruido ni música, para afirmarse en su tenaz determinación, desprovista de patetismo. ¡Qué diferente de aquellos días de julio de 1914 en Austria!”.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

La política exterior III: de la crisis Blomberg-Fritsch al pacto germano-soviético


La “crisis Blomberg-Fritsch” y el relevo de Neurath por Ribbentrop en lo que a asuntos internacionales se refiere, cambiaron la estrategia expansionista alemana. Desde ese momento se procedió a elevar tres reclamaciones territoriales sucesivas -Austria, Checoslovaquia y Polonia- con un esquema muy similar: reivindicación de los derechos de la población germana en esos territorios, presión sobre las autoridades con el apoyo de movimientos internos, y ocupación final del territorio.

1. Cuestión austríaca; en su relación con Austria los nacionalsocialistas pasaron de la política golpista -asesinato de Dollfuss en 1934- a la normalización diplomática -reconocimiento de la soberanía austríaca y proclamación del régimen de Viena como Estado alemán en 1936-. Sin embargo, el 13 de marzo de 1938 Adolf Hitler proclamó el “Anschluss” al tiempo que pedía el refrendo de la población austríaca.

Como austríaco, Stefan Zweig nos narra en El mundo de ayer sus impresiones acerca de los grandes peligros que se cernían sobre Austria y Europa. Considera que las grandes potencias, y especialmente Inglaterra, cometieron el error de confiar en los nazis, de creer en sus promesas. En su opinión, tal vez sobre la conciencia de estas pesase el duro castigo inflingido a Alemania en Versalles, y, por tanto, un deseo de reconpensarla; aunque también destaca la necesidad occidental de una Alemania fuerte capaz de cumplir la función de baluarte contra el bolchevismo.

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Una y otra vez se pretendía hacer creer que Hitler sólo quería atraer a los alemanes de los territorios fronterizos, que luego se daría por satisfecho y, en agradecimiento, exterminaría al bolchevismo; este anzuelo funcionó a la perfección. A Hitler le bastaba mencionar la palabra paz en un discurso para que los periódicos olvidaran con júbilo y pasión todas las infamias cometidas y dejaran de preguntarse por qué Alemania se estaba armando con tanto frenesí (…) poco a poco fueron surgiendo voces en Inglaterra que empezaban a justificar en parte sus “reivindicaciones” de una Gran Alemania, nadie comprendía que Austria era la piedra angular del edificio y que, tan pronto como la hicieran saltar, Europa se derrumbaría (…) Por eso, cada vez que hacía una escapada a Austria y luego volvía a cruzar la frontera, respiraba con alivio: Esta vez, todavía no. Y miraba hacia atrás como si fuera la última. Veía acercarse la catástrofe, inevitablemente; cien veces durante aquellos años, mientras los demás leían confiados los periódicos, yo temía en lo más íntimo de mi ser ver en ellos los titulares: Finis Austr¡ae”.

2. Cuestión checoslovaca; en los Sudetes vivían cerca de tres millones y medio de alemanes, e incluso existía un movimiento interno progermánico contrario al gobierno de Praga. En esta situación, Adolf Hitler presionó para que el caso de los Sudetes fuera revisado por las potencias. Estas se reunieron en la Conferencia de Munich (28-29 de septiembre de 1938), y optaron por entregar los Sudetes a Alemania con el fin de evitar el conflicto bélico. Finalmente, tras la reclamación alemana de Bohemia y Moravia, se procedió a la liquidación de toda Checoslovaquia, quedando tan solo Eslovaquia como república independiente bajo la tutela del Reich. Veamos como vivió Stefan Zweig aquellos sucesos:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Sé que hoy se recuerda con disgusto aquel encuentro en que Chamberlain y Daladier, colocados impotentes contra la pared, capitularon ante Hitler y Mussolini, pero, puesto que quiero servir a la verdad basándome en documentos, debo confesar que todo aquel que vivió aquellos días en Inglaterra entonces los consideró admirables (…) Se había dado la noticia de que Hitler, Chamberlain, Daladier y Mussolini habían llegado a un acuerdo total y, más aún, que Chamberlain había conseguido cerrar un pacto con Alemania que garantizaba el arreglo pacífico de todos los posibles conflictos entre ambos países para siempre (…) Por radio se oyó primero el mensaje Peace for our time que anunciaba a nuestra sufrida generación que podíamos volver a vivir en paz y contribuir a la construcción de un mundo nuevo y mejor, y miente quien quiera negar a posteriori lo mucho que nos embriagaron aquellas palabras mágicas. Pues, ¿quién podía creer que un hombre que regresaba preparado para una entrada triunfal era un hombre derrotado? (…) Pero, ay, sólo fue la última llamarada de un fuego que iba a extinguirse definitivamente. En los días siguientes empezaron a filtrarse los fatales detalles: cuán absoluta había sido la capitulación ante Hitler y cuán ignominiosa la entrega de Checoslovaquia, a la que se había garantizado ayuda y apoyo; y hacia el fin de semana ya era público que ni siquiera la capitulación había satisfecho a Hitler y que, incluso antes de que se hubiese secado la firma del pacto, él ya lo había violado en todos sus puntos. Sin ninguna clase de escrúpulos Goebbels proclamó entonces públicamente y a los cuatro vientos que en Munich habían acorralado a Inglaterra contra la pared”.

Así pues, el literato austríaco nos muestra cuán grande fue la capitulación anglo-francesa en Münich, pero también cómo se vivieron todos esos hechos en Londres y París. Describe cómo se pasó de la euforia del “Peace for our time”, de haber alejado el fantasma de la guerra, a la decepción de saber cuales eran las exigentes condiciones alemanas. Sobra decir que este descontento aumentó notablemente cuando Adolf Hitler ni siquiera respetó sus propias condiciones de paz.

3. Cuestión polaca; la supeditación, por parte de Adolf Hitler, del pacto de no agresión con Polonia a la incorporación de Dantzig al Reich y la construcción de un pasillo que uniera Alemania con Prusia Oriental, marcó el comienzo de lo que parecía ser otra nueva crisis diplomática. Polonia desestimó la oferta alemana confiando en que las potencias occidentales le apoyarían en caso de enfrentamiento. En consecuencia, Alemania decidió dar un giro radical en su política exterior, y firmó, el 23 de agosto de 1939, un pacto de no agresión con la Unión Soviética. Este incluía una cláusula secreta de reparto de Polonia y del Báltico:

(W. Hofer, Der Nationalsozialismus Dokumente) “…en el caso de reforma político-territorial de los territorios pertenecientes a los Estados bálticos, la frontera septentrional de Lituania trazará la divisoria de las esferas de intereses alemana y soviética. A este respecto, se reconoce por ambas partes el interés de Lituania en el territorio de Vilna (…) en el caso de una reforma político-territorial de los territorios pertenecientes al Estado polaco, las zonas de intereses de Alemania y la URSS quedarán delimitadas aproximadamente por el curso de los ríos Narev, Vístula y San”.

De esta manera, Stalin ganaba tiempo para rearmarse ante su previsible guerra con Alemania, y Adolf Hitler se asegura no caer entre dos frentes –occidental y oriental- por un tiempo.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

La política exterior II: nacimiento y muerte del Frente de Stresa


La reacción de las potencias europeas ante estos hechos fue la formación del Frente de Stresa (14 abril 1935), integrado por Francia, Gran Bretaña e Italia. Sin embargó, su condena se mostró ineficaz debido a la escasa fidelidad de sus componentes:

  • Gran Bretaña llegó a un acuerdo naval con Alemania (18 de junio). Este, a pesar de que recalcaba la superioridad británica, suponía un reconocimiento del rearme alemán.
  • El ataque italiano a Abisinia facilitó el acercamiento entre Benito Mussolini y Adolf Hitler, que acabaron por constituir el eje Roma-Berlín (1 de noviembre). Además, este se vio reforzado por la coincidencia de ambas potencias en su política exterior: Guerra Civil Española y tendencia anticomunista, plasmada en el Pacto Anti-Komintern del que también formaba parte Japón.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

La política exterior I: del revisionismo a la transgresión


Desde un principio, la conquista del “espacio vital” constituyó, por una cuestión de prestigio, uno de los fundamentos en la consolidación del régimen nacionalsocialista y en la preparación para una economía de guerra. Las rupturas de los tratados de posguerra eran vistas como victorias por parte de la Comunidad Nacional, que las secundaba mediante los sucesivos plebiscitos. Además, el Lebensraum constituía un paso necesario para el definitivo enfrentamiento con la Unión Soviética y, por tanto, la liquidación de la cuestión judía.

Las primeras manifestaciones del discurso revisionista alemán fueron las siguientes:

1. Abandono de la Conferencia de Desarme y salida de la Sociedad de Naciones el 14 de octubre de 1933:

(Adolf Hitler, discurso ante el Reichstag) “No formaremos parte de la Sociedad de Naciones, porque no creemos que sea una institución al servicio del derecho, sino más bien una organización para la defensa de la injusticia del Tratado de Versalles (…) Nos retiramos de la SDN porque, conforme a su origen y sus obligaciones, nos han negado el derecho a la igualdad de armamento y, por consiguiente, a la igualdad en la defensa”.

Con estas palabras, respaldadas ampliamente por el pueblo alemán, los nacionalsocialistas expusieron al resto de las naciones sus exigencias: querían pasar a formar parte del grupo de las grandes naciones, y tanto Versalles como la Sociedad de Naciones representaban un obstáculo en ls consecución de este fin.

2. Firma de acuerdos bilaterales.

3. Reincorporación del Sarre a la soberanía alemana (enero de 1935).

Las facilidades dadas por parte de las grandes potencias, la falta de respuesta de estas, envalentonaron a los nacionalsocialistas, que procedieron a pasar de la revisión de Versalles a su transgresión:

  • Creación de un ejército del aire –Luftwaffe– y restablecimiento del servicio militar obligatorio -organización de la Wehrmacht-.
  • Ocupación militar de Renania 7 marzo 1936.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

La consolidación del nacionalsocialismo XII: la integración social


Como mecanismo de cohesión social en el mercado de trabajo los nacionalsocialistas crearon el Frente del Trabajo, que en el fondo venía a reforzar la posición del empresario y a aumentar el control obrero. Supuso, pues, la victoria de la patronal, de la obediencia y de la jerarquía; se suprimieron los sindicatos, la jornada laboral comenzó a aumentar en número de horas, y se negó el derecho a la huelga. No obstante, entre todas estas desventajas, se le ofrecía al obrero, mediante la asociación ”A la Fuerza por la Alegría”, mejoras en su vida cotidiana y en su tiempo de ocio.

En lo referente a la mujer, hay que señalar que no es del todo cierto el mito de que en la Alemania nazi el papel de esta se veía reducido exclusivamente a la maternidad. En primer lugar es interesante tener en cuenta que, a causa del racismo inherente al régimen, en muchas mujeres se fomentaba el antinatalismo. Además, si bien es verdad que se favorecía la maternidad mediante mediadas pronatalistas en aquellas que pertenecían a la Comunidad Nacional, no es menos cierto que a estas no se les excluyó del mercado laboral. Se desarrollo una política de protección de la familia, que tenía como uno de los pilares básicos la permanencia de la mujer en casa y la revalorización del papel de la madre:

(George Mosse, La cultura nazi) “A la madre ha de asignársele la misma plaza de honor en el pueblo y la comunidad que se le asigna al soldado, ya que ella somete su vida a unos riesgos parecidos para el bien del pueblo y de la Madre Patria, como lo hacen los combatientes en el campo de batalla”.

Sin embargo, las propias necesidades económicas de Alemania acabaron por hacer imposible la exclusión de la mujer del ámbito labora. Por lo tanto, sólo se excluía a las que se consideraba “racialmente inferiores”; hecho que también se producía con los hombres.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

[7] La cultura nazi; George Mosse – Madrid – Grijalbo – 1966.

La consolidación del nacionalsocialismo XI: la recuperación económica


La recuperación económica de Alemania se apoyó en el gran desarrollo de dos sectores: la construcción y la industria pesada, encargada esta última de rearme. Por lo tanto, las claves de este crecimiento hay que buscarlas en la gran inversión estatal y en la imprescindible trasgresión del Tratado de Versalles. Además, el gran logró de la política económica del Reich fue conseguir que la financiación de esta inversión no recayese sobre el sistema impositivo, sino sobre el endeudamiento estatal mediante un sistema de letras a corto plazo y sin intereses. De esta forma, los empresarios acreedores se beneficiaron de los “efectos Offa”, relativos a la obras públicas, y de los “efectos Mefo”, relativos al rearme. Esto supuso, pues, un doble triunfo del gobierno del Reich: por un lado se disfrazó la inflación, y por otro se ocultó el rearme a las potencias extranjeras.

En lo que a política agraria se refiere, el gobierno del Reich se planteó los siguientes objetivos: garantizar la alimentación de la nación, y reducir al máximo la importación, que suponía la no deseada salida de divisas. Para esto se sirvieron de los siguientes medios:

  • La colonización de nuevas tierras.
  • La fijación de los productores a su lugar, evitando así el éxodo rural.
  • La institución del “dominio hereditario” entre las 7,5 y las 125 ha.
  • La creación de la Corporación de la Alimentación del Reich, encargada de las mejoras en las técnicas agrícolas.

Además, con el fin de garantizar la independencia con respecto al exterior, se desarrolló una industria capaz de facilitar a Alemania todo lo necesario sin tener que recurrir a la importación. Incluso se potenció el desarrollo de productos de sustitución para los aquellos que no pudieran ser fabricados en el país. De esta formas, la relación económica con el exterior se fundamentó en:

  • El control de los cambios.
  • La prohibición de la transferencia de capitales.
  • Los acuerdos de trueque, que eran asegurados por los acuerdo bilaterales desarrollados por el Reich, especialmente Europa centroriental.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

La consolidación del nacionalsocialismo VII: las Juventudes Hitlerianas


La tarea educativa se complementaba con la eliminación de todas las asociaciones juveniles a excepción de las Juventudes Hitlerianas. Esta pasaba así a gozar del monopolio en lo que se refería al tiempo libre infantil y juvenil. Se trataba de un grupo de marcado carácter militarista que exigía a los aspirantes a realizar el siguiente juramento:

(Giovanni Levi – Jean Claude Schmitt dirs., Historia de los jóvenes) “En presencia de este estandarte de sangre, que representa a nuestro Führer, juro dedicar todas mis energías y mis fuerzas al Salvador de nuestra nación, Adolf Hitler. Estoy dispuesto a ofrecer mi vida por él, y a Dios me encomiendo”.

De esta manera, la mayoría de los jóvenes alemanes pasaron a militar en las Juventudes Hitlerianas, desde donde se organizaban gran cantidad de actividades, campamentos y reuniones. La finalidad última de las mismas no era otra que educar a las nuevas generaciones en el nacionalsocialismo. A esta organización juvenil se le dotó también de un reglamento propio y de un himno:

(Vorwärts!) “Vorwärts! Vorwärts! / Schmettern die hellen Fanfaren, / Vorwärts! Vorwärts! / Jugend kennt keine Gefahren. / Deutschland, du wirst leuchtend stehn / Mögen wir auch untergehn. / Vorwärts! Vorwärts! / Schmettern die hellen Fanfaren, / Vorwärts! Vorwärts! / Jugend kennt keine Gefahren. / Ist das Ziel auch noch so hoch, / Jugend zwingt es doch. / Jugend! Jugend! / Wir sind der Zukunft Soldaten. / Jugend! Jugend! / Träger der kommenden Taten. / Ja, durch unsre Fäuste fällt / Wer sich uns entgegenstellt / Jugend! Jugend! / Wir sind der Zukunft Soldaten. / Jugend! Jugend! / Träger der kommenden Taten. / Führer, wir gehören dir, / Wir Kameraden, dir! / Uns’re Fahne flattert uns voran. / In die Zukunft ziehen wir Mann für Mann / Wir marschieren für Hitler / Durch Nacht und durch Not / Mit der Fahne der Jugend / Für Freiheit und Brot. / Uns’re Fahne flattert uns voran, / Uns’re Fahne ist die neue Zeit. / Und die Fahne führt uns in die Ewigkeit! / Ja die Fahne ist mehr als der Tod!”

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

[7] Historia de los jóvenes; Giovanni Levi y Jean Claude Schmitt – Madrid – Taurus – 1996.

La consolidación del nacionalsocialismo VI: la reforma integral de la educación


El fundamento de la política de dominación era, sin lugar a dudas, el adoctrinamiento. Este ocupaba todos los ámbitos de la vida de los jóvenes alemanes, desde la escuela hasta el grupo de amigos, pasando por el saludo y el culto a la figura del Führer:

(Guy Canonici, Les Témoins de Jehová face à Hitler) “Führer, mi Führer, tú que me has sido enviado por el Señor, / ¡protégeme y custódiame mientras viva! / Tú has salvado a Alemania de la más profunda miseria, / te doy las gracias por mi pan de cada día. / Permanece conmigo siempre, no me abandones, / ¡Führer, mi Führer, mi fe y mi luz! / ¡Heil, mi Führer!”

Por tanto, los dirigentes nacionalsocialistas para formar según su doctrina a las nuevas generaciones se convencieron de que era esencial transformar la educación. Esta reforma se llevó a cabo a través de dos cauces:

1. Transformación de las viejas estructuras educativas: se procedió a la adecuación del profesorado al nuevo régimen, a dotar a los planes de estudio de una nueva orientación, y a la revisión de libros de texto, que pasaron a presentar a los alumnos algunos ejercicios sorprendentes:

(Cit. A. Grosser, 10 leçons sur le nazisme) “Un perturbado cuesta diariamente 4 marcos, un invalido 5,5 marcos, un criminal 3,5 marcos. En muchos casos, un funcionario no cobra diariamente más que 4 marcos, un empleado 3,5marcos, un aprendiz 2 marcos. a) Realiza una gráfica con estas cantidades; b) según prudentes estimaciones, hay en Alemania cerca de 300.000 perturbados, epilépticos, etc., en los asilos. Calculad cuánto cuestan anualmente estos 300.000 perturbados y epilépticos ¿Cuántos préstamos de 1.000 marcos podrían efectuarse a jóvenes matrimonios si se reservara ese dinero?”

2. Desarrollo de un sistema educativo propio: se establecieron escuelas reservadas a las élites con el fin de formar a los futuros dirigentes. Estas estaban divididas en función de la edad de los alumnos y de la finalidad de las mismas: Centros de Educación Político-Nacional (Napola) para jóvenes entre los 10 y los 18 años; Escuelas de Adolf Hitler (AHS), que constituían la puerta de entrada a las carreras universitarias, para lo que era fundamental ser de las Juventudes Hitlerianas; y Castillos de la Orden, reservadas para adultos -más de 25 años- llamados a formar parte de las élites.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

 

La consolidación del nacionalsocialismo V: la reacción de la intelectualidad


La reacción de la intelectualidad ante el ascenso del NSDAP y de su política cultural fue diversa:

  • Adhesión al régimen: a los intelectuales alemanes se les presentaba la opción de unirse a su enemigo; es decir, pasar a engrosar las filas del nacionalsocialismo o, por lo menos, aceptarlo.

(Sebastian Haffner, Historia de un alemán) “Al mismo tiempo todos los días nos instaban no ya a rendirnos, sino a pasarnos al bando contrario. Bastaba un pequeño pacto con el diablo para dejar de pertenecer al equipo de los prisioneros y perseguidos y pasar a formar parte del grupo de los vencedores y perseguidores (…) Hoy son miles los que pululan por Alemania, los nazis con mala conciencia, hombres que soportan el peso de la insignia de su partido al igual que Macbeth carga con la púrpura de su corona, personas que, cual borregos al matadero, han de llevar sobre los hombros un cargo de conciencia tras otro mientras su mirada furtiva busca en vano alguna posibilidad de escapar. Beben y toman pastillas para dormir, no se atreven a pensar, ni siquiera saben si han de anhelar o temer el fin de la época nazi, gente que, cuando llegue ese día, seguramente deseará no haber pertenecido a ella”.

Como podemos leer en el fragmento anterior, no resultaba fácil renunciar al modelo que ofrecía la omnipresente propaganda nazi: la tentación de dejar de ser perseguidos, de acabar con el sufrimiento personal y familiar, y pasar a gozar de las comodidades y la euforia que la pertenencia a la comunidad nacional ofrecía al individuo. Sin embargo, Sebastian Haffner afirma que esa traición a la propia conciencia, ese falso espejismo que esos individuos han aceptado como forma de vida, tendrá en un futuro repercusiones graves para estos sujetos.

  • Emigración interior; no aceptaron el nacionalsocialismo, pero permanecieron en Alemania. Para describir esta postura continuaremos con la descripción de “tentaciones” que se nos ofrece en la parte final de Historia de un alemán:

(Sebastian Haffner, Historia de un alemán) “Aún he de hablar de una tercera tentación (…) su punto de partida es precisamente el reconocimiento de las tentaciones anteriores: uno no desea corromperse interiormente a través del odio y el sufrimiento (…) La única solución es ignorarla, desviar la mirada, taparse los oídos y aislarse. Pero esto sólo conduce a un endurecimiento producto de la debilidad y, en definitiva, a otra forma de delirio: la pérdida del sentido de la realidad”.

Como se indica en el fragmento anterior, el conocimiento de los peligros anteriores –descritos en Historia de un alemán: desesperación y adhesión al partidos-, y el afán por querer evitarlos, llevó a muchos a caer víctimas de otra “tentación”: la de aislarse. Se trataba de ignorar todo lo que sucedía alrededor, de evitar que eso afectase al individuo. Sin embargo, esta aparente solución condujoa muchos intelectuales, según indica Sebastian Haffner, a perder el sentido de la realidad, a vivir en un mundo inexistente que, a la larga, acabaría chocando con el real.

  • Emigración; estos lucharon en muchos casos desde fuera formando frentes antifascistas y concienciando a la comunidad internacional del peligro nazi:

(B. Brecht, Sobre la denominación de emigrantes) “Siempre me pareció falso el nombre que nos han dado: / emigrantes. / Pero emigración significa éxodo. Y nosotros / no hemos salido voluntariamente / eligiendo otro país. No inmigramos a otro país / para en él establecernos, mejor si es para siempre. / Nosotros hemos huido. Expulsados somos, desterrados. / Y no es hogar, es exilio el país que nos acoge… / Pero ninguno de nosotros / se quedará aquí. La última palabra / aún no ha sido dicha”.

(Georg Grosz, Un sí menor y un NO mayor) “El 12 de enero subimos en Bremerhaven al vapor Stuttgart de la compañía Norddeutscher Lloyd. El día 23 llegamos a Nueva York… nos llegó la noticia del incendio del Reichstag, que iluminó con su luz trágica todo el escenario. Entonces comprendí que había intervenido una “providencia” que me quiso salvaguardar (…) Pronto llegaron cartas por las cuales me enteré de que habían ido a buscarme a mi casa vacía de Berlín, y también a mi estudio. Me permito dudar de que hubiese salido con vida de aquello”.

Por su parte, Sebastian Haffner defiende que la única solución para salvaguardar la libertad personal e intelectual es la emigración. Sostiene en su obra que dentro del propio régimen nacionalsocialista era imposible mantenerse inviolable, ya que el Estado lo invadía todo. De esta forma, romper con el propio país se presentaba como el único camino. Esto vendría respaldado por algo que indicábamos más arriba: la nación había pasado a identificarse totalmente con la Comunidad Nacional, y esta con el partido. Para todo aquel alemán que no abrazase el nacionalsocialismo, Alemania había dejado de existir:

(Sebastian Haffner, Historia de un alemán) “No, eso de replegarse en la vida privada no funcionó en absoluto. Daba igual donde intentara aislarse uno, pues en todas partes volvía a encontrarse con aquello de lo que pretendía huir. Me di cuenta de que la revolución nazi había suprimido la antigua división entre política y vida privada (…) Si de verdad se quería escapar a sus efectos, solo había una solución posible: el distanciamiento físico, la emigración, despedirse del país al que uno pertenece por nacimiento, idioma y educación y renunciar a todo vínculo patriótico”.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

[7] Un sí menor y un NO mayor; Georg Grosz – Madrid – Anaya – 1991.

[8] Sobre la denominación de emigrantes; Bertolt Brecht.