Meditar Yenín I

Año 2000. Propuesta Barak: devolución del total de los territorios ocupados y formación de un Estado independiente palestino (nota rememorativa: en 1948, fueron los países árabes colindantes quienes vetaron la constitución de ese Estado y ocuparon su territorio). Inmediata, en lo que concierne a la mayor parte de Cisjordania y Gaza. A corto plazo, en lo referente a los asentamientos (nota rememorativa: el encargado de desmontar los del Sinaí a punta de fusil, tras el acuerdo de devolución a Egipto, fue un tal Ariel Sharon). en lo que concierne a Jerusalén, me remito a las palabras del cerebro del plan, Shlomo Ben Ami: «lo que está habitado por judíos es Israel, lo que está habitado por palestinos es Palestina». Punto.

Arafat no acepto. ¿Por qué? Porque en su inconsciente lo único que sigue, de verdad, operando es la vieja mitología de tirar a los judíos al mar y borrar Israel del mapa. Su ceguera ha costado miles de muertos a los suyos, lanzados, como suicidas fanáticos, a una guerra que no tienen la menor posibilidad de ganar. Un dirigente que lanza a sus hombres (y sus niños) a hacerse matar como mártires, sin ton ni son, es lo peor. Lo moralmente obsceno. Sobre todo, si él sigue vivo.

Varios Autores, En defensa de Israel, p. 32.

La deriva política serbia III

Receloso acaso de un temible competidor, el presidente serbio sentó las bases para cortar de raíz el crecimiento del partido de Seselj. El enfrentamiento con los radicales tuvo por efecto principal la disolución, el 20 de octubre de 1993, del parlamento serbio; Milosevic convocó nuevas elecciones para el 19 de diciembre, en medio de las quejas de todos los partidos, exceptuando, naturalmente, el Socialista. Las elecciones se tradujeron en un visible éxito de este último, que se hizo con 123 de los 250 escaños. Los radicales de Seselj perdieron claramente terreno -39 escaños- y se vieron superados incluso por la coalición opositora DEPOS -45 escaños-; el Partido Demócrata, por su parte, obtuvo 29 actas parlamentarias. Aunque los resultados no parecían obligar a los socialistas a buscar apoyos en el parlamento, lo cierto es que no era descartable una aproximación, aparentemente contra natura, entre el partido de Seselj y las formaciones políticas, sobre el papel en la oposición democrática, lideradas por Vuk Draskovic y Zoran Djindjic.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 130.

La deriva política serbia II

Por lo pronto, y bien que con un uso abierto de la represión, Milosevic estaba consolidando su poder interno en Serbia. A principios de febrero de 1993 Nikola Sainovic fue nombrado primer ministro serbio, y pasó a encabezar un gobierno que, aunque compuesto en su inmensa mayoría por miembros del Partido Socialista, al menos en principio disfrutaba del apoyo del Partido Radical. Un mes después, a principios de marzo, el montenegrino Radoje Kontic -eventual sustituto de Milan Panic- pasaba a encabezar el gobierno de la «Federación Yugoslava», también con el apoyo de socialistas y radicales. El 1 de junio Milosevic, en virtud de un procedimiento que muchas fuentes calificaron de ilegal, consiguió desprenderse de Cosic, que fue destituido como presidente yugoslavo por las dos cámaras del parlamento de la «Federación». Cosic había sostenido posiciones crecientemente independientes en relación con la crisis de Croacia, y en términos generales había pasado a defender un aplacamiento de tensiones en todos los ámbitos. A la destitución de Cosic le siguió una operación represiva contra el Partido de Renovación de Serbia; su principal dirigente, Vuk Draskovic, fue golpeado en la calle y detenido. Sin que se hicieran notar grandes protestas populares, al cabo de una huelga de hambre Draskovic fue liberado el 9 de julio de 1993. Unos días antes, el 25 de junio, Zoran Lilic, hasta entonces presidente del parlamento serbio y dirigente del Partido Socialista, había sido elegido, en sustitución de Cosic, presidente de la «Federación Yugoslava». En resumen, en el transcurso de la primera mitad de 1993 habían desaparecido del panorama político los dos grandes rivales de Milosevic: Panic lo había hecho tras su derrota en las elecciones presidenciales de diciembre, y Cosic tras su sustitución en calidad de presidente «yugoslavo». Las cosas así, las posibilidades de que en la cúpula de poder en Serbia se hiciesen notar voces disidentes se habían reducido sensiblemente.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 128.

La deriva política serbia I

La nueva línea opositora se manifestaba a través de una amplia coalición: el Movimiento Democrático de serbia (DEPOS). Las elecciones al parlamento federal -celebradas el 31 de mayo de 1992 y boicoteadas por la «oposición moderada»- apuntaban, de cualquier modo, resultados confusos, por cuanto la pérdida en el peso de la formación política que apoyaba a Milosevic, el Partido Socialista, se veía acompañada del ascenso de una formación nacionalista de corte neofascista -el mencionado Partido Radical de Seselj-, nada contenida en el comportamiento bélico-nacional. Bien es verdad que, pese a lo anterior, los socialistas se hacían con 73 de los 138 escaños en disputa.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 124.

Bosnia-Herzegovina en la encrucijada III

En un marco como el descrito, cargado de incertidumbre, el 2 de enero de 1993 se presentó en Ginebra el llamado «plan Vance-Owen», que en sustancia preveía la preservación de la integridad territorial de Bosnia; su división en diez cantones -los responsables políticos de cada uno de ellos debían designarse con arreglo a un criterio demográfico-étnico-; un gobierno descentralizado con un parlamento común elegido democráticamente; una presidencia tripartita, y una paulatina democratización supervisada por la ONU y la Comunidad Europea.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 107.

Bosnia-Herzegovina en la encrucijada II

Al margen de lo anterior, el conflicto de Bosnia-Herzegovina estaba produciendo el más alto número de refugiados registrado en Europa desde la segunda guerra mundial: más de dos millones de desplazados, en su mayoría croatas y musulmanes. Hay quien empezó a hablar de los «palestinos de Europa». Croacia, que acogió a muchos de esos refugiados -acaso 600.000-, debía encarar grandes problemas económicos para mantenerlos. Alemania recibió a 220.000, Suecia a 55.000, y Hungría y Austria hicieron lo propio con 50.000 cada una.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 101-102.

Bosnia-Herzegovina en la encrucijada I

Si sondeos realizados en la primavera de 1990 reflejaban una amplia mayoría favorable a tal permanencia, varios acontecimientos -el antecedente de Kosovo, la guerra en Croacia, la independencia de las dos repúblicas septentrionales y la propia creación de las regiones autónomas serbias en Bosnia- precipitaron un giro en la opinión pública, ahora más reacia a aceptar una ficción de federación que en mucho recordaba al proyecto de la «gran Serbia». A mediados de octubre de 1991 el parlamento bosnio había aprobado una declaración de soberanía a la que había seguido un anuncio de retirada de la Federación Yugoslava.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 94.

La ruptura de la homogeneidad política: nacionalismo serbio y elecciones republicanas VII

…tal y como lo recuerda Garde, «hay que admirar la pervivencia de las viejas fronteras culturales. Los comunistas ganaban las elecciones en Serbia, al igual que había sucedido en los demás países balcánicos de tradición oriental: Rumania, Bulgaria, poco después Albania, siempre con la misma oposición entre la ciudad y el campo. Por el contrario, eran barridos en Croacia y en Eslovenia, en una repetición de lo que ocurría en los países centroeuropeos de tradición occidental: Hungría, Checoslovaquia, Polonia».

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 67-68.

La ruptura de la homogeneidad política: nacionalismo serbio y elecciones republicanas VI

Los tres partidos que alcanzaron mayor apoyo popular decidieron configurar un gobierno conjunto asentado en la idea de la rotación; la presidencia de la república recayó en manos de un miembro del SDA, Alija Izetbegovic, y la del parlamento en un serbio. Un croata se convertía, entre tanto, en primer ministro…

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 65-66.

La ruptura de la homogeneidad política: nacionalismo serbio y elecciones republicanas V

…se señalaba que Croacia seguiría integrada en Yugoslavia «hasta un nuevo acuerdo de las repúblicas yugoslavas o hasta que el parlamento decida otra cosa». Los dirigentes croatas se adscribían a un proceso paulatino y asentado en las negociaciones -lo que llamaban una «disociación»-, frente a la franca «separación» por la que parecían haber optado los eslovenos.

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 64.