Introducción a la Primera Guerra Mundial


En el verano de 1914 estallaba el que, hasta la Segunda Guerra Mundial, fue el conflicto más importante y destructivo de la historia de la humanidad. Más de treinta naciones de todo el mundo, así como sus imperio coloniales, se enfrentaron en una guerra que se cobró más de diez millones de muertos. Su final, en 1918, dio lugar a un nuevo panorama mundial, marcado por la decadencia de las potencias europeas, el ascenso norteamericano y el comienzo de una era de incertidumbre, crisis y miedo. En esta clase se introduce el tema, quedando las restantes para cuestiones como la Paz Armada, las tensiones internacionales, el sistema de alianzas, el estallido del conflicto, los contendientes y los principales frentes de la Gran Guerra. También hay apartados dedicados a su evolución (1914, 1915, 1916, 1917 y 1918) y consecuencias. Este repaso finaliza con un vídeo sobre los tratados de paz y otro sobre la fundación de la Sociedad de Naciones.

 

La Primera Guerra Mundial

VÍDEOS DE CARÁCTER OBLIGATORIO


Introducción a la Primera Guerra Mundial
La Paz Armada
Las tensiones internacionales previas a la Primera Guerra Mundial
El sistema de alianzas y la Gran Guerra
El atentado de Sarajevo y el estallido de la Guerra
Los contendientes de la Primera Guerra Mundial
Los principales frentes de la Guerra
La Guerra de Movimientos (1914)
La Guerra de Posiciones (1915-1916)
1917. El año decisivo
Los últimos meses de la Primera Guerra Mundial
Las consecuencias de la Guerra
El Tratado de Versalles
Woodrow Wilson y la Sociedad de Naciones


MATERIAL PARA AMPLIAR


Los sistemas bismarckianos
La Paz Armada
Las crisis diplomáticas previas al conflicto
Los antecedentes y causas de la Primera Guerra Mundial
El estallido de la Guerra
Las fases del conflicto: la Guerra de movimientos
Las fases del conflicto: la Guerra de trincheras
Las fases del conflicto: el año decisivo
Las fases del conflicto: el hundimiento de los Imperios Centrales
La conferencia de paz
El Tratado de Versalles
Los restantes tratados de paz
Las consecuencias de la Gran Guerra: primera parte
Las consecuencias de la Gran Guerra: segunda parte
La Sociedad de Naciones (SDN)

Introducción al imperialismo


Como ocurre con frecuencia en la historia, para llegar a comprender en su totalidad un fenómeno planteado y desarrollado en un momento concreto, hay que dar marcha atrás en el tiempo y buscar las claves que lo han propiciado e impulsado.

Esto ocurre, sin duda, en el proceso de expansión europea que se pone en marcha en torno a 1880.

En este caso, esa marcha atrás nos sitúa en el inicio de los años setenta, en ese momentos histórico que marca el comienzo de una nueva época para el mundo occidental:

  • En líneas generales, cabe afirmar que entre esa fecha (1870-1871) y el comienzo de la I Guerra Mundial (1914-1918), el continente europeo alcanzó su máxima plenitud en todos los sentidos.
  • En el terreno político, se había dado fin al ciclo de las revoluciones liberales y burguesas, aspirándose, por el momento, a consolidar la estabilidad conseguida.
    Antes de iniciarse un nuevo proceso reivindicativo, protagonizado en este caso por el proletariado.
  • En el económico, se disfrutaba de los beneficios de haber iniciado en su seno un proceso de industrialización, conocido como “segunda revolución industrial”.
  • Estrechamente ligado a esta, se produjo un espectacular desarrollo de la ciencia y de la técnica, posibilitado por una investigación sistemática y en profundidad. Esto sirvió a su vez de base y de apoyo para seguir avanzando en el camino del desarrollo y el progreso.
  • Finalmente, también el nivel alcanzado por la cultura y la civilización en Europa fue importante, como consecuencia del proceso de evolución y maduración iniciado a comienzos del XIX.
Por todo ello, el europeo se sentía orgulloso de sí mismo y del marco en el que se desarrollaba su existencia.

Es más, se sentía superior a los habitantes de otros continentes y a los hombres de otras razas. En cierta manera, quería transmitirles todo aquello que considera un triunfo de su civilización. Al tiempo que se veía presionado por una serie de circunstancias de tipo político o estratégico y económico que surgieron como consecuencia del desarrollo.

La unión de estos dos factores desembocó en el fenómeno del expansionismo europeo, que tuvo consecuencias tan trascendentales y negativas para la propia estabilidad de Europa. Con el dominio sobre amplios territorios de ultramar, los países europeos no hicieron más que trasladar y agudizar las tensiones existentes en su propio suelo.

El afán de no quedar rezagado, perdiendo por tanto una parte de protagonismo, llevó a todos estos países a iniciar una auténtica carrera expansionista.

A esta se unieron, a partir de 1894, los Estados Unidos y Japón.

Por todo ello, el inicial colonialismo europeo derivó hacia un auténtico imperialismo que, en definitiva, marcó el principio del fin de la hegemonía europea.

En resumen, el imperialismo se puede considerar como un fenómeno histórico propiciado por la relación de las grandes potencias con aquellos Estados o zonas menos desarrolladas, ya sea bajo dominio económico o militar.

La fase de la expansión colonial que se inició en los años setenta llegando hasta vísperas de la contienda mundial constituye el periodo de máxima hegemonía europea.

¿Qué es el imperialismo?


[EL IMPERIALISMO] DEL SIGLO XIX

Como ocurre con frecuencia en la historia, para llegar a comprender en su totalidad un fenómeno planteado y desarrollado en un momento concreto, hay que dar marcha atrás en el tiempo y buscar las claves que lo han propiciado e impulsado.

Esto ocurre, sin duda, en el proceso de expansión europea que se pone en marcha en torno a 1880.

En este caso, esa marcha atrás nos sitúa en el inicio de los años setenta, en ese momentos histórico que marca el comienzo de una nueva época para el mundo occidental:

  • En líneas generales, cabe afirmar que entre esa fecha (1870-1871) y el comienzo de la I Guerra Mundial (1914-1918), el continente europeo alcanzó su máxima plenitud en todos los sentidos.
  • En el terreno político, se había dado fin al ciclo de las revoluciones liberales y burguesas, aspirándose, por el momento, a consolidar la estabilidad conseguida.
    Antes de iniciarse un nuevo proceso reivindicativo, protagonizado en este caso por el proletariado.
  • En el económico, se disfrutaba de los beneficios de haber iniciado en su seno un proceso de industrialización, conocido como “segunda revolución industrial”.
  • Estrechamente ligado a esta, se produjo un espectacular desarrollo de la ciencia y de la técnica, posibilitado por una investigación sistemática y en profundidad. Esto sirvió a su vez de base y de apoyo para seguir avanzando en el camino del desarrollo y el progreso.
  • Finalmente, también el nivel alcanzado por la cultura y la civilización en Europa fue importante, como consecuencia del proceso de evolución y maduración iniciado a comienzos del XIX.
Por todo ello, el europeo se sentía orgulloso de sí mismo y del marco en el que se desarrollaba su existencia.

Es más, se sentía superior a los habitantes de otros continentes y a los hombres de otras razas. En cierta manera, quería transmitirles todo aquello que considera un triunfo de su civilización. Al tiempo que se veía presionado por una serie de circunstancias de tipo político o estratégico y económico que surgieron como consecuencia del desarrollo.

La unión de estos dos factores desembocó en el fenómeno del expansionismo europeo, que tuvo consecuencias tan trascendentales y negativas para la propia estabilidad de Europa. Con el dominio sobre amplios territorios de ultramar, los países europeos no hicieron más que trasladar y agudizar las tensiones existentes en su propio suelo.

El afán de no quedar rezagado, perdiendo por tanto una parte de protagonismo, llevó a todos estos países a iniciar una auténtica carrera expansionista.

A esta se unieron, a partir de 1894, los Estados Unidos y Japón.

Por todo ello, el inicial colonialismo europeo derivó hacia un auténtico imperialismo que, en definitiva, marcó el principio del fin de la hegemonía europea.

En resumen, el imperialismo se puede considerar como un fenómeno histórico propiciado por la relación de las grandes potencias con aquellos Estados o zonas menos desarrolladas, ya sea bajo dominio económico o militar.

La fase de la expansión colonial que se inició en los años setenta llegando hasta vísperas de la contienda mundial constituye el periodo de máxima hegemonía europea.

[VÍDEO] SOBRE LA TEMÁTICA

[INFORMACIÓN] PARA AMPLIAR

Las relaciones iniciales entre los europeos y sus futuras colonias fueron de carácter económico. A lo largo del siglo XIX, las potencias occidentales -y, de manera especial, Gran Bretaña y Francia- ejercieron el control sobre la economía de otros territorios a través de préstamos, acuerdos comerciales y construcción de infraestructuras. El paso siguiente fue el control territorial y político: su conversión en colonias. Los europeos establecieron su dominio sobre otras regiones a través de las siguientes fórmulas:

  • Conquista y administración directa del territorio por la potencia occidental que dominaba una colonia, comúnmente conocida como metrópoli.
  • El protectorado se caracterizó por respetar las estructuras de gobierno local. Si bien la metrópoli participaba de manera activa en las decisiones importantes a través de un representante, ya fuera diplomático o militar.
  • La modalidad de bases económicas se basaba en el control de la economía de unos países supuestamente independientes desde el punto de vista político.
  • Las bases de carácter estratégico eran pequeños enclaves que permitían controlar las rutas comerciales y, en caso de conflicto bélico, el traslado de tropas y armas.
  • Las colonias de poblamiento eran aquellos territorios dominados por los europeos que recibieron una gran cantidad de migrantes. El traslado de europeos a esos lugares podía ser espontáneo; es decir, que la gente decidiera por algún motivo irse a esos territorios. Sin embargo, en muchos casos eran las potencias occidentales las que fomentaban el traslado de población a un determinado territorio con el fin de controlarlo mejor y para contrarrestar el poder indígena.
  • Existió un sexto modelo colonial, los llamados mandatos de la Sociedad de Naciones. No obstante, al ser un fenómeno que se dio después de la Primera Guerra Mundial, y que está asociado fundamentalmente a la desmembración del Imperio Otomano, lo dejaremos para futuras explicaciones.

[APRENDE] AÚN MÁS:

🔴 ¿Qué pasó en la Primera Revolución Industrial?
🔴 ¿Cuáles son las principales características de la segunda revolución industrial?
🔴 ¿Qué características tenía la sociedad de clases?
🔴 ¿Cuáles son las fases del movimiento obrero?
🔴 ¿Qué diferencia hay entre el marxismo y el anarquismo?

Imperialismo: auge del predominio europeo


Como ocurre con frecuencia en la historia, para llegar a comprender en su totalidad un fenómeno planteado y desarrollado en un momento concreto, hay que dar marcha atrás en el tiempo y buscar las claves que lo han propiciado e impulsado. Esto ocurre, sin duda, en el proceso de expansión europea que se pone en marcha en torno a 1880.

En este caso, esa marcha atrás nos sitúa en el inicio de los años setenta, en ese momentos histórico que marca el comienzo de una nueva época para el mundo occidental.

En líneas generales, cabe afirmar que entre esa fecha (1870-1871) y el comienzo de la I Guerra Mundial (1914-1918), el continente europeo alcanzó su máxima plenitud en todos los sentidos: triunfo del liberalismo, reconocimiento de los derechos sociales, proceso de industrialización, desarrollo científico y técnico…

La expansión colonial durante la primera mitad del siglo XIX

En un principio la expansión colonial estuvo muy ligada al gusto por la aventura propio del romanticismo. Fue esa una época de claro protagonismo británico y, en menor medida francés. Sin embargo, ese no era todavía el momento del gran imperialismo, sino el de sentar las bases para el gran desarrollo del último tercio del siglo.

A partir de la década de 1870, y especialmente en la de 1880, las potencias europeas, los EE.UU. y Japón, se repartieron los territorios del mundo.

Únicamente los territorios de América Latina, que habían sido colonizados en los siglos XV y XVI, y emancipados a comienzos del XIX, quedaron al margen de este proceso.

Teorías sobre el imperialismo

En términos generales, las corrientes de análisis sobre el fenómeno imperialista pueden agruparse en torno a cuatro variables.

La primera de ellas hace hincapié en la proliferación de las políticas de prestigio impulsadas por el auge del nacionalismo.

Desde la perspectiva económica se explica el imperialismo como consecuencia de la crisis de 1873, surgida a raíz de la saturación de los mercados. Ante esta situación, las potencias comerciales comenzaron a buscar nuevos espacios para sus economías. No obstante, la objeción que comúnmente se ha lanzado contra esta teoría es que la ocupación de territorios coloniales no siempre rentable.

Las otras dos teorías sobre el fenómeno imperialista se basan en la demografía –la necesidad de dar salida a la superpoblación de la metrópoli- y en la ideología racista que sostenía la superioridad del hombre blanco y su responsabilidad en la instrucción de las restantes culturas y razas.

Tipología de la colonización

Atendiendo a la ocupación del territorio, el gobierno del mismo y la explotación económica, podemos distinguir los siguiente tipos de colonización:
  • Colonia; territorio en el que se implanta un gobierno y una administración de la metrópoli; sometiéndose de esta manera totalmente la población nativa a estos nuevos organismos.
  • Bases económicas; lugares sobre los que se establece un control económico, pero no político.
  • Colonia de poblamiento; relativo al traslado de grandes contingentes humanos desde la metrópoli a los territorios coloniales a causa de la superpoblación del país colonizador.
  • Bases de carácter estratégico, generalmente pequeños enclaves destinados al mantenimiento de una guarnición militar; bien por razones estratégicas o comerciales.
  • Protectorado; territorio en el que, a pesar de la existencia de una estructura política y cultural de origen antiguo, se asientan tropas de las grandes potencias con el fin de prestar ayuda a esos regímenes. Esto supone por tanto el control militar y explotación económica de ese territorio.

La Conferencia de Berlín (1884-1885)

A medidos de siglo XIX los europeos, que hasta ese momento se habían contentado con el control de enclaves costeros, comenzaron a ocupar el interior del continente africano. Para ello utilizaron, como vías de penetración, los grandes ríos: los belgas el Congo, los franceses el Senegal, y los ingleses el Níger.

Mientras esto sucedía en el África central, el norte del continente también empezó a cobrar una enorme relevancia para las grandes potencias. Así, rivalidades en torno a las cuestiones de Argelia, Túnez, y el canal de Suéz, pasaron a un primer plano en las relaciones internacionales de la época.

Este proceso de ocupación de África dio lugar a la Conferencia de Berlín, que, bajo el patrocinio de Bismarck, trataba de dar respuesta a los roces surgidos entre las naciones europeas.

De esta manera, entre noviembre de 1884 y febrero de 1885, los europeos se repartieron África. Bajo la bandera del entendimiento mutuo, las potencias fijaron las zonas de influencia y las normas de las nuevas actuaciones en aquel continente.

El Mundo de Ayer


En esta sección de Historia en Comentarios trato de ofrecer un repaso a la Historia europea de la primera mitad del siglo XX; o más bien desde la Primera hasta la Segunda Guerra Mundial, pasando por el llamado periodo de entreguerras y la revolución bolchevique.

Una cita de Stefan Zweig, extraída de El mundo de ayer. Memorias de un Europeo, nos sirve de introducción. Los escritos de este y otros hombres que vivieron todos esos sucesos nos acompañarán en nuestro “viaje”, cuya finalidad no es otra que descubrir a las personas de la época.

He dividido esta sección en cinco apartados: la Gran Guerrael mundo de postguerrael periodo de entreguerrasla experiencia soviética y el Tercer Reich. Les dejo con Stefan Zweig:

“Jamás me he dado tanta importancia como para sentir la tentación de contar a otros la historia de mi vida. Han tenido que pasar muchas cosas –acontecimientos, catástrofes y pruebas-, muchísimas más de lo que suele corresponderle a una misma generación, para que yo encontrara valor suficiente como para concebir un libro que tenga mi propio “yo” como protagonista o, mejor dicho, como centro (…) aunque, a decir verdad, tampoco será mi destino el tema de mi narración, sino el de toda una generación, la nuestra, la única que ha cargado con el peso del destino, como, seguramente, ninguna otra en la Historia (…) Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, y con dramática vehemencia me han arrojado al vacío, en ese “no sé adónde ir” que ya me resulta tan familiar.

(…) Cuando pronuncio de una tirada “mi vida”, maquinalmente me pregunto: “¿Cuál de ellas?” ¿La de antes de la guerra? ¿De la primera guerra o de la segunda? ¿O la vida de hoy? Otras veces me sorprendo a mí mismo diciendo “mi casa”, para descubrir en seguida que no sé a cuál de ellas me refiero: si a la de Bath o a la de Salzburgo, o, tal vez, al caserón paterno de Viena (…) En conversaciones con amigos más jóvenes, cada vez que les cuento episodios de la época anterior a la Primera Guerra me doy cuenta, por sus preguntas estupefactas, de hasta qué punto lo que para mí sigue siendo una realidad evidente, para ellos se ha convertido en histórico o inimaginable. Y el secreto instinto que mora dentro de mi ser les da la razón: se han destruido todos los puentes entre nuestro Hoy, nuestro Ayer y nuestro Anteayer».

Historia de un alemán (1914-1933)


He publicado una larga serie de artículos en los que repaso los aspectos, a mi juicio, más interesantes de la Historia de Alemania entre 1914 y 1933. Para ello he apoyado en Historia de un alemán (1914-1933), obra del historiador y periodista Sebastian Haffner. He agrupado los textos en los siguientes capítulos:

Historia de un alemán
La Gran Guerra
La Revolución de 1918
La República de Weimar entre 1919 y 1923
El año inhumano (1923)
La época de Stresemann
El fin del sistema de Weimar
La revolución legal
Los mecanismos de represión
El consenso y la propaganda
La Transformación Sociocultural
La situación de los no-nazis

Planteamiento general del mundo de posguerra (1945-1990)


Al término de la II Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques enfrentados: el comunista, dirigido por la Unión Soviética, y el capitalista, liderado por los EE.UU. Se trataba de un enfrentamiento entre las dos grandes cosmovisiones del momento que, además, estaban avaladas por las dos superpotencias.

A su vez, ambos bloques crearon estructuras militares -el Pacto de Varsovia en el caso soviético y la OTAN en el occidental- con el fin de garantizar su seguridad y mantener en vilo al adversario mediante la constante amenaza. La rivalidad entre las cosmovisiones y las propias superpotencias es el mejor reflejo de lo que se ha llamado “mundo bipolar”.

Sin embargo, no se dieron enfrentamientos directos entre los EE.UU. y la Unión Soviética, sino que la pugna se localizó en terceros países: Corea, Cuba, Vietnam o Afganistán entre otros.

La reconstrucción política: un mundo bipolar

La reconstrucción política del mundo fue el resultado de las decisiones tomadas por los dirigentes de los países aliados en una serie de grandes conferencias: Teherán (noviembre de 1943), Yalta (febrero de 1945) y Potsdam (julio de 1945).

Las dos ultimas fueron las más importantes, porque en ellas se decidió la ocupación y partición de Alemania, su desmilitarización, así como la “desnazificación”, basada en la defensa de los principios democráticos.

Precisamente en estas conferencias surgieron las primeras divergencias respecto a la reconstrucción de la Europa de posguerra, los regímenes políticos a instaurar y las nuevas fronteras. Estados Unidos era, desde el final de la I Guerra Mundial, el líder del mundo capitalista.

La URSS era, en ese momento, el único representante del mundo socialista, que veía en la victoria bélica una oportunidad sin precedentes para extender su área de influencia.

La disparidad entre ambas superpotencias, aparecida al acabar la contienda, dio paso a la configuración de dos bloques opuestos, que coexistieron durante casi cincuenta años. La caída de los regímenes comunistas a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa puso fin a la política de bloques, dando comienzo a un periodo de indiscutible liderazgo político, económico y militar de los EE.UU.

La reconstrucción económica tras la II Guerra Mundial

Los dos bloques se reconstruyeron económicamente tras el desastre bélico. Los países capitalistas experimentaron un importante desarrollo bajo la creciente influencia de los EE.UU., que penetró en Europa de la mano del Plan Marshall.

Poco después se inició la integración económica europea con la creación del Mercado Común (1957), que dio lugar a la Unión Europea en 1992.

La reconstrucción económica del bloque comunista sea realizó bajo la tutela de la URSS y el organismo creado a tal fin: el COMECON.

El proceso descolonizador

La descolonización es uno de los grandes hechos históricos del siglo XX. Veinte años después de la II Guerra Mundial, los antiguos imperios coloniales habían desaparecido.

En sus vastas posesiones surgieron nuevos países, que constituyen hoy la mayor parte del territorio y de la población mundial. Los nuevos estados fueron captados por uno u otro bloque, aunque algunos pasaron a formar parte de los países no alineados.

Antes de la II Guerra Mundial, ya habían hecho acto de presencia una serie de fenómenos que permitían augurar un rápido desarrollo del proceso de descolonización:

  • La aparición de movimientos nacionalistas en algunas colonias.
  • La influencia de la Revolución Rusa, con su defensa de la autodeterminación de los pueblos y su crítica de la explotación económica colonial.
  • El aumento de las protestas contra los colonizadores, duramente reprimidas.
  • El influjo que ejerció en las colonias la aparición de nuevas naciones europeas después de la Gran Guerra (1914-1918).

Sin embargo, los factores inmediatos de la descolonización fueron básicamente tres: la debilidad de las metrópolis, el apoyo internacional a los movimientos de liberación, y la fuerza creciente de estos en sus propios países.

El nacimiento de las Naciones Unidas

El mundo de posguerra fue testigo también del nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El embrión de este organismo surgió en la Conferencia de Yalta (febrero de 1945), para acabar de tomar forma en San Francisco (abril de 1945).

Esta organización internacional surgía con la finalidad de evitar los conflictos bélicos por la vía del diálogo, así como para la promoción de los derechos humanos en todo el planeta.

De hecho, en 1948 la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración de los Derechos Humanos. Dentro del entramado institucional de la ONU cabe destacar la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, la Secretaría General y el Consejo Económico y Social.

El Líbano: de la discordia a la no existencia II

En 1918, tras el fin de los combates de la Gran Guerra, el patriarca maronita exige la proclamación de un Gran Líbano independiente. Pero en 1920 se impondrá el mandato francés, que es confirmado por la SDN en 1922. Ese año Francia concede al país un Consejo representativo, en 1925 una Constitución, pero persiste una dependencia de hecho. A partir de 1925 los nuevos dueños del Líbano deberán enfrentarse a una rebelión de la montaña drusa. El tratado de 1936 firmado por el gobierno del Frente Popular concediendo por fin la independencia, no es ratificado por el Parlamento francés. En 1941 los británicos y la FFL expulsarán a los representantes de Vichy. La Francia libre proclamará la independencia en julio, pero una vez más no se respetarán los hechos. En agosto de 1943 los cristianos maronitas y los musulmanes sunnitas adoptan un acuerdo verbal, conocido con el nombre de Pacto Nacional y que estará en vigor durante cuarenta años. Los maronitas, mayoría, detentarán la presidencia de la República; el presidente del consejo será sunnita y el presidente de la Cámara chiíta. Bechara al Khury, ganador de las primeras elecciones, es detenido enseguida junto con su gobierno por el Alto Comisariado francés. Serán necesarios la firme insistencia de los británicos (más inspirados que en Palestina…) y nuevos disturbios en 1945 para que el país acceda por fin a la plena soberanía en 1946.

Alain Duret, Oriente Medio. Crisis y desafíos, p. 84.

El modelo yugoslavo IV

Los pueblos conocidos como eslavos del sur llegaron a la zona oriental de la península de los Balcanes a lo largo del siglo VI, VII y VIII. Los serbios, el grupo más numeroso, se establecieron en el este de la actual Yugoslavia e inicialmente cayeron en la órbita de influencia cultural del imperio bizantino. Los croatas, establecidos en el oeste, comenzaron a diferenciarse de los serbios por su acercamiento al mundo latino, aunque durante siglos compartieron con aquéllos una lengua muy similar y una vaga conciencia de origen común. Sin embargo, pronto aparecieron diferencias fundamentales entre ambos pueblos: los serbios adoptaron el alfabeto cirílico, mientras que los croatas utilizaron el alfabeto latino; por otra parte, tras el cisma del año 1054 entre las iglesias de Roma y Constantinopla, los croatas cayeron del lado católico, mientras los serbios optaron por la Iglesia Ortodoxa. Además, los serbios se vieron sometidos a la dominación turca desde finales del siglo XIV hasta mediados del XIX, mientras los croatas estuvieron vinculados a Hungría y al imperio austro-húngaro desde el siglo XII hasta 1918. Unos y otros se adscriben, pues, a tradiciones políticas y culturales nítidamente diferenciadas.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 20.