La organización política del mundo


VÍDEOS DE CARÁCTER OBLIGATORIO


El Estado
Tipos de Estados
Estados centralizados y descentralizados
La cooperación entre Estados
Los conflictos entre Estados
La Unión Europea

Describe el origen desarrollo y repercusiones de la Tercera Guerra Carlista


QUINCUAGÉSIMO SEGUNDO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

El exilio de Isabel II como consecuencia de la Gloriosa Revolución de 1868, así como la evolución política del Sexenio Democrático (1868-1874), dieron un nuevo impulso al carlismo. La causa del nuevo pretendiente, Carlos VII, se vio reforzada, tanto por la presencia en el trono de una dinastía ajena al país –la Casa de Saboya-, como por el apoyo de buena parte de la derecha; especialmente los moderados y neocatólicos.

Para entender la persistencia del conflicto carlista a lo largo del siglo XIX y, de manera especial, en el periodo que nos ocupa, hay que tener en cuenta tres factores:

  • El rechazo del campesinado a las formas de producción capitalista.
  • La resistencia de los antiguos territorios forales al centralismo liberal.
  • La postura contraria a la secularización, promovida por los liberales, de la religiosidad tradicional.

Si bien el conflicto bélico se inició en 1872, no se generalizó en el territorio vasco y navarro hasta el año siguiente. De hecho, una vez se produjo la entrada de Carlos VII en España, en esos territorios forales se organizó un Estado alternativo con legislación e instituciones propias. Ahora bien, al no prosperar los levantamientos protagonizados por los carlistas en otros territorios de la Península, su efecto se fue diluyendo poco a poco.

La principal consecuencia de la derrota carlista fue la supresión del sistema foral vasco en 1876; es decir, un nuevo proceso de centralización protagonizado por el liberalismo. A su vez, esto abrió el camino para la transformación del viejo foral en un nacionalismo de base étnica, católica y xenófoba.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia de España 2 – Editorial Anaya.
  2. Historia de España – Editorial Vicens Vives.
  3. Historia de España en el siglo XIX; José Luis Comellas – Rialp.

Discurso de Alejandro Lerroux

¿Revolución sin fronteras? A los «jóvenes bárbaros», vanguardia de sus fuerzas, dirigió Lerroux la exhortación titulada «¡Rebeldes, rebeldes!», breviario del radicalismo barcelonés:

«Rebelaos contra todo: no hay nada o casi nada bueno. Rebelaos contra todos: no hay nadie o casi nadie justo.

Sed arrogantes… Sed imprudentes… Sed osados… Luchad, hermosa legión de rebeldes…

Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura, destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo a las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie, penetrad en los registros de la propiedad y haced hogueras con sus papeles, para que el fuego purifique la infame organización social, entrad en los hogares humildes y levantad legiones de proletarios para que el mundo tiemble ante sus jueces despiertos.

Hay que hacerlo todo de nuevo, con los sillones empolvados, con las vigas humeantes de los viejos edificios derrumbados, pero antes necesitamos la catapulta que abata los muros y el rodillo que nivele los solares…

Seguid, seguid… No os detengáis ni ante los sepulcros ni ante los altares. No hay nada sagrado en la tierra… El pueblo es esclavo de la Iglesia… Hay que destruir la Iglesia… la tradición, la rutina, los derechos creados, los intereses conservadores, el caciquismo, el clericalismo, la mano muerta, el centralismo y la estúpida contextura de partidos y programas…

Muchachos, haced saltar todo eso como podáis… Luchad, matad, morid…»

Jesús Pabón, Cambó, p. 231 y 232.

 

 

 

El modelo yugoslavo VIII

A partir de 1950, la mayor tolerancia ideológica y la diversidad de órganos institucionales diferenciaron claramente al gobierno yugoslavo de los demás gobiernos del Este. Es bien cierto, sin embargo, que algunos de los vicios originales del estalinismo se mantuvieron posteriormente, como el culto a la personalidad, la tendencia a imponer prácticas del «centralismo democrático», el control directo del ejército y la policía política por el aparato partidario y la persecución de todo tipo de oposición.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 27.

Proyectos para Europa tras el fin de la URSS

Algunas de las diferencias de opinión y de puntos de vista que existen acerca de lo que la UE es y debería ser están ligadas a los «tres grandes» Estados de la Unión. La línea oficial del Reino Unido ha sido desde hace tiempo el intergubernamentalismo, aunque en los años recientes no sea tan extremo como el que sostuvo Thatcher en su momento. Los políticos y los pensadores alemanes más destacados has tendido a concebir Europa en términos de un modelo federal afín al suyo nacional propio. Los dirigentes franceses se inclinan más por una visión centralizada de la UE en la que, no obstante, cada país seguiría sustentando sus intereses nacionales respectivos. Ellos han identificado tradicionalmente (aunque no tanto en la actualidad) los intereses europeos con los franceses. Algunos países miembros más pequeños se han mostrado partidarios de la opción federal, pero la mayoría son reticentes a su implantación, porque consideran que su propia influencia se vería amenazada y disminuida en esa situación. Los nuevos Estados miembros son intergubernamentalistas acérrimos: tras haberse librado del yugo de la Unión Soviética, no tienen intención alguna de adscribirse a otro superestado. Las divergencias entre estos puntos de vista se antojan tan amplias que podrían parecer incluso imposibles de reconciliar. Pues, bien, es imposible reconciliarlas tal y como están expresadas, en su forma convencional, pero deberíamos aprender a concebirlas y a interpretarlas de un modo diferente.

Anthony Giddens, Europa en la era global, p. 266.

Hacer Europa


“El futuro de Europa nos pide en adelante coordinar, orientar, reagrupar. Coordinar determinadas actividades de los países europeos para aumentar su eficacia; orientar esas actividades hacia un bien común supranacional; reagrupar esos países con vistas a una acción común y concertada. Eso es ¡hacer Europa! No se trata, pues, de crear una cosa inexistente, sino de reunir y ajustar elementos ya dados; es unir lo que está dividido y separado. Sin embargo, no es necesario fusionar lo que es y debe seguir siendo distinto”.

Iniciamos nuestro repaso del pensamiento de Robert Schuman con una breve cita. No obstante, lo conciso de la misma no ha de llevarnos a despreciarla. En ella encontramos ideas de gran profundidad y calado: es de alguna manera el resumen de lo que su autor entiende por unión de los europeos

En el comienzo de la cita se expone la necesidad de coordinar las actividades entre los miembros de las recién creadas Comunidades Europeas. El autor fundamenta esa colaboración en la eficacia, pero también en la necesidad de paz entre europeos. En la década de los cincuenta el Viejo Mundo se encontraba desgarrado tras dos grandes guerras; y sus principales protagonistas continentales -Francia y Alemania- seguían divididos, alimentando su mutuo y secular odio. Eran numerosas las voces que en Europa clamaban por la reconciliación, pero solo el esfuerzo de Robert Schuman logró coordinarlas en pro de ese fin.

En segundo término se nos habla de establecer autoridades supranacionales, cuyo objetivo sería coordinar y ejecutar esa acción común entre naciones. La supranacionalidad, ese fantasma tan temido en un primer momento por las corrientes más nacionalistas -especialmente en Francia-, acabará convirtiéndose en la gran conquista, no solo para los europeos, sino para los propios gobiernos nacionales que conforman la Unión.

En último lugar se aborda la cuestión de las particularidades nacionales y regionales. Schuman es partidario de reunir Europa, no de crearla. Esta convencido de que la Historia ha forjado numerosos lazos entre los europeos, y que estos justifican el proceso integrador. Por esa razón, defiende la diversidad cultural existente en el propio Continente: “no es necesario fusionar lo que es y debe seguir siendo distinto”. Quizás esta última afirmación explique cómo el Padre de Europa pudo defender al mismo tiempo la Unión y las peculiaridades de su amada Lorena frente a los ataques del centralismo nacionalista de París.

Bibliografía:

[1] La Unión Europea: guiones para su enseñanza; Antonio Calonge Velázquez (Coord.) – Comares – Granada – 2004.

[2] El proceso de integración comunitario en marcha: de la CECA a los Tratados de Roma; Guillermo A. Pérez Sánchez – Comares – Granada – 2007.

[3] Por Europa; Robert Schuman – Encuentro – Madrid – 2006.

[4] Robert Schuman, padre de Europa (1886-1963); René Lejeune – Palabra – Madrid – 2000.