El Mundo de Ayer


En esta sección de Historia en Comentarios trato de ofrecer un repaso a la Historia europea de la primera mitad del siglo XX; o más bien desde la Primera hasta la Segunda Guerra Mundial, pasando por el llamado periodo de entreguerras y la revolución bolchevique.

Una cita de Stefan Zweig, extraída de El mundo de ayer. Memorias de un Europeo, nos sirve de introducción. Los escritos de este y otros hombres que vivieron todos esos sucesos nos acompañarán en nuestro “viaje”, cuya finalidad no es otra que descubrir a las personas de la época.

He dividido esta sección en cinco apartados: la Gran Guerrael mundo de postguerrael periodo de entreguerrasla experiencia soviética y el Tercer Reich. Les dejo con Stefan Zweig:

“Jamás me he dado tanta importancia como para sentir la tentación de contar a otros la historia de mi vida. Han tenido que pasar muchas cosas –acontecimientos, catástrofes y pruebas-, muchísimas más de lo que suele corresponderle a una misma generación, para que yo encontrara valor suficiente como para concebir un libro que tenga mi propio “yo” como protagonista o, mejor dicho, como centro (…) aunque, a decir verdad, tampoco será mi destino el tema de mi narración, sino el de toda una generación, la nuestra, la única que ha cargado con el peso del destino, como, seguramente, ninguna otra en la Historia (…) Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, y con dramática vehemencia me han arrojado al vacío, en ese “no sé adónde ir” que ya me resulta tan familiar.

(…) Cuando pronuncio de una tirada “mi vida”, maquinalmente me pregunto: “¿Cuál de ellas?” ¿La de antes de la guerra? ¿De la primera guerra o de la segunda? ¿O la vida de hoy? Otras veces me sorprendo a mí mismo diciendo “mi casa”, para descubrir en seguida que no sé a cuál de ellas me refiero: si a la de Bath o a la de Salzburgo, o, tal vez, al caserón paterno de Viena (…) En conversaciones con amigos más jóvenes, cada vez que les cuento episodios de la época anterior a la Primera Guerra me doy cuenta, por sus preguntas estupefactas, de hasta qué punto lo que para mí sigue siendo una realidad evidente, para ellos se ha convertido en histórico o inimaginable. Y el secreto instinto que mora dentro de mi ser les da la razón: se han destruido todos los puentes entre nuestro Hoy, nuestro Ayer y nuestro Anteayer».

Discurso a los europeos


Discurso a los europeos es un resumen del pensamiento de Robert Schuman acerca del proceso de integración europeo. En estos ocho artículos, donde predomina la cita textual correspondiente a locuciones del «padre de Europa», encontramos cuestiones ya solucionadas, pero también otras a las que los dirigentes y el propio pueblo europeo han de dar respuesta.

Claves de la nueva Europa
Hacer Europa
Una vía nueva
Las raíces cristianas de Europa
La cuestión alemana

¿Una federación de Estados europeos? I
¿Una federación de Estados europeos? II
¿Hasta dónde llega Europa?

Comentarios a los textos de la Rosa Blanca


Inicié esta nueva sección con el objetivo de transcribir y comentar los escritos de la Rosa Blanca. Para leer los artículos dedicados a este grupo de estudiantes contrarios al III Reich de Hitler, hay que pulsar en cada uno de los siguientes enlaces:

Primera hoja de la Rosa Blanca
Primera hoja de la Rosa Blanca II
Segunda hoja de la Rosa Blanca
Segunda hoja de la Rosa Blanca II
Tercera hoja de la Rosa Blanca
Tercera hoja de la Rosa Blanca II
Cuarta hoja de la Rosa Blanca
Cuarta hoja de la Rosa Blanca II
Cuarta hoja de la Rosa Blanca III
Quinta hoja de la Rosa Blanca
Quinta hoja de la Rosa Blanca II
Sexta hoja de la Rosa Blanca
Sexta hoja de la Rosa Blanca II
Boceto de hoja de Christoph Probst (28-29 enero de 1943)

El desempleo de masas en la Gran Depresión


En febrero de 2007 escribí para la web del Club Lorem-ipsum una crítica de El desempleo de masas. Palabras, imágenes y sonidos, obra de José Ramón Díez Espinosa, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid (UVa). Después emprendí la tarea de llevar a cabo un repaso más detallado del libro; capítulo a capítulo. Los enlaces a estos artículos son los siguientes:

Comentarios a El desempleo de masas en la Gran Depresión
Realidad y representación del desempleo de masas durante la Gran Depresión I
Realidad y representación del desempleo de masas durante la Gran Depresión II
Realidad y representación del desempleo de masas durante la Gran Depresión III
Aprendiendo el oficio de desempleado
La notificación de despido
La búsqueda de un nuevo empleo

El salario del desempleado: el subsidio
Las preguntas de cada día: ¿qué comer?, ¿dónde dormir?
Cuando el estómago vacío es un problema
Un techo y cuatro paredes donde cobijarse
Y, además, transtornos psicológicos
El tiempo es el peor enemigo

El viaje del pesimismo al fatalismo
Votos del hambre, marchas del dolor
Pardos y rojos se disputan la última esperanza de Alemania
Apatía y marchas de hambre del desempleado británico

El hambre no conduce a la revuelta en los Estados Unidos
Epílogo: empleo y desempleo de masas durante los años treinta

El pacto con el diablo


En los siguientes artículos he tratado de profundizar en el contenido de El Pacto con el diablo, obra del periodista e historiador alemán Sebastian Haffner que estudia las relaciones entre Rusia y Alemania de 1914 a 1945. Siguiendo el índice del propio libro, he agrupado mis artículos en los siguientes bloques:

Introducción a El pacto con el diablo
Alemania y la Revolución Soviética
Brest-Litovsk
La soga y el ahorcado
Rusia y la revolución alemana
Rapallo
El ejercito alemán y el Ejército Rojo
Hitler y Stalin: Alemania y la Unión Soviética

Historia de un alemán (1914-1933)


He publicado una larga serie de artículos en los que repaso los aspectos, a mi juicio, más interesantes de la Historia de Alemania entre 1914 y 1933. Para ello he apoyado en Historia de un alemán (1914-1933), obra del historiador y periodista Sebastian Haffner. He agrupado los textos en los siguientes capítulos:

Historia de un alemán
La Gran Guerra
La Revolución de 1918
La República de Weimar entre 1919 y 1923
El año inhumano (1923)
La época de Stresemann
El fin del sistema de Weimar
La revolución legal
Los mecanismos de represión
El consenso y la propaganda
La Transformación Sociocultural
La situación de los no-nazis

Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial


A lo largo de siete artículos he tratado de resumir Los siete pecados del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial. Esta obra de Sebastian Haffner relata, en siete capítulos, los principales errores de los germanos en ese conflicto. Se pueden consultar el resto de “pecados” en los siguientes enlaces:

Primer pecado: El alejamiento de Bismarck
Segundo pecado: el Plan Schlieffen
Tercer pecado: Bélgica y Polonia o la huída de la realidad
Cuarto pecado: la guerra submarina sin cuartel
Quinto pecado: el juego de la revolución mundial y la bolchevización de Rusia
Sexto pecado: Brest-Litovsk o la última oportunidad desaprovechada
Séptimo pecado: la verdadera puñalada

Planteamiento general del mundo de posguerra (1945-1990)


Al término de la II Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques enfrentados: el comunista, dirigido por la Unión Soviética, y el capitalista, liderado por los EE.UU. Se trataba de un enfrentamiento entre las dos grandes cosmovisiones del momento que, además, estaban avaladas por las dos superpotencias.

A su vez, ambos bloques crearon estructuras militares -el Pacto de Varsovia en el caso soviético y la OTAN en el occidental- con el fin de garantizar su seguridad y mantener en vilo al adversario mediante la constante amenaza. La rivalidad entre las cosmovisiones y las propias superpotencias es el mejor reflejo de lo que se ha llamado “mundo bipolar”.

Sin embargo, no se dieron enfrentamientos directos entre los EE.UU. y la Unión Soviética, sino que la pugna se localizó en terceros países: Corea, Cuba, Vietnam o Afganistán entre otros.

La reconstrucción política: un mundo bipolar

La reconstrucción política del mundo fue el resultado de las decisiones tomadas por los dirigentes de los países aliados en una serie de grandes conferencias: Teherán (noviembre de 1943), Yalta (febrero de 1945) y Potsdam (julio de 1945).

Las dos ultimas fueron las más importantes, porque en ellas se decidió la ocupación y partición de Alemania, su desmilitarización, así como la “desnazificación”, basada en la defensa de los principios democráticos.

Precisamente en estas conferencias surgieron las primeras divergencias respecto a la reconstrucción de la Europa de posguerra, los regímenes políticos a instaurar y las nuevas fronteras. Estados Unidos era, desde el final de la I Guerra Mundial, el líder del mundo capitalista.

La URSS era, en ese momento, el único representante del mundo socialista, que veía en la victoria bélica una oportunidad sin precedentes para extender su área de influencia.

La disparidad entre ambas superpotencias, aparecida al acabar la contienda, dio paso a la configuración de dos bloques opuestos, que coexistieron durante casi cincuenta años. La caída de los regímenes comunistas a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa puso fin a la política de bloques, dando comienzo a un periodo de indiscutible liderazgo político, económico y militar de los EE.UU.

La reconstrucción económica tras la II Guerra Mundial

Los dos bloques se reconstruyeron económicamente tras el desastre bélico. Los países capitalistas experimentaron un importante desarrollo bajo la creciente influencia de los EE.UU., que penetró en Europa de la mano del Plan Marshall.

Poco después se inició la integración económica europea con la creación del Mercado Común (1957), que dio lugar a la Unión Europea en 1992.

La reconstrucción económica del bloque comunista sea realizó bajo la tutela de la URSS y el organismo creado a tal fin: el COMECON.

El proceso descolonizador

La descolonización es uno de los grandes hechos históricos del siglo XX. Veinte años después de la II Guerra Mundial, los antiguos imperios coloniales habían desaparecido.

En sus vastas posesiones surgieron nuevos países, que constituyen hoy la mayor parte del territorio y de la población mundial. Los nuevos estados fueron captados por uno u otro bloque, aunque algunos pasaron a formar parte de los países no alineados.

Antes de la II Guerra Mundial, ya habían hecho acto de presencia una serie de fenómenos que permitían augurar un rápido desarrollo del proceso de descolonización:

  • La aparición de movimientos nacionalistas en algunas colonias.
  • La influencia de la Revolución Rusa, con su defensa de la autodeterminación de los pueblos y su crítica de la explotación económica colonial.
  • El aumento de las protestas contra los colonizadores, duramente reprimidas.
  • El influjo que ejerció en las colonias la aparición de nuevas naciones europeas después de la Gran Guerra (1914-1918).

Sin embargo, los factores inmediatos de la descolonización fueron básicamente tres: la debilidad de las metrópolis, el apoyo internacional a los movimientos de liberación, y la fuerza creciente de estos en sus propios países.

El nacimiento de las Naciones Unidas

El mundo de posguerra fue testigo también del nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El embrión de este organismo surgió en la Conferencia de Yalta (febrero de 1945), para acabar de tomar forma en San Francisco (abril de 1945).

Esta organización internacional surgía con la finalidad de evitar los conflictos bélicos por la vía del diálogo, así como para la promoción de los derechos humanos en todo el planeta.

De hecho, en 1948 la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración de los Derechos Humanos. Dentro del entramado institucional de la ONU cabe destacar la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, la Secretaría General y el Consejo Económico y Social.

Economía, sociedad y cultura en la Unión Soviética


La Nueva Política Económica (NEP)

Durante los primeros años de régimen soviético se hizo patente la incapacidad de los líderes bolcheviques para llevar a cabo su programa en Rusia: el país no estaba, ni mucho menos, preparado para semejante cambio. El escaso desarrollo del capitalismo en aquel territorio hacía prácticamente imposible implantar en ellos un sistema económico de tipo socialista.

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, Obras completas) “Sabemos muy bien que el proletariado ruso está peor organizado y menos preparado intelectualmente para esta tarea que las clases trabajadoras de otros países… Rusia es un país agrícola, uno de los más atrasados de Europa. El socialismo no puede imponerse de forma inmediata en Rusia; pero el carácter campesino del país puede conducir, como se demostró en los acontecimientos de 1905, al desarrollo de una revolución democrático-capitalista en Rusia y convertirla en el prólogo de una revolución socialista de ámbito mundial…”

Además, a esta incapacidad para llevar a cabo su propio programa, a los líderes bolcheviques les surgió un problema más: el descontento de la población ante las medidas impopulares que ellos tomaban. De esta manera, los levantamientos se hicieron cada vez más frecuentes, y con ello también el desarrollo y endurecimiento de los mecanismos de represión. Entre los levantamientos que se produjeron en los años de consolidación bolchevique en el poder, destaca, por su carácter simbólico, el de la marinería del Kronstadt (1921):

(Arenga de un marinero del Kronstadt) “Camaradas, mirad a vuestro alrededor y veréis que estamos metidos en un fangal espantoso. U grupo de burócratas comunistas que, bajo la máscara de su comunismo, han anidado en lo más alto de nuestra república, son los que nos han empujado a este barrizal”.

(Gool, Tujachevski) “Estuve en la guerra cinco años, pero no puedo recordar una carnicería como aquella. No era una batalla, era un infierno. El tronar de la artillería pesada duró toda la noche, y alcanzó tal magnitud que todas las ventanas de Oranienbaum saltaron en pedazos. Los marinos luchaban como bestias salvajes. No puedo comprender de dónde sacaron tanta fiereza. Hubo que tomar al asalto los edificios en que se atrincheraron…”

Ante ésta situación, los dirigentes soviéticos no tuvieron más remedio que dejar para más adelante sus planes y elaborar nuevos programas económicos: una serie de medidas de urgencia que se mantuvieron vigentes casi diez años. En un principio, durante el enfrentamiento civil, se desarrolló el “Comunismo de Guerra”, que trataba de adaptar la economía del país a la penosa situación en la que éste se encontraba y sostener el conflicto contra los “blancos”. Sin embargo, la política económica que marcó esa época fue, sin lugar a dudas, la NEP; una alianza de los bolcheviques con el capitalismo para poder llegar con garantías a una economía de tipo socialista:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, Discursos: la NEP) “Esperábamos fundar industrias estatales y organizar la distribución de una producción nacionalizada sobre bases comunistas en un país intrínsecamente pequeño-burgués. Los hechos han demostrado que estábamos equivocados. Se requiere una sucesión de periodos transitorios, como el capitalismo de Estado y el socialismo, para preparar el terreno, a lo largo de muchos años de trabajos previos, para el advenimiento del comunismo (…) No importan ya las dificultades, ni los obstáculos por vencer, ni cuantas complicaciones trae consigo; lograremos encauzar esta Rusia de la N. E. P. para convertirla en la Rusia socialista (…) el capitalismo es un mal en relación con el socialismo. El capitalismo es un bien en relación con el período medieval, en relación con la pequeña producción, en relación con la burocracia ligada a la fragmentación de los pequeños empresarios… Debemos utilizar al capitalismo… como cadena de transmisión entre la pequeña producción y el socialismo…”

Ésta se regía en base a tres principios:

– Poner fin al aislamiento internacional.

– Recuperar económicamente al campesinado.

– Reactivar la economía de la Unión Soviética partiendo de la agricultura.

Los planes quinquenales

A partir de 1929 la política económica soviética volvió a experimentar un profundo cambio: el periodo de la NEP había llegado a su fin, la URSS estaba preparada para el socialismo. Se trataba de alcanzar tres objetivos:

– La rápida industrialización del país; tenía como fin responder a los posibles ataques de las potencias imperialistas.

– La intensa reforma de la agricultura; plasmada en la colectivización de la tierra, la adecuación de la producción a las necesidades del Estado, y la exportación de cereales con el fin de obtener divisas.

– La total y exclusiva planificación de la economía por parte del Estado, que era el encargado de asignar los recursos dedicados a las distintas tareas productivas.

Sin embargo, para llevar a cabo este magno proyecto y vencer la más que previsible oposición, los dirigentes soviéticos tuvieron que utilizar tres instrumentos: la coerción, la propaganda y la represión. De esta manera, en vísperas de la II Guerra Mundial, podemos señalar los siguientes logros y fracasos de los planes quinquenales:

– Transformación económica de la Unión Soviética.

– Transformación social del país.

– Desarrollo de un nuevo marco de gestión: el Estado. El Gosplan, institución creada para tal fin, era el encargado de controlar los medios de producción y distribución, y los niveles de renta.

– Utilización de instrumentos que favorecían el desarrollo de los planes: propaganda, figura del trabajador ejemplar, mano de obra sana e instruida, disciplina en el trabajo (supresión de las huelgas y los sindicatos)…

– Alto coste social y humano del proceso.

A modo de balance habría que señalar que se trató de una transformación radical de la estructura económica de la Unión Soviética llevada a cabo mediante un intenso proceso industrializador –centrado en la industria pesada-, especialmente significativo en un determinado número de núcleos industriales. Se apreció, pues, un elevado crecimiento de la renta nacional, lo que contrastó con un contexto internacional adverso.

El campesinado

En el caso concreto de la agricultura, los planes quinquenales se centraron en la colectivización de la tierra, bien fuera mediante la instauración de koljos –comunas campesinas- o soljos –comunas estatales-. Los objetivos de esta política eran fundamentalmente dos: la erradicación de los kulaks, y el aumento de la producción de grano mediante un amplio programa de mecanización de la actividad agrícola. Sin embargo, la cuestión de los kulaks, la incompatibilidad entre éstos y el bolchevismo, se rastrea ya desde los primeros años de régimen soviético:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, Obras completas) “Los kulaks son enemigos irreconciliables del Gobierno soviético. O los kulaks exterminan a una masa considerable de trabajadores, o éstos, sin compasión, aplastan la insurrección de esa rapaz minoría kulak del pueblo frente al gobierno de los obreros; no puede haber término medio”.

No obstante, Stalin encontró una férrea oposición a su programa entre las clases campesinas. Esta fue duramente reprimida. Muchos fueron deportados, otros ejecutados, y la gran mayoría murió de hambre, pero a pesar de todo el plan del Estado salió adelante. El balance de este proceso de colectivización agraria es bien sencillo:

– A la larga se produjo un gran crecimiento de la producción, lo que permitió al Estado exportar el grano sobrante y conseguir así divisas.

– El desarrollo de este sistema tuvo un alto coste social, plasmado en protestas campesinas, hambrunas y actuaciones represivas.

También se aprecia un alto coste económico durante los primeros años, fruto de la crisis que estos hechos desataron.

Inteligencia y alfabetización

En lo que al nuevo sistema sociocultural se refiere, hemos de destacar en primer término el dominio –casi monopolio- del realismo socialista en el campo artístico. Este movimiento cultural se caracterizó por:

– Propagar la ideología del régimen.

– Dar culto a través de sus creaciones a la personalidad de Stalin.

– Elaborar un cine de carácter documental y testimonial.

A todo aquel intelectual que no comulgase con las ideas del partido no le quedaba más remedio que el exilio, el olvido o la muerte.

La gran campaña para eliminar el analfabetismo fue, en éstos primeros años de experiencia bolchevique, otro de los pilares de la política cultural soviética. El avance en materia educativa fue más que notable:

– Se ofreció una escolarización gratuita durante los primeros cursos.

– El país experimentó también un importante crecimiento en el ámbito de la secundaria y en el universitario. Como nos muestra Stefan Zweig, el afán por saber, por la instrucción del proletariado, inundó Rusia desde los primeros momentos:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Los maestros conducían a niños mofletudos a través de las salas, los comisarios de arte explicaban la obra de Rembrandt y de Tiziano a campesinos que los escuchaban un tanto cohibidos: cada vez que se les indicaba un detalle, levantaban tímidamente la mirada bajo sus gruesos párpados. Tanto en éste como en todos los demás casos, ese esfuerzo puro y honrado de sacar al “pueblo” del analfabetismo de la noche a la mañana y llevarlo directamente a la comprensión de Beethoven y de Vermeer encerraba un cierto toque de ridículo (…) En las escuelas, a los alumnos se les hacía pintar cosas absurdas y extravagantes y en los bancos de niñas de doce años se veían obras de Hegel y de Sorel; cocheros que aún no sabían leer del todo tenían libros en las manos, simplemente porque eran eso: libros, y libros quería decir “instrucción”, es decir, el honor y el deber del nuevo proletariado”.

– Todo esto se complementó con las organizaciones juveniles del Estado, que se ocupaban de organizar el ocio de los más jóvenes al tiempo que les adoctrinaban en la ideología del régimen.

Urbanismo, demografía y estructura social

En esos años el país fue víctima de un rápido y mal organizado proceso de urbanización, que llevó a muchas personas a vivir durante años hacinadas en alojamientos pequeños y mal acondicionados.

En lo relativo al comportamiento demográfico de los soviéticos, hay que señalar su debilidad durante éstos primeros años de socialismo. Los sucesos nefastos – hambrunas, guerras y represión- y la política antinatalista del Estado –regulación del aborto, aprobación del divorcio e incorporación de la mujer al mundo laboral- contribuyeron de manera importante a la debilidad del sistema demográfico de la Unión Soviética. Sin embargo, a partir de 1930, con la relativa normalización de la situación político-militar y el viraje pronatalista del Estado, la tendencia se invirtió.

En los años anteriores a la II Guerra Mundial, la composición social de la Unión Soviética varió notablemente en relación con la época de Nicolás II. En cierta medida esto tuvo su origen en los intensos cambios económicos y políticos que experimentó la nación; es decir, el proceso de industrialización, que exigía un número mayor de obreros, y el desarrollo de una nueva burocracia. Se aprecian, pues, dos cambios fundamentales:

– El descenso de la población dedicada a labores campesinas a favor del grupo de los obreros industriales.

– La aparición de una élite dirigente –inteligentsia- que, ocupando los puestos del funcionariado y dedicándose a las profesiones liberales, sustituyó a la antigua burguesía.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Obras completas; Vladimir Ilich Lenin – Madrid – Akal – 1975.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

El sistema político soviético


Bases del sistema soviético

Una vez alcanzado el poder, los bolcheviques debían lanzarse a construir un verdadero Estado socialista. Para ello era necesario llevar a cabo una revolución que tocase tres aspectos: el político, el económico y el cultural. Se trataba, pues, de construir un sistema de partido único, basado en el monopolio de un grupo político y la represión de aquellas ideas que no comulgasen con la ideología oficial; un nuevo sistema económico de marcado protagonismo estatal, es decir, nacionalización de la propiedad y planificación económica gubernamental; y una cultura socialista, caracterizada por la aparición del “nuevo hombre” soviético, regido por unos valores éticos y una mentalidad distinta.

De esta construcción del Estado socialista, y de la visión que en occidente se tenía de él, nos habla brevemente Stefan Zweig en sus memorias:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Con el experimento bolchevique, Rusia se había convertido para todos los intelectuales en el país más fascinante de la posguerra, admirado con tanto entusiasmo como fanáticamente combatido, y en ambos casos sin suficiente conocimiento de causa. Nadie sabía a ciencia cierta qué pasaba en aquel país. Pero sí sabíamos que allí se gestaba algo completamente nuevo, algo que, de buen grado o por la fuerza, podía resultar determinante para la futura forma de nuestro mundo”.

Con el fin de construir un sistema político de carácter socialista, los bolcheviques tomaron las siguientes medidas:

– Ruptura con el liberalismo; se disolvió, no sin oposición por parte de la población y de sus representantes, la Asamblea Constituyente. Las causas de ésta decisión habría que buscarlas en dos hechos: en primer lugar el lógico interés de los bolcheviques por eliminar todo posible atisbo de liberalismo; y, en segundo término, la situación de minoría en la que el partido de Lenin se hallaba en dicha Cámara.

(Aleksei Maksimovich Peshkov Gorki, Novaya Zhizn) “Ayer, las calles de Petrogrado y Moscú resonaron de vivas a la Asamblea Constituyente. Por dar rienda suelta a tales sentimientos, los pacíficos manifestantes fueron recibidos a tiros por el Gobierno del pueblo. La Asamblea Constituyente ha muerto el 19 de enero, y su muerte presagia nuevos sufrimientos para el martirizado país y para sus masas populares (…) Lo mejor de Rusia ha vivido durante casi cien años con la esperanza puesta en una Asamblea Constituyente que fuera órgano político capaz de instituir una democracia rusa integral, con la posibilidad de expresar libremente su voluntad en ella. En la lucha por ese ideal, miles de intelectuales, decenas de miles de obreros y campesinos, han perecido en las cárceles, en el exilio o en trabajos forzados, en la horca o bajo las balas de los soldados”.

– Supresión del pluralismo asociativo; las Checas y ejército fueron los encargados de perseguir estos delitos, que en numerosas ocasiones se castigaban con la pena de muerte. Precisamente a Félix Edmúndovich Dzerzhinski, una de las figuras más inquietantes de los primeros años de la experiencia soviética, se le encargo la supervisión de éste aparato represivo. Éste despiadado personaje es descrito por Naglovski de la siguiente manera:

(A. Naglovski, Los líderes rojos) “Alto, desaliñado, con sus enormes botas y su camisa sucia, Dzerzhinski era poco estimado en las altas esferas bolcheviques. Pero la gente se sentía ligada a él por el temor, temor que también llegaron a sentir los Comisarios del Pueblo”.

Sin embargo, no cabe duda de que, sin el apoyo de la cúpula del partido, Félix Edmúndovich Dzerzhinski no hubiera podido instaurar el terror en el nuevo Estado socialista:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, alocución a la Checa en 1918)“Cuando estudio las actividades de la Checa, y al mismo tiempo oigo las innumerables críticas de que es objeto, no puedo decir sino que todas éstas son palabras vacías de pequeños burgueses… la Checa está haciendo efectiva la dictadura del proletariado, y en ese sentido su valor es inestimable”.

– Sanción constitucional de la democracia socialista; se elaboraron tres textos básicos: 1918, 1922, 1936. Éstos establecían la sucesión de cuatro sistemas sucesivos de elección de los representantes: elecciones locales, provinciales, estatales y al comisariado. Se reforzó, de esta forma, el grupo bolchevique como partido de cuadros.

– Se consolidó el monopolio del partido y la omnipresencia del mismo en la vida de los rusos. Esto suponía, por tanto, eliminar de manera radical la libertad política, hecho que fue duramente criticado por Rosa Luxemburg:

(Rosa Luxemburg, La revolución rusa) “El remedio a que han recurrido Lenin y Trotski, eliminar radicalmente la democracia en sí misma, es peor que la enfermedad que está destinado a curar (…) La libertad sólo para los simpatizantes del Gobierno, para los miembros de un partido único –por numerosos que lleguen a ser- no es libertad en absoluto”.

– Construcción de un aparato represivo y de terror; en los primeros años fue la Checa la encargada de llevar a cabo las tareas de represión, pasando posteriormente a la jurisdicción del Comisariado de Asuntos Internos. Mención especial merecen las purgas acaecidas entre 1934 y 1941 que, bien por cuestiones políticas, militares o populares, acabaron por cobrarse más de diez millones de muertos.

La constitución real

La construcción política ratificada en los tres textos constitucionales resultó no ser más que teoría; en la práctica funcionaba la “constitución real”, según la cual al partido, como vanguardia del proletariado, acumulaba en sí mismo todos los poderes. Por tanto, se sometía todo a la “legalidad socialista”, subordinándose los soviets a los comisarios puestos por el partido; en definitiva, no existía separación de poderes. Como bien pudo comprobar Stefan Zweig en su visita a la Unión soviética, una cosa era lo que se mostraba, lo oficial, y otra muy distinta la verdad:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “No crea todo lo que le dicen –me escribía el desconocido-. No olvide que, a pesar de todas las cosas que le enseñan, dejan de enseñarle otras muchas. No olvide que las personas que hablan con usted, por lo general no le cuentan lo que les gustaría contarle sino sólo aquello que se les permite decir. Nos vigilan a todos, incluido usted. Su teléfono está interceptado y controlados todos sus pasos”.

Podemos señalar, de ese omnipresente partido, las siguientes características:

– Se trataba de un partido de cuadros.

– Estaba sujeto a purgas.

– Existía dentro de él una unidad monolítica; en cierta medida facilitada por las purgas internas.

– Funcionaba con un férreo centralismo democrático; es decir, el control del mismo estaba en manos de unos pocos miembros pertenecientes Comité Central.

– Se fomentaba el liderazgo colectivo:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Estaban convencidos de que participaban en una gran causa que afectaba a toda la humanidad, profundamente convencidos de que las privaciones y restricciones que padecían las tenían que sufrir por mor de una misión superior. El viejo sentimiento de inferioridad respecto a Europa se había convertido en un orgullo embriagador de llevar ventaja, de haberse adelantado a todo el mundo. Ex oriente lux: de ellos venía la salvación; así lo creían sincera y honradamente. Ellos habían vista la verdad y a ellos les correspondía llevar a cabo aquello que los otros apenas si soñaban. Cuando enseñaban algo, por insignificante que fuera, les brillaban los ojos: Lo hemos hecho nosotros. Y ese nosotros representaba a todo el pueblo”.

– Se primaba la pureza ideológica por encima de todo.

El ascenso de Stalin

La forma como estaba concebido el partido y su manera de funcionar, explica el ascenso de Stalin al poder. Si desde el partido se controlaba el Estado -en el fondo ambos se identificaban-, entonces aquel que lograse adueñarse del partido conseguiría hacer lo propio con el Estado. De esto fue plenamente consciente Lenin en sus últimos meses de vida:

(Vladimir Illich Ulianov Lenin, Testamento del 25 de diciembre de 1922) “El camarada Stalin, al ser nombrado secretario general, ha concentrado en sus manos un enorme poder, y no estoy seguro de que sepa usarlo siempre con la necesaria cautela. En cuanto al camarada Trotski, (…) se distingue por su excepcional capacidad como por su excesiva confianza en sí mismo y su inclinación a recrearse en los aspectos estrictamente administrativos de los asuntos. Las cualidades personales de estos dos líderes, los más capacitados dentro del Comité Central, puede desembocar, del modo más inocente, en una escisión”.

Ese fue el camino seguido por Stalin que, aprovechando con gran maestría los errores de sus rivales, supo ocupar los puestos de decisión del partido y ganarse la adhesión de muchos dentro del mecanismo burocrático. De esta manera, distinguimos tres pugnas en el proceso de acumulación de poder y eliminación de los posibles rivales llevado a cabo por Stalin:

– Cuestión económica; que le enfrentó a Grigori Zinoviev y Lev Kamenev.

– Cuestión de la expansión del comunismo; que le enfrentó a Lev Davídovich Bronstein Trotski.

– Cuestión del ritmo de la industria y su naturaleza; en la que volvió a enfrentase con Grigori Zinoviev y Lev Kamenev.

Tras alcanzar la victoria en estos tres pulsos con sus máximos rivales, se procedió a la exclusión de éstos del Politburó. Quedaba, así, todo el poder en manos de Stalin, que se había asegurado de eliminar a todos lo líderes carismáticos de la Revolución; es decir, los que le podían hacer sombra.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Obras completas; Vladimir Ilich Lenin – Madrid – Akal – 1975.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.